Un libro al día
Cada día, una nueva reseña
jueves, 27 de agosto de 2026
René Araya: Noche de los cristales rotos
miércoles, 26 de agosto de 2026
2x1: El truco de los espejos y Los trabajos de Hércules de Agatha Christie
martes, 25 de agosto de 2026
Ingeborg Bachmann: Malina
Título original: Malina
Traducción: Isaberl Hernández
Año de publicación: 1971
Valoración: está bien
lunes, 24 de agosto de 2026
Ignacio Peyró: El español que enamoró al mundo
Idioma original: español
Año de publicación: 2025
Valoración: muy recomendable
Primero, hagamos las debidas presentaciones. Julio Iglesias me repugna. Absolutamente. Desde su música, canción romántica reducida a susurros para ensoñaciones eróticas light, hasta sus influencias (quién puede perdonar a sus hordas de émulos, empezando por el nauseabundo Bertín Osborne) y ya no digamos su desacomplejada pose ideológica y su ostentosa existencia, sin perjuicio de su machismo recalcitrante, demostrable más allá de suposiciones recientes.
¿Y qué narices hago yo leyendo algo que se podría validar como una biografía suya?
Bueno, he de decir que lo primero que seduce del texto de Ignacio Peyró es cómo el autor establece distancias, de manera tan sutil como constante, esos contrapuntos, esas notas a pie de página, ese sarcasmo que recorre el texto, una ironía postmoderna de un autor que ya entiende que sabemos muchas de las cosas que va a explicar, que está tratando con un material que forma parte ya no del dominio público sino del imaginario generacional más básico, y que sabe que el lector no le perdonará que los elogios se extiendan más allá de lo que nos resulta confortable. Entonces, descontemos que hablará de su perseverancia para obtener un éxito global, descomunal, de sus hazañas de alcoba, excesivas, descontroladas, de sus esposas y novias, de sus líos con representantes que buscarán - esperando lo que haga falta - venganza. Aunque resulte que a su entorno, a todos aquellos que le catapultaron al éxito, rara vez se les recuerda por sus caras, si acaso por sus nombres, eran aquellos que estaban al lado o detrás, mientras él se ponía al frente e interpretaba (va, cantaba) sus omnipresentes éxitos, o, por ejecutar una reducción casi cacofónica, follaba y se forraba.
Obviamente los mejores tramos del libro son aquellos que acumulan nombres y pequeños detalles desconocidos que configuran su personalidad, que relatan su periodo glorioso, digamos hasta los años 90, no voy a revelar detalles, pues son esos párrafos, que Peyró escribe brillantemente desde una óptica ligeramente crítica, eso sí, sin especulaciones de caracter morboso que acercarían este texto a lo sensacionalista, pero dejando algunas piedras en el camino, algunas socavadas perlas que, sin tildar directamente a la estrella de mezquino, de avaricioso, sí que corroboran que este texto no pretende obtener su beneplácito en modo alguno, tanto menos cuando desmiente algunos aspectos que han sido convenientemente pulidos para dulcificar la historia del cantante. En consecuencia, ese tramo final, cuando Iglesias, ya con cierta edad, ha dejado de aparecer en público con frecuencia, y todo lo que se sabe de él es a través de la gestión administrativa de su fortuna, añadiendo que, con la estabilidad de su matrimonio, su vida sexual/sentimental ha abandonado el ritmo agotador de sus años dorados.
Gracias a Peyró, entonces, que ha renunciado a ejecutar una biografía al uso y tampoco ha sucumbido a la especulación.
domingo, 23 de agosto de 2026
Lisa Tuttle: Nido de pesadillas
Idioma original: Inglés
Título original: Nest of nightmares
Año de publicación: 1986, 2023
Traducción: Marian Womack
Valoración: Bastante recomendable
Segunda aparición de Lisa Tuttle en este sacrosanto blog y segunda valoración más que favorable de su obra. Y si en la primera ocasión hablamos de Mi muerte, novela de unas 140 páginas, esta vez es el turno de Nido de pesadillas, colección de 13 relatos de alto nivel medio que guarda ciertas similitudes con la novela, especialmente en su aspecto onirico, gótico y tenebroso.
Hablamos de 13 textos de terror íntimo y perturbador, según dice la contracubierta. Eso es innegable pero yo diría que son textos sobre la soledad, la incomunicación o la confusión y sobre los efectos o consecuencias que estos tienen sobre los personajes, siempre femeninos, que los protagonizan. En este sentido, hay una frase en el relato Sun City que resume a la perfección el tono del volumen: No había razón para que estuviera allí, no en aquel edificio, ni en El Paso, ni en Texas, ni en esta vida. Pero ahí estaba, siguiendo adelante como si todo tuviese algún propósito.
Sea como fuere, el comienzo del volumen es realmente impactante. Nido de bichos es un relato magnífico tanto por el uso de la simbologia como por su construcción en base a diferentes paralelismos, Hamburguesas de carne de muñeca impacta por su sorprendente giro final y Bienes compartidos, mi relato favorito, deslumbra por su terrorífica simplicidad.
Los siguientes relatos mantienen algo el nivel gracias a telarañas de vidas y deseos (Vuelo a Bizancio), a la hermosa tristeza de Recorriendo el laberinto, al terrible final de El dios caballo o a la atmósfera gótica de Necesidad.
Quizá cierta reiteración en los temas y obsesiones haga que el interés decaiga hacia el final del volumen (esta era mi sensación a medida que avanzaba). Afortunadamente, el brontiano relato El nido, fantasía "infantil" en el que la incomunicación y la simbología del nido juegan un papel fundamental, pone un broche final a la altura del conjunto y hace que la impresión que quede tras cerrar el libro sea más que favorable.
También de Lisa Tuttle en ULAD: Mi muerte
sábado, 22 de agosto de 2026
Olga Guirao: Adversarios admirables
Año de publicación: 1996
Valoración: muy recomendable
No me gusta demasiado la idea del escritor que escribe por escribir. Tal vez conservo la visión romántica, y un poco ingenua, de que quien se atreve a escribir algo lo hace porque tiene algo que decir y considera que alguien más necesita escucharlo. Está de más aclarar que solo quienes tienen razón en esto logran contar historias interesantes, no sin el pequeño pero indispensable detalle de ser capaces de narrarlas de una manera mínimamente cautivadora.
Y aquí está el motivo de esta introducción. En muchas ocasiones pareciera que algunos escritores no tienen nada importante que decir y, aun así, se atreven a publicar. Dostoyevski, Chinaski y Hemingway escribían a partir de sus experiencias personales; incluso las buscaban, convencidos de que eran indispensables para sus obras. Al igual que yo, parecían creer que «los dioses traman desdichas y sufrimientos para los mortales con el fin de que las futuras generaciones tengan historias que cantar», y que solo las grandes historias merecen ser contadas.
Sin embargo, de vez en cuando me encuentro con autores que me obligan a cuestionar esta idea: escritores capaces de contar historias que, reducidas a su argumento, no podrían ser más triviales y que, aun así, están narradas con tal habilidad que la forma termina imponiéndose al fondo.
No puedo asegurarlo respecto a toda su obra, pero, al menos en este libro, creo que Olga Guirao es una de esas autoras.
El argumento de la novela no podría ser más baladí: una pareja atraviesa dificultades económicas, lo que agrava todavía más una relación ya deteriorada, marcada por infidelidades, mentiras y traiciones. Ya saben: el pan de cada día.
La autora no necesita recurrir a grandes acontecimientos, tragedias históricas ni personajes excepcionales para mantener el interés del lector. Le basta con observar de cerca el desgaste de una relación y narrar las pequeñas crueldades, frustraciones y contradicciones que se acumulan en la vida cotidiana. Lo que, contado de otra manera, podría parecer el argumento de una telenovela, adquiere aquí una profundidad inesperada.
El título, Adversarios admirables, resume bien la naturaleza de esa relación. Los protagonistas parecen conocerse lo suficiente como para identificar las debilidades del otro y utilizarlas en su contra. Hay entre ellos una mezcla de resentimiento, dependencia y fascinación, pero son enemigos que de alguna manera se necesitan.
Tal vez, después de todo, no sean únicamente las grandes desdichas concebidas por los dioses las que merecen convertirse en literatura. También están las pequeñas derrotas domésticas, los rencores acumulados y las mentiras que se dicen dos personas mientras comparten la misma casa. En manos de una escritora como Olga Guirao esto es posible.







