Mostrando entradas con la etiqueta libros sobre libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros sobre libros. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de noviembre de 2025

Reseña + entrevista: Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano de José Carlos Rodrigo Breto

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2025
Valoración: Bastante recomendable

Hace unos días hablábamos de Céline y de la separación entre obra y autor. Y hoy toca hablar de Michel Houellebecq, quien podría, hasta cierto punto, ser considerado una especie de "heredero" de Céline, tanto en lo literario como en la polémica que rodea su enjuta figura y su obra. Como sucede con Céline (y con muchos otros), creo que en el caso de Houellebecq hay que poner el foco en la obra y dejar de lado declaraciones más o menos "altisonantes". ¡Ya sabemos cómo se las gastan nuestros vecinos del norte con eso de escandalizar, epatar a la burguesía, los enfant terribles y esas cosillas! 

El caso es que con su Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano, Breto se centra en lo literario y desgrana las nueve novelas (y algo de El mundo como supermercado) publicadas hasta la fecha por el francés a través de las influencias, los temas y las obsesiones que las recorren. 

Y aunque el propio autor nos avise de que este este es un libro triste que habla de libros tristes con personajes tristes, creo que el análisis (quizá un pelín reiterativo en algunos momentos) que hace Breto de la obra de Houellebecq es asequible tanto para fans irredentos como para no iniciados. Porque... ¿a quién lo le puede interesar el análisis de la obra que mejor refleja en final del siglo XX y el comienzo del XXI, que mejor habla de la soledad de la existencia, de la decadencia, del despojamiento, de la reformulación del ser humano? ¡Sí, Juan, sí, es lo que hay!

Digo que se trata de un análisis asequible porque las referencias o influencias que encontramos en Houellebecq son perfectamente reconocibles (Albert Camus y su Meursault, Kafka y mucha de su obra, Perter Handke y su Bloch) y porque cualquier hombre blanco, europeo, de entre 30-60 años y medianamente heterosexual podrá identificar algunas, muchas o todas de las obsesiones y temas que recorren las novelas: vacío existencial, amargura, alienación y desesperación, melancolía, esperanzas frustradas, etc. Por eso quizá hay gente a la que resulta tan "desagradable" su lectura, porque no hace otra cosa que ponernos frente a un espejo para que veamos en el nuestros "lujos y miserias". 

Lo anterior nos lleva a plantearnos si no será Michel Houellebecq el escritor existencialista de nuestra época (si Michel lee esto, igual nos mata) o el último humanista en un mundo deshumanizado. Es posible, aunque yo le veo más como esos escritores centroeuropeos del período de entreguerras o como los rusos de mediados y finales del XIX, escritores que retrataron como pocos al ser humano y el final de una época, esa que les tocó vivir y sufrir. De ahí su vigencia y su universalidad, la que esperemos tenga Houellebecq en el futuro.

No me enrollo más. No hablaré aquí de las 3 etapas que Breto distingue en la obra novelesca de Houellebecq, su carácter más o menos visionario, etc. De eso hablamos en la charla que mantuvimos con él y que enlazamos a continuación. Así que bajad a pillar algo de comida envasada a Carrefour y a ver el vídeo!!!

P.S.: Me parece "indignante" que este libro no lleve en cubierta una foto de Michel Houellebecq. ¡Espero que la segunda edición del libro la incluya!

También de Rodrigo Breto en ULAD: Nuevo kafkarama

miércoles, 1 de octubre de 2025

Reseña + Entrevista: Lo que una ama de Miren Billelabeitia

Idioma original: 
euskera
Título original: Norberak maite duena. Hitza gogoan, irakurketa biziz
Traductor: Ángel Erro 
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable 
 
Lo que una ama es un libro sobre la lectura: no como acto individual y silencioso (que es el modo más habitual en el que concebimos la lectura), sino como lugar de encuentro y comunicación, como algo que se comparte y que se enriquece al compartirlo. Es un libro precioso sobre aquello que, también aquí en Un libro al día, más nos une: los libros, la literatura, no solo por los libros en sí mismos (que también), sino por todas las experiencias y vivencias compartidas que surgen de ellos. 
 
El origen de este ensayo (que ganó, por cierto, el Premio Euskadi de Ensayo en Euskera en 2023) surge de la experiencia de Miren Billelabeitia como profesora de literatura vasca y literatura universal en un instituto. Desde 2001-2002, organizó tertulias con sus estudiantes en los que, en euskera, comentaban y compartían una selección de obras literarias, desde Eurípides hasta Kafka, desde Homero hasta Kavafis. Estas tertulias, en las que los estudiantes seleccionaban y leían sus fragmentos favoritos, se creaba un espacio de libertad y sensibilidad, en la que los estudiantes aprendían a hablar y a comentar, a escuchar y a respetar, y en la que la literatura les ayudaba a aprender cosas sobre sí mismos, sobre sus compañeros/as y sobre el mundo.
 
Como se puede ver por la breve lista de autores que he mencionado en el párrafo anterior, las obras comentadas no siempre son fáciles, ni aquellas que usualmente se piensan para lectores adolescentes. Hay en esto, como explica Miren Billelabeitia en la entrevista que aparece al final de esta reseña, una decisión consciente: la de no caer en el facilitismo, en la condescendencia con los estudiantes, o en los prejuicios sobre lo que pueden o no leer o entender. De hecho, a partir de estos textos quizás inicialmente arduos, la autora narra cómo los jóvenes lectores consiguieron conectar con lecturas y experiencias propias, con interpretaciones quizás inesperadas pero siempre enriquecedoras.
 
A partir de esta iniciativa, loable en sí misma, Miren Billelabeitia ha escrito un libro que le añade un valor adicional, porque ha conseguido dar una forma literaria, sencilla y cautivadora, a su narración esta experiencia. Así, después de unos capítulos introductorios, en que se presentan las tertulias literarias, su contexto y origen, y las motivaciones que las originaron, el volumen se articula en torno a una doble (y poética) progresión: la de la historia de la literatura universal, y la de las estaciones del año (lectivo) que van marcando el paso de los meses y las lecturas. Algunos capítulos son (al menos para mí) particularmente memorables, como esa larga conversación entre profesora y alumna para intentar desentrañar el (los) significado(s) del poema "Esperando a los bárbaros" de Kavafis, pero son muchas las pequeñas joyas que se van encontrando por el camino.
 
Hay, por último, otro aspecto que creo que no debe ser invisibilizado: este es un libro que se escribió originalmente en euskera, y sobre una experiencia de lectura compartida que tuvo lugar en euskera. Si este tipo de iniciativas de promoción de la lectura son siempre valiosas, creo que tienen especial relevancia en el caso de una lengua, como el euskera, en situación de diglosia y de fragilidad histórica. Conseguir que un grupo de estudiantes, con orígenes y sensibilidades muy diferentes, se junten alrededor de una mesa para hablar en euskera sobre libros, pero también sobre sus vivencias, sus preocupaciones, sus emociones, es una gran forma de garantizar que esa lengua se mantiene viva...
 
Termino la reseña como terminé la entrevista que le hice a la autora hace unas semanas: recuperando la cita que da título al libro, y que aparece también como epígrafe de uno de los capítulos. Es un fragmento de un poema de Safo:
 
Dicen unos que una tropa de jinetes, otros la infantería
y otros que una escuadra de navíos, sobre la tierra
oscura es lo más bello; mas yo digo
que es lo que una ama
. 

 Entrevista con Miren Billelabeitia:

 

 

miércoles, 2 de julio de 2025

Grace Ellis & Hannah Templer: De otro planeta

Idioma original: inglés

Título original: Flung out of Space

Año de publicación: 2022

Traducción: Esther Cruz Santaella

Valoración: recomendable y, sobre todo, para fans

Una vez más, resulta aconsejable acudir  al subtítulo de este libro para enterarnos de qué va... Pues bien, dice así: Las indecentes aventuras de Patricia Highsmith. En realidad, con esto ya sería suficiente para dar por hecha la reseña o al menos, dos tercios de la misma. El resto sería dar mi parecer ("me ha gustado mucho, bla, bla, bla"), aconsejar su lectura ("no os lo perdáis y menos aún quienes seáis fans de esta escritora, bla bla bla"), cobrar mi suculentos honorarios y pa' casa... Pero vaya, uno es un profesional prestigioso del mundo de las reseñas y vosotros/as os merecéis algo un poco más elaborado y además, si no, me echan de este chollo, así que aquí va la de esta ¿biografía ficcionada gráfica? ¿Ficción biográfica gráfica? ¿Lo que sea, pero gráfica? Bueno, da igual la taxonomía que apliquemos a esta obra; el caso es que se trata de una recreación de la época juvenil de la gran escritora Patricia Highsmith, justo en el momento previo -meses, en verdad- a que comenzara a publicar novelas, cuando se dedicaba, para su desespero, a escribir guiones para cómics, algo que le resultaba bastante degradante -y muy gracioso a las autoras de este otro cómic, puesto que insisten bastante en ello-, mientras se dedicaba a crear sus primeras obras literarias de enjundia: las novelas Extraños en un tren y Carol (que primero se llamaba así, luego se publicó como El precio de la sal, firmada con un pseudónimo, y en 1989 volvió a ser Carol, ya con la autoría declarada de Highsmith). Momentos complicados para esta escritora, en primer lugar por las cuitas propias de cualquier escritor o escritora que trata de publicar su primer libro (a no ser que sea algún presentador/a de televisión, influencer, tiktoker o cualquier otra gansada por el estilo), pero también -al menos es sobre lo que las autoras de este cómi... novel... biografía gráfica o lo que sea, hacen mayor hincapié- por su lesbianismo galopante, que no sólo se ve obligada a disimular -tampoco mucho-, sino que le crea un fuerte sentimiento de culpa y le impulsa a buscar ayuda psicológica e incluso a seguir lo que hoy llamamos "terapias de conversión". Esta situación nos puede parecer hoy un despropósito (y con razón) a las personas de bien, pero recordemos que la historia está ambientada a finales de los años 40 del pasado siglo, por más que sea en Nueva York, una gran ciudad donde era esperable encontrar un poco más de tolerancia. Aún así, la homosexualidad era considerada una enfermedad que debía ser tratada por psicólogos y terapeutas, algo a lo que incluso una personalidad tan indómita como la de Patricia Highsmith no pudo resistirse. 

Este libro se centra en gran medida en esta circunstancia de la vida de Highsmith no sólo por el "interés humano" que pueda tener, sino porque El precio de la sal/Carol se convirtió en una novela emblemática para el colectivo homosexual LGTBIQ+, al menos en EE.UU. y, por motivos que se me escapan, para su autora suponía la continuación natural de Extraños en un tren, novela que, por cierto, le supuso un éxito no menor, con adaptación cinematográfica dirigida por Hitchcock, etc. A partir de estas dos primeras novelas, la carrera y la vida de Patricia Highsmith cambiaría para siempre, permitiéndole su éxito dejar el mundo de los cómics -atención, por cierto, a la aparición de un joven Stan Lee- que tanto aborrecía. Ahora bien, que nadie piense que estamos ante una suerte de ficción hagiográfica sobre una de los iconos del colectivo LG+ o algo así. Para nada, puesto que las autoras de este libro no han pretendido en ningún momento ocultar los "defectillos" de su protagonista; a saber: un borderío bastante acentuado -esto era previsible, dada su fama de arisca- y, peor aún, arraigados prejuicios contra ciertas etnias o religiones -básicamente los judíos-; la razón para ello no se explica, pero recordemos que esta escritora fue criada por su abuela en la Texas de los años 30, que sospecho no era el mejor lugar para quien no fuera blanco, anglosajón y protestante... Precisamente, en la nota preliminar a la novela gráfica (vamos a llamarla así) la guionista de la misma, Grace Ellis incluye estas palabras al respecto:

"La historia de la humanidad está llena de seres humanos complicados y destructivos. Creo que es importante que no olvidemos eso. No todas las figuras influyentes o relevantes merecen que se las ponga en un pedestal, lo que incluye a mujeres y personas LGBTQ. Las hagiografías simplificadas tienen sus objetivos, pero considero que, en última instancia, nos hacen un flaco favor al mostrar a personas reales reducidas a simples héroes y villanos, cuando la verdad casi siempre es más rica y compleja (...)"

No puedo estar más de acuerdo, aunque también cabe preguntarse qué ocurre para que la autora de un libro sobre otra escritora real, en este caso, tenga que incluir esta nota a modo de prólogo para evitar herir susceptibilidades y, en última instancia, poner la venda antes que la herida, por si las moscas... No sé, casi se diría que el público lector (por no hablar del público televidente o usuario de las redes sociales) no está formado por adultos conscientes de la complejidad del mundo, de la variedad de personalidades y comportamientos humanos y de las interacciones entre las personas, sino por pre-púberes incapaces de entender las cosas de forma no binaria: bueno/malo; me gusta/no me gusta; salvación/condenación eterna en los fuegos del Infierno (lo digo por decir, ¿eh?, que ya sé que no es así y todos nosotros nos movemos en la sutileza, ambigüedad y tolerancia como peces en el agua).

Por apuntar alguna cosa sobre el aspecto gráfico del libro, el trabajo de Hannah Templer me parece magnífico, desde el planteamiento de cada página y el uso de una gran diversidad de planos -por cierto, muy eficaz e inteligente el recurso a repetir las viñetas finales de algunas páginas en la siguiente, para enfatizar el efecto que se quiere transmitir... además de ahorrarle algo de trabajo a la dibujante-, hasta el estupendo trazo, claro a la par que expresivo y detallista. Además de al cómic clásico norteamericano (el de superhéroes, por entendernos), a mí, que ya soy un señoro machirulo de ésos, me ha recordado al de dibujantes franceses e italianos de los 80-90, como Vittorio Giardino e incluso, cuando se trata de mujeres, a... ejem, Milo Manara. Pero no, debo de estar equivocado... ¿Cómo va a ser un referente para una historia donde la protagonista se acuesta con un buen número de macizas gentiles congéneres a lo largo de la misma (perdón por el spoiler, si es que lo es) un tío que las dibujaba de maravilla, para solaz de los salidos de media Europa? Y que conste que yo sólo leía sus cómics por los guiones...

Un montón de títulos de (que no sobre) doña Patricia Highsmith reseñados: aquí

martes, 17 de junio de 2025

Tom Sharpe: La gran pesquisa

Idioma original: inglés

Título original: The Great Pursuit

Año de publicación: 1977

Traducción: Mónica Martín Berdagué

Valoración: recomendable 

Por lo general, trato de huir de las novelas protagonizadas por escritores (propósito harto difícil de cumplir, pues muchos autores/as parecen pensar que no existe otro oficio digno de reflejarse en la ficción); ahora bien, otra cosa son los libros que hablan del mundillo literario -editores, agentes, e incluso la crítica-, que suelen resultar de lo más divertido, al tratarse de un tema bastante proclive al humor y la ironía... por no decir la sátira, como es el caso (1).

Este libro del gran Tom Sharpe, de hecho, trata del periplo de otra novela titulada, de forma digamos que un tanto grandilocuente, Deteneos, oh hombres, ante la virgen, que un buen día llega a la londinense agencia literaria Frensic & Futtle, remitida por un abogado de Oxford, ya que su autor o autora desea  permanecer en el más estricto anonimato, presumiblemente por el carácter escandaloso del libro, que narra el romance y, con particular detenimiento, las relaciones sexuales entre un adolescente y una señora octogenaria... Es decir, que se trata de una novela con unas extraordinarias posibilidades comerciales (en los años 70, cuando se publicó La gran pesquisa, la literatura con sexo en grandes cantidades y, a ser posible, algo escabroso, era la que más vendía... quiero pensar que es algo que ya no sucede), así que el agente literario Frederick Frensic monta toda una estrategia para conseguir sacar un pastizal por ella a la editorial americana Hutchmeyer. Con el pequeño inconveniente, claro está, que debe presentar a un autor que la firme y ponga la cara, por lo que Frensic echa mano de Peter Piper, un pobre letraherido al que lleva años representando -o, mejor dicho, no representando, puesto que no hay forma de colocar su novela autoficcional-, llegando a embarcarlo hacia EE.UU. junto a su socia, Sonia Futtle, para hacer la obligada promoción. Y aquí es cuando las cosas se comienzan a torcer de manera incontrolable y, más aún, imprevista, sobre todo cuando entra en escena la recauchutada, a la par que desquiciada, Baby, la esposa de Hutchmeyer. 

No voy a contar nada más, primero, porque no quiero hacer espoilers, pero, sobre todo, porque la trama de la novela se vuelve tan enrevesada y delirante que me resulta imposible resumirla. De todos modos, para quien le parezca todo un argumento inverosímil, recordemos recientes casos de escritores/as que han utilizado con éxito seudónimos para permanecer en la sombra, como Elena Ferrante o incluso quienes han sido representados en público por sosías, como ocurrió en la igualmente increíble, pero cierta, historia de J.T. LeRoy. Por lo que se refiere a la trama de esta novela, su premisa podría ser perfectamente plausible, aunque Sharpe, fiel a su estilo, la lleve hacia el más desaforado delirio humorístico, si bien es cierto, creo yo, que tampoco se trata del libro más desopilante de este autor. No obstante, posee la suficiente carga de humor y mala leche como para provocar no ya la sonrisa, sino más de una carcajada -en especial, al menos según mi opinión, los capítulos que se desarrollan en Bibliopolis, Alabama, villorrio de irónicamente apropiado nombre-; cierto es que se trata de un humor hoy en día un pelín incorrecto (o, en cambio,  correctísimo, tal y como pintan las cosas en el mundo, últimamente) y. así, encontramos ciertas dosis de lo que habrá quien considere homo y transfobia, rechufla hacia los pueblos oprimidos, bodyshaming -en especial, gordofobia, o como se diga-, recurrente edadismo y hasta burla a los sentimientos religiosos (2). No lo voy a negar, pero hay que tener en cuenta que se trata de una novela humorística de hace casi medio siglo y, sobre todo, de Tom Sharpe. Y a los libros de Tom Sharpe, ya se sabe, hay que venir llorado, meado y cagado. No queda otra.

En cualquier caso, lo más interesante de La gran pesquisa es que, además de ser una ácida sátira sobre el mundillo literario -repito: escritores, editores, agentes y hasta la crítica (3)- en ella encontramos también todo un juego metaliterario sobre la propia naturaleza de la literatura y su creación, hacia dónde debe encaminarse y por qué, etc. Que estemos ante una novela de humor de hace tanto tiempo no cambia las cosas, porque, de hecho, las cosas apenas han cambiado en todo este tiempo.

(1) Más aún ahora que estamos en plena temporada de Ferias del libro y eventos por el estilo, en las que al interés mercantil y político se une la egolatría de los juntaletras escritores /as, como bien se comenta en este vídeo que podéis ver en nuestro estupendérrimo canal de YouTube (sí, también tenemos uno, ¿qué os creíais?) 

(2) De racismo, en cambio, no hay trazas, quizás porque, como es bien sabido, Sharpe fue educado, durante su niñez y adolescencia, en las ideas nazis, que luego rechazó en su edad adulta, sobre todo tras emigrar por un tiempo a Sudáfrica... Lástima que no ocurra lo mismo con todos los personajes públicos provenientes de ese país, y no estoy pensando en nadie (o sí).

(3) Hoy en día habría añadido, supongo, a booktubers e influencers, con un especial hincapié en la obsesión por los likes y el número de seguidores en las redes, que determina muchas veces a quién se publica y a quién no.

Otras novelas del gran Tom Sharpe reseñadas en Un Libro Al Día: Wilt, Los Grope, Becas flacas, Lo peor de cada casa

miércoles, 15 de mayo de 2024

Mario Levrero: Dejen todo en mis manos

Idioma: español

Año de publicación: 1994

Valoración: está bien

Un escritor uruguayo no demasiado exitoso recibe el encargo, por parte de sus editores, de localizar en una ciudad del interior del país a quien haya escrito una novela magnífica que han recibido y con quien no pueden ponerse en contacto. El improvisado detective se desplaza a esa desabrida localidad, a la que llama penurias, y, durante los días de su estancia allí, lleva a cabo unas pesquisas más o menos exitosas -me callo si finalmente tiene éxito en la misión encomendada o no-, conoce a una serie de personajes más o menos pintorescos y tiene algunos encuentros, más o menos eróticos. con mujeres...

Novelette ésta (perfectamente la podría haber etiquetado como "zoom" de tan corta que es) que bebe, como es obvio, de la clásica novela negra norteamericana -de hecho, en el libro encontramos más de una referencia a Raymond Chandler-, sólo que con un tono paródico e incluso bufo, lo que, digámoslo claramente, es lo que salva la historia, que, por lo demás, tampoco tiene mucha chicha, más allá de algunas reflexiones del protagonista y de la ambientación en un escenario un tanto laberíntico y onírico -los propios sueños del escritor-sabueso tienen también bastante presencia en la novela, por cierto-; tengo entendido, sin haberla leído, que esta ambientación está relacionada con la de La ciudad, del mismo autor. Aunque, de hecho, a mí tanto la localidad de Penurias como la repetición de ciertas rutinas diarias del tipo me han recordado algo la película Atrapado en el tiempo... influencia que bien podría haber existido en su redacción, de no ser el estreno de este filme justamente contemporáneo de la publicación del libro. Lo mismo me ocurre con la prosa de César Aira, cuyo estilo me ha recordado esta novelita de Levrero. Pero, probablemente (quien sepa más del tema, que se manifieste, si quiere), la influencia, de existir, sea en sentido contrario, puesto que la mayor parte de la muy extensa obra del argentino se ha publicado después de este librito.

En cualquier caso, estamos ante una novela cortita y divertida -en algún momento, incluso hilarante-, aun sin demasiada sustancia y que, con seguridad, no se encuentra entre las obras más señeras de este escritor uruguayo. Se lee en un plis-plas, eso sí, luego está bien para pasar el rato y hasta ahí.

Otros libros de Mario Levrero reseñados en este blog: Trilogía involuntaria, La banda del ciempiés

viernes, 29 de septiembre de 2023

Ismaíl Kadaré: El ocaso de los dioses de la estepa

Idioma original: albanés

Título original: Muzgu i perëndive të stepës

Año de publicación: 1978

Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde

Valoración: más que recomendable

Lectores y amigues del blog, se acerca el día favorito de los cotillas amantes de la literatura, la Eurovisión de los gafapastas, que dijo no sé quién: la anual y no obstante ansiada concesión del premio Nobel. Cada cual hace sus apuestas, incluso literalmente (haceos un favor y no pongáis vuestro dinero en Houellebecq y mucho menos en el Murakami malo), lo mismo que yo, claro... Según mi método infalible (sobre el que algún día escribiré un libro que se venderá en la misma sección que los que aseguran enseñar cómo ganar a la ruleta o al Texas hold 'em), este año toca que ganer un escritor varón (puede ser no binarie, pero con pito aspecto masculino cisnormativo) y que no escriba en francés ni en inglés, que ya han empachado un poco a la Academia sueca. Mis favoritos, por tanto, descartado el japonés ful y cualquier africano (pues hace dos años se lo dieron a un caballero cuyo nombre no he conseguido aprender) serían: un rumano con pelazo, un húngaro de nombre no menos complicado o un albanés viejecito. Y claro, si se trata de escritores albaneses, no sé si habrá muchos más para escoger, pero a mí sólo se me ocurre uno; sí, amigues, el mismo al que este benemérito blog ha dedicado ya un porrón de reseñas, demostrando que a cansinos no nos gana nadie. Pues aquí tenéis otra, por si acaso...

Por casualidad (lo prometo), esta novelita, El ocaso de los dioses de la estepa, tiene también cierta relación con el premio Nobel: ambientada en 1958 en Moscú -aunque comienza durante las vacaciones estivales del protagonista, en una residencia para escritores en Letonia-, nos cuenta, de forma tal vez memorialística (no me atrevo a llamarlo "autoficción"), la estancia de un joven escritor albanés, trasunto del autor, supongo -si no directamente él mismo- en el Instiruti Gorki, de la Unión de Escritores Soviéticos, donde asiste a cursos literarios junto a otro montón de juntaletras letrtaheridos, de variados orígenes, edades y experiencias vitales. Justo es el otoño en el que se le concede el premio Nobel a Boris Pasternak, autor de la celebérrima Doctor Zhivago, ante lo que la maquinaria de propaganda del estado soviético -de la que forma parte dicha Unión de Escritores- se pone en marcha para denigrarle como traidor y obligarle a renunciar al premio (cosa que acabó sucediendo). El protagonista asiste a todo entre la distancia que le da su extranjería y la perspicacia de verle las costuras al régimen soviético, aunque más preocupado, en realidad, por sus cuitas amorosas y por el posible enfriamiento de las relaciones entre Albania y la URSS, algo que, sin duda, no puede sino afectar a su estancia en Moscú.

Debo decir que, en un principio, el argumento de esta novela no me interesaba demasiado, pues parecía que iba a ser más que nada una sucesión mejor o peor hilvanada de impresiones o recuerdos sobre su estancia en la Unión Soviética (pues, realmente, Kadaré estuvo estudiando y residiendo en el Instituto Gorki durante esa época), pero, ay, amigues, resulta que no sólo la novela está mucho mejor hilada de lo que sugería al comienzo y hay una relación causal, aunque no obvia, entre sus diferentes capítulos, sino que uno (yo) empieza a leerla y no puede dejarla. Porque Kadaré escribe de maravilla, mezclando las observaciones y reflexiones de "anónimo" protagonista, con límpidas descripciones y retratos fulgurantes, casi caricaturas con dos trazos de la fauna literaria o aspirante a serlo de la que está rodeado (de quienes he de admitir que no tengo ni idea, salvo que algunos sí que existieron de verdad, según San Google, mientras que de otros no he encontrado constancia), bañado todo con un aura de melancolía, pero también con un sentido del humor, en una variante de sorna más o menos suave, que lubrica la narración y ayudan a transitar por las partes más taciturnas e incluso trágicas. Sin olvidar, ya digo, que el magnífico dominio narrativo que demuestra Kadaré permite una lectura más ágil e intrigante de lo que podía esperarse en un principio.

En fin, que no hace falta estar superinteresado en la literatura albanesa o soviética, o en las vicisitudes políticas de la época postestalinistas para disfrutar de esta, para mía, al menos, absorvente novela, y cuanto antes, mejor, no sea que en unos días le den el Nobel a don Ismaíl y ya lleguemos tarde. Que sólo con este libro ya se lo merece más que el Murakami malo o el farsante de Michel, ya os lo digo yo...

Más libros de Ismaíl Kadaré reseñados en este blog: Las mañanas del café Rostand, La pirámide, La muñeca, Abril quebrado, Réquiem por Linda B., El Palacio de los Sueños, El cerco, El accidente 


sábado, 12 de noviembre de 2022

David L. Carlson & Landis Blair: El accidente de caza

Idioma original: inglés

Título original: The Hunting Accident: A True Story of Crime & Poetry

Año de publicación: 2017

Traducción: Víctor Manuel García de Isusi

Valoración: entre recomendable y está bien

En 1959 el niño Charlie Rizzo vuelva a Chicago junto a su padre tras haber partido unos años antes con su madre, ahora fallecida. El padre de Charlie es ciego, debido supuestamente a un accidente de caza cuando era joven, y bastante peculiar para el ambiente en el que vive: se dedica a redactar en braille un libro basándose en los más grandes poetas de la literatura y a tratar de inculcar en su hijo valores estéticos y filosóficos. Pero cuando llega a la adolescencia , esta educación contrastará con el influjo de las calles de Little Italy, donde viven y Charlie se juntará con compañías poco recomendables. Además, a partir de cierto incidente, éste descubrirá la verdad sobre la ceguera de su padre, quien tratará de convencer a su hijo para que no se deje arrastrar por el mal camino.


Estamos pues ante una novela -gráfica, en este caso- de ésas entrañables, conmovedoras y no poco aleccionadoras: padre ciego, hijo díscolo, barrio italiano... vamos, con estos elementos hasta hace no mucho se podía haber hecho una peli la mar de chula con De Niro o Pacino de protagonista... Ahora bien, la historia da un giro y se convierte en una compleja narración carcelaria, que sigue un paralelismo -o más que eso- con el Infierno de Dante y con una improbable amistad como único seguro, bastante endeble, contra la tentación del suicidio. Todo ello jalonado con páginas en las que Charlie se dedica a leer párrafos del libro que su padre ha escrito durante años y que no son, precisamente, una muestra de literatura ligerita: además de mostrar un estilo un tanto rebuscado, tratan también de las dudas de un personaje al borde del suicidio.

Como se ve, y aunque se desarrolle en gran medida en una cárcel, no nos encontramos ante un cómic "de evasión" (perdón por el chiste, sé que es muy malo); por el contrario, nos hayamos ante una historia de ánimo ejemplificante y hasta trascendente, que puede parecer incluso un poco excesivo... hasta que te enteras de que está basada en personajes y sucesos reales. Esta gravedad, pues trata temas como la culpa y el remordimiento, la responsabilidad y el libre albedrío, la paternidad, la amistad e incluso el poder regenerador de la lectura, contrasta un poco con el estilo de dibujo de Landis Blair, que recuerda un poco al de Kim (aunque también es cierto que ni El arte de volar ni El ala rota son libros para "pasar el rato"), aunque trazado con una profusión de líneas finas que recuerda  también el estilo de otra ilustradora de Chicago, Emil Ferris. Destaca también su gran ambición a la hora de componer las páginas o las dobles páginas. 
Las ilustraciones, en todo caso, sirven para suavizar un tanto la historia, que, pese a tener algún momento que otro más distendido, no es precisamente una fiesta flamenca... lo que no significa -muy al contrario- que no deje un espacio para la esperanza y la redención. Incluso del peor de los criminales.


miércoles, 5 de octubre de 2022

Iban Zaldua: Panfletario

Idioma original: euskera y español

Año de publicación: como recopilación en este libro, 2021

Traducción: del propio autor

Valoración: recomendable 

Al escritor Iban Zaldua, conocido de sobra (creo) por los lectores españoles, conocido aún más (supongo) por los lectores vascos y archiconocido (espero, ya que hemos reseñado varios de sus libros e incluso entrevistado) por los lectores de este magnérrimo blog, le encantan las proclamas, los manifiestos y los decálogos, amén de cultivar el género de los relatos o cuentos, como demuestra su actividad literaria hasta la fecha -de hecho, uno de los artículos recogidos en este libro es un manifiesto en forma de casi-decálogo que se intitula Por qué nos empeñamos en escribir cuentos-; así, muchos de ellos, tanto de unos como de otros y ya publicados en diversos medios durante los últimos años, firman esta recopilación acertadamente llamada Panfletario y cuyo subtítulo no deja lugar a dudas (y perdón por la repetición): Manifiestos, decálogos y otros artefactos a favor (y en contra) de la literatura.

Un libro, por tanto, de temática "metaliteraria", lo cual, en principio, puede que eche para atrás a muchos lectores (confieso que incluso a mí mismo, según las circunstancias), poco interesados en el ombliguismo que se pueden traer escritores, críticos o simples reseñistas en blogs... Error. Porque Panfletario es, ante todo, un libro muy divertido. Zaldua ha recopilado aquí diversos textos referentes a la cosa literaria, en su más amplia concepción, que ha ido publicando  a lo largo de los años en diversos medios y en las dos lenguas que le son propias -aunque más en euskera y en medios vascos; de ahí las continuas referencias a su por fuerza, más exigua literatura-; el otro elemento común a todos los artículos, decálogo y hasta pequeños relatos seleccionados es, como ya digo, el humor.  Un humor que se despliega, en general, en forma de ironía, más o menos suave, más o menos ácida, aunque a veces derive hacia el sarcasmo y, sobre todo, no deja títere con cabeza... Porque el tono desenfadado no significa que el autor no suelte aquí las verdades del barquero, sin dejar incólume a casi ningún sector participante en esta cosa de los libros... (no confundir con la Cosa vasca, a la que dedica un capítulo... y no me refiero a uno de los 4 Fantásticos con txapela); si acaso, el de los lectores, y algún dardo que otro también hay. Sin ir más lejos, esto es lo que asevera Zaldua, conocido no sólo perpetrador, sino defensor acérrimo del relato corto, de sí mismo y de sus colegas que cultivan esta modalidad literaria:

"A fin de cuentas, ¿qué es un escritor sino un quejica? Pues un cuentista es un quejica al cuadrado,  o incluso al cubo. Es decir, el más escritor de todos los escritores..."

No me extenderé demasiado sobre el contenido de los diferentes capítulos, porque lo mejor es que cada cual los lea y disfrute de la ironía e incluso del puntito picante de cierta maldad  (sin ánimo de molestar) que convierten esto artículos en trasuntos del pintxo vasco por excelencia: las deliciosas gildas. Para abrir boca (y demostrar, que, en efecto, el autor reparte estopa a diestro y siniestro), algunos de sus títulos:

  • Guía para prologar adecuadamente.
  • Los siete pecados capitales de la poesía.
  • Texto para leer en la entrega de un premio literario.
  • Decálogo de consejos para el perfecto organizador de eventos culturales.
  • Tridecálogo del escritor amargado.
  • Contra la crítica (y también un poco a favor de ella).
  • Argumentos en contra de la novela (ese género menor).
  • Cómo llenar una contraportada.
No obstante, no puedo resistirme a reproducir aquí el comienzo de uno de mis capítulos favoritos (huelgan las explicaciones) el Manifiesto contra la autoficción. Con vuestro permiso y del autor:
"Un fantasma recorre el mundo literario: el fantasma de la autoficción.Todas las fuerzas de la República de las Letras se han unido en santa cruzada para azuzar a ese fantasma: la academia y la crítica, la FNAC y las librerías hípsteres,los clubes de lectores y los talleres de escritura, Alberto Olmos y Ana Rosa Quintana, las editoriales "soi-dissant" independientes y el complejo Penguin Random House.

¿Dónde están los escritores o los críticos que le harán, por fin, frente?¿Qué partido de oposición lanzará, tanto a los representantes más avanzados de la autoficción como a los más reaccionarios, los epítetos que merecen para así denunciar la literatura selfi?"

Simplemente GLORIOSO.

Otros títulos de Iban Zaldua reseñados en Un Libro Al Día: Ese idioma raro y poderoso, La isla de los antropólogos y otros relatos, La patria de todos los vascos, Si Sabino viviría, Biodiscografías, Como si todo hubiera pasado, Nuestras guerras. Relatos sobre los conflictos vascos

viernes, 15 de julio de 2022

Mario Satz: Bibliotecas imaginarias

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable

Sé que se trata ya de un tópico excesivamente gastado por los reseñistas de libros, incluso (o empezando por) aquéllos que escriben en las revistas especializadas y suplementos culturales, pero no se puede decir de otra manera: este libro es una auténtica delicia. Una exquisitez, si lo preferís, un prodigio de erudición, sensibilidad y buen hacer literario, que resulta todo un placer leer, con la única pega de saber que pronto se acabará, pues tampoco hablamos de un libro demasiado extenso.

Bibliotecas imaginarias está compuesto de más de cuarenta capítulos o historias breves -de cinco o seis páginas a lo sumo, de un volumen de pequeño tamaño-, en los que recorremos gran parte del mundo y del tiempo, saltando de una biblioteca a otra: desde las saqueadas  biblioteca del emperador de China o de Madina al-Zahra a las bibliotecas portátiles de Francisco de Quevedo o del beduino Anir Kunta, que (re)descubrió el café (alabado sea por siempre);de los Archivos Secretos del vaticano a los rollos escondidos por los esenios cerca del mar Muerto; conoceremos los accidentados  avatares del llamado Fondo Kati o de la celebérrima biblioteca de Alejandría, pero también las de otras mucho más inciertas, como la de un pescador de esponjas griego, de un carpintero enamorado de las Musas, la biblioteca secreta de los judíos de Girona o la del arrasado ghetto de Varsovia... Compartiremos también la bibliofilia de un impresor veneciano, un legionario romano, un encuadernador de Amberes, de un ladrón de libros raros y también ladrona amante o del maestro Ibn Arabi de Murcia en su periplo por el fondo del mar ; pero también la de personajes aún más conocidos como Jenofonte, Arquímedes, San jerónimo, Ovidio, Paolo Uccello o la escritora japonesa Shei Shonagon...

El veterano escritor hispano-argentino Mario Satz muestra, como digo, toda su erudición, sensibilidad y talento -de las que no es ajeno, sin duda, su formación académica- en un libro que recuerda a Borges (referencia inevitable), pero también a las Vidas imaginarias de Marcel Schwob o a Ítalo Calvino... Incluso yo diría que existe no poca concomitancia, no sé si casual, de este libro con los de otro hijo de ese lugar, sin duda prodigioso, que es Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires), el inefable César Aira. Como su paisano, Satz parte de lo que puede ser, quizás, una simple anotación en una enciclopedia o tratado, o un arquetipo, para desplegar su imaginación por medio de una prosa cuidada, elegante, que nos envuelve como volutas de humo y nos fascina para que sigamos sus evoluciones hacia lo alto, hasta tocar la maravilla y, en ocasiones, lo sublime.

domingo, 8 de mayo de 2022

Posy Simmonds: El mundillo literario

 Idioma original: inglés

Título original: Literary Life

Año de publicación: 2003

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: Sin duda, recomendable (incluso imprescindible para los colectivos que se detallan en el primer párrafo de la reseña)

Escritores en ciernes, escritores consagrados, alumnos de escuelas de escritura, profesores de ídem, editores, agentes literarios, libreros, publicistas, impresores, hasta LECTORES (por supuesto, y, en general, sobre todo,  todos estas personas en género femenino); en fin, todos aquéllos y aquéllas que devoráis a diario Un Libro Al Dia buscando desentrañar los secretos de la cosa ésta literaria, no hace falta que sigáis haciéndolo ( o mejor, sí... por lo menos mis reseñas, ejem...), porque, por fin, ÉSTE ES VUESTRO LIBRO. Aquí descubriréis cómo es el interín de este negocio... ¿qué digo?, de esta SAGRADA VOCACIÓN, los intrígulis para hacer este regalo a la sociedad que es el libro y los desvelos para hacerlo de sus devotos servidores: los escritores en ciernes, los consagrados, etc. (incluso, por qué no decirlo, de los reseñistas pedantuelos que sólo leemos libros de autores balcánicos a los que no conocen ni en su casa a la hora de comer).

La veterana ilustradora británica Posy Simmonds no sólo conoce al dedillo estos secretos, sino que los plasmó es una serie de viñetas aparecidas en el diario The Guardian entre 2003 y 2005, y que, por lo que sea, no han sido publicadas en español hasta ahora. Una lástima, porque lo que nos podíamos haber reído hasta ahora y sin necesidad de refocilarnos con los otrora populares Lector mal-herido, La patrulla de salvación o el ínclito y aún en ejercicio Tongoy... Ahora bien, tampoco es que la señora Simmonds se dedique al cotilleo sobre tal o cual figura literaria, no, ella tiene demasiada clase para ello... cuando se habla de alguna celebridad real, es poruqe lleva años y hasta siglos criando malvas: es el caso de una historieta en la que jane Austen se plantea si regresar al mundo de los vivos, por ejemplo. En general, de quienes trata este libro es de arquetipos -aunque quizá no sea difícil ponerle otro nombre a algunos personajes-: el escritor "intensito" pero de escaso éxito, el autor de best-sellers, la escritora de novelas eróticas, las de literatura infantil, los libreros que resisten ahora y siempre al invasor, los lectores que acuden a las ferias o a las presentaciones, el poeta de provincias... en fin, todo un mUndo que se mueve alrededor de ese objeto venerado, (a veces incluso con alguna razón) que es el libro.


Pero en sus viñetas, Simmonds no recurre sólo a los escritores en ciernes, escritores consagrados, etc. para ejemplificar los aspectos más o menos ocultos del mundo del libro: también encontramos una serie de personajes fijos, que aparecen con regularidad -recordemos que estamos hablando de historietas publicadas primero en un periódico-: las libreras de la librería Wintergreene's, siempre acorralada por las grandes superficies; el agente especial Rick Raker, que resuelve los apuros literarios de sus clientes al más puro estilo hardboiled o el doctor Derek Trouley, quien, con la inestimable ayuda de la enfermera Tozer, se ocupa de curar las enfermedades profesionales -por decirlo así- que aquejan los y las autoras...

Las historias de esta última pareja resultan especialmente jocosas, puesto que en ellas Posy Simmonds utiliza el pulcro estilo de las Love Stories, tan populares en los años 70 del siglo pasado, y que, al parecer, ya había satirizado en algún trabajo anterior. Por lo demás, su estilo de dibujo es caricaturesco, pero amable y, sobre todo, flexible y dinámico (recuerda un poco, aunque mejor acabado, al de Sempé en El pequeño Nicolás). Lo mismo ocurre con su humor: es mordaz, pero aparentemente blanco... Aunque cuidado: se trata tan sólo de una apariencia... Y no olvidemos que buena parte de sus dardos van dirigidos, justamente a nosotros, los lectores. ¿O es que os pensábais que nos íbamos a ir de rositas?


También de Posy Simmonds y reseñado en Un Libro AL Día: Tamara Drewe

domingo, 20 de febrero de 2022

Julian Barnes: El hombre de la bata roja

Idioma original: inglés

Título original: The Man on the Red Coat

Año de publicación: 2019

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: recomendable

Conocida es la francofilia del británico Julian Barnes y también que en más de uno de sus libros se ha dedicado a explorar la idiosincrasia de su propio país y sus relaciones con sus vecino del otro lado de Canal. Vuelve a hacerlo en este libro, en cierto modo, a partir de una anécdota histórica: el viaje a Inglaterra que llevaron a cabo en 1885 tres franceses de renombre en la bonne société de la época, con el objeto de adquirir en Londres telas, trajes y otros objetos de buen gusto... Los susodichos caballeros eran el príncipe de Polignac, el conde de Montesquiou-Fézenac y el doctor Samuel Pozzi, quien resulta ser el "hombre de la bata roja" que da título e ilustra la cubierta del libro, pues fue retratado de esta guisa por el pintor norteamericano John Singer Sargent.

La anécdota del viaje, en todo caso, no es sino una excusa para departir acerca de estos tres personajes y, sobre todo, de la sociedad en la que les tocó en suerte vivir: la Belle Époque, como en Francia se conoce a los años de paz transcurridos entre la guerra franco-prusiana de 1870 y la I Guerra Mundial. Una época de apogeo colonialista y lucha de clases, pero también de esplendor de las artes y avance científico. Barnes hace un seguimiento de los tres personajes a lo largo de esos años; un poco menos, empero, al príncipe de Polignac, compositor musical, además de aristócrata (arruinado) que acabó casándose en un mariage blanc, pero muy bien avenido, con la heredera de las máquinas de coser Singer. Los otros dos personajes le resultan más interesantes: el conde de Montesquiou, poeta y, sobre todo, dandy -de hecho, se le puede considerar como epítome del dandismo, fenómeno o tendencia alrededor de la que también gira, en buena medida, este libro- y que acabó consagrado para la posteridad y, sobre todo, en su época, como el poco disimulado inspirador de varios  personajes de ficción: Des Essaintes, protagonista de A contrapelo, de Huysmans; el de Monsieur de Phocas, de Jean Lorrain, el barón de Charlus, de En busca del tiempo perdido de Proust, el pavo (sic) de la obra Chantecler, de Edmond de Rostand -amén del protagonista de sus propias memorias, Les pas effacés, claro-... Más interesante y, sobre todo, simpático, le resulta a Barnes el tercer viajero y, hasta cierto punto, protagonista de este libro, el doctor Samuel Pozzi, prestigioso médico innovador en la ginecología y la cirugía abdominal, coleccionista de arte, hombre de gran éxito social y aún más entre el género femenino -empezando por la famosa actriz Sara Bernhard, que fue su amante y luego amiga durante toda su vida-, ateo de origen hugonote, darwinista, prodreyfusiano, padre y esposo ejempl... bueno, con algunos problemillas familiares. 

Siguiendo a este atractivo personaje, aunque también a los otros dos, ya digo, Barnes va recorriendo diversos temas que afectaban a la sociedad francesa y occidental de aquella Belle Époque: desde el dandismo, el decadentismo o los estetas a los frecuentes duelos que se producían en aquellos tiempos, la homosexualidad y la relación entre Francia e Inglaterra (cómo no); de los avances científicos en el campo de la medicina -cirugía, higienismo, transplantes- o las ideas de Darwin, a la pervivencia del arte, la relación entre retratista y retratado o, en el caso de la literatura, entre los personajes y las personas que los inspiran y su posteridad...

La lista de otras personalidades de las que se habla en el libro y que configuran, entre todas, una amplia panorámica de la época resulta bastante extensa: a los ya citados, hay que añadir otros escritores como son o fueron Henry James, Maupassant, Mallarmé, Oscar Wilde -muy presente en todo el libro, como no podía ser de otra forma-, Baudelaire, Barbey d'Aurevilly, Flaubert, Edmond de Goncourt, Félix Fénéon, Colette, Ford Madox Ford, Conan Doyle, Zola, Léon Daudet (hijo de Alphonse), Léon Bloy; pintores como el ya citado Sargent, Gustave Moreau, Degas, Boldini o Whistler; personalidades de otros ámbitos como los médicos Alexis Carrel o Tourette (sí, el del famoso síndrome), el historiador Maurice Delafosse, etc. Lo más divertido es que los retratos de muchos de estos personajes aparecen en el libro... en la colección de fotografías que venían con las chocolatinas de la confitería Félix Potin, de París, en una especie de parnaso de la época, convenientemente endulzado y chocolateado para los siglos venideros. Quizá sea una forma muy adecuada de recordarlos, qué narices,,, ; )


Otros títulos de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: 
aquí

domingo, 6 de febrero de 2022

Jorge Carrión y Javier Olivares: Warburg & Beach

 Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: entre recomendable y está bien

Nos encontramos hoy ante un cómic de lo más curioso; en primer lugar, por su formato: en vez de estar editado en las habituales páginas separadas, como cualquier otro libro, se desarrolla a lo largo de ambas caras de una única hoja de papel, plegada luego como un acordeón y que el lector puede ir desplegando a su gusto. En verdad, no es que este formato tenga una importancia decisiva en la narración,  aunque quizá sí haya sido elegido para otorgar un continuo a los diferentes capítulos en que se divide el libro, en principio independientes unos de otros.

El otro aspecto inhabitual en este cómic o novela gráfica se refiere a su temática. W&B trata sobre distintas facetas del mundo del libro -algo que nos remite a los ensayos firmados por su guionista, Jorge Carrión-, pero no tanto , aunque un poco sí, a los desvelos de los y las escritoras, como a los de otros personajes e instituciones que tienen que ver con su nacimiento y difusión; en el caso del prólogo, por ejemplo, titulado Johnson & Wollstonecraft, nos habla de la relación entre la pionera escritora feminista Mary Wollstonecraft y su editor Joseph Johnson, a finales del siglo XVIII. Algo parecido ocurre en el primer capítulo, Beach, donde se nos cuenta el nacimiento, a manos de la norteamericana Sylvia Beach, de la ya legendaria librería parisina Shakespeare & Co. y su no menos mítica labor como editora del Ulises de James Joyce (efeméride de la que se cumplen estos días los cien años, precisamente).


La segunda parte está dedicada a Aby Warburg, hijo de un industrial judío alemán, amante de la lectura y estudioso que creó en Hamburgo una biblioteca -hoy el Warburg Institute, con sede en Londres desde 1933, por razones obvias y con 60000 volúmenes, más láminas y archivos- donde pudieron documentarse filósofos e historiadores como Ernst Cassirer, Erwin Panofsky y el propio Warburg, quien, a pesar de sus problemas psiquiátricos, elaboró su Atlas Mnemosque, buscando unir la filosofía y la historia de la imagen.

Por último, el epílogo está dedicado a la librera Frances Steloff, de la neoyorquina Gotham Book Mart, lugar emblemático para las vanguardias literarias y artísticas en la ciudad a mediados del siglo XX, y su relación con uno de sus más eximios representantes por aquel entonces, el francés Marcel Duchamp.


Aparte del curioso formato y del vigoroso trazo -y uso ocasional de la sobreimpresión- del ilustrados Javier Olivares, se ve que hay una línea que une a todos los capítulos, aunque sea tan zigzagueante como el mismo pliegue en acordeón: la relación entre literatos y artistas heterodoxos para su época y las personas que, de un modo u otro, facilitan la plasmación y propagación de su obra. Ahora bien, quizás esta idea resulte más sobrevenida de lo que parece, puesto que el libro da cierta impresión de tratarse más de la reunión de una serie de historias dispersas o lo que sus autores han conseguido cristalizar de un proyecto más amplio, que un libro concebido de esta forma desde un primer momento. No obstante, su lectura, si no se busca esa linealidad conductora con excesivo afán, resulta bastante recomendable e instructiva para quienes piensan que cualquier tiempo pasado ya está, justamente, pasado y que la libertad creativa y el acceso a la cultura son algo ya perfectamente garantizado en nuestra sociedad. No nos confiemos...


Otros libros de Jorge Carrión reseñados en Un Libro Al Día:
aquí

jueves, 16 de diciembre de 2021

Matthew Pearl: El club Dante

Idioma original: inglés

Título original: The Dante Club

Año de publicación: 2004

Traducción: Vicente Villacampa

Valoración: entre recomendable y está bien

Los lectores más viejunos veteranos de nuestro blog quizá recuerden una época lejana (aunque no lo suficiente) en la que, sin duda a remolque del estupefaciente éxito del El código Da Vinci, en las mesas de novedades florecieron best-sellers, o que pretendían serlo, con tramas esotérico-criminales y que aludían a secretos relacionados con algún personaje histórico-artístico: El enigma Vivaldi, La clave Gaudí, El pintor de sombras (este último no lo nombra en el título, pero se trata de una novela que enreda a Pablo Picasso con los crímenes de Jack el Destripador... alucina pepinillos); entre estas novelas encontramos también, cómo no, la que ocupa la reseña de hoy, El club Dante, del norteamericano Matthew Pearl, al que no le debió de salir mal la cosa, porque luego repetiría la fórmula misterio+nombre de escritor famoso con La sombra de Poe y El último Dickens.

Este El club Dante, no obstante, hace alusión a un "club Dante" auténtico, el que formaron en el siglo XIX el primer traductor al inglés de la Divina Comedia ( y también de las Coplas a la muerte de su padre, por cierto), el afamado poeta Henry Wodsworth Longfellow, junto a otros escritores e intelectuales vinculados a la universidad de Harvard, como el también poeta James Russell Lowell y Oliver Wendell Holmes, muy conocidos por los profesores de literatura norteamericana de las universidades de la Ivy League... En fin, esta panda de dicharacheros letraheridos, profesores y demás, se ve envuelta en la investigación de unos atroces crímenes que tienen lugar en el Boston post-bélico de 1865, ya que el asesino parece haberse inspirado, precisamente, en los castigos que Dante Alighieri reserva en su obra para los distintos tipos de pecadores (sí, a mí el argumento me recuerda también al de cierta exitosa película dirigida por David Fincher, pero vamos a dejarlo ahí...).

La cosa se anima, además, porque de la investigación se ocupa el agente Nicholas Rey (casi como el cineasta), el primer policía negro de la ciudad, aunque en un principio no sea más que el conductor del jefe de policía Kurtz. Digo que se anima porque en el Boston de 1865, recién terminada la guerra de secesión y llena de veteranos tullidos y desempleados, la causa de los negros no es precisamente la más popular; en efecto, el racismo y la falta de apertura de todo lo que viniera del extranjero (estamos hablando de antes de las grandes migraciones europeas hacia EEUU de fines del siglo XIX y principios del XX; en aquellos días casi no había gente de origen italiano, por ejemplo) impregnan toda la historia.

He de ser justo: aunque al principio he relacionado El club Dante con el timo de la estampita que fue la célebre novela de Dan Brown, lo cierto es que no sólo está escrita con una mayor calidad literaria (tampoco era difícil), sino que el misterio criminal resulta entretenido, truculencias aparte -lo aviso para los estómagos delicados- y, lo que es más importante, gracias a esta novela se pueden aprender algunas cosas interesantes o al menos deja esa sensación: por una parte, sobre la historia estadounidense de mediados del siglo XIX; por otra, sobre Dante y su Divina Comedia (aunque ya sé que es una lectura habitual para casi todos vosotros. Igual que para mí, por supuesto). En realidad, más que con el código de marras, esta novela emparentaría en espíritu -como señaló Francisco Casavella en una crítica que le hizo en su momento- con El nombre de la rosa... salvando no pocas distancias, claro.

Em fin, que es una novela bastante entretenida y adecuada para "desengrasar" entre dos lecturas más exigentes, sin tener que sentirse por ello como un idiota ante tramas sonrojantes, presonajes planos y efectismos hueros, aun con todos lo cliffhangers y plot-twists que aconsejan los manuales de cómo escribir un best-seller. El club Dante, al menos, trata a los lectores como adultos funcionales, que no es poco...

Nota exculpatoria: En este 2021 se  han cumplido 700 años del fallecimiento de Dante Alighieri y de la finalización de su Divina Comedia. Fieles a nuestra costumbre, en Un Libro al Día no le hemos hecho ni puñetero caso a esta efeméride le rendimos ahora un homenaje, puesto que la reseña de su obra ya fue publicada hace años.

Vale, sí, que es un homenjae un poco forzado y hasta cutre, pero qué queréis...


viernes, 4 de diciembre de 2020

Juan Carlos Castelló Meliá: Sobre la transexualidad

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: sin duda, interesante

No es que me guste a mí meterme en ciertos jardines (bueno, igual un poco sí, pero no es el caso), como puede pensar alguien al leer el título de este libro y recordar el debate existente en España sobre la Ley de Transexualidad, aún no aprobada o la disputa dentro del feminismo entre las activistas Trans (o pro-Trans) y las llamadas TERFs (o quizás sólo una parte de las Trans y una parte de las llamadas TERFs, que yo en esto ya me pierdo), con episodios tan coloridos como ciertas declaraciones de la escritora J. K. Rowling y la respuesta de algunos de sus colegas, así como la crítica o el apoyo de sus lectores, etc.

No, no es este "tema de rabiosa actualidad" el que me ha llevado a leer este libro. Si alguien amplía la imagen de su cubierta, podrá ver con más claridad el subtítulo del mismo, que es lo que a mí me ha interesado, sobre todo: A propósito de Morris; Morris es la señora de la foto, la escritora británica Jan Morris, fallecida justamente hace pocos días, el 20 de noviembre (ahorrémonos los chistes sobre la fecha, please), a la venerable edad de 94 años, que no está nada mal... Por pura casualidad, este libro llegó a mis manos unos días más tarde y pensé que reseñarlo podía ser una buena manera de homenajear a esta respetada y célebre, al menos en el ámbito anglófono, escritora, que además de ser autora de eruditos y deliciosos libros de Historia, biografías y, sobre todo, viajes, amén de alguna que otra novela, fue, entre otras cosas, oficial de inteligencia del Ejército Británico durante la II Guerra Mundial, filóloga y periodista que cubrió en directo acontecimientos como la primera ascensión al Everest, el juicio a Adolf Eichmann o el conflicto árabe-israelí por el canal de Suez. Además de nacionalista galesa, esposo y padre de cinco hijos... Porque el motivo de que protagonice un libro sobre la transexualidad es que hasta sus 35 años, Jan Morris vivió como James Morris, aunque sintiéndose mujer desde su primera infancia, y a esa edad comenzó su transición física al sexo femenino -se entiende que ya era de género femenino- , que culminó años después con una operación quirúrgica en Casablanca.

Esta es la razón por la que el autor de este librito, el filósofo y profesor valenciano Juan Carlos Castelló, ha tomado a Morris como ejemplo para hablar del tema de la transexualidad. Porque, según explica, más allá de las teorías, posiciones ideológicas e incluso estudios científicos -aunque sin despreciar éstos en ningún momento-, la pretensión del libro es "acercarnos a la persona para procurar entender su situación o circunstancia y, desde ella y sólo después de ese encuentro, valorar las versiones teóricas y tomar una decisión lo más humanizadora y racional posible". Para ello, como digo, se explica el devenir vital de  Jan Morris, en gran medida basándose en el libro de memorias que escribió ella misma tratando el asunto, El enigma. Aunque también se nos cuenta la historia, tal vez incluso más famosa, de Lili Elbe, la transexual danesa de los años 30 y que inspiró el libro y luego película La chica danesa, y cuyo caso Morris siempre tuvo muy presente. Al mismo tiempo, Castelló también aporta una serie de citas y referencias de pensadores como Judith Butler, Simone de Beauvoir, Ortega y Gasset , e incluso de novelistas como C. S. Lewis o el historiador Alexander Kinklake; ahora bien, siempre evitando la excesiva fárraga teórica, puesto que, si bien este libro ha sido publicado por una editorial dedicada a la filosofía y el pensamiento, lo es en una colección destinada a estudiantes. 

Si la primera parte del libro se centra en la historia de Jan Morris, la segunda es más una disertación y reflexión sobre los aspectos más teóricos, pero también políticos de este tema. Además de explicar con claridad las diferencias entre la transexualidad y las orientaciones y prácticas sexuales como la homosexualidad o el travestismo, insiste en la distinción fundamental -hecha a lo largo de todo el libro, en realidad- entre "sexo" -es decir lo referente a las categorías biológicas- y "género" -referente a categorías sociales y culturales y que determinan la identidad de cada persona-, así como las que hay entre las dicotomías macho/hembra  y masculino/femenino; además, explica en que consiste la llamada "perspectiva de género" -que no "ideología"-, que el enlaza, en el caso de las personas transexuales, de una forma estrecha con el feminismo y las reivindicaciones del colectivo homo y bisexual (toca sólo de forma indirecta lo que se refiere a la teoría o teorías Queer), en contraposición con los presupuestos de los que llama neoconservadores: aquéllos que consideran que lo único "natural" y "correcto" son los dos géneros que corresponden a los dos sexos biológicos y las relaciones sexuales y afectivas entre ellos, en exclusiva.

Aunque el tema da para mucho, no me extenderé más en esta que, por definición, ha de ser una reseña contenida; sólo quiero aconsejar, sin dudas y a quien le interese, la lectura de este libro, así como cualquiera de los de la gran Jan Morris. Tengamos siempre presente el lema que podemos ver en su camiseta (volved a ampliar la imagen si hace falta): So many books... so little time! Así que ¡todo el mundo a leer! (que al menos aquí, empieza un puente).

Escrito por Jan Morris y reseñado en Un Libro Al Día: Manhattan 45

martes, 21 de enero de 2020

Irene Vallejo: El infinito en un junco

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: bastante recomendable

Hete aquí el ensayo del momento o al menos eso dicen y al menos en España. Que además, ¡oh albricias!, no trata de política ni de pseudohistoria, sino, por una vez, de algo mucho más interesante y que nos gusta especialmente a los que elaboramos y leemos este blog: los libros. O la Historia de los libros, para ser más exacto, centrada en este caso en su aparición en la antiguedad grecorromana. Libros, bibliotecas, escritores... de todo esto va el ensayo y no podemos sino felicitarnos por ello.

Porque el libro, ante todo, es una delicia. La autora, que no deja de trasmitir en todo momento su entusiasmo por los temas que trata, hace un repaso a la aparición no sólo de los libros, sino de la escritura y de la literatura escrita -también se ocupa de la oralidad, sobre todo en el caso de los aedos griegos-; de la búsqueda de los soportes más adecuados para ello y su conseravación, de la aparición de las bibliotecas y sobre todo, de los lectores, una estirpe que ella reinvidica con orgullo y a la que pertenece, y nosotros también. Una nueva clase de gente que posibilitó, por ejemplo, la trasmisión y el contagio de las ideas filosóficas y de la cultura griega a lo largo del vasto mundo helenístico, romano y hasta nuestros días.

Aunque no sólo se ocupa de lectores y lectoras, claro: también de los escritores, comenzando por el gran y quizás inexistente Homero -aunque también recuerda que la primera persona de quien se tiene constancia de su autoría de un texto fue una mujer: Enheduanna, sacerdotisa y princesa acadia-, y la poetisa Safo de Lesbos (se detiene también en las figuras de otras mujeres notables de la Antiguedad, aunque no fueran escritoras, sensu stricto, como Aspasia e Hipatia). De los guardianes de todas sus palabras: los y las -en este caso, con especial cariño a ellas- bibliotecarias, con una respetuosa atención a Calímaco de Cirene, el bibliotecario de Alejandría que en el siglo III a. C. estableció un sistema clasificatorio que se ha mantenido,en lo esencial, hasta nuestra época. Vallejo nos habla también de libreros,tanto en Grecia -itinerantes- como en Roma, de coleccionistas de alta y no tan alta alcurnia, de los lectores, ya fueran gentes humildes que acudían a las bibliotecas públicas de Atenas o Roma, ya esclavos bien educados que leían papiros en voz alta para sus patricios amos. Y de los primeros críticos literarios, como Quintiliano, antecesor incluso, de los reseñistas blogueros, es de suponer...

Este ensayo, pues, es un panegírico de esta actividad tan placentera y novedosa -los primeros sistemas de escritura apenas tienen 3000 años- que ha cambiado el mundo, convirtiendose en la herramienta más eficaz de transmisión cultural que ha imaginado la Humanidad... Nos explica cómo han ido cambiando los soportes, de las tablillas de barro mesopotámicas a los pairos egipcios, los pergaminos griegos, o los primeros libros tal y como los conocemos ahora, inventados por los romanos -los códices-... hasta los soportes digitales actuales. Nos cuenta asimismo las cuitas de los escritores para poder dedicarse a su vocacion, no siempre demasiado bien vista -aunque también los hubo de gran éxito y fama, como Tito Livio, Horacio o Virgilio-, desde Aristófanes a Marcial u Ovidio, exiliado por su escandalosa obra -para el emperador Augusto-; también, de paso, la autora ejemplifica los puntos que trata con historias de otros escritores de distintas épocas, así como otros libros más modernos: desde, cómo no, El nombre de la rosa a Fahrenheit 451, pasando por el siempre recomendable Goethe en Dachau. De igual manera, utiliza películas y otras referencias culturales e históricas, así como su propia experiencia para hacer más comprensible el tema principal del ensayo, que es el de la invención de los libros en el mundo antiguo, como reza el subtítulo del mismo. Es decir, adopta una técnica habitual en este tipo de ensayos divulgativos, aunque hay que decir que lo hace con más soltura y naturalidad que otros, en los que esta técnica resulta algo forzada. Tampoco es que este sea un libro a lo Tom Holland (no me refiero a Spiderman), por si alguien piensa en compararles... (parece que la autora ha tenido más como referencia El reino, de Carrère, por lo que ha comentado en entrevistas).

En suma, un libro más que recomendable, de agradable y en muchas ocasiones absorbente lectura, escrito con agilidad y elegancia -amén de una gran erudición-, que nos hace sentir, como lectores, formar parte de una tradición o una genealogía que aúna a los mercaderes fenicios y escribas egipcios, a los maestros filósofos griegos y los poetas romanos; a los mercaderes y copistas, a los lectores de toda clase y condición, empezando por aquellos que preservaron, a veces en su memoria, los textos que otros desde el poder pretendían destruir. Una tradición, sin embargo más reciente de lo que podríamos pensar y que aún tienen mucho futuro por delante (y por nosotros, que no quede). Ojalá Irene Vallejo nos siga deleitando con más episodios de esta nuestra historia como amantes de los libros (al menos, que nos narre la resiliente época medieval y la apasionante aparición del libro impreso). 

viernes, 17 de enero de 2020

Antonio Basanta: Leer contra la nada


Idioma original: castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: Algo empachoso

Esto puede ser una reseña, o puede también ser una metaentrada, ya saben, eso que traemos de vez en cuando, un poco como excusa para charlar sobre algún asunto. En esta ocasión hablamos sobre algo tan nuestro –de los modestos reseñistas y de nuestros imprescindibles amigos lectores y comentaristas- como el hecho mismo de leer. Ya, ya, de nuevo el mundillo lector mirándose al ombligo, quizá no de forma tan recurrente como ocurre en otras actividades, pero que cuando se desata de verdad puede resultar incluso más terrible.

En realidad ya he adelantado bastante en lo que se refiere al libro. Leer contra la nada es un ensayo sobre la lectura, cuyo título lo dice casi todo. Pero prefiero empezar por apuntar algunos aspectos notables del libro. Por una parte (porque es lo que primero da al ojo), la primorosa presentación, en formato muy pequeño, 10x15, a dos tintas y con divisiones encabezadas por las letras del alfabeto sobre bella tipografía. O sea, guiños varios a La historia interminable, con el habitual buen gusto de Siruela que tal vez el libro no merecía del todo. El segundo, ya en el cuerpo del texto, son varios apartados dedicados más al libro en sí que a la lectura: el nacimiento de la escritura, la poética variante de las bodas de Cadmo y Harmonía con entrega del alfabeto, una pequeña historia de la imprenta de Gutenberg, y un excursus algo más largo sobre la irrupción de internet, sus amenazas y oportunidades. Bastante interesante todo ello.

El resto, ya se pueden ustedes suponer, es un gran panegírico sobre el hecho de leer, una apología desenfrenada, desbordante de entusiasmo, en la que apenas se consigue disimular una prosa algo rancia. Miremos por donde miremos nos encontramos con cosas como estas:
  • Quizá no hay días de nuestra infancia que hayamos vivido con tanta plenitud como aquellos que creímos dejar sin vivir, aquellos que pasamos con un libro preferido (Proust, y que me perdone Koldo). 
  • La utopía –el deber cívico de alcanzar un mundo plenamente lector- ha de seguir animando nuestros pasos.
  • Preguntar a una persona si lee es como preguntarle si respira. Ambas actitudes son inseparables de nuestra naturaleza humana. (La primera parte es calcadita de lo que decía De Quincey sobre el consumo del opio, comentado aquí no hace mucho)
No se busque en mí  voluntad de ridiculizar el libro. Tiene una indudable intención didáctica, y está hecho a conciencia, reuniendo algunas reflexiones interesantes y decenas de citas de autoridad (además de varias de León Felipe, tenía que decirlo). Lo que pretendo es poner de manifiesto el nivel de hipérbole que alcanza, como esos subtítulos bajo los que va desgranando: Leer es detenerse, observar, escuchar. Leer es interpretar. Leer es comprender. Leer es cosechar. Leer es tejer. Y así unos cuantos más. Leer articula todas las virtudes, agita las conciencias, pone paz en el espíritu, alimenta, derriba barreras, nos hace mejores (¿mejores que antes, o mejores que los que no leen?), nos hace viajar, nos eleva, nos fortalece. Podríamos seguir línea tras línea, probablemente sin límite.

Bien, esa es un poco la postura de Antonio Basanta que, en mi opinión, nos presenta el hecho de leer como algo abrumador, imperativo. Lo cual, a lo mejor, lejos de estimular a la lectura puede empalagar y terminar por suscitar rechazo.

Personalmente, es obvio que a mí me gusta leer. Leo desde hace muchos años, cada día, no con la dedicación que sería necesaria para satisfacer a este blog insaciable, pero sí con cierta hambre, con la expectación de ver cuál será el próximo título sin haber terminado el actual, con interés (casi siempre) por desentrañar lo bueno que puede aportar el libro y también, por qué no, por buscarle un poco las cosquillas. Además de ser (casi siempre) un placer, creo que es importante, saludable, muchas cosas. Pero tampoco nos volvamos locos ni se nos llene demasiado la boca de elogios desmedidos y metáforas estratosféricas. Leer no es una religión, es una forma de llenar el tiempo, que puede ser tan gratificante como subir al monte, escuchar música, ir al cine o charlar en un bar.

Yo creo que leer nos ayuda a vivir, que no es poco. Para algunos es imprescindible, para otros en absoluto, pero no deja de ser una actividad más, no queramos convertirlo en otra obligación, que ya tenemos muchas, ni hacer de ello algo tan inmenso que intimide, no sé si a los lectores, pero seguro a los que no lo son. Aunque dicho todo esto en un blog sobre libros quede fatal. Pero no sé, ustedes dirán.