martes, 10 de octubre de 2017

Christiane F.: Hijos de la droga

Idioma original: alemán
Título original: Wir kinder vom Bahnhof Zoo
Traducción: Joaquín Adsuar Ortega
Año de publicación: 1979
Valoración: Imprescindible

El año 1978, los periodistas Kai Hermann y Horst Rieck estaban realizando un estudio sobre la juventud en Alemania cuando dieron con Christiane Vera Felscherinow, una joven berlinesa que, con tan solo quince años, acababa de dejar atrás una fase de adicción a la heroína, prostitución y hurtos menores. Christiane F. les sorprendió con su sensibilidad e inteligencia; hablaba con tal lucidez y honestidad que la entrevista de dos horas se prolongó dos meses, y acabó siendo un libro. Este libro. De lectura obligatoria, aún hoy, en los institutos alemanes.

Resumen resumido: Christiane explica su vida desde los seis años, cuando se muda con su familia a Berlín, procedentes de una aldea, hasta los quince cuando, después de tres años inmersa en una espiral autodestructiva, logra escapar del mundo de la heroína con la ayuda de su madre. Aún no ha cumplido los dieciséis y ya tiene que rehacer su vida.

Como cualquier obra de autoficción, «Hijos de la droga» es más deudora de los hechos que del estilo: la historia real se vale de los recursos narrativos para convertirse en una narración sin perder su verdad (que no verosimilitud, la cual es imprescindible). En ese sentido, se acierta plenamente con los elementos narrativos que se ponen en juego al servicio de la historia:
  • La voz del narrador. Christiane nos explica en primera persona los acontecimientos de su, hasta el momento, corta vida y lo hace desde una distancia muy inmediata; sin embargo, sus reflexiones resultan bastante maduras y meditadas sin que por ello pierda espontaneidad. Es una voz que necesita ser franca para poder reconciliarse con su pasado.
«Con aire grave, Kessi me informó de que Micha se drogaba con heroína. Me excitó mucho la idea de que iba a conocer a un auténtico drogadicto (…). Cuando llegó Micha me sentí muy impresionada. Era más audaz y frío que los tipos de nuestra pandilla. Sentí un auténtico complejo de inferioridad. (…). De nuevo volví a darme cuenta de que sólo tenía 13 años y que ese fixer era demasiado mayor para mí. Me sentí empequeñecida. Aún no sabía que al cabo de solo unos meses, Micha estaría muerto».
  • El tratamiento naturalizado con vocablos propios del argot de los drogodependientes (fixer, turkey...). Christiane habla de todos los temas, desde la fraternidad y las vilezas que se dan entre los heroinómanos hasta su experiencia en la prostitución callejera o las noches en el «Sound» (considerada la discoteca más moderna de Europa y donde se podía adquirir y consumir cualquier droga). Y nunca se cae en el morbo.
  • La estructura se basa en una sucesión de situaciones en casa, en la calle, en el colegio, siempre en orden cronológico y envueltas en las reflexiones de la protagonista. De vez en cuando se interponen breves notas extraídas de entrevistas con testigos de los avatares de Christiane o de la situación de la juventud en general. Predominan las notas de la madre de Christiane que resultan muy reveladoras en cuanto al papel de los padres y de la sociedad.
De la buena conjunción de estos elementos se obtiene una narración fluida y bien estructurada a través de la cual acompañamos a Christiane, observamos su sufrimiento y vemos cómo su entorno, entre hostil y ciego, le va cerrando puertas a ella y al resto de críos de su barrio. Sin embargo, el tono de Christiane no es victimista en absoluto e incluso y llega a hacer autocrítica de sus acciones pasadas mientras la narración susurra párrafo a párrafo su progresivo avance hacia el abismo:
«Había encontrado una amiga dos años mayor que yo. Me sentía orgullosa de tener una compañera que me llevara dos años. Con ella aún era más fuerte. (…). Cuando volvíamos de la escuela buscábamos colillas de cigarrillos en los ceniceros o en los cubos de basura. Las estirábamos, nos las poníamos entre los labios y fumábamos. (…). Después mi amiga y yo tomábamos nuestros cochecitos de muñecas, cerrábamos la puerta y nos íbamos a pasear».
Así que imprescindible porque es una narración a la vez sencilla y poderosa que arroja luz sobre una cuestión todavía tabú sin caer en el morbo. Porque las notas reales de la madre de Christiane y otras personas involucradas en el fenómeno que se relata aportan muchísima verosimilitud y ayudan al lector a conocer mejor las circunstancias de la protagonista. Porque nos da una lección de humildad, nos hace ver la ignorancia (y también la inocencia) de frases como: «esto no me va a pasar a mí» o «la culpa es de los padres» o «son las malas compañías». Y sobretodo porque conocer a alguien con la historia y la personalidad de Christiane F. te abre la mente y eso siempre resulta gratificante. 

A los que os animéis, deciros que no es un libro fácil de encontrar puesto que en nuestro país ha tenido una vida editorial errática bajo diferentes títulos (como habréis observado) y actualmente está descatalogado. Pero no hace mucho vi varios ejemplares de segunda mano en algunas aplicaciones de compra venta a través del móvil. 

En cuanto al título «Hijos de la droga», quizá no sea demasiado elaborado pero sí pone en aviso al lector. No obstante, me gusta mucho más cuando se adopta la traducción del título original: «Los niños de la Estación del Zoo» que está mucho más apegado al drama particular de la historia ya que es en la Estación del Zoo donde los niños se prostituyen para pagarse las dosis de heroína. En otro orden de cosas, hay una película del año 1981 («Yo, Christiane F.») que retrata con acierto al personaje principal, su entorno y el momento social que está viviendo (la vemos incluso en un concierto de David Bowie). Pero no logra abarcar la infinidad de matices y detalles interesantes que la lectura del libro aporta y, sobretodo, se diluye ese elemento imprescindible y tan genuino que es la voz de Christiane. 

Quiero añadir que tanto el libro como la película tuvieron una gran acogida y que, de resultas, la joven Christiane se convirtió en cuestión de meses en una «yonki-star» (sí, sí), tal como ella misma explica en «Yo Christiane F.: Mi segunda vida» publicado el año 2015 y que también tiene su interés. Pero de eso ya hablaremos otro día.

9 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Durante décadas (años 80 y 90) la sociedad biempensante rechazaba que a los toxicómanos pudieran entregarseles controladamente opiáceos (heroína o metadona) bajo supervisión sanitaria en centros ad hoc ("narcosalas") ofreciéndoles de paso someterse a un tratamiento médico de deshabituación.

Esta cerrazón social (¡quieren legalizar la droga!) llevó a muchos miles de jóvenes a la delincuencia de por vida, provocó gran inseguridad ciudadana (robaban para evitar el "mono" o síndrome de abstinencia) con continuos robos callejeros y homicidios para robar a veces 5000 pesetas; y miles de chicas adictas se prostituyeron con el mismo fin (pagarse el "chute").

Algunas políticas intransigentes y pretendidamente moralizadoras hacen muchísimo daño.

Anónimo dijo...

Beatriz Garza? Primera reseña? Presentese!! Jejeje

Montuenga dijo...

Hola Beatriz
Excelente reseña, como es habitual en ti.
Había oído hablar de este libro y he visto alguna peli que cuenta lo que pasaba en la epoca. Lo interesante ahora es saber qué fue de ella si es que tiene algo interesante que contar. Y me alegra saber que hay nuevo libro después de tanto tiempo.
Saludos

Lupita dijo...

Hola Beatriz. Muchas gracias por la reseña. Me gustaría leer este libro y ver si puede encajar en el club de lectura infantil y juvenil que llevo. Respecto al tema de la droga, prefiero no opinar aquí, pues soy bastante intransigente, sobre todo por lo que me ha tocado vivir alrededor. Un saludo

Beatriz Garza dijo...

Zumodepoesia:
Me dan ganas de guardarme tu comentario para cuando reseñe la segunda parte.
Gracias por tu intervención y un saludo.

Anónimo:
No vienes mucho por aquí, ¿no? ;D

Montuenga:
Muchas gracias por tu comentario y por tu apoyo. Y sí, se queda uno con ganas de saber más, ¿verdad?. La segunda parte no es tan genuina pero ahonda mucho más en el asunto de la heroína. Ojalá hubiera muchos más libros y películas sobre el tema y al alcance de todos.
Un abrazo fuerte.

Lupita:
Pues muy infantil no lo veo, pero sí para adolescentes. Precisamente, la parte que más me ha conmovido es cuando explica cómo la soledad y la falta de distracciones saludables va empujando a los niños al abismo.
Que tengas mucha suerte con tu club de lectura. Si consigues que también lo lean algunos padres y maestros será una gran cosa.
Saludos.

Francesc Bon dijo...

Año 80 o así. Nos llevan del Instituto al fenecido cine Montecarlo (Provença/Rambla Catalunya) a ver esta película tan impactante y educativa en medio de la vorágine invasora de todo tipo de substancias que se estaba adueñando de Barcelona por aquel entonces. Resultado a nivel particular: me quedo alucinado, en especial, del uso de "Sense of Doubt" de David Bowie en la escena en que acaban refugiados en la terraza de un edificio. Fascinante. Como "Trainspotting", la película basada en este libro mostraba detalles sórdidos y truculentos, pero no podía evitar hacerlo de una manera que podía ser interpretada como contraproducente.

Gran reseña.

Beatriz Garza dijo...

Gracias, Francesc.

Ver la película en la adolescencia tiene que ser todo un shock. Y la escena del concierto de David Bowie sí es muy muy poderosa. Me alegro de haber despertado ese recuerdo con mi reseña.

Un saludo.

Lupita dijo...

Hola Beatriz; se me ha quedado atrasada la respuesta. El club lo llevamos hace cinco años en el colegio de mis hijas, con una doble finalidad: por un lado, fomentar la lectura en los niños y, por otro, disfrutar de la lectura compartida e intercambiar conocimientos,opiniones, etc..Funciona muy bien , y es para padres y madres. La pareja fundadora lleva la parte infantil y yo la juvenil. Y en las obras"adultas", pues yo suelo llevar poesía, prosa española (casi siempre de autoría femenina) y mis compañeros optan más por la novela extranjera. Es muy variado y enriquecedor.
Es un proyecto muy bonito, del que estamos aprendiendo mucho.
En cuanto a la literatura juvenil, adoro a Sierra i Fabra y a Christine Nostlinger, entre otros.

Me queda el gran orgullo de ver a mis hijas tumbadas en la cama leyéndote la una a la otra (vale sí, el diario de Niki, pero bueno..)
Un saludo

Beatriz Garza dijo...

Hola, Lupita. Te felicito por tu dedicación. Estoy segura de que no caerá en saco roto.

Beatriz