Título original: Être à sa place
Traducción: Álex Gibert en castellano para Anagrama
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable
Título original: One-dimensional man
Traducción: Antonio Elorza
Año de publicación: 1964
Valoración: Arduo, pero interesante
Allá por los años 60-70 del siglo pasado Herbert Marcuse fue un personaje venerado en el ámbito de la izquierda, donde se empezaba a ver con claridad la necesidad de una renovación, postulados con los que adaptarse a los cambios sociales y alejarse del mundo esclerotizado del stalinismo y sus continuadores. Marcuse era, o así se quiso ver, la simbiosis perfecta entre Marx y Freud, el socialismo clásico visto desde otra perspectiva.
El hombre unidimensional es uno de los primeros trabajos de este filósofo de la Escuela de Frankfurt, y su interpretación (quizá algo sesgada, seguramente muy parcial), junto con otras aportaciones de pensadores de la época, de alguna manera señaló el camino a los poderosos movimientos que iban a irrumpir a finales de los 60.
Marcuse analiza en profundidad la sociedad industrial avanzada, ese mundo en el que, aunque de manera muy embrionaria para lo que después estamos viendo, se atisbaba la irrupción masiva de las máquinas en el proceso productivo. En ese análisis encuentra cosas, como la existencia de una alienación basada en la creación de necesidades artificiales que ‘hacen la servidumbre agradable y quizá incluso imperceptible’, de manera que el individuo se muestre dócil y hasta agradecido por ese nivel de bienestar, de manera que no incomode al sistema. Sustituyamos los ejemplos de Marcuse por los nuestros, radio y Tv por redes sociales y wifi, cadena de música por experiencias de fin de semana, lavadora por air frier, y tendremos un diagnóstico certero de la situación actual en las sociedades avanzadas: satisfacción de ‘necesidades’ materiales a cambio de no cuestionarse nada.
Aquella conciencia feliz del obrero satisfecho con su maquinita impide distinguir entre lo real y lo percibido, y se pasa de ser esclavo del señor feudal a esclavo de las circunstancias objetivas del mercado, o de lo que algunos dicen que son esas circunstancias objetivas. Y el lenguaje es uno de los instrumentos más poderosos para inyectar convicciones y hacer funcionar la anestesia.
El uso del lenguaje y la importancia del pensamiento filosófico en su análisis consumen buena parte del libro que, no lo olvidemos, se mueve en el campo de la filosofía y por tanto se muestra generalmente árido y cuajado de conceptos abstractos no fáciles de digerir.
Marcuse no era un visionario, no era la suya una mirada prospectiva hacia el siglo XXI, mucho más sencillo: estaba describiendo la sociedad de su tiempo, inicios de los años 60. Lo impactante es entonces hasta qué punto los mecanismos son los mismos y la situación idéntica, tal vez exacerbada, con la diferencia de que aquellas taras que él mismo, entre otros, contribuyó a desvelar no han provocado ahora movimientos hippies, pacifistas o contestatarios, sino la búsqueda de soluciones populistas y autoritarias.
Como es habitual en el gremio de los pensadores, el autor no ofrece recetas para superar la situación, apenas ideas más o menos vagas, como la necesidad de redefinir las prioridades o de preservar el pensamiento crítico, nada demasiado novedoso o que no se haya repetido una y mil veces durante el medio siglo largo que ya ha transcurrido desde la publicación del libro. Aunque tuviese clara la necesidad de un cambio de rumbo, de una ruptura del sistema, el mismo Marcuse no parecía tener nada claro que ese hombre que ha sido ‘objeto de una dominación efectiva pueda crear por sí mismo las condiciones para la libertad’. Le deja a uno algo descolocado la sinceridad de esta duda, pero seguramente esa desconfianza es buena muestra de su clarividencia, porque con toda probabilidad el ser humano sigue siendo hoy en día tan unidimensional como el que conoció Marcuse, puede que más.
Guillaume Martin-Guyonnet (Guillaume Martin, a secas, para los aficionados y "Guillom Martán" para Carlos de Andrés) es un bicho raro. En un submundo como el de los deportistas de élite, asociado al lujo, la banalidad, la ostentación, los tatuajes chungos y los peinados de dudoso gusto, que un ciclista profesional con una sólida carrera, buenas victorias y hasta un top 10 en la general del Tour sea filósofo de formación (tesis sobre Nietzsche incluida) es, cuanto menos, curioso. Que, además, tenga ya tres libros publicados dice mucho acerca de sus inquietudes, creo yo.
Este La gente que sueña que hoy reseñamos es el último de los textos publicados por Martin y el más cercano a la ficción pura, si bien sin escapar del todo de lo autobiográfico y de lo filosófico / ensayístico. Así, el texto navega entre la autoficción, la novela familiar, la novela histórica y el ensayo gracias a los tres personajes principales (el propio Guillaume Martin, su padre y Guy Lefevre, erudito del siglo XVI) y un lugar (La Boderie) que funciona como primer nexo entre ellos.
Tres personajes que se sitúan en momentos históricos más o menos convulsos (las guerras entre católicos y protestantes en la Francia de fines del XVI, el final de la bonanza económica europea de la etapa de posguerra o los meses de COVID-19) y que muestran cómo, pese a la distancia temporal y de orígenes sociales, hay una serie de situaciones o temas que los emparentan: la extrañeza, la sensación de "incompletitud", la búsqueda, los cuestionamientos, la capacidad de soñar, inventar o dejarse llevar. No importa que seas ciclista profesional el pleno siglo XXI, un erudito del siglo XVI que se mueve entre la fe y la imposibilidad de amar o un chaval normando que llega a París en los años 50. O sí importa, porque no es lo mismo una cosa que otra, pero si vamos a la raíz...
Son estas situaciones y estos temas los que permiten que la narración salte de un tema a otro, de un tiempo a otro, de un lugar a otro y que esta fluya adoptando formas variadas. También permiten a Martin, narrador autoconsciente, desviarse del camino y entregarse a digresiones filosóficas acerca del deporte de competición, del resentimiento por el contraste entre la altura de los ideales y la banalidad de la realidad, de las pasiones y el libre albedrío o de la felicidad y a referencias tales como Platón, Stendhal, Goethe, Endo o ¡El show de Truman!, entre otras.
Y aunque estas digresiones interrumpan el desarrollo de la trama novelesca, sobre todo en el caso de la interesantísima historia de Guy Lefevre y su asistente Martin, en general están bien integradas en el texto y no resultan ni reiterativas ni pedantes. Me quedan, eso sí, las ganas de leer a Martin en un texto 100% ficción. Creo que tiene la capacidad de manejarse bien en ese terreno. Lo mismo cuando deje el ciclismo profesional. ¡Quién sabe!
Título original: Der Geist der Hoffnung
Traducción: Alberto Ciria
Año de publicación: 2024
Valoración: Decepcionante/Filosófico
‘Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción [..] Sin embargo, de la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos abre tiempos futuros y espacio inéditos, en los que entramos soñando’. Bajo un título como El espíritu de la esperanza y con una contracubierta con semejante invocación, queremos pensar que Byung-Chul Han, él sí, ha dado con la tecla para ofrecernos el salvavidas que nos saque del marasmo en que nos hemos metido en este cuarto de siglo. Quizá por eso le acaban de dar un nuevo premio más, y hasta parece que se ha hecho un poco más popular.
Un preludio bastante largo nos deja un poco descolocados, porque empieza a referirse a raíces etimológicas y a enfrentar esa esperanza a diferentes conceptos, angustia, miedo, optimismo. Este deslindar el concepto parece algo muy profesoral y, aunque se prolonga más de lo esperable, espera uno que pronto se ponga el Sr. Han a explicarnos cómo podemos albergar esperanza en tiempos tan inciertos. Pero no. Lejos de bajar a nivel terrenal, el texto sigue navegando entre conceptos abstractos, presentando a buena parte del panteón de la filosofía alemana del último siglo, desde Heidegger a Adorno, Benjamin, Bloch o Arendt, incluyendo a algunos foráneos como Derrida, Camus o Václav Havel. Seguimos página tras página desglosando la culpa o la teoría del perdón, esperanza y acción, soñar dormido y soñar despierto, la reflexión prospectiva y retrospectiva.
Como se ve, nada que contribuya a sacarnos de la zozobra de los genocidios, aeronaves hostiles que sobrevuelan los cielos, o diversas especies de dictadorzuelos de ópera bufa desgraciadamente demasiado poderosos para tomarlos a broma. Tampoco me seduce precisamente ese estilo de frase breve y redonda que salpica el texto con insistencia: puede que simplemente sea la forma de expresarse del autor, pero da la impresión de buscar siempre la cita célebre, lo cual se confirma sospechosamente cuando uno escribe en el buscador Byung-Chul Han y la búsqueda más frecuente que se ofrece es ‘citas’ o ‘frases’.
Pero tampoco nos enfademos demasiado con este autor coreano afincado en Alemania. Esto no es en realidad otra cosa que un libro de filosofía, y Han disfruta tomando el hilo de algunos de sus colegas y confrontando con otros, siempre en torno a ese concepto de esperanza, como podría haber sido cualquier otro. Y estas reflexiones (o discusiones, que también) son las que posicionan a los filósofos en su mundo particular, porque en definitiva es a lo que se dedican.
Así que desde ese punto de vista no me siento capaz de negarle valor al libro. El problema es otro: cuando estudiábamos filosofía se desplegaba un esfuerzo generalizado por convencernos de que aquello tenía una utilidad real, quizá a largo plazo, tal vez solo (y eso sería suficiente) para iluminar el espíritu y hacernos pensar, hacernos más humanos, y qué sé yo. Siendo muy sincero, y aunque esto pueda parecer una aberración, tengo que reconocer que me resulta muy difícil encontrarle utilidad a estas elucubraciones, como no sea en un plano casi completamente abstracto, como una pequeña semilla que, aunque la ignoremos, contribuye a hacer que la Humanidad sea un poco mejor (aunque no lo parezca).
P.D. En cualquier caso, lo mejor del libro son en mi opinión las varias reproducciones de pinturas de Anselm Kiefer que incluye, aunque es indudable que en el pequeño formato del libro lucen mucho menos grandiosas que a tamaño natural. Y tampoco tengo nada claro que sean lo más indicado para ilustrar un texto sobre la esperanza porque, a mí al menos, estas obras, aunque muy sugerentes, me mueven a sentimientos mucho menos luminosos.Unas cuantas obras de Byung-Chul Han reseñadas en ULAD: aquí
Título original: Pêcheur a perles
Año de publicación: 2025
Traducción: Elena M. Cano e Ïñigo Sánchez-Paños
Valoración: muy recomendable
Dos portadas en riguroso blanco y negro coinciden en las cotas altas de mi tsundoku, las que presagian una lectura inmediata. La de la siempre postergada (y no traducida aún al español) The age of David Bowie de Paul Morley y la de este Pescador de perlas de Alain Finkielkraut. Juego a las similitudes, pues desde la portada de ambos libros hay una mirada frontal de dos personajes desinhibidos sin demasiados reparos en expresar las cosas como las ven, a través de sus cauces artísticos o culturales. Y también sometidos a la posibilidad de ser malinterpretados o sacados de contexto por ciertos sectores, usemos cierto eufemismo rebuscado, de puristas poco bregados en el sentido crítico, siempre ávidos de saltar a la yugular de quien disiente, de quien se expone a la polémica. Cierto es que comparar a Finkielkraut con Bowie pueda parecerle a más de uno como algo aberrante o pretencioso, pero las voces discordantes son bienvenidas aquí.
En Pescador de perlas, Finkielkraut - que se fotografía con estantes repletos de libros al fondo - parte de frases de autores favoritos para desarrollar sus artículos. El filósofo francés elige sobre todo a autores clásicos como punto de partida de estas quince piezas, permitiéndose algún ligero desvarío heterodoxo (el último artículo, casi un manifiesto, toma prestada una célebre frase de una estrofa de The Beatles) pero desplegando a partir de ahí algunas claves del argumentario que lo ha convertido, gracias a su presencia en medios francófonos, en objeto de vivas polémicas. Y hay que agradecer que su actitud sea, a la par que erudita y basada en un extenso conocimiento filosófico, literario, social, la de alguien que no tiene que rendir cuentas por sus opiniones ante nadie. Ni audiencias ni electorado, especialmente. Aunque no suelo sentirme cómodo con las alusiones a la izquierda woke, sus planteamientos de cómo las izquierdas tradicionales, en su ciego empeño de abarcar toda minoría o sector desfavorecido, asisten a un desgaste y un descrédito que han ido abonando a base de división y estupor ante algunas incongruencias en sus planteamientos, condenadas a decidir entre uno u otro oligarca, entre uno u otro integrismo religioso. Y esa es la punta del iceberg de estos escritos, que abarcan, y nadie se libra en sentido metafórico de recibir, desde las cómodas lagunas de memoria de los educadores, la obsesión por la tábula rasa con el pasado, al auge del antisemitismo, la mala digestión de la sociedad francesa - conservadora, envejecida - de la creciente influencia de las comunidades procedentes, no solo de las antiguas colonias, sino del constante flujo migratorio.
Uno puede alinearse con algunos planteamientos o no, por supuesto, pero Finkielkraut es valiente (o incluso temerario) en mostrar los suyos sin interponer personajes. Me gusta su estilo y su contundencia firme y considerada, su escaso señalamiento de otro enemigo que no sea la pasividad, la abulia o incluso la deserción por abrumamiento, por comodidad, por suscripción de la opinión que da mejores réditos, que tanto se da en las sociedades europeas. Pide educadamente, cierta reacción, y le da igual que ello pueda adjetivarlo como reaccionario. Reivindica no cancelar el pasado per se y logra no parecer alzar la mano a favor de la nostalgia, ese concepto temido, denostado y anquilosado. Coincidirás o no con él, pero hacen falta más filósofos así.
Otros libros de Finkielkraut reseñados en ULAD: aquí
Idioma original: francés
Título original: La Nostalgie. Quand donc est-on chez soi?
Traducción: Alicia Martorell Linares .
Año de publicación: 2013.
Valoración: casi irreseñable
Tras leerlo dos veces en el término de unos seis meses, he de decir que libros como éste hacen que uno, casi, tire la toalla. Por una parte, porque su puro postulado es algo con lo que uno no puede ni estar ni no estar de acuerdo: la nostalgia como un poderoso argumento sobre el que especular y divagar. Su explicación, no exenta de la polémica más simplista (asociémosla al término nostálgico como retrógrado o anclado en el pasado) o incluso apelando al más venerable sentimiento humano - la añoranza de aquello que ya no tenemos, desde lugares hasta personas hasta puras sensaciones. Su puro desarrollo, en las tres partes que apelan a tres puntales de la cultura (eso sí, occidental) como son Ulises, Eneas y Arendt, revelador del trabajo intelectual, del análisis y profundo conocimiento de la autora. Quién puede discutir eso.
La cuestión, pues, ya que el libro ha sido objeto de encendidos elogios en medios no tan profundamente intelectualizados, es si, para un tema tan objetivamente universal, necesitamos un análisis de tanto calado. Llamadme prosaico, pero en el mundo presuroso y frívolo de hoy, la cuestión puede reducirse dramáticamente. Nostalgia, como evocación puntual de otro momento, sí, claro, pero no como planteamiento vital. Muchos estarían de acuerdo, pero el desarrollo se haría interminable. Cassin, insisto, analiza la figura de la añoranza de otro lugar, de otro momento, desde esa triple perspectiva. Mística, sentimental, etimológica.
Y yo no es que reniegue de ejercicios de este tipo, y desde luego la profundidad del análisis, la capacidad de Cassin de proyectarse por encima de mitos literarios y filosóficos está por encima de cualquier duda. Y no voy a romper una lanza por “rebajar” el tono intelectual de ciertos escritos simplemente para ampliar el rango de sus potenciales lectores, pero quizás hubiera disfrutado más de esta lectura si los ejemplos usados fueran más cercanos en el tiempo, más asimilables con el devenir de la vida moderna, y sé que habrá (con razón ) quien piense que en los clásicos está todo, están todas las figuras retóricas, los sentimientos humanos y las situaciones que alimentan la cultura. Pero esa algo irritante ostentación erudita aleja el tratamiento de un tema universal de una perspectiva, siglos más tarde, forzosamente diferente.
Año de publicación: 2019 (como libro)
Traducción: David Muñoz Mateos
Valoración: recomendable para friki... digo, fans
El subtítulo de este libro (por si no había quedado claro con lo de The King... y no digamos ya la magnífica ilustración de la cubierta) resume a la perfección de qué va la cosa: Bienvenidos al universo literario de Stephen King. Y eso es lo que encontramos aquí: una serie de artículos o ensayos escritos por autores tanto norte como hispanoamericanos (incluyo a una catalana en esta categoría) sobre diferentes aspectos de la obra y también, en más de un caso de la vida, de Su Graciosa Majestad don Stephen King (*).
Ojo cuidao, de todas formas, para quien se espere encontrar en este libro un mero recorrido anecdótico, simpaticón, por la trayectoria del monstruo de Maine (nunca mejor dicho), puesto que, si bien las aportaciones de los autores hispanohablantes o hispanoescribientes son más ligeras o, cuando menos, más llevaderas para el eventual lector/a, las que están redactadas originalmente en inglés, resultan un pelín más densas. He puesto el participio "redactadas" porque, salvo en el primero de los capítulos, se trata de artículos o pequeños ensayos (no me atrevo a llamarles papers, que me parece un término más académico y, por tanto, engañosamente campechano) escritos por profesores/as de filosofía, Ciencias políticas e Historia del arte y tratan sobre las implicaciones filosóficas sociológicas y políticas presentes en la obra del Rey... Tranquis todos, porque una cultura medianita basta para seguir estas disertaciones -que seguro que sus autores/as se tomaron como un divertimento, un respiro ligerito entre tanto sesudo trabajo-, pero vamos, tampoco me parecen dirigidas a todos los públicos, por decirlo así... Huelga decir que no tengo ni idea de quienes son todos estos y estas docentes de varias universidades norteamericanas e ignoro si con prestigio y prestancia académicas, puesto que hasta el momento, yo sólo conocía a los hispanoescribientes del libro, a saber: los argentinos Rodrigo Fresán y Mariana Enriquez -no podía faltar, en este libro-, la catalana Laura Fernández y el boliviano Edmundo Paz Soldán.
Trataré de ser breve, pero creo que lo mejor, para una mejor comprensión del libro, será ir explicando de qué va cada capítulo o ensayo, o, por lo menos, reseñar su título:
- Esta recopilación se abre con una interesante entrevista realizada por Tony Magistrale -profesor de Literatura y escritura creativa- al propio Rey en 2003, sobre las adaptaciones de sus libros a la pantalla (se entiende que hasta ese momento): La versión de Steve: una entrevista con Stephen King.
- Sigue un recorrido algo rutinario de Rodrigo Fresán por -algunos de- los muchos niños y adolescentes que aparecen en su obra: El King de los chicos.
- El filósofo Greg Littmann especula sobre qué habrían pensado Platón, Aristóteles y David Hume sobre los libros de King y de terror, en general, en Stephen King y el arte del horror.
- Algo parecido a Rodrigo Fresán, aunque con mayor profundidad, hace Mariana Enriquez: "Para Tabby, que me metió en esta...". Un recorrido por las mujeres en la obra de Stephen King, un estudio de varios arquetipos femeninos que aparecen en las novelas del Rey.
- Otra filósofa, Katherine Allen en "A veces es preferible la muerte". Stephen King, Dédalo, dragones tiranos y mortalidad, expone la oposición transhumanismo vs. bioconservacionismo a través de Cementerio de animales y Tommyknockers (según ella, estas novelas de King advierten sobre los peligros de trascender los límites humanos).
- La novelista Laura Fernández, tras el chiripiflaútico título "Cuidado con lo que sueñas porque podrían salirle colmillos y empezar a correr detrás de ti" o la realidad (deseada) como monstruo en tres actos que son tres obras de Stephen King y a partir de La pata de mono de William Wymark Jacobs, explora cómo Cementerio de animales, La larga marcha, Misery y La tienda, son parábolas del viejo adagio de que se ha de tener cuidado con lo que se desea (aviso para los reticentes al estilo de esta escritora, con sus habituales (PARÉNTESIS) y cursivas que pueden parecer aleatorias... y quizás lo sean: en este artículo no abusa tanto de ellas, pero de vez en cuando le da el siroco le da por poner varias seguidas)
- Joseph J. Foy y Timothy M. Dale (profesores de Ciencias Políticas), en Distopía en las pantallas. Poder y violencia en El fugitivo y La larga marcha, pues hablan justamente de eso, relacionando ambas novelas con Sobre la violencia de Hannah Arendt.
- La filósofa Kellye Byal en La subjetividad femenina en Carrie nos presenta a la protagonista de la primera novela de Stephen King como epítome del destino femenino, vista a través de El segundo sexo de Simone de Beauvoir.
- De nuevo un filósofo, Thomas W. Manninen, pergeña en Apuntes sobre precognición, verificación y contrafactuales en La zona muerta, según sus propias palabras (quizás con un poco de coña) un "ensayo sobre las cuestiones metafísicas que plantea La zona muerta de Stephen King".
- Garret Merriam en "Gan ha muerto". Nietzsche y el eterno retorno de Roland, nos ilustra sobre la conocida brasa algunos conceptos filosóficos nietzscheanos ejemplificándolo en la saga La torre oscura.
- La profesora de Historia del Arte y Estudios sobre Cine Elizabeth Hornbeck expone en El hotel Overlook o la heterotopía del terror cómo podemos considerar el célebre hotel de El resplandor dentro de las "heterotopías", según el concepto acuñado por Foucault: esto es, espacios que "se encuentran en relación con todos los demás espacios, pero invirtiendo las relaciones sociales normales"
- Por último, el escritor Edmundo Paz Soldán pasa de tanto ensayo y nos ofrece en Planetario un relato de terror basado en alguno de los más célebres del Rey (musofóbicos, abstenerse).
Los capítulos que más me han interesado y gustado, sin hacer de menos al resto, son el de la Reina Mariana (como no podía ser menos) sobre los arquetipos femeninos en la obra de King; enlazando con éste, el de Kellye Byal que analiza la figura de Carrie White y, sobre todo, el de Elizabeth Hornbeck sobre el Hotel Overlook como ejemplo de heterotopía. Sin olvidar, por supuesto, la entrevista al propio Stephen King, algo que siempre resulta interesante y esclarecedor. Ahora bien, ésta es mi preferencia personal y es muy probable que a otro lector o lectora le atraigan más otros ensayos o que incluso le parezcan más sesudos y dignos de consideración; en eso radica la gracia de este libro, que ahonda en diferentes aspectos de la obra de este grandísimo autor y constructor de un mundo propio, pero, como puede comprobarse en esta compilación, enraizado no sólo en la realidad (algo que se ha dicho ya muchas veces), sino en el sustrato que alimenta la cultura occidental.
(*) Lo de "Graciosa", justificado sobre todo por su gran afición a los chistes y juegos de palabras de pésima calidad, como puede atestiguar cualquiera que siga su cuenta de Twitter. Afición, por cierto, que comparte con más de un miembro de este benemérito blog.
Mogollón de libros del Rey reseñados en Un Libro Al Día: aquí
Año de publicación: 1991
Valoración: Está bien
Libros sobre ética hay un montón, desde clasicazos de la filosofía hasta basurillas de diversas tendencias, porque a fin de cuentas es una disciplina que analiza la conducta humana e intenta definir lo que está bien y mal, en definitiva una reflexión de tales dimensiones que muy bien podría terminar siendo una página en blanco que cada uno, desde sus convicciones, va llenando de contenido. En todo caso, como es lógico, es algo que siempre ha preocupado a los pensadores y filósofos, que han intentado en cada momento encontrar las respuestas correctas.
Savater, que fue o es profesor precisamente de Ética, seguramente no podía evitar escribir un libro sobre la materia, uno (no sé si hay más) entre la imponente producción ensayística y literaria del filósofo donostiarra. Lo enfoca el autor, como bien indica el título, como un libro dirigido a su hijo Amador cuando este tiene quince o dieciséis años, y por extensión a los adolescentes y jóvenes en general. La decisión es arriesgada, porque semejante enfoque parece implicar el uso de un tono ligero, salpicado de humor y ejemplos accesibles a ese tipo de público, y esto es un poco andar sobre el alambre. Personalmente, no me gustan este tipo de textos (estoy pensando en cierto título de moda hace unos años, también de materia filosófica, absolutamente infumable), porque el esfuerzo de un adulto por acercarse al lenguaje y la perspectiva de un adolescente no solo me parece abocado sin remedio al fracaso, sino de resultado bastante patético. Pero bueno, es la apuesta de Savater, que al parecer le granjeó cierto éxito, supongo que por el tirón que puede tener un libro sobre asuntos muy serios formulado de forma llana y accesible.
En algún momento viene a decir el autor que tampoco es un texto sobre Ética ni contiene reglas para conducirse por la vida. Entiendo que lo que pretende es más bien mostrar esa página en blanco y subrayar la importancia de vivir conforme a unos principios que cada cual debe ir elaborando. La clave de todo esto es la libertad, máxima expresión del ser humano que le diferencia de otras especies, el margen para decidir en base al raciocinio y a los valores que uno vaya asumiendo como propios. La libertad, claro está, no es plena, o no lo es siempre, está mediatizada por las órdenes, las costumbres, y a veces sometida al capricho o confundida con él. La libertad, entonces, no deja de estar sometida a cierta tensión, generalmente procedente del entorno, aunque a veces también mediatizada por las circunstancias propias del individuo.
La oferta de Savater consiste en tener claro este espacio y disponer de él para construir una vida plena, en la que la satisfacción radica en haber optado por el camino correcto, solo eso, o nada menos que eso. Aunque no encontraremos apenas recetas para identificar ese camino, la más importante tendría que ver con el acercamiento a otros seres humanos, la conciencia de que todos formamos parte de un colectivo donde lo que le ocurre a uno repercute en todos, para bien o para mal, algo que podríamos llamar empatía, y que tiene un parentesco muy claro con lo que exponía Nuccio Ordine en este libro que trajimos aquí hace poco. Se plantean dilemas, algunos ya clásicos, en los que uno debe decidir entre varias opciones, incógnitas que hay que resolver, encrucijadas ante las que uno mismo decide en base a sus valores. Humanidad o sentido de la justicia serían conceptos que vendrían a contribuir a la elección correcta, pero conviene analizar todas las opciones y sopesar las consecuencias, porque el ejercicio de la libertad implica también responsabilidad.
En este aspecto creo que encontramos lo más valioso del libro: al carecer de un listado de normas a seguir, la decisión es de cada uno, en base a esa libertad y a un criterio propio, que es justamente lo que se pretende poner en primer plano. Lo dice ya en el prólogo: 'el objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes, sino estimular el desarrollo de librepensadores'. Algo tan viejo, de lo que muchos otros hablaron antes, pero tan difícil de conseguir, y tan necesario ahora mismo, no sé si más o tanto como en otras épocas.
Jesús Mosterín fue un polímata español cuyo rasgo más característico de su pensamiento y obra podría decirse que era la concepción que tenía sobre la simbiosis existente entre filosofía y ciencia; en La naturaleza humana, desde ambos campos del conocimiento humano, Mosterín trata de crear una obra de divulgación accesible para todos los públicos.
Comienza el libro con un breve capítulo mayormente filosófico sobre el tema del título, aunque pronto deja este enfoque de lado para centrarse en una faceta más biológica: evolución, vida y existencia del alma, siempre desde un punto de vista estrictamente científico, focalizan el primer cuarto del libro.
En esta primera parte, más allá del tema, un detalle que me llama gratamente la atención desde el punto de vista literario es el de poner en claro ciertos términos que se usarán a lo largo del libro y que se podría decir que son creados ex profeso para evitar ambigüedades; por ejemplo, “humán” por “ser humano”, o diferenciar entre experimentar y “experienciar”. Estupendo ejemplo de que el lenguaje se crea a medida que se crean necesidades y claro reflejo de la determinación del autor.
La parte central del libro toma la forma de divulgación científica en su concepción más directa con capítulos dedicados a los primates, genes, mente, lenguaje, cultura, hombres y mujeres. Están excelentemente desarrollados, mantienen fácilmente el interés a lo largo de la lectura y son muy instructivos, el autor no peca de superficial en ningún momento. Estos episodios pueden ser considerados como magníficas puertas de entrada si nos interesa el tema en cuestión y queremos profundizar en él con bibliografía más específica.
A partir de aquí los temas a tratar ya dejan un espacio más abierto a la ética y a la moral, cosa que Mosterín aprovecha sin pudor. No se cohíbe de expresar su opinión sobre temas controvertidos y la fundamenta; en el capítulo de Reproducción y eugenesia, por ejemplo, no rehúye en ningún momento los tabúes sobre el tema y se muestra a favor de la llamada eugenesia positiva, asimilándola al uso de vacunas. En Muerte y eutanasia, por otra parte, también muestra su apoyo claro a la llamada muerte digna. Se debe remarcar que en estos capítulos la divulgación más pura se deja de lado para utilizar un tratamiento más parcial, más especulativo y no tan contrastado, por decirlo así.
En los capítulos finales es donde, desde mi punto de vista, se baja un poco el nivel; es una lástima que un libro tan bien construido, con un derroche de información tan bien plasmada y explicada de modo muy ameno, acabe con especulaciones sobre lo terrenal y lo divino, dándole pábulo a teorías halladas en un punto medio entre las corrientes New Age y las religiones panteístas tradicionales. No me cuela que el autor argumente que se limite a enumerarlas, más bien aboga por ellas de forma más o menos velada.
Estos últimos episodios, así como la introducción paulatina de opinión donde antes había información, en la segunda mitad del libro, es que lo me detiene de darle la calificación de imprescindible; considero algo sibilino que, tras unos cuantos capítulos de verdades irrefutables y axiomáticas, se introduzca poco a poco la visión del autor de ciertos temas de modo que pueda interpretarse también como un hecho contrastado. No lo considero ilícito, puesto que además mis opiniones personales son muy próximas a las de Mosterín, pero sí que me hubiera parecido más honesto advertir de cuando se especula o cuando se está informando.
Así y todo, considero que es una obra muy recomendable y que puede funcionar tanto como lectura “lineal” como fuente de referencia.
Valoración: Recomendable (con matices)
Hace unos días apareció en el diario El País un artículo en el que se cuestionaba a una serie de intelectuales (signifique esto lo que signifique) sobre los 10 pensadores más influyentes en la izquierda (signifique esto lo que signifique (BIS)) actual. Ahí aparecen Marx, Gramsci, Benjamin, Polanyi, Arendt y o Simone de Beauvoir, entre otros.
Suele ocurrir que dicen tanto o más de las listas las ausencias que las presencias. Y, en este caso, llama la atención la ausencia de Simone Weil. Vale que su heterodoxia, sus críticas a ciertos postulados del marxismo o su alejamiento del socialismo científico pueden hacer que la berdadera izquierda la tenga en cierta forma arrinconada, pero es innegable su ascendente sobre lo que se dio en llamar "teología de la liberación", sobre ciertas formas de asamblearismo, etc.
Me dejo de rollos y me centro en un texto en el que el profesor Monereo explica, a grandes rasgos, buena parte de las principales tesis de la filósofa francesa, es especial en lo referente al trabajo y al progreso.
Llama poderosamente la atención la preponderancia que Weil otorga al trabajo en vida humana en cuanto a motor de realización personal. En un mundo como el actual (y en el no tan actual también) en el que todo se resume a producir más, consumir más, crecer más, etc, leer a una autora como Weil que propugna la desmercantilización del trabajo y la puesta de la producción y el rendimiento al servicio de la persona nos hace ver que la lucha será larga pero inevitable.
Relacionado con lo anterior, Weil supera al humanismo abstracto y critica sin ambages el mito del progreso y a una civilización basada en la rivalidad, la lucha abierta y, llegado el caso, la guerra. Quizá esto relacione a Weil con teorías sobre el decrecimiento en boga hoy en día, pero también es posible que esto sea una "paja mental" mía. Lo que sí es innegable es la vinculación de Weil con el posterior "socialismo cristiano" y su combinación de libertad y justicia y una libertad más ligada a los deberes que a los derechos.
Por último, especialmente interesantes resultan sus postulados sobre el poder, sobre el papel del Estado y sobre el riesgo de convertir las economías planificadas en otras formas de alienación de los trabajadores demasiado similares a las del capitalismo más despiadado.
En resumen, un recomendable acercamiento a una autora vigente en buena parte de sus ideas y al que solo se puede achacar una cierta reiteración y un exceso de autorreferencialidad por parte del autor.
Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Fuera de concurso
Antes de nada, quiero pedir perdón al autor de este ensayo (si es que llega a leerme) por las burradas que pueda escribir en esta reseña. Ni mi formación "académica" ni "espiritual" permiten una lectura digamos plena de un texto en el que predominan los conceptos filosóficos y teológicos. Mis limitaciones son, por tanto, enormes, por lo que esta reseña no pretende tanto analizar el contenido del texto como transmitiros lo que su lectura me ha sugerido. De ahí la valoración inicial.
Entonces, ¿por qué leer y reseñar un libro de este tipo? Bueno, uno no es un hombre de fe pero la innegable influencia que el cristianismo tiene sobre nuestra civilización hace que me interese, ya sea desde el punto de vista meramente histórico o por lo que supone de permanente búsqueda de señales, y más en un mundo que parece haber convertido el cristianismo en "otra" religión de la interioridad.
El problema, para mi, radica en que el texto tiene un enfoque más filosófico / teológico que histórico / sociológico, lo que complica la comprensión de determinados conceptos que me suenan demasiado parecidos (a veces todo me resulta un galimatías dialéctico) y hace que, por momentos, me encuentre algo perdido. Limitaciones mías, claro está, y error mío por pensar que el libro era "otra cosa".
Pese a lo anterior, sería completamente injusto negar que el texto de José Cobo posee una serie de virtudes que hacen que resulte sumamente interesante hasta para un profano en la materia como yo. Así, entre las cosas que me parecen más destacables se encuentran: