domingo, 22 de marzo de 2026

Thomas Ligotti: Mi trabajo todavía no está acabado. Tres cuentos de horror corporativo

Idioma original: inglés
Título originalMy Work Is Not Yet Done. Three Tales of Corporate Horror.
Año de publicación2002
TraducciónMarta Lila
Valoraciónse deja leer 

La verdad de las verdades, llegué a este libro solo por el comentario de Juan acerca de la portada del libro de las entrevistas a Ligotti. Ese día me reí muchísimo, así que mis agradecimientos a mi compañero por alegrarme la tarde. 

Dicho lo cual, qué decepcionante este libro de cuentos. Es cierto que el terror es uno de los géneros más difíciles de escribir, y más en estos tiempos, pero lo que menos me esperaba era una mezcolanza entre lo sádico, lo bizarro y lo onírico en donde ninguna de las tres partes consiguiera destacarse. 

Vamos a desglosar uno por uno los tres cuentos. Bueno, técnicamente el primero es una novela corta. Mi trabajo todavía no está acabado trata sobre Frank Dominio y de cómo lleva años trabajando en la empresa. Cuando empieza la novelita, forma parte de un grupo en el cual todos son los representantes de sus áreas, y cada uno es más tonto y sádico que el otro. Y acá es donde ya comienza a hacerme ruido. Si bien el subtítulo de este libro es Tres cuentos de horror corporativo, me parece una falta de sutileza importante caracterizar a los demás trabajadores (todos chupamedias del gran jefe Richard, un personaje que surfea entre la condescendencia hacia Frank y el egoísmo y cinismo más frío) como inútiles superficiales que solo buscan destruir a su compañero. Por supuesto que existe gente así, y es la mayoría por lo general, pero en esta ocasión me parecieron un compendio de estereotipos. Sospecho que Ligotti busca ese efecto precisamente por lo que ocurre después, cuando la trama llega a su nudo.

Motivado por una gran idea, Frank la presenta al resto de su grupo y solo obtiene unos comentarios de compromiso, todo para que a los días descubra que Richard se apropió de su idea. A partir de ahí, nace en su mente la idea de matarlos, pero terminan atropellándolo y dejándolo en una cama mientras su consciencia cobra vida como un ente aparte que obtiene poderes para eliminar a todos aquellos que lo maltrataron en su vida. No puedo contar más, pero es justo este cambio de decisión, a primera visa original, lo que termina por desbarrancar a la novela. Se convierte en una sumatoria de ejecuciones (bien planteadas, pero que al final no son para tanto, porque uno, como lector, no obtiene placer ante las muertes de los compañeros estereotipados) y se acumula una tensión por lo que sucederá entre Frank y Richard que se resuelve de manera decepcionante. Casi me hizo pensar en por qué había leído un centenar de páginas de prosa alucinatoria y desconfiada y escenas con efectos especiales de clase Z.

El siguiente cuento, Tengo un plan especial para este mundo, tiene un tono más ominoso. El mal (o al menos la brutalidad empresarial) es más abstracto, y la crítica hacia la estructura de un mundo competitivo funciona mejor por el hecho de situarlo en una ciudad casi incognoscible, una especie de Gotham (de hecho la ciudad, antes de la llegada de la empresa, se llamaba Ciudad del Crimen) sin justiciero, donde existe una niebla amarilla que, en aquellos lugares donde se hace más densa, conlleva asesinatos macabros, y a medida que la empresa se asienta o se relocaliza, como mencionan algunos empleados, en la ciudad (y hasta le cambia el nombre a Ciudad Dorada por temas de publicidad) los supervisores empiezan a morir de manera despiadada. En esta ocasión el giro me pareció menos efectista y algo más acorde a la trama, ya que el elemento de la niebla amarilla juega a su favor, y el hecho de que el narrador contemple todo de forma desapasionada también ayuda, pero la falta de desarrollo, o mejor dicho, el excesivo desarrollo de la trama y la falta de un sentido o de un clímax, hace que termine con sabor a poco y hasta algo confuso.

El último cuento, La red de las pesadillas, es el más experimental. Ligotti utiliza anuncios empresariales y comerciales para ir contando la historia de una empresa llamada OneiriCon, cuyo auge, expansión y caída se va fundiendo con la necesidad de pervivir bajo la fusión con una compañía rival. Si bien este cuento tiene trazas de originalidad, su tono frío y posmoderno hace que el lector se mantenga alejado y casi sin interés acerca por lo que le está contando. De hecho, es más un relato que otra cosa, una demostración del mecanismo de una empresa que no aporta a lo que todos sabemos, más cuando ya existen escritores como Foster Wallace que logran abarcar y desarrollar matices más profundos acerca del ambiente empresarial.

En definitiva, me pareció un libro pasable. El tono y prosa delirante de Ligotti (los dos primeros comparten casi al mismo narrador, si bien en el primero el personaje es más sacado y paranoico y el segundo más formal) no es suficiente para sostener unas historias donde pesa mucho más la forma que el fondo, historias centradas en generar un ambiente de incomodidad que en aterrorizar de forma certera.

Más de Thomas Ligotti: La fábrica de pesadillas

1 comentario:

Anónimo dijo...

No conozco el libro reseñado, pero no me sorprende la valoración. Para mi gusto, los dos únicos libros de Ligotti que merecen la pena en su totalidad (y no sólo por algún relato aislado) son "Teatro grottesco" y "La conspiración contra la especie humana". Ambos excelentes de principio a fin

Como siempre, gracias a todos los miembros del blog por su excelente labor.