sábado, 5 de abril de 2025
Karel Čapek: La fábrica de Absoluto
miércoles, 5 de marzo de 2025
Donald Antrim: Votad al sr. Robinson por un mundo mejor
jueves, 14 de noviembre de 2024
Shintaro Kago: Fraction
viernes, 10 de mayo de 2024
Azorín: El chirrión de los políticos
miércoles, 8 de mayo de 2024
Shirley Jackson: El reloj de sol
- Su negrísimo sentido del humor.
- Las interacciones entre personajes. Me gustan especialmente, por su oblicuidad, aquéllas que involucran a la señora Halloran, Essex, Julia o Fancy.
- Ciertas escenas magistralmente narradas. Pienso, por su enfoque onírico y su factura expresiva, en la de la ¿visión? de la tía Fanny. Asimismo adoro, por el cinismo que desprende, aquella en la que los habitantes de la mansión se relacionan con algunos miembros de «los verdaderos creyentes» en el capítulo 5, o la perversa trampa que la señora Halloran tiende a Julia en el 9.
- Su capacidad para crear microcosmos que se encajan los unos dentro de los otros cual matrioshkas (la casa donde transcurre gran parte de la historia, pero también la de las muñecas de Fancy, o el apartamento dentro de la mansión que ocupaba la madre de la tía Fanny).
- Su clímax, cruelmente ambiguo.
- Es una propuesta algo irregular. Aunque su idea global es harto interesante y ostenta pasajes brillantes, la novela llega a hacerse pesada o atascarse.
- Tiene demasiados personajes. Al lector le cuesta ubicarlos a todos, y la autora no exprime a varios de ellos.
- Su ritmo. Entiendo que es deliberadamente lento, pero por momentos lo es en exceso.
martes, 20 de febrero de 2024
Belisario Flores: La isla trasnochada
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable
Bolivia. Segunda década del siglo XX. Evo Morales lleva ya un tiempo en el poder y las élites más o menos tradicionales han perdido peso en el país. Por si fuera poco, la situación está jodida y un grupo de gente (Los sublimes, para más señas) de nivel económico alto decide encerrarse en un centro comercial a la espera de que lleguen los gringos para rescatarlos y llevarlos a los Estados Unidos. Esta es la premisa de una novela que no es otra cosa que una sátira despiadada de una parte de la sociedad boliviana que los autores conocen bien, un parte de la sociedad terriblemente hipócrita, racista, sexista, etc.
¿Los autores? Sí, los autores. Porque Belisario Flores es el seudónimo de Mario Murillo y Diego Loayza, así que La isla trasnochada es una novela a cuatro manos en la tradición de Bioy y Silvina, Gabo y Vargas Llosa (¿o lo de estos y las manos fue otra cosa? o Carmen Mola (quienes, por cierto, no molan una mierda, además de ser seis manos en lugar de cuatro).
Bueno, el caso es que esta es una novela en la que hay un "coach ontológico" que vendría a ser un Paulo Coelho (aún más) buenorro, expresidentes de Gobierno, militares, futbolistas, financieros, adultos y jóvenes pasados de rosca.. un texto en el que se mezclan lo divertido, lo absurdo, lo grotesco y lo trágico en lo que podríamos llamar un "esperpento a la boliviana".
Pero lo exagerado no excluye elementos más "profundos" en la novela. Ya sabéis, lo grotesco como espejo deformante de la realidad. Así que en La isla trasnochada hay sociología, hay antropología social, hay un "estudio" sobre cómo evoluciona un grupo humano reducido en una situación de tensión extrema y en un ambiente cerrado, sobre el tránsito de una sociedad perfecta a una pesadilla, sobre fantasías y deseos inconfesables en tiempos convulsos. Claro, ¡en algo se tiene que notar que los autores son dos señores sociólogos!
Quizá lo único que se puede achacar a la novela es un exceso de personajes que hace que algunos de ellos queden escasamente perfilados. Entiendo que son arquetipos que pueden cumplir su función en la novela, pero su número se antoja excesivo.
Por último, mención de honor al lenguaje de la novela. ¡¡¡¡No os lo vais a creer pero los personajes no hablan como si fueran de Valladolid!!!!! Autores, escenarios y protagonistas son bolivianos y hablan en español de Bolivia (glosario incluido), como no podía ser de otra manera. Lo que parece lógico puede que tire al lector no boliviano un poco para atrás. No lo hagáis, tenemos un idioma común de una riqueza brutal y este libro es buena muestra de ello.
miércoles, 6 de diciembre de 2023
NOVELAS PIRAÑA #3: El unicornio de Javier Tomeo
miércoles, 20 de septiembre de 2023
Zoom: La pulga de acero de Nikolái Leskov
Título original: Сказ о Тульском косом Левше и о cТальноӣ блохе
Año de publicación: 1881
Traducción: Sara Gutiérrez
Valoración: está bien
Hay una tradición humorística en la literatura rusa (sí, ya sé que últimamente no parecen muy bromistas) que, por lo que repecta al siglo XIX y si yo no me equivoco, tiene sus principales exponentes en Gogol y Chéjov, de quienes sobran comentarios. Entre los escritores "menores" con este registro, por otra parte (y dicho sea con todos los respetos), parece que destaca este Nikolái Leskov, heterodoxo y con menos fortuna literaria que otros colegas más célebres, pero cuya obra más conocida, esta La pulga de acero, sin duda merece nuestra atención, más aún cuando que se trata de un cuento largo o novela breve, escrito con un estilo que agiliza aún más su lectura. Vaya por delante que esa "pulga de acero" a la que se refiere el título no es ninguna alegoría ni metáfora de nada ni el nombre de un navío o un arma secreta steampunk. Ni siquiera el apodo de una famosa cortesana o de un boxeador o... yo qué sé, de un grupo revolucionario nihilista. No, se trata justamente de eso mismo, de una pulga mecánica hecha de acero, más diminuta que una pulga de verdad, puesto que sólo puede ser vista con un "pequescopio" -luego explico de qué va esto-; un regalo que le hacen en Inglaterra al zar Alejandro I cuando éste visita Europa tras el Congreso de Viena y se maravilla ante los avances técnicos ingleses. Junto a él viaja a Londres el cascarrabias general cosaco Platov, quien, por el contrario, defiende la primacía de los artesanos rusos, hasta el punto de despertar el enojo del zar. De vuelta a la Madre Rusia y tras la muerte de Alejandro, su hermano y sucesor, Nicolás I, se entera de la historia y, de acuerdo con Platov, envía a éste con la pulga a Tula, a ver si sus reputados armeros pueden mejorarla.
No voy a desvelar más del argumento. Baste saber que uno de estos armeros, un tipo zurdo, bizco y medio calvo por los tirones de pelo que había recibido cuando era aprendiz ("defectos", por lo visto, casi insalvables para la época) se convierte a partir de este momento en el protagonista de la novelette, sobre todo cuando, a su vez, viaja a Inglaterra y su cachazuda forma de ser y su rusísima visión del mundo contrastan con las de los ingleses. También hay que decir que en esta parte del libro quizás flojee un tanto la historia y, sobre todo, pierda el encanto de entre cuento popular recogido por Afanásiev y relato disparatado de Gogol que posee la primera parte, aunque gana en el aspecto satírico... lástima que esta sátira vaya dirigida, más que nada, contra personajes de la Rusia del siglo XIX de los que hoy la mayoría de nosotros (y seguramente, de los propios rusos), supongo, no tenemos ni idea; también, cierto es, hacia esa mezcla de chovinismo patriotero y admiración por lo extranjero que, por lo visto es, o era entonces, típicamente rusa. Lo cierto es que, al parecer, ni siquiera sus contemporáneos tenían claro si Leskov estaba exaltando el modo de ser de los rusos o choteándose de ellos... Quizá por esa indefinición no llegó a triunfar realmente como escritor.
Por último, y ya en un sentido meramente humorístico, destaca en la novela la utilización vocablos inventados (que supongo debieron traer de cabeza a la traductora) con un efecto indudablemente cómico: así, tenemos, además del citado "pequescopio", las "ninfusorias", los "burocumentos", el "tormentómetro", el mar "Braviterráneo", el "difamatín" o las "empollatablas de multiplicar"...
sábado, 24 de diciembre de 2022
Colaboración: Pluto, de Aristófanes
jueves, 10 de noviembre de 2022
VV.AA.: Capitalipsis
- "Banco Sábado", de José Luis Pascual. En el dedicado a la Ira vemos la venganza de un trabajador de un call center. Es breve pero intenso.
- "Di mi nombre", de Aránzazu Ferrero. Pereza habla de un futbolista en horas bajas, mataderos y estimulantes. Alberga buenas ideas, aunque su estructura es algo reiterativa.
- "Ascenso al trono biónico", de Myke Babylon. Soberbia narra la historia de un rey que, viaje en el tiempo mediante, quiere recuperar su trono. Funciona a la perfección como pasatiempo repleto de acción, drama, suspense y vísceras robóticas; no obstante, hubiera preferido un mayor desmadre.
- "Él, escritor de terror", de Elena Romea. Envidia nos enfrenta a uno de esos juntaletras anquilosados que se creen genios y desprecian a sus compañeras de profesión. Cumple en tanto que parodia sin grandes pretensiones.
- "Will Wird y el viaje hacia Escatón", de H. M. Crespo. En la Avaricia, formato, prosa y argumento conspiran para moldear un simpático homenaje a las space opera. Destacaría su voluntad de deconstruir esos protagonistas intergalácticos de la literatura pulp que son (aparentemente) un dechado de virtudes.
- "Vaya higos tiene Alpetragio", de Víctor Martín-Pozuelo. La Lujuria es una gamberrada divertida que se vale de la picaresca, la sátira y la espada y brujería para hablarnos de proezas sexuales.
- "Mr. Dance y la casa", de Román Sanz Mouta. Gula trata de casas encantadas, riqueza obscena y corrupción.
jueves, 18 de agosto de 2022
2 x 1 Jean Paul: El viaje del rector Florian Fälbel / Vida del risueño maestrillo Maria Wutz
Título original: Des Rektors Florian Fälbels und seiner Primaner Reise nacht dem Fichtelberg / Leben des vergnügten Schulmeisterlein Maria Wutz in Auenthal. Eine Art Idylle (ahí queda eso)
Traducción: Isabel Hernández
Año de publicación: 1790
Valoración: Se deja leer
Johann Paul Friedrich Richter, allá por finales del siglo XVIII y principios del XIX, firmaba con el afrancesado pseudónimo de Jean Paul. Parece que era un tipo bastante peculiar, autodidacta, de familia pobre, y también algo especial como escritor. Empeñado, pese a sus penurias económicas, en ganarse la vida escribiendo libros, llegó a conocer un cierto éxito popular, y se mantuvo al margen del mundillo literario de la época, que no era poca cosa (Goethe, Schiller, Hölderlin, Herder). Jean Paul iba por libre, que siempre es algo estimulante, y su estilo se distanciaba de sus contemporáneos, lo que tampoco le granjeó muchos amigos y sí algunas envidias por haber sabido conectar con un respetable número de lectores.
Las obritas que tenemos a la vista son dos nouvelles de época más o menos temprana en las que se aprecian algunas de las características más definitorias de este autor. Por encima de todo, el humor, algo que quizá no encaja mucho con nuestros posibles prejuicios hacia la literatura germánica, pero que en nuestro autor es seña de identidad. Jean Paul es sarcástico, goza con el absurdo y con situaciones ridículas, y no deja pasar la oportunidad de meter las gomas a todo lo que no le resultaba simpático: los caciques rurales, el sistema educativo, algunos compañeros de profesión, la hipocresía, la mediocridad. No por casualidad los protagonistas de los dos textos son maestros, actividad que él mismo desarrolló un cierto tiempo, al parecer sin mucho entusiasmo, y son personajes a quienes su erudición les sirve de bien poco, tipo sencillos con un punto de orgullo que se mueven con más pena que gloria en un entorno que les menosprecia claramente.
En el primer relato Florian Fälbel, más bien un profesor raso, dirige a sus alumnos, o lo intenta, en una especie de campamento volante, un intento de abrirles al mundo y enseñar cosas a pie de calle y de bosque. Como se puede suponer, todo es una sucesión de peripecias relativamente divertidas en la que se pone de manifiesto la inutilidad de la empresa, resultando absurdo el despliegue de conocimientos del maestro ante la ingrata tarea sembrada de dificultades. La vida de un tal Maria Wutz, también maestro, estructura el segundo librito, con un humor algo menos corrosivo, y repleto de digresiones que lo hacen algo menos consistente.
Bajo las historias, de apariencia algo inocua, se esconden algunas de las claves del pensamiento del autor, la frustración (heredada de sus dificultades económicas) ante el favoritismo de los nobles que designaban caprichosamente a sus protegidos para los mejores puestos, y la creencia en un fondo esencial de bondad del ser humano que se trasluce en especial en el desdichado maestrillo Wutz. La sensación, sobre todo en el Florian Fälbel, deja un aroma vagamente quijotesco, ese tipo de relato itinerante durante el que van surgiendo malentendidos, burlas y situaciones comprometidas para sus protagonistas, más o menos cómicas para el lector, y la mezcla de idealismo e ingenuidad que impregna al personaje. Pero ambas obras evocan mucho más al Tristram Shandy, con su afición por la cita erudita, el tono burlesco, el circunloquio excesivo y el gusto por invitar al lector a participar en el relato. Todo hay que decirlo, con bastante menos gracia en la mano de nuestro autor germánico que en la de Laurence Stern.
En torno a los clásicos hay diferentes leyendas. La más extendida entre los no lectores defiende, sin base en nada, porque no los han leído, que son aburridos, ininteligibles, arcaicos, nada que pueda satisfacer mínimamente al lector actual. Es algo obviamente falso, porque muchos de los que calificamos como clásicos (definición aún por precisar) son, con sus peculiaridades, de lectura sencilla, con frecuencia divertidos o sorprendentes, etc., o sea, que no tienen por qué asustar a nadie. Pero también es cierto que hay autores cuyo valor literario, o histórico-literario, nadie discute, pero que puestos frente a frente del lector del siglo XXI (incluso del XX) pues eso, que son difícilmente digeribles. Incluso somos capaces de detectar sus virtudes, un estilo diferenciado, la capacidad de innovación, pero siendo honestos, como lectores de a pie que somos, a lo mejor hay que reconocer que no resultan demasiado atractivos.
Supongo que se entiende que es justamente el caso. No he disfrutado casi nada con esta lectura, he intentado encontrarle la gracia, lo he conseguido a veces, pero con cuentagotas. Y quizá lo que más me ha ayudado ha sido ese magnífico epílogo de Isabel Hernández (también traductora, y autora de las numerosas notas al pie) que glosa la trayectoria de este autor singular, explica cosas que seguro no he sido capaz de ver, y deja una buena panorámica en la que situar a nuestro Jean Paul y pistas para entenderle mejor. Un lujo cuando alguien que domina un tema se esfuerza en hacerlo llegar a quienes somos profanos.
jueves, 7 de abril de 2022
Mijaíl Bulgákov: Los huevos fatídicos
- Su argumento. Especialmente ese tercio final, que pasa de la ciencia ficción clásica a un simpático desmadre de serie B.
- Su protagonista. Podría haberse concebido como un héroe randiano, un genio incomprendido en medio de un mar de mediocridad; sin embargo, Bulgákov no lo mitifica en ningún momento y se encarga de mostrarnos que, pese a su inconmensurable sapiencia, es una persona huraña y repelente.
- Sus toques humorísticos.
- Las críticas que hace a la estulticia humana, la incompetencia de los políticos y la manipulación perpetrada por aquellos que se tildan de periodistas.
- Cierta escena, cuyo tono pendula magistralmente entre la comedia, el horror y el "gore".
domingo, 3 de abril de 2022
Kurt Vonnegut: Desayuno de campeones
- Una voz narrativa juguetona y carismática.
- Una prosa preñada de muletillas.
- Críticas a la sociedad norteamericana. «Casi todos los mensajes que se enviaban y se recibían en su país, incluso los telepáticos, tenían que ver con la compra o la venta de alguna puñetera cosa.»
- Un sentido del humor que oscila entre lo gamberro y lo cáustico. «A veces la gente agujereaba a personas famosas para ser al menos un poco famosa.»
- Humanismo desencantado. «Cuanto más me acercaba a mi quincuagésimo cumpleaños, más me desconcertaban e irritaban las decisiones estúpidas que tomaban mis compatriotas. Y de pronto empecé a compadecerlos, pues comprendí lo inocente y natural que era para ellos portarse de un modo tan aborrecible y con tan aborrecibles resultados.»
- Reflexiones en torno a la existencia, el trabajo, el arte, la guerra, las desigualdades sociales, el cambio climático, etc...
- Referencias a la cultura popular.
- Pinceladas de ciencia ficción.
- Toques meta. «Jimmy Valentine era una persona inventada que se había hecho famoso en otros libros del escritor, igual que Kilgore Trout era una persona inventada que se había hecho famoso en mis libros.» «-Este libro que estás escribiendo es muy malo -me dije (...).»
- Simpáticas ilustraciones.
- Un argumento reiterativo y tendente a la dispersión.
- Un manejo de temas irregular.
- Un elenco de personajes bastante planos.
viernes, 17 de diciembre de 2021
Flann O'Brien: La saga del sagú de Slattery
Título original: Slattery's sago saga
Año de publicación: 1973 (póstuma)
Valoración: Más que recomendable (de haber mantenido el mismo nivel)
Flann O’Brien es uno de los muchos seudónimos –más bien especie de heterónimos al estilo de Pessoa– de Brian O’Nolan, un escritor y articulista admirado por Borges, Graham Greene, Joyce o Beckett, y este texto, de haber vivido él lo suficiente, habría sido una novela. Su temprana muerte lo convirtió en relato inacabado, pero lo que aporta bastó para que se publicase enseguida tal como lo había dejado su autor. Es verdad que en un principio nadie se arriesgó a independizarlo, siempre se agrupaba con otras piezas cortas suyas hasta que alguien decidió lanzarlo como obra con entidad propia, y pienso que fue un acierto.
Claro que si se animan a leerlo tienen que estar prevenidos, porque el lector de La saga del sagú tiende a enfrascarse tanto en la trama, se siente tan cómodo en la comarca irlandesa dónde tiene lugar la acción y entre esos personajes tan estrafalarios, que no repara en que apenas le quedan un par de páginas. De repente, y en pleno disfrute, tenemos que frenar en seco y nos quedamos parpadeando. ¿Ya? Pues sí, el estado de salud de una persona no entiende de proyectos. Así que tienen que estar preparados, fijarse en el grosor de lo que queda y no ilusionarse con que podrán prever el resto de la historia. A esta le faltan, probablemente, más de sus tres cuartas partes, lo que supone muchas otras escenas hilarantes y un desenlace probablemente sorpresivo que jamás podremos leer, pero eso no debe ser obstáculo para que degustemos las que han sobrevivido. Eso sí, les aseguro que no se trata de un borrador, que su contenido es tan regular, coherente y su forma tan cuidada como los de cualquier obra concluida, incluso mejor que muchas de ellas.
Lo que van a encontrar es humor absurdo, crítica social e imaginación a raudales, todo ello marca de la casa, y unos personajes tan entrañables como obsesivos. Lo mejor de todo es que las manías recurrentes no proceden de sus mentes retorcidas sino más bien de un estatus social y unas preocupaciones colectivas, llámenlos prejuicios si quieren, que determinan su forma de ver la vida, de vivirla y, en algún caso, de resolver conflictos que afectan a todos. ¿Conocen a alguien que siendo –o sintiéndose– millonario decide comprar todo el terreno cultivable de un país con el único propósito de beneficiar a otro? Naturalmente, quien se sacrificaría sería Irlanda y el gran ganador ¡oh sorpresa! nada menos que USA, que se libraría de la presencia irlandesa gracias a la complicidad (y al dinero) de un irlandés. Podemos deducir que aquí no se salva nadie, ni de un lado ni del otro. Estos y otros personajes, cuyas descacharrantes ideas y acciones nos provocarán carcajadas constantes se posicionan claramente, señalan desajustes importantes, desvelan, por una parte, una mentalidad anclada en la tradición e inamovible (cazurros los llamaríamos por aquí), por otra, una tendencia a idear proyectos delirantes derrochando cantidades desorbitadas. Adivinen, si pueden, quién es quién. Fácil ¿verdad?
Bien, pues el tono ácido no se ciñe exclusivamente a los hechos, alcanza incluso a patronímicos y topónimos. En cuanto al asunto central es, como era de prever, fundamentalmente económico. Petróleo y patatas. El primero quiere eliminar de la faz de Irlanda a las segundas y para lograrlo la gran MacPherson –escocesa, por cierto– ha concebido su demencial proyecto. ¿Empieza a apetecerles el menú? Pues esto no es más que el punto de partida. Por desgracia, el estado de Texas no tuvo tiempo de convertirse en escenario más que de forma muy indirecta, pero O’Brien planeaba que dos tercios de la novela tuvieran lugar allí. Y hasta soñaba con que la llevase al cine nada menos que John Huston.
Otras obras del autor: Re-reseña, La vida dura, La boca pobre, El tercer policía, En-Nadar-Dos-Pájaros, Crónica de Dalkey
martes, 7 de diciembre de 2021
Sebastià Jovani i Meya: Nuevas alertas de empleo
«Todo listo. El aristócrata y notabilísimo evasor Sándor Baráth está a punto de recibir en el señorial cobijo de su hogar la implacable visita del Ortodoncista Fiscal.
Que el Fisco se apiade de su avariciosa alma.»
«Se puede ser viejo. Se puede ser muy viejo. Pero lo que resulta inadmisible es ser rematada e irreductiblemente viejo (y vieja) y albergar la ególatra a la vez que nefasta pretensión de no dejar paso a otros ancianos mucho más óptimos y colaborativos.»
«-Buenos días, mi nombre es Beneplácito Tudor, operador comercial de la Compañía. Estoy aquí para ayudarle, ¿puedo pasar?
-¿Operador? ¿Compañía? Yo no he pedido...
-No se retire, en seguida le atiendo.
Tudor extrajo de su Kit NeuroMoDo un pulsómetro desinhibidor y lo aplicó en la cerradura digital de la puerta, desbloqueando el código de apertura. Preliminares como este eran meros formalismos de cortesía: si la Compañía podía acceder a las cavidades inconscientes de sus clientes, con más razón debía tener acceso a sus hogares.»
«Mis padres tenían toda la razón al haber elegido ese momento y no otro para abandonarme a mi suerte, pues efectivamente fue entonces cuando me desprendí del velo de la infancia y penetré en el camino de la madurez y del autoconocimiento. El Camino del Arte Jamonero.»
lunes, 1 de febrero de 2021
Fiódor Sologub: Un pequeño demonio
- En plasmar verazmente las dinámicas de una ciudad de provincias.
- En concebir escenas sumamente grotescas, ante las cuales esbozamos una sonrisa de incomodidad.
- En transmitirnos la maldad (absoluta o cotidiana, según se tercie) que habita en el ser humano.
- En el retrato psicológico del protagonista, así como de su gradual deterioro mental.
- En su hilarante sentido del humor.
- En su aguda crítica social.
- En la insinuación de un erotismo ambivalente.
- En alcanzar un clímax apoteósico que cierra dos de las subtramas con más peso en el argumento: la de Peredónov y la de Sasha.
- Su estructura se antoja, a ratos, algo reiterativa. Esto se debe, en parte, a que muchas escenas se parecen sobremanera a sus predecesoras.
- Ciertos personajes, amén de sus interacciones con el protagonista, apenas evolucionan. Es el caso de Varvara o Volodin, por ejemplo.
- No acabo de entender qué sentido tenía darle tanto foco a Sasha. A mi juicio, su conflicto no acaba de cerrarse satisfactoriamente. Eso sí, debo admitir que su participación en el baile de disfraces es genial.
- Me desconcierta el modo en que se relata esta historia. Sologub emplea un narrador en tercera persona que muy de tanto en tanto deja entrever que forma parte del microcosmos local. ¿Por qué no mantenerlo en el papel de cronista omnisciente todo el tiempo?
- Cuesta memorizar los nombres, apellidos y diminutivos de todos los personajes.
viernes, 22 de enero de 2021
Richard Hooker: MASH
Año de publicación: 1968
Traducción: Antonio Ribera
Valoración: Entre está bien y recomendable
Venga, listillos: ¿Cuántos de los que estáis leyendo esta reseña sabíais que tanto la película (MASH. - Robert Altman, 1970) como la serie (MASH. - 1972) están basadas en una novela? Y, rizando el rizo: ¿Cuántos sabíais que tras el pseudónimo de Richard Hooker se esconden los nombres del doctor Hiester Richard Homberger Jr. y del periodista y escritor W.C. Heinz? Os he pillado, ¿eh? Va, lo reconozco. Yo tampoco tenía ni idea. Pero, ¡cuántas veces la película o la serie acaba "devorando" al libro y relegándolo al más oscuro rincón de la memoria!
Bueno, dejo de andarme por las ramas. Para quien no haya visto la película o la serie, recordemos que M.A.S.H. narra, en clave de humor (debería subrayarlo y marcarlo en negrita), las peripecias de dos cirujanos destinados al 4077 Hospital Quirúrgico Móvil del Ejército durante la Guerra de Corea.
Así que el Humor (ahora sí) ocupa, al menos aparentemente, el centro de la novela y es el instrumento utilizado para burlarse de la guerra, del ejército, de la burocracia, del ordeno y mando, de las "cosas respetables". Humor negro, absurdo, un poco bestia en ocasiones, surrealista, con situaciones disparatadas y exageradas que, por momentos, acercan también a la novela a una suerte de picaresca moderna. Pero en M.A.S.H. no solo hay risas y ratos de ocio marcados por el alcohol, las timbas de póker o las bromas pesadas. Estamos en un hospital de campaña y hay también, aunque en menor medida a lo largo de la novela, jornadas maratonianas de trabajo con los consiguientes efectos sobre los personajes, éxitos y fracasos en el quirófano, dudas, etc, pero también solidaridad, colaboración, respeto mutuo o amistad. Así, "rutina médica" y "rutina de ocio" sirven por separado como respiraderos de la novela (260 páginas de una u otra quizá se harían pesadas) y sirven unidas para mostrar el absurdo de la situación. No olvidemos, y esto quizá sea clave a la hora de analizar su éxito en el momento de su publicación, que los EEUU se encontraban inmersos en plena Guerra del Vietnam.
Como puntos débiles de la novela, quizá se echa en falta un mayor desarrollo de los personajes y un mayor peso de las contradicciones que la situación puede provocarles en el aspecto psicológico. En su mayoría, la novela no deja de ser una sucesión de "sketch" muy divertidos (en general), pero el contexto en el que suceden daba para algo más. Por último, quizá alguno de los "sketch" no ha envejecido del todo bien, aunque quizá esto sea una cuestión de lo políticamente correcto o incorrecto según la época y el lugar.
viernes, 1 de enero de 2021
Giovanni Papini: Gog
- Su irregularidad. Gog oscila todo el tiempo entre la brillantez comedida y la genialidad indiscutible. Balance que está más que bien. Además, ¿cómo no van a palidecer unas cuantas páginas, si otras son excelsas? Pero bueno, esto no evita que uno experimente altibajos durante la lectura.
- Su formato, estructura y tono se antojan algo reiterativos.
- En su recorrido cultural e histórico hay un claro sesgo occidental.
- Su acusada falta de mujeres (especialmente, de mujeres con cierta participación en el relato) chirría sobremanera.
- En determinados pasajes obliga a suspender la incredulidad hasta niveles exagerados. Por ejemplo: es inverosímil que se sinceren con el protagonista tanto Freud como Lenin como Edison. O que ciertos personajes (uno de los gigantes de su colección, el verdugo llamado Tiapa...) hablen con una retórica impecable.
- Su decepcionante final. Después de conocer a un tío sin apenas aspectos redimibles, y atravesar unos últimos capítulos en los que éste se muestra particularmente misántropo, tenemos que tragarnos que sólo quería ser pobre otra vez y disfrutar de los pequeños placeres. ¡Venga ya! Espero que en El libro negro, la continuación de esta obra, Papini arregle semejante despropósito.
viernes, 27 de noviembre de 2020
Aharon Appelfeld: Badenheim 1939
Título original: Badenheim 1939
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable
Conocer las circunstancias que marcaron la niñez de este escritor
(1932-2018) solo puede despertar curiosidad por conocer su obra. Para situarle
en su contexto, diré que padeció la represión nazi como la mayoría de judíos
europeos de su época. Pero su caso es diferente: aunque el lento desarrollo de
los acontecimientos, su gusto por las descripciones y por la narración
indirecta (lo que cuenta parece irrelevante pues lo que importa de verdad es
todo lo que calla) nos recuerden a otros colegas suyos como Zweig y Joseph
Roth, en realidad pertenece a la generación siguiente, la del otro Roth, el
estadounidense con quien llegó a trabar amistad y cuya entrevista de 1988
encabeza la edición que he leído.
El niño Aharon, de familia acomodada, se vio con solo ocho años despojado de todo. Tras el asesinato de su
madre, escapó del campo de concentración y tuvo que sobrevivir gracias (o a
pesar de) la voluntad de los adultos que iba conociendo. Finalmente, pudo
llegar a Israel y reencontrarse con su padre. Es allí donde aprendió hebreo,
cursó estudios universitarios y desarrolló en ese idioma una extensa carrera
literaria.
Appelfeld no suele interesarse explícitamente por la maldad o la desgracia,
más bien retrata el negativo de estas realidades y es el lector quien debe
completar el resto. La infancia, la bondad, la ingenuidad, el hábito de
evadirse, en definitiva, la vida confortable, al margen de una realidad más o
menos dramática, suelen constituir el marco en el que sitúa sus argumentos. Hay
mucho que escarbar bajo esa superficie brillante y distinguida, detrás de la
monótona (pero opulenta) cotidianeidad que aparece en Badenheim 1939. Porque, no nos engañemos, la fecha del título ya
nos da una pista, nada está puesto ahí al azar, todo tiene su razón de ser y el
lugar exacto donde encaja perfectamente.
A cargo del Roth más contemporáneo, y como antesala a una concienzuda
entrevista, se ofrece el relato a grandes rasgos de su vida, los caracteres de
su escritura, la impronta kafkiana de esta etc. El mismo entrevistador parece
impactado –como lo estaremos nosotros más adelante– por la serenidad del relato,
una impasibilidad aparente que, como decía antes, apenas muestra más que la
cara amable de personas, lugares y hechos, y que el propio Roht describe así: “Tan única como el tema es la voz que se
origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y
con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la
historia.” Y hace notar al entrevistado que los datos para comprender la
situación no están en la mente de los personajes, ni siquiera el escritor los
suministra con el detalle necesario, ha de ser el lector mediante sus conocimientos
históricos quienes desvelen el trasfondo de lo que ocurre. Y es que Appelfeld,
perplejo después de tantos años por la facilidad con que se produjeron hechos
tan terribles, por esa tolerancia rayana en la complicidad con que las víctimas
se dirigían alegremente a su destino, opta por resaltar esa actitud. Recordemos
que él aún no tenía edad para entender lo que estaba ocurriendo, menos aún para
tomar decisiones, de ahí esa postura radicalmente distinta a la de autores de
más edad.
Tras esta ilustrativa preparación nos enfrentamos, por fin, a la novela. Ya
no puede sorprendernos ese pueblo de veraneantes, tan pacífico y soñoliento,
tan consciente de su condición privilegiada, donde la mayor preocupación
consiste en saborear la excelente repostería local, descansar plácidamente,
disfrutar de los conciertos programados y estar al tanto de los últimos
chismorreos para no aburrirse más de la cuenta. El novelista describe
minuciosamente la belleza del paisaje a medida que se suceden las estaciones
del año. Los personajes viven en la indolencia la mayor parte del tiempo, si no
fuera por los datos suministrados en el prólogo, la irrupción en escena de un
Departamento de Sanidad, que se infiltra en zonas privadas y públicas, solicita
información y obliga a los residentes a inscribirse, la nueva situación nos habría
pasado desapercibida. A partir de ahí, las condiciones se van volviendo más
penosas, pero muy poco a poco y sin que los personajes le den excesiva importancia, solo el lector se
alarma con la metáfora de los peces. Las comunicaciones parece estar cortadas,
pero lo atribuyen a algún problema subsanable, hay rumores de un traslado a
Polonia que todos reciben de buen grado, piensan que, si la vida en Badenheim
empieza a complicarse, nada mejor que trasladarse a un lugar donde,
presumiblemente, se les recibirá con los brazos abiertos. Encontramos aquí la
candidez que Appelfeld mencionaba en la entrevista.
Es cierto que la atmósfera de esta novela corta resulta algo irreal, que el relato mantiene un aparente estatismo ya que lo relevante permanece semioculto, pero bajo su aspecto de irrealidad la novela está hablando de nosotros, de los humanos de hoy, de ayer y de siempre. ¿O acaso piensan que hoy mismo no seríamos capaces de una frivolidad escalofriante en momentos de verdadero peligro para la especie humana, que solo los que –según cuenta el novelista– habitaban Badenheim en esa época vivían procurando no leer la prensa y preocupándose únicamente por que el agua alcanzase la temperatura adecuada, los pasteles se sirviesen a su hora o en vigilar el estado de ánimo de los músicos cuando estaba a punto de producirse un Holocausto? Imposible que eso suceda en nuestra época, ¿no es verdad? Y, volviendo a los personajes, ¿caerán en la cuenta alguna vez de la amenaza que se cierne sobre ellos? Eso me lo reservo. Lean.

















