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miércoles, 10 de junio de 2026

László Krasznahorkai: Herscht 07769

Idioma original: Húngaro
Título original: Herscht 07769
Traducción: Adan Kovacsics
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Herscht 07769 de László Krasznahorkai es una novela agotadora, me ha recordado muchísimo a Tango Satánico, otra novela del mismo autor que también se despliega en un único párrafo monolítico interrumpido solamente por alguna pausa misericordiosa, de modo que aquellos que se zambullan en esta obra deben saber a qué atenerse, entender que saldrán de ella extenuados, comprender que ciertos pasajes les maravillarán pero que otros se les atragantarán, asumir que encontrarán repeticiones aquí y allá en el inagotable caudal de información, en este sentido, quizá Herscht 07769 no me parece una novela tan inspirada como Tango Satánico, ya que Krasznahorkai lograba hechizar, fascinar y absorber más al lector en ésta última, sea como fuere, Herscht 07769 abunda en virtudes, a fin de cuentas, su autor, Premio Nobel de Literatura de 2025, es uno de los narradores europeos más originales, algunas de las virtudes de Herscht 07769 son, por ejemplo, su asombrosa capacidad para lograr que el lector no se pierda pese a que el texto carece de pausas, su solvencia a la hora de lograr que se entienda siempre el tiempo o el sujeto de la oración interminable que atraviesa la novela, su intuitiva capacidad para establecer paralelismos entre los personajes o su astucia a la hora de urdir los enredos a los que diversas situaciones dan pie, llegados a este punto debería contaros de qué trata el argumento de Herscht 07769, la historia se sitúa en Kana, un pequeño pueblo de Turingia, cuya tranquilidad provinciana se ve amenazada por un grupo de neonazis liderado por el Jefe, quien es el mentor de Florian, el protagonista indiscutible de esta por otro lado novela coral, un huérfano tan gigantesco y fortachón como afable e ingenuo que está convencido de que el universo va a colapsar, obsesión que lo lleva a escribir una carta tras otra a la mismísima Angela Merkel para pedirle que haga algo al respecto, en fin, esta es la premisa de Herscht 07769, aunque ya digo que la cosa se complica a medida que la novela avanza, asimismo, los personajes secundarios se presentan y cobran cuerpo a fuego lento, las relaciones de unos con otros se establecen poco a poco, los temas se dibujan con parsimoniosa precisión y el humor de Krasznahorkai asoma la cabeza de vez en cuando, en resumen, Herscht 07769 es una lectura harto fatigosa, sin embargo, estoy seguro de que los lectores que la terminen sabrán apreciar la experiencia que supone y agradecerán las recompensas que ofrece, al igual que el excursionista que, tras una penosa ascensión, alcanza la cima de la montaña y puede deleitarse con unas vistas espectaculares.


También de László Krasznahorkai en ULAD: Aquí

martes, 27 de enero de 2026

2x1: El sonido de los Beatles, de Geoff Emerick, y The Beatles: Revolución en la mente, de Ian McDonald

Título original: Here, There and Everywhere: My Life Recording the Music of the Beatles

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2007

Traducción: Ricky Gil

Valoración: recomendable para interesados; muy recomendable para fans

Como en 2025 tuve una especie de Beatlemanía retardada (dejando abandonados completamente a Dylan, Cohen y Cave), y mi tendencia a leer libros sobre música/músicos deriva de una sólida convicción de querer explorar todo lo que se pueda acerca de lo que admiras, el resultado fue, entre todo lo que leí con fruición, encontrar estos dos libros, que son el día y la noche para quien quiera adentrarse en el ámbito musical desde una mirada mínimamente objetiva, pero también humana.

Arranquemos primero por la buena noticia, la del libro de Geoff Emerick. No me detendré a explicar su figura porque la mayoría ya debe conocer su papel como ingeniero de sonido y en qué punto de la historia de los Beatles comenzó a trabajar para ellos. Lo valioso de este libro, además del recorrido que hace de su propia vida, donde aprenderemos el gusto por la calidad del sonido, las tempranas demostraciones de cómo saber manipularlo mediante distintos experimentos con la electrónica existente y el funcionamiento de la jerarquía de una discográfica en los años sesentas (genial ese ascenso de asistente de ingeniero, donde veías todo lo que sucedía en el estudio, a ingeniero de masterización, encerrado en una covacha y perdiéndote de todo, para luego volver como ingeniero titular a la sala de grabación), es cómo Emerick nos muestra el día a día de los Beatles, la personalidad de ellos en el estudio, la forman en la que trabajaban, las salidas de tono, ya sean bromas o estallidos de enojos un tanto caprichosos, el estrés (muy gracioso, por otro lado, cómo le tomaban el pelo sus ayudantes, pero de una manera cariñosa) de George Martin a la hora de lidiar con cuatros muchachitos que hacían de todo menos lo que alguien les ordenara. Y además de trabajar con ellos de forma plena a partir de Revolver, también nos enseña los primeros días de Los Beatles (ya que él empieza a trabajar en EMI casi al mismo tiempo que fichan al cuarteto) cuando la discográfica decidía los temas de los artistas en base a covers. 

Lo que añade como fragmento valioso a este relato biográfico es que también te importa lo que sucede con el equipo de los ingenieros de grabación, el asombro de las ideas de Martin y Emerick para poder satisfacer al grupo; si bien no se destaca mucho a la hora de analizar la banda, para tener tamaño arsenal de ideas innovadoras continuamente es porque también ellos eran unos genios en lo suyo y se vieron obligados a dar lo mejor. Lo que a otro le hubiera llevado semanas encontrar la solución, ellos lo hacían en pocas tomas, y eso también es algo difícilmente comprensible (sobre todo para los que no sabemos ni un poco de aspectos técnicos, como en mi caso).

Sobre Los Beatles se ha escrito mucho, la mayoría de forma reiterativa y sin aportar información relevante. Acá no se puede decir que haya mucho de nuevo para el fanático más radical, pero la estructura de la biografía, casi como una novela, con sus correspondientes descripciones y diálogos, inicio, desarrollo y clímax en cada grabación de disco, la salida de Emerick después de hartarse de Los Beatles en el Álbum Blanco, el regreso del mismo en el Abbey Road, todo ello configura el patrón de una novela de (auto)descubrimiento acerca de lo que la música, en manos correctas, puede llegar a causar a la gente, y de cómo todos los involucrados vieron cambiadas su vida de forma permanente. Si uno lo piensa es vertiginoso: apenas son, desde que Emerick comienza a trabajar, ocho años de su vida, y sin embargo nada más hermoso y vital que toda esa experiencia. Sí, también relata cómo ayudó a McCartney con Band on the Run en sus peripecias nigerianas (se nota la resignación cómica de haber batallado con el enjambre de mosquitos y el tráfico de Lagos) y el contacto con otros artistas como Elvis Costello, que protagoniza un prólogo donde deja patente su amor por la música y su enorme cariño por Los Beatles, pero, para él (y para algunos de los lectores), el punto de quiebre se dio con esa aparición mágica, explicada desde todos los enfoques posibles e igual de inasible que hace sesenta años atrás.


Título original: Revolution in the head. The Beatles records and the sixties

Idioma original: inglés

Año de publicación: 1994

Traducción: Ricky Gil

Valoración: exasperante

No estoy en contra de desmitificar. Si bien me encantan los Beatles, nunca podría decir que líricamente están al nivel de un Leonard Cohen o de un Indio Solari, por ejemplo, a pesar de que tienen varias canciones con versos que funcionan como bombas psicológicas/sociológicas. Nada que reprochar, hay una línea muy fina entre ser un buen letrista y un gran letrista o directamente un poeta con una imaginería propia e irreductible.

Algo así parece pensar Ian MacDonald. Como este es un libro sobre música, el punto no se centra en las letras (que, por otro lado, en varios puntos del libro sí se trata) sino en los aspectos musicales. El problema es que MacDonald parece dar por sentado que sus lectores conocen todos los acordes y progresiones de todas las canciones que han escuchado, cuando muchos (y no hace falta ser melómano para hacerlo) apenas podríamos identificar que un bajo suena distinto en una canción que en otra por algún efecto utilizado, y muchas veces nos quedamos con un solo acorde que funciona como catarsis, en vez de registrar la construcción entera de la canción y los diversos cambios a través de ella. 

Mi valoración, entonces, está dada por dos cuestiones: primero, no tengo ningún conocimiento formal de la música. Leer el libro de MacDonald implica conocer cada grabación de los Beatles, desde sus inicios como acompañamiento de Tony Sheridan, los días en Hamburgo, etcétera, hasta las tomas registradas en las Anthology, todo registrado bajo un riguroso orden cronológico, que incluye la composición del grupo y quién toca cada instrumento, las canciones inéditas, las tomas descartadas, los jams que se solían marcar para encontrar la inspiración y comentarios entre breves y extensos según lo merezca la canción. 

Sacando que el texto se llena de referencias para cada canción y que dificultan la lectura, hasta ahí todo bien. Pero cada comentario está regado de notaciones musicales y de segundos que señalan el cambio de acorde y de cómo la batería ejecuta otro patrón y de cómo el bajo recorre todo el brazo. No dudo que al fanático le resultará imprescindible saber en qué segundo exacto hay un error de sincronización, pero al lector más o menos interesado en los Beatles termina por aburrirlo tanto dato sin otro propósito que la de ir relatando cada canción. Una cosa es detallar las bondades, los asombros en cada secreto revelado, y otra es decir: acá suena esto, acá lo otro, pasemos a lo siguiente. Reconozco que mi valoración está manchada por haber leído antes el de Emerick, donde cada canción, incluso las menores, tenía un componente atractivo, ya que todas conllevaban problemas para ejecutarlas tal cual querían sus creadores. Pero si esos detalles los hubiera leído de este libro terminaría creyendo que Across the universe es una "letargia insípida".

Y esa es la segunda cuestión de mi valoración: los comentarios a cada canción. En algunas se extiende varias páginas, como I am the walrus o Revolution 9 (!), otras las despacha en siete u ocho líneas (casi todas las de Harrison, por alguna razón, en contraste con las alabanzas, a veces desmedidas, a Lennon), Pero en casi todas se nota la impronta del autor por hacerte notar que él sabe mucho más que vos y que no hay nada que puedas hacer para discutirle las opiniones. Por supuesto que esas opiniones tienen que ser dadas, y es bueno y refrescante que en un libro sobre los Beatles sean provocadoras y con argumentos que intentan ser sólidos. Uno debe tener el suficiente criterio para reconocerlo y no pelearse con el libro. Pero de ahí a tirar frases lapidarias como la citada sobre Across the universe o considerar que Helter Skelter es nada más que "palabrería de borracho" hay un trecho y bastante largo; no se puede pasar de una opinión fundada en la teoría musical, donde lo único que puedo criticar es la tendencia a la pedantería y la profusión de datos sin ton ni son, a un comentario mucho más propio de un twittero.

En fin, que los dos libros son polos opuestos. Uno escribe desde la pasión de la música y del conocimiento de haber estado ahí todos los días, y muchas veces haciendo horas extras, pero también con un matiz de objetividad (para Emerick hay un par de álbumes y varias canciones que no están a la altura del grupo), y el otro, si bien no dudo que también tiene una gran pasión, intelectualiza todo y se esfuerza por otorgar una racionalización que excede a las canciones, cuyo efecto es nada más y nada menos que cambiarle la vida a las personas.