Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
Año de publicación: 2024 y 2025
Valoración: imprescindible para interesados
Idioma original: inglés.
Título original: Last night a DJ saved my life.
Traducción:Alejandro Álvarez .
Año de publicación: 1999, con actualizaciones hasta 2014
Valoración: imprescindible para interesados
Comprendo el escepticismo de los profanos: Anoche un DJ me salvó la vida toma su título de un tema clásico de un grupo, Indeep, de corto recorrido, y no es más que una frase recurrente incorporada a cierto ámbito, en el fondo una especie de guiño no exento de sarcasmo al tema del libro. "Algún título había que ponerle, y este nos vino al pelo."
Quiero decir que este no es un libro que vaya a tomarse muy en serio a sí mismo, en un principio, aunque resulta que, desde su primera publicación en 1999, el texto se ha ampliado, incorporado algo así como actualizaciones y, habida su extensión definitiva (más de 700 páginas, incluyendo profusas listas de canciones) podríamos considerarlo algo así como una referencia casi enciclopédica sobre la figura ya no solo del DJ como figura, sino sobre la evolución de la música, y el modo en que esta es disfrutada, especialmente desde que los soportes grabados lo hicieron posible al margen de la experiencia en vivo. Otro diría democratizar pero, más que eso, todo lo que los avances de la tecnología en su alcance más extenso fueron capaces de aportar.
Un libro escrito por periodistas que estuvieron presentes en el momento de la explosión de esa figura. Que recorre un rango temporal (y espacial) más prolongado de lo que podría uno suponer. Porque sí, hay una secuencia desde que los primeros locutores de radio empiezan a programar las canciones que se les presentaban a través de distintos cauces, hasta lo que fueron en algún momento, estrellas en un firmamento hiperventilado e inundado de dinero e intereses comerciales. Y hay reconocimiento de las enormes imperfecciones del proceso, de sus elevados riesgos y contradicciones. Precisamente eso aleja este texto del mero listado reivindicativo de eventos: la presencia constante de un espíritu crítico, de una necesidad de poner la música por delante de todo, la aceptación de que esa cultura de diversión, de hedonismo, se cobró víctimas por mucho de lo que confluyó en ella en sus puntos álgidos (el SIDA, los excesos de todo tipo) y sobre todo, la lectura inapelable, producto del análisis: la creciente popularización degeneró en una enorme capacidad de atraer los socios equivocados, las dinámicas voraces del capitalismo, en su mayoría, que fueron tanto espoleta de su explosión global, como motivaron que, en el momento que los intereses entraron en barrena, todo se estropeó y la creatividad, el impulso artístico, acabó evaporándose en gran parte. A pesar de ese funesto panorama, y sin apelaciones vacuas a la nostalgia, el texto rememora, casi con aires de suspense, cómo una serie de elementos dispares confluyen en un movimiento chispeante, creativo, democratizador del talento, que no dispone hasta día de hoy de algo a qué compararse. Con todo lo necesario en textos de este tipo, desde reivindicación de sus factótum más oscuros, hasta relación de todas sus referencias más brillantes. Casi, una enciclopedia, con opiniones contundentes siempre embebidas de amor por la música.
Capítulo aparte merece la atroz traducción que, aparte de sacarse de la manga un verbo (diyoquear? tan difícil era otra elección?) viene a ser un ejemplo sobre porqué los textos con un cierto perfil técnico o especializado no deben ser puestos a disposición de manos profanas.
Título original: The Vampyre
Año de publicación: 1819
Traducción: en esta edición no consta
Valoración: imprescindible para fans del género. Para los demás, está bien
Les presento, damas y caballeros al primer y genuino vampiro, el que ha dado lugar a todos los que en la literatura, el cine o incluso los dibujos animados han sido, el original e inimitable vampiro imaginado por John William Polidori, médico de Lord Byron, aquella legendaria noche del 18 de junio de 1816, "el año sin verano", en la Villa Diodati, a orillas del lago Leman, y que también vio nacer a otra mítica criatura de manos de Mary Wallstonecraft Godwin (aún por entonces), el llamado monstruo de Frank... ¿Cómo? ¿Que no? ¿¡Cómo que no!?
Pues no. O no del todo así, al menos. Para empezar, el de Polidori no es el primer vampiro que aparece en la literatura, aunque sí el arquetipo vampírico que más éxito ha tenido: el vampiro seductor, fascinante, de modales e incluso títulos aristocráticos, subyugador de mujeres y dominador de hombres... ¿A alguien le suena esta descripción?
En segundo lugar, no está tan claro que este relato surgiera aquella famosa noche, cuando Lord Byron propuso a sus compañeros la escritura de sendos cuentos de terror,-al parecer, tras la estimulante lectura del libro Fantasmagoriana, de gran éxito por entonces-; por lo visto, Polidori escribió o al menos pergeñó otro cuento y fue con posterioridad a esa noche cuando compuso El vampiro, a partir de una idea lanzada... por el propio Byron. Porque esa es otra: a pesar de que la primera edición se publicó con la autoría del poeta romántico por excelencia -¿artimaña de los editores para vender más ejemplares, quizá?- no hay duda de la autoría por parte de su médico personal -por breve tiempo-, Polidori. Pero asi la idea original pudo deberse a Lord Byron o no, lo que sí está claro es que él fue la inspiración `para el vampiro de la historia, un noble que causaba sensación en los salones y demás reuniones sociales, especialmente entre las damas, a las que seducía, "utilizaba" (esto suena un poco antiguo, ya lo sé) y luego dejaba tiradas como a un kleenex... más o menos, de lo que se acusaba a Byron en su época (aunque no llegara a beber la sangre de sus "víctimas", que se sepa). Más aún: incluso el nombre del vampiro, Lord Ruthven es una alusión directa a Byron, pues es el nombre que éste recibía en Glenarvon, un roman à clef escrita por Caroline Lamb, amante despechada de éste y parecida ese mismo año. Siguiendo su ejemplo, parece que lo que Polidori escribió fue, ante todo, una venganza contra su eventual patrón, con quien no se llevaba demasiado bien.
Ahora bien, ¿a quién le importa todo esto? Si el infeliz Polidori se ha llevado la gloria por haber creado a todo un arquetipo clásico no ya del género de terror, sino de toda la literatura y lo hizo como una invectiva contra su antiguo jefe, eclipsando, si no la fama de su nombre, sí la de su obra, bien está, después de las burlas y desdenes que hubo de soportar de Byron y sus amigos pijos. Y con esop, además, ya es bastante, porque la novelita en sí -relato largo, más bien- tampoco es que dé para mucho: en ella, el tal Lord Ruthven, después de fascinar a la sociedad londinense, se embarca en un viaje por la exótica Europa continental junto con un joven más bien pánfilo llamado Aubrey -exactamente igual que hicieron Byron y Polidori, casualmente- ; pánfilo y todo, Aubrey acaba descubriendo, aunque sea tarde, que su compañero de viaje no es sino un infame vampiro.... y no os cuento más porque, pese a que, como ya digo, la novela es breve, aún hay algún que otro plot-twist interesante.
El estilo, como cabe suponer en una obra literaria de hace doscientos años, por gótica que sea, resulta hoy en día un tanto relamido y no menos enfático, pero se deja leer con facilidad y aun gusto por un lector actual estándar (yo mismo, por ejemplo). En cualquier caso, el libro se lee en un ratillo...Así que no sé a qué estáis esperando para echarle un ojo: recordad que antes que Bram Stoker, antes que Anne Rice y antes, claro, que Stephen King, estuvo John William Polidori, quizá no el primero, pero desde luego no el último de los creadores de vampiros.
¡Ah, y esta edición cuenta con un prólogo de Mariana Enriquez, que no me negaréis que es un plus!
Año de publicación: 2003 (varias reediciones)
Valoración: Imprescindible para interesados, al menos
recomendable para cualquiera
Interesados como un servidor, que contaba con buenas razones para conocer con más detalle los pormenores de aquella batalla, la
más importante de la Guerra civil y probablemente la más cruenta de las que
nunca se libraron en España. Rebuscando un poco por ahí, acabé por encontrar
este poderoso volumen (que con sus más de 600 páginas pudo ser candidato a
Tochoweek) firmado por Jorge Martínez Reverte, periodista fallecido no hace
mucho, a quien tuve el placer de escuchar en una charla años ha, autor de novela
negra y, sobre todo, especialista en diversos episodios de aquella guerra.
Como decía, la del Ebro fue quizá la más
significativa batalla de la Guerra civil. El general Vicente Rojo la diseñó con el máximo
detalle para asestar a Franco un golpe que cambiase el curso de la guerra, poco
después de que los sublevados hubieran conseguido partir en dos el territorio
de la República alcanzando el Mediterráneo. Era por tanto el último gran
esfuerzo, dirigido ya en ese momento por un mando menos amateur que al principio, para ganar o
al menos ‘empatar’ un conflicto que empezaba a tener un color nacional bastante
nítido.
Con cada una de las orillas del Ebro ocupada por uno de los
bandos (republicanos al norte, franquistas al sur), la operación, con algo de
temeraria, consistía en cruzar el río y atacar en un frente no muy extenso utilizando el factor sorpresa para al menos alcanzar Gandesa (Tarragona),
principal población y núcleo estratégico para conectar con el Ejército de
Levante, que a duras penas resistía en torno a Valencia. El terreno escarpado, sembrado
de multitud de pequeñas ondulaciones, parecía propicio para ocupar rápidamente
posiciones ventajosas y afianzar el avance. Al mando de las dos grandes unidades
operativas, los generales Juan Modesto y Enrique Líster, lo mejor del Ejército
republicano.
Martínez Reverte dispone la abundantísima información en
tres perspectivas que se van solapando y haciendo mucho más interesante el
relato:
Solo he pretendido exponer una muy pequeña muestra del
enorme caudal de información que ofrece el libro en esas tres grandes líneas.
Puede que el autor se embarulle un poco citando brigadas,
batallones y divisiones, pero el libro, bien narrado en un presente histórico
ágil y eficaz, está escrito además con buena dosis de objetividad y sin
desdeñar tanto una panorámica muy amplia de la época como un descenso a
detalles que muestran la tremenda crudeza de un episodio terrible. Luego
podemos reflexionar sobre por qué la República perdió la guerra o qué
posibilidades reales llegó a haber de un desenlace diferente. Para formar esas
posibles opiniones hay centenares de libros que llenan las bibliotecas, pero me
atrevería a decir que este puede ser uno de los mejores.
Año de publicación: 2023
Valoración: Imprescindible para interesados
Hay unos libros que gustan y otros que se leen sin pena ni gloria. Los hay que dejan una huella indeleble y los que aburren hasta la exasperación. Pero también existen algunos libros que duelen. Y a mí, sinceramente, este libro me ha dejado una herida difícil de curar. Antes de abordar esta lectura admiraba y sentía cierta atracción por el biografiado. Una vez acabado el libro no sé si le admiro aún más o le aborrezco hasta la náusea. Fue el poeta madrileño un personaje totalmente excesivo, como bien indica la única acepción del término: que excede y sale de la regla. Alumno aventajado para construir rimas desde muy corta edad, Leopoldo María Panero, asumiendo los mitos de Narciso, Edipo, Dionisos e incluso de su idolatrado Peter Pan en un único rol construido a su medida, deslumbró al panorama literario patrio con su abrumadora fecundidad poética y su irreverente forma de entender la vida. Poseedor de una extraordinaria inteligencia, el poeta maldito de las letras españolas -título que siempre despreció al mismo tiempo que se aprovechaba de ello- también podía llegar a ser la persona más ruin, escatológica, miserable y mezquina, terrible de soportar por parte de sus más fieles allegados, amantes, compañeros de fechorías y demás aristocracia noctámbula con quien recorrió los infectos tugurios de las ciudades en las que vivió. Cierto es que sus problemas psiquiátricos y el indiscriminado consumo de drogas potenciaron ese lado oscuro, aunque también es verdad que esos mismos paraísos artificiales -o infiernos, según se mire- ayudaron a desplegar su atormentada producción literaria. Ensalzado por unos y denostado por otros, la figura de Panero no dejó indiferente a nadie. Andrés Trapiello, Guillermo Carnero o Jaime Gil de Biedma, quien dijo de la familia Panero que eran unos señoritos de provincia venidos a menos que tenían un Edipo entre tres, son algunos de los que públicamente arremetieron contra el poeta madrileño. Pere Gimferrer, Luis Antonio de Villena o Vicente Molina Foix siempre se mantuvieron de su lado aun con el notorio distanciamiento del primero.
Pero pongamos un poco de contexto antes de continuar. Leopoldo María Panero nace en el seno de una saga familiar y literaria cuyo padre, Leopoldo Panero Torbado, es uno de los más reconocidos poetas del régimen franquista. La madre, Felicidad Blanc, escritora perteneciente a la burguesía madrileña, completa el cuadro junto a los tres hijos del matrimonio. Segundo de tres hermanos también poetas, Leopoldo María enseguida destaca por su precocidad con las letras. Sin embargo, no será hasta la realización del documental El desencanto, dirigido por Jaime Chávarri y estrenado en 1976, cuando la familia Panero se convierta en una institución de las letras españolas, más para mal que para bien. El impacto que causó la exposición y degradación moral de sus intérpretes se podría comparar con un Sálvame Deluxe de la época y provocó un terremoto, tanto cultural como social, debido a que muchos vieron una analogía con la decadente etapa franquista que ya llegaba a su fin tras la muerte del dictador. Dicho de otro modo, con ese documental se consumó el asesinato freudiano del padre. Unos años antes y al otro lado del charco, Jim Morrison, con quien Leopoldo María habría hecho buenas migas, ya entonó el mantra edípico en la canción The end que cierra el primer disco de The Doors: mata al padre, folla a la madre.
A partir de ese momento, el más joven de los Nueve novísimos poetas españoles, antología editada por Castellet que dio el pistoletazo de salida a la carrera de Leopoldo María, ya ha roto lazos con su generación y entrará en una destructiva espiral de drogas e ingresos en manicomios hasta el fin de sus días. Afirmaba el poeta madrileño que lo que le perdía no eran las drogas sino la soledad. Atormentado por amores femeninos no correspondidos trata de buscar asilo con amantes de su propio sexo. La caída a las profundidades abisales de la locura va acompañada de multitud de publicaciones que aparecen editadas por doquier. Las similitudes entre Panero y Paul Verlaine, amante de Rimbaud, son notorias. Pero si de alguien es el sosias Leopoldo María es de Antonin Artaud; tal es así que raya en la mismísima perplejidad la increíble cantidad de coincidencias. Tanto en uno como en otro caso, el personaje ha sobrepasado su propia obra. No obstante, en palabras de Leopoldo María, es con Kafka con quien más se identifica puesto que la obra del escritor checo sintetiza de mejor manera la literatura universal. El insecto kafkiano define el yo estigmatizado. La vida cotidiana en una gran ciudad se parece más al castillo de Kafka que cualquier epopeya de Maiakovsky. El castillo es el símbolo de la fortaleza que nos separa del otro: el Estado, la política.
Cercano ya el fin de los dolorosos días para el discípulo de Mallarmé, llega el reconocimiento en Hispanoamérica a su carrera literaria con la participación del madrileño en varios encuentros literarios localizados en diferentes puntos del continente americano. También, a su vez, varias de sus obras son traducidas al italiano, inglés y francés para regocijo del poeta. El 5 de marzo del año 2014, en el hospital Juan Carlos I de Las Palmas, Leopoldo María Panero cierra los ojos para no volver a abrirlos nunca más. Cinco días antes moría también Ana María Moix, uno de los grandes amores del poeta y mujer que le causó tantos desvelos.
Para terminar, me gustaría destacar la ardua y enciclopédica labor del autor de esta biografía. Un trabajo que vio la luz originalmente en el año 1999 para ser corregido y ampliado -esta vez de manera evidentemente definitiva tras la muerte del singular poeta- con motivo de esta reciente edición.
Firmado: Carlos Télez Sedano
Aclaración previa: Los diarios incluidos en este volumen hacen referencia a la etapa final de la expedición; concretamente, desde el 1 de noviembre de 1911 hasta el 29 de marzo de 1912. No se incluyen, por tanto, anotaciones sobre el viaje a Nueva Zelanda y desde aquí a la Antártida, la aclimatación previa, etc.
Es espantoso; no puedo escribir más
Estas seis palabras constituyen la penúltima frase que el capitán Robert Falcon Scott consignó en sus diarios y expresan, en toda su crudeza y sencillez, los terribles sufrimientos por los que hubieron de atravesar los miembros de la expedición del Terra Nova. Pero esta frase no es más que el final de un continuo crescendo que, pese a (o precisamente por) la ausencia de voluntad literaria y a la falta de revisión / corrección del texto, transmite de forma vívida la angustia, experiencias, miedo, esperanza y temor del grupo de Scott.
Uno siente que acompaña a Scott, Bowers, Evans, Oates y Wilson, sufre por ellos, por los ponis y por los perros, maldice la nieve semiderretida, abomina de la monotonía del paisaje, odia con todas sus fuerzas los sastrugi, lamenta el "fracaso" (¿fue realmente un fracaso?) de haber llegado semanas después que Amundsen y los suyos al Polo, etc. Y todo esto pese a la brevedad y frialdad aparente de las entradas iniciales, dominadas por los datos sobre temperatura, distancia recorrida, dirección de viento o estado del hielo; frialdad que se mantiene en días posteriores en los que paulatinamente el texto se ensombrece en entradas en las que a los citados datos se añaden confesiones y estados de ánimo hasta llegar a las terroríficas jornadas finales.
Quizá son estas entradas finales del diario las más destacables. Los aspectos técnicos de la marcha apenas son un breve apunte y Scott mira más a su interior y a los padecimientos de sus compañeros. Son páginas en las que la muerte es una presencia nítida, lo que las concede, al mismo tiempo, una crudeza aterradora y una humanidad impresionante.
Además de lo anterior, los diarios del capitán Scott son una crónica de los errores cometidos (la elección de los ponis, la infrautilización de los perros, la opción de la travesía del gigantesco glaciar Beardmore, la insuficiencia de las raciones alimenticias y, sobre todo, la no decisión de dar marcha atrás cuando los presagios no eran para nada favorables) y muestran, a su vez, una curiosa falta de autocrítica (lo que no niega la malísima suerte que tuvieron, ojo).
En fin, quizá la historia ha hecho que Scott quede en un segundo plano con respecto a Amundsen o Shackleton por aquello de que ni llegó el primero al Polo Sur ni consiguió devolver sanos y salvos a los restantes miembros de la expedición (spoiler: el también murió). Creo que poco importa a estas alturas, pero no está de más reconocer el valor de una hazaña colosal (no culminada por bien poco) y de unos diarios que se sitúan entre lo mejor de la literatura de viajes de todos los tiempos. Ahí queda eso.
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Dicho esto, y debido a la imposibilidad de entrevistar al bueno del Capitán Scott, charlamos con Teresa y Ángel (muchas gracias a ambos), editores de este magnífico libro y responsables de la editorial Interfolio. Estas son nuestras preguntas y las jugosas respuestas:
Título original: Literary Life
Año de publicación: 2003
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Sin duda, recomendable (incluso imprescindible para los colectivos que se detallan en el primer párrafo de la reseña)
Escritores en ciernes, escritores consagrados, alumnos de escuelas de escritura, profesores de ídem, editores, agentes literarios, libreros, publicistas, impresores, hasta LECTORES (por supuesto, y, en general, sobre todo, todos estas personas en género femenino); en fin, todos aquéllos y aquéllas que devoráis a diario Un Libro Al Dia buscando desentrañar los secretos de la cosa ésta literaria, no hace falta que sigáis haciéndolo ( o mejor, sí... por lo menos mis reseñas, ejem...), porque, por fin, ÉSTE ES VUESTRO LIBRO. Aquí descubriréis cómo es el interín de este negocio... ¿qué digo?, de esta SAGRADA VOCACIÓN, los intrígulis para hacer este regalo a la sociedad que es el libro y los desvelos para hacerlo de sus devotos servidores: los escritores en ciernes, los consagrados, etc. (incluso, por qué no decirlo, de los reseñistas pedantuelos que sólo leemos libros de autores balcánicos a los que no conocen ni en su casa a la hora de comer).
La veterana ilustradora británica Posy Simmonds no sólo conoce al dedillo estos secretos, sino que los plasmó es una serie de viñetas aparecidas en el diario The Guardian entre 2003 y 2005, y que, por lo que sea, no han sido publicadas en español hasta ahora. Una lástima, porque lo que nos podíamos haber reído hasta ahora y sin necesidad de refocilarnos con los otrora populares Lector mal-herido, La patrulla de salvación o el ínclito y aún en ejercicio Tongoy... Ahora bien, tampoco es que la señora Simmonds se dedique al cotilleo sobre tal o cual figura literaria, no, ella tiene demasiada clase para ello... cuando se habla de alguna celebridad real, es poruqe lleva años y hasta siglos criando malvas: es el caso de una historieta en la que jane Austen se plantea si regresar al mundo de los vivos, por ejemplo. En general, de quienes trata este libro es de arquetipos -aunque quizá no sea difícil ponerle otro nombre a algunos personajes-: el escritor "intensito" pero de escaso éxito, el autor de best-sellers, la escritora de novelas eróticas, las de literatura infantil, los libreros que resisten ahora y siempre al invasor, los lectores que acuden a las ferias o a las presentaciones, el poeta de provincias... en fin, todo un mUndo que se mueve alrededor de ese objeto venerado, (a veces incluso con alguna razón) que es el libro.
Título original: The World Aflame. The Long War, 1914-1945
Año de publicación: 2020
Traducción: Javier Romero Muñoz
Valoración: de lo más recomendable (sobre todo para interesados)
No solemos reseñar en este blog libros de fotografía y quizás deberíamos hacerlo más. En el caso que nos ocupa hoy he de aclarar (sobre todo para los desconfiados que puedan pensar que ésta es una forma facilona de cubrir una reseña) que no se trata "tan sólo" de una compilación de fotografías, pues cada una de las doscientas que aparecen viene acompañada de un prolijo texto explicativo. Y, además, tampoco se trata de unas fotografías "normales", sino de fotos en blanco y negro adecuadamente coloreadas -casi "resucitadas", diría yo- por la artista especializada en la coloración digital Marina Amaral, de quien quizás nuestros lectores ya conozcan su obra; junto con el historiador y periodista británico Dan Jones, con quien también elaboró un libro anterior, El color del tiempo, la brasileña Amaral firma aquí un libro extraordinario; que recoge imágenes de la primera mitad del siglo XX, desde los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial a los juicios de Núremberg que saldaron cuentas -pocas- tras la Segunda. Por supuesto, también las de los decisivos años del periodo de entreguerras... El criterio para concebir el libro ha sido, como recoge el subtítulo, considerar ambas guerras mundiales como dos actos de una sola, como pensaban Churchill y De Gaulle, aunque sea un criterio que no hayan seguido la mayoría de los historiadores. En todo caso, creo que se trata de una elección "artística" o literaria más que historiográfica, a pesar de que tiene su sentido. Tranquilos, en todo caso, los fans de la Historia militar, porque en este volumen se recogen las batallas y acciones más destacadas de estos conflictos.
En estas fotos, restauradas, por decirlo así, con gran rigor histórico, las hay de todo tipo, desde retratos de personalidades de la época: Churchill, Scott Fitzgerald, Trotsky, Atatürk, Alan Turing, Lawence de Arabia... o, cómo no, los inevitables Hitler y Mussolini, a personas corrientes, víctimas de las trágicas circunstancias que les tocó vivir... Vemos también momentos que reflejan, de forma más o menos representativa, sucesos de aquellos añor. revueltas y revoluciones, crisis económicas, etc. pero, como es lógico, predominan las fotografías de tema bélico, y no sólo sobre las dos conflagraciones mundiales, sino también de otras más locales: la guerra del Rif, la chino-japonesa o, por supuesto, la Guerra Civil española. Debo decir que, lógicamente, encontramos aquí fotos de muertos o heridos por la guerra, pero en general no son demasiado truculentas, salvo alguna excepción... tampoco se han seleccionado para este libro las fotos más célebres o emblemáticas de cada suceso, sino otras menos conocidas, aunque igualmente representativas; así, por ejemplo, no aparece la icónica fotografía de los marines alzando la bandera estadounidense en Iwo Jima, sino una posterior, en la que esa primera bandera es sustituida por otra más grande. tampoco la conocida foto de la bandera soviética sobre las ruinas de Berlín, sino otra similar, etc. Por otro lado, se recogen varias fotografías que atestiguan la labor de las mujeres en aquellos turbulentos tiempos y sus progresos en el campo político y laboral.
Hay además un reconocimiento constante, en cualquier caso, a los y las fotógrafas que tomaron estas imágenes, contándonos en ocasiones sus peripecias y las circunstancias en que se tomó cada fotografía: desde el escritor y activista por los derechos humanos alemán Armin T. Wegner, que atestiguó el genocidio de los armenios del Imperio Otomano a los norteamericanos Ralph Morse, que se chupó toda la II G. M. para la revista Life, John Florea o Robert F. Sargent, de la Guardia Costera, que desembarcó y tomó fotos en Omaha Beach el Día D... Un lugar destacado tiene un retrato del mítico Robert Capa, junto a Hemingway y el chófer que les llevó a París durante la liberación de la ciudad.
Entre todas esas fotografías, ¿cuáles pueden ser nuestras favoritas? En mi caso, creo que dos que retratan a unas niñas: la de Ángeles González, refugiada madrileña de 7 años que protege son gesto airado sus pobres alimentos de la cámara de la norteamericana Margaret Boarke White, durante nuestra Guerra Civil (y que sale en la cubierta de la edición original, por cierto) y las creo que bastante conocidas fotografías de ingreso en Auschwitz de la joven polaca Czesława Kwoska, asesinada en ese campo en 1943.; ambas fotos no pueden sino despertar la ternura y conmiseración de cualquiera que las contemple. Por otro lado, no sé cuáles serán las favoritas de los autores del libro, pero sospecho que la de Marina Amaral podría ser ésta que retrata a Anna Coleman Ladd, una pintora de máscaras protésicas para los soldados que habían sufrido desfiguraciones faciales durante la Gran Guerra, de cobre esmaltado y pintado con colores naturales e incluso vello facial. Lo digo porque es una actividad que guarda alguna concomitancia con la que hace ella...
"Este libro también es una advertencia. Mientras escribimos estas líneas, vuelven a marchar en todo el mundo el fascismo, el nacionalismo, el populismo, el antisemitismo, el odio, los prejuicios y las políticas de exclusión, división y aislamiento. Que lo que ven aquí sea recordatorio de adónde conduce todo eso. El mundo es frágil. hace falta menos de los que pensamos para sumirlo en llamas."
Título original: Wouldn't It Be Nice: Brian Wilson and the Making of the Beach Boys Pet Sounds
Año de publicación: 2003
Traducción: Julio Fajardo
Valoración: recomendable para todos, imprescindible para interesados
Resulta que ciertos libros aparentemente de alcance restringido o incluso, digamos, cercanos al monográfico suelen no serlo tanto e incluso disponer de una especie de ampliación de espectro (o, esto, de campo de batalla) que los eleva por encima de géneros y temáticas. Este brillante estudio casi inclasificable en términos de género (¿crónica? ¿ensayo?) se ocupa de analizar el proceso de creación y publicación de uno de los mejores discos de todos los tiempos: Pet Sounds de The Beach Boys, de cuya primera canción toma el título. Y lo hace de un modo exhaustivo en muchos aspectos técnicos y logísticos. Habla de músicos, de canciones, de productores, de estudios de grabación. Todo eso es ya suficiente para el aficionado fascinado por el disco. Pero, al igual que cierto libro que leí y reseñé hace tiempo, sobre el proceso que acabó con la publicación de Ulises de James Joyce, la cosa no queda ahí. Para bien o para mal, todos acabamos siendo un poco mitómanos. No hablo de llenarse la casa de fotos de un artista o usar carpetas para guardar cualquier recorte de prensa que lo mencione. Hablo de interesarse por los detalles del proceso creativo de ciertas obras maestras y que ese proceso, perdonad lo pedante del término, trascienda.
Brian Wilson, cerebro y compositor principal del grupo, mantenía en su cerebro cada uno de los detalles que debían hacer de este disco un paso en la carrera de la banda. Un paso decisivo donde se debía eludir el enfoque comercial y buscar una especie de territorio inexplorado. Pero ese concepto bullía de tal manera que lo eclipsaba todo: el artista aparta toda la hojarasca que se interpone entre su idea y cómo esta se perfila y ello tiene muchas implicaciones. Granata da cuenta de todos los conflictos interiores que Wilson acometía: desde las diferencias creativas con los otros componentes de la banda, algunos de ellos familiares directos, hasta su tendencia hacia ciertas adicciones, sus problemas de pareja y una siempre equívoca identidad sexual, hablamos de los años 60 y el estereotipo era claro: el rock era para hombres fornidos de pelo en pecho. Su propia condición mental pesa en el relato; la música que había concebido, y sus letras, casi constituían una renuncia a sus trabajos anteriores.
Y así es cómo se detalla como un genio, no sé si ya era hora de decir la palabrita, da los pasos hasta que su obra se completa. Emprende un camino de aislamiento casi autodestructivo donde todo se convierte en una obsesión y donde cualquier precio es bajo si se alcanza la perfección. Wouldn't it be nice no es un libro sobre música, sobre un músico o sobre un disco. Podría tratar de Gaudi y la Sagrada Familia o de Picasso y el Guernica: es un estudio profundo y que esquiva con mucha habilidad atisbo alguno de morbo. Wilson sigue vivo y seguro que aún compone y produce música de vez en cuando. La sombra de su obra no es amenazadora. Prestigio y royalties garantizan una plácida existencia. No se trata de ensalzar su modus operandi ni de enviar a los admiradores a la puerta de su casa (o rancho o mansión) a conseguir autógrafos. Este libro es un reconocimiento y un testimonio de los claroscuros del proceso creativo y esa lectura subterránea lo hace perfectamente asimilable como estudio de cierto perfil de mentalidad artística.
Título original: Мы
Traducción: Alejandro Ariel González.
Publicación: 1924 (escrita entre 1919 y 1921). Edición española de Hermida Editores, 2016. 201 páginas.
Valoración: obra maestra para interesados / muy recomendable para el resto.
Si las semblanzas de ULAD exigieran título más allá del de la obra reseñada, nuestra primera tarea del día sería fácil: “Nosotros: la primera distopía.”
Hoy nos guía un propósito bello: contribuir modestamente a reivindicar la figura de Evgueni Zamiatin y a darles, a él y en especial a su mejor obra, el lugar que a ambos corresponde.
Ciertamente ULAD ya reparó en la novela, en una brillante reseña de Koldo CF de 19 febrero de 2018, comparativa con la célebre “1984.” Tres años después y a pesar seguramente de una mayor accesibilidad, “Nosotros” sigue siendo relativamente desconocida, como si el inamovible cupo de este tipo de novelas para el común de los lectores estuviera compuesto, en exclusiva, por “1984”, “Un mundo feliz” y, quizás en menor medida, “Fahrenheit 451.”
ULAD me permite dedicar esta semblanza en exclusiva a “Nosotros”, sin “competencia,” como modesto premio individual no compartido, es decir, con todo el protagonismo. Bien lo merece.
No estamos ante una obra de fácil lectura, si bien no es extensa. El tamaño de la letra y la buena edición de Hermida Editores ayudan a leer la obra con gusto (o mejor con menor dificultad) porque parece claro que Zamiatin apuesta intencionadamente por la complejidad descriptiva con un doble fin: marcar la distancia temporal y cultural entre narrador y lector, y ahondar en los estados psicológicos del protagonista. Con notoria recurrencia los guiones entrecortan las frases, o estas finalizan con puntos suspensivos que sustituyen pensamientos inacabados, lo que exige al lector un esfuerzo suplementario para seguir la trama. De este modo, las frases parecen contener recurrentes anacolutos y muchas veces parecen no seguir, en apariencia, un hilo lógico.
No se desanimen. Léanla despacio o léanla dos veces. Quien suscribe estas líneas optó por lo segundo. Al final de la primera lectura me pareció una novela de referencia, pero nada especial. Al concluir la segunda he llegado a pensar que “Nosotros” es una obra maestra.
Vayamos someramente a la trama. D-503 es un ingeniero-matemático -como Zamiatin- primer constructor de la nave “Integral”, que vive en plena armonía consigo mismo después de la Guerra de los doscientos años y cuya pluma, “habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y rimas.”
En el Estado Unido que surgió tras la guerra hay un Muro Verde de vidrio adonde alcanzan los límites de la civilización, Torres Acumuladoras que dosifican la lluvia, un cielo de homogéneo azul y rostros, que son números, “no ensombrecidos por la locura del pensamiento” cuyas actividades diarias fija una Tabla de Horas. Los números se levantan, visten y trabajan “como uno solo”, habitan traslúcidas viviendas individuales y sus rasgos fisiológicos, podemos intuir, se parecen cada vez más, lo que contribuye a anular la envidia y, con ello, a generar felicidad. A D-503 le ha tocado leer y oír “cosas increíbles sobre aquellos tiempos en los que los hombres vivían aún en libertad, es decir, en un estado salvaje y desorganizado.” En la nueva civilización los Guardianes vigilan las costumbres y el Bienhechor ejerce el poder supremo en pos de la felicidad de todos, entre ellos la de D-503, el poeta R-13, O-90, I-330 y otros. Del argumento no les diré más.
De “Nosotros” sorprende por igual cuánto ha sido orillada y cuánto prefigura. Orwell bebe claramente de Zamiatin. El británico parece que fue honesto y lo admitió, y es que la sombra del plagio planea sobre “1984”, o como mínimo la de una deuda excesiva, por distintos que sean los estilos narrativos de cada autor. Quizás no tanto lo fue Huxley, seguramente menos influenciado pero tal vez también menos sincero.
Cercenaríamos el análisis de la obra si eludiéramos su lectura política. Se retratan los regímenes totalitarios, con semblanzas que adelantan desgraciadas escenas de la Alemania de los años 30 y 40 o incluso la figura de Mussolini. No obstante, Zamiatin tenía la fuente de inspiración bien cerca, en la guerra civil que dio lugar al régimen soviético, al que inicialmente apoyó y del que se distanció antes incluso del acceso de Stalin al poder. La crítica a lo que sería este régimen puede considerarse, bien mirada, incluso feroz o al menos inadmisible para éste (incluida la negación de cualquier revolución como definitiva) de ahí que la obra fuera silenciada en la U.R.S.S.
Pero considerarla política sería reducirla significativamente. La intelectualidad del trabajo sobrepasa con creces la crítica a una organización social de tiempo y lugar concretos. No piensen tampoco que estamos ante abstrusas y obsoletas reflexiones futuristas, o frente a notas políticas burdamente disfrazadas de novela. “Nosotros” plantea cuestiones de Religión, Filosofía, Psicología, Ciencia, Progreso y, en suma, destino y condición humana.
Les aseguro que más allá de las cuadernas, trancaniles, cadenas de montaje y soldaduras hay trama y hay luchas. De ahí, en parte, la extraña belleza que cruza la novela y, en particular, a varios personajes, cuyas motivaciones, intuyo, son más complejas de lo que pudiera parecer. Pero puedo estar equivocado: lean y saquen Uds. sus propias conclusiones.
No es poco lo que la obra anticipa. Quizás ningún libro me ha traído flashes de tantas obras o incluso películas posteriores, por las ideas o imágenes más o menos fugaces que contiene. Por su parte, las referencias al Antiguo Testamento en comparación con la nueva “religión” (“de nuevo somos sencillos e inocentes como Adán y Eva”) no dejan de tener profundidad y originalidad. En suma, sin resultar cargante, la novela es intelectualmente sabrosa.
Por último, es difícil ponderar el valor de la obra si ya han pasado por nuestras manos otras similares que se llevaron la difusión y la gloria, y tampoco podremos sentir el impacto que su lectura nos hubiera causado de haber sido la primera, de modo que tendremos que imaginarlo. Pero los méritos deben ir, en gran medida, en función del orden cronológico. Así que si Ud. tiene pendientes también esas obras que hemos citado más arriba… pues no lo dude: léalas todas, pero empiece por “Nosotros.”
También de Zamiatin en ULAD: Aquí
Firmado: Fran Marín Paz
Idioma original: inglés