viernes, 28 de julio de 2017

Hugo Pratt: La balada del mar salado

Idioma original: italiano
Título original: Una ballata del mare salato
Año de publicación: 1967
Traducción: no consta
Valoración: muy recomendable

Se ha cumplido este mes de julio el quincuagésimo aniversario de la primera edición de esta La balada del mar salado, primera entrega de las aventuras del ya mítico Corto Maltés y resulta que ¡oh, sorpresa! en ULAD no habíamos reseñado aún ninguna de ellas. Y, de hecho, ninguna obra de su creador, el italiano Hugo Pratt... Con un poco de retraso, habrá que subsanar esta carencia, pues.

La llegada de Corto Maltés al universo de la ficción resulta bastante espectacular: en 1914 un catamarán pirata del Sur del Pacífico, capitaneado por el infame Rasputín (no el de los zares, pero casi) encuentra a un naúfrago atado como un San Andrés a un precaria balsa. Es Corto, marino natural de Malta, hijo de un inglés y una gitana española, que en esos prolegómenos de la I Guerra Mundial navega, al igual que Rasputín, bajo las órdenes del misterioso Monje, señor pirata de los Mares del Sur y aliado de los alemanes.

Antes que a Corto, Rasputín había rescatado a otros dos naúfragos, los jóvenes primos Pandora y Caín, de la influyente familia Groovesnore. Si juntamos estos elementos con los indígenas de las diferentes islas de la zona -melanesios, polinesios y maoríes- y las marinas de guerra de varios países, tenemos todos los ingredientes para una aventura de sabor old fashioned, pero, al mismo tiempo, con una ambigüedad moral e ideológica de lo más moderna (o posmoderna, que uno ya no sabe). Pero no tanto porque en ella no todos los "malos" sean tan malos -ni, mucho menos, todos los "buenos" tan buenos-; sobre todo, porque el protagonista de la misma no sólo responde a su propia ética, sino que incluso parece encontrarse más allá de cualquiera, excepto la que le dicta la amistad. Quizás en eso resida el legendario encanto de Corti Maltés, aparte de lo bien que le cae el uniforme de marino, claro...

Me voy a permitir no contar más de una historia que parece inspirada por Conrad, London o Stevenson (y de hecho, así fue, según su autor). La balada del mar salado abrió la puerta para toda una serie de aventuras que se desarrollan en los cinco continentes (literalmente; no trato de utilizar una expresión tópica), en escenarios de lo más variado: desde las estepas de Asia central o los interminables raíles siberianos y manchús en los que reinaba el Barón Loco Von Ungern a las selvas amazónicas y el sertão de los cangaçeiros; de la verde Irlanda en guerra a la Venecia bajo el yugo fascista; de los océanos donde se ocultan continentes perdidos al más árido desierto... En todos ellos Corto Maltés representa a la perfección su papel de aventurero independiente y carismático, pero también reflexivo e irónico, nada dado a las moralinas, arreglao pero informal (o al revés, más bien, en este caso)... De hecho, más allá de ser otro personaje de cómic, se ha convertido ya en todo un icono de la aventura que, pese a cumplir ahora 50 años, sigue manteniendo su sorprendente frescura. Por cuanto tiempo más aún ya lo dirán sus futuros lectores... Nosotros esperemos poder comprobarlo dentro de otros cincuenta, al menos ; )

2 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Pues ya hacía tiempo que no nos traías libros ilustrados (en el sentido gráfico, claro), así que bienvenida sea la variedad, colega.

Saludos!

Juan G. B. dijo...

Pues gracias, Carlos. La verdad es que, sin ser yo un megafan del personaje, sí que he leído casi todas sus aventuras y hace tiempo que tenía pensado dedicarle una reseña. Así que cuando me enteré de que se cumplía el 50 aniversario de esta primera entrega, me pareció el momento oportuno.
Un saludo