Idioma original: holandés
Título original: Trofee
Traducción: Maria Rosich en catalán para Empúries y Gonzalo Fernández Gómez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable
Título original: Trofee
Traducción: Maria Rosich en catalán para Empúries y Gonzalo Fernández Gómez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable
Hacía tiempo que no leía un libro de aventuras en el sentido más tradicional del término (me atrevería a afirmar incluso que no lo hacía desde mis años mozos con esos page-turners de Wilbur Smith y sus exploraciones por África). Pero el tiempo ha evolucionado, también la literatura, al igual que un servidor, y aunque el género de aventuras puede ser interesante para una escapada mental, también está bien pedirle algo más a una obra. Y aquí es donde entra este libro de la autora belga Gaea Schoeters que ofrece una interesante intersección entre el enfoque más tradicional de las novelas de aventuras y los valores actuales de la sociedad. Vayamos a ello.
La novela empieza situándonos en un país del continente africano, en el que Hunter White (nombre que ya de por sí es una declaración de intenciones) ha viajado para cazar un rinoceronte negro con el objetivo de ofrecérselo a su mujer como regalo por su aniversario de bodas, pues es una coleccionista de trofeos de caza y él, un apasionado a la cinegética. Para conseguir tal propósito, lleva organizando este safari desde hace un par de años; una tarea nada fácil, pues obtener tal licencia de caza no es algo trivial ni al alcance de cualquiera. Pero para los blancos acaudalados pocas cosas no pueden conseguirse con dinero y menos aún en países que traviesan dificultades económicas de manera que el escenario elegido es idóneo pues, para Hunter, «África es una gran reserva natural creada por Dios para complacerle (…) África es su parque temático, su territorio de caza. Nada más». Así que, una vez organizado el viaje, se desplaza al lugar donde se encontrará con Ven Hereen, compañero de caza desde hace dos décadas y con quien tiene una longeva amistad, para conseguir tal preciada pieza.
Arrancada ya la lectura con esta premisa inicial, en menos de cincuenta páginas ya tenemos trazado el escenario, los principales personajes protagonistas y también el estilo de Schoeters: un estilo sobrio, descriptivo pero sin accesos que invita al lector a sumergirse en la historia que nos narra. Una historia de inseguridades, de debilidades, de aventuras, de desafíos, de riesgos y de toma de decisiones. La autora evidencia talento y muestra su capacidad a la hora de escribir, de manera firme, sin dudas, sin titubeos. El ritmo es alto, constante e interpela al lector desde la superioridad ostentosa de Hunter, alguien que tiene toda la vida bajo su control, que ejerce su supremacía de manera cotidiana y que, justamente por ello, se encuentra en su escenario predilecto: la caza. Una afición que le permite reafirmarse en sus sensaciones y devolverlo a sus orígenes más primarios y que evidencia al aseverar que «un animal disecado, especialmente si se trata de una ejemplar grande, despierta una pasión ancestral en la gente. Les recuerda la victoria de los humanos sobre la vida salvaje, la domesticación de los indomesticables» y, con ello, también la sensación de poder, pues adentrándose en tierras vírgenes, «el paisaje no le inspira humildad, al contrario: la sensación de ser el primero le provoca una gran excitación. Lo que siente es la euforia del descubridor o del pionero: la consciencia de apropiarse de este territorio solo por el hecho de entrar en él». Pero, en tal estado de embriaguez testosterónica y cuando las pulsaciones se disparan, cuando la adrenalina aumenta en medio del salvajismo propio del fragor de la caza en un terreno hostil, áspero y de violenta tensión, la frontera entre lo ético y lo instintivo se diluye; en esos momentos, en esos terrenos, todos son animales y las jerarquías y las pirámides evolutivas se difuminan y los instintos primarios asoman cuál presa despistada que olvida su lugar en el mundo.
De esta manera, y con esta propuesta argumental, la autora ha escrito un libro en el que rápidamente la crítica toma relevancia y pasa al primer plano, una denuncia que ataca diferentes frentes en torno a un mismo aspecto: la supremacía (económica, territorial, étnica, etc.) a la vez que enjuicia también las corruptelas de los gobernantes de los países africanos en cuanto a la caza y sus leyes y permisos. Y por ello creo que es importante destacar que, a pesar de que este libro pueda ser del agrado de cualquier lector al que le interesen los libros de aventuras (porque es cierto que en gran parte gira en torno a la caza de los animales), quedarse únicamente en este aspecto sería reliazar un análisis muy superficial y frívolo, porque realmente el libro trata sobre el poder, la dominación, los instintos y la necesidad de conseguir los objetivos propuestos, pero también sobre las expectativas, las esperanzas, la lealtad, la confianza en uno mismo y en los otros, los recelos, los ajustes con el pasado y con la propia idea de quien es uno mismo. De esta manera, aunque bien es cierto que las personas que aman o a quienes les gustan los animales les puede suponer un reto leer un libro con esta temática, Schoeters sabe utilizar sus herramientas para conseguir mantener la atención sin posicionarse en exceso a favor o en contra de tales aficiones; el libro es entretenido porque la autora sabe mantener la tensión narrativa en todo momento a la vez que nos expone en dicotomías éticas en las que no siempre hay una decisión sencilla, sin obviar también que tiene algunos puntos débiles que podríamos encontrar en ciertos episodios (especialmente al final del libro) en los que la autora se recrea en exceso en episodios oníricos y en pasajes donde el protagonista rememora momentos de su pasado que alargan en exceso la escena final de un relato que mantiene el interés durante todo el recorrido y al que únicamente quizás una trama argumental más definida la hubiera ayudado a redondear el resultado. Con todo ello, el libro sabe utilizar la trama de una típica novela de aventuras para lanzar un cuestionamiento constante sobre la ética de las decisiones humanas y, así como el protagonista se encuentra en los márgenes de la civilización y lo salvaje, Schoeters busca la frontera entre lo que es éticamente aceptable y lo que es altamente cuestionable deslizándose así en un equilibrio entre lo ético y lo moral en el que la visión que se tiene desde un lado y desde el otro son diametralmente opuestas y no siempre constantes.
Para terminar, afirma la autora en boca de uno de los personajes que, «tu moral occidental es un producto de lujo para quien se lo puede permitir. El resto del mundo tiene que conformarse con el pragmatismo». Así que, a pesar de que podríamos afirmar que estamos en el terreno de la ficción, no parece que estemos tampoco tan lejos de la realidad. Desafortunadamente.

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