Título original: Uma aprendizagem ou O livro dos prazeres
Traducción: Josep Domènech Ponsatí en catalán para Club Editor, Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo encastellano para Siruela
Año de publicación: 1969
Valoración: muy recomendable
Título original: Laços de Família
Traducción: Cristina Peri Rossi
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable
La verdad es que no había oído hablar de Clarice Lispector hasta que varios de sus libros aterrizaron en ULAD, así que una vez más queda claro que aquí todos aprendemos de todos, o al menos soy yo el que aprende de todos. Casualmente cae en mis manos este Lazos de familia, que resulta ser un libro de relatos breves, lo cual no estoy seguro de que sea el medio más adecuado para testar a un escritor, pero es lo que hay. El libro se publica en 1960, cuando la autora brasileña, ucraniana de nacimiento, ya ha publicado algo de narrativa, incluyendo la que creo que es su primera y más celebrada novela, Cerca del corazón salvaje, escrita con solo veinticuatro años.
Ya puestos un poco en situación, podemos ir desgranando los distintos tipos de relatos que, con características bastante marcadas, componen el libro. Varios de ellos, colocados en la parte final, tienen un tinte muy de obra juvenil, con protagonistas adolescentes o poco menos, y un desarrollo más bien convencional. Narrados con pulcritud, son seguramente cuentos escritos años atrás que no aportan demasiado, con excepción de aquel (perdón por no recordar el título) que relata una agresión sexual, con un crescendo muy potente y una conclusión sobria que dan un resultado impecable.
Otro grupo de relatos se aproxima más a la fábula, con rasgos de humor y argumento más o menos insólito, como la historia de un perro, la más sorprendente de la mujer más pequeña del mundo, o aquella que tiene como protagonista a una gallina. Pasajes divertidos con un fondo simbólico resuelto con dignidad y eficacia.
Y quizá los cuentos más característicos, casi todos colocados al principio, son aquellos que hablan de historias cotidianas de mujeres, en tono intimista y algo brumoso, que bucean sentimientos e inseguridades que tienen que ver con el sufrimiento, el amor, la amistad o la soledad. Es escudriñar en la mente y el corazón de sus protagonistas, leer sus pensamientos y descubrir inseguridades, pequeñas envidias secretas o simplemente zonas de sombra que no conocemos pero que dejan cicatrices antiguas que no quieren ser borradas. Ocurre así en Feliz cumpleaños, uno de los relatos más brillantes, donde confluye la amargura de aquellas heridas con geniales golpes de humor.
Son finalmente narraciones que casi siempre carecen de desenlace, como trozos aleatorios de películas que se hubieran perdido: no sabemos qué hubo antes ni qué vendrá después, pero el cuadro es suficiente para transmitir emociones o definir personajes o parte de ellos. Y todo con la inconfundible seña de identidad de una prosa algo desconcertante, inexacta o improvisada, que provoca una sensación de frescura muy recomendable, a veces incluso con un punto excitante poco usual. Es en ocasiones una sintaxis forzada, en otras repeticiones o interrupciones que dan lugar a una expresión marcadamente personal a la que es difícil buscar parentescos, algo que hace de la lectura una experiencia gratificante aunque de vez en cuando, que todo hay que decirlo, peque de algún que otro exceso.
Traducción: Francisco Cardemil Pérez
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable
La mejor recomendación posible de esta novela la hace Zadie Smith en la solapa:
“Al terminarla, uno tiene el deseo de conocer de inmediato al joven que la escribió, estrechar con fuerza su mano y felicitarlo por el comienzo de una carrera brillante. Pero Victor Heringer ya no está. Se marchó dejando atrás este hermoso libro”.
Efectivamente, este libro es hermoso. Trágico, pero hermoso. Heringer nos cuenta una historia de descubrimiento de la vida, de la amistad y del deseo de un joven de familia acomodada de la periferia de Rio de Janeiro cuya apacible vida adolescente se ve alterada por la llegada a su casa de un joven adoptado por el que se sentirá irremediablemente atraído. Esa llegada trastocará la precaria estabilidad de una vida familiar oscurecida por las connivencias del padre con la dictadura y el desequilibrio mental de la madre, y marcará para siempre la trayectoria vital de Camilo, nuestro protagonista.
Alrededor flota siempre el ambiente amenazador de la delincuencia, las drogas y la violencia física que asfixia la vida de los habitantes del suburbio en el que vive y del que intenta escapar y al que vuelve en un último intento de redimirse y de hallar un sentido a una vida que quedó paralizada por un trágico suceso. El diagnóstico de Camilo sobre su vida es demoledor: “Crecí más triste que una paloma. Me convertí en un adulto inútil, amargado y sucio. Apenas puedo encontrar belleza en las cosas”.
Con estos mimbres podríamos encontrarnos ante una historia que podría ser sombría, triste, descarnada, pero Heringer escribe con mucha ternura y delicadeza y arroja luminosidad y esperanza sobre unas vidas que transcurren al borde de la tragedia.
Efectivamente, es una pena que Heringer ya no esté con nosotros. Leer esta excelente novela puede ser nuestro mejor homenaje.
Firmado: José Miguel Martínez
Título original: O Selvagem da Ópera
Traducción: Mario Merlino
Año de publicación: 1994
Valoración: recomendable (tal vez un poco más para los amantes de la ópera)
Otros libros de Rubem Fonseca en ULAD: El gran arte, El seminarista, Vastas emociones y pensamientos imperfectos, Bufo y Spallanzani
Idioma original: portugués.
Título original: Vista Chinesa
Traducción: Mercedes Vaquero
Año de publicación: 2022
Valoración: entre recomendable y está bien
Libros como Vista Chinesa obligan a quien los lee con la intención de reseñarlos, de opinar sobre ellos, a un ejercicio de un cierto equilibrismo. El que supone balancear la obvia utilidad del texto en sí con su estricto valor desde un sentido estrictamente literario. Por supuesto, es una tesitura difícil. Se trata de una novela corta, apenas una hora y media de lectura, en la que la autora toma la voz de una amiga íntima, una arquitecta que, en medio de las preparaciones necesarias para los dos eventos deportivos que tuvieron lugar en Brasil (Juegos Olímpicos y Mundial de Fútbol) fue violada cuando salió a correr por un parque en las afueras de Río de Janeiro. Es una narración en primera persona interpuesta y es de una crudeza y realismo incuestionables, de hecho es una carta de la víctima a sus hijos, esa es la modalidad que usa la autora para describir todo el proceso.
Por tanto, es un acto de enorme valentía, una especie de catarsis, y sus intenciones son inapelablemente honestas: la denuncia, el testimonio, la descripción del duro proceso que se inicia cuando una mujer se encuentra en una situación así y lo tortuoso que es. Nada que oponer desde una perspectiva de un libro así en cuanto a necesario. Y mis reticencias no irían por ahí, comprendiendo lo pantanoso del asunto. Pero, ¿para qué esperar al epílogo del libro para que la víctima se decida a despojarse de su anonimato y acepte dar su nombre? No acabo de ver el sentido, si de lo que se trata es hasta cierto punto de denunciar no solo los hechos, sino el desagradable proceso al que se obliga, tanto bajo la coartada de la investigación como para el mero hecho de impartir justicia. Supongo que en todas partes responde a un cierto esquema en que hay que obtener todo lo que permita buscar al agresor. Los reconocimientos de los médicos forenses, el testimonio para la denuncia, las prospecciones de la investigación, el cerco de los posibles sospechosos: todo puede hacerse farragoso, pero no veo otra manera de acercarse a la verdad que esa. Supongo que se puede ver desde un prisma más frío o más sensible, pero lamentablemente, no creo que Brasil sea una excepción, es que ese proceso implica una intervención obligatoriamente funcionarial, donde la implicación emocional puede resultar incluso poco compatible.
Todo ese recorrido en el cual Júlia ha de regresar a los hechos y revisitar sus sensaciones me ha parecido a veces previsible y a veces, por la interposición narrativa, poco realista o incluso, supongo que para mitigar el dolor, algo edulcorado. Puede que un testimonio directo, una narración más directa y descarnada le hubiera sentado mejor a las intenciones del libro.
Esta es la tercera novela que leo de la brasileña Ana Paula Maia y creo que ya es suficiente para afirmar que estamos ante una narradora muy personal y con un universo completamente identificable. De hecho, las tres comparten atmósferas, escenarios y personajes un poco al estilo de autores como Onetti o Faulkner.
La primera frase de la novela (El fin del mundo está del otro lado de la puerta, pero todavía el no lo sabe) ya nos pone en situación. Algo similar al apocalipsis se cierne sobre la región en la que se mueven Edgar Wilson, Bronco Gil y Tomás, tres soldados contra la escasez y el aislamiento que conviven de una u otra manera con la muerte.
Nuevamente nos encontramos con personajes en situaciones limite: hombres que mueren, hombres que matan, hombres que contemplan cómo una epidemia acaba con los animales y se contagia a los humanos, hombres que descubren a mitad de la novela que, además de la propio epidemia, algo más turbio y oscuro sucede en la zona.
Por lo tanto, De cada quinientos un alma es una novela que podría ser una mezcla de misterio, distopia o ficción especulativa que trae a la cabeza a La carretera de McCarthy o La sequía de Ballard, solo por poner un par de ejemplos.
En cuanto al estilo, la prosa de Maia es seca y, hasta cierto punto, hostil, con una fuerte presencia de lo sensorial y cargada de frases breves que contribuyen a fortalecer la carga apocalíptica del texto. Y pese a que se trata de una novela en la que predominan atmósferas e imágenes, también se observa en ella una buena construcción y desarrollo de personajes.
Dicho esto, me gustaría ver cómo se maneja Maia en un registro diferente. Las tres novelas suyas que he leído están "cortadas por el mismo patrón" y creo que tiene capacidad como para salirse de ese mundo y llevarnos a otros territorios. A ver si se anima!
También de Ana Paula Maia en ULAD: De ganados y de hombres
Título original: The World Aflame. The Long War, 1914-1945
Año de publicación: 2020
Traducción: Javier Romero Muñoz
Valoración: de lo más recomendable (sobre todo para interesados)
No solemos reseñar en este blog libros de fotografía y quizás deberíamos hacerlo más. En el caso que nos ocupa hoy he de aclarar (sobre todo para los desconfiados que puedan pensar que ésta es una forma facilona de cubrir una reseña) que no se trata "tan sólo" de una compilación de fotografías, pues cada una de las doscientas que aparecen viene acompañada de un prolijo texto explicativo. Y, además, tampoco se trata de unas fotografías "normales", sino de fotos en blanco y negro adecuadamente coloreadas -casi "resucitadas", diría yo- por la artista especializada en la coloración digital Marina Amaral, de quien quizás nuestros lectores ya conozcan su obra; junto con el historiador y periodista británico Dan Jones, con quien también elaboró un libro anterior, El color del tiempo, la brasileña Amaral firma aquí un libro extraordinario; que recoge imágenes de la primera mitad del siglo XX, desde los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial a los juicios de Núremberg que saldaron cuentas -pocas- tras la Segunda. Por supuesto, también las de los decisivos años del periodo de entreguerras... El criterio para concebir el libro ha sido, como recoge el subtítulo, considerar ambas guerras mundiales como dos actos de una sola, como pensaban Churchill y De Gaulle, aunque sea un criterio que no hayan seguido la mayoría de los historiadores. En todo caso, creo que se trata de una elección "artística" o literaria más que historiográfica, a pesar de que tiene su sentido. Tranquilos, en todo caso, los fans de la Historia militar, porque en este volumen se recogen las batallas y acciones más destacadas de estos conflictos.
En estas fotos, restauradas, por decirlo así, con gran rigor histórico, las hay de todo tipo, desde retratos de personalidades de la época: Churchill, Scott Fitzgerald, Trotsky, Atatürk, Alan Turing, Lawence de Arabia... o, cómo no, los inevitables Hitler y Mussolini, a personas corrientes, víctimas de las trágicas circunstancias que les tocó vivir... Vemos también momentos que reflejan, de forma más o menos representativa, sucesos de aquellos añor. revueltas y revoluciones, crisis económicas, etc. pero, como es lógico, predominan las fotografías de tema bélico, y no sólo sobre las dos conflagraciones mundiales, sino también de otras más locales: la guerra del Rif, la chino-japonesa o, por supuesto, la Guerra Civil española. Debo decir que, lógicamente, encontramos aquí fotos de muertos o heridos por la guerra, pero en general no son demasiado truculentas, salvo alguna excepción... tampoco se han seleccionado para este libro las fotos más célebres o emblemáticas de cada suceso, sino otras menos conocidas, aunque igualmente representativas; así, por ejemplo, no aparece la icónica fotografía de los marines alzando la bandera estadounidense en Iwo Jima, sino una posterior, en la que esa primera bandera es sustituida por otra más grande. tampoco la conocida foto de la bandera soviética sobre las ruinas de Berlín, sino otra similar, etc. Por otro lado, se recogen varias fotografías que atestiguan la labor de las mujeres en aquellos turbulentos tiempos y sus progresos en el campo político y laboral.
Hay además un reconocimiento constante, en cualquier caso, a los y las fotógrafas que tomaron estas imágenes, contándonos en ocasiones sus peripecias y las circunstancias en que se tomó cada fotografía: desde el escritor y activista por los derechos humanos alemán Armin T. Wegner, que atestiguó el genocidio de los armenios del Imperio Otomano a los norteamericanos Ralph Morse, que se chupó toda la II G. M. para la revista Life, John Florea o Robert F. Sargent, de la Guardia Costera, que desembarcó y tomó fotos en Omaha Beach el Día D... Un lugar destacado tiene un retrato del mítico Robert Capa, junto a Hemingway y el chófer que les llevó a París durante la liberación de la ciudad.
Entre todas esas fotografías, ¿cuáles pueden ser nuestras favoritas? En mi caso, creo que dos que retratan a unas niñas: la de Ángeles González, refugiada madrileña de 7 años que protege son gesto airado sus pobres alimentos de la cámara de la norteamericana Margaret Boarke White, durante nuestra Guerra Civil (y que sale en la cubierta de la edición original, por cierto) y las creo que bastante conocidas fotografías de ingreso en Auschwitz de la joven polaca Czesława Kwoska, asesinada en ese campo en 1943.; ambas fotos no pueden sino despertar la ternura y conmiseración de cualquiera que las contemple. Por otro lado, no sé cuáles serán las favoritas de los autores del libro, pero sospecho que la de Marina Amaral podría ser ésta que retrata a Anna Coleman Ladd, una pintora de máscaras protésicas para los soldados que habían sufrido desfiguraciones faciales durante la Gran Guerra, de cobre esmaltado y pintado con colores naturales e incluso vello facial. Lo digo porque es una actividad que guarda alguna concomitancia con la que hace ella...
"Este libro también es una advertencia. Mientras escribimos estas líneas, vuelven a marchar en todo el mundo el fascismo, el nacionalismo, el populismo, el antisemitismo, el odio, los prejuicios y las políticas de exclusión, división y aislamiento. Que lo que ven aquí sea recordatorio de adónde conduce todo eso. El mundo es frágil. hace falta menos de los que pensamos para sumirlo en llamas."
Título original: Tereza Batista Cansada de Guerra
Año de publicación: 1972
Valoración: Imprescindible
Antes de entrar en materia enfocando al
personaje –grandísimo personaje, por cierto– su carácter, vida y milagros, no
me resisto a hablarles de su creador, a quien admiro hasta el infinito y más
allá desde la primera novela suya que leí, y ya van unas cuantas. Jorge Amado
(1912-2001) fue un escritor brasileño que no pueden ignorar si aman las
emociones fuertes, los contenidos de gran crudeza transmitidos de forma amable,
los textos sólidos literariamente hablando, si aprecian el humanismo de quien
nos habla a través de la ficción –un humanismo perfectamente identificable que
recurre a artimañas como socarronería,
ironía, cambios de opinión según el dueño de los pensamientos que muestra, y
otras muchas formas de manifestar su postura sin incordiar demasiado a los
lectores. También si disfrutan con las historias complejas, repletas de
personajes de diferente relevancia –muchísimos secundarios, por cierto– que se retratan
tanto a ellos mismos como a la sociedad de la que forman parte. Hablo de esos
novelones, casi inacabables, que nos parecen eternos al principio y, tras
varios centenares de páginas, no querríamos abandonar nunca, que finalmente nos dejan un gusto agridulce y que quizá
recordemos y recomendemos durante años y años.
Habitualmente, cuando nos preguntamos
qué es lo que importa, si el autor o las obras que ha dejado, nos referimos a
esas personalidades poco atractivas, que nos decepcionan cuando conocemos sus hazañas, ideología o temperamento. En
este caso ocurre lo contrario: encontramos unidas la excelencia personal y la literaria,
y esto no es nada frecuente. Amado dejó un legado extenso, coherente y
magnífico protagonizado por antihéroes, marginados, expulsados de la sociedad,
pasto de maltratos e injusticias a cargo de prebostes y sinvergüenzas de medio
pelo, con frecuencia, pícaros ellos mismos. Sus historias se leen con pasión, como
si las estuviéramos viviendo en carne propia ya que, aparte de su interés,
están narradas con gracia, con una prosa sencilla y juguetona que cambia de
enfoque y de sintaxis a cada momento, evitando la monotonía y con un desenfado
tal que parece estarnos hablando al oído. Por tanto, dificultad de lenguaje ninguna,
la alteración de la cronología se subsana con información suficiente; sus
explicaciones nunca abruman debido a la variedad de recursos que saca de la
chistera continuamente para divertirnos. Lo curioso es que sabemos cómo piensa
Amado en cada momento, aunque no dé su opinión, solo con mostrarnos la realidad
en todas sus facetas o los pensamientos de unos y de otros ante los diversos
conflictos éticos que plantea, y aún así no nos condiciona, él solo muestra,
luego cada uno es muy libre. Por eso, su forma tan personal de presentar los
hechos puede confundir a algún lector. En otras palabras, quien no esté de
acuerdo con él se va a sentir reforzado pues, igual que en la vida real,
encontrará argumentos a favor. Todo tiene doble cara, este narrador es un mero
intermediario que, por mucho que muestre sus cartas, siempre deja elegir.
No es difícil ponerse en el lugar de
Tereza Batista, a quien conocemos con trece años y abandonamos otros tantos más tarde. Sus
desventuras nos sobrecogen, su fuerza y resistencia nos fuerzan a admirarla. No
pienso relatar aquí esas vivencias, que son las de las mujeres en general,
sobre todo las de clases no favorecidas en nada, básicamente lo que tiene que
pasar la gente de segunda para que los de primera vivan como príncipes. A
Tereza la vendieron con trece años los familiares que la cuidaban porque era
huérfana y bonita, una conducta que no puede sorprendernos porque está ocurriendo
en todo el mundo, y cada día más. Pero la novela comienza in media res, con ella bailando en un cabaret y defendiendo a quien
está peor aún. Antes y después de eso le ocurren muchas cosas, unas muy malas y
otras no tan buenas como ella creía, pero por comparación con lo anterior debió
pensar que vivía en un paraíso. El tono del relato va variando. Es cierto que
la mayor parte del tiempo todo gira en torno a su figura. Hasta ese último
capítulo, tan lleno de sabor local, de ambiente festivo, heroísmo, lucha contra
la injusticia y, sobre todo, repleto de magia, de dioses engendrados en la
tierra, de personalidades místicas y hasta de milagros producidos a la vista de
todos. En este punto, sin dejar de centrarse en Tereza, el argumento ha
adquirido un tono mucho más coral y una dimensión cercana a la épica. Queda por
saber (y sabremos) si en algún momento llegó a ser libre.
Se preguntarán quién es ella, por qué
es interesante su vida. He visto –y durante muchas páginas lo he creído un
fallo– que la protagonista reúne muchas cualidades, demasiadas para tratarse de
una obra realista. Es guapísima,
trabajadora, honrada, valiente, inteligente, simpática, educada, con una
personalidad a prueba de bombas, solidaria etc. Esto no parece muy verosímil. Pero
es que la novela no es realista en absoluto, lo puede parecer al principio, y
desde luego pinta una realidad crudísima que no tiene nada de fantástico, pero
según vamos avanzando encontramos elementos de otra índole. En primer lugar, el
personaje ya no vive, aquello sucedió años ha, y desde entonces se ha ido
fabricando un mito a la medida de las necesidades de la gente. Esta elemento
mítico aparece también de forma expresa: en cancioncillas o rimas, en
los títulos de las secciones, en sobrenombres que Tereza ha ido recibiendo con
el tiempo, en el triunfo de su sola persona contra la epidemia más mortífera
del siglo y, más directamente, en esos capítulos en cursiva donde alguien que está investigando (¿el autor?) hace
preguntas a algún testigo, no de primera mano, claro, sino receptáculo de
versiones recogidas aquí y allá. Mítica es la identificación explícita de
Tereza con el pueblo brasileño y mítico es también, sin duda, ese final que,
por supuesto, no pienso adelantarles.
Otras obras de Jorge Amado: Capitanes de la arena,