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sábado, 5 de abril de 2025

Karel Čapek: La fábrica de Absoluto

Idioma original: Checo
Título original: Továrna na absolutno
Año de publicación: 1922
Traducción: Rafael R. Ortega
Valoración: Recomendable

Imaginaos que existe una máquina revolucionaria llamada Karburátor, capaz de producir energía ilimitada combustionando sólo un poco de materia. Dicha máquina destruye la materia que la alimenta al completo, sin dejar residuo tangible alguno. Resultado de esto es que Dios, o el Absoluto, que se encuentra confinado en todas las cosas, queda liberado por el mundo, provocando exaltación mística, milagros de todo tipo y el colapso de la civilización tal y como la entendemos («el mundo se sacudía bajo el estruendo de los ejércitos, (...) las fronteras de los estados se retorcían como lombrices en la tierra, y todo se desmoronaba en ruinas», pg. 203).

Esta es la premisa de La fábrica de Absoluto, un clásico de la ciencia ficción con un interesantísimo concepto de base, grandes dosis de crítica social y generosas paletadas de humor. Sin duda, esta sátira se encuentra a la altura de otras de Karel Čapek, su autor, como la también genial La guerra de las salamandras.

Al igual que la mentada La guerra de las salamandras, por cierto, La fábrica de Absoluto es capaz de exprimir al máximo su premisa. También, al igual que la otra obra mencionada, ofrece una admirable visión panorámica del mundo en el que transcurre, porque, en ella, un cronista nos muestra cómo el Absoluto afecta a la gente, a la industria, a la religión, a la Iglesia, a la economía, a la medicina, a la causa proletaria, a distintos países, etc... Y lo hace a través de un puñado de personajes recurrentes, mostrando viñetas secundarias, describiendo «eventos aparentemente locales» (de los que «se puede extraer un gran caudal de acontecimientos históricos», pg. 191) o citando la opinión de varios intelectuales con respecto al Absoluto.

Semejante argumento permite a Čapek arrojar ideas de un ingenio asombroso en torno a Dios, la religión y la fe. Por ejemplo, sobre la relación entre los técnicos y Dios expresa lo siguiente de boca del ingeniero Rudolf Marek, inventor del Karburátor: «Yo no creo en nada. (...) No quiero creer. Siempre he sido ateo. He creído en la materia, en el progreso, y en nada más. Soy un hombre de ciencia (...); y la ciencia no puede aceptar la existencia de Dios. / (...) Es un caso de Él o la ciencia. No afirmo que Dios no exista; solo digo que no debería exitir o, al menos, que no debería mostrarse. Creo que la ciencia lo está desplazando poco a poco, o en todo caso impidiendo que se manifieste; y considero que esa es la misión importante de la ciencia.» (pg. 29)

Por su parte, G. H. Bondy, director de la Metallo-Electric Company, sirve a Čapek para entregar una perspectiva más permisiva sobre este tema: «Desde el punto de vista empresarial (...), es una cuestión indiferente. Si quiere existir (...), que exista. No somos mutuamente excluyentes.» (pg. 29)

Otra idea muy sugerente la dedica Čapek a la Iglesia. El obispo Linda afirma lo siguiente: «Señores, no se engañen pensando que la Iglesia trae a Dios al mundo. La Iglesia lo encierra, lo controla.» (pg. 46)

El elenco protagónico de La fábrica de Absoluto no es particularmente memorable. Esto, sin embargo, no molesta, pues ya hemos aclarado que esta es una novela de ideas, y que prioriza la construción de su mundo a la de sus personajes («Abandonemos el intento de psicologizar a los grandes hombres», dice el cronista en la pg. 180).

Sin embargo, hay que admitir que Bondy, quizá lo más parecido a un protagonista en esta obra, tiene cierta complejidad. Čapek lo usa para mostrar a un ser humano promedio (es decir, egoísta y plagado de defectos) rodeado de santos. 

Bondy explica a la que fuera su prometida: «Nunca podría casarme con una mujer capaz de leer mis pensamientos. Podría ser religiosa hasta el extremo, caritativa sin límites con los pobres; yo puedo permitírmelo, y además, eso me da buena publicidad. Soportaría incluso la virtud, Ellen, por amor a ti. Soportaría cualquier cosa. (...) Pero Ellen, ni los negocios ni la vida en sociedad son posibles sin pensamientos privados. Y el matrimonio, sobre todas las cosas, es inconcebible sin esos pensamientos ocultos.» (pg. 84)

El propio Bondy es eventualmente afectado por el Absoluto. A Marek le comenta al respecto: «Lo he superado, Rudy, lo he vencido. (...) Cuando me invadió, fue el momento más feliz de mi vida.» A continuación describe los síntomas: «Amor por el prójimo. (...) Estaba frenético de amor. Jamás hubiera creído que podía sentir algo así. (...) / Lo he expulsado. Como un zorro que se arranca una pata para liberarse de una trampa.» (pg. 122-123)

Ah, Bondy. Ya en el clímax de la novela (muy redondo, por cierto), afirma a alguien tan «independiente y experimentado» como él: el Absoluto «es el verdadero Dios. (...) pero (...) este verdadero Dios es demasiado grande. / (...) Es infinito. Ahí está el problema. Cada quien se apropia de una pequeña parte de Él y luego cree que posee el todo. (...) Para convencerse de que Dios les pertenece por completo, tienen que eliminar a cualquiera que piense lo contrario.» (pg. 200)

Poco más que añadir. Sólo reiterar que La fábrica de Absoluto es un clásico de la ciencia ficción que presenta y desarrolla un concepto interesante, que ostenta un cierre perfectamente redondo y que derrocha ideas y humor de una agudeza sorprendentes. Čapek en su máximo esplendor, señores.


También de Karel Čapek en ULAD: Aquí

miércoles, 5 de marzo de 2025

Donald Antrim: Votad al sr. Robinson por un mundo mejor

Idioma original: Inglés
Título original: Elect Mr Robinson for a Better World
Año de publicación: 1993
Traducción: Javier Calvo
Valoración: Está bien

Votad al sr. Robinson por un mundo mejor, la primera novela de Donald Antrim, es una sátira que recurre al absurdo para criticar a unos Estados Unidos irremediablemente divididos, profundamente paranoicos y completamente obsesionados con la violencia y el sexo.

Transcurre en una ciudad de la costa de Florida cuyos ciudadanos han linchado al alcalde, cuyos espacios públicos han sido bombardeados o minados, repleta de casas fortificadas rodeadas de fosos defensivos, patrullada por un par de guerrilleros trasnochados. 

Sigue los pasos de Pete Robinson, un maestro de escuela primaria fascinado por la tortura medieval que quiere postularse como alcalde. Para ello deberá enterrar las distintas partes del exalcalde desmembrado mientras entona pasajes del Libro de los Muertos egipcio, ganarse la confianza de los vecinos de su urbanización y montar una escuela en su propia casa para alumnos de entre seis y ocho años.

Aunque siento que en algunos apartados podría haberse pulido un pelín, Votad al sr. Robinson por un mundo mejor funciona. Al fin y al cabo, tiene una prosa eficaz en su distanciamiento irónico, un mensaje nítido y bien articulado, un escenario suburbano distópico como interesante telón de fondo, un protagonista repleto de aristas y oscuridad y un par de escenas sumamente efectivas a la hora de conmovernos o transmitir tensión.

Las únicas pegas que le pondría a la novela es que, aunque el conjunto deja huella, ninguna de sus partes resulta muy memorable en sí misma. Por otro lado, no he sido incapaz de hallarle sentido a la subtrama de la esposa de Pete siendo una mujer-pez (de hecho, no he entendido la fijación de la obra por el mar y su fauna, y creo que Meredith es un personaje bastante desaprovechado en general).

Sea como fuere, Votad al sr. Robinson por un mundo mejor es una buena novela, sobre todo teniendo en cuenta que es la primera del autor. La recomiendo por la feroz crítica a los Estados Unidos que realiza, por su iconoclasta humor negro y por ciertas ideas que, en su desmedida extravagancia, bordean el género bizarro.

jueves, 14 de noviembre de 2024

Shintaro Kago: Fraction

Idioma original: Japonés
Título original: フラクション
Traducción: ¿?
Año de publicación: Entre 1998 y 2009
Valoración: Delirante
 
"Fraction" es una ida de olla que sólo un autor tan extravagante como el mangaka Shintaro Kago podría concebir. 

"Fraction" es, también, una joya del noveno arte. Al fin y al cabo es un cómic sumamente original, tiene algunos de los giros de guión más locos que he leído nunca y su componente metaliterario es muy audaz. Asimismo, su apartado gráfico es tan creativo y refinado como el de todas las obras de Kago.

En "Fraction" seguimos los pasos de Rebanador, un asesino en serie que se dedica a partir a mujeres por la mitad y que puede tener a un imitador; también seguimos a Mangaka (el propio Kago), que quiere dejar de ser reconocido como autor ero-guro y entregar un cómic de misterio que juegue con el espectador recurriendo a distintos trucos narrativos que desafíen los «prejuicios», «ideas preestablecidas» y «predisposiciones» de la gente (mostrando, por ejemplo, qué hay más allá del «marco» de las viñetas, cómo nos pueden engañar los «bocadillos», etc...).

"Fraction" subvierte toda clase de expectativas: aquellas derivadas  del género en el que se inscribe la historia (el misterio detectivesco) y aquellas que propicia el medio empleado para narrar dicho género (el cómic). Y, de paso, Kago subvierte también lo que la gente espera de él en tanto que autor ero-guro (es decir, «cadáveres, vísceras, mierdas, torturas, sadomaso»).

"Fraction" se publicó en 2009 junto a cuatro relatos que ya habían sido editados previamente. Dichos relatos combinan, al igual que su predecesor, el desmadre argumental y la estética repulsiva propias del ero-guro, aunque sin poner ambos apartados al servicio de exploraciones metaliterarias. En comparación con "Fraction" son algo sencillos, pero todos me han gustado. 

Quizá los más locos son "El retornado" (homenaje todavía más perverso que "La oruga" de Edogawa Rampo, su obvia inspiración) y "Colapso" (desquiciado estudio de personaje de una mujer). 

Por otro lado, "El súmmum de lo irritante" se mantiene bastante fiel al concepto de base (cosa que viene a ser poco habitual en Kago, tan proclive a dispersar sus historias en direcciones variopintas) y "Colapso" tiene una imaginería muy poderosa, pero lleva su prometedora premisa hacia el registro más cliché posible, el de lo psicológico.

En resumen: si sois amantes de la literatura gamberra en la que la violencia, el gore, la pornografía, el absurdo, el humor negro, la sátira, las ideas locas y los giros de guión se dan cita, el volumen Fraction os encantará; también os lo recomiendo a quienes busquéis en el arte (y en su lenguaje) un componente transgresor y autoreferencial. Bueno, seas quien seas, lee a Kago en general; créeme, no te va a decepcionar lo más mínimo.




También de Shintaro Kago en ULAD: Aquí

viernes, 10 de mayo de 2024

Azorín: El chirrión de los políticos

Idioma original: Español
Año de publicación: 1923
Valoración: De plena actualidad

Escribo esta reseña pasados unos días del amago de dimisión / paripé / período de reflexión (y aquí cada uno que lo llame como le de la gana) del presidente Pedro Sánchez. Y creo que el libro que hoy traemos a ULAD le viene como anillo al dedo a la situación de la política patria.

Porque este "El chirrión de los políticos" de Azorín es, al menos en su parte central, una feroz sátira política sobre la España de la Restauración (período en el que la propia generación del 98 tuvo que ver desde el punto de vista intelectual) y su lenta decadencia hasta la dictadura de Primo de Rivera allá por 1923. Es el tiempo del turnismo, de las prebendas, de colocar a los amiguetes en buenas posiciones, de elecciones amañadas, de palabras vacías y palmadas en la espalda, de escándalos ficticios en uso y beneficio propios, de ruido y furia que no es otra cosa que un teatro de marionetas con el que unos y otros mantienen entretenido al populacho al tiempo que se reparten cargos y beneficios entre trepas, jetas y algún que otro ingenuo de buena fe. Y, aunque en el momento en se sitúa el libro gobiernan los liberales, los conservadores tampoco salen bien parados. Al fin y al cabo, hoy por ti y mañana por mi. Con sus actualizaciones y demás, pero os resulta bastante familiar, ¿no?

A medio camino entre el relato, el ensayo, el reportaje periodístico y el género epistolar, el bueno de Azorín reparte a casi todas las instituciones del Estado: Consejo de ministros, oposición, ministros, parlamento, etc y dibuja un panorama desolador de la clase política, espejo, por otra parte, de la sociedad a la que dice representar.

Como contrapunto a esta, tanto en el prólogo como en el epílogo se nos presenta lo que podría ser una especie de ideario político "azoriniano" a través de Don Pascual, político e intelectual (que no es lo mismo, oigan) retirado. Trasunto quizá del propio Azorín, este Don Pascual refleja el desencanto de la intelectualidad con la clase política de la época, pese a (o precisamente por) haber pertenecido Azorín a esa clase política en ciertos momentos de su vida.

En fin. No he leído nada más de Azorín (a veces nos centramos en las "modernidades" y quizá deberíamos volver la mirada a nuestros "clásicos") e imagino que esta será una obra menor del alicantino. En cualquier caso, resulta un interesante testimonio de los tejemanejes de una clase política y de un país que, aunque es indudable que han cambiado a mejor, quizá no estén, en ciertos aspectos, tan alejados como podría parecer. Veremos qué nos depara el futuro. 

También de Azorín en ULAD: Capricho

miércoles, 8 de mayo de 2024

Shirley Jackson: El reloj de sol

Idioma original: Inglés
Título original: The Sundial
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año de publicación: 1958
Valoración: Recomendable (aunquen no para todo el mundo)

Cuando uno acude a las obras de Shirley Jackson ya sabe, a grandes rasgos, con qué va a toparse. A fin de cuentas, la pluma de la autora rezuma personalidad, y sus historias giran siempre en torno a los mismos temas, personajes y escenarios. 

Pese a esto, Jackson todavía depara sorpresas a sus lectores. A mí me maravilló, por ejemplo, con la apabullante originalidad de Siempre hemos vivido en el castillo, e hizo lo propio con la extraña unicidad de Hangsaman. Ahora vuelve a asombrarme con El reloj de sol, sátira cáustica donde las haya cuya premisa resulta de lo más curiosa.

¿De qué trata esta novela, preguntáis? Pues de un grupo de personas, parientes y conocidos, que conviven en una gran mansión. Una serie de circunstancias las llevarán a creer que el fin del mundo se avecina y que ellas se convertirán en los últimos seres humanos sobre la faz de la tierra. Mientras se preparan para semejantes acontecimiento, friccionarán en un ambiente asfixiante y disfuncional.

De las virtudes de El reloj de sol destacaría:

  • Su negrísimo sentido del humor.
  • Las interacciones entre personajes. Me gustan especialmente, por su oblicuidad, aquéllas que involucran a la señora Halloran, Essex, Julia o Fancy.
  • Ciertas escenas magistralmente narradas. Pienso, por su enfoque onírico y su factura expresiva, en la de la ¿visión? de la tía Fanny. Asimismo adoro, por el cinismo que desprende, aquella en la que los habitantes de la mansión se relacionan con algunos miembros de «los verdaderos creyentes» en el capítulo 5, o la perversa trampa que la señora Halloran tiende a Julia en el 9.
  • Su capacidad para crear microcosmos que se encajan los unos dentro de los otros cual matrioshkas (la casa donde transcurre gran parte de la historia, pero también la de las muñecas de Fancy, o el apartamento dentro de la mansión que ocupaba la madre de la tía Fanny).
  • Su clímax, cruelmente ambiguo.

Por otro lado, estos son los defectos que le encuentro a El reloj de sol:

  • Es una propuesta algo irregular. Aunque su idea global es harto interesante y ostenta pasajes brillantes, la novela llega a hacerse pesada o atascarse.
  • Tiene demasiados personajes. Al lector le cuesta ubicarlos a todos, y la autora no exprime a varios de ellos.
  • Su ritmo. Entiendo que es deliberadamente lento, pero por momentos lo es en exceso.

Resumiendo: El reloj de sol es una novela muy particular. Aunque a mí me ha encantado, no la recomendaría para iniciarse con Jackson. Sea como fuere, tampoco la descartaría, en caso de que la autora os guste y la premisa os llame la atención. A fin de cuentas, está perfectamente escrita, ostenta sinergias interesantes, tiene pasajes extraordinarios (de corte onírico o directamente extraño) y hace gala de un sentido del humor magnífico.


También de Shirley Jackson en ULAD: Aquí

martes, 20 de febrero de 2024

Belisario Flores: La isla trasnochada

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2016

Valoración: Recomendable

Bolivia. Segunda década del siglo XX. Evo Morales lleva ya un tiempo en el poder y las élites más o menos tradicionales han perdido peso en el país. Por si fuera poco, la situación está jodida y un grupo de gente (Los sublimes, para más señas) de nivel económico alto decide encerrarse en un centro comercial a la espera de que lleguen los gringos para rescatarlos y llevarlos a los Estados Unidos. Esta es la premisa de una novela que no es otra cosa que una sátira despiadada de una parte de la sociedad boliviana que los autores conocen bien, un parte de la sociedad terriblemente hipócrita, racista, sexista, etc.

¿Los autores? Sí, los autores. Porque Belisario Flores es el seudónimo de Mario Murillo y Diego Loayza, así que La isla trasnochada es una novela a cuatro manos en la tradición de Bioy y Silvina, Gabo y Vargas Llosa (¿o lo de estos y las manos fue otra cosa? o Carmen Mola (quienes, por cierto, no molan una mierda, además de ser seis manos en lugar de cuatro).

Bueno, el caso es que esta es una novela en la que hay un "coach ontológico" que vendría a ser un Paulo Coelho (aún más) buenorro, expresidentes de Gobierno, militares, futbolistas, financieros, adultos y jóvenes pasados de rosca.. un texto en el que se mezclan lo divertido, lo absurdo, lo grotesco y lo trágico en lo que podríamos llamar un "esperpento a la boliviana".

Pero lo exagerado no excluye elementos más "profundos" en la novela. Ya sabéis, lo grotesco como espejo deformante de la realidad. Así que en La isla trasnochada hay sociología, hay antropología social, hay un "estudio" sobre cómo evoluciona un grupo humano reducido en una situación de tensión extrema y en un ambiente cerrado, sobre el tránsito de una sociedad perfecta a una pesadilla, sobre fantasías y deseos inconfesables en tiempos convulsos. Claro, ¡en algo se tiene que notar que los autores  son dos señores sociólogos!

Quizá lo único que se puede achacar a la novela es un exceso de personajes que hace que algunos de ellos queden escasamente perfilados. Entiendo que son arquetipos que pueden cumplir su función en la novela, pero su número se antoja excesivo.

Por último, mención de honor al lenguaje de la novela. ¡¡¡¡No os lo vais a creer pero los personajes no hablan como si fueran de Valladolid!!!!! Autores, escenarios y protagonistas son bolivianos y hablan en español de Bolivia (glosario incluido), como no podía ser de otra manera. Lo que parece lógico puede que tire al lector no boliviano un poco para atrás. No lo hagáis, tenemos un idioma común de una riqueza brutal y este libro es buena muestra de ello. 

miércoles, 6 de diciembre de 2023

NOVELAS PIRAÑA #3: El unicornio de Javier Tomeo

Idioma original: Español
Año de publicación: 1971
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Menuda sorpresa, El unicornio. Porque esta novela experimental de Javier Tomeo es, además de interesantísima, una experiencia lectora exquisita. No me extraña que ganara el Premio Ciudad de Barbastro en 1971, dada su calidad y vanguardismo.

Creo sinceramente que roza la perfección. Si hubiera rebasado las 150 páginas, quizá resultaría pesada o reiterativa; si su apuesta innovadora no estuviera tan bien expuesta, habría podido caer en lo hermético. Afortunadamente, la obra es redonda, y sale airosa de cuanto se propone.

Podríamos considerarla una sátira del Poder. Sobre todo, una que arremete contra el totalitarismo y se mofa de los dictadores y sus secuaces, a quienes retrata como hombrecillos ridículos o conspiradores que solamente quieren medrar y salvar su propio pellejo.

Divide la acción en tres planos, que empiezan nítidamente separados y progresivamente van fundiéndose en uno solo, ya sea porque interactúan en lo físico o porque dialogan temáticamente. Los tres planos son: 1) Una representación teatral ambientada en el reino de Vandalia, gobernado por el esperpéntico duque Tancredo IV. 2) Los nueve espectadores que la están observando (a los que fuerzas invisibles y un acomodador que sigue órdenes mantienen prisioneros en sus localidades). 3) Varias calles más abajo, un hombre y una mujer intentan amarse infructuosamente en un cuarto que pasa de «rojo» a «camaleón», «multicolor» y «de todos los colores del mundo».

Las únicas cosas que se le podría reprochar a El unicornio son que su argumento está, por momentos, algo desconyuntado, y que introduce demasiados personajes como para profundizar en todos ellos. No obstante, la osadía de su planteamiento, la eficacia de su atmósfera, lo certero de sus denuncias y sus aromas kafkianos hacen que las mentadas limitaciones apenas lastren al conjunto.

Así pues: una premisa sumamente original ejecutada con pasmosa solvencia, narraciones simultáneas, personajes extravagantes, diálogos delirantes, mucho simbolismo, paletadas de humor y audaz crítica social. Esto y más, mucho más, encontraréis en la joyita de Tomeo, la cual no será del gusto de todos los lectores pero hará las delicias a los amantes del absurdo que valoren el riesgo formal y la intencionalidad artística.
 

También de Javier Tomeo en ULAD: Aquí

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Zoom: La pulga de acero de Nikolái Leskov

Idioma original: ruso

Título original: Сказ о Тульском косом Левше и о cТальноӣ блохе

Año de publicación: 1881

Traducción: Sara Gutiérrez

Valoración: está bien

Hay una tradición humorística en la literatura rusa (sí, ya sé que últimamente no parecen muy bromistas) que, por lo que repecta al siglo XIX y si yo no me equivoco, tiene sus principales exponentes en Gogol y Chéjov, de quienes sobran comentarios. Entre los escritores "menores" con este registro, por otra parte (y dicho sea con todos los respetos), parece que destaca este Nikolái Leskov, heterodoxo y con menos fortuna literaria que otros colegas más célebres, pero cuya obra más conocida, esta La pulga de acero, sin duda merece nuestra atención, más aún cuando que se trata de un cuento largo o novela breve, escrito con un estilo que agiliza aún más su lectura. Vaya por delante que esa "pulga de acero" a la que se refiere el título no es ninguna alegoría ni metáfora de nada ni el nombre de un navío o un arma secreta steampunk. Ni siquiera el apodo de una famosa cortesana o de un boxeador o... yo qué sé, de un grupo revolucionario nihilista. No, se trata justamente de eso mismo, de una pulga mecánica hecha de acero, más diminuta que una pulga de verdad, puesto que sólo puede ser vista con un "pequescopio" -luego explico de qué va esto-; un regalo que le hacen en Inglaterra al zar Alejandro I cuando éste visita Europa tras el Congreso de Viena y se maravilla ante los avances técnicos ingleses. Junto a él viaja a Londres el cascarrabias general cosaco Platov, quien, por el contrario, defiende la primacía de los artesanos rusos, hasta el punto de despertar el enojo del zar. De vuelta a la Madre Rusia y tras la muerte de Alejandro, su hermano y sucesor, Nicolás I, se entera de la historia y, de acuerdo con Platov, envía a éste con la pulga a Tula, a ver si sus reputados armeros pueden mejorarla.

No voy a desvelar más del argumento. Baste saber que uno de estos armeros, un tipo zurdo, bizco y medio calvo por los tirones de pelo que había recibido cuando era aprendiz ("defectos", por lo visto, casi insalvables para la época) se convierte a partir de este momento en el protagonista de la novelette, sobre todo cuando, a su vez, viaja a Inglaterra y su cachazuda forma de ser y su rusísima visión del mundo contrastan con las de los ingleses. También hay que decir que en esta parte del libro quizás flojee un tanto la historia y, sobre todo, pierda el encanto de entre cuento popular recogido por Afanásiev y relato disparatado de Gogol que posee la primera parte, aunque gana en el aspecto satírico... lástima que esta sátira vaya dirigida, más que nada, contra personajes de la Rusia del siglo XIX de los que hoy la mayoría de nosotros (y seguramente, de los propios rusos), supongo, no tenemos ni idea; también, cierto es, hacia esa mezcla de chovinismo patriotero y admiración por lo extranjero que, por lo visto es, o era entonces, típicamente rusa. Lo cierto es que, al parecer, ni siquiera sus contemporáneos tenían claro si Leskov estaba exaltando el modo de ser de los rusos o choteándose de ellos... Quizá por esa indefinición no llegó a triunfar realmente como escritor.

Por último, y ya en un sentido meramente humorístico, destaca en la novela la utilización vocablos inventados (que supongo debieron traer de cabeza a la traductora) con un efecto indudablemente cómico: así, tenemos, además del citado "pequescopio", las "ninfusorias", los "burocumentos", el "tormentómetro", el mar "Braviterráneo", el "difamatín" o las "empollatablas de multiplicar"...

sábado, 24 de diciembre de 2022

Colaboración: Pluto, de Aristófanes

Idioma original: griego antiguo
Título original: Πλοῦτος
Traducción: Luis M. Macía Aparicio
Año de publicación: 380 a. C.
Valoración: Recomendable

Está claro, no es la última novedad editorial en salir al mercado, pero es lo bueno de los tiempos modernos: podemos recuperar y acceder a todo aquello que la erosión y los vaivenes de la historia no se han llevado consigo. Quedaría por saber si solo lo bueno es lo que permanece o también hay otros productos literarios de menor calidad que, por la razón que sea, han conseguido superar el paso de los años y llegar a nuestros días.

Y es que no podía estar más avisado: ya desde el prólogo nos avisa el traductor de que no es esta una de las mejores obras de Aristófanes; que sus mejores años han pasado ya y que no hay aquí nada que refleje la brillantez del genio de antaño. Opinión esta secundada por la mayoría de la crítica, por lo que he podido leer rápidamente en diagonal en diversos volúmenes sobre literatura griega. Al parecer es un punto común entre distintos especialistas.

Bueno, pues, ¿quién soy yo para rebatir algo como esto? Ni muchísimo menos lo pretendo, pero déjenme al menos admitir que a mí me ha gustado; reconozco que me ha dolido en el amor propio que chistes que me han hecho reír a día de hoy ya habían sido calificados en su momento como antiguos (hace más de 2000 años...), pero bueno, qué se le va a hacer. Cada uno es como es y tiene los gustos que tiene. Y entre los míos encaja sin duda esta divertídisima obra de teatro, moralizante y con mensaje, pero el cual aún no tengo claro. 

Desde luego, alguien a quién se consideraría una persona buena y honesta en estos días (¿existe?) no es la misma que en aquella época, en aquellos parajes. Hay unas diferencias muy claras entre ambas mentalidades y eso nos lleva a dudar en ocasiones de si uno es “bueno” o “malo”, de si un acto es egoísta y debe ser castigado o si simplemente ese comportamiento es algo natural y que debe ser visto con normalidad; han pasado muchos años desde la época de Aristófanes y muchas cosas han cambiado. Personalmente soy de los que piensan que no se debe juzgar el pasado con los ojos del presente y que para entenderlo mejor se debe contextualizar, pero ese es un debate demasiado grande y abierto como para plantearlo aquí.

Sin embargo, hay cosas que nunca cambiarán y que nos demuestran que seguimos siendo los mismos de siempre: El argumento consiste, brevemente, en un hombre que va a a pedir guía en un templo para saber cómo le podría ir bien a su hijo en la vida: siguiendo un camino recto y honesto o comportándose como un sinvergüenza sin escrúpulos, que es lo que ha visto, revisto y comprobado el bueno de Crémilo (que es así como se llama nuestro hombre) a lo largo de toda su vida. Diversas personificaciones de dioses, entidades mitológicas y demás personajes salen a la palestra para, entre otras cosas, darnos una explicación sorprendentemente moderna sobre la inflación (¡!), con un final un tanto abrupto y que deja algunos cabos sueltos.

A pesar de todo, como he dicho antes, me ha gustado y he disfrutado mucho leyéndola. Como obra de teatro se lee en dos patadas y el lenguaje moderno/actual por parte del traductor (tío, chavala, jodidos...) la hace muy ligera y fácilmente comprensible; desde luego, si esta es de las peores obras de Aristófanes, sin duda voy a intentar hacerme con el resto de su catálogo y poder juzgar por mí mismo.

Recomiendo, eso sí, una buena edición con apuntes y notas aclaratorias que nos guíen por aquellos comentarios y referencias más confusas de los antiguos griegos, o correremos el riesgo de enterarnos de la mitad.

Firmado: EPS


Otras obras de Aristófanes en ULAD: Lisístrata

jueves, 10 de noviembre de 2022

VV.AA.: Capitalipsis

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien

Capitalipsis se abre con "Rick, cruces y serpientes". Dicho prólogo, cuya autoría desconocemos, me ha encantado. Deliberadamente panfletario, presenta a las claras las intenciones de este volumen misceláneo, así como de los materiales que lo componen.

Después tenemos dos textos de Estíbaliz Robles y Rubén Íñiguez Pérez. A modo de breves ensayos y experiencias personales, ahondan en torno al capitalismo, la religión y el trabajo. El que me ha parecido más logrado es el primero, titulado "Vicio".

A continuación encontramos siete cuentos, uno por cada pecado capital. Todos ellos se pueden enmarcar en los géneros de fantasía, ciencia ficción y terror. Abordémoslos:

  • "Banco Sábado", de José Luis Pascual. En el dedicado a la Ira vemos la venganza de un trabajador de un call center. Es breve pero intenso.
  • "Di mi nombre", de Aránzazu Ferrero. Pereza habla de un futbolista en horas bajas, mataderos y estimulantes. Alberga buenas ideas, aunque su estructura es algo reiterativa. 
  • "Ascenso al trono biónico", de Myke Babylon. Soberbia narra la historia de un rey que, viaje en el tiempo mediante, quiere recuperar su trono. Funciona a la perfección como pasatiempo repleto de acción, drama, suspense y vísceras robóticas; no obstante, hubiera preferido un mayor desmadre.
  • "Él, escritor de terror", de Elena Romea. Envidia nos enfrenta a uno de esos juntaletras anquilosados que se creen genios y desprecian a sus compañeras de profesión. Cumple en tanto que parodia sin grandes pretensiones.   
  • "Will Wird y el viaje hacia Escatón", de H. M. Crespo. En la Avaricia, formato, prosa y argumento conspiran para moldear un simpático homenaje a las space opera. Destacaría su voluntad de deconstruir esos protagonistas intergalácticos de la literatura pulp que son (aparentemente) un dechado de virtudes. 
  • "Vaya higos tiene Alpetragio", de Víctor Martín-Pozuelo. La Lujuria es una gamberrada divertida que se vale de la picaresca, la sátira y la espada y brujería para hablarnos de proezas sexuales.
  • "Mr. Dance y la casa", de Román Sanz Mouta. Gula trata de casas encantadas, riqueza obscena y corrupción. 

En resumen: Capitalipsis es una antología harto irregular. No sólo la calidad de su contenido presenta altibajos; también, o esa impresión he tenido yo, su propósito. Y es que la crítica al capitalismo prometida desde el título del libro se enfatiza o desdibuja en según qué apartado te halles. Con todo, el regusto global que dejan los textos aquí agrupados es positivo. 

jueves, 18 de agosto de 2022

2 x 1 Jean Paul: El viaje del rector Florian Fälbel / Vida del risueño maestrillo Maria Wutz

Idioma original: alemán

Título original: Des Rektors Florian Fälbels und seiner Primaner Reise nacht dem Fichtelberg / Leben des vergnügten Schulmeisterlein Maria Wutz in Auenthal. Eine Art Idylle (ahí queda eso)

Traducción: Isabel Hernández

Año de publicación: 1790

Valoración: Se deja leer


Johann Paul Friedrich Richter, allá por finales del siglo XVIII y principios del XIX, firmaba con el afrancesado pseudónimo de Jean Paul. Parece que era un tipo bastante peculiar, autodidacta, de familia pobre, y también algo especial como escritor. Empeñado, pese a sus penurias económicas, en ganarse la vida escribiendo libros, llegó a conocer un cierto éxito popular, y se mantuvo al margen del mundillo literario de la época, que no era poca cosa (Goethe, Schiller, Hölderlin, Herder). Jean Paul iba por libre, que siempre es algo estimulante, y su estilo se distanciaba de sus contemporáneos, lo que tampoco le granjeó muchos amigos y sí algunas envidias por haber sabido conectar con un respetable número de lectores.

Las obritas que tenemos a la vista son dos nouvelles de época más o menos temprana en las que se aprecian algunas de las características más definitorias de este autor. Por encima de todo, el humor, algo que quizá no encaja mucho con nuestros posibles prejuicios hacia la literatura germánica, pero que en nuestro autor es seña de identidad. Jean Paul es sarcástico, goza con el absurdo y con situaciones ridículas, y no deja pasar la oportunidad de meter las gomas a todo lo que no le resultaba simpático: los caciques rurales, el sistema educativo, algunos compañeros de profesión, la hipocresía, la mediocridad. No por casualidad los protagonistas de los dos textos son maestros, actividad que él mismo desarrolló un cierto tiempo, al parecer sin mucho entusiasmo, y son personajes a quienes su erudición les sirve de bien poco, tipo sencillos con un punto de orgullo que se mueven con más pena que gloria en un entorno que les menosprecia claramente.

En el primer relato Florian Fälbel, más bien un profesor raso, dirige a sus alumnos, o lo intenta, en una especie de campamento volante, un intento de abrirles al mundo y enseñar cosas a pie de calle y de bosque. Como se puede suponer, todo es una sucesión de peripecias relativamente divertidas en la que se pone de manifiesto la inutilidad de la empresa, resultando absurdo el despliegue de conocimientos del maestro ante la ingrata tarea sembrada de dificultades. La vida de un tal Maria Wutz, también maestro, estructura el segundo librito, con un humor algo menos corrosivo, y repleto de digresiones que lo hacen algo menos consistente.

Bajo las historias, de apariencia algo inocua, se esconden algunas de las claves del pensamiento del autor, la frustración (heredada de sus dificultades económicas) ante el favoritismo de los nobles que designaban caprichosamente a sus protegidos para los mejores puestos, y la creencia en un fondo esencial de bondad del ser humano que se trasluce en especial en el desdichado maestrillo Wutz. La sensación, sobre todo en el Florian Fälbel, deja un aroma vagamente quijotesco, ese tipo de relato itinerante durante el que van surgiendo malentendidos, burlas y situaciones comprometidas para sus protagonistas, más o menos cómicas para el lector, y la mezcla de idealismo e ingenuidad que impregna al personaje. Pero ambas obras evocan mucho más al Tristram Shandy, con su afición por la cita erudita, el tono burlesco, el circunloquio excesivo y el gusto por invitar al lector a participar en el relato. Todo hay que decirlo, con bastante menos gracia en la mano de nuestro autor germánico que en la de Laurence Stern.

En torno a los clásicos hay diferentes leyendas. La más extendida entre los no lectores defiende, sin base en nada, porque no los han leído, que son aburridos, ininteligibles, arcaicos, nada que pueda satisfacer mínimamente al lector actual. Es algo obviamente falso, porque muchos de los que calificamos como clásicos (definición aún por precisar) son, con sus peculiaridades, de lectura sencilla, con frecuencia divertidos o sorprendentes, etc., o sea, que no tienen por qué asustar a nadie. Pero también es cierto que hay autores cuyo valor literario, o histórico-literario, nadie discute, pero que puestos frente a frente del lector del siglo XXI (incluso del XX) pues eso, que son difícilmente digeribles. Incluso somos capaces de detectar sus virtudes, un estilo diferenciado, la capacidad de innovación, pero siendo honestos, como lectores de a pie que somos, a lo mejor hay que reconocer que no resultan demasiado atractivos.

Supongo que se entiende que es justamente el caso. No he disfrutado casi nada con esta lectura, he intentado encontrarle la gracia, lo he conseguido a veces, pero con cuentagotas. Y quizá lo que más me ha ayudado ha sido ese magnífico epílogo de Isabel Hernández (también traductora, y autora de las numerosas notas al pie) que glosa la trayectoria de este autor singular, explica cosas que seguro no he sido capaz de ver, y deja una buena panorámica en la que situar a nuestro Jean Paul y pistas para entenderle mejor. Un lujo cuando alguien que domina un tema se esfuerza en hacerlo llegar a quienes somos profanos.


jueves, 7 de abril de 2022

Mijaíl Bulgákov: Los huevos fatídicos

Idioma original: Ruso
Título original: Роковые яйца
Año de publicación: 1924
Traducción (al catalán): Marta Sánchez-Nieves
Valoración: Recomendable

Los huevos fatídicos, novela breve de Mijaíl Bulgákov, aborda, entre otras cosas, el tema del individuo frente a la sociedad. Su premisa es la siguiente: un zoólogo realiza un sorprendente descubrimiento científico. Los medios de comunicación, las autoridades y el pueblo se entrometen en su investigación, causando enredos por doquier.

De esta obra me han gustado:

  • Su argumento. Especialmente ese tercio final, que pasa de la ciencia ficción clásica a un simpático desmadre de serie B. 
  • Su protagonista. Podría haberse concebido como un héroe randiano, un genio incomprendido en medio de un mar de mediocridad; sin embargo, Bulgákov no lo mitifica en ningún momento y se encarga de mostrarnos que, pese a su inconmensurable sapiencia, es una persona huraña y repelente.
  • Sus toques humorísticos.
  • Las críticas que hace a la estulticia humana, la incompetencia de los políticos y la manipulación perpetrada por aquellos que se tildan de periodistas. 
  • Cierta escena, cuyo tono pendula magistralmente entre la comedia, el horror y el "gore".

Francamente, el único reproche (poned la palabra entre comillas) que se le puede hacer a Los huevos fatídicos es que se antoja demasido corta. Y también que resulta incómoda de leer, porque se escribió el siglo pasado pero, como toda literatura de anticipación que se precie, sigue siendo rabiosamente actual a día de hoy. ¡Es imposible no ver nuestro presente reflejado en la hisoria de Bulgákov!


También de Mijaíl Bulgákov en ULAD: La guardia blanca, Corazón de perro

domingo, 3 de abril de 2022

Kurt Vonnegut: Desayuno de campeones

Idioma original: Inglés
Título original: Breakfast of Champions
Traducción: Juan Carlos Silvi
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados), aunque harto irregular

Desayuno de campeones es una de las novelas más celebradas de Kurt Vonnegut. Gustará sobremanera a los amantes del autor, porque reúne aquellos elementos que hacen irrepetible la pluma de éste. A saber: 

  • Una voz narrativa juguetona y carismática. 
  • Una prosa preñada de muletillas.
  • Críticas a la sociedad norteamericana. «Casi todos los mensajes que se enviaban y se recibían en su país, incluso los telepáticos, tenían que ver con la compra o la venta de alguna puñetera cosa.»
  • Un sentido del humor que oscila entre lo gamberro y lo cáustico. «A veces la gente agujereaba a personas famosas para ser al menos un poco famosa.» 
  • Humanismo desencantado. «Cuanto más me acercaba a mi quincuagésimo cumpleaños, más me desconcertaban e irritaban las decisiones estúpidas que tomaban mis compatriotas. Y de pronto empecé a compadecerlos, pues comprendí lo inocente y natural que era para ellos portarse de un modo tan aborrecible y con tan aborrecibles resultados.»  
  • Reflexiones en torno a la existencia, el trabajo, el arte, la guerra, las desigualdades sociales, el cambio climático, etc...
  • Referencias a la cultura popular.
  • Pinceladas de ciencia ficción.
  • Toques meta. «Jimmy Valentine era una persona inventada que se había hecho famoso en otros libros del escritor, igual que Kilgore Trout era una persona inventada que se había hecho famoso en mis libros.» «-Este libro que estás escribiendo es muy malo -me dije (...).» 
  • Simpáticas ilustraciones.

En el lado menos positivo, podríamos achacar a esta obra:

  • Un argumento reiterativo y tendente a la dispersión. 
  • Un manejo de temas irregular.
  • Un elenco de personajes bastante planos. 

Sea como fuere, Desayuno de campeones es un artefacto la mar de curioso. Quizá carezca de la genialidad de Matadero cinco, pero cumple sobradamente en tanto que texto cien por cien vonnegutiano. Además, debemos perdonarle sus defectillos, ya que son la consecuencia lógica de crear literatura en la que «Cualquier persona sería exactamente igual de importante que otra. Daría el mismo peso a todos los hechos. Nada se quedaría fuera.» 


También de Kurt Vonnegut en ULAD: Aquí

viernes, 17 de diciembre de 2021

Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery

 Idioma original: inglés

Título original: Slattery's sago saga

Año de publicación: 1973 (póstuma)

Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)


Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.

Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.

Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?

Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida.  Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.

Otras obras del autor: Re-reseña, La vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-Pájaros, Crónica de Dalkey

martes, 7 de diciembre de 2021

Sebastià Jovani i Meya: Nuevas alertas de empleo

Idioma original: Español
Fecha de publicación: 2021
Valoración: Inclasificable

Nuevas alertas de empleo es un artefacto literario raro de cojones. Tiene pinceladas absurdas, influencias del bizarro y recuerda en forma y fondo a las más delirantes propuestas vanguardistas del siglo XX.

«Todo listo. El aristócrata y notabilísimo evasor Sándor Baráth está a punto de recibir en el señorial cobijo de su hogar la implacable visita del Ortodoncista Fiscal.

Que el Fisco se apiade de su avariciosa alma.» 

 
Básicamente, el volumen compila diversos textos extravagantes; textos que oscilan entre el relato de ciencia ficción new age, el pastiche policíaco-terrorífico, la versificación dadaísta o el caligrama experimental; textos que hablan de cadenas de montaje de rusos nativos, donantes de esperma para mesa electoral o reponedores de ancianos. 

«Se puede ser viejo. Se puede ser muy viejo. Pero lo que resulta inadmisible es ser rematada e irreductiblemente viejo (y vieja) y albergar la ególatra a la vez que nefasta pretensión de no dejar paso a otros ancianos mucho más óptimos y colaborativos.»

 

Como podéis ver, el contenido de este libro es una fumada en toda regla, un disparate sin pies ni cabeza. Y a su favor hay que decir que nunca se toma en serio, pero tampoco renuncia a exhibir una pátina de erudición artificiosa, una prosa barroca, un léxico sumamente pomposo, florituras retóricas, jerigonza filosófica y símbolos matemáticos.

«-Buenos días, mi nombre es Beneplácito Tudor, operador comercial de la Compañía. Estoy aquí para ayudarle, ¿puedo pasar? 

-¿Operador? ¿Compañía? Yo no he pedido... 

-No se retire, en seguida le atiendo.  

Tudor extrajo de su Kit NeuroMoDo un pulsómetro desinhibidor y lo aplicó en la cerradura digital de la puerta, desbloqueando el código de apertura. Preliminares como este eran meros formalismos de cortesía: si la Compañía podía acceder a las cavidades inconscientes de sus clientes, con más razón debía tener acceso a sus hogares.»

 

Por ponerle alguna pega a las narraciones de Jovani Meya, señalaré que se hubieran beneficiado de una mayor variedad de formatos, registros y voces. Asimismo, he echado en falta, argumentalmente hablando, un desmadre más acusado en propuestas como "Ortodoncista Fiscal de Siniestros" o "Experto en corte con cuchillo jamonero para discoteca ubicada en Cambrils". 

«Mis padres tenían toda la razón al haber elegido ese momento y no otro para abandonarme a mi suerte, pues efectivamente fue entonces cuando me desprendí del velo de la infancia y penetré en el camino de la madurez y del autoconocimiento. El Camino del Arte Jamonero.»

Llegados a este punto, voy a detenerme un momento para hablar del continente de Nuevas alertas de empleo. Y es que el incipiente Colectivo Juan de Madre nos obsequia con una edición repleta de imágenes psicodélicas, aderezada por un divertidísimo «Pre-Prólogo» y un simpático «PreFascio».

En definitiva, esta es una lectura la mar de estrafalaria a la que apenas pondría reproches. Aún y así, entiendo que a ciertas personas pueda atragantársele; en especial a aquéllas que tienen poca tolerancia por la literatura iconoclasta o los excesos estilísticos. Sin lugar a dudas, uno debe ser capaz de zambullirse incondicionalmente en esta descabellada obra para apreciarla en toda su gloria.

Ah, me comentan por el pinganillo que una fundación cuyo acrónimo empieza con la letra A, sigue con la D y termina en ECCO ha denunciado a Nuevas alertas de empleo por referenciarles satíricamente. La publicación ha sido retirada de circulación hasta que una versión censurada de la misma salga a la luz. Lo cual significa que tengo un libro prohibido en mis manos. Un libro que es a todas luces inofensivo pero que, por razones que escapan a mi comprensión, ha sido censurado y prohibido a efectos prácticos. 

lunes, 1 de febrero de 2021

Fiódor Sologub: Un pequeño demonio

Idioma original: Ruso
Título original: Melkij bes
Año de publicación: 1905, por entregas
Traducción: Manuel Abella
Valoración: Recomendable

Un pequeño demonio, de Fiódor Sologub, es un novelón. Su estilo, aunque sencillo, oculta reflexiones enjundiosas tras bambalinas; asimismo, su argumento excusa la sátira más mordaz. En esto me recuerda a Stepanchikovo y sus moradores, otro clásico ruso al que también adoro.

Dejad que introduzca a Peredónov, el protagonista indiscutible de Un pequeño demonio. Este profesor de instituto es un ser despreciable: clasista, vanidoso, cruel, mentiroso, envidioso, codicioso... A lo largo de la obra no se redime; si acaso, se vuelve peor persona. Y, pese a todo, llegamos a empatizar con él. Quizá nos veamos reflejados en su mediocridad, enmascarada tras unos hiperbólicos delirios de grandeza; quizá reconozcamos en su soberbia ese escudo con que nos defendemos de la cruda opinión de los demás, y del veredicto de la aplastante realidad. El caso es que nos es imposible no sentir un poquito de lástima por Peredónov una vez empieza a comprender (muy a su manera) que él no es el centro del universo, sino un efímero trozo de carne cualquiera. Nos es imposible dejar de conmovernos ante sus manías persecutorias, o ante esas alucinaciones en las que una sabandija gris le acosa.

Varios son los apartados en los que la obra de Sologub sobresale: 

  • En plasmar verazmente las dinámicas de una ciudad de provincias.
  • En concebir escenas sumamente grotescas, ante las cuales esbozamos una sonrisa de incomodidad. 
  • En transmitirnos la maldad (absoluta o cotidiana, según se tercie) que habita en el ser humano. 
  • En el retrato psicológico del protagonista, así como de su gradual deterioro mental.
  • En su hilarante sentido del humor. 
  • En su aguda crítica social. 
  • En la insinuación de un erotismo ambivalente.
  • En alcanzar un clímax apoteósico que cierra dos de las subtramas con más peso en el argumento: la de Peredónov y la de Sasha.

Por otro lado, hay algunos aspectos de esta por lo general lograda novela que la lastran un pelín: 

  • Su estructura se antoja, a ratos, algo reiterativa. Esto se debe, en parte, a que muchas escenas se parecen sobremanera a sus predecesoras. 
  • Ciertos personajes, amén de sus interacciones con el protagonista, apenas evolucionan. Es el caso de Varvara o Volodin, por ejemplo. 
  • No acabo de entender qué sentido tenía darle tanto foco a Sasha. A mi juicio, su conflicto no acaba de cerrarse satisfactoriamente. Eso sí, debo admitir que su participación en el baile de disfraces es genial. 
  • Me desconcierta el modo en que se relata esta historia. Sologub emplea un narrador en tercera persona que muy de tanto en tanto deja entrever que forma parte del microcosmos local. ¿Por qué no mantenerlo en el papel de cronista omnisciente todo el tiempo? 
  • Cuesta memorizar los nombres, apellidos y diminutivos de todos los personajes. 

Sea como fuere, debo insistir en que Un pequeño demonio es una lectura muy recomendable. Estoy seguro de que las tribulaciones de Peredónov se me quedarán grabadas durante un tiempo. 

viernes, 22 de enero de 2021

Richard Hooker: MASH

Idioma original: Inglés
Título original: MASH
Año de publicación: 1968
Traducción: Antonio Ribera
Valoración: Entre está bien y recomendable

Venga, listillos: ¿Cuántos de los que estáis leyendo esta reseña sabíais que tanto la película (MASH. - Robert Altman, 1970) como la serie (MASH. - 1972) están basadas en una novela? Y, rizando el rizo: ¿Cuántos sabíais que tras el pseudónimo de Richard Hooker se esconden los nombres del doctor Hiester Richard Homberger Jr. y del periodista y escritor W.C. Heinz? Os he pillado, ¿eh? Va, lo reconozco. Yo tampoco tenía ni idea. Pero, ¡cuántas veces la película o la serie acaba "devorando" al libro y relegándolo al más oscuro rincón de la memoria! 

Bueno, dejo de andarme por las ramas. Para quien no haya visto la película o la serie, recordemos que M.A.S.H. narra, en clave de humor (debería subrayarlo y marcarlo en negrita), las peripecias de dos cirujanos destinados al 4077 Hospital Quirúrgico Móvil del Ejército durante la Guerra de Corea.

Así que el Humor (ahora sí) ocupa, al menos aparentemente, el centro de la novela y es el instrumento utilizado para burlarse de la guerra, del ejército, de la burocracia, del ordeno y mando, de las "cosas respetables". Humor negro, absurdo, un poco bestia en ocasiones, surrealista, con situaciones disparatadas y exageradas que, por momentos, acercan también a la novela a una suerte de picaresca moderna. Pero en M.A.S.H. no solo hay risas y ratos de ocio marcados por el alcohol, las timbas de póker o las bromas pesadas. Estamos en un hospital de campaña y hay también, aunque en menor medida a lo largo de la novela, jornadas maratonianas de trabajo con los consiguientes efectos sobre los personajes, éxitos y fracasos en el quirófano, dudas, etc, pero también solidaridad, colaboración, respeto mutuo o amistad. Así, "rutina médica" y "rutina de ocio" sirven por separado como respiraderos de la novela (260 páginas de una u otra quizá se harían pesadas) y sirven unidas para mostrar el absurdo de la situación. No olvidemos, y esto quizá sea clave a la hora de analizar su éxito en el momento de su publicación, que los EEUU se encontraban inmersos en plena Guerra del Vietnam. 

Como puntos débiles de la novela, quizá se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes y un mayor peso de las contradicciones que la situación puede provocarles en el aspecto psicológico. En su mayoría, la novela no deja de ser una sucesión de "sketch" muy divertidos (en general), pero el contexto en el que suceden daba para algo más. Por último, quizá alguno de los "sketch" no ha envejecido del todo bien, aunque quizá esto sea una cuestión de lo políticamente correcto o incorrecto según la época y el lugar.

viernes, 1 de enero de 2021

Giovanni Papini: Gog

Idioma original: Italiano
Título original: Gog
Traducción: Mario Verdaguer
Año de publicación: 1931
Valoración: Irregular, aunque decididamente recomendable


No se puede hablar de la inclasificable Gog de Giovanni Papini sin mencionar a su protagonista, un multimillonario cruel y cínico que se dedica a viajar por el mundo, observar agudamente su entorno y entrevistarse con famosos de la talla de Ford, Gandhi, Einstein o Lenin. El libro en sí es una colección de sus apuntes, coloquios, anécdotas y pensamientos. 

Súmale al memorable protagonista de Gog elementos de sátira, desmitificación de personajes históricos y reflexiones de calado filosófico, y lo que obtienes es literatura de alto voltaje. Debo remarcar, no obstante, que a esta novela fragmentaria (o ciclo cuentístico) la lastran algunos defectillos menores.

A mi juicio, son los siguientes:

  • Su irregularidad. Gog oscila todo el tiempo entre la brillantez comedida y la genialidad indiscutible. Balance que está más que bien. Además, ¿cómo no van a palidecer unas cuantas páginas, si otras son excelsas? Pero bueno, esto no evita que uno experimente altibajos durante la lectura. 
  • Su formato, estructura y tono se antojan algo reiterativos.
  • En su recorrido cultural e histórico hay un claro sesgo occidental. 
  • Su acusada falta de mujeres (especialmente, de mujeres con cierta participación en el relato) chirría sobremanera. 
  • En determinados pasajes obliga a suspender la incredulidad hasta niveles exagerados. Por ejemplo: es inverosímil que se sinceren con el protagonista tanto Freud como Lenin como Edison. O que ciertos personajes (uno de los gigantes de su colección, el verdugo llamado Tiapa...) hablen con una retórica impecable. 
  • Su decepcionante final. Después de conocer a un tío sin apenas aspectos redimibles, y atravesar unos últimos capítulos en los que éste se muestra particularmente misántropo, tenemos que tragarnos que sólo quería ser pobre otra vez y disfrutar de los pequeños placeres. ¡Venga ya! Espero que en El libro negro, la continuación de esta obra, Papini arregle semejante despropósito. 

Poco más que añadir. Ojalá algún escritor competente tome a Gog como referencia y analice de modo análogo al perpetrado por Papini las primeras décadas del siglo XXI. Nuestra época, sin lugar a dudas, se presta a ello. Varias personalidades famosas aguardan su deconstrucción. La retorcida lógica de muchos individuos anónimos también merece un buen rapapolvo (conspiranoicos y magufos de todos los colores; economistas que creen a pies juntillas en la mano invisible del mercado; autoproclamados republicanos que, piruetas mentales mediante, alaban el nepotismo monárquico; "incels" que justifican los cadáveres sexuales; supuestos progresistas que critican Matar a un ruiseñor o Hijo nativo por emplear "the N-word"; etc...). Aunque no tengo claro si se puede hacer sátira de un escenario que es una caricatura de sí mismo. 


También de Giovanni Papini en ULAD: El libro negro

viernes, 27 de noviembre de 2020

Aharon Appelfeld: Badenheim 1939

Idioma original: hebreo

Título original: Badenheim 1939

Año de publicación: 1978

Valoración: Recomendable

 

 

Conocer las circunstancias que marcaron la niñez de este escritor (1932-2018) solo puede despertar curiosidad por conocer su obra. Para situarle en su contexto, diré que padeció la represión nazi como la mayoría de judíos europeos de su época. Pero su caso es diferente: aunque el lento desarrollo de los acontecimientos, su gusto por las descripciones y por la narración indirecta (lo que cuenta parece irrelevante pues lo que importa de verdad es todo lo que calla) nos recuerden a otros colegas suyos como Zweig y Joseph Roth, en realidad pertenece a la generación siguiente, la del otro Roth, el estadounidense con quien llegó a trabar amistad y cuya entrevista de 1988 encabeza la edición que he leído.

El niño Aharon, de familia acomodada, se vio con solo ocho años  despojado de todo. Tras el asesinato de su madre, escapó del campo de concentración y tuvo que sobrevivir gracias (o a pesar de) la voluntad de los adultos que iba conociendo. Finalmente, pudo llegar a Israel y reencontrarse con su padre. Es allí donde aprendió hebreo, cursó estudios universitarios y desarrolló en ese idioma una extensa carrera literaria.

Appelfeld no suele interesarse explícitamente por la maldad o la desgracia, más bien retrata el negativo de estas realidades y es el lector quien debe completar el resto. La infancia, la bondad, la ingenuidad, el hábito de evadirse, en definitiva, la vida confortable, al margen de una realidad más o menos dramática, suelen constituir el marco en el que sitúa sus argumentos. Hay mucho que escarbar bajo esa superficie brillante y distinguida, detrás de la monótona (pero opulenta) cotidianeidad que aparece en Badenheim 1939. Porque, no nos engañemos, la fecha del título ya nos da una pista, nada está puesto ahí al azar, todo tiene su razón de ser y el lugar exacto donde encaja perfectamente.

A cargo del Roth más contemporáneo, y como antesala a una concienzuda entrevista, se ofrece el relato a grandes rasgos de su vida, los caracteres de su escritura, la impronta kafkiana de esta etc. El mismo entrevistador parece impactado –como lo estaremos nosotros más adelante– por la serenidad del relato, una impasibilidad aparente que, como decía antes, apenas muestra más que la cara amable de personas, lugares y hechos, y que el propio Roht describe así: “Tan única como el tema es la voz que se origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la historia.” Y hace notar al entrevistado que los datos para comprender la situación no están en la mente de los personajes, ni siquiera el escritor los suministra con el detalle necesario, ha de ser el lector mediante sus conocimientos históricos quienes desvelen el trasfondo de lo que ocurre. Y es que Appelfeld, perplejo después de tantos años por la facilidad con que se produjeron hechos tan terribles, por esa tolerancia rayana en la complicidad con que las víctimas se dirigían alegremente a su destino, opta por resaltar esa actitud. Recordemos que él aún no tenía edad para entender lo que estaba ocurriendo, menos aún para tomar decisiones, de ahí esa postura radicalmente distinta a la de autores de más edad.

Tras esta ilustrativa preparación nos enfrentamos, por fin, a la novela. Ya no puede sorprendernos ese pueblo de veraneantes, tan pacífico y soñoliento, tan consciente de su condición privilegiada, donde la mayor preocupación consiste en saborear la excelente repostería local, descansar plácidamente, disfrutar de los conciertos programados y estar al tanto de los últimos chismorreos para no aburrirse más de la cuenta. El novelista describe minuciosamente la belleza del paisaje a medida que se suceden las estaciones del año. Los personajes viven en la indolencia la mayor parte del tiempo, si no fuera por los datos suministrados en el prólogo, la irrupción en escena de un Departamento de Sanidad, que se infiltra en zonas privadas y públicas, solicita información y obliga a los residentes a inscribirse, la nueva situación nos habría pasado desapercibida. A partir de ahí, las condiciones se van volviendo más penosas, pero muy poco a poco y sin que los personajes le den  excesiva importancia, solo el lector se alarma con la metáfora de los peces. Las comunicaciones parece estar cortadas, pero lo atribuyen a algún problema subsanable, hay rumores de un traslado a Polonia que todos reciben de buen grado, piensan que, si la vida en Badenheim empieza a complicarse, nada mejor que trasladarse a un lugar donde, presumiblemente, se les recibirá con los brazos abiertos. Encontramos aquí la candidez que Appelfeld mencionaba en la entrevista.

Es cierto que la atmósfera de esta novela corta resulta algo irreal, que el relato mantiene un aparente estatismo ya que lo relevante permanece semioculto, pero bajo su aspecto de irrealidad la novela está hablando de nosotros, de los humanos de hoy, de ayer y de siempre. ¿O acaso piensan que hoy mismo no seríamos capaces de una frivolidad escalofriante en momentos de verdadero peligro para la especie humana, que solo los que –según cuenta el novelista– habitaban Badenheim en esa época vivían procurando no leer la prensa y preocupándose únicamente por que el agua alcanzase la temperatura adecuada, los pasteles se sirviesen a su hora o en vigilar el estado de ánimo de los músicos cuando estaba a punto de producirse un Holocausto? Imposible que eso suceda en nuestra época, ¿no es verdad? Y, volviendo a los personajes, ¿caerán en la cuenta alguna vez de la amenaza que se cierne sobre ellos? Eso me lo reservo. Lean.