domingo, 24 de mayo de 2026

Víctor Amat: Psicología punk

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Empezamos mal, con una segunda persona del singular que interpela al lector. No me gusta, ni siquiera aunque se utilizase como recurso literario, esa familiaridad para tratar a alguien que tiene tu libro en sus manos, lo que para ti, autor, debería ser motivo suficiente para mantener cierta distancia que no incluye tutearle ni compartir confidencias. Tampoco me agrada ese colegueo con el que se da la impresión de estar dirigiéndose a un adolescente, aderezado con un supuesto lenguaje de calle que con frecuencia recurre a los flipar, chungo, monguer o cagarla. Claro que Victor Amat (pone Victor sin tilde, y yo se lo respeto) hace uso de este instrumental para buscar a) cercanía al lector, como alguien que te habla acodado en la barra del bar, y b) cierta aura transgresora que se corresponde con eso de la psicología punk, que viene a ser una marca de la casa que le gusta pasear por el mundo.

Bueno, que tampoco se me enfade este señor, que fue boxeador profesional, lo cual le otorga un plus de respetabilidad además, también es verdad, de aportar una nota diferencial, que tampoco es frecuente encontrarse reunidas en una misma persona las figuras de psicólogo, boxeador y divulgador. 

Yendo por fin al grano podemos decir que el libro se inscribe en el subgénero, todavía poco concurrido aunque creciente, de los libros de autoayuda que abominan de los libros de autoayuda. Ya topé con otro hace tiempo, aunque el tono de aquel era más gamberro y digamos menos profesional. Porque la idea que subyace en todo el libro de Amat es despreciar lo que llama pensamiento naif, el buenismo positivo de Mr. Wonderful y los mensajes optimistas y/o escapistas que inundan las redes, y centrarse en algo quizá menos reconfortante pero psicológicamente más sano: no podemos hacerlo todo bien aunque lo deseemos al máximo y pongamos todas nuestra fuerzas al servicio de nuestros sueños, tenemos que ser capaces de asumir nuestras limitaciones, llevar con dignidad el fracaso y aceptar los golpes que inevitablemente nos van a ir cayendo.

Es algo que me recuerda a la reflexión de un conocido escritor que en una entrevista dijo algo así como que el mundo es un lugar peligroso. Se refería desde luego a asuntos bastante diferentes, pero apunta en una dirección similar. La vida se compone de momentos buenos y malos, de gente que ayuda y mucha otra que te zancadillea con mala intención o incluso sin ella, de sucesos, algunos inevitables, que nos van a reventar las ilusiones y la estabilidad, y hay que aprender a encajar y tomarnos nuestro tiempo para digerirlo. Es posiblemente una perogrullada, pero es quizá algo que cuesta admitir, sobre todo a la vista de tanta basura con la que nos acosan, a veces solo para obtener visitas o likes, otras para convertirnos en consumidores felices que no dejen de gastar.

Insisto en que en general no me agrada el tono del texto, pero hay que reconocer que resulta eficaz para transmitir el mensaje y también, por qué no decirlo, que hay algunos momentos en que lo clava exponiendo problemas relacionales sobre los que nunca antes había leído, y atina muy bien por ejemplo desmontando algunas tonterías sobre el supuesto entorno laboral idílico de ciertas tecnológicas. Tengo la sensación de que el acento transgresor va siendo más marcado según nos acercamos al final, lo que transmite frescura y sinceridad, de manera que el libro, sin llegar a tener demasiada envergadura ni a desprenderse del todo, no sé si a su pesar, de la etiqueta de libro de autoayuda, parece un trabajo honesto del que a lo mejor puede uno obtener algún provecho.

P.D: Acabo de darme cuenta de lo horrible que queda esa cubierta con lo de 9,95, lo siento... pero no voy a ponerme a buscar otra.

sábado, 23 de mayo de 2026

GennaRose Nethercott: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño

Idioma original: Inglés
Título original: Fifty Beasts to Break Your Heart: And Other Stories
Traducción: Sarai Herrera / Sergio Chesán / Pau Losada Ham-man
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable

Es bien sabida mi admiración por la llamada literatura de lo extraño. Así que ya os podéis imaginar mi alegría al descubrir que la editorial Horror Vacui había publicado un libro de esta temática.

El libro en cuestión se titula Bestias, espacios y fábulas de lo extraño. Compila catorce relatos de GennaRose Nethercott, escritora estadounidense cuya obra destaca por entremezclar el folclore, la mitología y el surrealismo con las plantas y los animales.

Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una inmejorable puerta de acceso a la narrativa de Nethercott. A fin de cuentas, los relatos de este volumen permiten conocer íntimamente a la autora, su prosa, sus inquietudes, su imaginario y sus personajes (eminentemente femeninos, o bien perversos o bien desgarrados por el desamor).

De la narrativa de Nethercott destacaría lo creativo de sus formatos, lo imaginativo de sus argumentos, personajes y mundos, el trasfondo conceptual, metafórico y emocional (sobre todo metafórico y emocional) de sus historias y la belleza de su estilo.

Llegados a este punto, analicemos uno a uno los relatos de Bestias, espacios y fábulas de lo extraño:

En "Atardecer en la escalera eterna", una peculiar atracción de carretera provoca un extraño comportamiento en una chica joven que trabaja allí, para desasosiego de una compañera que siente atracción por ella. Me gusta el escenario de este relato, que parece sacado de un creepypasta (su geometría imposible, la influencia que ejerce sobre los humanos...), el personaje de Harebell y la forma en que Nethercott plasma la convivencia de lo fantástico con lo cotidiano. Por otro lado, la ejecución global de esta pieza me ha parecido menos pulida que en otras del volumen (por ejemplo, su argumento se antoja en ocasiones algo desordenado y disperso).

En "Abecedario de la adivinación", un grupo de niñas, perversas y con habilidades de brujas, atormentan a una nueva compañera de clase. Retorcida alegoría del bullying escolar, me ha gustado su formato (una serie de párrafos encabezados por distintos métodos de adivinación, como alomancia, bibliomancia o ciclomancia), su narración en primera persona (¿debemos fiarnos de lo que dicen estas niñas?) y su final, aunque el relato en conjunto no me ha acabado de convencer, quizá porque me ha parecido algo más largo de lo estrictamente necesario y porque el inicio y el nudo palidecen al compararlos con el clímax.

En "El niño de hilo", un niño de hilo creado por un brujo se emancipa cuando alcanza cierta edad y entonces conoce a personas y experimenta cosas que, aunque pueden llegar a doler, le hacen crecer. Fábula tierna y preciosa sobre la vida y lo agridulce de madurar y rememorar.

En "Mandíbula de zorro", una mujer lamenta que su amante la haya abandonado. Conmovedora meditación en torno al desamor cargada de tristeza, sensibilidad e imágenes de lo más intuitivas, que tiene una lectura literal y otra de carácter alegórico. 

En "La guerra de la Niebla", una niña relee las notas de su padre, un académico de un pequeño pueblo, y al hacerlo desenmaraña tanto hechos históricos como sus confusos sentimientos hacia el estenógrafo de su progenitor. Relato que se engrandece al experimentarlo en más de una ocasión, que alberga un par de reflexiones magníficas y que encuentra el tono adecuado para proclamarse antibelicista sin caer en moralismos baratos.

En "Lecciones de ahogamiento", un chico tiene que cuidar a su hermana mayor, que por alguna razón desconocida es propensa a ahogarse y resucitar. Me ha fascinado la idea insólita en torno a la cual se articula este relato, y pienso que ésta se desarrolla adecuadamente (explorándola sin por ello restarle un ápice de misterio).

En "La matanza de otoño", una cazadora se acaba negando a llevar a cabo la tarea que los vecinos le han encargado. Magnífico ejemplo de cómo bastan apenas unas pinceladas para crear un mundo único, rico en criaturas, escenarios y detalles fascinantes. 

En "Bestiario sentimental", tres floristas describen a cincuenta seres maravillosos. Este texto (no lo llamo relato, aunque gracias a un puñado de entradas del bestiario conocemos un amago de historia, la relación entre dos de los floristas que lo redactan), este texto, decía, tiene pasajes de una creatividad apabullante, en los que se describe el aspecto y comportamiento de criaturas extraordinarias. Lamentablemente, tiene muchos otros que son bastante insípidos, por lo que, a mi juicio, se deberían haber cribado bastantes. A esta irregularidad debemos añadir que las ilustraciones de Bobby DiTrani me han parecido muy amateurs.

En "Una azuzena es una azuzena", un estudiante que estuvo de intercambio en París y que ha vuelto a Connecticut cuando se le ha caducado el visado echa de menos a la chica de la que está enamorado hasta tal punto que evoca un fantasma con su misma apariencia. Relato simple pero efectivo, que apenas juguetea con su concepto porque le interesa más priorizar la relación entre el narrador, su amada y el fantasma.

En "Querida Henrietta", una mujer escribe una carta a una vieja amiga que incluye ciertas revelaciones y una pequeña sorpresa. Relato original y sorprendentemente tenso en el que la venganza apenas se vislumbra hasta que ya es demasiado tarde.

En "Posesiones", un grupo de jóvenes realiza un ritual ocultista para encontrar a su amiga desaparecida, pero lo único que consiguen es que su ausencia se incremente. Relato que va al grano y está plagado de buenas ideas (el uso del gallo resucitado, la iniquidad del desenlace, etc...).

En "Hogareña", una mujer se va a vivir con un artista al que conoce desde hace poco y empieza a sufrir una metamorfosis. Relato que bordea el bizarro y tiene más profundidad de la que pueda parecer en un inicio.

En "El calendario encantado", hay un microrrelato, un dato o unas instrucciones que giran en torno a los fantasmas por cada uno de los treinta y un días de un mes. Aunque en general resulta un texto curioso, no todas las entradas tienen el mismo impacto.

En "Las ciruelas del fin del mundo", la hija de una mujer humana y una cabra convive con un vampiro que mata por bondad. Fábula con un significado algo difuso, aunque accesible si se le da un par de vueltas.

Resumiendo: Bestias, espacios y fábulas de lo extraño es una colección sumamente recomendable. Así lo ameritan la creatividad de los formatos y premisas de sus relatos, así como la imaginación que éstos desbordan, la vocación alegórica de sus mensajes o la belleza de la prosa con que han sido narrados. 

De manera que leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para conocer a Nethercott e introduciros en su universo de ejércitos interminables, chicas que devienen cazadoras grotescas, fantasmas que aparecen cuando añoras mucho a una persona, lanas peligrosamente seductoras o mujeres que se transforman en casas para amparar a hombres que no lo merecen. Leed Bestias, espacios y fábulas de lo extraño para experimentar fábulas delicadas como "El niño de hilo" y "Las ciruelas del fin del mundo", narraciones conmovedoras como "Lecciones de ahogamiento" y "Una azuzena es una azuzena" o asombrosos ejemplos de construcción de mundo en pocas líneas como la "La matanza de otoño".

viernes, 22 de mayo de 2026

Monika Zgustova: La intrusa


Idioma original: español

Año de publicación: 2018

Valoración: recomendable

Aunque el tiempo se empeñe en enterrar ciertos iconos, en especial a medida que la generación para la que éstos han representado algo avanza, hay que reconocer ciertas personalidades extrañas, controvertidas, cuya luz puede atenuarse, pero que continuarán ancladas en el inconsciente colectivo, al menos, algunas décadas.

Gala Dalí podría responder a ese perfil. Pocos podrían decir con seguridad los motivos de su celebridad, pero su mención parece definir una época. Monika Zgustova, en un ejercicio que me resulta cercano al brillantísimo texto análogo de Eduardo Jordá sobre Anna Ajmatova (figura también mencionada en este libro, por cierto), se lanza a una semblanza (retrato íntimo) sobre la enigmática esposa de Salvador Dalí, por supuesto hay que apuntar el término de musa para definirla, presente en algunos de sus más célebres pinturas. Sitúa sus orígenes, en la Rusia anterior a la Revolución, su curiosa relación familiar, su muy temprano interés por contactar con las vanguardias artísticas. 

La narración se inicia coincidiendo con su estancia en una clínica en Los Alpes para curarse de los tuberculosis, donde se encontrará con el que sería su primer marido y padre de Cécile, hija con la que mantendría una relación distante y discontinua. Un inicio que tizna toda la narración de una tonalidad europea, decadente, siempre a un paso de la precariedad, de la tragedia. Su actitud hacia la vida, una mezcla heterogénea y cambiante de frivolidad, sofisticación, desclasamiento, sensación (de ahí el título) de no encajar al cien por cien en ninguno de los entornos en que se movió, que cubren todas las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo XX, de mantener una relación ambivalente con su país de origen, respecto al movimiento revolucionario - tan alejado en su desarrollo posterior respecto a sus premisas iniciales y, desde el aspecto íntimo, sus relaciones de pareja hasta llegar a su matrimonio con Salvador Dalí, colofón de su colosal, y el libro parece apuntar que casi involuntario, ascenso a la fama.

De Zgustova en ULAD; aquí

jueves, 21 de mayo de 2026

Makenna Goodman: Helena de nada

Idioma original: Inglés 
Título original: Helen of nowhere
Año de publicación: 2025
Traducción: Ce Santiago
Valoración: Recomendable

La semana pasada reseñaba Madame Vargas Llosa, novela a cuatro voces y de cierto aire teatral con la que este Helena de Nada guarda algunas similitudes, sobre todo en lo referente a estructura, si bien difiere en su punto de partida y desarrollo.

Cuatro son también las voces y los protagonistas (Hombre, Agente Inmobiliaria, Mujer y Helena) de Helena de nada  y será Hombre quien abra el relato con una narración aparentemente realista. Su propia caída en desgracia como profesor universitario y como marido, así como su decisión de retirarse a una especie de  Walden del siglo XXI nos dejará la sensación de asistir a "otra novela universitaria".

Pero Helena de Nada no es lo que parece. El cambio de voces nos descubrirá a un narrador no del todo fiable gracias, especialmente, a un personaje clave. Será la Agente Inmobiliaria quien, además de mostrar la escasa fiabilidad del Hombre, permitirá abrir la novela a temas y horizontes diferentes a los inicialmente "previstos". Entre esos temas y horizontes cabe citar las relaciones de poder en instituciones como la familia o el trabajo, la posibilidad de una vida más sencilla o los delirios de la cancelación.

Aparte de ese factor sorpresa y de esa variedad de temas que Goodman introduce en la novela y que hacen de esta un artefacto de cierta complejidad, me parece destacable el trabajo de la autora con las voces y registros, que van desde de la novela de "tesis" a la ficción casi lisérgica. Otros aspectos que me resultan dignos de mención en la novela son la indagación en las contradicciones de los personajes y el enfoque adoptado a la hora de hablar de las dinámicas de las relaciones de pareja

Resumiendo, Helena de Nada resulta una novela arriesgada y atrevida, aunque quizá no recomendable para todo tipo de lector. Eso sí, quienes busquen textos diferentes y nuevas voces encontrarán en Makena Goodman una opción más que interesante.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Reseña + entrevista: La seca de Txani Rodríguez

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2024
Valoración: recomendable
 
Txani Rodríguez es una autora ya conocida para los seguidores fieles de ULAD (por aquí están reseñadas sus novelas Si quieres puedes quedarte aquí y Los últimos románticos), y no solo para ellos: Los últimos románticos ganó el Premio Euskadi de Literatura, y tuvo una adaptación cinematográfica en 2024, lo que le dio a esta novela una visibilidad en mi opinión merecida. Ahora, en La seca, Txani Rodríguez vuelve a presentarnos a una protagonista femenina en lucha consigo misma y con el mundo. 
 
Nuria, esta protagonista, es una joven vasca que viaja con su madre al pueblo de la familia, en Andalucía: un pueblo que vive sobre todo del corcho, que ahora se ve amenazado por una plaga, la "seca" del título, que amenaza su modo de subsistencia. Durante el tiempo que pasa en el pueblo, Nuria tendrá que reconsiderar todas las relaciones que mantiene con las personas a su alrededor: con su madre, a quien quiere cuidar pero ambién controlar; con un antiguo amor de verano, Montero, corchero e hijo de corcheros; o con su amigo Milo, que decide visitarla (invitado por la propia Nuria) junto con su padre. 
 
Una primera, y gran diferencia entre Los últimos románticos y La seca, es que sus personajes protagonistas, a pesar de sus semejanzas, provocan respuestas muy diferentes en el lector: la Irune de Los últimos románticos es extravagante pero encantadora, solitaria pero solidaria; Nuria es arisca, contradictoria, pide atención y cariño, pero al mismo tiempo aparta a todo el que puede dárselo (a veces con razón, todo hay que decirlo). En cierto modo hace pensar en esas protagonistas de Sara Mesa (como Nat en Un amor) con las que no resulta fácil empatizar. Es, en todo caso, un personaje muy humano, capaz de luchar por salvar un río, pero incapaz de aceptar que su madre se eche novio.
 
El contexto en el que se sitúa la acción es un elemento fundamental del libro: el pueblo de los corcheros no es un lugar idílico para que se refugien los urbanitas; es un espacio de conflicto entre diferentes concepciones del espacio, de la naturaleza, entre quienes lo viven y quienes lo visitan, entre quienes quieren explotarlo y quienes quieren protegerlo. Ya en obras anteriores, como Si quieres puedes quedarte aquí, la autora ofrecía una aproximación semejante al espacio rural, ambivalente y matizada en sus complejidades y conflictos, que no se presentan de forma maniquea (campo bien / ciudad mal, o viceversa), sino como formas diferentes de posicionarse ante el mundo y ante la naturaleza, aunque no todas igualmente legítimas: la plantación de aguacates, con el consiguiente consumo exorbitante de agua, no se compara con la extracción del caucho, mucho más sostenible. 
 
Lo cierto es que, con estos elementos, La seca es una novela algo oscura, mucho más oscura que Los últimos románticos que, a pesar de contener también su dosis de amargura, tenía más luz y más humor (y quizás por eso también me gustó más). Es en cualquier caso una nueva buena novela de una autora que va construyendo un universo de personajes no siempre entrañables, pero sí memorables.
 
Sobre esto, entre otros aspectos, converso con Txani Rodríguez en la siguiente entrevista:



 

martes, 19 de mayo de 2026

Manuel Moyano: El imperio de Yegorov

Idioma: español

Año de publicación: 2014

Valoración: recomendable

Hay novelas (y películas y ensayos, etc.) que comienzan por todo lo alto, para después ir perdiendo fuelle a medida que transcurre n sus páginas. Menos frecuente es el caso  contrario: libros que comienzan de una manera francamente mejorable, incluso penosa, pero que luego nos van atrapando con su prosa, con la historia que cuentan, hasta dejarnos noqueados con un final memorable (el principal ejemplo que se me ocurre es el de Madame Bovary, aunque ya sé que no es del agrado de todo el mundo). Por último, también ocurre a veces que la novela en cuestión tenga un gran comienzo o, cuando menos, intrigante y un final que deje picueto/a al lector o lectora, pero que en medio, en su estadio central sea, si no aburrido, más bien rutinario, de forma que se avanza más por hábito lector que por verdadero interés. Podría éste ser el caso de esta estupenda, por lo demás, El imperio de Yegorov... Pero digo que podría serlo porque no es lo ocurre con ella, exactamente, por tres razones principales, a mi entender:

  1. Su contenida extensión -menos de doscientas páginas-, que la convierten en una novelette muy fácil de leer y, sobre todo, facilita que ese decaimiento que comento (quizá sería más exacto hablar de cierta sensación de previsibilidad... que en este caso, además, resulta ser errónea) no llegue a cuajar en un desasimiento hacia la novela.
  2. La entretenida estructura narrativa, que podríamos considerar como espistolar -es decir, modernamente epistolar, a base de e-mails, además de informes, comentarios en blogs, fragmentos de noticieros o incluso la lista de dramatis personae, etc.-, que impide o dificulta cualquier atisbo de aburrimiento.
  3. Y, sobre todo, porque nos hayamos ante una de esas narraciones que no se completan (o no se entienden) hasta la última línea de texto -de forma literal, en este caso-; eso provoca que, a partir del momento en que se vislumbra el devenir de la historia, la lectura se vuelva aún más absorbente y acelerada. Se acabó cualquier tiempo muerto...

¿Pero de qué va esta novela, al fin y al cabo? Lo cierto es que no se puede -o se debe- contar mucho del argumento, para no espoilear a troche y moche (y que luego me llenéis los comentarios de justificadas quejas indignadas... Aunque, por otro lado, si no cuento nada también lo vais a hacer). La historia empieza en 1967, cuando un equipo de antropólogos japoneses, ayudados por un misionero español, se internan en la selva de Papúa-Nueva Guinea en busca del escurridizo y, en apariencia, no demasiado evolucionado pueblo de los hamulai. Una vez encontrados y ya conviviendo con ellos, la estudiante Izumi Fukada contrae un parásito cuya infección sólo puede paliarse gracias a una planta de la zona, según ha aprendido la sabiduría ancestral de los hamulai. El grupo retorna a Japón sin mayores problemas, pero este suceso deparará en el futuro consecuencias imprevisibles... A partir de esta premisa Moyano va tejiendo una urdimbre fascinante, una historia que transita entre la novela de aventuras, el noir, la ciencia-ficción, la distopía política, la ironía e incluso el body-horror (es fácil acordarse de alguna película de éxito reciente... aunque posterior, por cierto, a esta novela). Una novela que ya no podemos considerar una rara avis en el panorama de la literatura en español, cada vez más variado, tanto en las formas como en los temas que trata, pero sí que es lo suficientemente imaginativa y hasta sorprendente para merecer la atención de quien quiera disfrutar un rato -un ratito, que tampoco es tan larga, como ya he dicho- de una lectura cautivadora -sobre todo en ciertos tramos, ya digo también- y que deja un inmejorable sabor de boca.

lunes, 18 de mayo de 2026

Siri Hustvedt: Historias de fantasmas

Idioma original: inglés
Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans


Hay maneras y maneras de empezar un relato personal, pero pocas son tan directas como la que expone Siri en este libro ya en su primera frase: «Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto». De esta manera, la autora deja claro de buen inicio que este libro tratará sobre ella, sobre él, sobre ellos dos.

Como algunos sabréis, Paul Auster murió de cáncer, el 30 de abril de 2024, poco menos de año y medio después de que le fuera diagnosticada esta terrible enfermedad. Ese momento trágico, el de la fatídica noticia, cae como una losa en la familia causando que tomen conciencia de cómo este hecho les puede cambiar la vida porque, tal y como ella le dice a su hija Sophie, «si tu padre muere (…) perderé mi día a día». Así que, para evitar esa pérdida absoluta, Siri escribe este relato que, tal y como afirma, «no es una biografía del abismo. Es sobre Paul y yo, y lo escribo por necesidad de hacer revivir en estas páginas alguna cosa del hombre que fue».

Dice David Foster Wallace en uno de sus relatos, que «todas las historias de amor son historias de fantasmas» y parece que aquí Siri Hustvedt retoma ese símbolo para narrarnos su particular historia de amor, una historia en la que mezcla pasado, presente y una proyección del futuro marcada por la ausencia de su marido, pero también por la esperanzadora e ilusionante vida de Miles, su nieto, nacido poco antes de la muerte de Paul. Ese contraste marca de manera clara el texto y el ánimo familiar y sirve a su vez como punto de amarre para transitar el duelo, largo, prolongado, presente y extenso. Pero, aún y así, el vacío que deja Paul en sus vidas es largo y profundo, convirtiendo su (in)existencia en un espíritu que ocupa cada una de las estancias de su domicilio y que la propia Siri Hustvedt reconoce al afirmar, de manera nítida y en clara referencia al título de este libro, que «vivo en una casa encantada, habitada por un fantasma que Paul y yo hicimos juntos, un ‘nosotros’, que ya no existe, al menos no el presente, pero que ha impregnado todas las habitaciones. Es una figura doble que abraza, toca, hace el amor, ríe, tranquiliza, discute y habla en voz baja, una figura doble del pasado, con unos chistes y unas referencias secretas que solo conocíamos ‘nosotros’».

Estructuralmente, el libro es altamente fragmentario pues, al igual que los recuerdos o las historias que cuenta, no vienen en un orden establecido, sino simplemente aparecen como momentos puntuales, ubicados sin ningún orden, pero que entre todos ellos conforman una vida compartida. Por ello, el texto está profusamente nutrido de nostalgia y remembranza, muchos momentos inolvidables y emotivos que sirven a Siri para revelar situaciones compartidas en vida, pero también muchas de ellas compartidas en pensamiento en aquellas cosas que antes hacían juntos y que ahora de una u otra manera siguen haciéndolo, aunque solo uno de los dos exista porque, incluso en la ausencia, de una forma u otra siguen conviniendo en el espacio emocional que sigue vivo y altamente presente. Aun así, hay mucha falta, mucho anhelo, muchos vacíos que nada ni tan siquiera el tiempo pueden rellenar, quizás únicamente el recuerdo de otras situaciones, esas sí, ya vividas. 

En contraste ante la tristeza, y es una elección muy acertada para romper el tono y abrir una ventana para que entre luz en sus vidas, el libro intercala durante el relato una serie de cartas que Paul escribió para su nieto Miles, recién nacido, con la intención de que las lea cuando se haga mayor, pues, por razones del azar (siempre presente en las novelas de Auster), la etapa final de su enfermedad coincide con el nacimiento de su nieto en una suerte de macabra coincidencia donde la cada vez más cercana aparición de la muerte se encuentra con el inminente inicio de una nueva vida brindándole, por un tiempo corto, el regalo de unas semanas de coincidencia, de disfrutar de su compañía en una constatación innegable del ciclo de la vida, de un renacimiento de ilusiones que se producen en otras formas, otros tiempos, otros cuerpos, y una pequeña brecha hacia el futuro familiar, que la propia Siri reconoce, asombrada, y a la que se aferra al cuestionarse si «¿es posible conservar burbujas de felicidad (…) mientras la tristeza te envuelve? Parece que hay que intentarlo». Es en esas cartas a Miles, donde encontramos fragmentos muy emotivos de la infancia de su hija Sophie, cartas en las que escribe anécdotas de cuando de pequeña, esas que todos guardamos en nuestro interior cuando nos hacemos mayores para poderlas explicar al envejecer. Paul sabía que no podría hacerlo, al menos en persona, así que lo hizo a través de misivas que, como bien sabemos, es algo que se le daba particularmente bien.

También, en otro eje narrativo, el libro contiene múltiples preferencias a sus obras precedentes, tanto de Siri como de Paul, y por tanto no deja de ser un homenaje a su obra literaria y una oportunidad para recuperar recuerdos y sensaciones a los lectores fervientes de ambos autores; un espacio literario que ambos compartían desde la ilusión, recordando que  «escribimos los sueños que soñábamos mientras escribíamos en nuestros escritorios, y nos leímos aquellos sueños uno al otro en las verdes sillas» desde el profundo respeto mutuo que Siri apuntala afirmando que «confiaba plenamente en el criterio de Paul, en lo que hacía referencia a la forma de un libro, pero también a la prosa, de la misma forma en que él confiaba en mí (…) no recuerdo ni una sola vez que ninguno de los dos rechazara la opinión del otro». 

Al igual que «Baumgartner» viene a ser una carta de amor a su mujer, Siri hace lo mismo con este libro, con un enfoque más personal, más racional (acorde al espíritu de la autora) pero a su vez muy emotivo al reflejar detalles y anécdotas de la vida que compartieron porque este es un retrato de tres vidas, la de Paul, la de Siri y la de ambos juntos. Porque al formarse cualquier pareja se crea una nueva vida, en paralelo, coincidente, y que transforma a su vez a las otras dos y, cuando esta falta, provoca una gran conmoción porque tal y como afirma Hustvedt: «sí, estoy llorando la muerte de Paul, pero la mayor parte del tiempo estoy llorando la muerte de Siri y Paul. Lloro por la muerte de y. Lloro por como la y me hacía sentir en el mundo. Aquella y en que él y yo nos superponíamos». Y eso es algo que, en cierta medida, podemos entender como lectores, pues es como si nos quitaran ese dulce placer de la simbiosis emocional que nos produce pensar en él escribiendo esas obras que tanto hemos disfrutado. Y es que cuando uno ha leído tantas obras de Siri y Paul (cerca de una cuarentena de libros), uno recorre las páginas de este libro con la misma familiaridad con la que pasearía por su propia casa, por ser terreno conocido, por ser un lugar confortable. Y justamente eso hace que, a esa "y" que conformaban entre ambos, también nosotros la echemos terriblemente de menos.