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viernes, 18 de septiembre de 2026

Eduardo Jordá: Número cero

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Cuando Jordá noveló la vida de Anna Ajmátova, ya me pareció una injusticia que la modesta editorial en que publicó la obra no dispusiera de la capacidad de repercusión o promoción que el libro merecía. 

Pero Libros del Asteroide (supongo que por el empujón que le han faciltado ciertos éxitos) ya es otra cosa, y sus inconfundibles lomos y portadas empiezan a poblar librerías y bibliotecas, ya hace unos lustros, y con sus lógicos (y algunos ya comentados) altibajos, empieza a erigirse en una poderosa alternativa a los grandes grupos fagocitadores de aventuras editoras. 

O sea, supongo que Número cero no parte con esa desventaja, o parte con esa cierta ventaja. Añadamos que, por supuesto, Bob Dylan es una figura notoriamente más conocida que la poetisa rusa. Que el tiempo y el hábitat en que desarrolla su carrera ha sido más proclive a divulgación y transparencia. Aunque debo reconocer formar parte del colectivo que arqueó la ceja cuando recibió el Nobel de Literatura, está claro que su trayectoria musical, su influencia, su empecinamiento por continuar grabando y tocando música lo sitúa en un universo aparte. Historia viva, se dice. Como tal, y como se reconoce en las páginas de este libro, son centenares los libros que se han escrito sobre él. 

Aun así, Jordá logra entregarnos un texto único, que funciona en varios planos. Primero, el meramente biográfico, en el que Jordá renuncia a la típica semblanza informativa, cosa que se agradece, no es cuestión de acaparar páginas para lo que es casi del dominio público. Pero es que incluso esa elección, la de un puñado de aspectos de su existencia, algunas anécdotas en detrimento de otras más conocidas, tiene algo de literario, mucho de creativo. Jordá interviene de forma decisiva ahí, deja su huella como autor. Luego tenemos pasajes que se escoran hacia la crónica, en los que el autor comparte experiencias personales de vivencias relacionadas con sus indagaciones sobre el personaje, o no, porque ya en ese punto aventuramos que nos encontramos ante algo que, pese a la aparente humildad de su formato y extensión, registra una ambición subyacente, la de ese Jordá que se bifurca en narrador, cronista, poeta, admirador, incluso crítico musical (o literario, visto lo del Nobel). Y ese plano asoma con poder en capítulos brillantes que trascienden hablar del músico, su existencia y su obra. Jordá se desata e impregna de personalidad esas elecciones de este u otro texto del músico,  de esta u otra circunstancia de su existencia, de esta u otra faceta de la personalidad de Dylan. 

Hay donde elegir, pero esta es una "biografía" creativa, subliminal, contemporánea, valiosa, marcadamente lúcida y que pone de manifiesto, de forma simultánea, no solamente la importancia de Dylan como referente sonoro, intelectual y cultural, sino la de Jordá para sintetizar una existencia tan notable y prolongada a base de magistrales pinceladas.

Obra (o traducciones) de Eduardo Jordá en ULAD aquí

lunes, 14 de septiembre de 2026

Gonzalo Núñez: Los retratos desparejados

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Así, cuando alguien ve un cuadro o lee un libro es el tiempo el verdadero tema, pero este es tan astuto que hace creer al lector o al espectador que solo es una historia de amor o de guerra o el retrato de un hombre que ya pasó por este mundo.

Pues sí, queridos, creo que esta frase extraída de la página 72 de la novela podría ser una buena aproximación a esta porque, aunque Los retratos desparejados parece una texto sobre relaciones de pareja en pleno siglo XXI, lo que Gonzalo Núñez nos ofrece en su segunda novela es una historia / tratado sobre el amor y el desamor (eso es innegable), sobre el peso del pasado y de la culpa, sobre lo que fue y no se vio o sobre lo que se vio y no fue, sobre palabras no dichas, sobre palabras supuestas, sobre el tiempo, el puto paso del tiempo.

Todo lo anterior con el arte como telón de fondo. Son los retratos desparejados (dípticos de parejas o matrimonios pintados por autores flamencos allá por el siglo XV y que por diversas causas y azares fueron separados) que dan título al libro la imagen perfecta de la separación y de la ruptura, así como el punto en el que confluirán pasado y presente del narrador y protagonista.

Esta presencia del arte permite al autor introducir digresiones sobre el mundillo. El problema está en que, si bien resultan interesantes y darían para un ensayo de lo más entretenido, personalmente me sacan un poco de la trama principal, esa centrada en la psicología del amor, en cómo vemos o creemos que nos vemos (y ven). Y mira que me jode porque la indagación sobre el amor y el desamor y sus alrededores tiene ritmo, es profunda, casi obsesiva y retrata a la perfección estos tiempos líquidos que nos ha tocado vivir y la parte más "ensayística" le da un puntito intelectual que a gafapastas y curiosos (ejem, aquí hay uno) disfrutamos.

En cualquier caso, Los retratos desparejados no deja de ser una buena novela en la que hay un fuerte componente generacional (recomendada especialmente para nacidos en los 70 - 80) y en la que las influencias van de Javier Marías a Milan Kundera, pasando por un Houellebecq relajadito. La influencia de Marías se aprecia ya desde la primera frase, muy al estilo de Mañana en la batalla piensa en mi o Corazón tan blanco, pero también en el manejo del lenguaje y los saltos temporales; la de Kundera en las reflexiones sobre el propio "hecho amoroso", un poco en la onda de La insoportable levedad del ser  (a veces me parece ver por las páginas de Gonzalo Núñez a Teresa y Tomas); la de Houellebecq relajadito en ese retrato de nuestro tiempo, aunque sea menos oscuro y pesimista que el del francés. ¡Palabras mayores, eh!

En fin, como decían en Con faldas y a lo loco... Nadie es perfecto. Esta novela tampoco. Eso sí, es de lo más recomendable.

martes, 8 de septiembre de 2026

Alejandro Sawa: La mujer de todo el mundo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1885

Valoración: Recomendable 


La literatura y la música tienen cosas en común, seguramente bastantes, pero quizá la más significativa puede ser que transmiten sensaciones. Esta capacidad es en mi opinión un valor, no el más importante pero sí destacado a la hora de apreciar una obra literaria, y desde este punto de vista la novela que escribió Alejandro Sawa con apenas veintitrés años muestra un potencial nada desdeñable.

Aunque en principio pueda parecer otra cosa, la historia gira en torno a la condesa del Zarzal, mujer de atractivo irresistible que reúne todo el catálogo de maldades que quepa imaginar: sirviéndose sin medida de su físico y sus artimañas de seducción, la condesa enloquece, manipula, exprime y consume por completo a todos los que le rodean, siempre con objetivos egoístas y detestables y, lo que es peor, disfruta en el proceso tanto como con el resultado de sus maquinaciones. Es el perfecto demonio femenino, síntesis y paradigma de la maldad en un cuerpo inigualable.

Como vemos, todo en este personaje es sumamente exagerado, sin matices ni oscilaciones, radical y extremo como solo puede serlo un relato juvenil, tan ingenuo en el planteamiento como escabroso a la hora de descender con cierto deleite a los detalles. Hay momentos en que ese Sawa de veintitrés años parece deseoso de protagonizar su propio libro, de ser él mismo uno de esos personajes que doblan la rodilla ante el poder devastador de esa mujer, como confesando su sumisión a ese mundo hiperbólico de placeres y emociones extremas, ansioso de vivir tales situaciones aun con la certeza de que con ello se buscará la ruina. Aunque a decir verdad no parece que la vida del autor fuese exactamente por ese camino de excesos, digamos como un Modigliani literario, de manera que todo parece quedar confinado en el terreno de la ficción.

Pero, volviendo al principio, las sensaciones son intensas, y aunque el argumento tenga en realidad bastante de folletín, prevalece el fuego que su malvada protagonista desata en su entorno, hasta atrapar al lector como podría hacerlo un relato de terror: no nos agrada lo que vemos pero queremos seguir dentro de esa historia, de manera que el lector caería en la misma tentación que atribuíamos al autor, aunque a salvo de posibles daños.

Otra cosa es que técnicamente la narración no resulte muy académica. La prosa, aunque florida y vehemente, es a veces bastante incorrecta (aun habiendo registrado cierto pulido previo según se revela en el prólogo), con algunas incongruencias en la sintaxis, frases que quedan en el aire y hasta ciertos errores léxicos. La misma estructura narrativa parece cuestionable, apuntando a direcciones que quedan abandonadas o acumulando escenas sin una conexión convincente. Todo es explosivo, casi improvisado con voluntad de incendiar o de mostrar un incendio interior, que tanto da, y en ese sentido, con todas sus imperfecciones el libro resulta convincente y transmite con eficacia lo que quiere. 

A veces conviene quizá bajar un poco la guardia y no ponernos tan exquisitos. De esta forma podremos apreciar un libro como este, que a pesar de sus deficiencias rezuma frescura y honestidad, y esos son valores que tampoco conviene despreciar.

P.S: Sobre Alejandro Sawa como escritor y personaje de su época tenemos información interesante en las otras reseñas sobre el autor que ponemos aquí debajo.

También de Alejandro Sawa reseñado en ULAD: Criadero de curasNocheDeclaración de un vencido


lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria Luiselli: Principio, medio, fin

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible


Este libro es una maravilla. A partir de ahí, vamos a ver si consigo transmitirles el sentido de tan elevada valoración. Nos encontramos con un libro original, valiente, excelentemente narrado y exquisitamente cerrado. Y es que su autora, la escritora mexicana Valeria Luiselli, derrocha talento y nos presenta una obra enormemente ambiciosa que se sitúa a medio camino entre la novela, el ensayo y la autoficción, y tocando géneros tan diversos sale airosa de todos ellos.

La obra comienza con la llegada de una madre y su hija a Sicilia. La madre está escribiendo una novela, se acaba de divorciar y está buscando reorientar su vida. La hija es una adolescente que cuestiona, porque está en edad para ello, muchas de las decisiones de su progenitora. Asistiremos a lo largo de la novela a un continuo proceso de crecimiento personal, tanto de la madre como de su hija, que iremos comprobando a través de los  diálogos que sostienen. Porque como señala la protagonista, en este momento de su vida se encuentra en el medio: " Me queda claro lo que ocurre en el medio, a la mitad de las cosas: si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta años, parada, pues, en su ápice, lo que se observa es, de un lado, a los hijos entrando a la vida, empezando su camino, y del otro lado del arco, a los padres, en su camino hacia fuera, retirándose. La mitad, entonces, es ese lugar difícil desde el que se observa como la vida se encuentra con la muerte, cómo la llegada se anuda con la partida. La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable".

La idea del viaje a Sicilia no es casual. La bisabuela de la familia era siciliana y en un momento dado abandonó la isla buscando mejorar su vida. En esa huida se llevó consigo un mosaico robado de la Villa de Casale, donde trabajaba en las excavaciones,  que representa la cabeza de Proteo, un dios griego capaz de cambiar de forma y predecir el futuro, que dará pie a la autora para introducir en la trama una serie de elementos mitológicos y de cultura clásica.

La madre y la hija consideran que  el mosaico debe regresar al lugar al que pertenece y viajan por la isla para devolverlo. La inquietante presencia del Etna, de las tormentas, de los vientos que dan nombre a cada uno de los cuatro capítulos en que se divide el libro y los incendios que asolan la isla acompañarán a nuestras protagonistas que van transmitiendo por internet a su abuela, que vive en México, tanto su periplo por la isla como los avances en la novela de la madre. Estos correos a la abuela sirven a la escritora mexicana para realizar un ejercicio metaliterario, en el que se nos desvelan las relaciones entre la escritura y la vida: "Una novela sobre una madre y su hija, una hija y su madre, viajando a lo largo de alguna orilla hacia otro marco temporal. Una novela a la mitad, en el medio de la novela, a medio camino de las cosas. ¿O no es una novela sino un ensayo? Tal vez la mitad no quepa en la arquitectura apretada de las novelas, en el corsé de la trama. Tal vez la mitad, la parte de en medio, sea más afín al espíritu holgado, deambulante del ensayo. Tal vez tenga que ser un ensayo hasta que pueda volver a ser una novela. Un ensayo con un principio, un medio y un fin".

Luiselli va construyendo un mosaico en que, más allá del viaje de las protagonistas, se van relacionando las vidas de las cuatro generaciones representadas por la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. La memoria y la maternidad son, sin duda, los ejes de la novela: "Pensamos que lo que les damos a nuestra hijas es algo así como una estafeta en una carrera de relevos. Les pasamos lo que tenemos para que ellas continúen su camino solas, pero con más herramientas, y tal vez gracias a eso puedan tener mejores vidas, tomar mejores decisiones".

Efectivamente, la hija tomará ese relevo y se convertirá en protagonista final de la novela en un giro inesperado que demuestra el enorme talento como narradora de Luiselli. Así escribe la hija a su abuela: "Yo sé que Mamá no te ha mandado nada todavía. No te ha mandado nada porque no ha terminado, es muy lenta. Escribió la primera parte y luego la parte de en medio, pero dejó toda la parte final vacía. Y ya no va a tener tiempo para escribirla. O tal vez nunca va a poder escribir el final, tal vez le da miedo o le da flojera o simplemente no sabe cómo es el final". Aquí debería citarles el maravilloso párrafo final del libro, tal como lo escribe la hija, pero sería un spoiler inexcusable. 

Al final del libro, a modo de epílogo, se incluye un anexo con 32 polaroids que recogen el itinerario de nuestras protagonistas  y un QR que contiene un archivo de sonidos recogidos en la isla.

Esta es mi mejor lectura del año. Una novela escrita con elegancia y naturalidad, con unos diálogos deliciosos y sugerentes entre las protagonistas, con referencias continuas a temas literarios y filosóficos, con reflexiones precisas sobre la vida, la memoria y el paso del tiempo  y con el telón de fondo de la maravillosa Sicilia. Imprescindible.

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Los niños perdidosDesierto sonoro

martes, 1 de septiembre de 2026

Reseña Bipolar. Fernando Bonete: La hija del Fénix


Idioma original:
español

Año de publicación: 2026

Valoración: rancio

Si no conociera a Fernando Bonete...

Hubiera leído La hija del Fénix hasta la página 45 o 50, y abandonado entonces, ya algo desganado porque lo de la novela histórica no es lo mío, ni siquiera me habría dado la curiosidad como para interesarme sobre el enlace entre los dos pinturas que preceden al texto, cosa que ya, más o menos, la sinopsis se hubiera encargado de desvelar. Seguramente, tras una mirada bastante fugaz a la semblanza del actor, hubiera pensado otro más que se va a dedicar a la novela histórica. En cualquier caso, como son libros que suelen estar confinados a las mesas de las librerías de Planeta o de grandes superficies, difícil que me cruzara con este género y que coincidiera  encima el autor. Chao pescao.

Pero conozco a Fernando Bonete...

Que, claro, ha publicado esta novela, y en Espasa (subsidiaria de Planeta con firmas como Risto Mejide en su nómina) porque en su vida paralela como bookstagramer, o cómo narices querráis llamar a eso, alcanza ya cerca de setecientos mil (o 700 K) seguidores, muchos de ellos, meros curiosos, claro. Pero alguno seguirá sus recomendaciones a pies juntillas, y acumulando cientos de comentarios en sus posts (alguno de ellos, por lo de diversificar, hablando, lo juro, de los cinco mejores pasodobles, o las cinco películas más tristes) y elevado, con contratos publicitarios de por medio, las cursillas son mías, a la cima de la divulgación cultural conseguida, eso sí, por sus méritos, muchas veces con la burda estrategia de esconder la portada del libro hasta el final del reel, y a ser incluso saludado por los monarcas españoles, en una de esas extrañas y protocolarias recepciones. Desprende una imagen de yerno perfecto y dedica esta, su primera novela, a su familia, cómo no, no hay sitio alguno a referencias perniciosas. 

Claro que algún escéptico dirá que es que le tengo (o le tenemos, aquí somos asamblearios, argh, incluso en eso) envidia. Bueno, nosotros enseñamos la portada de buenas a primeras, y la valoración va pronto, no hay suspense que administrar, pues tanto no nos obsesionan ni los seguidores ni las visitas. Puede que pienses, Fernando, si nos lees, pero esto es una conjetura, qué pringaos que no monetizan, pero nos gusta la independencia (aclaro, la del blog) y no tener que rendir cuentas.

Bueno, centrémonos: lo del libro. Diría ya, a costa de mi última expresión: rendir cuentas ante el Altísimo. Porque la característica principal de La hija del Fénix es el rigor con el que Bonete* afronta el lenguaje, recargadísimo de toda clase de expresiones arcaicas, especialmente, justificado, en las especulaciones de diálogos o correspondencia, pero, injustificado, cuando, en varios momentos, el narrador aclara relatar desde un periodo más cercano a la actualidad y no al del siglo XVII en que se desarrollan los hechos. Esa es una primera y sustancial barrera, ya no las eternísimas últimas treinta o cuarenta, sino todas y cada una de las trescientas ochenta páginas del libro, que sufren de ese lenguaje impostado e incómodo, que seguramente el autor ha documentado, y al que no ayuda para nada su gusto por las frases eternas, su tendencia a barroquizar no solo lenguaje, sino construcción. Y creo que en el subgénero elegido para su puesta de largo, que es la novela histórica con aires eventuales de folletín, la legibilidad debería ser una premisa. 

Y no: esta biografía de una hija ilegítima de Lope de Vega que se confinó, por tal condición, en un convento y se dedicó a escribir, quedando mucha de su obra reducida a cenizas, mientras Lope de Vega seguía saltando de cama en cama (a pesar de su sacerdocio) y mendigando a la nobleza madrileña dinero, o favores, para poder mantener a su familia - a la suya y a todas las que eran obra de su inmensa tarea de fecundación - como novela resulta ser una mera exhibición bastante onanista. En algún momento Bonete pretende intercalar algún mensaje ligeramente reivindicativo, pero el encarcaramiento de su prosa lastra de forma absoluta cualquier tímida intención, oculta entre tanto ornamento, tanta ampulosidad, es tal la necesidad de mostrar lo mucho que ha investigado, que ha trabajado, que se ha documentado, que la novela se desmorona donde estas novelas deberían remontar: cautivando al lector, empujando a seguir.

En fin: Fernando Bonete ha elegido (a tenor de su bagaje lector entiendo que pudo manejar otras opciones) lo que es provechoso económicamente: ser un nuevo Pérez Reverte. Dice, en algún momento, que para atreverse a escribir se ha de haber leído mucho (Markson dijo que mil quinientos libros leídos por uno escrito: echad cuentas). Venderá unos miles, por supuesto. Su figura seguramente crezca, e incluso algún incauto le procure rendidas alabanzas, pues hay que encontrar salvadores de la literatura y nos conformamos con poco. Sus siguientes pasos puede que sean recomendar los estantes en que - tan ordenaditos - guarda sus libros, o quizás aconsejar el tono del estampado de sofá o de cortinas que mejor combinen con ellos. 

Una broma muy privada sería decir que es el Emilio Aragón de los prescriptores, si bien esto ya poca gente va a pillarlo. Pero es que es justo eso.

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 * No me quedaré con las ganas de parafrasear a Jarvis Cocker y decir I am not Fernando Bonete though I have the same initials.

lunes, 24 de agosto de 2026

Ignacio Peyró: El español que enamoró al mundo


Id
ioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: muy recomendable

Primero, hagamos las debidas presentaciones. Julio Iglesias me repugna. Absolutamente. Desde su música, canción romántica reducida a susurros para ensoñaciones eróticas light, hasta sus influencias (quién puede perdonar a sus hordas de émulos, empezando por el nauseabundo Bertín Osborne) y ya no digamos su desacomplejada pose ideológica y su ostentosa existencia, sin perjuicio de su machismo recalcitrante, demostrable más allá de suposiciones recientes.

¿Y qué narices hago yo leyendo algo que se podría validar como una biografía suya?

Bueno, he de decir que lo primero que seduce del texto de Ignacio Peyró es cómo el autor establece distancias, de manera tan sutil como constante, esos contrapuntos, esas notas a pie de página, ese sarcasmo que recorre el texto, una ironía postmoderna de un autor que ya entiende que sabemos muchas de las cosas que va a explicar, que está tratando con un material que forma parte ya no del dominio público sino del imaginario generacional más básico, y que sabe que el lector no le perdonará que los elogios se extiendan más allá de lo que nos resulta confortable. Entonces, descontemos que hablará de su perseverancia para obtener un éxito global, descomunal, de sus hazañas de alcoba, excesivas, descontroladas, de sus esposas y novias, de sus líos con representantes que buscarán - esperando lo que haga falta - venganza. Aunque resulte que a su entorno, a todos aquellos que le catapultaron al éxito, rara vez se les recuerda por sus caras, si acaso por sus nombres, eran aquellos que estaban al lado o detrás, mientras él se ponía al frente e interpretaba (va, cantaba) sus omnipresentes éxitos, o, por ejecutar una reducción casi cacofónica, follaba y se forraba.

Obviamente los mejores tramos del libro son aquellos que acumulan nombres y pequeños detalles desconocidos que configuran su personalidad, que relatan su periodo glorioso, digamos hasta los años 90, no voy a revelar detalles, pues son esos párrafos, que Peyró escribe brillantemente desde una óptica ligeramente crítica, eso sí, sin especulaciones de caracter morboso que acercarían este texto a lo sensacionalista, pero dejando algunas piedras en el camino, algunas socavadas perlas que, sin tildar directamente a la estrella de mezquino, de avaricioso, sí que corroboran que este texto no pretende obtener su beneplácito en modo alguno, tanto menos cuando desmiente algunos aspectos que han sido convenientemente pulidos para dulcificar la historia del cantante. En consecuencia, ese tramo final, cuando Iglesias, ya con cierta edad, ha dejado de aparecer en público con frecuencia, y todo lo que se sabe de él es a través de la gestión administrativa de su fortuna, añadiendo que, con la estabilidad de su matrimonio, su vida sexual/sentimental ha abandonado el ritmo agotador de sus años dorados.

Gracias a Peyró, entonces, que ha renunciado a ejecutar una biografía al uso y tampoco ha sucumbido a la especulación.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Laura G. de Rivera: Esclavos del algoritmo

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


Comentarios previos: supongo que es notorio que en este blog no nos gusta la IA, al menos en lo que pueda tocar a la literatura, la creatividad o la opinión, ni tan siquiera en funciones de acompañamiento o corrección. Personalmente no la he utilizado nunca, al menos de forma consciente, ni pienso hacerlo si puedo evitarlo. La segunda puntualización sería que ni siquiera distingo bien lo que es la IA de los algoritmos que gobiernan, entre otras muchas cosas, el funcionamiento de la mayoría de aplicaciones que utilizamos. Quiero entender que son dos cosas estrechamente relacionadas, pero ni siquiera la lectura de este libro me ha servido para clarificar conceptos. 

Este es básicamente un libro de denuncia, como deja bien claro su título y subtítulo (‘Manual de resistencia’, ejem), es decir, ante un fenómeno-descubrimiento-herramienta rabiosamente actual, la periodista autora levanta la mano para alertar sobre sus peligros, sus sesgos, atropellos que implica, negocios multimillonarios que sustenta. La IA (y/o el algoritmo) no son cosas inocuas, dice Laura G. de Rivera, son instrumentos concebidos en primer lugar como un gran negocio del que se benefician los tecnoligarcas que todos conocemos y algunos que no, se nutre de los datos que nos han robado (y siguen robando) de todas nuestras comunicaciones privadas, muestra sesgos peligrosos hacia la radicalización política (vende siempre lo más llamativo), impulsa sin recato al consumo y la dependencia tecnológica, explota materias primas de países pobres además de a sus propios trabajadores, deriva en prácticas de videovigilancia masiva en perjuicio de la privacidad, consume enormes cantidades de recursos que agravan el cambio climático… y no sé cuántos horrores más.

Repito desde mi desconocimiento de ese mundo que no sé si todo esto es atribuible exactamente a la IA o a esos misteriosos algoritmos, pero tanto da. Hablamos de esa tecnología que tiene sorbido el seso a la gente con sus maquinitas cada vez más caras y sofisticadas, y de aplicaciones progresivamente más oscuras que escapan a nuestra comprensión hasta que alguien denuncia todo este tinglado. Muchos de estos denunciantes, investigadores, expertos en diversas materias, periodistas como la propia autora, y personajes como el famoso Edward Snowden siembran de citas más o menos apocalípticas el libro entero avisando de los peligros, denunciando el fabuloso negocio, llamando a esa resistencia que, la verdad, no tiene muchos visos de hacerse efectiva en una sociedad en la que somos 

'Increíblemente lerdos a la hora de dejarnos embaucar por todo lo que huele a modernidad y moda'

Cierto, desde luego, cuando deglutimos una y otra vez anuncios según los cuales sin una aplicación adecuada (y conexión, datos) no es posible viajar, ni elegir un restaurante, estar conectado equivale a estar vivo y hay quien es ya incapaz de escribir un simple correo sin consultar a Chat GPT. Incluso hay quien se sirve de estas tecnologías para hablar de literatura, hay que ver.

Siempre está bien que haya quien levante estas banderas, que para captar la atención deben mostrar radicalidad y cierto grado de intransigencia. ¿Qué sería del mundo actual si hace medio siglo no hubieran nacido movimientos ecologistas y antinucleares mostrando los espantos de un planeta asfixiado por la voracidad de la industria contaminante y el crecimiento a cualquier precio? Otra cosa es que uno, ya al tanto de lo denunciable, para obtener información espere algo un poco más equidistante (ya, suena muy mal), unos datos con menor carga que nos permitan valorar mejor las ventajas e inconvenientes de lo que se nos ofrece. Además de lo que el libro pone encima de la mesa quisiera conocer, humilde profano, a qué utilidades se está abriendo la puerta en materia, qué se yo, de medicina, industria, investigación. Cosas en las que esos inventos, en algunos aspectos tan dañinos, pudieran servir para mejorar de verdad la vida de la gente.

Tiene su mérito reunir tantos datos sobre los peligros de la tecnología y sus efectos indeseados, pero por ese mismo camino sería perfectamente posible (y a buen seguro se habrá hecho ya) denunciar el daño provocado por otras tantas realidades económicas que tienen también su lado oscuro, la moda, el turismo masivo, las distintas fuentes de energía, el negocio del fútbol, las grandes infraestructuras, el propio internet sin ir más lejos. ¿Nos negamos en redondo a todo ello, o más bien necesitaríamos conocerlo en todas sus perspectivas para poder valorarlo adecuadamente?


domingo, 9 de agosto de 2026

Sara Mesa: Oposición

 Idioma original: español

Fecha de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Sara Mesa es una escritora que no deja indiferente. Es un tema recurrente que en muchos medios, incluido este blog, cada nueva publicación de la escritora madrileña se convierta en el centro de enconados debates entre los que la consideran una de las más originales voces de la literatura española contemporánea y quienes la consideran un bluff, una escritora con un éxito sobredimensionado con respecto a la calidad de su obra.

¿Qué territorio piso yo? Pues me quedo un poco en tierra de nadie. Me gusta su forma de escribir y los dilemas morales que suelen encerrar la mayoría de sus novelas, pero considero que, en algunas ocasiones, no consigue cerrar bien el desarrollo de sus libros. Voy a mojarme y les diré que Cicatriz, me parece una excelente novela: original, atrevida y sugerentemente perversa.

Después de esta, espero que consideren breve introducción, vamos con la novela que ocupa esta reseña. Debo advertirles previamente que si no tienen el menor interés en saber como se desarrolla la jornada laboral de un funcionario de administración general, este libro no es para ustedes. Porque eso es lo que nos presenta Sara Mesa en su última novela, el rutinario desarrollo de la jornada laboral de una funcionaria interina durante meses en un puesto de trabajo cuyas funciones y atribuciones no están nada claras. Alrededor de esta funcionaria, Sara, se despliega una entrañable galería de funcionarios (Beni, el Monago, Teresa, Echevarría, el enigmático jefe de negociado dos...) que intentarán transmitir a Sara su fe en la necesidad de la existencia de la administración: "Los trámites son como los ladrillos de una casa se colocan uno sobre otro con lentitud y con cuidado: visto desde fuera, puede resultar un trabajo mecánico y tedioso, pero es la única garantía de solidez".

En este sentido, Oposición puede recordarles lejanamente a El castillo de Kafka. Si en aquella novela el agrimensor K se presentaba a un puesto de trabajo para el que nadie parecía haberle convocado y se veía envuelto en una  interminable serie de encuentros con funcionarios que ignoraban el objeto de su estancia en el lugar, en esta novela, Sara, nuestra protagonista, se pasa semanas enteras acudiendo a un puesto de trabajo sin que nadie sepa aclararle las funciones que debe realizar. No obstante lo anterior, aquí se acaban los parecidos, mientras la novela de Kafka destila un profundo e inquietante aroma de pesadilla, repleto de monólogos, diálogos y situaciones surrealistas de un alto nivel intelectual que la convierten en una obra maestra, Oposición no pretende llegar a tan intrincado nivel de análisis psicológico,  simplemente nos presenta la rutina diaria de un variopinto grupo de funcionarios que forman un complejo entramado laboral perfectamente reconocible que funciona según sus propias reglas.

La escritora madrileña aprovecha su propia experiencia personal como funcionaria para describirnos un universo caótico y jerarquizado, donde si el trabajo no existe se inventa. Eso es lo que le ocurre a nuestra protagonista. Después de meses vagando por los pasillos se le encomienda que se haga cargo de tramitar las reclamaciones de los ciudadanos a través de una nueva aplicación que se llama Réplica. Sara acoge esta tarea con entusiasmo porque entiende que por fin va a realizar una tarea útil. El problema es que la herramienta es un fracaso, apenas se reciben reclamaciones,  y Sara se hunde en el más profundo desconsuelo: "Cuando empecé a abandonar mis funciones y a redactar los informes de cualquier modo, solo para acabar cuanto antes, sin prestar atención a la exactitud de los datos, ni a la precisión del lenguaje, ni a los formatos tipográficos, ni a las incongruencias, ni a nada, hice un descubrimiento terrible: nadie apreciaba las diferencias".

Sara decide salir de esa situación de estancamiento y realizará un último intento subversivo de rebeldía, poniendo en circulación una serie de documentos a través de la  aplicación que gestiona, que pondrán a prueba la solidez del edificio burocrático que la rodea y su propia carrera laboral, puesto que Beni ha convencido a Sara para que se integre en la administración y prepare unas oposiciones.  

Nuestra protagonista ha provocado un cataclismo funcionarial de enormes dimensiones, del que no sabe si se derivarán consecuencias disciplinarias, pero no le importa: "Tengo miedo a pasarme la vida atrapada en un edificio como ese. A que la monotonía se convierta en costumbre y después en necesidad". Precisamente, la incoación del expediente disciplinario y la comparecencia de nuestra protagonista ante el órgano instructor es uno de los momentos más divertidos de la novela.

Y la novela acaba como comienza, con nuestra protagonista sumida en un mar de dudas y enfrentada al dilema de presentarse a una oposición para integrarse en un mundo al que no tiene claro si quiere pertenecer.

Es esta una novela para leer con calma.  Sara Mesa intenta transmitirnos las inquietudes de nuestra protagonista narrando la historia con un ritmo lento y sosegado, haciendo que nos fijemos en los pequeños detalles de su vida laboral. Parece que no ocurre nada y es que , efectivamente, durante muchas jornadas no ocurre nada. Al menos nada relevante. Crea  una novela con un ambiente hasta cierto punto opresivo, claustrofóbico, que se desarrolla casi exclusivamente en la oficina, y nos presenta a nuestra protagonista como una luchadora contra la apatía de una organización que la sobrepasa. Quizás la descripción  del día a día funcionarial se acaba convirtiendo en una pequeña rémora para el desarrollo de la historia. La escritora madrileña apenas introduce giros en su desarrollo y, en algunos momentos, la historia nos puede resultar aburrida y hasta tediosa, pero quizás ese es el ambiente que nos quiere transmitir Sara Mesa, puesto que lo conoce de primera mano. Si es así, evidentemente, lo ha conseguido.

Otras novelas de Sara Mesa en Ulad: Mala letra, Un incendio invisible, Cara de pan, Cuatro por cuatro, Cicatriz, Un amor

sábado, 25 de julio de 2026

Reseña + Entrevista: Entre las hojas escondido de David Muñoz Mateos

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Está muy bien

Hoy nos acercamos a la España vaciada. Y lo hacemos de la mano de David Muñoz Mateos, quien nos lleva a su Zamora natal (más concretamente a la Sierra de la Culebra, ya en la frontera con Portugal) para contarnos la biografía de Samuel, niño feral* convertido en lobo solitario que contempla desde lejos, y casi con recelo, a la manada.  

Esta vendría a ser la sinopsis de la novela, pero toda sinopsis tiende a ser reduccionista y el caso de Entre las hojas escondido no es ninguna excepción. De hecho, creo que la novela de Muñoz Mateos es una historia de marginación y abandono, sí, pero también una historia de utopías abandonadas,  un acercamiento al misterio de lo desconocido o un intento de entender las contradicciones propias y ajenas.

Rescato de los anteriores párrafos "propias y ajenas" y "frontera":

  • "Propias y ajenas" porque en este texto está Samuel Carvalho, protagonista absoluto, pero también un narrador que tiene mucho del propio autor y que se acerca, pasados los años, a un Samuel que despierta en él fascinación, compasión, envidia e incomprensión. Ese acercamiento permitirá al narrador descubrirse a sí mismo y efectuar una interesante (re)lectura del pasado.
  • "Frontera" porque Samuel y el narrador juegan en un terreno entre la civilización y la barbarie, "frontera" porque Muñoz Mateos se mueve entre la biografía, la novela, el ensayo o el reportaje periodístico y "frontera" porque la narración oscila entre un pasado y un presente no del todo claros. Ahora me explico.
Dicho esto, creo que las principales virtudes del texto radican en:
  • El trabajo con el personaje de Samuel y, en especial, con su lenguaje. Partiendo de la base de que me parece acertado dar voz a este tipo de personajes, se corre el riesgo de que esa voz no sea "creíble" o que sea demasiado similar a la de cualquier otro personaje. En este caso, Samuel tiene un importante desorden sintáctico, una gramática nerviosa y torrencial y ausencia total de orden cronológico (o digamos que vive en un eterno presente). Estos tres elementos hacen de él un personaje confuso y contradictorio, un ser que se mueve en el tiempo y el espacio como si las leyes (las espaciotemporales y las restantes) no fuesen con él.
  • La hibridación genérica. Entre las hojas escondido es una novela, indudablemente. Pero tiene una vertiente ensayística que va desde lo histórico (breve recorrido por la historia de los niños ferales) hasta lo pedagógico que engarza perfectamente con la ficción, al tiempo que la oxigena.
  • La utilización de diversas dualidades para articular la novela (campo / ciudad, Samuel / narrador,  padres del narrador o Aurora y Julián / cazadores) y de ciertas simbologías para ahondar en esas dualidades.
  • Su lado sensorial. La acción transcurre, fundamentalmente, en la Sierra y eso se hace notar. Sirva un ejemplo: "...primero entre arbustos de apariencia geológica a la luz de la luna y, poco después, casi a tientas, sobre el manto de acículas que alfombraba un pinar tupido, aspirando en el aire helado el olor de la resina y de la tierra húmeda".
El único "pero" que le puedo poner a la novela es una subtrama que parece abrirse al comienzo de la misma (el origen de(l abandono de) Samuel) y que parece quedar en nada. Creo intuir los motivos de su inclusión y su abierto final, pero no sé su inserción en el conjunto de la novela está plenamente justificada.

Poca cosa en comparación con todas las virtudes que tiene un texto que podríamos ubicar entre el Walden de Thoreau y Las leyes de la caza de Pilar Fraile. Aunque, pasados los días, me parece ver en la novela ecos de Delibes. Ya sabéis, aquello de lo humano en el paisaje (de Castilla, además), los personajes, mirada... No sé, igual mejor que lo leáis y nos contéis, ¿no?  

Eso sí, escuchad antes lo que nos cuenta David sobre la novela.  



* Niño feral o "niño salvaje" hace referencia a niños que han vivido fuera de la sociedad durante un largo período de su infancia. Se incluyen en esta desde personas que no hayan tenido el más mínimo contacto humano durante años a niños que hayan sido confinados.

lunes, 20 de julio de 2026

Antonio Monegal: La sombra del padre

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: recomendable


La premisa de este libro es el hallazgo por parte del autor de una caja de madera perteneciente a su padre en la que encuentra fotografías, cartas, postales, poemas y recortes antiguos. Dado que el padre falleció cuando Antonio Monegal tenía ocho años los recuerdos que atesora de su progenitor son muy vagos e imprecisos y, por ello, emprende una reconstrucción casi detectivesca de la vida de su padre a través de los indicios que encuentra en la caja.

Monegal es consciente de que la historia que le puedan contar los documentos encontrados es fragmentaria e incompleta, porque también desconoce porque su padre decidió guardar esos objetos y no otros, pero aún así decide emprender la tarea de reelaborar su historia: "La caja me da pistas. Intento reconstruir una secuencia. No todos los datos son relevantes. De hecho la irrelevancia domina en lo que desentierro, si por relevancia entendemos aquello que da sentido al recorrido de una vida. La mayor parte de la existencia de la gente corriente está hecha de fragmentos deslavazados y, con suerte, algunos destellos de plenitud". 

Para intentar completar el sentido de los fragmentos que va encontrando, Monegal tendrá que recurrir a archivos y registros oficiales, puesto que, como reconoce, hasta ahora no había sentido la necesidad de reescribir la historia de su padre, ya que convivió muy poco con él, y ahora es demasiado tarde para preguntar a los que le conocieron en algún momento de su vida, porque la mayoría han muerto.

La vida del padre de Monegal dista mucho de ser la historia de un hombre corriente. A pesar de las innumerables lagunas que encuentra en su investigación sabemos que fue recluta en Marruecos, que escribió poemas y conoció a Lorca al inicio de la guerra civil, que durante la guerra  fue monitor de gimnasia y natación en Portugal y que posteriormente emigró a Canarias y se dedicó a exportar plátanos. Finalmente recala en Barcelona donde contrae matrimonio y decide sentar la cabeza. A pesar de los huecos que va encontrando, el autor va dibujando un retrato de su padre, aunque como reconoce no sale muy favorecido y quizás algunos detalles merecerían quedar en la oscuridad.

El escritor catalán sintió, en algún momento, la tentación de ficcionalizar la vida de su padre y convertirla en un relato más novelesco, pero pensaba que estaría pisando terreno resbaladizo y todo sonaría demasiado falso. Al fin y al cabo, como reconoce más adelante: "El no fue nadie. No se distinguió en ninguna gesta memorable. No ha pasado a anales ni leyendas. Su historia es la de la gente corriente, los destinados al olvido". 

Monegal, ensayista y catedrático de Literatura, compone un relato contenido, pausado y sincero. Efectivamente, este relato no es ni una crónica histórica, ni una biografía. El autor construye una especie de ensayo novelado sobre el tiempo y las relaciones familiares, sobre el recuerdo y la nostalgia, sobre la paternidad como forma de conocerse y completarse: "No quiero irme de mi tiempo sin explorar aquellos detalles olvidados, lo que dejé que se esfumara, lo que esquivé y desatendí por culpa del agobio de vivir".

No intenta convertir a su padre en un ser modélico, ni en un memorable personaje de ficción. A lo sumo pretende, ya que no tuvo una figura paterna como referente que sus hijos le conozcan mejor que él a su padre "y no tengan la misma tentación que yo de fisgar en el pasado de su progenitor".

miércoles, 15 de julio de 2026

Jose Serralvo: La sombra de los perros románticos

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: casi imprescindible

Veintitrés años sin Bolaño, y, quizás por incomparecencia de mejores candidatos alternativos, el mito en torno a su persona se mantiene y ejerce un magnetismo pulsátil, recurrente; de hecho, su influencia sobre una generación de autores en cualquier idioma constituye una sombra (que tanto puede proteger como amenazar) que condiciona, seguro que a partes iguales, tanto a la crítica como a la producción literaria, afanadas ambas en acercarse al nivel de sus obras magnas. 

Esquilmados sus cajones, sus discos duros, indagada su correspondencia, sus entrevistas, su siempre percibido como escaso material audiovisual, sometida su obra a sesudos análisis que exaltan la telaraña urdida en sus tramas, puesta en contexto y pergeñadas todas las teorías sobre su condición literaria, resulta que uno podría decir que estaba casi todo, pero Jose Serralvo marca un hito aquí.

Obviamente, desde una admiración rendida y con las dosis (advertidas y necesarias) de especulación, de aderezo narrativo para aportarle continuidad, y cierto grado de suspense, una biografía de Bolaño podría componerse picoteando aquí y allá, porque a poco que uno se haya interesado, conoce los grandes hitos: la estancia en México, una corta y osada aventura en el Chile de Pinochet, la llegada a Barcelona, los trabajos precarios, el descubrimiento, su temprana muerte. Serralvo se ha alejado de esa estructura wikipédica y ha aportado oficio. El oficio de un escritor que está, por supuesto, contaminado por el talante irónico y gamberro del chileno que nunca llevaba la contraria, pero que carga con la responsabilidad con todo el gusto, aportando estilo propio, notas a pie de página que aportan (y ya puestos, que recuerdan a otro genio desaparecido), ciertas subtramas, fruto de conjeturas, y ciertas, no, acerca de su familia, sus orígenes, amigos (algunos), enemigos (no tantos), parejas (bastantes), y, sobre todo, de ese colectivo literario que pululó a su alrededor, del cual fue miembro, gurú, ideólogo y abeja reina. 

Porque, por encima de todo y arrinconando con contundencia y habilidad los bulos - lo de la heroína, sobre todo - leer una biografía como esta de Bolaño - seguro que habrá otras - activa el gatillo, no solo de leer su obra íntegra y analizar su progresión, sino también el de acudir a sus influencias, a ver cómo funciona eso de la causa y la consecuencia, a ver si su espíritu bromista incluía cierta exageración en el ensalzamiento de sus dioses literarios, si estuvo al día hasta el último momento.

Paro. Parafrasearía algunas de sus expresiones, incluso alguna de la que, a base de atiborrarme de todo lo relacionado con él, ya he perdido el rastro del origen. Aquí, las hipérboles están justificadas. Al margen del interés que puedas tener sobre Roberto Bolaño, Serralvo ha conseguido, y no solo por un lógico mimetismo, por una comprensible capilaridad, desarrollar un artefacto literario con voz y personalidad propia.

Muchísimas reseñas de y sobre Bolaño en ULAD: aquí

domingo, 12 de julio de 2026

Constantino Molina:Niño parabólico

 Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable


Resulta difícil aproximarse a la reseña de un libro como Niño parabólico. Es un libro que no acaba de encajar en ningún género concreto. Tiene momentos en los que se acerca al ensayo, otros a la novela costumbrista y algunos también a la novela autobiográfica. Así pues, todos los géneros caben en esta novela caleidoscópica en la que Constantino Molina pretende un acercamiento a lo cotidiano desde una perspectiva muy personal.

Molina ha cultivado con anterioridad la poesía, género en el que ha cosechado algunos galardones, entre ellos el prestigioso premio Adonais, y nos entrega en esta ocasión su primera novela. Una novela en la que nos invita a pasear por Madrid, especialmente por el barrio en el que reside, Argüelles, y en ese deambular nos va transmitiendo tanto sus vivencias actuales, como las de su infancia. En esta ciudad caótica y acelerada reivindica la importancia de pasear, de dejarse llevar por los pequeños estímulos que todavía encierra la ciudad y  crea una dinámica de la contemplación a la que pretende que nos unamos.

Desde la divertidísima anécdota inventada de la niñez del escritor que da título al libro hasta las bondades del pandorino frente al bollycao, todo cabe en este libro. Los paseos por el parque del Oeste, la impresión de un tomate en 3d que se convierte en objeto de escritorio, la vida de Montaigne, la tumba de Goya, las bondades del brandy, la contemplación de unas improbables auroras boreales o la búsqueda del recogimiento en las iglesias del barrio. No debemos, no obstante, quedarnos en la superficie de las anécdotas que van salpicando el libro, debemos acompañar esas anécdotas con las jugosas reflexiones personales que va desgranando el escritor: "Mi único patrimonio es el instante, porque vengo de la nada y voy hacia la nada. Mi única ambición es vivir la vida en mí, con serenidad y con buen gusto, entre la gravedad y la ligereza, con amor e inteligencia".

Este es un libro narrado de forma muy poética, superficial cuando tiene que serlo, pero profundo cuando lo precisa. Humilde en su enfoque, pero ambicioso en sus resultados. Molina nos transmite una filosofía vital basada en un concepto más humano y menos material de la vida: "Nos amargamos la existencia voluntariamente trabajando durante más tiempo del necesario en cualquier empleo alienante para ser más y tener más. ¿Más que? Más nada y sólo nada. Y todo por no levantar la cabeza y mirar las estrellas".

Como nos advierte con total sinceridad, el escritor albaceteño pensaba que era el momento de dedicarse a la ficción y por ello tiene la poesía en tiempo de barbecho: "ahora me dedico más a esto de la prosa, es decir a la ficción, porque todo lo que no es poesía es ficción. Y la tengo aparcada por no reiterar, no por otra cosa". 

Pues, en principio, este ejercicio de ficción autoimpuesta se ha saldado muy positivamente y más teniendo en cuenta la humildad con que el escritor se aproximo a él: "Lo que a un escritor le vale no es la posteridad. Uno no trabaja en esto para ganarse la gloria venidera, el hueco en Wikipedia o en la memoria de un muchacho de instituto que debe acumular el dato para aprobar y poder irse así con el deber cumplido y los padres contentos de viaje de fin de curso a Tenerife. Lo que a un escritor le vale es el ahora, porque la literatura es ambición, pero una ambición del ahora y del instante".

domingo, 28 de junio de 2026

Paula Melchor: Un conjuro

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2025
Valoración: Muy recomedable
 
Hace unos meses conté por aquí lo mucho que me había gustado Amor y pan de Paula Melchor; así, cuando salió Un conjuro me lo compré inmediatamente, y lo leí en cuanto tuve oportunidad - hace ya un tiempo; para lo que no he conseguido encontrar tiempo ha sido para escribir esta reseña. 
 
Naturalmente, después de un gran primer libro como es Amor y pan (o como Panza de burro de Andrea Abreu, que también ha anunciado nuevo libro, ¡yay!) se cierne sobre los/as autores/as un dilema: repetir la fórmula que funcionó en el primer libro, con el peligro de que resulte redundante, y normalmente inferior; o intentar algo completamente diferente, con el riesgo de que no funcione, y también de decepcionar a los lectores que vienen buscando algo parecido al primer libro. Este dilema ha paralizado a grandes escritores, convirtiéndolos en one hit wonders... Me atrevería a decir que, en esta disyuntiva, Paula Melchor ha conseguido salir más que airosa: Un conjuro es sin duda un libro de Paula Melchor (tiene su sensibilidad, sus referentes, su vocabulario), pero al mismo tiempo es un libro diferente un proyecto literario y poético con personalidad propia y coherente. 
 
Lo que añade Un conjuro en relación con Amor y pan es un impulso narrativo que, aunque no estaba completamente ausente del primer libro, gana aquí una nueva dimensión; se trata de una narrativa mítica, cosmogónica, cuyos orígenes pueden rastrearse de hecho hasta Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús (sí, realmente parece que estamos en una época de retorno de lo místico, nos guste o no), o más allá hasta el Cantar de los cantares, al que pertenece uno de los epígrafes del libro. El conjuro narra el nacimiento de una muchacha (una Eva o Lilith originaria, anterior al resto de la humanidad), su amor con un cervatillo, que después se extravía; su convivencia con los "hombres malos", y su reunión final con el cervattillo reaparecido; por el camino conocerá otros hombres, cantará sobre "el amor y el pan" para las multitudes, transformada en juglarilla, y conocerá el amor y el desamor, el dolor y la belleza.
 
Tal como Amor y panUn conjuro está atravesado por la sensibilidad de Paula Melchor, delicada, juguetona, inteligente, con una poética de claridad deliberada, y muy ligada a las imágenes de la naturaleza (ríos y piedras, castañas y flores, salamandras, cervatillos y liebres). Así, en uno de los primeros poemas del libro se lee:
Al principio todo era luz, pero estaba sola.
Todo era hermoso, pero estaba
sola.

Nací la primera, de entre las piedras
de un río donde mucho
mucho tiempo después
jugarían los niños.

Al principio no eché en falta el amor
porque no lo conocía
Aunque el libro trate de diversos temas más allá del amor (también Amor y pan lo hacía, por cierto), es innegable que este es un tema central y recurrente, ya sea a través del símbolo místico del cervatillo (puro San Juan de la Cruz), a través de otros "hombres malos" o "chicos guapos"; un amor que puede ser liberador ("tu amor me hace querer hablar / con nuevos dialectos de la tierra") y que es también el propio origen de la escritura ("quería / sobre todas las cosas / ser amada"). El amor es también uno (aunque no el único) de los significados del título:
El conjuro original fue siempre
nuestro nombre en labios de otros:
en la oscuridad de los caminos
alguien nos llama por primera vez
.  
Estoy seguro de que hay lectores y críticos que prefieren poéticas más densas y herméticas, e incluso sospecho que habrá quien compare a Paula Melchor con "poetas instagrammers" de calidad dudosa; de lo no cabe duda, en todo caso, es de que se trata, en este caso, de una poética deliberada y autorreflexiva, una decisión consciente por la transparencia estilística que no implica banalidad ni obviedad; una sencillez que ocasionalmente llega a lo fonético ("estripar") o a lo onomatopéico ("PUM", "cataclán"), y más frecuentemente a lo léxico y a lo morfosintácico, con esos diminutivos tan característicos de la autora. El propio texto problematiza esta cuestión cuando imagina voces entre el público de la juglarilla que la criican ("decir el amor sin adornos, / qué vulgaridad / qué / vulgaridad), o cuando, en ese mismo poema, se pregunta "...si quizás / pueden las flores blancas / crecer en cuevas hondas". 
 
Por otra parte, la combinación de los poemas con textos en prosa sirve, creo, a una doble función: rellenar los espacios blancos de la narrativa de la "juglarilla", y también permitir un nuevo nivel de reflexión o comentario sobre la acción o sobre la propia poesía, superando los posibles límites o restricciones del verso. Así, por ejemplo, en otro momento metapoético se cuestiona:
Sentí que todo lo que decía era redundante y absurdo. ¿Para qué decirlo entonces?, les preguntaba a mis gatos y a los caracoles. ¿Para qué decirlo entonces?, le preguntaba a mis amorcitos muy queridos. ¿Para qué decirlo entonces?, me preguntaba a mí misma cada vez que sentía ganas de cantar.

Aunque Un conjuro no me haya producido la sorpresa y, por ello, el deslumbramiento de Un amor, es probable que este sea un aún mejor libro de poesía: más complejo, más maduro, sin que ello suponga perder la frescura, y elevado, creo, porque el misteroso poder del mito y de la fábula. 

miércoles, 17 de junio de 2026

Myriam Hache: La belleza del desastre

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable 

Esta es la novela de debut de Myriam Hache, joven autora nacida en Argentina y residente en España desde hace varios años. Y estos, que aparentemente son solo datos biográficos, son elementos clave para la novela porque La belleza del desastre tiene un claro componente generacional y porque la identidad personal (y su búsqueda) ocupan un lugar importante.

De entrada, La belleza del desastre es una road-movie medio apocalíptica en la que cuatro mujeres (Florencia, Jana, Rocío y Sara) viajan de Barcelona a Galicia huyendo de una nube tóxica que se aproxima a España. Digo de entrada porque el viaje no es solamente una huida de un peligro externo sino que tiene mucho de huida y/o búsqueda de uno mismo, de vía de refundación personal en un mundo convertido en fantasía transhumanista. Podemos, por tanto, poner tres referencias para ubicar la novela: Thelma y Louise, La carretera y En el camino.

Más allá de estas referencias, uno de los aspectos a mencionar de la novela es la elección de las dos narradoras, las primas Florencia y Jana, pintora aquella y escritora esta, que viajan (sí, más viajes) con las imágenes y la palabra a un pasado común que vuelve a repetirse, a un círculo desesperación - ilusión - fracaso - ansiedad del que se busca salir a través del amor, del sexo, de las drogas, facto de la fe y las flores azules, etc.

Y así los temas se abren porque esto, en realidad, no es una distopía ci-fi sino una novela de formación sobre pasados que se repiten, vidas no vividas, ilusiones traicionadas e intentos de redención. Sobre el miedo a ser uno mismo lejos de familia y orígenes, vaya.

Como aspectos más destacables de la novela hay que mencionar: 

  • La plasticidad de la prosa poética (algo hay del cine de David Lynch).
  • El manejo de los tiempos a la hora de dibujar el mapa de las relaciones interpersonales entre las 4 principales protagonistas.
  • El tratamiento del pasado como carga que se arrastra y de la que uno trata de deshacerse como buenamente puede.
  • La atmósfera, medio onírica pero firmemente anclada en la realidad.
En resumen, un novela que quizá no resulte especialmente novedosa en su premisa pero que sí resulta recomendable por su buen desarrollo posterior, tanto en lo meramente argumental como en lo referente a la psicología de los personajes, y por su potencia e impacto visual.

domingo, 14 de junio de 2026

VVAA: Radiohead. El presente es imposible


Traducción:
Blanca Gago

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible para fans, muy recomendable para cualquiera

Hace pocos días, Pitchfork publicaba en su perfil de IG una de esas curiosas votaciones que procuran relleno para que perdamos (un poco más) el tiempo. Una especie de competición donde se iba votando una de dos opciones, como una especie de eliminatorias a la búsqueda de los mejores discos, por lo menos, desde que el medio musical se ha convertido en una referencia (cada vez más de pago) global. Bien, no es que haya que acatar este tipo de iniciativas ni por supuesto los gustos mayoritarios, pero en dura contienda en que cayeron magníficos discos de, por ejemplo, Kendrick Lamar o Frank Ocean, la final de esta particular Champions acabó en una disyuntiva entre dos discos de la misma banda: OK Computer y Kid A, ambos de Radiohead.

Insisto: no hay porqué coincidir con las mayorías. Pero la cuestión resulta abrumadora. Y no hablo de un corrillo de fanáticos cegados por la adulación, sino de un muy sustancial porcentaje de prensa especializada, de esos críticos a los que se podrá tildar de snobs, de elitistas, de comulgar solo con vanguardias o con innovación, pero... esa unanimidad. Como la banda no ha sido nunca demasiado dada a su proyección pública, a entregarse a estúpidas acciones promocionales para obtener repercusion, aquí disponemos de algunas entrevistas con sus miembros. También, obviamente de artículos de prensa, antiguos y nuevos, crónicas de sus conciertos, reseñas de sus discos, no hay posibilidad de contricción para opiniones del momento, piezas de prensa conmemorativas, cuando sus obras han celebrado fechas significativas. Reflexiones sobre la influencia no solo de su música sino de sus actitudes hacia el mundo, hacia las discográficas, hacia las obras de otros artistas, hacia la explosión de internet como fuente de difusión que les pilló, justo, en su momento de efervescencia, en ese punto de configuración inicial que parecieron aprovechar tan bien.

Todo recogido en más de trescientas páginas que resultan lógicas en su espíritu de ensalzamiento, pero que no renuncian a incorporar algunas opiniones reticentes. Es lo que pasa cuando se opta por ese perfil, pero es lo que pasa sobre todo cuando, en las erráticas audiencias de ciertos estilos, el artista se enfrenta a la disyuntiva de continuar por los caminos del éxito fácil (repitiendo fórmulas) o entregarse a lo que las vísceras le exigen (en este caso, en ciertos momentos, innovar sin pensar en las consecuencias), y esa segunda decisión la banda la ha tomado en varias ocasiones. Y al lado de los reiterados suicidios físicos del estrellato rock, el suicidio comercial es simplemente otra opción - bueno, un poco menos radical, un poco más limpia, menos explotable vendiendo merchandising. El libro, sus artículos en su conjunto, nos dejan muchas pistas, más bien excusas que explicaciones, y aunque ello no va a evitar que quien los considere tristes, pretenciosos, trascendentes, cambie radicalmente su opinión, sí que emplazo a que el libro se lea, se contemple su perspectiva y se continuen oyendo sus magníficos discos.

jueves, 11 de junio de 2026

Remedios Zafra: El informe

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable 


Remedios Zafra necesita un ordenador nuevo para su trabajo, se supone que en una universidad o alguna otra institución cultural, y le piden que justifique la petición. Una exigencia bastante frecuente, doy fe de que no solo en el ámbito público, pero que es la gota que colma el vaso, ese momento en el que algo que estaba ahí, larvado, hace crack y ya nada vuelve a ser igual. Quizá no sea como para darle tanto dramatismo, pero al menos da pie a la autora a escribir este informe en el que, a partir de ese cabreo inicial, irá desgranando reflexiones sobre los obstáculos al trabajo intelectual, en realidad a todo desempeño realmente enriquecedor y con sentido.

Así que el motor que moviliza todo el texto y lo impregna de principio a fin es el malestar, la incomodidad, también incredulidad, ante las trabas que entorpecen la actividad cultural. Puede sonar, y durante unas cuantas páginas ocurre, al lloriqueo de la intelectual que, agobiada por los requerimientos de la burocracia, reclama desembarazarse de esa carga, disponer de tiempo para hacer fluir el pensamiento, habilitar la reflexión, en definitiva para vivir de otra forma. Uno se pregunta entonces si otras ocupaciones no merecen ese mismo trato, si el camarero, el administrativo o el trabajador manual, no digamos el autónomo, no deberían ser igualmente beneficiarios de otro enfoque en el que el trabajo no limite/empobrezca/anule la vida personal.

La queja tiene por tanto un cierto tono elitista, pero la autora sale por momentos de su posición personal, ese reducto quizá privilegiado de la actividad cultural, y reclama, ahora sí, una perspectiva diferente para el mundo del trabajo en general. No solo reduciendo en general la jornada sino, lo que en mi opinión es más interesante, avanzando en la búsqueda de lo que llama hacer con sentido, que cada uno en su desempeño puede tener conciencia de que lo que está haciendo es importante, que está aportando su esfuerzo y sus capacidades para un fin identificable, y que su tiempo no está al servicio de un entramado mecánico y opaco al que nadie es capaz de encontrar justificación. Es la burocracia tal como la entendemos, pero son también procesos obsoletos o inútiles que nadie se ha preocupado en revisar y que, añado por mi cuenta, afectan generalmente a trabajos pagados con salarios y condiciones miserables.

El propio individuo es consciente de que no está aportando valor real, y junto con la multiplicación de horas interminables, termina todo ello por generar hastío y desafección. De manera que, a partir de esa chispa de cabreo inicial, nos hemos situado en una reflexión mucho más amplia sobre la necesidad de repensar la actividad laboral de manera que el individuo no se sienta el mero engranaje de una estructura en la que no participa (¿recuerda alguien Tiempos modernos?). En definitiva, dignificar y racionalizar los sistemas para que el trabajo deje de ser alienante y adquiera un significado para quien lo está realizando. (Lo cual, si nos ponemos en tono de escuela de negocios, seguramente va a redundar en un aumento de la productividad, así que todos contentos)

Al texto quizá se le podrían reprochar algunas cosas, como el uso de frases excesivamente largas o la reiteración de ciertas ideas que entran y salen con demasiada frecuencia. Pero también me parece apreciable que la autora deslice algunas experiencias personales que tienen poco que ver con el tema principal pero que aportan sinceridad al libro. Algo importante cuando se trata no tanto de responder como de plantear preguntas tan fundamentales como incómodas sobre nuestra actividad laboral: qué hacemos, cómo lo hacemos o para qué.

También de Remedios Zafra reseñado en ULADEl bucle invisible


sábado, 6 de junio de 2026

Llucia Ramis: Un metro cuadrado

Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: muy recomendable

Es un poco inevitable que, vista la eficacia de su escritura, siempre le solicite en algún punto a Llucia Ramis que vaya un poco más allá y aborde directamente una obra íntegra de ficción. No porque lo que escriba en otros registros no sea satisfactorio, más bien por esa manía (personal, pero creo que no seré el único) de ver cómo ciertos escritores abordan el proceso creativo, una vez que en la obra que publican relacionada con sus vivencias, con su día a día, ya vemos que se maneja de forma brillante y solvente. Aunque quizás la alternativa fuera ese enorme páramo últimamente muy concurrido de la autoficción. Igual me callo, ¿no?

En Un metro cuadrado Llucia Ramis nos ofrece una mezcla entre ensayo en base a experiencias propias y diario de existencia alrededor de sus peripecias como inquilina de diversos pisos en varios barrios de Barcelona, encabezando cada capítulo con la ubicación de cada vivienda, algunos datos del edificio en que se emplazaba, y el alquiler que en cada periodo tuvo que abonar (y una ligera referencia de cómo sus ingresos derivados de su profesión no crecían al mismo ritmo que ese alquiler). Desde que, dado que en la isla de Mallorca no podía cursar la carrera de Periodismo, tuvo que llegar como una estudiante veinteañera (un piso en Sarrià perteneciente a unos familiares) hasta que, después de un periplo que incluyó París, Buenos Aires e incluso esporádicos regresos a Baleares, acaba hipotecándose en la compra de un pequeño piso en Barcelona. Estancias de diversas duraciones, en ocasiones conviviendo con amigas, compañeras de estudios, a veces con su pareja. Ramis intercala sus reflexiones, siempre en torno al concepto de casa como punto necesario de referencia para el ser humano, o eso dicen las leyes que debería ser así. También añade una bitácora intermitente de las relaciones de pareja que le acompañaron en cada momento.

Leer Un metro cuadrado es, sí, enormemente satisfactorio. Aunque también es, conforme la cercanía a sus circunstancias es mayor, proclive a cierto desasosiego. Por qué resulta todo tan caro, por qué una persona con un cierto peso en la escena literaria local se encuentra en tantos momentos en una precariedad forzada por la avaricia de los arrendadores, por la tacañería de sus empleadores, por la cosa esa del mercado. Veo, en la minuciosa bibliografía que Ramis nos aporta, al menos tres lecturas coincidentes que tratan, de forma frontal, estas mismas cuestiones: Pacheco, Amat y Dioni, entre otros, están desplegando una especie de ecosistema de denuncia de esas situaciones que Ramis expone aquí, y resulta espeluznante, porque la cosa va a más, ver que se genera tanta literatura (y buena, y certera) a costa de algo que debería ser pasto de prensa, pasto de debate parlamentario, pasto de promesas electorales de aquellas (...) que se cumplen. Pero, como demasiadas veces pasa, luego surgen las razones de alto rango que neutralizan la denuncia, que anestesian la rabia con la que esta se formula, que mitigan y relativizan, con lo que aquello que debería ser un aullido de protesta acaba siendo una tímida queja desde un rincón, una queja que aunque tenga una forma colectiva y coral, queda solapada y replicada con los inapelables argumentos que conocemos de sobras, muchos de ellos, dejad que me repita, incluyendo la palabra mercado. 

Reseñado de Ramis en ULAD: aquí

miércoles, 3 de junio de 2026

Antonio Di Benedetto: Absurdos

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1978

Valoración: Muy recomendable


La de Antonio Di Benedetto me temo que es, lamentablemente, una batalla perdida en este blog. A pesar de mi perseverancia en ensalzar su talento, o casi nadie lo ha leído o, aún peor, los pocos que sí lo hayan hecho quizá no se adhieren a mis entusiasmos y prudentemente guardan silencio. Pero para ellos. Por mi parte, no por completista sino por deseo de disfrutar una vez más, descubro este nuevo título, que se adentra en el mundo del relato corto.

El volumen recoge narraciones de extensión irregular y origen diverso, algunas antiguas y ya publicadas por separado, otras más recientes. Encontramos a un Di Benedetto diferente del que ya conocemos de aquella extraordinaria trilogía que en realidad no es trilogía, aunque con trazas evidentes del talento que exhibía en sus obras mayores. Se podría decir que en estos textos conocemos mejor al autor, observamos cómo experimenta, busca caminos o simplemente se explaya libre de encorsetamientos, quizá hasta se permite licencias que no admitiría construyendo una novela.

Como es lógico en cualquier compilación de relatos, hay diversidad de escenarios, de técnicas y por supuesto de nivel, aunque muy poco o casi nada puede calificarse como prescindible. Ese presente férreo que tan bien maneja el autor es casi innegociable, aunque en alguna ocasión decide explorar otras posibilidades, hay una sorprendente presencia de animales en buena parte de los cuentos hasta bordear la fábula en un par de ocasiones, y se muestra con frecuencia el impacto de situaciones extremas, con frecuencia localizadas en las amplias y semidesérticas llanuras interiores argentinas que otros autores han trabajado también. Variedad de argumentos y de registros, pero siempre con un sello de calidad indiscutible.

Es impecable El juicio de Dios, una obra maestra de la tensión narrativa, desasosegante y muy visual, casi cinematográfica. Caballo en el salitral, otro de los relatos más longevos y conocidos, es una historia tan sencilla como impregnada de dramatismo, con una carga solo comparable a Pez, el texto más brutal, en el que el dolor y la impotencia llegan al lector por el camino de la pura casualidad, la mala suerte que no conviene ignorar y que tantas veces marca las vidas. El tono policial que tanto gusta a Di Benedetto y que ya asomaba en Los suicidas aparece también en el más intimista Cínico y ceniza, o en el espléndido Los reyunos. Aballay, otro de los más conocidos y llevado al cine, presenta la extraña penitencia de un hombre perseguido por la culpa y, muy lejos de ese terreno, Ítalo en Italia cierra el libro con el delicioso relato de un pequeño incidente veraniego.

Para los que les preocupen mucho estas cosas, habrá que reconocer que, frente a lo que parece exigir un relato corto, el cierre de algunas narraciones puede resultar algo previsible, o que los títulos son manifiestamente mejorables. Pero qué quieren que les diga, el despliegue de imaginación, la amplitud de repertorio y la modulación de los diferentes registros me parecen de un nivel excepcional, y dejan sin efecto cualquier pequeña debilidad. Es un Di Benedetto que, sin perder algunas de sus señas más personales, se muestra algo diferente, quizá más asequible que en textos de mayor extensión, a veces más arriesgado, pero siempre dejando claro un talentazo que en este caso le coloca, en mi opinión, al nivel de los mejores maestros del relato corto, y pongan ustedes ahí los nombre que más les gusten. Nadie sin ese genio sería capaz de decir de esta forma que la jauría de perros se quedó sin alimento:

'Mordiendo el aire quedaron los dientudos'

Háganse un favor y, en este mi cuarto intento, descubran a este autor fascinante.

Otras obras de Antonio Di Benedetto reseñadas en ULADLos suicidasZamaEl silenciero


domingo, 31 de mayo de 2026

Rosario López: Cosas inútiles que te contaría

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026

Valoración: Bastante recomendable

Ya se lo he dicho a Rosario, aunque sea vía WhatsApp: "De los tres libros que has publicado hasta ahora, este es mi preferido". Es el momento de decirlo en  "voz alta".

Y es que, sin desmerecer para nada a sus novelas, creo que Rosario se maneja mejor en la distancias "cortas", en textos breves de no ficción, como los que ha ido publicando por ejemplo en Archiletras, o en estos relatos que tienen mucho de autobiográfico. Es en esas distancias donde saca mayor partido de la vena poética que corre por sus letras, donde mejor aflora esa mirada que pone el foco en lo pequeño, en lo casi invisible.

Ese es el material del que están hechos los textos de Cosas inútiles que te contaría: lo cotidiano, lo aparentemente intrascendente, los silencios, los huecos que hay que ir llenando. Con ellos, y sirviéndose de variadas voces, como el monólogo interior o el género epistolar, construye historias de soledades, ausencias, abandonos, culpas y deseos insatisfechos, pero también de intentos de reconstrucción. Son, por tanto, relatos duros en los que se cuelan (o, al menos, tratan de colarse) la ternura y la esperanza. 

Pero más allá del tema, creo que el principal mérito de los mismos reside en el tono y la mirada, en la importancia otorgada a lo no dicho o lo apenas insinuado, en la búsqueda de la palabra precisa sin caer en el "exceso de frases lapidarias" que creo que se observaba en sus novelas.

Otro aspecto a destacar es la propia edición del libro. Una imagen de cubierta muy acorde con lo que encontraremos en los textos y una serie de fotografías desenfocadas que encajan a la perfección con el estado de ánimo de las protagonistas hacen de este volumen algo sumamente agradable a la vista.

En resumen, ochos relatos que tienen mucho de las Vidas cruzadas de Carver en lo estructural y que comparten enfoque y tratamiento del lenguaje con el Alcaravea de Irene Reyes Noguerol, ocho textos que demuestran que Rosario López ha vuelto para quedarse definitivamente.

También de Rosario López en ULAD: Todas las lluvias y Los besos secos

viernes, 29 de mayo de 2026

Manuel Vilas: Nosotros


Idioma original:
español
Año de publicación: 2023
Valoración: incomprensible

Premio Nadal 2023. Quizás este sea el momento, el punto de inflexión respecto a Manuel Vilas (@granvilas en Twitter: la única virtud que le falta es la modestia).

Porque el escritor aragonés no tiene la culpa de que, allá por 2019, y seguro que gracias a los consejos de referentes culturales como Kiko Matamoros, algunos críticos con pocas ganas de complicarse la vida abrazaran llorosos sus novelas y las convirtieran en iconos literarios teñidos de verdad, duras confesiones de varón ibérico desesperado por lo que los avatares de la vida le iban procurando.

Tampoco, del todo, de aprovechar ese tirón, el de Ordesa, de plegarse, previo cobro de anticipos, a las solicitudes de sus editores y completar páginas y más páginas de talante parecido: lamentos y lamentos de lo jodida que es la vida porque los ascendentes fallecen/las parejas se separan y otras tantas cosas que parece que solo a Vilas le pasan. O solo a Vilas le pasan, escribe sobre ellas, y convence a algún incauto de que eso puede interesar y constituir una obra.

Si eso gusta a la gente, si eso hace que algún booktuber caiga rendido a sus pies e incluso comparta escenarios promocionales, quia, Manuel Vilas solamente crea y crea y escribe y ya las ventas es algo que sus asesores (financieros, mayormente) le explican.

De lo que sí tiene la culpa es de escribir mierdas como esta Nosotros. Una novela que igual sería soportable si se ciñera a su estrambótica historia; Irene, cincuenta años, viuda reciente con una sustancial fortuna heredada que le permitirá embarcarse en una vida algo disoluta en la que sublimará el recuerdo de Marce, su marido, a través de los encuentros sexuales aleatorios que su existencia le va interponiendo. En esos momentos de clímax, Irene ve a Marce en una especie de escalera simbólica de ascenso a no sé dónde. Realmente, una trama muy flojita, marcada por un neomachismo recalcitrante y casi básicamente dependiente de que esos encuentros sean con ciertos hombres o ciertas mujeres en contextos más casuales - sobre todo se los va encontrando, no demasiado original, en hoteles y restaurantes. Ahí vemos que Irene se fija mucho en los relojes que lleva la gente, algo menos en los coches, también en los perfumes, hay toda una panoplia de productos de cierta alta gama que le fascina. Y un soneto de Quevedo. 
Lejos de quedarse ahí, Vilas incursiona en la historia, sobre todo, soltando la vena poética que, dicen, pero tres oportunidades son demasiadas y como que voy a pasar, es su mejor baza. Aquí cualquier continuidad narrativa queda cortada por los devaneos poéticos del autor, que es incapaz de estarse quieto en una perspectiva narrativa contenida y objetiva. No hay párrafo que no quede destrozado por esas ínfulas constantes de sacar punta de forma grandilocuente a todo, y los juegos de palabras son marca de la casa y eso es, siempre, malo. Pesado, pretencioso, vacío, e insustancial. Rozando lo autoparódico. Y la parte final de la novela: tan horripilante y sacada del sombrero como para mostrar al lector (mira de qué soy capaz, toma giro!) algo que yo no atino a comprender. Ganas me dan de destrozar el final en esta reseña, pero, vamos, es primavera, yo voy a respetar al lector más que este autor.

Por cierto, ahora tiene una cosa nueva, Islandia, que parece ser que versa sobre una separación (¿la suya?).
Ni con un palo.

Otras obras perpetradas por Vilas y reseñadas por ULAD, aquí