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jueves, 10 de septiembre de 2026

Colaboración: La reina Margot, de Alexandre Dumas

Idioma original: Francés

Título original: La reine Margot

Traducción: Elena Real y Dolores Jiménez

Año de publicación: 1845

Valoración: Decepcionante 


En verano es cuando más me apetece leer novelones decimonónicos – o quizás debería decir que es cuando único es realista ponerme a ello, puesto que es cuando tengo la calma y la concentración para embarcarme en la tamaña empresa que es leer un libro de tropecientas páginas escrito hace más de cien años. 

Este año le ha tocado el turno a La reina Margot, de Alejandro Dumas padre (me van a perdonar, yo soy de la generación en que se traducían los nombres de los grandes de la literatura, como si fuesen miembros de casas reales – que curiosamente se siguen traduciendo – y por lo tanto leí a Julio Verne y a León Tolstoi – aunque también a Charles Dickens y a Gustave Flaubert, hum, quién sabe qué aleatorios mecanismos llevaban a traducir a algunos y dejar en su idioma a otros… ) En fin, que me enredo. ¿Será por venir de leer este libro? Porque la verdad es que es un enredo tremendo. 

La reina Margot es una novela histórica, donde acontecimientos reales se mezclan con elementos ficticios.  Se centra en un episodio de la vida de la mujer que le da título, aka Margarita de Valois, hija de Catalina de Médicis y el rey francés Enrique II, destinada a convertirse en reina de un país donde el auge del Protestantismo está creando fuertes tensiones. Para paliar esas tensiones, a Margarita la casan con otro Enrique, Enrique de Borbón, rey de Navarra, criado en la fe protestante pero que acabará bautizándose católico. La boda, sin embargo, termina por ser uno de los detonantes de la matanza de San Bartolomé, en la que la población católica asesinó a miles de hugonotes, esto es, protestantes franceses. La novela cubre los días justo antes de la boda (y por ende, de la matanza) y los meses posteriores, y se ocupa fundamentalmente de los amores extramatrimoniales de la reina Margot, que se queda prendada de un hugonote, y los tejemanejes de la corte, encabezados por la madre de la reina. 

La trama, a mi parecer fascinante, no está bien aprovechada. Hay buenas escenas de acción, como es frecuente en el autor, pero las personalidades y las motivaciones de sus protagonistas están muy simplificadas, con lo que acaban resultando bastante planos: Margot es guapísima y buenísima, Catalina es también guapísima pero malísima, el hugonote de la reina es nobilísimo y su amigo fidelísimo, el rey es aburridísimo, etc. etc. No hay medias tintas. De modo que la realidad del período, de gran dramatismo y complejidad, queda como un decorado de cartón, y los personajes históricos, que no son todos, pero los que son tienen mucho jugo, parecen marionetas en un teatro infantil. Difícil conectar y mantener el interés a través de las más de 700 páginas del libro. 

Esperaba más del grande Dumas, autor de aventuras tan divertidas como las de los Mosqueteros, y también de material profundamente introspectivo, casi filosófico, como El Conde de Montecristo. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero es que La reina Margot es… un rollo. 

¿Vale la pena leer la novela? Yo diría que, si uno tiene curiosidad por la historia de Francia y disfruta con la prosa de Dumas, sí, vale la pena. Ahora, yo no lo hubiera hecho si hubiera sabido el tipo de lectura que me iba a proporcionar. Y esto lo digo yo, que me pirro por las novelas decimonónicas. ¡Sobre todo en verano! 

Firmado: Yaiza P.

También de Alexandre Dumas reseñado en ULAD: El conde de Montecristo

sábado, 18 de abril de 2026

Maggie O´Farrell: La distancia que nos separa

Idioma original: inglés
Título original: The Distance Between Us
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Año de publicación: 2024
Valoración: Decepcionante


Suele suceder que cuando una lectura nos atrapa caemos en la tentación de investigar en la obra del autor  porque pensamos que  el resto de su producción logrará los mismos niveles de calidad que la obra que nos ha gustado. Craso error. A menudo nos creamos unas expectativas demasiado altas que luego no se cumplen.

En el caso que nos ocupa, la distancia que separa este texto y Hamnet es sideral (por cierto, mucho mejor el libro que la película).  Parte de la explicación está en que esta novela es una obra muy anterior, ya que se publicó en inglés en 2013. Así pues, por un lado la editorial ha recuperado un texto  que, en su momento, pasó inadvertido para rentabilizar el éxito de Hamnet y por otro lado, tenemos una obra que podríamos calificar de primeriza donde Maggie O´Farrell todavía no ha alcanzado la elegancia en el estilo  ni la sutileza en las descripciones que la caracterizará en alguna de sus obras posteriores.

Tenemos una narración que se bifurca en dos historias paralelas. Recurso que, por lo que ya escribió Marc por aquí, también se utiliza en La primera mano que sostuvo la mía. Personaje femenino A, Stella, trabaja  como productora de radio en Londres. Personaje masculino B, Jake, trabaja como ayudante de realización de una productora audiovisual en Hong Kong. Personaje A y B sabemos, desde las primeras líneas, que se van a encontrar en un momento dado a lo largo de la historia. ¿Dónde?, ¿por qué? y ¿ para qué? son los interrogantes que se nos abren en las trescientas páginas que siguen.

Maggie O´Farrell construye una novela en la que la falta de identificación con el lugar en el que viven y los traumas no resueltos de la infancia condicionan las vidas de los protagonistas del relato hasta el punto de dirigirles hacia un callejón sin salida en su vida adulta. Por ello, y recurriendo a ese cáncer de la narrativa moderna que son las elipsis temporales, la autora irlandesa  recrea las vidas de nuestros personajes desde su más tierna infancia. Los padres de Stella son italianos que emigran a Escocia y la madre de Jake vive en Gran Bretaña pero acaba recalando en Hong Kong. En este punto se empiezan a entrecruzar innumerables nombres de familiares, amigos, vecinas y compañeros de colegio que compartieron vida con nuestros protagonistas y tendremos que echar mano de algún cuadernillo para anotar quien es quien. Esta recreación puede resultar necesaria para aclararnos el laberinto emocional en que viven nuestros protagonistas, pero tantos saltos temporales entre pasado y presente pueden acabar siendo un lastre en el desarrollo de la historia.

No importa. Avanzamos a duras penas en la trama, aunque empezamos a trastabillarnos. La luz de alarma se enciende, según vamos avanzando e intuimos la dirección que  va a tomar el relato. Llegamos a la cuarta parte y todo se derrumba. Tras una serie de carambolas inverosímiles, el desenlace que preveíamos se produce y la novela desemboca en un pastelón insalvable digno de Corín Tellado o Megan Maxwell. Los diálogos son infantiles, las situaciones previsibles y el final digno de telefilm americano de sobremesa.

Como les comentaba, Megan Maxwell, perdón Maggie O´Farrell, llegará a niveles si no de excelencia si de gran calidad literaria con posterioridad, pero no empiecen a sumergirse en su universo literario por aquí, porque se ahogarán. 


domingo, 22 de marzo de 2026

Thomas Ligotti: Mi trabajo todavía no está acabado. Tres cuentos de horror corporativo

Idioma original: inglés
Título original: My Work Is Not Yet Done. Three Tales of Corporate Horror.
Año de publicación: 2002
Traducción: Marta Lila
Valoración: se deja leer 

La verdad de las verdades, llegué a este libro solo por el comentario de Juan acerca de la portada del libro de las entrevistas a Ligotti. Ese día me reí muchísimo, así que mis agradecimientos a mi compañero por alegrarme la tarde. 

Dicho lo cual, qué decepcionante este libro de cuentos. Es cierto que el terror es uno de los géneros más difíciles de escribir, y más en estos tiempos, pero lo que menos me esperaba era una mezcolanza entre lo sádico, lo bizarro y lo onírico en donde ninguna de las tres partes consiguiera destacarse. 

Vamos a desglosar uno por uno los tres cuentos. Bueno, técnicamente el primero es una novela corta. Mi trabajo todavía no está acabado trata sobre Frank Dominio y de cómo lleva años trabajando en la empresa. Cuando empieza la novelita, forma parte de un grupo en el cual todos son los representantes de sus áreas, y cada uno es más tonto y sádico que el otro. Y acá es donde ya comienza a hacerme ruido. Si bien el subtítulo de este libro es Tres cuentos de horror corporativo, me parece una falta de sutileza importante caracterizar a los demás trabajadores (todos chupamedias del gran jefe Richard, un personaje que surfea entre la condescendencia hacia Frank y el egoísmo y cinismo más frío) como inútiles superficiales que solo buscan destruir a su compañero. Por supuesto que existe gente así, y es la mayoría por lo general, pero en esta ocasión me parecieron un compendio de estereotipos. Sospecho que Ligotti busca ese efecto precisamente por lo que ocurre después, cuando la trama llega a su nudo.

Motivado por una gran idea, Frank la presenta al resto de su grupo y solo obtiene unos comentarios de compromiso, todo para que a los días descubra que Richard se apropió de su idea. A partir de ahí, nace en su mente la idea de matarlos, pero terminan atropellándolo y dejándolo en una cama mientras su consciencia cobra vida como un ente aparte que obtiene poderes para eliminar a todos aquellos que lo maltrataron en su vida. No puedo contar más, pero es justo este cambio de decisión, a primera visa original, lo que termina por desbarrancar a la novela. Se convierte en una sumatoria de ejecuciones (bien planteadas, pero que al final no son para tanto, porque uno, como lector, no obtiene placer ante las muertes de los compañeros estereotipados) y se acumula una tensión por lo que sucederá entre Frank y Richard que se resuelve de manera decepcionante. Casi me hizo pensar en por qué había leído un centenar de páginas de prosa alucinatoria y desconfiada y escenas con efectos especiales de clase Z.

El siguiente cuento, Tengo un plan especial para este mundo, tiene un tono más ominoso. El mal (o al menos la brutalidad empresarial) es más abstracto, y la crítica hacia la estructura de un mundo competitivo funciona mejor por el hecho de situarlo en una ciudad casi incognoscible, una especie de Gotham (de hecho la ciudad, antes de la llegada de la empresa, se llamaba Ciudad del Crimen) sin justiciero, donde existe una niebla amarilla que, en aquellos lugares donde se hace más densa, conlleva asesinatos macabros, y a medida que la empresa se asienta o se relocaliza, como mencionan algunos empleados, en la ciudad (y hasta le cambia el nombre a Ciudad Dorada por temas de publicidad) los supervisores empiezan a morir de manera despiadada. En esta ocasión el giro me pareció menos efectista y algo más acorde a la trama, ya que el elemento de la niebla amarilla juega a su favor, y el hecho de que el narrador contemple todo de forma desapasionada también ayuda, pero la falta de desarrollo, o mejor dicho, el excesivo desarrollo de la trama y la falta de un sentido o de un clímax, hace que termine con sabor a poco y hasta algo confuso.

El último cuento, La red de las pesadillas, es el más experimental. Ligotti utiliza anuncios empresariales y comerciales para ir contando la historia de una empresa llamada OneiriCon, cuyo auge, expansión y caída se va fundiendo con la necesidad de pervivir bajo la fusión con una compañía rival. Si bien este cuento tiene trazas de originalidad, su tono frío y posmoderno hace que el lector se mantenga alejado y casi sin interés acerca por lo que le está contando. De hecho, es más un relato que otra cosa, una demostración del mecanismo de una empresa que no aporta a lo que todos sabemos, más cuando ya existen escritores como Foster Wallace que logran abarcar y desarrollar matices más profundos acerca del ambiente empresarial.

En definitiva, me pareció un libro pasable. El tono y prosa delirante de Ligotti (los dos primeros comparten casi al mismo narrador, si bien en el primero el personaje es más sacado y paranoico y el segundo más formal) no es suficiente para sostener unas historias donde pesa mucho más la forma que el fondo, historias centradas en generar un ambiente de incomodidad que en aterrorizar de forma certera.

Más de Thomas Ligotti: La fábrica de pesadillas

sábado, 14 de febrero de 2026

Jorge Gundemar: La mujer que barría el desierto

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2016

Valoración: Decepcionante (por decir algo)

 

No sé, a veces creo que, por una razón u otra, me aproximo demasiado a los bordes del concepto de libro, y me surgen dudas de si algunas cosas deberían realmente tener una reseña en el blog. Pero bueno, si le hicimos un hueco al ilegible Manuscrito Voynich (excelente entrada, por cierto) o más recientemente le dedicamos un zoom al libelo de Quevedo, entiendo que el margen es suficientemente amplio. Este librito que traemos hoy no llega a ser ilegible, más bien al contrario, pero me temo que está en esa dudosa frontera de lo reseñable.

En algún momento y lugar que no recuerdo me entero de que existió una tal Maria Reiche, matemática y arqueóloga alemana que dedicó buen parte de su vida y enormes esfuerzos a estudiar las líneas de Nazca, ya saben, esa especie de inmensos dibujos trazados sobre el desierto peruano que les da el nombre. Un misterio de esos que fascinan a los amigos de lo paranormal, siempre dispuestos a buscarle explicaciones extraterrestres a todo lo que se sale de lo conocido. Me llamó la atención que esta mujer se dedicase durante tantos años a investigar casi en solitario semejante asunto, y me dispuse a buscar un libro sobre ella, no sobre las figuras, que cuentan con amplia bibliografía.

El resultado fue este librito del peruano Jorge Gundemar, afincado en España y por lo visto autor de algunos otros títulos. Librito porque es muy breve, y también sorprendente, porque en caracteres muy grandes, empieza con un diálogo entre un niño y su abuelo. Enseguida descubrimos que el abuelo está relatando su experiencia cuando en su infancia de pobreza se puso al servicio de la loca que barría el desierto con sus escobas.

A partir de ahí, en ese formato de relato familiar interrumpido por breves diálogos, se va desgranando muy por encima la historia de Maria Reiche, su llegada desde Alemania, su sorpresa ante la noticia de enormes y enigmáticas líneas trazadas en el desierto, y su inmediata dedicación a explorar e intentar desentrañar el misterio. No tendremos muchos más detalles de la vida de esta mujer, porque el texto se configura como una especie de cuento infantil, y aquí le asalta a uno alguna duda.

Supongo que la intención del autor no es hacer una pirueta estilística presentando en este formato un esbozo de biografía de un personaje tan singular. Seguramente, digo yo, lo que pretende es hacer llegar a los niños de su país una pequeña historia acerca de un patrimonio cultural desde luego bastante singular, y de paso presentar a la investigadora como alguien que, llegando de muy lejos, se interesó por ello. Hasta le compraríamos esa intención de construir un cuento divulgativo, con el nieto expectante y el abuelo narrando una experiencia única. Pero dudo bastante de que el público infantil se llegue a interesar de verdad por unos datos biográficos más bien poco llamativos, y además sobre las misteriosas figuras de Nazca hay en el libro tan poca información que tampoco creo que por ese camino fuese a llamar su atención.

Incluso se podría pensar que se trata de un trabajo de encargo para fomentar el conocimiento de las singularidades de la cultura nacional pero, si lo que queremos es encontrar información sobre el interesante personaje de Maria Reiche, creo que habrá que buscar por otros caminos. Así que nos quedamos con la extraña sensación de no saber bien lo que estamos leyendo, pero en todo caso me temo que la brevísima lectura no va a dejar satisfecho a casi nadie.

lunes, 26 de enero de 2026

Javier Jiménez: Desvío a Trieste

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Más bien decepcionante


No se puede negar el atractivo de las tierras fronterizas, lugares que a lo largo del tiempo han ido atesorando la influencia de vecinos cambiantes, inmigrantes y conquistadores, marineros y comerciantes con sus diferentes culturas, modos de ver la vida, de saludar o de vender, de moverse o edificar. Todas esas huellas quedan marcadas, superpuestas y a veces invisibles, sobre la personalidad del lugar, que termina hablando alguna lengua híbrida o varias al mismo tiempo, cuyas calles siguen trazados diversos según cuándo se diseñaron, y en todas partes se distinguen detalles a veces chocantes cuyo origen pocos identifican ya. Aunque nunca he estado en Trieste, esa pequeña ciudad en el extremo del Adriático, a un paso de Eslovenia, hoy italiana y antes muchas otras cosas, parece ser que es un estupendo ejemplo de ese cosmopolitismo.

Todo esto sería muy interesante si Javier Jiménez (quizá más conocido como Javier Fórcola, director de la editorial homónima) hubiera querido contarnos cosas sobre una ciudad que parece conocer bien. Pero creo que tenía otras intenciones, que descubrimos ya en el mismo prólogo, unas cuantas páginas cuajadas de citas, fechas y nombres de escritores, músicos, nobles o gobernantes que, o bien tuvieron alguna relación con la ciudad, o bien se supone que ilustran su historia. Fácil de decir, pero difícil de entender para quien no lo haya leído, porque en una sola página podemos encontrar diez o quince citas, tal vez veinte nombres, que hacen de la lectura un ejercicio de verdad irritante. Con muy escasas excepciones todo el libro será así.

Algo hace pensar en una gran base de datos, muy bien parametrizada, con cientos o miles de citas y fragmentos, nombres de autores y obras literarias, musicales o cinematográficas que algún algoritmo se encarga de enlazar con destreza. Da igual si esa herramienta informática solo existe en la cabeza del autor, le reconocemos desde luego el mérito, pero el resultado no nos interesa, porque los puntos de conexión con el objeto del libro (recordemos, Trieste) son tan débiles que aquel queda sepultado, o más bien arrinconado, ignorado, de manera que perfectamente podríamos estar leyendo algo acerca de cualquier ciudad del mundo. 

Es una especie de libro-Frankenstein, construido con postizos de mil sitios, con lo que otros dijeron antes. Como si construyésemos una reseña juntando frases de otros reseñistas, de comentaristas de redes o periódicos. Con una lupa hay que buscar una opinión personal sobre la ciudad, sus calles, su luz, sus gentes, hoteles o comercios, que era lo que habíamos venido a buscar, de manera que no le encontramos el alma, ni a la ciudad ni al texto. La aportación subjetiva del autor queda en muy poca cosa, como no sea exhibir sus conocimientos de música clásica o impresionar con referencias a las joyas que lucen en su fonoteca y biblioteca, con innumerables versiones de la Divina Comedia, o grabaciones de Verdi o Mahler, todas las cuales conoce a la perfección.

Ay, las expectativas. Quizá deberíamos ser un poco más benevolentes si vemos el libro no como lo que esperábamos, un texto con experiencias, imágenes o impresiones del viajero experimentado, sino como lo que realmente es, un ejercicio personal de erudición que toma como punto de partida una ciudad cualquiera. Que no le quitaremos mérito en esa dirección, pero a lo mejor lo que le interesa al autor está bastante alejado de lo que deseaba el lector, que era ni más ni menos que Trieste, ese lugar sobre el que seguramente había tanto que contar, pero sobre el que terminamos sin saber casi nada.


jueves, 27 de noviembre de 2025

Byung-Chul Han: El espíritu de la esperanza

Idioma original: alemán

Título original: Der Geist der Hoffnung

Traducción: Alberto Ciria

Año de publicación: 2024

Valoración: Decepcionante/Filosófico


‘Guerras, migraciones masivas, atentados, catástrofes climáticas, crisis y pandemias: escenarios apocalípticos muy diversos nos confrontan con una inminente amenaza de hundimiento y extinción [..] Sin embargo, de la desesperación más profunda nace también la esperanza más íntima. La esperanza nos abre tiempos futuros y espacio inéditos, en los que entramos soñando’. Bajo un título como El espíritu de la esperanza y con una contracubierta con semejante invocación, queremos pensar que Byung-Chul Han, él sí, ha dado con la tecla para ofrecernos el salvavidas que nos saque del marasmo en que nos hemos metido en este cuarto de siglo. Quizá por eso le acaban de dar un nuevo premio más, y hasta parece que se ha hecho un poco más popular.

Un preludio bastante largo nos deja un poco descolocados, porque empieza a referirse a raíces etimológicas y a enfrentar esa esperanza a diferentes conceptos, angustia, miedo, optimismo. Este deslindar el concepto parece algo muy profesoral y, aunque se prolonga más de lo esperable, espera uno que pronto se ponga el Sr. Han a explicarnos cómo podemos albergar esperanza en tiempos tan inciertos. Pero no. Lejos de bajar a nivel terrenal, el texto sigue navegando entre conceptos abstractos, presentando a buena parte del panteón de la filosofía alemana del último siglo, desde Heidegger a Adorno, Benjamin, Bloch o Arendt, incluyendo a algunos foráneos como Derrida, Camus o Václav Havel. Seguimos página tras página desglosando la culpa o la teoría del perdón, esperanza y acción, soñar dormido y soñar despierto, la reflexión prospectiva y retrospectiva.

Como se ve, nada que contribuya a sacarnos de la zozobra de los genocidios, aeronaves hostiles que sobrevuelan los cielos, o diversas especies de dictadorzuelos de ópera bufa desgraciadamente demasiado poderosos para tomarlos a broma. Tampoco me seduce precisamente ese estilo de frase breve y redonda que salpica el texto con insistencia: puede que simplemente sea la forma de expresarse del autor, pero da la impresión de buscar siempre la cita célebre, lo cual se confirma sospechosamente cuando uno escribe en el buscador Byung-Chul Han y la búsqueda más frecuente que se ofrece es ‘citas’ o ‘frases’.

Pero tampoco nos enfademos demasiado con este autor coreano afincado en Alemania. Esto no es en realidad otra cosa que un libro de filosofía, y Han disfruta tomando el hilo de algunos  de sus colegas y confrontando con otros, siempre en torno a ese concepto de esperanza, como podría haber sido cualquier otro. Y estas reflexiones (o discusiones, que también) son las que posicionan a los filósofos en su mundo particular, porque en definitiva es a lo que se dedican.

Así que desde ese punto de vista no me siento capaz de negarle valor al libro. El problema es otro: cuando estudiábamos filosofía se desplegaba un esfuerzo generalizado por convencernos de que aquello tenía una utilidad real, quizá a largo plazo, tal vez solo (y eso sería suficiente) para iluminar el espíritu y hacernos pensar, hacernos más humanos, y qué sé yo. Siendo muy sincero, y aunque esto pueda parecer una aberración, tengo que reconocer que me resulta muy difícil encontrarle utilidad a estas elucubraciones, como no sea en un plano casi completamente abstracto, como una pequeña semilla que, aunque la ignoremos, contribuye a hacer que la Humanidad sea un poco mejor (aunque no lo parezca).

P.D. En cualquier caso, lo mejor del libro son en mi opinión las varias reproducciones de pinturas de Anselm Kiefer que incluye, aunque es indudable que en el pequeño formato del libro lucen mucho menos grandiosas que a tamaño natural. Y tampoco tengo nada claro que sean lo más indicado para ilustrar un texto sobre la esperanza porque, a mí al menos, estas obras, aunque muy sugerentes, me mueven a sentimientos mucho menos luminosos.


Unas cuantas obras de Byung-Chul Han reseñadas en ULAD: aquí


sábado, 11 de octubre de 2025

Hanna Nordenhök: El país de las maravillas

 Idioma original: Sueco

Título original: Underlandet

Año de publicación: 2023

Valoración: Decepcionante

A pesar de ser un lector constante durante muchos años, fui lo suficientemente ingenuo como para caer en las trampas de la publicidad. En mi defensa, las alabanzas a la obra de Hanna Nordenhök vinieron de una escritora mexicana que respeto mucho, Fernanda Melchor: “La prosa de Hanna Nordenhök combina con singular maestría la densidad de la poesía con la atmósfera febril de un cuento gótico.”

Yo, confiado, leí El país de las maravillas.

Después habría de enterarme de que existía un pequeño conflicto de intereses: Nordenhök es también la traductora al sueco de las obras de Fernanda Melchor. No es que dude de su integridad, solo que me habría tomado sus comentarios con mayor reserva.

Antes de despotricar sobre las razones de mi decepción, les platico un poco de qué va el libro.

La novela tiene diferentes POV (como dicen los chavos): una homeless que parece niña (yo me la imagino una especie de Hasbulla) se aprovecha de esa cualidad ambigua para despertar la caridad de la gente, en particular de una familia que la acoge en su casa; un joven escritor atormentado (pff) se enamora de un colega, un talento ascendente del periodismo por sus crónicas de tragedias (aunque todo lo que escribe es inventado); y una mujer que sufre una especie trastorno psiquiátrico relacionado con el embarazo y el nacimiento de sus hijas.

Como se podrá ver, las premisas pueden parecer más o menos interesantes, aunque esta novela se vende no por la trama, sino por el estilo de Nordenhök. Y ahí, precisamente, es donde la puerca tuerce el rabo.

Tengo dos razones por las que no me gustó esta novela:

No tengo nada en contra de las llamadas “novelas corales” o “mosaicos literarios”, pero en algunos casos pareciera que se usan más como un artificio para contar diferentes historias sin necesidad de una coherencia sólida entre ellas, bajo el pretexto de que, de alguna manera, tienen algo en común. En este caso, no me pareció que hubiera cohesión entre las distintas líneas narrativas. Bien pudieron haber sido cuentos independientes presentados por separado, lo que incluso habría agradecido, porque resultaría más fácil de leer.

Uno de los supuestos fuertes de la novela, o al menos así se promociona, es el lenguaje poético de la autora (al parecer tiene formación como poeta). A mi gusto, las descripciones dan más un aire kitsch que un embellecimiento de las frases. Aunque, en defensa de la escritora, sospecho que la traducción le jugó una mala pasada. Esa necedad de algunas editoriales de usar un español neutro para expandir su mercado por España y toda Latinoamérica solo ocasiona que los textos suenen como un mal doblaje.

En resumen, El país de las maravillas intenta construir un universo fragmentario y sensorial, pero se queda atrapado entre la ambición estética y la falta de cohesión narrativa. La autora parece más interesada en el fulgor de las palabras que en lo que las palabras cuentan, y el resultado es una prosa que brilla por momentos, pero que no logra sostener su propio peso. Es una obra que podría seducir a quienes disfrutan de la experimentación formal, pero que deja fríos a los lectores que buscan una experiencia emocional o narrativa más sólida.

En conclusión, culpo de esta decepción, por un lado, a Fernanda Melchor, y por otro, a la editorial y al traductor (del cual, por respeto, omito su nombre). Me reservo una opinión definitiva sobre la obra original hasta que termine de aprender sueco.

viernes, 15 de agosto de 2025

Javier Puga Llopis: Arabia feliz

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Decepcionante


Ahora mismo es posible que un porcentaje de ciudadanos mayor del habitual sea capaz de situar Yemen en el mapa, gracias a que desde allí se han lanzado algunos ataques a buques que navegan por el estrecho de Bab el-Mandeb y se disparan misiles que viajan dos mil kilómetros al norte. Porque por lo demás es un país prácticamente desconocido fuera del mundo árabe, un territorio en el que apenas se adentran un puñado muy pequeño de viajeros alérgicos al turismo convencional. Por lo que cuenta este libro, los romanos lo llamaban Arabia felix, y esa lírica (y quién sabe si descriptiva) denominación es la que sirve de título.

Javier Puga Llopis es un diplomático que con treinta años es destinado a la embajada española en aquel país, y ofrece un relato de la experiencia: interesante, un joven más o menos inexperto enviado a un lugar exótico, además en los tiempos turbulentos de las Primaveras árabes. Sobre la convulsión política de aquel periodo (recordemos, Túnez, Libia, Egipto, después Siria) se extiende bastante el autor, así como sobre cuestiones colaterales y de carácter más personal, de manera que el libro no tiene un desarrollo cronológico claro ni parece pretender un análisis muy definido o sistemático del país, sus gentes, sus paisajes, su realidad social. Digamos que es un híbrido que coge pie en la situación y a partir de ahí vuela libre. Bien, si eso fuese todo estaríamos hablando de un libro discreto, que sin suscitar entusiasmo no deja de tener un cierto interés. Pero hay otros problemas.

Por lo visto nadie le ha dicho a Javier Puga que en un libro los adornos, del tipo que sean, tienen que ser muy medidos y, en caso de duda, es mejor prescindir de ellos que sobrecargar el texto con cultismos, ironías sutiles, citas, metáforas y, sobre todo, extranjerismos. Que ya suponemos que los funcionarios del Servicio Exterior del Estado manejarán con soltura unos cuantos idiomas, pero tampoco es necesario colocar en cada página varias palabras en francés (ya, el idioma de la diplomacia), inglés y, dado el contexto, por supuesto árabe. Y por qué no, unos cuantos latinajos aquí y allá que aportan mucha aura. Ni tampoco es aconsejable, me parece a mí, abusar de lirismo o buscar a cada palabra su sinónimo elegante y a cada frase su versión ingeniosa (rebuscada) para deslumbrar no se sabe a quién. 

Si todo esto se presenta en un libro que no es de ficción, la cosa empeora aún más, y esa prosa sobresaturada de tropos y exhibiciones de erudición se convierte en algo pretencioso y pedante que no necesita de muchas páginas para empachar al lector. Lamentablemente es lo que ocurre con Arabia feliz porque, aun admitiendo que sea un libro que quiere desbordar los corsés de género literario (ensayo-libro de viajes-autobiografía), la licencia que entiendo se le puede conceder al autor para manejar los recursos no puede ser ilimitada, y en este caso desborda por completo lo admisible, incluso lo soportable. 

miércoles, 6 de agosto de 2025

Luis Goytisolo: El lago en las pupilas

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2012

Valoración: Decepcionante


Si esto fuese una conferencia podría titularse como ‘La desconexión: formas de escribir y formas de leer’. O, más coloquialmente, ‘Por qué hay libros que quizá deberían gustarnos y sin embargo no nos gustan’. Y que quede claro que he hecho un esfuerzo generoso para que el libro me guste, quizá porque es cortito, quizá porque tenía ‘buena pinta’. Hasta me he planteado leerlo de nuevo buscando lo que no encontré, pero hasta ahí creo que no voy a llegar.

La mayoría de las veces tenemos bastante claro por qué no nos gusta un libro, y lo achacamos siempre al autor, porque no nos agrada cómo escribe, no nos interesa lo que cuenta, es demasiado largo, demasiado superficial o demasiado profundo, ininteligible, aburrido, pobretón. Esta vez yo creo que las culpas habría que repartirlas porque, por circunstancias del momento, mi lectura ha sido excesivamente fragmentaria para un texto que apenas sobrepasa las ciento cincuenta páginas. Ya sé que a nadie le importa si leo rápido o despacio, del tirón o a trozos, pero en este caso creo que puede tener su importancia, porque el relato es por su parte también fragmentario, un collage de escenas breves, escenarios diferentes y personajes muy diversos que seguramente requerían una lectura mucho más concentrada.

Dos de esos personajes, hombre y mujer, llegan por separado a Riofrío (Granada, lo he mirado) buscando información sobre algo que tiene que ver con su pasado, quizá datos concretos o más bien un punto de contacto poco definido con algo relacionado con sus orígenes. Hay encuentros algo inocuos con algunos residentes y visitas a ciertos lugares que parecen contener mensajes confusos y signos de una atmósfera especial. Surgen historias de la Guerra civil y recuerdos de paisanos que no terminan de ponerse de acuerdo. Con esta historia se entrecruza la de un periodista que cubría una cumbre económica en Suiza, quien por su parte intentaba escribir una novela sobre una invasión extraterrestre, y varios episodios a su alrededor en torno a intercambios de parejas y prácticas sexuales digamos poco frecuentes.

Vaya, que me parece a mí que hay una heterogeneidad bastante apreciable que se enriquece además con unos cuantos personajes secundarios, fragmentos de discursos, artículos y reflexiones en torno a algún que otro asunto que no recuerdo. Claro, todo esto leído a salto de mata no puede funcionar porque es muy fácil perder el hilo (es hilo tan tenue, tan escondido) y desconectar del todo. 

Pero, admitiendo mi parte de culpa en el fracaso, tampoco entiendo bien el objetivo del relato, tal como está concebido. La dispersión, recurso tan utilizado, sirve a distintos fines, pero no encuentro en el libro ninguno de los posibles. Como tampoco termina de cuadrarme la variedad de tonos que irrumpen en mi opinión de forma caprichosa y terminan por generar una sensación de inconsistencia general. 

Claro, se diría que pueden ser tics de obra primeriza, pero es que don Luis escribe esto con cerca de ochenta años, y tiene una lista muy respetable de libros publicados, entre los que este es, que yo sepa, uno de los más recientes. No sé, igual es que precisamente por su veteranía y experiencia ha querido construir algo que no he sido capaz de captar, y el resultado empeora incluso por mi forma inadecuada de acercarme al texto. No lo voy a negar, pero como la lectura, correcta o no, y la reseña son mías, no me queda más remedio que concluir que el libro no me ha gustado casi nada.


miércoles, 28 de mayo de 2025

Colaboración: El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien (por lo tanto, decepcionante)


No he leído las demás obras de Javier Cercas. Me acerqué a este libro no tanto por el autor, al que tenía ganas de leer hace rato, sino por el tema en sí: la travesía de un escritor al que el Vaticano abre las puertas para realizar una crónica de un viaje papal, concretamente del viaje a Mongolia del Papa Francisco en 2023.

Podría decirse que estoy más cerca de Javier Cercas en cuanto a su postura anticlerical y firme en su ateísmo, hasta podría decirse que me resulta difícil no salir del encasillamiento racional a la hora de analizar los diversos cuestionamientos y respuestas que pone en boca de curas y otros cargos pertenecientes a la jerarquía del Vaticano. Y con todo, me es difícil no pensar en que este libro hubiese sido una novela más profunda e interesante en manos de otro escritor, ya fuera de convicciones ateas o religiosas.

Me explico: el libro se divide en tres partes, En busca de Bergoglio, Los soldados de Bergoglio y El secreto de Bergoglio. A riesgo de revelar las situaciones claves, pasaré directamente a detallar lo que creo que son las deficiencias de las obras.

Para empezar, hay una excesiva reiteración de su condición de ateo militante. Por supuesto que Cercas intenta establecer el tono de la obra, el punto de vista con el que va a encarar la insólita propuesta, su reticencia inicial y su aceptación posterior en base a la promesa a su madre enferma de Alzheimer (que por otro lado, para el lector esta cuestión pasa a un segundo plano rápidamente, a pesar de que en la primera parte cierra casi cada capítulo con una frase al estilo: “para preguntarle al loco de Dios sobre la resurrección de la carne y la vida eterna y contárselo a mi madre”), pero la insistencia con que lo hace, su desconfianza a que el lector no intuya o comprenda la trascendencia del viaje, termina por aburrir al darlo todo masticado. Ni siquiera el primer encuentro con Francisco revela un manejo literario de la situación, apenas un informe frío.

A Cercas le ha quedado una mezcla extraña entre querer poner el foco de atención en la figura del Papa y su recorrido histórico y personal y la intromisión de su narrador como alguien atormentado por el divorcio de su herencia católica, por no hablar de los excesivos diálogos que coronan cada capítulo con diversos personajes que se van olvidando uno tras otro y que simplemente sirven para repetir lo mismo, con leves variaciones, acerca del papel de Francisco en la Iglesia y de sus virtudes y defectos.

El libro mejora con el viaje a Mongolia, dándole frescura hasta cierto punto, porque luego vuelve a incurrir en los mismos errores (esquematización de diálogos e incluso acartonamiento de personajes que, por sus caracteres, deberían ser potentísimos: la incredulidad y admiración que todos sentiríamos por los misioneros se ve opacada justamente por la incredulidad y admiración del narrador, que se siente artificial y reiterativa). La única parte que justifica el libro es cuando el narrador se encuentra con el Papa para consultar sobre lo que le aqueja, porque ahí es cuando se expone de verdad a una descripción certera de un personaje histórico y no una semblanza superficial. La pregunta en sí carece de importancia; de hecho, uno puede intuir lo que ha contestado el Papa, y la necesidad de esconderlo hasta el final de la historia revela una falta de tensión alarmante en un texto de estas características.

No puedo decir que no sea un libro que se lea rápido, que infunda conocimiento al lector de los mecanismos internos de cónclaves y sínodos y otras parafernalias, pero todo termina por ser tan insulso, todas las reflexiones del narrador parecen ser básicas (incluso la revelación de haber discernido a la persona que es Jorge Bergoglio y a su puesto como Papa Francisco es corta de alcance y profundidad), casi como un deber a ser formuladas porque son obvias, que la sensación al cerrar el libro es la que mencioné al principio: que ojalá otro escritor hubiese tenido el encargo (y el encumbramiento de la novela no sé si habla peor de Cercas o del Vaticano) de realizar una crónica y poder hablar con el Papa, que, guste o no su figura y la institución a la que representó, ha sido un personaje clave en estos últimos años.

Firmado: Félix

Más de Javier Cercas reseñado en ULAD: aquí


sábado, 1 de febrero de 2025

William Hope Hodgson: La casa en el confín de la Tierra

Idioma original: Inglés
Título original: The House on the Borderland
Traducción (al catalán): Jordi Llavoré
Año de publicación: 1908
Valoración: Decepcionante

Hace años, cuando devoraba todo lo relacionado con H. P. Lovecraft en particular y el género de terror en general, me topé con una antología de cuentos sobrenaturales con ambientación naval titulada Un horror tropical y otros relatos, de un tal William Hope Hodgson. Como me gustó mucho, empecé a investigar a su autor (quien, según descubrí enseguida, tuvo una gran influencia en Lovecraft). Una de sus obras más reivindicadas es la novela La casa en el confín de la Tierra. 

Ahora que por fin la he leído, debo decir que entiendo la importancia que ha tenido a la hora de configurar el horror cósmico. Sin embargo, como ficción al uso me parece deficiente, lenta y aburrida. Al fin y al cabo, a sus partes les falta unidad. Asimismo, el conjunto carece de ritmo y fluidez, y abunda en pasajes tediosos. Para colmo, las largas descripciones que contiene no logran erigir una atmósfera convincente (cosa que sí consiguen autores como Algernon Blackwood), e incluso atentan contra la vocación incognoscible de los acontecimientos.

En definitiva, uno termina La casa en el confín de la Tierra pensando que ya ha visto los elementos que la componen en otras ocasiones pero mucho mejor resueltos. Los viajes del espíritu del narrador por el espacio-tiempo que hay en estas páginas son menos interesantes que los de, por ejemplo, el Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter, de Lovecraft. Y el asedio de las criaturas de otro mundo palidece, dada su escasa intensidad, al de La piel fría, de Albert Sánchez Piñol. Menuda decepción.

domingo, 19 de enero de 2025

Haruki Murakami y Makoto Wada: Retratos de jazz

 Idioma original: japonés

Título original: Potoreito in jazu (ポートレイト・イン・ジャズ)

Traducción: Juan Francisco González Sánchez

Año de publicación: 2020

Valoración: decepcionante

Si acaso piensan que leer todos los libros de Haruki Murakami traducidos al español les llevaría más tiempo que ver todos los capítulos de One Piece, deberían consultar el catálogo de sus obras en japonés. Siendo uno de los escritores japoneses más populares, las editoriales hacen bien en sacarle todo el jugo que se pueda, aunque lleguen a extremos absurdos como publicar libros del estilo “Aprende inglés con Haruki Murakami”. En esa línea, llega a nosotros la traducción al español de textos cortos, a medio camino entre el ensayo y el post de Facebook, donde el abuelo Murakami nos comparte sus ideas sobre el mundo del jazz, tomando como eje de cada texto a un músico icónico de aquella época dorada del jazz norteamericano.

El libro presenta más de 50 semblanzas, cada una acompañada del retrato del músico correspondiente, dibujado por Makoto Wada, un ilustrador que ya había colaborado con Murakami en otras obras y que fue el ilustrador de la portada de la revista literaria Shūkan Bunshun durante más de 40 años. Además, cada entrada incluye la foto de un vinilo, una recomendación para conocer al músico y comprender un poco más lo que Murakami está expresando.

Una pregunta que me planteé después de leer algunos capítulos del libro fue: ¿Por qué hacer un libro específicamente para esto? Con las palabras que elegí en el párrafo anterior ya se habrán dado cuenta de que, a mi parecer, este libro bien pudo haber sido un blog (¡ja!) o una cuenta de instagram donde Murakami recomendara los discos que le gustan. Incluso se podrían incluir fácilmente audios y videos, elementos indispensables tratándose de música.

Hablando específicamente del texto, por muy aficionado al jazz que sea (ya todos sabemos que tenía un club de jazz), se nota que Murakami no es músico. A pesar de que este libro no pretende darnos detalles técnicos y que el público objetivo es, al igual que Murakami, aficionados al jazz, la forma en que se abordan estos ‘retratos’ es demasiado superficial. En muchas ocasiones ni siquiera se relatan episodios interesantes de la vida de los músicos, solo impresiones de lo más frívolas: “es indudablemente increíble”, “el bajo era profundo como un bosque”. Murakami llega al descaro de, en el capítulo dedicado a Charlie Parker, ponerse a hablar de otra cosa y, al final, decirnos: “Ah, perdón, ya ni dije nada de Charlie Parker”.

Para no quedarnos en el terreno de lo abstracto, vean cómo se abordan estos temas por el saxofonista y youtuber Jay Metcalf de BetterSax en uno de sus videos ("Top 10 alto sax players of all time"), hablando de Charlie Parker:

Vamos primero con el más obvio, porque sin él, esta lista ni siquiera sería posible. Claro, estoy hablando de Charlie Parker, Bird. Considerado como el padre del Be-bop, el innovador, el instigador, el creador. Es, sin duda, uno de los más grandes genios musicales del siglo XX. Tan adelantado a su tiempo que si tocara al día de hoy, su música sonaría contemporánea. Es irónico que muchos músicos que aparecieron después de él sean acusados de plagiar a Charlie Parker, cuando en realidad, la técnica de Bird es aún inigualable. Hasta donde sé, este es el único video de Bird tocando en vivo (procede a mostrarnos un clip de Parker tocando). ¿Vieron eso? La llave de octava se quedó trabada y la tuvo que regresar a su lugar (a esto me refiero, alguien que sabe de lo que habla puede señalarnos detalles interesantes). Parker tocaba su saxofón personalizado ‘King Super 20’, el cual se encuentra exhibido en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana (otro detalle interesante). Después nos da detalles más técnicos (tocando algunas partes él mismo). Como les decía, entiendo que este no es el punto del libro de Murakami, pero de no ser así, no entiendo cuál es.

Otro ejemplo notable de un texto desarrollado alrededor de un músico es El perseguidor, de Cortázar. Un cuento increíble, obligatorio para todo fan del jazz.

Además, Makoto Wada, el ilustrador del libro, aporta una dimensión visual que podría haber enriquecido la experiencia si se hubiera integrado de manera más coherente con los textos. Personalmente, su estilo naïf no es muy de mi agrado, al menos no en este libro, pero entiendo su atractivo. Sin embargo, a menudo no reflejan la profundidad o complejidad de los músicos (Miles Davis y Stan Getz son representados de manera muy similar). Un estilo más realista o expresivo podría haber complementado mejor los ensayos de Murakami, ofreciendo una conexión más significativa entre la imagen y el texto. 

En mi opinión, este libro solo fue un capricho de Murakami y/o un negocio para la editorial. Siendo yo mismo un aficionado al jazz, este libro fue realmente una decepción. Tanto en el texto como en lo visual, Retratos de jazz falla en capturar la esencia de los grandes músicos del género, quedándose en una superficialidad que no satisface ni a seguidores casuales ni a conocedores del jazz.

Otras obras de Haruki Murakami en ULAD: Kafka en la orilla, De qué hablo cuando hablo de correr, Al sur de la frontera, al oeste del Sol, La muerte del comendador. Libro I y II, De qué hablo cuando hablo de escribir, El Elefante Desaparece de Haruki Murakami, Los años de peregrinación del chico sin color, After Dark, Tokio Blues, 

viernes, 20 de diciembre de 2024

Edward Lee: Bighead

Idioma original: Inglés
Título original: The Bighead 
Traducción: Rosemary Thorne
Año de publicación: 1997
Valoración: Decepcionante (aunque disfrutona a su manera)

Bighead de Edward Lee debería haberme encantado. A fin de cuentas, es ideal como placer culpable sin grandes pretensiones para los amantes de la literatura gamberra, el terror barato, el "splatterpunk" más salvaje y el humor escatológico.

Y aunque me ha parecido una novela disfrutona, que pese a su nada desdeñable extensión se lee en un suspiro, tiene un rollo desacomplejado (en lo estílistico, estructural y argumental) muy atractivo, rebosa una saludable mala leche y es extremadamente sangrienta, me deja un regusto amargo porque le sobran muchísimas páginas.

Además, en mi opinión podría haberse editado de manera que el conjunto mejorara sin perder su halo de espontaneidad y desparpajo. Y es que se nota que Edward Lee no planificó casi nada al ir escribiendo, ni se mató a corregir demasiado el resultado final. Varios de los misterios que establece inicialmente los resuelve de manera abrupta y anticlimática, como si al llegar al clímax se acordara súbitamente de ellos y le entrara prisa por cerrarlos de cualquier manera. A esto debemos sumarle que sus protagonistas carecen de profundidad, pese al excesivo foco que se les da, y que el desarrollo de sus interacciones no es siempre convincente. Asimismo, reprocharía a Bighead que las escenas violentas o sexuales no van "in crescendo", por lo que, pese a ser siempre duras y explícitas, llegan a epatar rápidamente al lector, que no tarda en aclimatarse a ellas; para colmo, a menudo se desperdician en personajes irrelevantes, cuando lo lógico sería reservar las más impactantes para el elenco protagónico. Y tampoco puedo dejar de mencionar las reiteraciones de ideas que salpican la novela, las cuales pretenden introducir semillas en el lector pero que, dada su asiduidad, acaban molestándolo e incluso insultando su inteligencia.

¿De qué trata Bighead? Pues de una abominación que lleva ese nombre, a la que le encanta perforar a sus víctimas con su gigantesco miembro y zamparse sus cerebros. Este monstruo (¿leyenda urbana, humano fruto de la endogamia, mutante deforme o entidad sobrenatural?) siembra el caos por los bosques de Virginia y se acerca lenta pero inexorablemente a nuestros héroes (una joven que no siente nada durante la penetración, una reportera ninfómana y un cura madurito, mazado y malhablado). También hay otra amenaza suelta: una pareja de "redneck hillbilies" que van por ahí violando, torturando y asesinando a la peña, capitaneada por el brutal Balls.

Poco más que añadir. Bihead es un festival del mal gusto con palabrotas, "gore", sexo, violaciones, paletos americanos y villanos sádicos, depravados y muy pero que muy cabrones. Si bien se disfruta (bueno, sólo si te va esto), deja una abrumadora sensación de potencial desaprovechado. Ojalá existiera una versión igual de transgresora, marrana, cáustica y desacomplejada pero un pelín más refinada, a la que no le sobren páginas, que maneje mejor a sus personajes y que sepa escalar adecuadamente su abundante violencia; ah, y que se le vaya la pinza pero en plan bien, no con ese desmadre artificioso e insípido con que nos obsequia el clímax de la original.

martes, 15 de octubre de 2024

Contrarreseña: La vegetariana de Han Kang

Idioma original: coreano

Título original: Chaesikjuuija (채식주의자)

Traducción: Sunme Yoon

Año de publicación: 2007

Valoración: decepcionante (por el Nobel y el ‘muy recomendable’ de la reseña original)

Obviamente, Kang no tiene la culpa de que le dieran el Nobel y, probablemente, por la expresión que muestra en las entrevistas, tampoco le emociona mucho. Acaso lo sienta como un lastre que tiene que llevar de ahora en adelante (no lo digo por el jugoso premio en efectivo). De no ser así, el mayor de sus problemas será esta reseña negativa.

La fiebre del K-pop y los culebrones coreanos pueden distorsionar nuestra percepción sobre un país sumamente conservador y que, hasta hace pocas décadas, estaba un tanto al margen de las tendencias del mundo occidental. Incluso ahora, el vegetarianismo (veganismo, etc.), como estilo de vida de uso común, es algo propio de la India, Europa y, aunque usted no lo crea, de México. Sin embargo, y salvando las casi dos décadas que nos separan de la publicación de este libro, el vegetarianismo visto como el colmo del retraimiento social parece un poco exagerado. Entiendo que aquí se usa solo como un ejemplo de todo aquello que la sociedad nos empuja por el esófago (literal y metafóricamente), pero, siendo así, no entiendo la insistencia en algunos pasajes sobre el oprobio que cae sobre una familia cuando una de sus integrantes decide dejar de comer carne.

Creo que este libro es bueno. Estoy de acuerdo con la mayoría de los puntos positivos de la reseña original. Pero, como dice la valoración, la decepción proviene de las grandes expectativas que me había hecho. Por lo que les exhorto a leer dicha reseña y el cintillo del libro para que se den una idea de la trama y de los elogios recibidos. Me limitaré aquí a aquellos aspectos que considero negativos.

Los personajes los siento un tanto unidimensionales. Un ejemplo: el marido. Macho, violento, pusilánime, etc. Parece villano de telenovela coreana. Su única razón para elegir esposa fue porque quería precisamente eso, una esposa: sumisa, invisible, obediente, etc. Lo cual me hace cuestionarme las motivaciones de la protagonista. Parece totalmente irrelevante para su propia vida. Vive encerrada en sí misma. Bien podría ser autista, aunque de eso no va el libro. La violencia, el machismo, la presión social, etc., la tienen paralizada, hasta que el hecho de dejar de comer carne, en lugar de liberarla, parece hundirla aún más en ese pozo interno. Una persona derrotada. Espero que no sea por eso que a muchos les llegó al corazón.

Otro punto: el vegetarianismo como alegoría. Elegir la pasividad y la indolencia como alternativa a la violencia me parece que se queda un poco a medias. Me gustaría dar un ejemplo para contrastar. En "Pastoral americana", de Roth, la hija del protagonista se convierte al jainismo de una manera tan radical y aparentemente irracional que acaba por destruir su propia humanidad. Una historia sobrecogedora. A "La vegetariana" (sin ánimo de hacer un juego de palabras) le falta carnita.

Por último, no puedo dejar de recalcar que me parece una buena historia, pero no supera la vara tan alta que le pusieron.

Otras obras de Han Kang reseñadas en ULAD: Actos humanos, La clase de griego, Blanco, Imposible decir adiós

Reseña original: La vegetariana

lunes, 22 de julio de 2024

2 x 1 Pauline Réage: Historia de O y Retorno a Roissy

Título original: Histoire d’O
Idioma original: Francés 
Año de publicación: 1954 (revisada en 1977)
Traducción: Ángel López
Valoración: Está bien (aunque no para todo el mundo)

¿Qué esperaba encontrar en Historia de O? Supongo que una novela erótica que debe sujetarse con una sola mano. Y algo de eso tiene, no os quiero engañar. A fin de cuentas, Pauline Réage (pseudónimo de Dominique Aury) la escribió, originalmente, para seducir a su amante. Pero la verdad es que el clásico de Réage es más, mucho más, que un mero libro masturbatorio.

Porque a esta obra la atraviesan una serie de virtudes de índole literaria que harán que su lectura no sólo estimule los genitales. A mí, por ejemplo, me sorprendió ya en sus primeras páginas, cuando ofrece dos inicios alternativos. También aprecié la audaz elección del nombre de la protagonista; y es que la letra O tiene implicaciones sexuales (recuerda a un agujero -una boca, una vagina, un ano...- o a los anillos con que será marcada O; también puede ser la primera letra de orificio u objeto).

Historia de O narra cómo O, una mujer que trabaja en una agencia fotográfica, es convertida en esclava sexual por René, su amante. O será usada para el disfrute de los afiliados a una sociedad secreta, los criados vestidos de opereta que cuidan el castillo donde se reúne la misma y el inglés Sir Stephen (a quien un estrecho vínculo une a René).

A mi juicio, lo que más destaca del libro son las sutiles caracterizaciones de los personajes, los razonamientos que éstos esgrimen para obrar y desear como lo hacen y las oblicuas (pero siempre explicadas) interacciones que mantienen. Asimismo, valoro los debates cuasi filosóficos que genera: por ejemplo, en torno a si uno puede sentirse libre estando subyugado, si uno puede consentir a abandonarse a la voluntad de otro o si el dolor puede devenir placer. 

Resaltaría otras virtudes de Historia de O, aunque son más discretas: el constante cambio del statu quo argumental se siente orgánico y las descripciones (sobre todo de vestimenta, estancias, mobiliarios o sesiones de dominación y tortura) son muy minuciosas. 

Eso sí, quizá le pondría algunas pegas a la novela de Réage. En primer lugar, que su prosa es un tanto burda (cuesta visualizar determinadas escenas y tiene párrafos que deberían desmigarse en varios). Que ciertos tramos se antojan sumamente reiterativos. Que termina sin haber dado una participación satisfactoria a determinados personajes (Natalie, sobre todo). O que su final es demasiado abrupto, aunque en la edición de Tusquets que yo he tenido entre manos se advierte que la autora llegó a escribir un par de desenlaces, no compilados en este volumen.

A día de hoy, el libro sigue siendo casi tan escandaloso como lo fuera en el momento en que se publicó, aunque no por las mismas razones. Entonces indignó a la sociedad bienpensante su alusión a sexualidades disidentes y su manera de representar, sin entrar en juicios de valor, una parafilia. Actualmente se le reprocharía el papel que otorga a la mujer (olvidando que hay mujeres abiertamente emponderadas en la novela, como Anne-Marie y Jacqueline, e incluso la propia O podría considerarse como tal, dependiendo de cómo abordes su situación).

Resumiendo: Historia de O sigue siendo un libro bastante explícito (que no vulgar), por más que en general emplee un lenguaje refinado y recurra de vez en cuando a elipsis o eufemismos. Es por ello que puede llegar a epatar a mucha gente. Asimismo, su forma de retratar el amor, el sexo y el sadomasoquismo ofenderá a más de uno. Sin embargo, yo lo recomiendo, al menos a lectores abiertos de mente, que quieran descubrir en esta joyita la sensualidad, voluptuosidad y erotismo que sólo es capaz de plasmar la ficción.

Desde su publicación ha inspirado multitud de adaptaciones al cine, la televisión y el cómic, entre las que destaca la película de 1975. Además, ha servido como molde referencial para creaciones de todo tipo que continúan con su legado.

Título original: Retour à Roissy
Idioma original: Francés 
Año de publicación: 1969
Traducción: André Pieyre de Mandiargues / Álvaro Castillo
Valoración: Decepcionante

Años después de publicar Historia de O, Réage escribió un breve capítulo a modo de cierre, titulado Retorno a Roissy. El final en él plasmado es algo agridulce para la protagonista, pero al menos no muere, como sí sucedía en otro desenlace alternativo. 

Básicamente, Retorno a Roissy narra el regreso de nuestra heroína al castillo, donde seguirá siendo usada por sus afiliados. Esta vez, en condiciones distintas a la anterior, pues aunque la lleva ahí Sir Stephen, tal y como la llevara en su momento René, parece que el primero pretende abandonarla.

Esta secuela de Historia de O no me ha gustado demasiado. Creo que carece del interés (quizá sobredimensionado por el factor novedad, no lo niego) del material original, expande la historia en una dirección poco atractiva y apenas desarrolla los elementos barajados. Sinceramente, sólo la recomiendo a completistas.

lunes, 10 de junio de 2024

Phillip Lopate: Segundo matrimonio

Idioma original: inglés

Título original: Eleanor, o The Second Marriage

Traducción: Miguel Temprano García

Año de publicación: 2008

Valoración: Decepcionante


Es inevitable, vuelvo otra vez a los títulos. Porque, siendo sincero, Segundo matrimonio suena como para salir corriendo y no parar, de rancio y aburrido. Pero bueno, también Bergman hizo alguna película bajo rótulos parecidos y no resultó del todo mal, que para eso era Bergman. En principio parece claro que Phillip Lopate va a explorar terrenos parecidos, así que, tratándose de un librito muy breve, tampoco vamos a perder mucho.

Efectivamente, tenemos a una pareja formada por Frank y Eleanor, que viven su segunda experiencia marital, no tengo claro si la segunda de los dos o solo de él. Tienen varios hijos ya algo creciditos y el aspecto de gente acomodada. Tras recibir la visita de uno de estos chicos, organizan una cena con amigos que tiene un carácter transgeneracional un poco sorprendente: no sé si en Estados Unidos es normal montar cenas de adultos a las que también acuden los hijos, pero me da que por aquí no es muy frecuente. El evento se resuelve con el diseño del menú (siempre responsabilidad de la mujer, hay que ver la sociedad norteamericana), las esperadas charlas insulsas, algún escarceo fugaz, y una sesión de cine que, precedida de comentarios algo pedantes, desemboca en una película de Chaplin (hum, hum). Un postre que se me antoja solo para cinéfilos o para gentes muy cultivadas. O así.

Pero lo realmente relevante, lo que forma el núcleo del relato es la pareja, el matrimonio en sí. El amor y el desamor, las infidelidades, la conexión, el respeto, la independencia, transigir y hasta dónde. Es decir, todo lo que conforma la convivencia y una relación que se prolonga en tiempo, que son cosas que, ya se sabe, no son fáciles. Uno se siente de determinada manera, otro no soporta algunas cosas, igual hay algunas que hay que aceptar y otras que no, la comunicación no siempre es como debería y a veces tampoco es bueno hablarlo todo, las percepciones cambian y los deseos dejan de ser compartidos, o tal vez no. Nada nuevo, porque ciertamente hay situaciones que son universales y lo han sido a lo largo de los siglos.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que para llevar estos temas a un libro no basta con plantear escenarios que puedan tener algún interés, hay que llevar al papel algo diferente que haga de la lectura una experiencia que esté al menos algo por encima de la charla de café o el telefilm de sobremesa. Y es imposible negar que Segundo matrimonio naufraga en toda regla: no solo no aporta en absoluto nada nuevo, sino que es además un tostón cuya única virtud es su brevedad. Por el contexto podría ser una obra de teatro, eso sí, mortalmente aburrida y sin chispa, con personajes acartonados incapaces de suscitar interés o emoción, o podría ser una película moderadamente melodramática que acompañase una siesta involuntaria de sofá de fin de semana.

Irrelevante, somnífero y con un ligero tono pretencioso, toda una joya. No tengo la menor idea de por qué llegó esto a aparecer en mi lista de lecturas, pero desde luego créanme que he tenido ocurrencias bastante más atinadas.


sábado, 24 de febrero de 2024

Jenni Fagan: Maldición

Idioma original: inglés

Título original: Hex

Traducción: Jesús Cuéllar

Año de publicación: 2022

Valoración: Decepcionante


Los procesos de las brujas de Berwick, a finales del siglo XVI, son algunos de los más conocidos entre los muchos que tuvieron lugar en Europa en busca de poderes oscuros, curaciones sospechosas y maleficios. Al parecer, el rey Jacobo volvía de su boda en Dinamarca y fue sorprendido por terribles tormentas, lo que provocó que se buscaran responsables de causar semejantes fenómenos para acabar con él. Mediante el uso generalizado de la tortura comenzó el habitual reguero de delaciones, mientras se vengaban viejas rencillas, se doblegaba a gentes incómodas y se consolidaba el terror frente a la disidencia o simplemente frente a conductas que pusieran en cuestión el orden religioso, moral y, finalmente, político.

Jenni Fagan toma como protagonista a una de aquellas brujas, Geillis Duncan, apenas una adolescente que por algún motivo fue elegida para ser eliminada y cuya confesión, obtenida de aquella manera, sirviese de paso para condenar a otras mujeres de mayor significación pública, en especial Euphame McCalzean, cuya posición social y económica suscitaba ciertos deseos de quitarla de en medio. Geillis va a ser ajusticiada, y en su celda, donde ha sido violada repetidas veces, recibe la visita de Iris, una mujer del siglo XXI que le acompaña en sus últimas horas. 

Lo que parece podría ser una narración llena de fantasía de tintes góticos se convierte sin embargo en otra cosa. En vez de recibir a un ser extraordinario procedente del futuro, se diría que el carcelero ha dejado entrar en el calabozo a una amiga de Geillis para que la pobre tenga un poco de conversación antes de morir en la horca. De manera que Iris, obviamente solidarizada con la presunta bruja, se dedica durante unas cuantas páginas a colocar el discurso feminista propio de su época. En la base de los procesos por brujería, parece defender Iris, no hay un fondo de incultura popular, de alienación religiosa, intereses pueblerinos o maniobras políticas, solo el deseo de castigar a mujeres por el hecho de serlo, el impulso depravado de hombres obsesionados por la integridad de sus pollas (sic), una especie de miedo atávico frente a aquellas a quienes no pueden someter de otra forma.

Y bueno, el resto de las largas conversaciones entre la víctima y su visitante no pasa de ser una charla insulsa, llena de lugares comunes, reflexiones sobre la injusticia y la violencia, peroratas apenas disfrazadas de patetismo y ramalazos líricos, fogonazos de magia injustificada, todo lo cual tiene como mayor virtud la brevedad de sus apenas cien páginas.

No era mala la idea, y daba para montar una historia quizá atractiva. Tampoco era desdeñable la posibilidad de levantar una reflexión sobre un posible enfoque de género en la persecución de la brujería, o un juego de contrastes entre la perspectiva ideológica de nuestro siglo y la de los inicios de la Edad Moderna. No sé, había posibilidades de hacer unas cuantas cosas interesantes, tal vez en otros formatos, pero Jenni Fagan elige la peor opción, una sucesión de diálogos, a veces monólogos sucesivos, sin nervio, con un fondo forzado y nada creíble que a veces suena a representación escolar, por mucho que se adorne con una especie de acotaciones que presentan cada escena de modo más bien efectista.

Solo las últimas páginas tienen un tono más intenso, imágenes más sugerentes y un ritmo más vivo. Bien habría hecho Fagan en aplicar el mismo criterio al resto del libro. Pero aunque este último empujón deja un sabor algo más gratificante, ni aun así nos libra de la decepción. 


martes, 17 de octubre de 2023

Antonio Machado: Juan de Mairena

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1936

Valoración: Decepcionante


Por qué no decirlo, esto va a ser un poco traumático, por lo menos para mí. Hace solo unas semanas hubiera preferido que me corten un brazo antes que admitir que un día no lejano, sin mediar demencia, le iba a poner un Decepcionante a don Antonio Machado. Así que muy bien podría incluir aquí esa entrañable etiqueta de ‘reseñas con las que me juego el cuello’, o hacer un bonus de aquella famosa serie de Grandes decepciones que en este blog se llevó por delante a Tólstoi o Cortázar, por citar lo más escandaloso. Es lo que tiene meterse en estos jardines en vez de leer alguna novelita de moda.

Machado había escrito sus dos libros fundamentales, Soledades, galerías y otros poemas y Campos de Castilla más o menos en la primera década del siglo XX, y bastante tiempo después comenzó a publicar sueltos en la prensa madrileña. En 1936 se publica una recopilación de ese material bajo el título Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, o sea, lo que tenemos hoy entre manos. El texto reúne por tanto pequeños artículos de tema muy diverso en los que el poeta se explayaba, seguramente sin ninguna cortapisa, sobre religión, política, cultura, literatura y poesía, sobre la naturaleza humana, la sociedad y, sobre todo, sobre asuntos de filosofía. Todo puesto en boca de sus dos heterónimos: el maestro Abel Martín, y su discípulo Juan de Mairena, personajes más o menos intercambiables que comparten profesión con Machado y pretenden inculcar en sus alumnos ideas y conceptos, pero sobre todo, pienso yo, abrirles la mente y dotarles de herramientas para pensar por sí mismos. La cosa tiene como un reflejo, yo creo que intencionado, de las enseñanzas de Sócrates transmitidas a través de los escritos de Platón.

Como es fácil suponer, el texto está teñido de ironía, con golpes de humor unas veces más logrados que otras, y con la clara intención de robar unos minutos al lector de prensa, seduciéndole para que se detenga a reflexionar sobre determinada ocurrencia o sobre algún dilema filosófico más o menos arduo. Aunque en magnitudes más domésticas, la cosa recuerda un poco a Los ensayos de Montaigne, aunque sin la voluntad, la mayor parte de las veces, de desarrollar de verdad los temas. Es un poco un juego intelectual, la humorada de quien quiere lucir el ingenio más que construir algo consistente. El ingenio, claro, que viniendo de quien viene deja momentos brillantes y también, por qué no decirlo, algunas (pocas) solemnes tonterías que quiero pensar que solo pretenden provocar, como la oposición al sufragio femenino (por favor, don Antonio), o el menosprecio del aprendizaje de idiomas (algunos de los cuales, si no estoy equivocado, el autor dominaba hasta cierto punto). Claro, ya dice Machado-Mairena que es ‘un hombre de otro tiempo’, y desde luego parece que bastante alejado del que le tocó vivir.

Asoman por ahí cosas de cierto interés, una especie de poética express, con ideas someras sobre la creación literaria (poco que ver con reflexiones mucho más elaboradas de algunos contemporáneos), esbozos de una obrita teatral, seguramente de esas que modelaba con su hermano Manuel, elucubraciones de filosofía que no llegan a constituir un cuerpo sólido, y sobre todo, una llamada a la sencillez y el sentido común que recorre todo el libro, y que podría ser el mensaje con el que podríamos quedarnos finalmente.

Habrá quien disfrute del modelo. El libro, sin ser muy largo, tiene un poco de todo, hay que apreciarlo en sus virtudes, que algunas tiene, y quizá puede ser atractivo para quien lo tiene en la mesilla y de vez en cuando ojea dos o tres apartados, deteniéndose en buscarle los dobles sentidos o la profundidad de una paradoja aparente. Creo que es la forma en que uno puede apreciar mejor la miscelánea que nos presenta. Pero lo siento, no es mi forma de leer, y además confieso, ya lo he dicho alguna vez, que no me gustan estas cosas. La creatividad o la inspiración para sorprender con un golpe, una humorada o un rapto de erudición pueden brillar al servicio de algo más sólido, pero puestos así en fila y digeridos uno detrás de otro se diferencian poco de una colección de ocurrencias y reflexiones que se quedan a medio cocinar.

Así que pueden ustedes elegir entre blasfemia y rebuzno para calificar esta reseña , que me va a dar igual, porque por mi parte me quedaré siempre con aquellos momentos en que don Antonio rozó los cielos, con Castilla miserable, ayer dominadora…, Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba…, Una tarde parda y fría de invierno…, o Una de las dos Españas ha de helarte el corazón. 

Otras obras de Antonio Machado en ULAD: Campos de Castilla