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domingo, 3 de marzo de 2019

Nuccio Ordine: La utilidad de lo inútil. Manifiesto

Resultado de imagen de la utilidad de lo inutil amazon
Idioma original: italiano e inglés
Título original: L'utilità dell'inutile
Año de publicación: 2013
Valoración: Muy recomendable



Título bastante paradójico, porque si lo inútil tiene alguna utilidad, tan inútil no será, digo yo. Tendríamos que empezar preguntándonos dónde están las fronteras de lo útil, y esa es una de las cuestiones que se plantea este ensayo (más bien tándem de ensayos) tan relevante ahora como en tiempos de la Grecia clásica y, como su autor demuestra, en otros muchos periodos de la historia. Lo preocupante es que esta inversión de prioridades ha ido aumentando con el tiempo hasta alcanzar proporciones alarmantes.
Como el propio autor indica en el prólogo, el volumen no está conformado como un todo unitario: se trata de un conjunto de fragmentos enlazados por la idea que le da título. Girando sobre ella y auxiliado por firmas más que ilustres, Ordine reflexiona sobre el servicio que presta la literatura, el tipo de formación que pedimos a las universidades, los nefastos efectos de la posesión sobre la dignidad humana, la verdad y el amor. Para acabar, y etiquetado como apéndice, se incluye un texto del pedagogo norteamericano Abraham Flexner (1866-1959). Nada más que una veintena de páginas cuyas reflexiones completan de alguna forma las del ensayista.
Precisamente del prólogo destaco este párrafo porque es un perfecto resumen de lo que viene a continuación:
 “El saber constituye por sí mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero y el utilitarismo. Todo puede comprarse, es cierto. Desde los parlamentarios hasta los juicios, desde el poder hasta el éxito: todo tiene un precio. Pero no el conocimiento: el precio que debe pagarse por conocer es de una naturaleza muy distinta. Ni siquiera un cheque en blanco nos permitirá adquirir mecánicamente lo que sólo puede ser fruto de un esfuerzo individual y una inagotable pasión.”
Nos encontramos, pues, en una sociedad utilitaria para la que la cultura, el arte y la investigación resultan prescindibles si carecen de finalidad práctica. Y esto nos conduce a otra paradoja: según ese criterio, el libro que comento es completamente inútil porque solo encontrará lectores entre aquellos que estamos previamente convencidos de lo que defiende. ¿Merece la pena entonces todo ese acopio de argumentos emitidos por los autores más reputados de todas las épocas? ¿No sería más práctico utilizar otro canal más fácilmente digerible, youtube, un hilo de twitter, algo de ese tipo?
Rotundamente no. Atacar la banalidad banalizando el discurso resulta cuanto menos incoherente. El pensamiento profundo constituye una corriente invisible de la que se alimenta esa multitud alocada que corre tras el dinero fácil y rápido. Guiados por un pensamiento que constituye nuestro patrimonio, el de Séneca, Dante, Petrarca, Ionesco, Tomás Moro, Oscar Wilde, Italo Calvino, Bataille, Vargas Llosa, Foster Wallace y otros muchos, dudaremos de que esos dos calificativos estén correctamente aplicados. Incluso –tal como afirma Flexner, que nos previene, además, de los peligros del totalitarismo si el pensamiento crítico llegara a erradicarse– desde el punto de vista práctico, las fronteras son bastante difusas: gran cantidad de avances técnicos y verdades científicas han llegado a nosotros gracias a la curiosidad de mentes nada utilitaristas. Pero los autores citados van mucho más allá. Según Montaigne: “Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”. Y Leopardi considera que lo placentero en general y la literatura en particular es lo más útil de todo. Pero la utilidad de la cultura no consiste solo en el placer que nos proporciona, pues ¿qué haríamos sin esas facultades que amenazan con cerrarse en algunos sitios? Sin paleografía ni filología, señala Ordine, “tendremos una humanidad desmemoriada que perderá por completo el sentido de la propia humanidad y la propia historia”. Solo la pedagogía vocacional, el amor por el conocimiento garantiza nuestra continuidad como seres humanos.
En menos de doscientas páginas, Ordine (y Flexner) nos presentan la eterna disyuntiva ocio/negocio y trazan un sombrío panorama. Una sociedad que considere inútil cualquier actividad no lucrativa eliminará las antiguas lenguas de los planes de estudio, dejará de editar a los clásicos, retirará su apoyo a toda investigación que no tenga utilidad práctica inmediata, los programas escolares y universitarios se enfocarán exclusivamente en el empleo, se acabarán derribando bibliotecas, museos y cualquier institución que conserve y propague la cultura, se anulará todo rastro de creatividad, y con ello morirán literatura, filosofía y todo pensamiento que no conlleve compensación económica.
Por terrible que parezca, no estamos tan lejos como parece de ese estado de cosas. Y seguimos caminando en esa dirección.

Traducción de inglés e italiano: Jordi Bayod



Del mismo autor: Clásicos para la vida