Idioma: españolAño de publicación: 1987
Valoración: recomendable (sobre todo para interesados en el tema)
Esta reseña bien podría titularse "El linaje de Aitor revisited" o algo parecido, porque he de explicar que ya leí este libro hace años, en mi cada vez más alejada y entusiasta juventud (eso sí, por prescripción facultativa, por decirlo así...), así que lo de ahora ha sido una relectura... que los años (los míos, sobre todo), han vuelto algo más entretenida y jugosa, debo admitir. Ahora bien, entiendo que este libro puede no atraer al público lector en general, y quizás lo haga solamente al que tiene más interés por la Historia y la literatura vascas o por el proceso de gestación de los elementos culturales que componen eso tan incierto que llamamos "tradición".
En es te sentido, Juaristi le da un buen repaso a todos los muñidores de esta supuesta tradición que se dedicaron a compone, a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, más o menos epígonos domésticos de Walter Scott, ya sea por motivos literarios, identitarios o incluso políticos. Porque muchos de estos escritores eran lo que en su momento se conocía como "fueristas" (es decir defensores del mantenimientos de los Fueros vascos e incluso, en algún caso, de su extensión al resto del territorio español), "euskalerriacos" y hasta protonacionalistas... Pero muy pocos de ellos, me temo, han logrado permanecer en la memoria del público lector... casi ninguno, en realidad; quizá tan sólo Navarro Villoslada y, por supuesto, Unamuno y Baroja, a los que el autor dedica el último capítulo de este libro (y el penúltimo a Sabino Arana, padre fundador del nacionalismo vasco, pero al que creo sí debemos considerar más político que cualquier otra cosa). No obstante, estoy seguro de que a cualquier ciudadano vasco actual le sonarán los nombres de muchos de los escritores tratados en el libro, pues son los que pueblan buena parte del callejero actual de sus localidades: hablamos de Antonio Trueba, Goizueta, Vicente de Arana -primo de sabino, por cierto-, Arturo campión, Delmas, Araquistaín, Sotero Manteli, Becerro de Bengoa, etc... la mayoría más cronistas -de aquella manera-, romanceros o legendistas mixtificadores que verdaderos novelistas, y cuyos mayores logros literarios no han pasado la prueba del tiempo. Tampoco es que sus biografías resulten demasiado apasionantes, por más que fueran representantes de unas ideas ya fenecidas pero que, de una forma u otra, han dejado cierta impronta en su "ámbito de decisión"... La excepción (siempre hay alguna) viene a ser el suletino Augustin Chaho, el más divertido, sin duda de todos estos personajes: editor, iluminista, filocarlista, prenacionalista, incluso, y creador, a partir de lo que parece una traducción erróneadel vascuence -habría que ver si intencionada o no- de la "mítica" figura del padre Aitor, que da nombre a este libro y a miles de ciudadanos de hoy en día, y no sólo vascos.
Juaristi, con la persistencia y minuciosidad de un entomólogo, repasa no sólo la obra y cirscunstancias de estos autores, entre otros, sino también las de la génesis de esa "materia de Vasconia" de la que se nutren sus obras -como ya he mencionado, circunstancias tanto literarias como políticas y sociales-, sus antecedentes -tubalismo, vascocantabrismo, vasco-iberismo- y aun sus consecuencias. En lo que a esto respecta, buen trabajo... Claro que erudición, exhaustividad y minuciosidad no son garantía de amenidad y, pese a que el autor pone lo que puede de su parte, tampoco parece que procurar ésta sea su principal objetivo. de hecho, ya he comentado que éste es un libro que resulta recomendable sobre todo para lectores interesados en el tema, aunque para los demás tampoco sería una pérdida de tiempo echarle un vistazo. Ignoro si ocurre lo mismo con otros libros que Juaristi ha dedicado a temas similares: las genealogías míticas de los pueblos de Europa, la formación de los mitos inherentes al nacionalismo español o la "invención de la tradición bilbaína" (sic), pero quizás tampoco sea mala idea leer alguno de ellos.
Una única pega al libro y a su autor: no sé si por algún tipo de rigor bibliográfico (mal entendido, en mi opinión) o por simple pedantería, las bastantes citas de obras ajenas que están escritas en otras lenguas que no son el castellano (sobre todo, inglés y francés) no se han traducido al idioma en el que está escrito este libro. Curiosamente, muchas de las que están en lengua vasca sí que han sido traducidos, aunque habría que comprobar si esto es porque también estaban traducidas al castellano en la obra original citada. En todo caso, el profesor Juaristi parece suponer que todos los lectores del libro deben de dominar también estos otros idiomas y si no, que se busquen la vida... No pasa nada, claro, que no somos niños y cada palo que aguante su vela... excepto que siempre me llamó la atención que alguien que demostró tal desprecio por sus lectores en castellano fuera luego nombrado Director de la Biblioteca Nacional (de España, se entiende) y Director del Instituto Cervantes, nada menos. Pero, en fin, ya se sabe que doctores tiene la Iglesia y a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. O, dicho de otro modo, cosas veredes...
Juaristi, con la persistencia y minuciosidad de un entomólogo, repasa no sólo la obra y cirscunstancias de estos autores, entre otros, sino también las de la génesis de esa "materia de Vasconia" de la que se nutren sus obras -como ya he mencionado, circunstancias tanto literarias como políticas y sociales-, sus antecedentes -tubalismo, vascocantabrismo, vasco-iberismo- y aun sus consecuencias. En lo que a esto respecta, buen trabajo... Claro que erudición, exhaustividad y minuciosidad no son garantía de amenidad y, pese a que el autor pone lo que puede de su parte, tampoco parece que procurar ésta sea su principal objetivo. de hecho, ya he comentado que éste es un libro que resulta recomendable sobre todo para lectores interesados en el tema, aunque para los demás tampoco sería una pérdida de tiempo echarle un vistazo. Ignoro si ocurre lo mismo con otros libros que Juaristi ha dedicado a temas similares: las genealogías míticas de los pueblos de Europa, la formación de los mitos inherentes al nacionalismo español o la "invención de la tradición bilbaína" (sic), pero quizás tampoco sea mala idea leer alguno de ellos.
Una única pega al libro y a su autor: no sé si por algún tipo de rigor bibliográfico (mal entendido, en mi opinión) o por simple pedantería, las bastantes citas de obras ajenas que están escritas en otras lenguas que no son el castellano (sobre todo, inglés y francés) no se han traducido al idioma en el que está escrito este libro. Curiosamente, muchas de las que están en lengua vasca sí que han sido traducidos, aunque habría que comprobar si esto es porque también estaban traducidas al castellano en la obra original citada. En todo caso, el profesor Juaristi parece suponer que todos los lectores del libro deben de dominar también estos otros idiomas y si no, que se busquen la vida... No pasa nada, claro, que no somos niños y cada palo que aguante su vela... excepto que siempre me llamó la atención que alguien que demostró tal desprecio por sus lectores en castellano fuera luego nombrado Director de la Biblioteca Nacional (de España, se entiende) y Director del Instituto Cervantes, nada menos. Pero, en fin, ya se sabe que doctores tiene la Iglesia y a quién Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. O, dicho de otro modo, cosas veredes...
