lunes, 15 de junio de 2026

Caro Claire Burke: Yesteryear

Idioma original: inglés
Título original: Yesteryear
Traducción: Mar García Puig para la editorial AdN
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Salir de la zona de confort, adentrarme en una lectura que nunca habría imaginado pero que, por las opiniones favorables con las que me encontré, decidí lanzarme a ello. Quinientas páginas por delante de atrevimiento. Resultado: un total enganche a una historia que me ha sorprendido totalmente, pero no por lo que esperaba encontrarme. Veamos el porqué.

Si nos fijamos en la contracubierta, encontramos un gran gancho a nivel argumental, algo habitual en distopías: una analepsis (o salto temporal al pasado) que disrumpe una situación de manera brusca e inesperada. Es un recurso siempre útil para despertar la curiosidad del lector y que, en este caso, funciona a la perfección, pues que la protagonista se encuentre de golpe más de un siglo y medio atrás en el tiempo es un anzuelo al que es difícil resistirse. Pero esto no sería suficiente por sí solo para mantener la atención durante casi quinientas páginas sin algo más de sustento y aquí es donde la estructura del libro y sus diferentes capas de temática tratada le dan el soporte necesario para que la lectura sea una experiencia interesante.

Empieza el libro con una primera fase de impacto: «este es el último día de la vida que imaginé para mí». Este inicio ya es un claro ejemplo de lo que el libro pretende conseguir: una búsqueda constante al enganche del lector a la historia. A partir de ahí, conocemos a Natalie Heller Mills, la protagonista casi absoluta del relato, quien nos narra en primera persona su vida marcada por una estricta disciplina planificada y ejecutada al milímetro. Todo parece calculado en su día a día, perfectamente perimetrado, viviendo en su propia granja «enclavada entre dos cadenas montañosas de Idaho» con Caleb, su marido, cuyo padre era el último senador de una larga Estirpe de senadores de Estados Unidos y quien se encuentra actualmente trabajando en presentar su candidatura presidencial por tercera vez. Natalie, por su parte, se considera «una mujer cristiana, impecable (…) la esposa que todo hombre quería tener esperándolo en casa» y que a sus treinta y dos años se encuentra embarazada de su sexto hijo. Además, como buena ama de casa de modelo tradicional, sus hijos están escolarizados en casa para asegurar que aquello que se les enseña es realmente lo que es necesario para ellos (según su sesgada opinión) porque Natalie es una tradwife en toda regla; desde su nacimiento ha vivido con esos ideales que defiende a capa y espada, como cuando afirma, ya de joven ante su futuro marido en su primera cita, que «quiero una granja. Con gallinas.  Quiero vivir cerca de mi madre. Quiero vistas a las montañas desde la ventana de mi habitación, y me gustaría estudiar teología. A tiempo parcial, por supuesto, y solo cuando los niños hayan crecido». Así vive en una aparente idílica vida (o al menos lo podría ser para las mujeres de costumbres más tradicionales), aunque con un peaje a pagar nada baladí por haber convertido su forma de vida en su negocio: estar constantemente expuesta a los ojos de todo el mundo a través de Instagram donde muestra cómo es su vida y la de su familia en la granja, lo que le proporciona abundantes emolumentos y la manera de ganarse tan opulenta vida. Claro está, que sus vídeos no muestran el conjunto de cámaras que filman cada uno de los minutos de su existencia de marcado tinte tradicional, ni los empleados que los ayudan en las diferentes y arduas tareas que la vida de una granja implica ni las disputas internas familiares para conseguir que todos expongan su más perfecta sonrisa. Porque evidentemente, como ocurre a menudo en Instagram y ella no es la excepción, todo es una fachada detrás de las imágenes que muestran las cámaras; la vida real de la protagonista y su familia es radicalmente diferente para Natalie y su familia detrás de las bambalinas del “teatro” que ha orquestado y que los expone a un "gran hermano" perpetuo lo cual desencadena (principalmente a ella) múltiples contradicciones internas debidas a la necesidad de sostener un equilibrio altamente inestable sin que todo se desmorone evitando que caiga como el castillo de naipes que ha construido con la ayuda de sus seguidores y también no pocos detractores feministas. Y es que, en el fondo, tampoco ella se encuentra muy cómoda con su vida, aunque se esfuerza en que las apariencias sometan a la realidad. Todo esto funciona en su vida, más o menos, hasta que, de golpe, un día cualquiera, se despierta en su propia casa con su familia, pero con una extraña sensación de que esa no es su casa ni esa es su familia. Tampoco parece haber electricidad y todo es muy diferente a lo normal. Demasiado diferente. Porque cuando de golpe topa con una fecha tallada que indica 1855, todo se desmorona al encontrarse «como en una máquina del tiempo (…) como una versión magullada y golpeada de mi vida». Así, su artificiosa vida se ha vuelto real de golpe. E ignora el porqué.

Trazada ya la premisa argumental, con la inevitable pregunta de qué ha sucedido, cómo y por qué, la autora es muy hábil en su desarrollo, pues simultanea la narración en tiempo presente con episodios del pasado que nos ayudan a entender su camino evolutivo desde la infancia hasta la edad adulta y su matrimonio. Por ello, el libro nos sorprende por su argumento inicial, pero también por la facilidad con la que te atrapa en la lectura. Y es que más allá del misterio en sí que supone el planteamiento, el libro expone de manera clara los problemas y las contradicciones de las tradwifes y los valores que defienden, y son las situaciones con las que se encuentra Natalie las que sirven en el fondo para criticar todo un sistema construido en torno al patriarcado, construyendo un relato en el que la crítica abunda y en el que deja a la gente retrógrada como ignorantes, catetos y personas altamente influenciables por los vídeos de YouTube y las comunidades digitales, en los que las teorías poco rigurosas científicamente tienen cabida y alta difusión. Así, el libro lanza una ácida crítica sobre las redes sociales, lo que muestran y lo que no, y que Natalie en su faceta de Instagramer exitosa e influyente justifica en que «lo que nosotras les ofrecíamos era lo mejor a lo que podían aspirar: pequeños instantes en los que vivir otra vida». De igual manera, profundizando en las diferentes capas que tiene el libro y en sus diferentes estratos de denuncia, el libro trata también sobre la confianza, el respeto, las ilusiones y las decepciones, el contraste entre lo que se muestra y la realidad, así cómo sobre la forma en que nos sentimos arrastrados por la inercia a una vida de la que no sabemos escapar, a pesar de que hay puertas entreabiertas que cruzamos pero ante las que cerramos los ojos creyendo que mejores oportunidades llegarán. 

De manera muy lograda, la autora consigue que todos estos elementos de denuncia encajen con un altísimo ritmo que engancha al lector sin oponer resistencia y con un tono ácido que invita a odiar a sus personajes a la vez que nos provocan cierta compasión algo que nos mantiene enganchados constantemente a la duda sobre si se merecen lo que les ocurre o nos tendríamos que sentir mal por ellos. Quién sabe si, en el fondo, lo que le sucede al lector es una metáfora perfecta respecto a los contenidos de las redes sociales: un gancho perpetuo y continuo a la tragaperras de dopamina internauta que busca saciar nuestro apetito de sorpresas y alegrías mientras devoramos página tras página, cuál scroll infinito. Porque más allá de la temática y de la analepsis planteada, la estructura del libro en la que mezcla constantemente (y en ocasiones de manera abrupta) momentos de la adolescencia y postadolescencia de la autora, la entrevista con una periodista, la historia del pasado y el presente con tanta rapidez, crea una sensación de cierta ansiedad en querer saber más sobre la historia (lo que contribuye sin duda a generar cierta adicción). Y, además, exponiendo con habilidad una crítica social a diferentes niveles: la pérdida de valores, la necesidad de la educación, los roles de poder en las familias, la machoesfera, las teorías conspiranoicas, la diferencia de clases, la vida moderna versus la antigua, pero especial y radicalmente, la vida expuesta de manera continua en las redes sociales y el impacto que causan en uno mismo y en los demás; la atracción de las redes, para el que lo observa, pero también para el que debe mostrarse, día sí y día también, para satisfacer a sus seguidores, el mundo creado de manera virtual en contraposición con lo que ocurre entre bambalinas y las consecuencias de tal contraste. Así es como la autora consigue engancharnos y conseguir que en poco tiempo terminemos un libro de casi quinientas páginas. Lo que ya no sé es si la velocidad con lo que lo devoramos será parecida a la que permanecerá en nuestras memorias. Dios dirá, como diría Natalie. Pero de momento aquí hemos llegado y pasado a la vez un buen rato. Que no es poco.

P.D.: Evidentemente, ante tal arriesgada apuesta, una de las claves es el final del libro que puede dar lugar a muchos debates y comentarios. Pero aquí, y por respeto a los lectores, no hablaremos de ello. Y agradecería que los posibles comentarios respeten y compartan también esta elección.


domingo, 14 de junio de 2026

VVAA: Radiohead. El presente es imposible


Traducción:
Blanca Gago

Año de publicación: 2026

Valoración: imprescindible para fans, muy recomendable para cualquiera

Hace pocos días, Pitchfork publicaba en su perfil de IG una de esas curiosas votaciones que procuran relleno para que perdamos (un poco más) el tiempo. Una especie de competición donde se iba votando una de dos opciones, como una especie de eliminatorias a la búsqueda de los mejores discos, por lo menos, desde que el medio musical se ha convertido en una referencia (cada vez más de pago) global. Bien, no es que haya que acatar este tipo de iniciativas ni por supuesto los gustos mayoritarios, pero en dura contienda en que cayeron magníficos discos de, por ejemplo, Kendrick Lamar o Frank Ocean, la final de esta particular Champions acabó en una disyuntiva entre dos discos de la misma banda: OK Computer y Kid A, ambos de Radiohead.

Insisto: no hay porqué coincidir con las mayorías. Pero la cuestión resulta abrumadora. Y no hablo de un corrillo de fanáticos cegados por la adulación, sino de un muy sustancial porcentaje de prensa especializada, de esos críticos a los que se podrá tildar de snobs, de elitistas, de comulgar solo con vanguardias o con innovación, pero... esa unanimidad. Como la banda no ha sido nunca demasiado dada a su proyección pública, a entregarse a estúpidas acciones promocionales para obtener repercusion, aquí disponemos de algunas entrevistas con sus miembros. También, obviamente de artículos de prensa, antiguos y nuevos, crónicas de sus conciertos, reseñas de sus discos, no hay posibilidad de contricción para opiniones del momento, piezas de prensa conmemorativas, cuando sus obras han celebrado fechas significativas. Reflexiones sobre la influencia no solo de su música sino de sus actitudes hacia el mundo, hacia las discográficas, hacia las obras de otros artistas, hacia la explosión de internet como fuente de difusión que les pilló, justo, en su momento de efervescencia, en ese punto de configuración inicial que parecieron aprovechar tan bien.

Todo recogido en más de trescientas páginas que resultan lógicas en su espíritu de ensalzamiento, pero que no renuncian a incorporar algunas opiniones reticentes. Es lo que pasa cuando se opta por ese perfil, pero es lo que pasa sobre todo cuando, en las erráticas audiencias de ciertos estilos, el artista se enfrenta a la disyuntiva de continuar por los caminos del éxito fácil (repitiendo fórmulas) o entregarse a lo que las vísceras le exigen (en este caso, en ciertos momentos, innovar sin pensar en las consecuencias), y esa segunda decisión la banda la ha tomado en varias ocasiones. Y al lado de los reiterados suicidios físicos del estrellato rock, el suicidio comercial es simplemente otra opción - bueno, un poco menos radical, un poco más limpia, menos explotable vendiendo merchandising. El libro, sus artículos en su conjunto, nos dejan muchas pistas, más bien excusas que explicaciones, y aunque ello no va a evitar que quien los considere tristes, pretenciosos, trascendentes, cambie radicalmente su opinión, sí que emplazo a que el libro se lea, se contemple su perspectiva y se continuen oyendo sus magníficos discos.

sábado, 13 de junio de 2026

Sahar Delijani: A la sombra del árbol violeta

 Título original: Children of the jacaranda tree

Idioma original: inglés

Traducción: Rita da Costa

Año de publicación: 2014

Valoración: muy recomendable


El árbol violeta es un jacarandá que protege de un sol abrasador a un grupo de niños que juegan en el jardín de la casa de sus abuelos en Teherán. Estamos en 1983 y alrededor de estos niños, que conviven con sus abuelos y sus tías, se está desarrollando una brutal represión por parte del régimen teocrático del ayatolá Jomeini. Los fundamentalistas religiosos se han arrogado el triunfo sobre el depuesto sha de Persia y han comenzado a encarcelar o aniquilar a todos aquellos grupos que participaron en el derrumbe del antiguo régimen, pero que no comulgan con el rumbo autoritario que está tomando el país. La vida en la cárcel es durísima "la oración formaba parte del adiestramiento de los reclusos. Los habían trasladado allí con el objetivo de convertirlos en hombres temerosos de Dios. Pero, en este mundo de violencia y locura Dios no era lo que mas temía Amir".

En este contexto, nace en la prisión de Evin, Neda, alter ego de la autora, cuyos padres están encarcelados por pertenecer a grupos izquierdistas y distribuir panfletos contra el régimen. La crónica de las durísimas condiciones en que viene al mundo Neda dan inicio a un relato casi autobiográfico de la historia de la familia de la autora, relato que puede extrapolarse al de muchas familias iraníes que vieron como miles de vidas quedaron truncadas por la inmisericorde persecución llevada a cabo por la Guardia Revolucionaria.

La autora iraní no se centra, no obstante, en contarnos o describirnos los aspectos más sórdidos de la represión ejercida por el régimen. No pretende hacer un alegato político contra el régimen de los ayatolas. Opta por centrarse en describirnos la lucha de las familias por salir adelante amparándose casi exclusivamente en sus propios medios. Miles de padres y madres son encarcelados y en muchos casos asesinados y son los familiares los que se hacen cargo de los niños que quedan desamparados o huérfanos. Es un estado policial en el que la policía del régimen irrumpe en las casas " buscando documentos, cartas, panfletos, poemas, libros prohibidos. Se fueron con las manos llenas, llevándose consigo incontables trozos de vida".

Delijani utiliza un lenguaje muy poético. Describe con calidez y cercanía las escenas cotidianas de la vida familiar. Las casas y sus patios se convierten en un refugio contra la violencia soterrada que invade la vida diaria. En una de esas casas transcurre la vida de Omid, Sara y Forugh, algunos de esos niños que crecen sin sus padres, rodeados y protegidos por sus familiares, especialmente por las mujeres de la familia, que abanderan la lucha de un pueblo perseguido. La autora iraní va introduciendo saltos temporales en el relato y va alternando las entrañables vivencias en la casa del jacarandá con la dureza y crueldad de la vida en la cárcel.

Entre racionamientos, apagones y la interminable guerra con Irak se va desarrollando la vida de una generación que queda estancada por la larga sombra del régimen de Jomeini. Algunos padres consiguen volver a casa después de años de interrogatorios y torturas y otros son asesinados, especialmente en el periodo inmediatamente anterior al final de la guerra con Irak en 1988.

Dejando a un lado la violenta década de los ochenta, Delijani da un salto en el tiempo y nos traslada al final de la primera década de los 2000. Los niños han crecido, se han adaptado a sobrevivir con el régimen o han emigrado fuera de Irán. Es el momento de tomar el testigo de la generación de sus padres y deciden ser protagonistas de su destino y pasan a la acción. Se promueven unas elecciones y una sombra de esperanza recorre los corazones de la población iraní, pero se topan con un engaño:    " Lo que pasó antes de las elecciones fue que sencillamente nos engañaron con un simulacro de apertura y nosotros lo creímos. Lo que querían era que saliéramos a la calle para identificarnos y saber cuantos éramos. No era más que una trampa. En cuanto salimos de nuestra casa con nuestras camisas y pañuelos verdes y nos pusimos a agitar pancartas, fue fácil aplastarnos".

Las elecciones de 2009 fueron un fraude y Mahmud Ahjmadineyad salió reelegido. La violencia  del régimen de los ayatolás volvió a manifestarse con toda su crudeza y una nueva generación de iraníes fue silenciada.

Casi veinte años después, los iraníes han seguido manifestándose contra el régimen, siguen siendo encarcelados o asesinados y actualmente se ven envueltos en una guerra que no han buscado y que puede suponer una excusa para sufrir más represión. Por encima de la violencia sistemática del régimen están la dignidad y el orgullo de una población que quiere marchar hacia la democracia tras décadas de lucha. Los protagonistas no pierden la esperanza de que haya una salida a tanta ignominia. Como señala Neda a su prometido: " Algún día te llevaré a ver el jacarandá. A lo mejor ya estamos de camino".

viernes, 12 de junio de 2026

Rodolfo Walsh: ¿Quién mató a Rosendo?

Idioma original: español
Año de publicación: 1969
Valoración: recomendable alto

Hay, por supuesto, una correlación entre Operación Masacre y este libro. Los dos son investigaciones periodísticas políticas de alto calibre: nos debemos al perfeccionismo y compromiso de Walsh a la hora de develar lo ocurrido en una escena, tratando de que ningún elemento escapara al ojo del lector. No descubro nada con esto, pero viene bien para ponernos en contexto.

¿Quién mató a Rosendo? es el anudamiento de la trama que se desata cuando en La Real, una confitería de Avellaneda, un dirigente de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica, adherida a la Confederación General del Trabajo, la organización sindical más importante de Argentina), justamente Rosendo García, es baleado en un tiroteo entre dos bandos pertenecientes al peronismo: por un lado los vandoristas (su representante, Vandor, es una de las figuras centrales de este libro y participante activo del tiroteo), que pregonan un peronismo sin Perón (en ese momento exiliado a raíz de la proscripción y mil cosas más), es decir, dejar la conducción del movimiento en manos locales; por otro lado, el bando leal a la figura del líder, que apoyan su vuelta directa sin intermediarios.

Requeriría bastante tiempo explicar los tejemanejes de la interna peronista, pero por suerte Walsh no se detiene en esas cuestiones. Lo que a él le interesa es diseccionar un momento, una anécdota dentro de la situación general (otro golpe de Estado), tal como él la cataloga en el epílogo, para averiguar por qué los sindicatos han dejado de contar con la confianza de los obreros. Para ello, cita todos los datos habidos y por haber de la cantidad de afiliados a los sindicatos a lo largo de los años, haciendo hincapié en cómo disminuye cuando los sindicatos empiezan a arreglar la duración de los paros y qué puntos de las condiciones de los trabajadores se van a tocar, ignorando los despidos masivos por la militancia peronista y lavándose las manos en muchos de los casos más graves.

A raíz del tiroteo de La Real es que el grupo de Vandor empieza a tambalear, ya que hay una gran confusión acerca de quién pudo haber matado a Rosendo. Primero, con la prensa a favor, se echa el muerto al otro grupo, pero en la pericia balística (y Walsh dibuja un croquis muy preciso de la ubicación de cada integrante en la confitería) se determina que la bala salió de la mesa vandorista. Allí entra en juego la manipulación judicial, ralentizando la investigación y cometiendo errores inverosímiles para un juez, como no interrogar a los testigos la cantidad de participantes, las armas que llevaban, entre otras cosas.

Esa investigación, que se retrasa tres años, Walsh la resuelve en apenas un mes. Establece un sistema para determinar la dirección de la bala a raíz de los legajos, consigue entrevistas con gente arrepentida de trabajar con Vandor, y hace una hipótesis que (y no es muy sutil) señala de responsable directo a Vandor. Uno diría bueno, pero pasaron años del suceso, y un solo libro no cambia nada: sí, pero ese libro primero se publicó como varias notas en un semanario de la CGTA, y por lo tanto los obreros las leían enteritas e iban siguiendo el caso como una novela policial, género que Walsh conocía muy bien, pues lo primero que escribió se encasillaba en esa vertiente,  tocando con maestría todos los resortes propios de una historia detectivesca.

Lo que le resta (y con esto no quiero decir importancia a nivel histórico-político, solo artístico) es esa pretensión admitida de Walsh que mencioné al principio, la de tratar una anécdota para exponer algo más grave; además, Walsh también reconoce que en Operación Masacre quería denunciar y cambiar el rumbo del país. Acá, su tono es más desengañado, menos lírico; quizás por eso ciertas páginas, sobre todo al principio, cuestan asimilarlas, y el dato puro no se ve acompañado de la conmoción que sí representaba un fusilamiento sin ningún sustento (de por sí un asesinato se convierte en una masacre) y una prosa que lograba acongojar: es posible que el Walsh escritor se viera abrumado por la realidad y no confiara tanto en la literatura, es posible que el Walsh periodista necesitara, como una herida abierta, denunciar la irrealidad de la violencia y la mentira cotidiana en la que vivía. Fuese como fuese, este libro es una buena muestra de los sesenta argentinos, de las tramoyas políticas dentro de un mismo movimiento y del fracaso de los engaños para seguir manteniéndose en el poder a costa de traicionar todos los principios y personas que te llevaron a ese puesto.

Más de Rodolfo Walsh: Operación MasacreNota al pieLos irlandeses

jueves, 11 de junio de 2026

Remedios Zafra: El informe

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable 


Remedios Zafra necesita un ordenador nuevo para su trabajo, se supone que en una universidad o alguna otra institución cultural, y le piden que justifique la petición. Una exigencia bastante frecuente, doy fe de que no solo en el ámbito público, pero que es la gota que colma el vaso, ese momento en el que algo que estaba ahí, larvado, hace crack y ya nada vuelve a ser igual. Quizá no sea como para darle tanto dramatismo, pero al menos da pie a la autora a escribir este informe en el que, a partir de ese cabreo inicial, irá desgranando reflexiones sobre los obstáculos al trabajo intelectual, en realidad a todo desempeño realmente enriquecedor y con sentido.

Así que el motor que moviliza todo el texto y lo impregna de principio a fin es el malestar, la incomodidad, también incredulidad, ante las trabas que entorpecen la actividad cultural. Puede sonar, y durante unas cuantas páginas ocurre, al lloriqueo de la intelectual que, agobiada por los requerimientos de la burocracia, reclama desembarazarse de esa carga, disponer de tiempo para hacer fluir el pensamiento, habilitar la reflexión, en definitiva para vivir de otra forma. Uno se pregunta entonces si otras ocupaciones no merecen ese mismo trato, si el camarero, el administrativo o el trabajador manual, no digamos el autónomo, no deberían ser igualmente beneficiarios de otro enfoque en el que el trabajo no limite/empobrezca/anule la vida personal.

La queja tiene por tanto un cierto tono elitista, pero la autora sale por momentos de su posición personal, ese reducto quizá privilegiado de la actividad cultural, y reclama, ahora sí, una perspectiva diferente para el mundo del trabajo en general. No solo reduciendo en general la jornada sino, lo que en mi opinión es más interesante, avanzando en la búsqueda de lo que llama hacer con sentido, que cada uno en su desempeño puede tener conciencia de que lo que está haciendo es importante, que está aportando su esfuerzo y sus capacidades para un fin identificable, y que su tiempo no está al servicio de un entramado mecánico y opaco al que nadie es capaz de encontrar justificación. Es la burocracia tal como la entendemos, pero son también procesos obsoletos o inútiles que nadie se ha preocupado en revisar y que, añado por mi cuenta, afectan generalmente a trabajos pagados con salarios y condiciones miserables.

El propio individuo es consciente de que no está aportando valor real, y junto con la multiplicación de horas interminables, termina todo ello por generar hastío y desafección. De manera que, a partir de esa chispa de cabreo inicial, nos hemos situado en una reflexión mucho más amplia sobre la necesidad de repensar la actividad laboral de manera que el individuo no se sienta el mero engranaje de una estructura en la que no participa (¿recuerda alguien Tiempos modernos?). En definitiva, dignificar y racionalizar los sistemas para que el trabajo deje de ser alienante y adquiera un significado para quien lo está realizando. (Lo cual, si nos ponemos en tono de escuela de negocios, seguramente va a redundar en un aumento de la productividad, así que todos contentos)

Al texto quizá se le podrían reprochar algunas cosas, como el uso de frases excesivamente largas o la reiteración de ciertas ideas que entran y salen con demasiada frecuencia. Pero también me parece apreciable que la autora deslice algunas experiencias personales que tienen poco que ver con el tema principal pero que aportan sinceridad al libro. Algo importante cuando se trata no tanto de responder como de plantear preguntas tan fundamentales como incómodas sobre nuestra actividad laboral: qué hacemos, cómo lo hacemos o para qué.

También de Remedios Zafra reseñado en ULADEl bucle invisible


miércoles, 10 de junio de 2026

László Krasznahorkai: Herscht 07769

Idioma original: Húngaro
Título original: Herscht 07769
Traducción: Adan Kovacsics
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Herscht 07769 de László Krasznahorkai es una novela agotadora, me ha recordado muchísimo a Tango Satánico, otra novela del mismo autor que también se despliega en un único párrafo monolítico interrumpido solamente por alguna pausa misericordiosa, de modo que aquellos que se zambullan en esta obra deben saber a qué atenerse, entender que saldrán de ella extenuados, comprender que ciertos pasajes les maravillarán pero que otros se les atragantarán, asumir que encontrarán repeticiones aquí y allá en el inagotable caudal de información, en este sentido, quizá Herscht 07769 no me parece una novela tan inspirada como Tango Satánico, ya que Krasznahorkai lograba hechizar, fascinar y absorber más al lector en ésta última, sea como fuere, Herscht 07769 abunda en virtudes, a fin de cuentas, su autor, Premio Nobel de Literatura de 2025, es uno de los narradores europeos más originales, algunas de las virtudes de Herscht 07769 son, por ejemplo, su asombrosa capacidad para lograr que el lector no se pierda pese a que el texto carece de pausas, su solvencia a la hora de lograr que se entienda siempre el tiempo o el sujeto de la oración interminable que atraviesa la novela, su intuitiva capacidad para establecer paralelismos entre los personajes o su astucia a la hora de urdir los enredos a los que diversas situaciones dan pie, llegados a este punto debería contaros de qué trata el argumento de Herscht 07769, la historia se sitúa en Kana, un pequeño pueblo de Turingia, cuya tranquilidad provinciana se ve amenazada por un grupo de neonazis liderado por el Jefe, quien es el mentor de Florian, el protagonista indiscutible de esta por otro lado novela coral, un huérfano tan gigantesco y fortachón como afable e ingenuo que está convencido de que el universo va a colapsar, obsesión que lo lleva a escribir una carta tras otra a la mismísima Angela Merkel para pedirle que haga algo al respecto, en fin, esta es la premisa de Herscht 07769, aunque ya digo que la cosa se complica a medida que la novela avanza, asimismo, los personajes secundarios se presentan y cobran cuerpo a fuego lento, las relaciones de unos con otros se establecen poco a poco, los temas se dibujan con parsimoniosa precisión y el humor de Krasznahorkai asoma la cabeza de vez en cuando, en resumen, Herscht 07769 es una lectura harto fatigosa, sin embargo, estoy seguro de que los lectores que la terminen sabrán apreciar la experiencia que supone y agradecerán las recompensas que ofrece, al igual que el excursionista que, tras una penosa ascensión, alcanza la cima de la montaña y puede deleitarse con unas vistas espectaculares.


También de László Krasznahorkai en ULAD: Aquí

martes, 9 de junio de 2026

Jennifer Johnston: Las luces azules

Idioma original: Ingles
Título original: The Christmas Tree
Traducción: Lucia Barahona Lorenzo
Año de publicación: 1982
Valoración: Muy recomendable

Descubrí a Jennifer Johnston hace unos meses con la lectura del estupendo ¿Cuánto falta para Babilonia? Bien, la lectura de Las luces azules (¡muchas gracias, automáticos!) confirma la entrada de la irlandesa en la selecta  categoría "autores de los que leería todo lo que cayera en mis manos".

Porque esta novela vuelve a poner de manifiesto la enorme calidad literaria de la autora y su sensibilidad para afrontar temas delicados en los que el riesgo de caer en lo artificial, lo ñoño o lo lacrimógeno es muy alto.

En esta ocasión, Johnston narra (¿o debería decir recrea? pues la recreación es todo lo que nos queda) la historia de Constance, mujer de cuarenta y pocos años, madre de una hija de corta edad y recientemente diagnosticada con una enfermedad terminal. 

Y esa narración toma la forma de vaivén entre pasado y presente, entre los recuerdos que se desbordan, las alucinaciones provocadas por la enfermedad y el miedo y el dolor que crecen día a día.

Pero Constance es una mujer que hace bandera de la libertad y de la independencia, tanto en vida como frente a la muerte, y que huye de la autocompasión, por lo que el tono del texto es conmovedor, por supuesto, pero también irónico.

No me quiero enrollar demasiado así que así a enumerar las que, para mi, son las principales virtudes de la novela:

  • Su apertura a diversos temas, tan atemporales y universales como las vidas no vividas o la identidad y la libertad personal. 
  • La construcción de los conflictos de la novela en base a pares antitéticos (Constance / Bibi, Padre / Madre, Jacob / Bill...).
  • Los diálogos, que diría son la especialidad de la casa y que son fundamentales en el desarrollo del texto.
  • La relación Constance - Bridie, no demasiado "extensa" en la novela, pero sumamente relevante y coherente con los planteamientos de esta.
En definitiva, una novela de una (aparente y) apabullante sencillez, pero escrita con un tono y una sensibilidad que la elevan muy por encima de lo que una premisa no excesivamente original podía hacernos pensar. Un gran novela, ¡qué carajo!

También de Jennifer Johnston en ULAD: ¿Cuánto falta para Babilonia?