Título original: Yesteryear
Traducción: Mar García Puig para la editorial AdN
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Cada día, una nueva reseña
Año de publicación: 2026
Valoración: imprescindible para fans, muy recomendable para cualquiera
Hace pocos días, Pitchfork publicaba en su perfil de IG una de esas curiosas votaciones que procuran relleno para que perdamos (un poco más) el tiempo. Una especie de competición donde se iba votando una de dos opciones, como una especie de eliminatorias a la búsqueda de los mejores discos, por lo menos, desde que el medio musical se ha convertido en una referencia (cada vez más de pago) global. Bien, no es que haya que acatar este tipo de iniciativas ni por supuesto los gustos mayoritarios, pero en dura contienda en que cayeron magníficos discos de, por ejemplo, Kendrick Lamar o Frank Ocean, la final de esta particular Champions acabó en una disyuntiva entre dos discos de la misma banda: OK Computer y Kid A, ambos de Radiohead.
Insisto: no hay porqué coincidir con las mayorías. Pero la cuestión resulta abrumadora. Y no hablo de un corrillo de fanáticos cegados por la adulación, sino de un muy sustancial porcentaje de prensa especializada, de esos críticos a los que se podrá tildar de snobs, de elitistas, de comulgar solo con vanguardias o con innovación, pero... esa unanimidad. Como la banda no ha sido nunca demasiado dada a su proyección pública, a entregarse a estúpidas acciones promocionales para obtener repercusion, aquí disponemos de algunas entrevistas con sus miembros. También, obviamente de artículos de prensa, antiguos y nuevos, crónicas de sus conciertos, reseñas de sus discos, no hay posibilidad de contricción para opiniones del momento, piezas de prensa conmemorativas, cuando sus obras han celebrado fechas significativas. Reflexiones sobre la influencia no solo de su música sino de sus actitudes hacia el mundo, hacia las discográficas, hacia las obras de otros artistas, hacia la explosión de internet como fuente de difusión que les pilló, justo, en su momento de efervescencia, en ese punto de configuración inicial que parecieron aprovechar tan bien.
Todo recogido en más de trescientas páginas que resultan lógicas en su espíritu de ensalzamiento, pero que no renuncian a incorporar algunas opiniones reticentes. Es lo que pasa cuando se opta por ese perfil, pero es lo que pasa sobre todo cuando, en las erráticas audiencias de ciertos estilos, el artista se enfrenta a la disyuntiva de continuar por los caminos del éxito fácil (repitiendo fórmulas) o entregarse a lo que las vísceras le exigen (en este caso, en ciertos momentos, innovar sin pensar en las consecuencias), y esa segunda decisión la banda la ha tomado en varias ocasiones. Y al lado de los reiterados suicidios físicos del estrellato rock, el suicidio comercial es simplemente otra opción - bueno, un poco menos radical, un poco más limpia, menos explotable vendiendo merchandising. El libro, sus artículos en su conjunto, nos dejan muchas pistas, más bien excusas que explicaciones, y aunque ello no va a evitar que quien los considere tristes, pretenciosos, trascendentes, cambie radicalmente su opinión, sí que emplazo a que el libro se lea, se contemple su perspectiva y se continuen oyendo sus magníficos discos.
Idioma original: inglés
Traducción: Rita da Costa
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
El árbol violeta es un jacarandá que protege de un sol abrasador a un grupo de niños que juegan en el jardín de la casa de sus abuelos en Teherán. Estamos en 1983 y alrededor de estos niños, que conviven con sus abuelos y sus tías, se está desarrollando una brutal represión por parte del régimen teocrático del ayatolá Jomeini. Los fundamentalistas religiosos se han arrogado el triunfo sobre el depuesto sha de Persia y han comenzado a encarcelar o aniquilar a todos aquellos grupos que participaron en el derrumbe del antiguo régimen, pero que no comulgan con el rumbo autoritario que está tomando el país. La vida en la cárcel es durísima "la oración formaba parte del adiestramiento de los reclusos. Los habían trasladado allí con el objetivo de convertirlos en hombres temerosos de Dios. Pero, en este mundo de violencia y locura Dios no era lo que mas temía Amir".
En este contexto, nace en la prisión de Evin, Neda, alter ego de la autora, cuyos padres están encarcelados por pertenecer a grupos izquierdistas y distribuir panfletos contra el régimen. La crónica de las durísimas condiciones en que viene al mundo Neda dan inicio a un relato casi autobiográfico de la historia de la familia de la autora, relato que puede extrapolarse al de muchas familias iraníes que vieron como miles de vidas quedaron truncadas por la inmisericorde persecución llevada a cabo por la Guardia Revolucionaria.
La autora iraní no se centra, no obstante, en contarnos o describirnos los aspectos más sórdidos de la represión ejercida por el régimen. No pretende hacer un alegato político contra el régimen de los ayatolas. Opta por centrarse en describirnos la lucha de las familias por salir adelante amparándose casi exclusivamente en sus propios medios. Miles de padres y madres son encarcelados y en muchos casos asesinados y son los familiares los que se hacen cargo de los niños que quedan desamparados o huérfanos. Es un estado policial en el que la policía del régimen irrumpe en las casas " buscando documentos, cartas, panfletos, poemas, libros prohibidos. Se fueron con las manos llenas, llevándose consigo incontables trozos de vida".
Delijani utiliza un lenguaje muy poético. Describe con calidez y cercanía las escenas cotidianas de la vida familiar. Las casas y sus patios se convierten en un refugio contra la violencia soterrada que invade la vida diaria. En una de esas casas transcurre la vida de Omid, Sara y Forugh, algunos de esos niños que crecen sin sus padres, rodeados y protegidos por sus familiares, especialmente por las mujeres de la familia, que abanderan la lucha de un pueblo perseguido. La autora iraní va introduciendo saltos temporales en el relato y va alternando las entrañables vivencias en la casa del jacarandá con la dureza y crueldad de la vida en la cárcel.
Entre racionamientos, apagones y la interminable guerra con Irak se va desarrollando la vida de una generación que queda estancada por la larga sombra del régimen de Jomeini. Algunos padres consiguen volver a casa después de años de interrogatorios y torturas y otros son asesinados, especialmente en el periodo inmediatamente anterior al final de la guerra con Irak en 1988.
Dejando a un lado la violenta década de los ochenta, Delijani da un salto en el tiempo y nos traslada al final de la primera década de los 2000. Los niños han crecido, se han adaptado a sobrevivir con el régimen o han emigrado fuera de Irán. Es el momento de tomar el testigo de la generación de sus padres y deciden ser protagonistas de su destino y pasan a la acción. Se promueven unas elecciones y una sombra de esperanza recorre los corazones de la población iraní, pero se topan con un engaño: " Lo que pasó antes de las elecciones fue que sencillamente nos engañaron con un simulacro de apertura y nosotros lo creímos. Lo que querían era que saliéramos a la calle para identificarnos y saber cuantos éramos. No era más que una trampa. En cuanto salimos de nuestra casa con nuestras camisas y pañuelos verdes y nos pusimos a agitar pancartas, fue fácil aplastarnos".
Las elecciones de 2009 fueron un fraude y Mahmud Ahjmadineyad salió reelegido. La violencia del régimen de los ayatolás volvió a manifestarse con toda su crudeza y una nueva generación de iraníes fue silenciada.
Casi veinte años después, los iraníes han seguido manifestándose contra el régimen, siguen siendo encarcelados o asesinados y actualmente se ven envueltos en una guerra que no han buscado y que puede suponer una excusa para sufrir más represión. Por encima de la violencia sistemática del régimen están la dignidad y el orgullo de una población que quiere marchar hacia la democracia tras décadas de lucha. Los protagonistas no pierden la esperanza de que haya una salida a tanta ignominia. Como señala Neda a su prometido: " Algún día te llevaré a ver el jacarandá. A lo mejor ya estamos de camino".
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable
Remedios Zafra necesita un ordenador nuevo para su trabajo, se supone que en una universidad o alguna otra institución cultural, y le piden que justifique la petición. Una exigencia bastante frecuente, doy fe de que no solo en el ámbito público, pero que es la gota que colma el vaso, ese momento en el que algo que estaba ahí, larvado, hace crack y ya nada vuelve a ser igual. Quizá no sea como para darle tanto dramatismo, pero al menos da pie a la autora a escribir este informe en el que, a partir de ese cabreo inicial, irá desgranando reflexiones sobre los obstáculos al trabajo intelectual, en realidad a todo desempeño realmente enriquecedor y con sentido.
Así que el motor que moviliza todo el texto y lo impregna de principio a fin es el malestar, la incomodidad, también incredulidad, ante las trabas que entorpecen la actividad cultural. Puede sonar, y durante unas cuantas páginas ocurre, al lloriqueo de la intelectual que, agobiada por los requerimientos de la burocracia, reclama desembarazarse de esa carga, disponer de tiempo para hacer fluir el pensamiento, habilitar la reflexión, en definitiva para vivir de otra forma. Uno se pregunta entonces si otras ocupaciones no merecen ese mismo trato, si el camarero, el administrativo o el trabajador manual, no digamos el autónomo, no deberían ser igualmente beneficiarios de otro enfoque en el que el trabajo no limite/empobrezca/anule la vida personal.
La queja tiene por tanto un cierto tono elitista, pero la autora sale por momentos de su posición personal, ese reducto quizá privilegiado de la actividad cultural, y reclama, ahora sí, una perspectiva diferente para el mundo del trabajo en general. No solo reduciendo en general la jornada sino, lo que en mi opinión es más interesante, avanzando en la búsqueda de lo que llama hacer con sentido, que cada uno en su desempeño puede tener conciencia de que lo que está haciendo es importante, que está aportando su esfuerzo y sus capacidades para un fin identificable, y que su tiempo no está al servicio de un entramado mecánico y opaco al que nadie es capaz de encontrar justificación. Es la burocracia tal como la entendemos, pero son también procesos obsoletos o inútiles que nadie se ha preocupado en revisar y que, añado por mi cuenta, afectan generalmente a trabajos pagados con salarios y condiciones miserables.
El propio individuo es consciente de que no está aportando valor real, y junto con la multiplicación de horas interminables, termina todo ello por generar hastío y desafección. De manera que, a partir de esa chispa de cabreo inicial, nos hemos situado en una reflexión mucho más amplia sobre la necesidad de repensar la actividad laboral de manera que el individuo no se sienta el mero engranaje de una estructura en la que no participa (¿recuerda alguien Tiempos modernos?). En definitiva, dignificar y racionalizar los sistemas para que el trabajo deje de ser alienante y adquiera un significado para quien lo está realizando. (Lo cual, si nos ponemos en tono de escuela de negocios, seguramente va a redundar en un aumento de la productividad, así que todos contentos)
Al texto quizá se le podrían reprochar algunas cosas, como el uso de frases excesivamente largas o la reiteración de ciertas ideas que entran y salen con demasiada frecuencia. Pero también me parece apreciable que la autora deslice algunas experiencias personales que tienen poco que ver con el tema principal pero que aportan sinceridad al libro. Algo importante cuando se trata no tanto de responder como de plantear preguntas tan fundamentales como incómodas sobre nuestra actividad laboral: qué hacemos, cómo lo hacemos o para qué.
También de Remedios Zafra reseñado en ULAD: El bucle invisible
Descubrí a Jennifer Johnston hace unos meses con la lectura del estupendo ¿Cuánto falta para Babilonia? Bien, la lectura de Las luces azules (¡muchas gracias, automáticos!) confirma la entrada de la irlandesa en la selecta categoría "autores de los que leería todo lo que cayera en mis manos".
Porque esta novela vuelve a poner de manifiesto la enorme calidad literaria de la autora y su sensibilidad para afrontar temas delicados en los que el riesgo de caer en lo artificial, lo ñoño o lo lacrimógeno es muy alto.
En esta ocasión, Johnston narra (¿o debería decir recrea? pues la recreación es todo lo que nos queda) la historia de Constance, mujer de cuarenta y pocos años, madre de una hija de corta edad y recientemente diagnosticada con una enfermedad terminal.
Y esa narración toma la forma de vaivén entre pasado y presente, entre los recuerdos que se desbordan, las alucinaciones provocadas por la enfermedad y el miedo y el dolor que crecen día a día.
Pero Constance es una mujer que hace bandera de la libertad y de la independencia, tanto en vida como frente a la muerte, y que huye de la autocompasión, por lo que el tono del texto es conmovedor, por supuesto, pero también irónico.
No me quiero enrollar demasiado así que así a enumerar las que, para mi, son las principales virtudes de la novela: