lunes, 21 de agosto de 2017

Colaboración. Berta Vias Mahou: La mirada de los Mahuad

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: muy recomendable

Siempre que abordo las primeras páginas de un autor que no conozco, necesito descubrir cuál es su «rollito» para disfrutar la lectura. Y Berta Vias, en «La Mirada de los Mahuad», despliega un «rollito» muy suyo que resulta difícil de explicar sin hacer uso de la metáfora. A menudo se compara una obra literaria con una prenda de confección, (se mide su complejidad como si fuera el patrón de una prenda que tiene más o menos costuras que son más o menos enrevesadas). Pero Berta Vias no juega en esa liga; no ha confeccionado una prenda basada en un patrón complicado. Su apuesta es más sofisticada: «La mirada de los Mahuad» es una pieza de tela circular, un tubo, como esos pañuelos que uno se mete por la cabeza, donde lo particular no es la forma que adquiere dicha pieza si no el tejido del que se compone: miles de finísimos hilos de diferente tono y textura que conforman una trama sin dos retazos iguales pero que hace continua referencia a las mismas cuestiones. Es un velo envolvente que filtra la luz (y la realidad) matizándola en cada tramo para hacer referencia a la misma idea subyacente. Y esa complejidad, esa manera de transmitir, se traslada con claridad a la estrategia narrativa de la obra: seis relatos que podrían funcionar de manera independiente pero que leídos como un todo alcanzan un nivel superior de subtexto.
Resumen resumido: seis momentos en la infancia y juventud de Elba, como seis fotogramas imprescindibles para captar la personalidad compleja del personaje, sus circunstancias, sus miedos, sus anhelos y el gran amor de su niñez (Jan) que perdura en ella con el paso de los años. Una protagonista que rebosa idiosincrasia, recovecos y contradicciones. No es tanto el qué como el cómo. Aunque, efectivamente, hay un qué común apuntado por los seis textos que es la idea subyacente que mencionaba antes: la (maravillosa) complejidad y contradicción del ser humano con los demás y consigo mismo y la fragilidad de la línea que separa la realidad pura y dura (¿existe realmente?) del producto de nuestros devaneos, de nuestras ensoñaciones y de la subjetividad de nuestros recuerdos. 
Es una obra con una factura delicada, una estrategia medida al milímetro y el objetivo de sumergirnos en una atmósfera híper-sensitiva, casi de ensoñación. Si fuera una película, en la mayoría de los relatos apenas habría diálogo, tan solo sonidos; los colores tendrían un sutil punto de sobresaturación y la cámara alternaría continuamente los planos generales a los primerísimos planos de detalle. Ese es el «rollito» de Berta Vias, al menos en esta obra en la que arriesga sabiendo muy bien a lo que juega.
La voz del narrador en tercera persona omnisciente no muestra fisuras y transmite convicción a pesar de que a menudo conduce al lector sobre las arenas movedizas de la mente y los recuerdos. Sin embargo, cuando el narrador focaliza en Elba se impregna de los vaivenes de sus pensamientos.
La estructura temporal es clara, los seis relatos están ordenados cronológicamente y siempre sale al paso algún dato que ayuda al lector a situarse.
En cuanto a los personajes, la obra gira alrededor de Elba por lo que recibimos mucha más información de ella que del resto. No obstante, la autora no analiza psicológicamente a ninguno de los personajes, si no que se limita a mostrar sus acciones para que sea el lector el que construya en su mente su visión del personaje, como en un cuadro impresionista. El amor de infancia de Elba (Jan) está más definido que el resto y cuenta, incluso, con un relato propio. Los demás personajes, apenas esbozados, albergan mucho más de lo que la autora se limita a mostrar y podemos, en algunos casos, ir más allá en su percepción.
Se trata de una novela de digestión lenta que, desde mi punto de vista, alcanza su mayor intensidad una vez la has finalizado y dejas pasar unos días antes de observar el poso de sensaciones que deja en tu mente. Independientemente de eso, encuentro que su lectura ofrece grandes momentos evocadores, sobre todo cuando habla de la infancia y, como mencionaba anteriormente, todo ese mundo sensorial en el que vive envuelta la protagonista y sus recuerdos.
Por otra parte, se recurre a la omisión de la puntuación del estilo directo para conseguir una mayor sensación de indefinición. Ni guiones, ni comillas, ni cursivas: lo que dice uno se mezcla con la descripción del cielo y los pensamientos del que está más allá. Y tú deseando que llegue un punto y aparte para tomar aire. Es cierto que así se integra mucho más el mundo interior con el mundo exterior y que no es un recurso nuevo y que no es una decisión tomada a la ligera. Pero resulta muy poco amable, sobre todo en las primeras páginas en las que el lector se sumerge con confiada ignorancia. Luego te acostumbras, aceptas la convención y te dejas llevar. Sin embargo, suele decirse que las primeras páginas de una novela tienen que transmitir su esencia (y en este caso se cumple), pero también se dice que es en las primeras páginas en las que el autor se juega que el lector persista o abandone. Y en el caso de «La mirada de los Mahuad» parece que la reafirmación de la esencia de la obra está muy por encima de querer seducir al lector. Yo persistí pero me amargó un poco el arranque. (Es mi caso y no deja de ser una subjetividad).
Por tanto. Muy recomendable porque apuesta fuerte, porque es original en su estrategia, porque tiene excelente factura y una gran capacidad para apelar a la mente y los sentidos. Eso sí, no apta para los que gusten de lecturas ligeras.

                                                                                                                             Firmado: Beatriz Garza

domingo, 20 de agosto de 2017

Erri De Luca: Adelfa, Arco iris

Idioma original: italiano
Título original: Aceto, arcobaleno
Año de publicación: 1992
Valoración: se deja leer

Me costó bastante trabajo dar con este libro, probablemente uno de los más desconocidos del autor, escrito en el comienzo de su vida literaria. Una vez leído, uno entiende que no sea fácil encontrarlo y que esté descatalogado. No se trata de uno de los mejores libros del autor, aunque tratándose de Erri de Luca, siempre se pueden encontrar pasajes que contengan la belleza a la que nos tiene acostumbrados.

En esta novela, el autor nos narra los recuerdos de un hombre mayor, ya retirado, que pasa sus últimos días en su cabaña. Sin esperar nada más que contemplar el paso del tiempo y llegar a un final que se le antoja cercano, nos cuenta los recuerdos de lo que ha sido su vida; así, rememora su infancia, cuando empezaba a mostrar su carácter de persona discreta, sin querer destacar por encima de los demás, rehuyendo las peleas propias de una infancia combativa y la competitividad típica de la edad. Nos cuenta los inicios en esos primeros años de juventud y adolescencia, que forjaron un carácter duro y obstinado, cuando sin rechistar cargaba piedras trabajando en la construcción como peón de carga. Un carácter mantenido a lo largo de su vida adulta, que luego adaptó al paso del tiempo y a los movimientos sociales, con actos de desobediencia pacífica defendiendo causas sociales en actos públicos.

De esta manera, en una continua revisión de su vida, nos va contando sus memorias de su pasado a través de las visitas que recibe por parte de antiguos amigos, que le sirven para recordar tiempos lejanos. En revisión de lo que ha sido su vida, la visita de uno de los amigos que tuvo en esa época le devuelve a los tiempos de lucha social, de saqueos, de protesta, de justicia vista únicamente según una de las partes. Asimismo, la visita le revela la evolución de la vida del que fue su amigo, con recuerdos de tiempos pasados, pasando de una vida de vida combatiente en guerrilla civil para acabar abandonando el camino de la lucha por unos ideales y convertirse en un asesino, hasta el punto de traficar con drogas cuando ser asesino perdió su sentido, cuando ha dejado de "vivir", de sentir. En otra de las visitas recibidas, esta vez a cargo de un amigo de la infancia, le explica que ha abandonado la ciudad natal para hacerse misionero debido a la necesidad de ayudar, de irse lejos de su Italia para ofrecer su colaboración en África, allí donde la recompensa por intentar hacer uno primeros pasos en lengua local son recibidos con una sonrisa («reír es su mejor cortesía»). De esta manera nos hace testigos de la dificultad de ser un misionero por todo aquello que abandonas («es una tierra exigente, te necesita entero. Si se mantiene una reserva, una nostalgia, allí pone los huevos y fermenta la derrota»). La admiración hacia su amigo, los recuerdos de su infancia donde ya se estaba formando un carácter fuerte y seguro, que finalmente se convertía en un posterior liderazgo en aquellas causas donde estaba inmerso.

Por los temas expuestos, este libro es un canto a la amistad, que las visitas de sus amigos a causa de su enfermedad hacen que renazca en forma de recuerdos, donde la vida ya en camino de disolución renace en sentimientos. Claramente es un libro menor dentro de la extensa obra publicada de Erri de Luca, pero las características de su obra son perfectamente identificables, manteniendo siempre una delicada elección de las palabras, así como los temas tratados, a menudo en torno a la defensa de las libertades y la justicia social.

También de Erri de Luca en ULAD: aquí

sábado, 19 de agosto de 2017

Sabino Méndez: Literatura universal



Idioma original: Castellano
Año de publicación:  2017
Valoración: Muy recomendable

Me falta originalidad, lo reconozco. Hasta para nacer. Lo hice en pleno baby boom hispano, esas familias que alcanzaron la tierra prometida del consumo cargadas de niños que en su adolescencia se empeñaron en ponerse hasta el culo de libertad. Nuestra banda sonora no se entiende sin Loquillo, en cuyos Trogloditas ejerció de letrista y guitarrista Sabino Méndez,  hasta que el choque de egos y la adicción a la heroína le descabalgó de los escenarios. 

Sabino Méndez (Barcelona, 1961) ha puesto a nuestra disposición en sus canciones (Quiero un camión/ escupir a los urbanos/ a las chicas meter mano) y en sus libros una mitología, un camino iniciático, una específica educación sentimental; la del chico de barrio humilde a quien la promesa de aventura del rocanrol y la literatura provee de legitimidad y método para el ascenso social. La idea no es mía, a mí me falta originalidad. Es de Germán Labrador y la ha explicado en su excelente ensayo Culpables por la literatura, donde hace un revelador repaso de aquella (desastrada) generación y sus anhelos de transgresión, originalidad y ebriedad. 

Si hasta ahora los libros de Sabino Méndez -Corre rocker, Hotel tierra, Limusinas y estrellas…- se nutrían de la realidad como horma de su escritura, en Literatura universal se cortan amarras para lanzarse a la ficción, aunque sea  encajada en unos parámetros de tiempo y espacio que son los de la propia trayectoria vital del narrador. Posiblemente haya embutidas en sus páginas identidades veladas y anécdotas y situaciones reales, dispuestas para jugar al escondite con el lector mitómano. Como hay también cientos y cientos de citas literarias, de clásicos y contemporáneos, incrustadas en el relato, formando parte de él, aderezándolo, igual que la literatura y la creatividad son parte fundamental de la vida sus protagonistas, tal y como nos recuerda el título estampado en la portada y la argucia de la carta al editor que precede al relato; la ficción como copia de la vida y de los otros libros.

Literatura universal arranca en la primavera de 1977, cuando Simón B. Sáenz Madero inicia amistad con Paco Valls y Julio Cárdenas, los más díscolos entre el grupo de los alumnos díscolos de un colegio de curas: “estábamos aún en esa edad en que aceptamos todavía con agradecimiento nuestro propio reflejo en los espejos, en los escaparates…”. Y se lanza a través de medio millar de páginas  y de citas a contarnos los devaneos, huidas, saltos al vacío, triunfos y caídas, aciertos y miserias, de este círculo de amigos de patio de colegio, de enganchados a los libros y a las sustancias alteradoras de la percepción, que no dejan jamás de acompañar, reaparecer e influir. Amigos y sustancias.

Que Sabino Méndez haga concluir al protagonista -músico, dj- de esta ficción, narrada en primera persona, que en la escritura todo era ritmo y música, una música cerebral, inaudible en la atmósfera: la combinación del sensual y silencioso ruido mental de la lógica y las emociones sentidas, resulta una afirmación tan convincente como inapelable. Palabra, música, literatura, de un autor tocado por el talento y la perspicacia. Pese a mi total falta de originalidad, eso sí sé reconocerlo.

viernes, 18 de agosto de 2017

Helen Oyeyemi: Boy, Snow, Bird. Fábula de tres mujeres

Idioma original: inglés
Resultado de imagen de boy snow bird amazonTítulo original: Boy, Snow, Bird
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable




En esta Fábula de tres mujeres el punto fuerte son los personajes femeninos y el más débil la fábula. La onomástica es clave: quién llamó así a Boy habría deseado que fuese un chico, Bird debía ser libre como un pájaro, Snow necesitaba un sortilegio para parecer blanca a toda costa, en su familia ya había una Clara pues la genética por sí sola no siempre hace milagros.
El relato está a cargo de Boy y Bird. La primera se encarga de introducir y rematar los hechos en un primer bloque narrativo que la presenta recién iniciada la veintena y en un tercero, el más sólido de todos, que tiene lugar unos quince años más tarde. Entre medias, Bird expone su (algo endeble) punto de vista desde una adolescencia incipiente. Pero en obras de ficción es arriesgado dar la palabra a quien no tiene todos los datos ni madurez suficiente para interpretar lo que tiene delante. No falla lo que cuenta sino la forma de contarlo, en este caso, cuánto más adulta es la narradora más verosímil resulta su discurso. Ni siquiera un argumento tan magnífico y tan magistralmente desarrollado impide que el conjunto se tambalee a veces. A quien detecte algo así le recomendaría que tuviese paciencia. Las riendas están bien sujetas, Oyeyemi sabe perfectamente adónde se dirige, lo que falla es el tono.
Claro que no es poca cosa. Hablamos de una historia realmente dura desde muchos puntos de vista, con alguna escena sobrecogedora de esas que se graban para siempre, que plantea asuntos tan candentes y sensibles como el maltrato infantil, el racismo –en particular el de los que no asumen su etnia–, el papel de los progenitores (biológicos o no), el rencor, la amistad, el amor que perdura y el que se evapora, la ambivalencia de los roles de género etc. Cuestiones tan crudas y despiadadas o tan encantadoras y tiernas como la vida misma, que al transmitirse por medio de voces más o menos infantiles, con un tono que oscila entre la fábula con toques mágicos que no llegan a concretarse del todo y la objetividad más absoluta, no siempre resultan creíbles. Que la autora se haya inspirado en el cuento de Blanca Nieves (pero solo se menciona a Cenicienta) constituye un lastre que solo se supera en el último tercio.
Pero la cuestión va más allá. ¿Cómo conseguir que una vocecita infantil y llena de fantasía perfile unos personajes tan torturados y poliédricos como los que aparecen aquí sin caer en contradicciones? De ninguna manera. Oyeyemi ha logrado un elenco magnífico, del que atisbamos rasgos destacables, que no llega a definir por completo debido, una vez más, a ese tono dichoso a medio camino entre la novela y la fábula. Recordemos que esta forma de narrar se ha utilizado a menudo para dar voz a personajes que se mueven en la periferia social (ej: Tigre blanco) o a los que se restringe la libertad de alguna forma (Doña Oráculo). A veces los retratados no son simples individuos sino etnias o estirpes enteras y entonces la fantasía debe elevar aún más el vuelo tomando la forma de realismo mágico (Cien años de soledad, Beloved). Es la manera de decirlo todo y no decir nada a la vez, de sugerir en lugar de denunciar, de sincerarse sin alimentar represalias. Aunque no siempre ocurre así, pienso en Los versos satánicos, cuya naturaleza críptica e imaginación desbordante no sirvieron de gran cosa a su autor. 
Fabular implica una renuncia a los esquemas realistas sustituyéndolos por símbolos, alusiones y metáforas, algo que Oyeyemi no ha hecho, recurriendo a una hibridación que no funciona, ya que utiliza una fórmula demasiado simple para mostrar una realidad compleja y muy bien delimitada. Una realidad que considero un filón en potencia al que haría falta la mano firme de un Conrad o un Faulkner para ser explotada a fondo. El hecho es que faltan modelos en este terreno –por ahora– y que, tanto ella como otras escritoras, parecen estar dispuestas a crearlos. Cuando esto se lleve a término, los problemas específicos de la mitad del género humano adquirirán la categoría de universales.
Finalmente, nos queda una sensación de optimismo con el que no sé si estoy de acuerdo. La esperanza siempre es agradable, pero me pregunto si el horizonte que se vislumbra resulta del todo creíble.  

jueves, 17 de agosto de 2017

Ignacio Álvarez-Ossorio: Siria

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Si me permitís un símil algo frívolo, nadie escribe una crónica de un partido que aún no ha acabado. Podría hacerse, claro, pero los flecos quedarían colgando y no creo yo que, aunque aquello esté muy lejos y, inocentes nosotros, pensamos que no puede afectarnos de cerca. Me refiero a Siria. País tan desmoronado o más que la Libia del libro de Jon Lee Anderson y país del que si su presente ya es un caos qué vamos a decir de su futuro, pero es bueno, y es interesante, que Álvarez-Ossorio intente explicar un poco qué es lo que sucede, aunque no se atisbe un final o incluso aunque el final que se atisbe sea una catástrofe que no tiene aspecto ninguno de ser bueno. Siria es el tumor de Occidente y su metástasis es imparable y emplear términos sórdidos y desagradables puede hasta que ayude a tomar consciencia.
Por variados motivos. Porque el conflicto parece ser un incendio que se extingue, porque determinada ciudad haya caído o determinado líder de ISIS haya sido alcanzado por algún ataque con algún dron o alguna bomba inteligente (oh, qué quirúrgicos y qué inteligentes somos los Occidentales oponiendo siempre la calidad de nuestra tecnología frente a la visceralidad y primitivismo de la pura fuerza bruta derivada de la cantidad del enemigo). Porque los mecanismos occidentales son generar optimismo y confianza y convicción en la victoria y decir constantemente que solamente se trata de tiempo y que su poder organizativo queda reflejado en lo cutres que son sus ataques, que ya no tienen aviones ni pilotos suicidas y que ya tienen que aferrarse al loco (ya ni se le llama célula) que se enfada un día y coge el cuchillo del pan de su casa. Porque si no se hubiera producido la oleada migratoria y el severo conflicto de los refugiados y todo se limitara a unos cuantos Hummer recorriendo carreteras llenas de baches y a comunidades con matices étnicos y religiosos que no nos preocupamos de entender matándose entre ellas por cuatro colinas donde llevar los camellos a pastar no nos estaríamos implicando lo más mínimo. O sea, cero. Pero el problema se extendió, y como en los atentados de las Olimpiadas de Munich o en el 11-S todo nos ha invadido. Y los refugiados reclaman nuestra atención y los atentados asolan nuestros plácidos lugares de turismo chic y hay que entender o interesarse.
Y este ensayo ayuda en lo que buenamente puede. Ante la limitación de una realidad cambiante y una evolución que acarrea confusión, con cambios de bando, confluencias de políticas a tres y cuatro bandas, los intereses económicos de la zona, la influencia de los grandes estados musulmanes, la perversa figura de Al Assad, practicando el surf a base de parecer a ratos el enemigo y a ratos el amigo (por el hecho de ser también enemigo de otros enemigos), buscando apoyos con los que cumplimentar su plan de perpetuarse en el poder.
Ossorio lo explica y nos recuerda, tanta bomba y tanto muerto en el conflicto y en las aguas del Mediterráneo pueden haber hecho que lo olvidemos, que Siria sólo fue otro de los escenarios de la Primavera Árabe del 2011, aquel movimiento alabado en todo el mundo que debía suponer democratización de unos cuantos estados, pero que fue el escenario en que ese movimiento no llegó a triunfar, y de ese conato surgió ese conflicto que tantos se han empeñado en capitalizar.
Un ensayo detallado explicativo, detallado, exhaustivo, neutro en su planteamiento, una puesta al día sobre un conflicto de cuyo capítulo final parecemos estar, valga la paradoja, cada día más lejos.



miércoles, 16 de agosto de 2017

Ngũgĩ wa Thiong'o: No llores, pequeño

Título original: Weep not, child
Idioma original: Inglés
Traducción: Alicia Frieyro Gutiérrez
Año de publicación:1964
Valoración: Recomendable (o algo más)

Ngugi Wa Thiongò es uno de los eternos favoritos al Premio Nobel y eternos, al menos hasta el momento de publicación de este reseña, no ganadores del mismo. Personalmente, y habiendo leído unicamente dos libros del keniata, me atrevo a afirmar que sería un más que digno ganador.

Ya reseñamos en este visionario blog "Sueños en tiempo de guerra", memorias del escritor, y coincido plenamente tanto con la reseña como con la valoración. Se trata de un gran libro.

En esta ocasión reseñamos la primera novela del autor, escrita hace más de cincuenta años. Se trata de un libro con un fuerte caracter autobiográfico o, al menos, esa impresión da tras haber leído "Sueños en tiempo de guerra". En este caso, se ambienta en la época final de la colonización inglesa y en los efectos de la misma y de la revuelta de los Mau-Mau (1952-1960) sobre los miembros de la familia de Ngotho, en particular sobre el propio Ngotho y sobre Njoroge, su hijo pequeño.

La novela transita de lo general a lo particular. En su primera parte, Thiongó describe ambientes, personajes y situaciones, haciendo especial hincapie en las relaciones sociales, familiares, culturales y económicas en la Kenia de finales de los 50. A modo de ejemplo: el acceso a la educación del pueblo kikuyu, la poligamia, la segregación racial, la cuestión de la tierra, las relaciones con los colonos blancos, etc. Esta parte del libro es, en mi opinión, la más interesante. Con un estilo aparentemente sencillo, que parecer beber en abundancia de la rica tradición oral africana, Thiong'o logra envolver al lector en la historia (o en las múltiples historias). Ese es su gran mérito: hacer fácil lo difícil.

La segunda parte se centra más en la propia revuelta y en su influencia sobre el vitalista y optimista Njoroge, quien trata de "ascender" a través de la educación. Esta segunda parte, mucho más dura que la anterior, creo que está menos lograda. Pese a que los personajes están, en general, bien construidos y siguen una evolución coherente, las situaciones son resueltas por Thiong'o con demasiada celeridad, como si hubiese una cierta premura por terminar la novela. Los hechos y el final, ojo que no es un mal final, se precipitan y dejan un regusto algo amargo después de una primera parte tan prometedora.

En cualquier caso, se trata de un buen libro, aunque algo inferior a "Sueños en tiempo de guerra". Pese a todo, es una buena oportunidad de acercarse a la obra del keniata, no vaya a ser que este año le den el Nobel y no puedas presumir de haberle leído antes.

También de Ngugi Wa Thiong'o en ULAD: Sueños en tiempo de guerra

martes, 15 de agosto de 2017

Mary M. Talbot, Kate Charlesworth & Bryan Talbot: Sally Heathcote, sufragista

Idioma original: inglés
Título original: Sally Heathcote, Sufragette
Año de publicación: 2014
Traducción: Lorenzo Díaz
Valoración: recomendable

A día de hoy (aunque a saber hasta cuándo) el Gobierno del Reino Unido está dirigido por una mujer y no es la primera que lo hace. Pero no está de más recordar que hace tan sólo cien años, que no son tantos como parece, las mujeres británicas ni siquiera podían votar (ni las españolas, ni las francesas, ni un largo etcétera...); el derecho a hacerlo lo consiguieron tras una larga lucha protagonizadad por unas damas con atuendos victorianos, coloridas bandas  y pancartas reivindicativas, que conocemos por el nombre de "sufragistas" -sufragettes en inglés-;unas combativas mujeres que, seguramente por eso mismo y pese a la justicia del innegable logro que consiguieron, no han salido bien paradas en retratos posteriores que se han hecho de ellas (aunque reconozco que no he visto aún la película titulada, precisamente, Sufragistas): en el mejor de los casos, suelen aparecer como unas simpáticas excéntricas; en el peor, como unas fanáticas exaltadas e intransigentes.

Obras como este cómic sirven precisamente para cambiar esta percepción que se tiene de las sufragistas. Y no porque nos dé una visión edulcorada de este movimiento político -incluso yo diría que todo lo contrario-, sino porque relata de forma pormenorizada pero amena la dureza de la lucha que llevaron a cabo, las dificultades y prejuicios que debieron superar para la consecución de sus justos objetivos (y no de todos, pues, por ejemplo, la equiparación salarial ente hombres y mujeres sigue sin conseguirse).  También cuenta las vicisitudes internas que vivió el movimiento sufragista, sus divisiones, rivalidades y traiciones .... como ocurre en el seno de cualquier organización humana, por otra parte. No olvida señalar, además, las otras injusticias de la época, como lasa derivadas de las diferencias de clase social, pues la protagonista, Sally Heathcote, comienza su andadura como criada de la famosa Emmeline Pankhurst, rescatada por ésta de una de aquellas dickensianas workhouses.

De hecho, aunque la protagonista de esta novela gráfica , exquisitamente ambientada en la época eduardiana sea un personaje ficticio, aparecen muchas de las figuras reales y destacadas del sufragismo británico, desde, obviamente, la señora Pankhurst y sus hijas Christabel y Sylvia, al matrimonio Pethick-Lawrence, Hannah Mitchell -al parecer, la activista que le inspiró a la guionista Mary M. Talbot el personaje de Sally- o la no menos célebre (por un motivo más luctuoso) Emily Davidson. ya digo que no todas salen siempre favorecidas: este libro no es una hagiografía, ni tampoco se ocultan las derivaciones casi terroristas -o sin casi- que surgieron del movimiento, como la protagonizada por las "Young Hot Blood".  Es muy interesante, además, comprobar las concomitancias que la lucha del movimiento sufragista tenía, al menos en cuanto a los métodos empleados y el debate interno sobre la licitud de éstos, con otros también contestatarios que habían surgido por la misma época en el seno del todopoderoso Imperio Británico: los socialistas, sindicalistas o los fenianos irlandeses.  No menos ilustrativa es la represión efectuada por las fuerzas del aparato del Estado, en este caso contra las sufragistas.

En cuanto al aspecto gráfico de la obra, destacar, junto al detallismo de que hace gala, el sabio uso de los toques de color, que hacen de contrapunto al blanco y negro general, además de servir para destacar a determinados personajes y crear ambientes. La muy cuidada edición no se queda atrás en cuanto a calidad, y convierten en una experiencia  de lo más placentera la lectura de este libro.