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martes, 22 de septiembre de 2026

Frederick Douglass: Vida de Frederick Douglass, un esclavo americano

Idioma original: inglés

Título original: Narrative of the life of Frederick Douglass an American slave, written by himself

Traducción: F. G. Iglesias

Año de publicación: 1845

Valoración: Imprescindible


Estados Unidos celebra este año su 250 aniversario como país, casi el mismo tiempo que la esclavitud fue sistema oficial en parte de su territorio. Comenzó a principios del s. XVII en las colonias del sur y se expandió durante el siglo siguiente, superó la declaración de independencia, y no fue abolida hasta el fin de la Guerra de Secesión, en 1865. 

En este contexto, que un esclavo fugado fuera capaz de escribir, y se atreviera a publicar, sus experiencias y opiniones en 1845, es en sí misma una hazaña enorme. Si además la narración en cuestión resulta ser de gran lucidez, y su estilo claro y elegante, la obra se convierte inmediatamente en lectura obligatoria. Y esto es lo que consigue Frederick Douglass con esta su autobiografía (que sería la primera que escribiera: luego publicaría dos más). 

Douglass aprendió a leer gracias a uno de sus amos, que primero le enseñó las nociones básicas… y luego le prohibió seguir aprendiendo, porque quien aprende a leer “no sirve para ser esclavo”. Esta afirmación fue la chispa que encendió en Douglass el ansia por dejar de ser analfabeto. Puso todo su empeño y energía en conseguirlo, con el riesgo que eso suponía. 

Porque los esclavos corrían un gran riesgo si intentaban hacer muchas de las cosas que las personas libres dan por obvias: aprender a leer, sí, pero también verse con su pareja, equivocarse al hacer algo nuevo, o incluso ponerse enfermos. Por cualquiera de estos motivos (y a veces sin motivo alguno) eran castigados duramente. Y esto encima de una rutina de trabajos agotadores, alojamiento inhumano, comida mala y escasa, ropa insuficiente… y mucha soledad. 

Frederick Douglass describe esta existencia durísima con los detalles justos, sin recrearse en lo escabroso ni caer en el dramatismo. En el libro abundan las anécdotas de gran crueldad, pero el tono nunca es vengativo, sino testimonial: las cosas eran así. 

Además de darnos a conocer de primera mano la vida de los esclavos, Douglass nos ofrece reflexiones de gran profundidad y analiza las contradicciones de la sociedad en la que vive. Estos pasajes me parecieron muy interesantes, sobre todo cuando explica el efecto de la esclavitud en las personas, tanto esclavos como esclavistas, y cuando cuestiona la religiosidad de estos últimos. 

Este libro es, sin duda, imprescindible. No solo porque esté muy bien escrito, sino sobre todo porque es un testimonio directo de un sistema que trajo terribles sufrimientos a cientos de miles de personas. 

Un único “pero”: al final del libro Douglass menciona de pasada a su prometida y su boda, lo cual me dejó algo perpleja por lo repentino y breve. Después estuve leyendo que esta mujer fue fundamental no solo en su fuga sino también en su posterior carrera como orador y político. Me dio un poco de pena, tanto de la mujer como de Douglass. Con todo, un libro que hay que leer. 


lunes, 7 de septiembre de 2026

Valeria Luiselli: Principio, medio, fin

 Idioma original: español

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible


Este libro es una maravilla. A partir de ahí, vamos a ver si consigo transmitirles el sentido de tan elevada valoración. Nos encontramos con un libro original, valiente, excelentemente narrado y exquisitamente cerrado. Y es que su autora, la escritora mexicana Valeria Luiselli, derrocha talento y nos presenta una obra enormemente ambiciosa que se sitúa a medio camino entre la novela, el ensayo y la autoficción, y tocando géneros tan diversos sale airosa de todos ellos.

La obra comienza con la llegada de una madre y su hija a Sicilia. La madre está escribiendo una novela, se acaba de divorciar y está buscando reorientar su vida. La hija es una adolescente que cuestiona, porque está en edad para ello, muchas de las decisiones de su progenitora. Asistiremos a lo largo de la novela a un continuo proceso de crecimiento personal, tanto de la madre como de su hija, que iremos comprobando a través de los  diálogos que sostienen. Porque como señala la protagonista, en este momento de su vida se encuentra en el medio: " Me queda claro lo que ocurre en el medio, a la mitad de las cosas: si la vida es una especie de arco y una está parada más o menos a la mitad por ahí de los cuarenta años, parada, pues, en su ápice, lo que se observa es, de un lado, a los hijos entrando a la vida, empezando su camino, y del otro lado del arco, a los padres, en su camino hacia fuera, retirándose. La mitad, entonces, es ese lugar difícil desde el que se observa como la vida se encuentra con la muerte, cómo la llegada se anuda con la partida. La mitad es el lugar donde el principio y el final se entrelazan de manera terrible e irremediable".

La idea del viaje a Sicilia no es casual. La bisabuela de la familia era siciliana y en un momento dado abandonó la isla buscando mejorar su vida. En esa huida se llevó consigo un mosaico robado de la Villa de Casale, donde trabajaba en las excavaciones,  que representa la cabeza de Proteo, un dios griego capaz de cambiar de forma y predecir el futuro, que dará pie a la autora para introducir en la trama una serie de elementos mitológicos y de cultura clásica.

La madre y la hija consideran que  el mosaico debe regresar al lugar al que pertenece y viajan por la isla para devolverlo. La inquietante presencia del Etna, de las tormentas, de los vientos que dan nombre a cada uno de los cuatro capítulos en que se divide el libro y los incendios que asolan la isla acompañarán a nuestras protagonistas que van transmitiendo por internet a su abuela, que vive en México, tanto su periplo por la isla como los avances en la novela de la madre. Estos correos a la abuela sirven a la escritora mexicana para realizar un ejercicio metaliterario, en el que se nos desvelan las relaciones entre la escritura y la vida: "Una novela sobre una madre y su hija, una hija y su madre, viajando a lo largo de alguna orilla hacia otro marco temporal. Una novela a la mitad, en el medio de la novela, a medio camino de las cosas. ¿O no es una novela sino un ensayo? Tal vez la mitad no quepa en la arquitectura apretada de las novelas, en el corsé de la trama. Tal vez la mitad, la parte de en medio, sea más afín al espíritu holgado, deambulante del ensayo. Tal vez tenga que ser un ensayo hasta que pueda volver a ser una novela. Un ensayo con un principio, un medio y un fin".

Luiselli va construyendo un mosaico en que, más allá del viaje de las protagonistas, se van relacionando las vidas de las cuatro generaciones representadas por la bisabuela, la abuela, la madre y la hija. La memoria y la maternidad son, sin duda, los ejes de la novela: "Pensamos que lo que les damos a nuestra hijas es algo así como una estafeta en una carrera de relevos. Les pasamos lo que tenemos para que ellas continúen su camino solas, pero con más herramientas, y tal vez gracias a eso puedan tener mejores vidas, tomar mejores decisiones".

Efectivamente, la hija tomará ese relevo y se convertirá en protagonista final de la novela en un giro inesperado que demuestra el enorme talento como narradora de Luiselli. Así escribe la hija a su abuela: "Yo sé que Mamá no te ha mandado nada todavía. No te ha mandado nada porque no ha terminado, es muy lenta. Escribió la primera parte y luego la parte de en medio, pero dejó toda la parte final vacía. Y ya no va a tener tiempo para escribirla. O tal vez nunca va a poder escribir el final, tal vez le da miedo o le da flojera o simplemente no sabe cómo es el final". Aquí debería citarles el maravilloso párrafo final del libro, tal como lo escribe la hija, pero sería un spoiler inexcusable. 

Al final del libro, a modo de epílogo, se incluye un anexo con 32 polaroids que recogen el itinerario de nuestras protagonistas  y un QR que contiene un archivo de sonidos recogidos en la isla.

Esta es mi mejor lectura del año. Una novela escrita con elegancia y naturalidad, con unos diálogos deliciosos y sugerentes entre las protagonistas, con referencias continuas a temas literarios y filosóficos, con reflexiones precisas sobre la vida, la memoria y el paso del tiempo  y con el telón de fondo de la maravillosa Sicilia. Imprescindible.

También de Valeria Luiselli en ULAD: Los ingrávidos, Los niños perdidos, Desierto sonoro

jueves, 2 de julio de 2026

Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio

Idioma original: inglés

Título original: : Thinking, Fast and Slow

Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke

Año de publicación: 2011

Valoración: Imprescindible


Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.

Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.

Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.

Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman. 

También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.

Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.

De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.


martes, 30 de junio de 2026

Tochoweek VI #2: Martín Caparrós y Eduardo Anguita: La voluntad: Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina (1966-1978)

Idioma original: español
Año de publicación: 1997-1998
Valoración: monumental

Uno elige lecturas de acuerdo a parámetros insólitos. En este caso, mi pensamiento fue así: estos cinco tomos hace mucho que los veo rondando en las librerías, tienen pintas de ser mamotretos áridos (cada uno ronda entre las quinientas y seiscientas páginas), pero como el tema me interesa, hagamos una prueba. Y me encontré con una crónica que bordea el thriller y el horror y una escritura que, a fuerza de contenerse para respetar los testimonios de los involucrados, y de no basar la historia en los datos puros, se desboca en los hechos narrados. Entonces, para tocholibros, tochoreseñas.

Esta crónica, como dice el título, abarca desde el año 1966 hasta 1978, años movidos en Argentina, como mínimo, años trágicos en su verdadera acepción de la palabra. años donde, subterráneamente, tanto en la calle como en los despachos, se construyeron ilusiones y se traicionaron principios de la forma más cruel. Caparrós y Anguita tomaron una gran decisión narrativa, artística e histórica a la hora de retratar estos años, la de evitar un paneo general (superficial) de la época, sino una serie de entrevistas a distintos actores, toda gente que estuvo involucrada realmente en el devenir político de la Argentina, y es por eso que no hay testimonios de grandes peces (por ejemplo Firmenich, líder de los Montoneros), lo que evita, por un lado, el juicio rápido que uno pueda llegar a tener acerca de esos tótems de la escena argentina, y, por el otro lado, asegura, por lo menos, una simpatía hacia las personas que aparecen. 

Dentro de la militancia revolucionaria de esos años, que surgiría primero como un sueño dorado (sustentado por las drogas, el hippismo, el rock y otras situaciones típicas) y (¿degeneraría?), (¿se volvería más práctica y, por ende, cruel?) terminaría en la guerrilla armada, el espectro político cubre el peronismo clásico, el peronismo revolucionario, el socialismo y el comunismo. Cada vertiente se ve representada por diversas personas que van recorriendo los cinco tomos, por lo que podemos leer estas historias como una novela, con sus desarrollos de personaje, sus dudas, sus puntos de quiebre, sus valentías y cobardías y tantos otros factores humanos.

El primer tomo, que se llama El valor del cambio, cubre de 1966 (iniciando con el golpe de Estado a Illia por parte de Onganía) y termina con el Cordobazo de 1969. Es, seguramente, el tomo más difícil de entrarle, porque la estructura es algo insólita (la interrupción de las historias de un párrafo al otro, la profusión de datos técnicos en dos páginas y luego otras dos páginas de diálogos propias de la ficción) y el tono se esfuerza en ser neutro todo el tiempo. En realidad es de admirar que Caparrós y Anguita, siendo partícipes de vez en cuando de la época que están cubriendo, no hayan tenido el afán de insertarse en alguna escena a pesar de poseer méritos para ello. Como tal, apenas aparecen un par de veces a lo largo de tres mil quinientas páginas, por lo que no se les puede acusar de un exceso de protagonismo ni nada por el estilo. A la vez, mientras el capítulo se explaya, de vez en cuando nos cuentan qué ocurría en las demás latitudes del mundo, como para ponernos en contexto y ver la trama de las relaciones a un nivel mundial, para darse cuenta de que nada fue casualidad.

El primer tomo sirve de entrada a todos los personajes. Tenemos, por ejemplo (y quizás, dentro de lo coral de la crónica, uno de los grandes protagonistas), a ese colosal representante del peronismo, Cacho El Kadri, un tipo que es imposible que no despierte simpatía al lector, por lo humano, lo sincero y cálido de sus relaciones, sus dudas constantes, lo mal que la pasa todo el tiempo (encerrado, torturado, exiliado) y su valentía a pesar de todo. No ha sido muy reconocido en nuestra historia y es una gran pena. Otro ejemplo es Graciela Daleo, que empieza como una chica de dieciséis años, con todo lo que conlleva, y va atestiguando la conversión de sus sueños (de la volanteada de sus reclamos a pertenecer, con nombre de guerra y todo, a los Montoneros) a un frente de violencia, paranoia y dolor. Podría detallar a cada personaje (algunos siguen vivos en la actualidad), pero creo que es mejor descubrirlo por cuenta propia, ver cómo, en cualquier ámbito, ya sea en lo legal, en lo universitario, en lo laboral, etcétera, contribuía a cierto ideal hacia un mundo mejor, más allá de las diferencias claves (y que, muchas veces, terminaron siendo el desencadenante de una tragedia).

El segundo tomo se titula El cielo por asalto. Para un gran título corresponde un gran tomo, el mejor de los cinco. Es acá donde Caparrós y Anguita se desatan y empiezan a tejer las vidas de los que aparecen, de encadenar relato por relato con una precisión que asusta, cómo las piezas van encajando en ese mosaico de la historia argentina, entendiendo, de repente, por qué las cosas ocurrieron de esa manera. Es también, y esto es muy importante para el tono que se establece en los demás tomso, el libro más épico. Hay literalmente un rescate en la cárcel de Rawson y una huida por avión hacia Chile, donde gobernaba Allende en su momento y podían esperar una recibida amable. A lo largo de esta crónica hay latente un componente de majestuosidad, de creer que, aunque las cosas se recrudecieran, si uno ponía el cuerpo y la voluntad se podían mejorar las cosas, se podía salvar al otro, se podían arruinar los planes de los asesinos en los altos cargos, parafraseando a Cohen. Pero también, latente, se empieza a entrever la traición de Perón. El ochenta por ciento de los personajes, más o menos, trabaja por y para la vuelta de Perón, y las respuestas de este último, las medidas que toma, la demora, la ausencia incluso, permite intuir que nada será un campo de rosas, y uno se da cuenta (empieza a darse cuenta) de que no quiere que a estos personajes les pase algo, no quiere ir a Google para ver qué fue de sus vidas (como hice yo, un trago amargo que no aconsejo), porque a partir de este punto es que los militares empiezan a asesinar indiscriminadamente, sin juicio previo, tanto en cárceles como secuestrando gente. 

Pero todavía no está la sensación de ambiente en la derrota, y de hecho la presión hace que el gobierno de Onganía se debilite y pase primero por Levingston y luego por Lanusse, que terminará llegando a un arreglo para la rehabilitación del peronismo como partido y la asunción de Cámpora como resultado de ello. Así llegamos al tercer tomo, La patria socialista, que cubre desde 1973 hasta 1974 con la muerte de Perón. Se podría decir que es la parte más triste de todas; al menos es donde a uno le agarra profundo asco al ver cómo se ven pisoteados los sueños de la juventud. El culmen de este desagravio se ve representado en dos momentos: la masacre de Ezeiza, con la disputa entre el peronismo de izquierda y el peronismo de derecha, y sin que nadie hiciera nada por evitarlo, y la participación de uno de los personajes más turbios de nuestra historia, José López Rega (no tienen más que mirar su foto para que les entre un escalofrío), gran responsable (pero no del todo: demasiado lúcido era Perón para esas cosas) del aumento de la violencia, con la formación de la Triple A para perseguir a sus mismos compañeros ideológicos, incluso gente como Julio Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de León Suárez (es decir, Operación Masacre...) y asesinado por un gobierno que defendía. Nada más triste que eso.

La muerte de Perón es apenas un epitafio anunciado en el tomo 4, La patria peronista: al dolor de la despedida, al dolor de alguien que irrevocablemente cambió el destino de muchos, llega la oscuridad, la desidia, la moral profanada, la desconfianza entre grupos, el paso renovado hacia la clandestinidad de los movimientos armados (Montoneros, ERP, FAR, FAP y mil divisiones más que demuestran que ya no hay lugar para los debates interminables, no hay lugar para el todos somos hermanos y all you need is love; se empieza a estilar el o sos vos o soy yo, los sindicatos vuelven a lavarse las manos en muchas ocasiones, arranca la (des)valorización financiera y la podredumbre económica y empiezan a morir, como puñaladas en el corazón, personajes que uno ya internalizó y hasta admiró, como Agustín Tosco, baluartes inamovibles de sus principios. También es cierto que es el libro más complicado de leer y en algunas partes se pone árido, espeso, no tanto por lo emocional, sino por el estancamiento de los personajes, producto mismo de la época que transitan. Nadie es capaz de moverse, nadie es capaz de encontrar respuesta a lo ocurrido, nadie dilucida qué tiene que hacer, si seguir resistiendo o irse del país, y pareciera que la única resistencia la ofrecen los grupos más o menos armados y jerarquizados (en demasía, en una cerrazón ideológica y moral que los termina por deshumanizar y emprender acciones aún más delirantes).

Y llegamos al último tomo, La caída. Desde entrada el título lo anuncia. También es donde uno se da cuenta (o al menos yo, porque lo leí más como una novela que como un ensayo cargado de subjetividad por parte de los autores y, por ende, de ideas preconcebidas por mi parte) que el título de los cinco tomos es certero, Se trata de la voluntad de un grupo de gente que peleó y fracasó. Esa voluntad se ve aplastada desde todos los frentes (hasta el día de hoy se sigue viendo aplastada). No solo asume la dictadura más sangrienta, sino que estos dos años que cubre (1976-1978) son de una crueldad arrolladora. Todos los días ocurre una desaparición, un asesinato, se esparcen los rumores (algo habrán hecho, dirán algunos, es imposible que pase eso, dirán otros) de las torturas más sádicas, mueren personajes a mansalva, personajes que uno conocía desde el primer tomo, y cada uno de ellos duele, es un shock, incluso cuando ya se conoce la historia. El tono es desolador. Aunque Caparrós y Anguita mantengan lo aséptico de la narración, la depresión se cuela por las venas narrativas, y poco a poco vemos a los personajes aceptar sus derrotas, llorarlas, intentar escaparse por todas las vías del país o kamikazearse la vida y quedarse por la pertenencia, por el sentido del deber, incluso cuando al día siguiente mueran. Entonces el título se revela luminoso. Es verdaderamente una historia de la militancia revolucionaria, porque difícilmente, luego de ese período, se volvió a ver una aglomeración de personas excepcionales trabajando en pos de un mundo mejor (todo esto sin olvidar los signos de cada época: la esperanza alfonsinista, la murga farsesca de Menem). El final del tomo incluye entrevistas a los sobrevivientes de esos años (bosquejos, en realidad, de lo que les significó la militancia en su vida); dejo a los futuros lectores las conclusiones que se puedan sacar a raíz de sus voces.

He hecho un recorrido por los cinco libros. Se puede hablar de muchas cosas. La ternura de los cánticos revolucionarios, dichos casi siempre en el momento menos oportuno (y mucho de ellos se te pegan sin querer), el recorrido vital de los personajes, los diálogos, típicamente argentinos pero vivos como en la mejor ficción, escenas de acción, de asesinatos, de persecuciones, de paranoias y esperanzas, de operativos imposibles, de debates interminables donde la línea del partido se aclara por quincuagésima vez y de grandes proclamas. De la recurrente aparición de gente histórica, como Rodolfo Walsh, al que lo seguimos en ese registro periodístico inmortal, más incisivo que una bomba atómica, o de un jovencito Menem, que ya presagiaba su personalidad presidencial, de escritores como Puig, Borges, Cortázar, todos opinando de lo que ocurría, y todo esto sirve para verlos como personas que realmente existieron y no solo en sus papeles, lo que le otorga a los volúmenes una irrevocable sensación de nostalgia y cercanía por los conocidos.

Se acaba exhausto de la lectura, pero con la sensación de haber aprehendido, de forma significativa, una porción de la historia argentina, que visto desde lejos son apenas doce años, pero fueron el universo entero para un puñado de gente. Se acaba perteneciendo a una familia, con todo lo que conlleva, admiración, enojos hacia las decisiones y pensamientos, asco por las traiciones, alegría por los que lo siguieron intentando, y al final, luego de todo esto, una profunda melancolía. Melancolía no por el pasado, pues es un pasado teñido de sangre, pero sí por las actitudes, las creencias, valores que parecen novedad en este mundo inhóspito. Se puede discutir si tenían razón. Se puede discutir si no eran más que un puñado de imberbes que creyeron que enfrentarse al poder eran pan comido. Se puede discutir si no se mandaron calamidades y empezaron a creer que la milicia armada era la respuesta a todo, sin ver a largo plazo en un determinado contexto, sin pensar en la reacción de la sociedad argentina, sin hacer caso a otro camino. También se puede discutir si realmente había otra manera, si ante toda la desesperación y sadismo uno podía creer que no había forma de escapar, y esa desesperación impulsaba a las pésimas decisiones dentro de un grupo y a combatir a un monstruo mucho peor convirtiéndose en uno. Habrá frases, párrafos, capítulos, personajes, que a muchos les parezcan deleznables de acuerdo a su historia personal, y habrá frases de esta reseña por las que me ligaré alguna bronca. Ni Caparrós o Anguita pretenden responder a esos debates (y en eso reside la grandeza de esta crónica), solo exponer los hechos de lo que fue una batalla por los ideales, una batalla por la interpretación (errónea a veces, llena de bondad en su mayoría) de ciertas ideas y el abandono y la traición de muchas otras. 

Más de Caparrós acá

lunes, 20 de abril de 2026

Enrique Murillo: Personaje secundario

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: lascivo (o sea, imprescindible para interesados y muy recomendable para el público general)

Un escándalo que más de quinientas páginas se lean con tal voracidad, con tal sentido del suspense, como si su autor nos estuviera enredando en una de esas obras, como si fuera uno de esos autores que ha traducido, o valorado para su publicación. 

Porque este colosal texto funciona en muchos niveles, y ni en uno solo se le puede poner pero alguno. Un estilo directo, ameno y cercano, correspondiente a quien ha leído y leído y leído (en algún momento Murillo declara que está encantado de haberse ganado la vida, básicamente, leyendo), de todo género y clase, y asimilado cuáles son los resortes que tiran del lector, que empujan a seguir adelante, casi de manera imperiosa. Sin alardes de cualidades: tesón, trabajo, insistencia, tozudez, claro, por qué no. Detrás de eso, una actitud clara y frontal a favor de la cultura escrita, las quejas de Murillo sobre las deprimentes estadísticas de lectura en España frente a la de otros países europeos son frecuentes y razonadas, desde una actitud socialmente militante sin la más mínima ambigüedad. Luego, el torrente de información de primera mano, por supuesto con un un enfoque subjetivo - esto es una autobiografía centrada en una extensa, desacomplejada y no siempre rutilante carrera profesional - pero quedando bien claro que el índice de veracidad, a pesar de las advertencias de Murillo sobre su edad, su memoria, sobre el tiempo transcurrido, es altísimo y cercano al cien por cien. De lo cual surge el aspecto polémico, que es la baza absoluta e irresistible del libro, el gancho que ya lo decanta hacia lo imprescindible, en especial para los que, aún siendo más bien profanos, estamos algo familiarizados con los curiosos (des)equilibrios de fuerzas del mundo editorial en español, en particular el de la época a partir de los últimos coletazos del franquismo hasta épocas muy recientes (ya retirado, la última aventura de Murillo se produjo hace menos de una década) en que se encadena crisis tras crisis.

Eso, que equipara esta lectura a una suerte de novela de suspense empresarial, puede en algún momento incluso arredrar. Murillo se muestra enormemente agradecido con prácticamente todos los que han compartido momentos de su carrera, desde otros traductores, por supuesto a escritores, y a personal de todo tipo de todas las editoriales para las que ha trabajado (todas las importantes), pero, por capilaridad, también ajusta cuentas, de una manera discreta y elegante, pero percusiva, irónica, dejando piedras en el camino, sin necesidad de ser procaz o incisivo, a pesar de lo cual, perdonad que evite dar detalles, insisto en el magistralmente administrado sentido del suspense, sus suspicacias respecto a ciertos personajes, algunos muy destacados, a veces se apoderan del  caudal informativo, y una sutil acritud toma las riendas. De forma muy atractiva, narrativamente hablando, nos vamos enterando acerca de personalismos que chapotean en el narcisismo, de los típicos perversos escenarios en un mundo donde las empresas luchan por la supervivencia, un mundo donde entre bueyes sí hay cornadas, también de los curiosos sistemas de funcionamiento económico del negocio editorial, del desprecio absoluto hacia el lector que está detrás de los premios literarios, de tantas cosas que, de no ser por el hecho de que, una vez empezado el libro literalmente no puede soltarse, quizás han de ser digeridas de un modo más lento.

viernes, 30 de enero de 2026

V. S. Naipaul: El escritor y el mundo

Idioma original: inglés
Título original: The Writer and The World
Año de publicación: 2016
Traducción: Flora Casas
Valoración: imprescindible

Pues alguna vez habrán acertado los del Nobel, ¿no? Recuerdo que quedé algo decepcionado cuando leí, supongo que con alguna expectativa errónea, Guerrilleros, y que, cosas de los devaneos lectores, no presté atención a su obra hasta que leí una mención a uno de los artículos contenidos en esta recopilación de ensayos. Una mención bastante curiosa y tangencial, por cierto. Pero no me hagáis explicar a fondo mis filias. Que luego nos copiarán, más aún. 

Y he descubierto una faceta de Naipaul que apenas intuía. Aquí se recogen textos de casi tres décadas que quedan agrupados por ámbitos geográficos y, hasta cierto punto, siguen la evolución del escritor trinitense conforme analiza las sociedades que le son cercanas en el ámbito geográfico, y se va extendiendo a otros más alejados. Todo ello le hace encajar en un perfil algo análogo a Kapuscinski, aunque donde el genio polaco era un especialista en meterse a fondo y hasta límites de riesgo extremo en zonas de conflicto, Naipaul toma menos riesgos - no es un reportero sino un escritor. Ese sería el límite de la comparación. Pero lo que escriben, ambos, es certero y afilado. 

Naipaul habla de pequeñas islas caribeñas que han sido descolonizadas con torpeza. Escribe sobre sus orígenes hindús y menudo zapatazo le arrea a lo que viene siendo reiteradamente apelada la mayor democracia del planeta. Analiza sin ambigüedades el sistema de castas y desde luego no es que se exprese con excesiva diplomacia. Si usáramos cierto sesgo, podríamos afirmar que enfatiza la cuestión de que el hecho migratorio tiene sentido para mejorar el status de quien emigra, pero lo pierde a medida que quien emigra intenta mimetizar su destino como si fuera su origen. Una cuestión que da para mucho debate en el mundo de hoy en día. Analiza países como Argentina (delicioso ensayo que vale por sí solo todo el libro, en el que serpentea desde Borges a Eva Perón, pasando por las debacles causadas por la inflación), Costa de Marfil o Zaire - enfoque colosal sobre las excentricidades de los mandatarios africanos y sus cambios de ideario a medida que el poder excesivo intoxica sus mentes, Estados Unidos, pequeñas islas caribeñas donde ejemplifica la pantagruélica hambre de poder del imperialismo. Todos sus análisis, que se extienden por décadas y en los que se percibe que su status avanza y sus viajes cuentan con mejores condiciones, cuentan con un factor crítico que seguro que le causaría problemas en algún momento. No es que se exprese con optimismo sobre las perspectivas de muchos de los países que visita, más bien en algunos casos vaticina que sus soluciones son precarias y abocan a nuevas crisis. Su prosa muestra un sentido común y un nivel literario al alcance de pocos, y uno acaba con la impresión de que nadie más adecuado que un escritor de orígenes exóticos y residente en una pequeña isla del Caribe puede ser tan perspicaz analizando el mundo, en tantos sitios, por tanto tiempo.

Más reseñas de Naipaul en ULAD aquí


 

lunes, 19 de enero de 2026

Albert Cohen: Bella del señor

Idioma original: francés
Título original: Belle du Seigneur
Año de publicación: 1968
Traducción: Javier Albiñana Serraín
Valoración: imprescindible

Celebremos el inicio del 2026 con un bombazo.

¿Cómo afrontar los monumentos? ¿Cómo afrontar una lectura que crece y crece con cada mes que transcurre? ¿Cómo dar cuenta de todo lo que contiene una novela que es la expresión misma de cierta forma de ver el mundo, del romanticismo más exacerbado, cínico, lleno de humor negro y a la vez conmovedor sobre dos personas que, en papel, son irredimibles y sin nada que nos pueda llegar a empatizar?

Vuelvo a la carga con Albert Cohen. Ya lo había avisado en la reseña de Solal: primero leí este libro, el tercero de una supuesta tetralogía. Digo supuesta porque, a pesar de que comparten personajes y temáticas, visto lo visto dudo que haya una historia que continúe lineal. A falta de leer los otros dos, Comeclavos y Los Esforzados, me da la sensación de funcionar como Minimosca, tomando elementos e historias anteriores y reformulándolos a su antojo a pesar de lo ya establecido.

La novela es inmensa, colosal, inabarcable. Suma cum laude en el tratado del amor más cursi y del hastío ante la vida, de lo que sucede cuando nada te define salvo el aburrimiento por la humanidad, también es una denuncia ante la inoperancia de las instituciones políticas, sobre todo de aquellas que luchan, con "denuedo", por la paz mundial. Y colosal es no solo por los temas, que a fin de cuentas son universales, sino también por sus recursos literarios. Podemos encontrar monólogos sin puntos ni comas y extensivos por treinta o cuarenta páginas, un manejo del tiempo elástico, con diálogos circulares que repiten la noción sin llegar a un punto definido, solo para hacer patente la humillación de un personaje, una prosa entre cínica, entrometida y onírica para representar las inseguridades y arrogancias de los personajes, sobre todo de esa construcción suprema de la ironía que es Solal de los Solales, personaje maravilloso donde los haya. Si en Solal se nos revela como un imberbe que ya produce un efecto inverosímil en las mujeres. acá es un consumado galán que no tiene problemas en jugar con ellas de forma retorcida, con discursos que son mini pontificios de psicología inversa de la seducción. Apabullante ese capítulo donde conquista a Ariane, que está prometida con uno de sus empleados, relatándole las experiencias con las mujeres, burlándose de todas ellas e imitándolas en sus reacciones de acuerdo a lo que él dice, manifestándose harto por ese comportamiento y asegurando, con falsa timidez, que sabe que ella no es igual (a pesar de que Cohen, varias veces, ya nos ha mostrado que Ariane es de todo menos una persona valiosa en su corazón).

Si uno supera el inicio desconcertante, es decir, los primeros cuatro capítulos (que incluye una escena donde nunca se termina de saber lo que ocurre y un monólogo de Ariane sin ningún tipo de consideración hacia los puntos y coma que casi me hace abandonar el libro), y llega a la escena donde se nos presenta la vida diaria de Adrien Deume, prometido de Ariane y funcionario de la Sociedad de las Naciones, en su faceta de patético, lamebotas y ambicioso sin una pizca de vida interior, la novela despega y se presenta como un crisol de hipocresías del ambiente burocrático/político y a la vez del burgués, más preocupado por el qué dirán y las influencias de los poderosos que por sus cualidades morales. Cohen despliega toda su genialidad para mostrarnos, mediante frases filosas y escenas hilarantes, la frivolidad de un atrezzo cuyo supuesto objetivo primordial es trabajar por la paz mundial y cultivarse en el camino hacia el progreso. Podemos ver a Adrien (ridiculizado constantemente como Didi) insultando en secreto a Solal, su jefe, y a la vez rogando por un poco de atención que le permita presumir ante sus iguales del favoritismo que le otorga la alta jerarquía. Podemos verlo en una vomitiva escena donde intenta convencer a su esposa de que se deje ver más junto a él, y todos, salvo él, sabemos que Ariane no tiene ni el más mínimo respeto por su esposo y mucho menos lo ve como alguien digno de amor.

Pero esto es recién el inicio. Cuando empecé la lectura, en su momento pensaba que la historia trataría de Adrien y Ariane y de sus problemas para encajar con la burguesía y de cómo resolver su relación. Y eso es apenas el primer tercio del libro. Luego de una escena larguísima en donde esperamos, junto a Adrien, la llegada de Solal para cenar, sin que este se presente nunca, y viendo cómo Adrien inventa justificaciones a cada hora y luego hasta perdonándolo por no haber asistido, la novela toma otro cariz. Hay un evento, una fiesta que brinda Solal en su mansión, y Adrien y Ariane asisten. En un momento, Ariane se queda a solas con el galán irredento. Y es cuando se da ese discurso maravilloso que cité hace un par de párrafos. Y es entonces que el lector está perdido, entregado al juego de Cohen, reconociéndose en los problemas de Solal para encontrar una mujer que lo quiera y a la vez asqueado por la manipulación evidente y por que Ariane, que se jacta de no querer a nadie, termine cayendo en esa treta. A partir de ahí el foco es para ellos dos, qué es lo que pasa cuando el mayor objetivo se cumple, cuando los sueños más delirantes de tu niñez se ven cumplidos, cuando la persona que aparece todos los días a tu lado es la representación de ese ideal, para lo bueno y para lo malo.

No he mencionado otro grupo de personajes importantísimos: Los Esforzados, con Saltiel, el tío de Solal, como líder de cabecilla. Presentados en Solal, no haré desarrollo de ellos, ya que en esta novela aparecen más como un contrapunto cómico que como una parte esencial de la trama. Pero fungen como un ente colectivo, donde cada uno lleva su rol con una dignidad exasperante y a la vez de una conveniencia que te hace soltar un par de risas. Cómo olvidar la escena donde se esconden y tratan de ver qué hace Solal con Ariane, si se atreve a seducir a la esposa de uno de sus funcionarios y cómo afectará en ello a la reputación del susodicho y a la reputación judía en general. 

Porque ese es otro elemento importante en la obra de Cohen. Si bien existe una crítica feroz hacia ciertas personalidades del ámbito judío y de los estereotipos que a veces encarnan con placer, la novela transcurre en tiempos de entreguerras, y a lo largo de la trama, la mención de Hitler y el avance de todo lo que representa se hacen eco solapadamente a través de los protagonistas y de distintas maneras. Para Adrien es un suceso que le permitirá desempeñar un mejor trabajo y que, paradójicamente, es lo que permite el incipiente adulterio de su esposa, para Ariane una simple distracción que lo aleja de su verdadero amor (para entonces simbolizado en la figura de Solal), y para este último, una preocupación permanente que le hace atestiguar la desidia de la humanidad frente a una fuerza imparable que amenaza con llevarlo puesto. Y su reacción es la de esconderse, la de pensar que no le tocará a él, que le tocará a cualquier otro y que eso bastará para que la furia no lo toque. Eso desemboca, junto con la revelación de su aventura con la esposa de un funcionario, en una huida permanente de su trabajo como Subsecretario de la Sociedad de las Naciones y de su propia persona, escondiéndose con Ariane en varios hoteles y planificando su rutina todos los días con tal de no enfrentar lo que debe enfrentar.

Cohen da acá el golpe maestro. En las últimas dos partes, cuando el foco se centra en la relación de Solal y Ariane, y uno cree, ingenuamente, que son perfectos el uno para el otro (para Ariane por el deseo cumplido de una frivolidad eterna mediante un príncipe azul que le cumple todos los caprichos, para Solal por la belleza sin parangón y la potencia sexual que es Ariane) y que, retorcida y con todos los adjetivos que se puedan encontrar, encontrarán la redención, se muestra que el proyecto de mantener de mantener un amor cursi, adolescente, de renovar la sensación del primer enamoramiento todos los días y de enfrentar con terror cualquier rato de aburrimiento, de desgana, de odio hacia el otro, incluso del mínimo pensamiento de pasar un segundo a solas, es agotador, tanto para el personaje como para el lector. A Solal le ha ocurrido lo mismo que con las demás mujeres, a Ariane, la capa de su príncipe azul se le empieza a desteñir en una mezcla de gris y negro. En cada página leemos expresiones supremas del amor, de la ansiedad, de los celos, de la ira, del amor de nuevo. Vemos, de a poco, ideas cada vez más ridículas por parte de los dos, todo con el fin de mantener una sensación que hace mucho ha muerto. Se compran una casa, se proponen apodos todo el tiempo, hacen el amor cada vez que sus cuerpos se lo permiten pero de una forma mecánica, se amenazan con dejarse, inundan la casa con los llantos, todo esto mientras el mundo se incendia y la marea de la perdición llega hacia ellos. Cada uno consume al otro. La verdadera tragedia, parece decirnos Cohen, es aquel amor que cumple todo lo que pensabas que deseabas pero que nunca termina por satisfacerte, pues cada deseo y acto muere en su concepción.

Es imposible dar cuenta del efecto de una novela como esta. Revela zonas oscuras que uno no quiere pensar que las tiene, o que en algún momento ha pensado que las tiene, y a la vez, en pocos momentos, proporciona un momento de júbilo, un segundo de alegría tan puro como el de un niño, ya sea por la brillantez de un discurso como por las expresiones poéticas sobre el amor, un amor que no es el adecuado, es cierto, pero quién no se ha visto envuelto en uno de esos y ha pensado que se desintegraba en ese influjo. He olvidado muchas cosas (todas las escenas oníricas de Solal, los monólogos de la sirvienta de Adrien y otras cosas), pero meses después el recuerdo de una obra gigantesca, capaz de cambiar tus puntos de vista, de detectar aquello que quizás es intuitivo para todos y que nadie puede poner en palabras, crece y echa raíces en mi mente. Y aunque una de las etiquetas sea muy recomendable alto (porque ciertos monólogos, ciertos trucos, como representar la corrupción de una pareja, horadan el entusiasmo lector y provocan las ganas de tirarlo a la calle), el libro es inolvidable, una tempestad de la naturaleza que te deja temblando y anonadado ante la capacidad de la ficción para descubrirte y renovarte.

Más del inconmensurable Albert Cohen: Solal


viernes, 26 de diciembre de 2025

Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam: Triunfo y tragedia de un humanista

Idioma original: Alemán

Título original: Triumph und Tragik des Erasmus von Rotterdam

Traducción: R. S. Carbó

Año de publicación: 1934

Valoración: Muy recomendable (Imprescindible para los humanistas)

(De manera intencional pongo de portada la colección de biografías de Zweig de Acantilado. En estas épocas de dar, este tabique de dos tomos es uno de esos regalos que te cagas. Regálenselo a esa persona amada. De nada: luego me agradecen. Incluye las biografías de Erasmo de Róterdam, Fernando de Magallanes, María Estuardo, María Antonieta, Joseph Fouché, Honoré de Balzac y Marceline Desbordes-Valmore).

Cuando hay un libro altamente recomendable, la reseña se vuelve corta. Hay pocas cosas que agregar al texto original además de decir: léanlo.

Se dice que una persona extraordinaria nace cada cien años. Así que el hecho de que Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero hayan habitado el planeta al mismo tiempo no puede ser otra cosa que un prodigio. Y no solo eso: el choque entre ambos, el sabio que pule frases hasta dejarlas como vidrio y el monje que lanza martillazos, define, para Zweig, el punto exacto en el que Europa deja de conversar y empieza a gritar.

Zweig escribe esta biografía como quien ve venir una tormenta. Publicado en 1934, el libro tiene esa electricidad rara de las obras que hablan de otra época, sí, pero con el oído puesto en el siglo XX: el fanatismo como método, la polarización como forma de vida, la masa como una máquina que exige sangre o milagros, y el intelectual humanista intentando, tercamente, que el mundo no se vuelva una hoguera.

Zweig no explica a Erasmo, lo dramatiza. Lo coloca en escena. Lo deja ser lo que fue: un hombre de letras, un europeísta antes de que existiera la palabra, un creyente sin ganas de inquisiciones, un reformista alérgico a la Reforma cuando se sale de madre. Erasmo, dice Zweig, es la encarnación de la medida. Y luego llega Lutero, que es todo lo contrario: no mide, arde. El conflicto va más allá de la teología; es temperamental. 

Si te interesa el humanismo, este libro es obligatorio. Si te interesa la Reforma, también. Y si te interesa, aunque sea por puro instinto de supervivencia, entender cómo se rompe una sociedad y cómo la inteligencia y mesura puede volverse un estorbo, entonces más te vale leerlo. Porque la biografía de Erasmo, en manos de Zweig, es algo útil: una advertencia escrita con elegancia.

viernes, 24 de octubre de 2025

Antonio Escohotado: Historia general de las drogas (Metaentrada)

Idioma original: Español

Año de publicación: 1983

Valoración: Imprescindible

En 1983, Antonio Escohotado publicó Historia general de las drogas, una obra monumental que reconstruye la relación entre ebriedad, ley, comercio y cultura a lo largo de siglos. Su apuesta, leer las drogas como un fenómeno humano total, inseparable de la libertad individual y de los dispositivos de control social, sigue interpelando hoy, cuando la conversación pública oscila entre el moralismo, la hiperindividualidad, y el tecnocratismo.

Esta reseña parte de esa ambición panorámica, pero quisiera añadir un matiz: el de la neurociencia contemporánea. No pretendo (dios me salve) de actualizar a Escohotado con bibliografía reciente, sino de poner a dialogar su marco histórico y jurídico con hallazgos recientes y política pública basada en estudios científicos (si es que existe tal prodigio). Ese diálogo, creo, ilumina la vigencia del libro y también sus límites.

Primero, una lectura de su Introducción y de los conceptos que la vertebran; después, un examen de capítulos clave a la luz de estudios actuales (psicodélicos, ketamina, MDMA, adicciones conductuales) y, por último, una reflexión sobre la compleja tarea de integrar historia, neurobiología y política de drogas. El objetivo no es dirimir un pleito ideológico, sino ganar comprensión práctica sobre cómo y por qué ciertas sustancias mejoran o empeoran la vida de las personas.

Lo de “imprescindible” no es hiperbólico. Cualquiera que pretenda opinar sobre drogas (léase podcastero, youtubero, tiktoker, etc.) como mínimo debería manejar el bagaje que aporta este libro (lo cual, ya lo sé, es pedirle peras al olmo).

Introducción

Escohotado abre su tratado con una tesis potente: lo psicoactivo no es un accidente moral sino un hecho psicofarmacológico que acompaña a la cultura desde sus comienzos. El pasaje sobre "la cosa tangible" que altera el ánimo y la ambivalencia del phármakon (remedio/veneno) sitúa la discusión más allá del bien y el mal: importa quién, cómo, cuándo, dónde y para qué se usa. Esa intuición, que hoy llamaríamos "dependiente de contexto, dosis y sujeto", sigue siendo fértil: la frontera entre perjuicio y beneficio no está en la molécula, sino en las condiciones de su uso. Ahí Escohotado es, todavía, sorprendentemente actual.

Me gustaría matizar dos lugares comunes que el propio Escohotado cita: la equiparación del "electrodo de placer" con la degradación del toxicómano, y la idea de que las drogas "enloquecen de placer". Los clásicos experimentos de autoestimulación intracraneal no se reducían al hipotálamo: involucraban circuitos mesolímbicos que median motivación, aprendizaje y saliencia, no simple hedonía. Hoy sabemos que el problema del enganche a una droga no es "sentir más placer", sino la tolerancia y la dependencia, cuando se presenta una disociación entre el consumo y el refuerzo (dígase placer, euforia, sopor); esa disociación explica por qué el consumo persiste aun cuando el placer disminuye, lo que define la formación de un hábito (o en este caso, una adicción). 

El libro también enmarca el fenómeno en términos político-jurídicos: del "pecado" al "delito de riesgo" y a la excepción penal que suspende garantías. Aquí conviene actualizar la foto con datos globales: los informes recientes de OMS muestran mercados dinámicos, nuevas sustancias y respuestas heterogéneas; la dicotomía "sociedad sin drogas vs. libre mercado de todas" sigue siendo retórica, mientras la realidad cotidiana transcurre entre prohibición, mercado ilícito y sustitutos/adulterantes. 

En el frente clínico, la "bendición y maldición" del phármakon hoy es más matizada y empírica. Por ejemplo, la psilocibina ha mostrado señales antidepresivas en depresión resistente, aunque con efectos adversos y necesidad de ensayos más largos y comparativos; no es una panacea, pero tampoco un mito. En paralelo, la ketamina ofrece alivio rápido en depresión resistente bajo protocolos estrictos de seguridad, y la investigación compara su desempeño con antidepresivos convencionales (resultados que se han visto embarrados debido al abuso por parte de figuras públicas deleznables como Elon Musk). Estos avances confirman que la psicofarmacología puede ampliar el repertorio terapéutico sin borrar sus riesgos. 

Sin embargo, el entusiasmo debe convivir con el escepticismo regulatorio. El caso MDMA-TEPT (estrés postraumático) ilustra cómo, aun con resultados promisorios, los comités de la FDA han concluido que la evidencia y el balance beneficio-riesgo aún no son suficientes; la decisión reciente de no aprobar empuja a mejorar diseño, monitoreo y estándares de seguridad. 

Finalmente, cuando Escohotado anticipa que el problema no es sólo sanitario sino político y social, hoy podemos añadir un matiz de salud pública: las intervenciones de reducción de daños (p. ej., centros de consumo supervisado) se asocian con reducciones locales de mortalidad por sobredosis y menor carga para servicios de emergencia; no sustituyen el tratamiento ni "resuelven" la adicción, pero son piezas útiles en ecosistemas complejos. 

SECCIÓN PRIMERA — Magia, farmacia, religión

Escohotado sitúa la ebriedad en el cruce entre rito, remedio y norma. Desde Mesopotamia hasta las Américas precolombinas, muestra que las drogas no nacen como "vicio" ni como "crimen", sino como instituciones: usos reglados que organizan comunidad y experiencia. Entre dos polos, posesión y excursión, la ebriedad puede ser fusión con lo sagrado o apertura de visión; en ambos casos, suspende la rutina perceptiva y redistribuye el sentido de lo permitido.

El "mapa" se completa con mitos que codifican reglas y riesgos, y con una cotidianidad donde vino, opio y farmacopeas se integran en economía, medicina y derecho: lo profano y lo sagrado forman un continuo más o menos utilitario. Leída hoy, esa intuición dialoga con la neurociencia: los psicodélicos pueden aumentar la flexibilidad cognitiva cuando el contexto es el adecuado (el clásico set & setting), y la clínica contemporánea traduce antiguos ritos en protocolos terapéuticos (si bien, muchas de las "terapias" provenientes del psicoanálisis están más cerca de la magia que de la realidad, ¡qué daño ha hecho ese madafaka de Froid!). Del soma al peyote, la sección traza una fenomenología comparada de estados de conciencia y deja una idea central: la molécula importa, pero su marco de uso: cultural, ritual o clínico, es lo que decide su valor y su riesgo.

SECCIÓN SEGUNDA — Cristianismo, islam y la invención de la cruzada 

Escohotado traza cómo Occidente convirtió la ebriedad en asunto de obediencia. Del cristianismo antiguo a la baja Edad Media, la alteración "legítima" del ánimo (eucaristía, ascetismo) se opone a las formas profanas o terapéuticas, que pasan a leerse como desorden, herejía o simple depravación. La persecución de la brujería se convertirá en modelo: archivo inquisitorial, erotismo como pretexto, y una pedagogía del miedo que inaugura el delito sin víctima (la hipótesis de que dildos untados con psicotrópicos derivaron en la iconografía de la escoba de la bruja es, cuando menos, asombrosa). 

En el mundo islámico, alcohol, opio y cáñamo revelan la otra cara: las mismas sustancias pueden ser institución o crimen según el encuadre ritual y jurídico. La irrupción del café consagra una "ebriedad" alerta, estimulación sobria compatible con la ciudad y la burocracia (lo que equivaldría al uso de la cocaína en Wall Street, o de las anfetaminas en residentes de medicina o amas de casa), mientras el cáñamo queda como un irruptor de la disciplina. Se dibuja así una regla: el estatus legal no coincide con el riesgo biológico.

El tramo final, del humanismo a Paracelso y el caso americano (tabaco, coca, mate), adelanta la toxicología moderna: dosis y contexto deciden el sentido del phármakon. Con el tránsito a la modernidad, la demonología deviene en "toxicomanía", y economía, medicina y política aprenden a gobernar la percepción. La cruzada cambia de vocabulario, no de lógica.

SECCIÓN TERCERA — Liberalismo, opio y el siglo de los laboratorios

Escohotado deja atrás la teología del cuerpo y entra en la modernidad: el final del Antiguo Régimen desactiva la cruzada moral y devuelve la conducta sin víctima al terreno del derecho civil. La pregunta ya no es "pecado o virtud", sino daño medible: riesgo, dosis, contexto y externalidades. En ese viraje asoman dos frentes que marcarán el siglo: la "cuestión china" del opio y el papel del comercio europeo en la terapéutica.

El liberalismo destapa el caño del desagüe: láudano, morfina, cloroformo, éter y los primeros barbitúricos expanden accesos y usos, mientras la medicina aprende a distinguir analgesia, anestesia y sedación y paga el precio en tolerancia, dependencia y negligencia. El phármakon se vuelve margen terapéutico: no hay venenos morales, sino curvas dosis–respuesta y farmacocinética (la vía y la velocidad de entrada moldean el potencial adictivo tanto como la molécula).

La cocaína condensa el ciclo moderno: entusiasmo científico, promoción comercial, usos clínicos y, después, estigma. Lo que el siglo XIX y XX llamó "vicio" hoy se entiende como saliencia sensibilizada y plasticidad dopaminérgica que empuja del "gustar" al "querer". El cierre regresa a los visionarios, cáñamo y peyote, para mostrar el paso de lo sagrado tutelado a lo experimental clínico: protocolos, set & setting e integración. Si la Edad Media inventó la cruzada, el laboratorio inventa su antídoto laico: el método.

SECCIÓN CUARTA — De la "conciencia del problema" a la paz farmacrática 

Escohotado narra cómo, del primer impulso internacional por "ordenar" los psicoactivos, se pasa a un régimen estable de control. La escena arranca con misiones y conferencias que inventan el léxico del peligro y culmina en La Haya y la Ley Harrison, donde la adicción deja de ser asunto médico para convertirse, en la práctica, en materia penal y fiscal. Las dos primeras décadas de cruzada cierran clínicas, prohiben el alcohol y, con la Marihuana Tax Act, criminalizan el cannabis por vía impositiva: no se prohíben moléculas por su fisiología, se clasifican por su lugar en un tablero moral y administrativo (y si nos acercamos a las teorías conspirativas, en la irrupción del cáñamo en el mercado de los textiles, dominado por los dueños (ex-esclavistas) de la industria del algodón).

Sigue una fase de latencia que arma la maquinaria (industria, agencias, leyes más duras) hasta fijar una "paz farmacrática": proliferan estimulantes, narcóticos y ansiolíticos legales, y el consumo se normaliza bajo vigilancia. El hilo común es claro, el mundo deja de debatir qué hacen las drogas para decidir qué son y quién puede tocarlas. Leída hoy, la sección anticipa un matiz que confirman los estudios recientes: el daño no es una esencia química sino un acoplamiento entre farmacología, aprendizaje y contexto. Controlar "drogas" es, en rigor, gobernar conductas y entornos. Siendo optimistas, este es un progreso importante.

SECCIÓN QUINTA — Los insurgentes

Escohotado retrata la disidencia frente al orden "farmacrático" nacido tras la I Guerra Mundial y fijado con la Convención de 1961. El desequilibrio es evidente, el cáñamo se ubica junto a tóxicos "superadictivos" mientras los psicofármacos de uso masivo sostienen la normalidad química sin el mismo estigma. Los sesenta amplifican la grieta: contraculturas, psicodelia y, como contragolpe, la "nueva ley internacional" que extiende el cerco al LSD, DMT, mescalina, psilocibina y THC, y reordena estimulantes y sedantes. El mensaje de fondo paso de castigar faltas a normalizar conciencias; la elección de estados mentales se convierte en enfermedad o delito y la intimidad queda bajo tutela.

Leída hoy, la sección gana relieve empírico. Los psicodélicos muestran potencial terapéutico cuando se encuadran en protocolos estrictos, desmontando la equivalencia automática entre éxtasis y patología. El MDMA ofrece la contracara: el rechazo regulatorio reciente no reimpone el anatema, obliga a elevar el listón metodológico. Y un frente inesperado, los agonistas GLP-1 (e.g. Ozempic, con todos los cadáveres andantes que ha producido), sugiere nuevas dianas para el consumo compulsivo más allá del dopamina-centrismo. En conjunto, la insurgencia ya no es sólo cultural, es de método. Se trata de clasificar mejor, medir mejor y cuidar mejor, sin confundir moral con farmacología.

SECCIÓN SEXTA — La "nueva ley internacional", la exportación de la cruzada y la era del sucedáneo

Escohotado muestra el tramo final del prohibicionismo, definir para gobernar. Con el Convenio de 1971 se reordena el mapa. Los psicodislépticos obtienen lista propia y los estimulantes/sedantes se reparten en paralelo, mientras un vocabulario (estupefaciente, hábito, dependencia, psicotoxicidad) se impone como gramática de poder más que como reflejo de la farmacología. La cruzada se exporta: adormidera y coca sirven para tejer operaciones, acuerdos y retóricas humanitarias que externalizan costes y fijan una "paz farmacrática" donde policía, diplomacia y mercado conviven (aquí valdría mencionar el pretexto más reciente para eliminar el debido proceso penal e invadir soberanías ajenas: el fentanilo).

El "retorno de lo reprimido" llega con la heroína (o, en nuestros días, el fentanilo) y la cocaína: la demanda no desaparece, cambia de forma; sustitución, adulteraciones y picos epidémicos dibujan un daño reconfigurado por la propia política. En paralelo, la marihuana reabre su disputa pública (aún usada por los sectores más conservadores para desprestigiar a sus adversarios, como el caso más reciente del candidato a la alcaldía de Nueva York, Zohran Mamdani). Entre designer drugs y análogos del fentanilo, la ley ya no prohíbe sustancias una a una, persigue familias y potencias (prohibición por analogía). El resultado es previsible, cada cerco legal abre un borde de innovación. La química va por delante; el derecho, detrás, intentando darle alcance. El cierre anuncia el tiempo que seguimos habitando y que acecha a los más jóvenes: la era del sucedáneo (el juego, las redes sociales, etc.).

Conclusión

Historia general de las drogas sigue siendo, a más de cuatro décadas de su publicación, un mapa intelectual poderoso: exhibe cómo las sociedades definen, ritualizan y castigan ciertos estados de conciencia. Su apuesta por recuperar el phármakon, remedio y veneno según dosis, sujeto y contexto, resiste bien el contraste con la ciencia contemporánea: hoy sabemos que el daño o el beneficio emergen menos de "la sustancia" que de patrones de uso, contingencias de aprendizaje y marcos institucionales.

Leída con una lente neurocientífica, la obra desplaza el tópico del "placer" hacia la motivación sensibilizada y la saliencia: lo que se potencia no es tanto el "gustar" como el "querer" (o en grados avanzados, necesitar). Ese giro explica por qué el consumo persiste cuando el placer mengua, y por qué intervenciones eficaces combinan farmacología con contexto. En este punto, Escohotado acierta al insistir en que la molécula no es una esencia moral y que el marco cultural y jurídico es parte de la farmacodinámica social.

Donde el libro es más polémico, y valioso, es en la genealogía de la cruzada contra las drogas: muestra cómo la ley nombró y fabricó "la droga" como problema penal (o moral) antes que sanitario. La investigación actual en salud pública no desmiente esa tesis: confirma que el estatus legal se desacopla con frecuencia del riesgo biológico y que la represión, por sí sola, reconfigura mercados y daños sin resolver determinantes conductuales.

Escohotado ofrece una teoría robusta de cómo llegamos a gobernar la percepción y el ánimo; la evidencia actual permite decidir para qué y en qué condiciones conviene hacerlo. Entre la tentación del anatema y la fantasía de la panacea, queda un terreno exigente: el estudio riguroso de la bioquímica del organismo humano. Si algo permanece después de cerrar el libro, es la convicción de que discutir sobre drogas es, en realidad, discutir sobre libertad y comunidad. Y que esa discusión se vuelve más honesta cuando la historia, la ley y la ciencia se escuchan entre sí.

lunes, 25 de agosto de 2025

Annie Ernaux: El acontecimiento


Idioma original: 
francés
Título original: L’événement 
Traductoras: Mercedes Corral Corral y Berta Corral Corral 
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable/Imprescindible
 
Como sabrán los seguidores habituales y longevos de ULAD, Annie Ernaux es una de nuestras autoras de cabecera, ya desde antes de que ganase el Premio Nobel en 2022. Al final de esta reseña hay un enlace que permitirá encontrar los otros libros que hemos comentado de esta autora, que con este ya se acercan a la decena. Con todo, y sorprendentemente, todavía no habíamos reseñado este El acontecimiento, una de las novelas más conocidas de esta autora. 
 
Tal como sucede en la mayor parte de la producción de Ernaux, la obra es un ejercicio de memoria y análisis (y análisis del propio proceso de memoria) relativo a algún momento o aspecto de la vida de la escritora. En este caso, este momento, el "acontecimiento" del título, es el aborto que la autora decidió realizar en 1963, mientras era estudiante en la Universidad de Ruan, en un periodo en el que el aborto no solo no era legal, sino que seguía siendo un tabú y un estigma. 
 
Así, la novela comienza con el momento en que la narradora y protagonista descubre que está embarazada; viene, a continuación, un periodo de búsqueda angustiosa y solitaria de alguien que le practique un aborto de forma segura y, a ser posible, barata. Ni aquellos compañeros de la universidad en los que decide confiar, ni la medicina oficial e institucional le ofrecen ninguna solución; parecen negarse siquiera a pronunciar la palabra aborto. Por fin, consigue la dirección de una mujer que, después de algunas dificultades (y del pago correspondiente) consigue ayudarla a abortar. La novela termina con la narradora 
 
Tal como sucede con otras obras semejantes de la autora, El acontecimiento es un ejercicio (auto)analítico casi quirúrgico, impacable, sin concesiones a la sentimentalidad. Se trata de reconstruir, con el estilo seco característico de la autora, lo sucedido con precisión y con una consciencia agudísima, tanto de todos los detalles como de las sensaciones y sentimientos asociados. Se trata, también, de reflexionar sobre el propio proceso de memoria y de escritura, proceso que, en este caso, se apoya en una agenda y un diario íntimo que permite establecer una especie de paralaje, comparando las anotaciones realizadas en el mismo momento del "acontecimiento", con los recuerdos actuales de ese momento (lo que es diferente, lo que permanece, lo que se ha perdido, o añadido, con el tiempo a esos recuerdos).
 
Esta novela también es, sin embargo, un objeto de arte político, de una forma evidente y consciente. Incluso en 2000, cuando el aborto ya estaba legalizado desde 1975, escribir sobre este tema sigue siendo romper un tabú; sobre todo cuando se hace como lo hace Annie Ernaux: no como la narración de una tragedia o un dilema moral, sino como una decisión individual, empoderadora, que pone de manifiesto la autonomía de la mujer en relación con su propio cuerpo. Como dice la propia autora:
(Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres y me pondré del lado de la dominación masculina del mundo.)
La novela también es, por otra parte, política en otro sentido: tal como sucede en muchas otras obras de la autora, el texto muestra una aguda conciencia de clase, y de la forma como la clase condiciona nuestra realidad - incluido, claro, el acceso al aborto en países y/o momentos en que este no es legal y gratuito. Proveniente de una familia de clase trabajadora, la narradora ve cómo la miran y la tratan los médicos y los colegas, y cómo, en cambio, la mera mención de que es estudiante universitaria hace que el trato se modifique para mejor... 
 
Estamos, por lo tanto, ante un auténtico clásico; una obra que sigue siendo original y necesaria, abordando un tema, el aborto, demasiado frecuentemente convertido en tema de melodrama o de panfleto. Lo que tenemos aquí es algo diferente: es una narración desapasionada sobre cómo una mujer toma una decisión sobre su propio cuerpo y su propio destino, la lleva a cabo, y se siente orgullosa de ello. Naturalmente, habrá quien no comparta esta visión sobre el tema, por diversos motivos; pero eso no significa que no sea una obra necesaria y trascedente. 
 
Hay, por cierto, una adaptación cinematográfica de la novela, dirigida por Audrey Diwan y protagonizada por Anamaria Vartolomei, que ganó el León de Oro en el Festival de cine de Venecia. 
 
Otras reseñas de Annie Ernaux en Un libro al día. 

domingo, 3 de agosto de 2025

Aldo Leopold: Un ética de la Tierra

Idioma original: Inglés

Título original: A Sand County Almanac

Traducción: Jorge Riechmann

Año de publicación: 1949

Valoración: Imprescindible

"Hay épocas en que el progreso es reaccionario, y lo reaccionario es progresista." Arthur Schopenhauer 

Hace algunos años vi una entrevista a Ernesto Sábato en el programa "A fondo", realizada aún muchos años atrás, en blanco y negro. Además de ser uno de mis escritores favoritos, en esa entrevista Sábato dijo algo que me vuelve a la memoria cada vez que contemplo, desde la ventana de mi oficina, un paisaje saturado de edificios: 

“Hoy, levantar edificios de treinta pisos para que vivan en esos cubículos de cemento armado y aire acondicionado niños que nunca verán el nacimiento de un perro, ni contemplarán la aparición del sol o de la luna; niños destinados a convertirse en futuros drogadictos, alienados y tristes, no es progreso. Lo revolucionario hoy sería proponer la abolición de los rascacielos.” 

Una frase del libro que aquí reseño me provocó el mismo sentimiento de urgencia que experimenté al escuchar a Sábato: 

“Conocí a una señora con estudios, poseedora de la condecoración Phi Beta Kappa, quien me contó que nunca había visto ni oído a los gansos que, dos veces al año, anuncian el ciclo de las estaciones al pasar sobre su bien aislado tejado. ¿Acaso la educación no es más que un modo de cambiar una conciencia alerta por cosas de menor valor? El ganso que intente semejante trueque se convertirá pronto en un montón de plumas.” 

Estas dos afirmaciones, provenientes de dos “reaccionarios” de sus respectivas épocas, nos proporcionan la esencia de este libro, que, aunque publicado hace ya varias décadas, permanece sorprendentemente actual. Esto no se debe solo a la evidente oleada de irracionalidad que impregna a las sociedades desarrolladas (sin sugerir que otras naciones estén libres de esta tendencia, sino destacando que las primeras poseen el poder de infligir mayores daños), sino también por la urgente necesidad de reflexión individual en distintos planos: nuestro papel en la comunidad, nuestro estilo de vida, el devenir humano y la coexistencia con otras formas de vida. 

Considerado el padre de la ética ecológica, Aldo Leopold, ingeniero forestal de profesión, expone en este libro aspectos clave de su relación intelectual y emocional con el medio ambiente. A través de experiencias personales, reflexiones profundas derivadas de su contacto directo con la naturaleza, y una apreciación de la vida rural, Leopold nos introduce en las raíces del pensamiento conservacionista y proteccionista, culminando en un legado filosófico que sentaría las bases para los movimientos ambientalistas de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad. 

El libro está estructurado en tres partes claramente diferenciadas: 

1. Un almanaque del condado arenoso. Esta sección recoge los ensayos originalmente publicados bajo el título “A Sand County Almanac”. Está dividida en doce partes, una por cada mes del año, y ofrece una descripción casi poética del transcurrir de las estaciones en la vida semi-salvaje que Leopold llevaba en su granja de Wisconsin. Particularmente destacable es su narrativa sobre el tiempo visto a través de los anillos de crecimiento de un árbol a medida que la sierra pasa a través de ellos. Esta sección es sin duda la más lírica e impresionista, la más íntima y evocadora del libro. 

2. Bocetos de aquí y allá. Esta segunda sección presenta reflexiones nacidas de los viajes y observaciones del autor en diversas regiones de América del Norte. Leopold describe detalladamente diferentes ecosistemas, mostrando cómo el impacto humano altera el equilibrio natural. Podemos ver de primera mano los episodios que moldearon las ideas de Leopold. Los ensayos aquí contenidos no solo nos invitan a valorar la belleza de diversos paisajes, sino que nos confrontan con la fragilidad y vulnerabilidad de los entornos naturales ante la actividad humana. Es de destacar todas las veces que Leopold se cuestionó, arrepintió y condenó las acciones que hizo cuando joven.

3. Una ética de la tierra. En la última parte del libro, Leopold expone sus planteamientos más filosóficos e ideológicos, desarrollando claramente el concepto central de su obra: la "ética de la tierra". Aquí el autor sostiene que el ser humano debe abandonar su actitud dominante y explotadora frente a la naturaleza para adoptar una perspectiva de respeto y comunidad. Leopold argumenta de manera persuasiva la necesidad de establecer una ética que considere la tierra no solo como un recurso, sino como una comunidad a la que pertenecemos y de la cual dependemos. 

Una ética de la tierra es un libro imprescindible, no solo por su calidad literaria o su valor histórico, sino porque sus reflexiones trascienden el tiempo, convirtiéndose en un llamado urgente a replantear nuestra relación con el entorno. La vigencia de Leopold radica en haber anticipado los desafíos ecológicos y éticos que hoy enfrentamos con creciente urgencia. Por no decir que es una obra fundacional y de referencia para cualquiera que esté interesado en replantearse la repercusión de su paso por el mundo. 

sábado, 26 de julio de 2025

Moebius: El garaje hermético

Idioma original: francés

Título original: Le Garage hermétique

Año de publicación: entre 1976 y 1979 por entregas en la revista Métal hurlant y ese último año, como recopilación, bajo el título Major Fatal

Traducción: Lucía Bermúdez Carballo 

Valoración: imprescindible

Repasando las reseñas de "libros con dibujitos", como dicen algunos filisteos, me he dado cuenta de que no había ninguno de Moebius, también conocido como Jean Giraud, una de las principales luminarias de la Bande Dessinée del siglo XX y comienzos de este XXI. Ni corto ni perezoso, me he puesto a remediar esta ausencia con una de sus obras más destacadas, lúdicas y, hasta cierto punto, inextricable: la celebérrima El garaje hermético.

Resumen resumido (si soy capaz): en el garaje -sí, amigues, lo del garaje no es una metáfora- de Jerry Cornelius el ingeniero Barnier destroza la nave de Jerry cuando el proyector de partículas de doble polarización cromática entra en resonancia con el calibra-niveles, así que huye para no afrontar la ira de su jefe, que se dirige de vuelta a bordo de su vehículo Bertrav 2000. A su vez, su antagonista, el legendario Mayor Gruber, creador de los mundos en que se desarrollan sus aventuras, deja su nave Ciguri al cuidado de su novia, la Damalvina para dirigirse al segundo nivel de la capital Armjouth a lomos de un mabro semiautomático, a fin de saber qué ha ocurrido con su espía Samuel Mohad, que pilotaba un robot gigante Star Metharo. El encuentro entre los dos adversarios, otrora amigos, no presagia nada bueno. Eso, sin olvidar la inquietante figura, aún presente, del Bakelita, a pesar de haber sido asesinado por Gruber...

¿Está todo clarinete, no? Bueno, he de decir que yo he hecho una labor previa de desbroce para poder explicároslo, puesto que en el libro es todo aún más confuso e improvisado. Y digo improvisado porque es así como Moebius fue creando este cómic, sin apenas planificación, simplemente tratando de darle continuidad a las páginas, pero de forma un tanto tangencial y enigmática. Al menos, hasta que llegamos al final y lo entendemos -más o menos- todo. Aunque tampoco es que importe mucho entender o no entender lo que pasa; aquí de lo que se trata es de disfrutar, de dejarse llevar por el despliegue de imaginación, de humor y aventuras que encontramos en estas páginas. Además, claro, del preciosista trazo de las ilustraciones de este autor. Una historia -e historieta- de Ciencia-Ficción tal vez diferente a lo que se suele esperar del género, pero no por ello menos verosímil (quizás incluso más); un alarde, en todo caso, de libertad creativa que, como toda la obra de este creador fundamental, ha tenido una influencia indudable en el cómic y el cine posteriores, pese a su carácter, precisamente, algo hermético (sorry).

Sin duda, éste es un libro imprescindible por derecho propio, pero también como crisol -igual que los demás de Jean Giraud/Moebius, claro- de tantas tendencias artísticas y sociales, tantas inquietudes y hallazgos que tuvieron lugar en el siglo XX que no debemos olvidar en este XXI que comienza ya a estar un tanto pagado de sí mismo, me parece. Y no sé si estamos para tirar cohetes.