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lunes, 18 de mayo de 2026

Siri Hustvedt: Historias de fantasmas

Idioma original: inglés
Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans


Hay maneras y maneras de empezar un relato personal, pero pocas son tan directas como la que expone Siri en este libro ya en su primera frase: «Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto». De esta manera, la autora deja claro de buen inicio que este libro tratará sobre ella, sobre él, sobre ellos dos.

Como algunos sabréis, Paul Auster murió de cáncer, el 30 de abril de 2024, poco menos de año y medio después de que le fuera diagnosticada esta terrible enfermedad. Ese momento trágico, el de la fatídica noticia, cae como una losa en la familia causando que tomen conciencia de cómo este hecho les puede cambiar la vida porque, tal y como ella le dice a su hija Sophie, «si tu padre muere (…) perderé mi día a día». Así que, para evitar esa pérdida absoluta, Siri escribe este relato que, tal y como afirma, «no es una biografía del abismo. Es sobre Paul y yo, y lo escribo por necesidad de hacer revivir en estas páginas alguna cosa del hombre que fue».

Dice David Foster Wallace en uno de sus relatos, que «todas las historias de amor son historias de fantasmas» y parece que aquí Siri Hustvedt retoma ese símbolo para narrarnos su particular historia de amor, una historia en la que mezcla pasado, presente y una proyección del futuro marcada por la ausencia de su marido, pero también por la esperanzadora e ilusionante vida de Miles, su nieto, nacido poco antes de la muerte de Paul. Ese contraste marca de manera clara el texto y el ánimo familiar y sirve a su vez como punto de amarre para transitar el duelo, largo, prolongado, presente y extenso. Pero, aún y así, el vacío que deja Paul en sus vidas es largo y profundo, convirtiendo su (in)existencia en un espíritu que ocupa cada una de las estancias de su domicilio y que la propia Siri Hustvedt reconoce al afirmar, de manera nítida y en clara referencia al título de este libro, que «vivo en una casa encantada, habitada por un fantasma que Paul y yo hicimos juntos, un ‘nosotros’, que ya no existe, al menos no el presente, pero que ha impregnado todas las habitaciones. Es una figura doble que abraza, toca, hace el amor, ríe, tranquiliza, discute y habla en voz baja, una figura doble del pasado, con unos chistes y unas referencias secretas que solo conocíamos ‘nosotros’».

Estructuralmente, el libro es altamente fragmentario pues, al igual que los recuerdos o las historias que cuenta, no vienen en un orden establecido, sino simplemente aparecen como momentos puntuales, ubicados sin ningún orden, pero que entre todos ellos conforman una vida compartida. Por ello, el texto está profusamente nutrido de nostalgia y remembranza, muchos momentos inolvidables y emotivos que sirven a Siri para revelar situaciones compartidas en vida, pero también muchas de ellas compartidas en pensamiento en aquellas cosas que antes hacían juntos y que ahora de una u otra manera siguen haciéndolo, aunque solo uno de los dos exista porque, incluso en la ausencia, de una forma u otra siguen conviniendo en el espacio emocional que sigue vivo y altamente presente. Aun así, hay mucha falta, mucho anhelo, muchos vacíos que nada ni tan siquiera el tiempo pueden rellenar, quizás únicamente el recuerdo de otras situaciones, esas sí, ya vividas. 

En contraste ante la tristeza, y es una elección muy acertada para romper el tono y abrir una ventana para que entre luz en sus vidas, el libro intercala durante el relato una serie de cartas que Paul escribió para su nieto Miles, recién nacido, con la intención de que las lea cuando se haga mayor, pues, por razones del azar (siempre presente en las novelas de Auster), la etapa final de su enfermedad coincide con el nacimiento de su nieto en una suerte de macabra coincidencia donde la cada vez más cercana aparición de la muerte se encuentra con el inminente inicio de una nueva vida brindándole, por un tiempo corto, el regalo de unas semanas de coincidencia, de disfrutar de su compañía en una constatación innegable del ciclo de la vida, de un renacimiento de ilusiones que se producen en otras formas, otros tiempos, otros cuerpos, y una pequeña brecha hacia el futuro familiar, que la propia Siri reconoce, asombrada, y a la que se aferra al cuestionarse si «¿es posible conservar burbujas de felicidad (…) mientras la tristeza te envuelve? Parece que hay que intentarlo». Es en esas cartas a Miles, donde encontramos fragmentos muy emotivos de la infancia de su hija Sophie, cartas en las que escribe anécdotas de cuando de pequeña, esas que todos guardamos en nuestro interior cuando nos hacemos mayores para poderlas explicar al envejecer. Paul sabía que no podría hacerlo, al menos en persona, así que lo hizo a través de misivas que, como bien sabemos, es algo que se le daba particularmente bien.

También, en otro eje narrativo, el libro contiene múltiples preferencias a sus obras precedentes, tanto de Siri como de Paul, y por tanto no deja de ser un homenaje a su obra literaria y una oportunidad para recuperar recuerdos y sensaciones a los lectores fervientes de ambos autores; un espacio literario que ambos compartían desde la ilusión, recordando que  «escribimos los sueños que soñábamos mientras escribíamos en nuestros escritorios, y nos leímos aquellos sueños uno al otro en las verdes sillas» desde el profundo respeto mutuo que Siri apuntala afirmando que «confiaba plenamente en el criterio de Paul, en lo que hacía referencia a la forma de un libro, pero también a la prosa, de la misma forma en que él confiaba en mí (…) no recuerdo ni una sola vez que ninguno de los dos rechazara la opinión del otro». 

Al igual que «Baumgartner» viene a ser una carta de amor a su mujer, Siri hace lo mismo con este libro, con un enfoque más personal, más racional (acorde al espíritu de la autora) pero a su vez muy emotivo al reflejar detalles y anécdotas de la vida que compartieron porque este es un retrato de tres vidas, la de Paul, la de Siri y la de ambos juntos. Porque al formarse cualquier pareja se crea una nueva vida, en paralelo, coincidente, y que transforma a su vez a las otras dos y, cuando esta falta, provoca una gran conmoción porque tal y como afirma Hustvedt: «sí, estoy llorando la muerte de Paul, pero la mayor parte del tiempo estoy llorando la muerte de Siri y Paul. Lloro por la muerte de y. Lloro por como la y me hacía sentir en el mundo. Aquella y en que él y yo nos superponíamos». Y eso es algo que, en cierta medida, podemos entender como lectores, pues es como si nos quitaran ese dulce placer de la simbiosis emocional que nos produce pensar en él escribiendo esas obras que tanto hemos disfrutado. Y es que cuando uno ha leído tantas obras de Siri y Paul (cerca de una cuarentena de libros), uno recorre las páginas de este libro con la misma familiaridad con la que pasearía por su propia casa, por ser terreno conocido, por ser un lugar confortable. Y justamente eso hace que, a esa "y" que conformaban entre ambos, también nosotros la echemos terriblemente de menos.

domingo, 8 de marzo de 2026

Zoom: Mis cambios de opinión de Julian Barnes

Idioma original: inglés

Título original: Changing My Mind

Año de publicación: 2025

Traducción: Jaime Zulaika

Valoración: entre recomendable y está bien

Sus muchos admiradores/as o quienes al menos estén al tanto de las novedades literarias seguramente ya lo sepan: nuestro estimado, a la par que entrañable, Julian Barnes ha publicado en el mes de febrero su último libro. Y cuando escribo "último" no quiero decir "el último hasta ahora" o "el último hasta que publique otro", sino el último de verdad, el último que va a escribir ya, según sus propias declaraciones. Bien, hay que tener en cuenta que este escritor, que ejemplifica como pocos, en mi opinión, la clásica figura del caballero literato, ya tiene ochenta años y está aquejado de una lenta pero inexorable enfermedad, con lo cual es comprensible que piense que ya ha dado lo suficiente el callo en su oficio (y a fe mía que lo ha hecho) y merece descansar sus últimos años, que ojalá sean muchos aún. Pues bien, he de deciros que este libro que ocupa la reseña de hoy no es ese último libro de Barnes -que se titula, adecuada pero tristemente, Despedidas- sino, esta vez sí, "el último que había escrito hasta ahora". Y que no se trata de una novela sino de un breve ensayo de esos que publica Anagrama y que, por lo general, resultan ser una delicia, o, al menos un refrescante aperitivo. Lo mismo ocurre, como no podía ser de otra forma, con éste de Barnes.

Que, además, en realidad no es un solo ensayo, pues se divide en cinco capítulos en gran medida independientes entre sí. Es cierto que se encuentran unidos por una idea principal, que es la de reflejar los cambios de opinión que el autor ha experimentado a lo largo de su ya extensa vida sobre ciertos temas y así encontramos pequeñas disertaciones sobre: Los recuerdos, Las palabras, La política, Los libros y La edad y el tiempo. pero resulta que el leit-motiv citado tan sólo se refleja a medias y, en algunos capítulos, prácticamente en nada, centrándose más en las reflexiones generales de Barnes sobre el tema -interesantes, en todo caso- que en cómo han ido cambiando sus ideas o percepciones sobre el mismo. Es lo que ocurre en sus mini-ensayos sobre las palabras y la edad y el tiempo; sí que explica cómo veía él estos temas de joven y cómo los ve ahora, pero sobre todo se centra en conceptos más generales -la polisemia , cómo cambia el significado de determinadas palabras o la distinta percepción del tiempo para niños y adultos- que en su sentir personal. En el caso de los recuerdos, sobre todo se explaya en cómo éstos pueden resultar engañosos e incluso a veces tomamos prestados recuerdos ajenos y lo ilustra con una serie de anécdotas y, por lo que respecta a la política, su opinión es que él no ha cambiado de opinión y se ha mantenido firme en sus convicciones centristas, pero que el espectro político se ha movido tanto a la derecha que ahora él parece estar en esa posición (aunque al final explica una serie de convicciones firmes que dice tener sobre diversos temas, en los que no ha cambiado su opinión,  y yo diría que, de ser así, siempre ha sido, al menos, progresista, cuando no socialista, pero bueno, él sabrá...).

Más interesante para nosotros/as, creo (pues, después de todo, este blog se llama como se llama y se dedica a lo que se dedica) es el capítulo dedicado a los libros, en el que Barnes explica como, con el tiempo, han variado, más que sus gustos, sus apreciaciones sobre diversos escritores: algunos que admiraba en su juventud han perdido su interés porque ya no está dispuesto a aguantar su excesivo didactismo -en cómo vivir la vida, para ser concretos-, como es el caso de George Bernard Shaw y, hasta cierto punto, D. H. Lawrence. Algún otro, que apreciaba de joven e igualmente hoy en día pero no tenía por prestigioso. como Simenon, ha acabado por adquirir para él ese aura de los grandes, y no sólo como autor de entretenidas novelas policíacas. Por último, dedica varias páginas a explayarse sobre otro autor británico que siempre había detestado, E. M. Forster (ya sabéis, el de Pasaje a la India y Una habitación con vistas) pero que ha acabado por parecerle, en su madurez lectora,  un gran escritor, lleno de sutileza, ingenio y hasta audacia.

Supongo que todos/as tenemos una lista parecida y no sólo de escritores o libros, sino de opiniones que hemos ido cambiando con el transcurso de los años. Sin embargo, creo que poca gente podría explicarlo con la gracia, la sencillez y la elegancia con que lo hace Julian Barnes. Que sí, ya sé que son características de su obra, ya se trate de ensayos o ficción -o incluso la generalmente malhadada autoficción-, pero en las distancias cortas como las de los miniensayos que componen este libro, estas virtudes se hacen aún más evidentes , lo que es bastante de agradecer. De hecho, aunque en realidad el tono general es más el de un señor mayor que se dedica a expresar sus opiniones sobre éste o el otro tema, más que el de un ensayista que haya reflexionado arduamente sobre los mismo y haya estructurado sus conclusiones por medio de una dialéctica expresada a través de las conocidas tesis-antitesis-síntesis, tampoco es que se dedique a divagar o contar batallitas 8bueno, igual un poco) y, sobre todo, consigue que la lectura del librito no sólo sea placentera, sino que se haga en un plis-plas. de ahí, he de aclarar, que haya etiquetado esta reseña como Zoom, que solemos dedicar a las reseñas de relatos o textos más sucintos; si bien este ensayo de Julian Barnes tiene la misma extensión de los otros libros de esta colección de Nuevos Cuadernos de Anagrama, ya digo que se hace tan ameno y ligero que parece aún más breve. Lo cual, supongo, es una virtud deseable para todo escrito.

Más libros de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: El sentido de un final, La mesa limón, Nada que temer, El ruido del tiempo, Una historia del mundo en diez capítulos y medio, El hombre de la bata roja, El perfeccionista en la cocina, Inglaterra, Inglaterra, Arthur & George, La única historia, El loro de Flaubert

viernes, 17 de octubre de 2025

Desirée de Fez: Reina del grito

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: entre recomendable y está bien

Para quien no la conozca, Desirée de Fez es una crítica de cine especializada en los géneros fantástico y de terror, colaboradora de programas televisivos, miembro (¿al final se podía decir "miembra" o no?) del equipo del Festival de Sitges y conductora del recomendable podcast Marea Nocturna, además de, como queda hoy patente, escritora de libros sobre, como es fácil de adivinar, el cine fantástico y de terror. De eso mismo, de hecho, va este Reina del grito... o quizás no del todo. O no sólo, mejor dicho. Porque la clave de este ensayo la podemos encontrar en el subtítulo: Un viaje por los miedos femeninos. Un viaje, eso sí de la mano de, cómo no, el cine fantástico y, sobre todo, de terror. 

Porque, precisamente, lo que nos explica la autora, que se confiesa no ya asustadiza o timorata, sino directamente aterrada por las diferentes circunstancias que se encuentra y se ha ido encontrando por la vida, es cómo las películas de este género (aclaremos ya que no necesariamente se trata de películas que dan "mucho susto", sino, en general, películas que utilizan los diferentes elementos característicos y el lenguaje propio del género de terror para contarnos sus historias) le han ayudado de una u otra manera a identificar y enfrentarse con sus miedos e incluso, aunque parezca paradójico, a superarlos. Por citar solamente los ejemplos más obvios, la película Carrie le sirvió para asumir el paso de la infancia a la adolescencia (simbolizada en la primera regla, como es más que evidente); La posesión, la superación de una relación de pareja tóxica; Rosemary's Baby (me niego a repetir el título que se le dio en España a este film), los miedos inherentes al embarazo y El exorcista, el miedo a la posibilidad de fallar en su labor como madre... No son las únicas películas, que aparecen, claro, sino que muchas más son mencionadas y, en más de una ocasión, comentadas con cierta atención, a los largo de los diecinueve capítulos del libro. Desde clásicos setenteros como  La profecía o Halloween a títulos más recientes de lo que algunos llaman "terror elevado", como Babadook o Hereditary, pasando por The Conjuring, ¿Quién puede matar a un niño?, Amenaza en la sombra... en fin, que el libro puede ser una buena fuente para sacar una lista de títulos para quien quiera adentrarse en el género. pero no es, que quede claro, un ensayo cinematográfico sobre el mismo; que no busque nadie aquí un análisis de los subgéneros -aunque de alguno que otro sí se habla-, los directores/as -ídem-, interpretaciones -lo mismo-, recursos escénicos, técnicos y narrativos, y demás pormenores que se suelen detallar en los ensayos sobre cine. Anécdotas, que también es algo que aparece con frecuencia en esta clase de libros, sí que hay, a montones, de hecho. pero no son anécdotas referentes a rodajes, promociones de pelis, etc. -de festivales sí que hay alguna que otra-, sino que en su gran mayoría se refieren a la vida privada y laboral de la autora, a sus recuerdos de infancia y juventud, y a sus dificultades para desenvolverse con soltura en los entornos en los que ha ido transcurriendo su vida. Dificultades por cierto, que, en su aspecto profesional, se refieren principalmente al hecho de haber sido, hasta hace poco, una de las pocas mujeres y joven, por añadidura, que desempeñaba su labor en un entorno muy masculinizado... 

Así que sí: este libro se trata, más que de un ensayo sobre un tipo particular de cine, de una suerte de memorias de la autora, concretadas a través de esos dos vectores, sus miedos particulares (o generales, pues muchos de ellos seguramente sean compartidos por buena parte de sus congéneres) y las pelis de terror. Es decir, una piedra más en el muro de literatura autorreferencial o "literatura del yo" que se ha ido erigiendo (y cerrando) alrededor de los indefensos lectores/as a lo largo de este siglo XXI. Como, personalmente, odio casi toda turra ególatra que nos viene emparedando ya digo, en lo que va de siglo,  lo lógico, habrá quien piense, hubiera sido abandonar este Reina del grito en cuanto me olí la tostada o, en último caso, haberlo puesto a caer de un burro en esta reseña, lo que tampoco estoy haciendo (dejadme acabar); hay, sin embargo, ciertas particularidades del libro que han propiciado que mi parecer vaya por otros derroteros, más favorables. A saber: 

  • Que, si bien se trata de un ensayo que podemos considerar memorialístico, no es, en ningún caso, un libro de la llamada (y malhadada) autoficción; es cierto que en él la autora habla continuamente de si misma, de sus miedos y las circunstancias, reales o imaginadas, que los provocan, pero creo yo que cualquiera que escribe autoficción lo hace para poder mixtificarse a sí mismo/a y presentarse ante el mundo como más cool de lo que es realidad, ya sea embelleciendo o encanallando su vida, mientras que también estoy seguro de que Desirée de Fez es, en la realidad, más guay de lo que aparece en este libro.
  • Esta falta (sospecho que intencionada) de "guayotismo" se compensa con el sentido del humor, autoparódico, incluso, que muestra la autora en muchas partes del ensayo y que hacen que se la mire con inevitable simpatía. El devenir autobiográfico del libro, que refleja vivencias desde que la escritora y crítica era una niña hasta ser una profesional de prestigio y madre de familia, de la infancia a la mediana edad, pasando por todo el resto de etapas -adolescencia, juventud, primera madurez- está muy bien hilado a través del recurso a las diferentes películas y se lee con suficiente agrado, siendo un poco reiterativo, tal vez, pero no redicho.
  • Por último, aunque quizás debería ser el primer punto, el tema del libro me resulta muy interesante; cómo, ante la gran variedad de miedos que podemos sentir los seres humanos en la actualidad (es decir, más allá de morirse de hambre o en un bombardeo israelí. O ahogarse al cruzar el Mediterráneo en una patera, que esos son miedos mucho más reales y acuciantes) y, en especial, los miedos más atávicos que han agobiado siempre a las mujeres, me temo, el cine de terror, en este caso, sirva no ya de representación de los mismos, sino incluso como catarsis y, en cierto modo, remedio contra esos miedos, a modo de medicina homeopática, si se quiere (que ya sé que es un timo, pero esto es sólo una metáfora) o de terapia de choque. Pero el caso es que puede funcionar...
En fin, no me extiendo más; repito que me parece un libro sugerente, aunque también creo necesario advertir de que no se trata de un ensayo sobre cine al uso. Por eso, a pesar del cierto pudor que siempre me produce enterarme de detalles de la vida privada, los pensamientos, obsesiones y paranoias de quienes escriben, algo que resulta inevitable en el género memorialístico al que me he referido y que ha invadido las estanterías de librerías y bibliotecas, no dudo en recomendarlo a quienes estén interesados, como yo, en el tema. Y no dudéis, sobre todo, en ver las películas de las que habla su autora en él; yo no las he visto todas (en ello estoy) pero sí unas cuantas y son todas excelentes. Después de todo, ¿quién dijo miedo?

viernes, 15 de agosto de 2025

Javier Puga Llopis: Arabia feliz

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Decepcionante


Ahora mismo es posible que un porcentaje de ciudadanos mayor del habitual sea capaz de situar Yemen en el mapa, gracias a que desde allí se han lanzado algunos ataques a buques que navegan por el estrecho de Bab el-Mandeb y se disparan misiles que viajan dos mil kilómetros al norte. Porque por lo demás es un país prácticamente desconocido fuera del mundo árabe, un territorio en el que apenas se adentran un puñado muy pequeño de viajeros alérgicos al turismo convencional. Por lo que cuenta este libro, los romanos lo llamaban Arabia felix, y esa lírica (y quién sabe si descriptiva) denominación es la que sirve de título.

Javier Puga Llopis es un diplomático que con treinta años es destinado a la embajada española en aquel país, y ofrece un relato de la experiencia: interesante, un joven más o menos inexperto enviado a un lugar exótico, además en los tiempos turbulentos de las Primaveras árabes. Sobre la convulsión política de aquel periodo (recordemos, Túnez, Libia, Egipto, después Siria) se extiende bastante el autor, así como sobre cuestiones colaterales y de carácter más personal, de manera que el libro no tiene un desarrollo cronológico claro ni parece pretender un análisis muy definido o sistemático del país, sus gentes, sus paisajes, su realidad social. Digamos que es un híbrido que coge pie en la situación y a partir de ahí vuela libre. Bien, si eso fuese todo estaríamos hablando de un libro discreto, que sin suscitar entusiasmo no deja de tener un cierto interés. Pero hay otros problemas.

Por lo visto nadie le ha dicho a Javier Puga que en un libro los adornos, del tipo que sean, tienen que ser muy medidos y, en caso de duda, es mejor prescindir de ellos que sobrecargar el texto con cultismos, ironías sutiles, citas, metáforas y, sobre todo, extranjerismos. Que ya suponemos que los funcionarios del Servicio Exterior del Estado manejarán con soltura unos cuantos idiomas, pero tampoco es necesario colocar en cada página varias palabras en francés (ya, el idioma de la diplomacia), inglés y, dado el contexto, por supuesto árabe. Y por qué no, unos cuantos latinajos aquí y allá que aportan mucha aura. Ni tampoco es aconsejable, me parece a mí, abusar de lirismo o buscar a cada palabra su sinónimo elegante y a cada frase su versión ingeniosa (rebuscada) para deslumbrar no se sabe a quién. 

Si todo esto se presenta en un libro que no es de ficción, la cosa empeora aún más, y esa prosa sobresaturada de tropos y exhibiciones de erudición se convierte en algo pretencioso y pedante que no necesita de muchas páginas para empachar al lector. Lamentablemente es lo que ocurre con Arabia feliz porque, aun admitiendo que sea un libro que quiere desbordar los corsés de género literario (ensayo-libro de viajes-autobiografía), la licencia que entiendo se le puede conceder al autor para manejar los recursos no puede ser ilimitada, y en este caso desborda por completo lo admisible, incluso lo soportable. 

lunes, 21 de julio de 2025

Colaboración: Vinagre, de Jorge Matías

Idioma original: español

Año de publicación: 2023

Valoración: Muy necesaria

                                                   

Aunque en otros países es más común (si bien no lo suficiente todavía) lo que se conoce como working class literature/literatura obrera, en España como siempre, y en contradicción fragante con el nombre del Partido que nos gobierna, seguimos a la cola. Esta novela autobiográfica sobre el alcoholismo, más que recomendable, es muy NECESARIA, tal y como puse en la valoración; entre otras razones porque como bien dice en la página 115 su autor madrileño perteneciente a una generación que a alguien se le ocurrió un buen día llamar de manera muy, muy ingenua nocilla:

…No hay historias escritas por alcohólicos de clase obrera españoles…

Tristemente, esto es cierto. Lo que sí hay y abundan a mares, son o novelas autobiográficas sobre esta adicción, pero de clases sociales medias y altas/muy altas, intelectuales, académicas… o novelas no autobiográficas pero que vienen a ser más de lo mismo. Es decir, resulta impactante que en pleno siglo XXI, se siga creyendo que las obreras y obreros no leen, o no escriben, o no tienen nada interesante para decir. Y más grave todavía es que las Editoriales a las que no me cabe la menor duda de que les van llegando escritos de este tipo, simplemente no las publiquen, debido a ese clasismo endogámico, sectario y oscurantista que siempre, siempre aprovecho para denunciar, porque aquí es plaga. Cada vez con más descaro, si no tienes un doctorado o has ganado cinco premios, no te publican. Pero VINAGRE también es muy necesaria por otros motivos: sin caer en ningún momento en la típica autoayuda o más típica aún superación, consigue que reflexiones y que empatices con el dolor en torno al alcohol y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo. El ritmo de lectura es tan fluido que pasa a ser fílmico, y la identificación con el personaje/autor, instantánea. Logra también que te sientas como él, aunque no seas hombre como él, ni jevi (así lo escribe) como él, ni obrero del metal como él. Cuando cierras el libro en la última página, te invade ese vacío repentino de final de lectura tan poco frecuente y te dices: qué pena. Pues el autor termina siendo tu amigo.

Es como si hubiera abierto un cultivo para más escritura del estilo por un lado. Y por el otro y de manera inevitable, nos llene de culpa a las que si bien no somos de clase obrera como tal, por el esfuerzo infinito de (m)padres que murieron antes de tiempo para que pudiéramos acceder a la Universidad, llevamos ese escudo interior; pertenezcamos o no a la categoría siguiente: precariado. Algunas con orgullo llevamos ese escudo aunque carguemos a cuestas ese sufrimiento ancestral, como es mi caso. Pero otros no tanto, o no nada, mejor dicho. Porque sigue llenando de vergüenza el trabajo a destajo, sudoroso, manual, de fábrica. Y que Jorge Matías se atreva con una honestidad inmensa, en muchas ocasiones tragicómica, a desplumar el mito del obrero analfabeto y muchos otros transversales y SAGRADOS como que el alcohol es una droga blanda, constituye un giro totalmente radical de actuación en el género. El autor dedica prácticamente todo el libro, con saltos temporales mediante, a diseccionar hasta qué punto esta droga nos fractura y extraña de las personas que nos rodean, y de nosotras mismas. A ratos, es casi una novela de terror, porque lo hace llegando al fondo fondísimo, ese fondo que todo el mundo quiere evitar, en sintonía con la sustancia de la que habla, la que provoca más daños en España y continúa estando bien vista. 

Recuerdo haber leído hace tiempo La hija de la mujer de la limpieza de James Stephens, un regalo espontáneo de la maquetadora o quizás editora de Ediciones del Viento porque no quisieron publicarme, (y se ve que le di lástima). Ya va siendo hora de leer a la misma mujer de la limpieza. Sin hombre que hable por ella. Incluso sin hija. 

Firmado: Rosanna Moreda

viernes, 25 de abril de 2025

Gloria Anzaldúa: Borderlands / La frontera: La nueva mestiza

Idioma original: Inglés(?)
Título original: Borderlands / La Frontera: The new Mestiza
Traducción: Carmen Valle
Año de publicación: 1987
Valoración: Bastante recomendable

Texto fundacional del feminismo chicano, híbrido lingüístico y estilístico, collage con un núcleo central... Varias son las posibles definiciones de un texto que trasciende las fronteras "formales" (geográficas, lingüísticas, de género (literario y no literario), etc) para situarse en la frontera, entendida como un estado constante de transición.

Fronteras formales, insisto, que saltan por los aires en lo lingüístico, ya que "Borderlands" es fiel reflejo de una topografía en la que se combinan sin pudor inglés, español, nahuatl, pachuco..., y en lo genérico, ya que siendo en parte ensayo, texto antropológico, poemario, autobiografía, no es nada de eso y lo es todo a la vez. A pesar de esta mezcolanza, podemos dividir el texto en dos partes bien diferenciadas. 

En la primera de ellas, "Atravesando fronteras / Crossing borders", prevalece el aspecto ensayístico y antropológico, aunque siempre con una fuerte carga autobiográfica. Así, comienza un recorrido histórico por los territorios en los que transcurrió la infancia y adolescencia de Anzaldúa (la parte sur del Estado de Texas), en el que la autora da cuenta de las sucesivas conquistas y usurpaciones políticas, económicas y culturales que, con el correr del tiempo, llevaron a la formación de una cultura chicana. Posteriormente, Anzaldúa analiza las diferentes formas de discriminación que la cultura chicana y, en especial, la mujer y la gente "diferente" ha sufrido / sufre, ya sea por razón de raza, clase, género u orientación sexual. Ojo que aquí no estamos ante una crítica exclusiva de la dominación "blanca", sino que más bien se trata de un ajuste de cuentas contra la tiranía cultural provenga de donde provenga. Finalmente, se narra el proceso de formación de la conciencia mestiza y feminista de la propia autora a partir del desgarramiento entre dos opciones (la anglo y la azteco-mexicana) y el ejercicio de la misma como "actuación" más que como "reacción" a partir de la escritura y el arte.  

La segunda parte, "Un agitado viento / Ehecatl, el viento", es un conjunto de poemas / microrrelatos (¡qué difusa me resulta esa frontera!) que vendrían a ser ejemplos (auto)ficcionalizados de lo expresado en la primera parte del libro. Textos autobiográficos ambientados en la infancia y juventud de la autora en los que se repasa el papel de la mujer chicana en la familia, en la comunidad o en el mundo laboral, historias diversas de violencia, discriminación y explotación, la propia toma de conciencia y emancipación sexual, el amor, la muerte... Textos duros y accesibles, aunque quizá algo irregulares en su conjunto.

Acompaña a esta edición de "Borderlands" una más que reveladora entrevista con Anzaldúa en la que desgrana algunas de las claves de un texto esencial para acercarnos a la realidad de la "minoría mayoritaria" de los Estados Unidos de América y de otras "minorías" (o quizá no tanto) dentro de esa "minoría mayoritaria". Todo ello, además, de una forma rompedora y original, pero perfectamente comprensible para un lector con un mínimo de interés por el tema.

lunes, 3 de febrero de 2025

Marta Marín-Dòmine: Huir fue lo más bello que tuvimos

Idioma original: catalán
Título original: Fugir és el més bell que teníem
Traducción: traducción al castellano de la propia autora para Galaxia Gutenberg
Año de publicación: 2019
Valoración: muy recomendable


Como todo buen amante a la lectura sabrá (y habrá experimentado en repetidas ocasiones), a veces ocurre que hay libros que apetece leer y que uno tiene en sus estanterías pero que, por razones desconocidas, no encuentran el momento de ser leídos. En ese misterioso agujero negro en el que se encuentran los libros olvidados, a veces hay joyas que tienen que esperar a la existencia de cierta sequía de opciones para que uno se decida a cogerlos. Y en muchas ocasiones hacerlo es un acierto y la decisión vale la pena. Este libro es un claro ejemplo de ello.

El relato autobiográfico de Marta Marín-Dòmine empieza con una definición sobre el verbo errar, su origen y el uso.  Porque errar vienen de errare, de desviarse de un camino, de ir de un lado a otro sin rumbo y, esa definición etimológica mis recuerdos, también errantes, me lleva a “Los errantes” de Tokarczuk, más aún cuando indica que el errante, “abierto a los cambios, decantado por la elección del movimiento, cuando llega a los lugares no los posee, sino que los habita” aunque, en consecuencia, “quien erra a veces olvida, pero el errante, en cambio, siempre es olvidado. El olvido es el precio de su libertad”. Con esta premisa, el libro trata del exilio, de sus recuerdos y memorias, y se centra especialmente en el exilio de su padre quien, tras la guerra civil y junto con miles de personas, cruzó la frontera terminando en el campo de internamiento de Argelès marcando así la vida de su familia en constante errancia, en intermitentes exilios.

El estilo de la autora es muy elegante, con un lenguaje trabajado en el que se nota el cuidado en la elección de las palabras y en la soltura de la narración. El texto fluye con sonoridad armónica, con la musicalidad de quien ama las palabras y de quien encuentra en ellas la calidez de una nostalgia repleta de recuerdos y carencias. Unas carencias que también sufrió su padre, a caballo entre su Barcelona natal y Francia, con ausencias y faltas en ambos lados y especialmente dolorosa la de su tierra natal, pues «en Barcelona erraste siempre, tú y tantas otras personas que no tenían (…) los recursos de una burguesía colaboradora con el franquismo». Un padre proveniente de una familia ya errante pues el abuelo por parte paterna también huyó a Francia el 1928 debido a que «la Patronal amenazaba los obreros que, como él, estaban profundamente implicados en las luchas sindicales anarquistas», dejando el resto de la familia en Barcelona. Los exilios, que rompen familias y vacían recuerdos. 

De esta manera, la autora explica la historia de su padre (a través de las memorias que escribió a los setenta años) desde que era niño hasta ya adulto y lo enlaza con su visión de esos sucesos siendo niña, reconstruyendo a partir de la historia el paisaje de su vida marcada por tener que abandonar su tierra y con ella parte de sus recuerdos. De igual manera, la autora traza un paralelismo entre el exilio de su padre a Béziers y el suyo en Toronto, con recuerdos heredados y encontrando el confort en la literatura en «unos libros que confirmaban aquello que ya había quedado en la piel, que daban un estatuto de verdad al deseo. Aquella pequeña cartografía visual que arrancaba en una buhardilla y que tenía que llegar a un estudio de Toronto». Ya en 2011 se traslada a Francia, «el país de mi familia, el de las vacaciones de mi infancia», enlazando así su vida con la de su familia, una vida marcada por la guerra en todos ellos, así como también en la propia autora, víctima de las guerras que han azotado y desterrado a su familia y que ya desde pequeña confirman el paisaje de la vida de su familia, porque los oye hablar de ellas, de una guerra que «debe ser terrible (…) porque cuando los adultos la explican los siente vulnerables». También, hablando de la memoria, la autora hila fino y precisa su lenguaje al afirmar con acierto que «me parece que nadie ha filmado aún los espacios vacíos de la Europa de 1945. Ni la manera como se ha tapado, como quien rellena un animal muerto, lo que fue destruido. Es muy probable que esta sea la razón por la cual, en Europa, cuando nos referimos al pasado de los campos de exterminio y de la guerra, hablamos del horror, y muy raramente de vértigo. El horror nos hace desviar la mirada; solo quien osa mirar siente vértigo del pasado».

Combinando reflexiones con menciones puntuales a otros autores como Jünger, Freud, Benjamin o Roland, la autora nos habla de la guerra y de sus causas, sus defensores y aquello que supone en un libro que desborda nostalgia en cada una de sus páginas, una nostalgia que viene de la transmisión de la memoria, de los recuerdos narrados por un padre y que despiertan y asoman al desplazarse la narradora a las tierras que albergaron su infancia afirmando que «contemplo este paisaje que se dibuja a medida que avanza el autocar y lo pinto con el velo transparente y anacrónico de unos recuerdos que me has dejado en herencia (…) te recuerdo sentado en la cocina, o en la mesa del comedor, mientras me contabas tus veranos aquí, y ahora tus palabras se sobreponen al paisaje presente». Una mirada reflejo de una vida que pasa ante sus ojos y se detiene, de manera permanente, en cada uno de esos momentos.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Antonio Tabucchi . Autobiografías ajenas


Idioma original: italiano
Título original: Poetiche a posteriori
Traducción: Carlos Gumpert .
Año de publicación: 2006
Valoración: imprescindible para completistas, muy recomendable en general

Parece ser que llego tarde a la obra de Tabucchi, y no sé si tendré tiempo de enmendarlo o corregirlo, pues leyendo este Autobiografías ajenas reconozco sentirme tentado - si dispusiera de tiempo - por ponerme al día o incluso reseñar alguna de sus novelas (obviamente un blog como este ya ha reseñado Sostiene Pereira) pero voy a centrarme en lo que he encontrado aquí. 

Que es un escritor de alto nivel, con algún regusto a esa Europa multilingüe y ligeramente decadente que, especulo, comparte con algún otro como Vila-Matas o Sebald. En tono despectivo se les suele denominar escritores para escritores pero yo no me aventuraría con un concepto tan equívoco. Lo que tenemos en esta colección de textos es como un complemento que seguro que sus lectores habituales no han ignorado. Al leerlo sin haber leído sus novelas me suena como si hubiera compuesto un texto con los prólogos o epílogos o incluso con algunas notas a pie o descartes de ellas. 

Lo curioso es que, debido a su extensión siempre ajustada y a la pericia del escritor, acaba funcionando como una obra separada sin dejar de cumplir la función de excitar la curiosidad, como suelen desprender obras de este tipo. Seduciendo en el espacio corto, en tramos en que parece un diario de experiencias personales paralelas al proceso creativo, o tomando una perspectiva más amplia, donde se aventura en ejercicios que demuestran a las claras que muchos grandes escritores son enormes lectores. Las referencias aquí no se limitan solo a las frases introductorias de los capítulos o al extenso índice de autores mencionados - desde la A de Apollonaire a la Y de Yourcenar, sino que se integran a la perfección en el texto y juguetean con él, con lo cual todos esas hipérboles sobre su obra parecen tomar completo sentido. Así que, por una vez, aceptaré con sumo agrado sugerencias sobre su obra. 



jueves, 4 de abril de 2024

James Baldwin: La próxima vez el fuego

Idioma original: inglés
Título original: The Fire Next Time
Traducción: Paula Zumalacárregui para Capitán Swing
Año de publicación: 1963
Valoración: muy recomendable


Me produce cierto sonrojo observar, que tras más de cinco mil libros reseñados a lo largo de la vida de ULAD, siguen faltando autores que, ya sea por su obra o por su pensamiento, son personajes clave en la historia de la literatura. Y, a pesar de que James Baldwin ha aparecido citado en alguna reseña mía y reseñé un libro de relatos de varios autores que, justamente por su título «Esta vez el fuego», le hace un claro homenaje, nos faltaba un libro suyo. Y qué mejor ocasión para hacerlo que en 2024, año en el que se celebra el centenario de su nacimiento.

A modo de introducción, cabe decir que James Baldwin es una figura crucial en la historia de la literatura, el pensamiento y el activismo en los Estados Unidos durante el siglo pasado pues centró su obra especialmente sobre temas de gran importancia social como los derechos civiles, la homosexualidad, la religión y el racismo. En una vida a caballo entre Estados Unidos y Francia, el autor se volcó en la búsqueda de su identidad y en defensa de los derechos civiles, una defensa que le permitió relacionarse con figuras como Malcolm X y Martin Luther King. 

Considerado una obra de referencia en aspectos raciales y de derechos civiles, el libro que nos ocupa contiene dos breves ensayos en los que aborda de manera clara aspectos como el racismo, la religión y la identidad. En el primero de ellos, «Tembló mi celda» (ensayo muy breve con poco menos de diez páginas) consta de una carta que el autor escribe a su sobrino para prepararle sobre lo que se encontrará en la vida (de manera similar a la carta que Ta-Nehisi Coates escribe a su hijo en «Entre el mundo y yo») y a quien pone sobre aviso al indicarle que «lo único que puede destruirte es que creas a pies juntillas los insultos racistas de los blancos». Así, Baldwin habla a su sobrino sobre las personas aparentemente inocentes y bienintencionadas advirtiéndole que «te escribo esta carta para intentar aconsejarte sobre cómo tratar con ellos» y le recuerda así mismo que cuando nació lo hizo «para que te amáramos, criatura, con locura, de una vez y para siempre, para curtirte en un mundo sin amor» porque «gracias al amor, hagamos que nuestros hermanos se vean tal y como son, dejen de huir de la realidad y empiecen a cambiarla. Pues este es tu hogar, amigo mío, no dejes que te destierren; grandes hombres han hecho aquí grandes obras y volverán a hacerlas: podemos hacer de los Estados Unidos el país que está llamado a ser». Así, en este primer ensayo, el autor narra la dificultad de ser negro en un mundo dominado por blancos, pero insta a su vez a defender la negritud, apelando al orgullo de una etnia que se sabe necesaria para devolver al país a lo que de él se espera.

En el segundo relato, «A los pies de la cruz», el autor toma consciencia en sus inicios de la adolescencia de su situación social, de los peligros que acechan a los chicos de su edad, raza y clase; unos peligros que evidencia al afirmar que «durante el año en que cumplí catorce años, sentí, por primera vez en mi vida, miedo: miedo tanto del mal que había dentro de mi como del que había fuera (…) las prostitutas, los chulos y los mafiosos de la Avenida se habían erigido en una amenaza personal. Nunca se me había ocurrido que yo pudiera terminar como ellos, pero en aquel momento me di cuenta de que éramos fruto de las mismas circunstancias». Baldwin, consciente del lugar que el mundo blanco quería destinar a los negros expone, de manera clara, que «el miedo que detecté en la voz de mi padre cuando se dio cuenta de que de verdad me creía capaz de hacer lo mismo que un niño blanco y tenía toda la intención de demostrarlo (…) era otro miedo: el miedo de que el niño, al desafiar las presunciones del mundo blanco, estuviera exponiéndose a la destrucción». Así, con la clara influencia de su padre predicador baptista empieza a interesarse por la religión, como refugio y como guía, una práctica común entre los miembros de su comunidad y que le conmueven y asombran hasta el punto de afirmar que «nunca he visto nada que iguale el fuego y la emoción que a veces, sin previo aviso, llenan la iglesia y la hacen ‘estremecerse’» pero expone  a su vez su desconfianza hacia las religiones afirmando que, al leer los evangelios, «recuerdo la vaga sensación de que el mensaje encerraba una especie de chantaje. La gente, pensaba yo, tendría que amar al Señor porque sí, no por miedo a ir al infierno». De esta manera, en este segundo relato más orientado a la religión, el autor habla sobre el poder y la intención del cristianismo cuando este llegó a África y asevera sin tapujos que «la difusión del Evangelio —con independencia de las motivaciones, la integridad y el heroísmo de algunos misioneros— era una justificación absolutamente indispensable para clavar la bandera». Así, constata y defiende de manera taxativa que «no es exagerado decir que cualquier ser humano que ansíe alcanzar una cierta estatura moral (…) Debe desvincularse primero de todas las prohibiciones, crímenes e hipocresías De la Iglesia cristiana. Si el concepto De Dios tiene alguna validez o utilidad, solo pueden ser la de hacernos más grandes, libres y amorosos. Si Dios no es capaz de conseguir eso, ya es hora de que nos deshagamos de él».

Gran defensor de la integración social, James Baldwin expone que «construir una nación ha resultado ser una tarea complicadísima: desde luego, no es necesario formar dos, una negra y una blanca» y es necesaria la colaboración de todos y su empeño porque, tal y como indica, «a una civilización no la destruyen personas malvadas; no es necesaria la maldad: basta con que les falte carácter». Un carácter que sin duda él poseía y que le permitió defender con orgullo sus ideas y sus principios, unos valores personales que hacen que llegue a afirmar, con convicción inquebrantable, que «tenemos una responsabilidad hacia la vida: es el pequeño faro de esa aterradora oscuridad de la que venimos y a la que terminaremos regresando. Debemos negociar ese pasaje con la mayor nobleza posible, por el bien de aquellos que nos sucederán». Y la verdad es que, como lema vital, me parece irrefutable.

viernes, 26 de enero de 2024

Sabrina Imbler: Hasta dónde llega la luz: Una vida en diez criaturas marinas

Idioma original: Inglés
Título original: How far the light reaches: a life in ten sea creatures
Año de publicación: 2022
Traducción: Sandra Caula
Valoración: Está muy bien

No voy a decir que me sorprende la poca atención que ha tenido este libro en prensa. Al fin y al cabo, es "normal" que, entre tanta novedad, haya libros que pasen más o menos desapercibidos. Lo que sí voy a decir es que esa indiferencia con la que Hasta dónde llega la luz ha sido recibido me parece de lo más injusta. Porque este es un libro relativamente "fácil" de leer y que conjuga lo ameno / didáctico con lo profundo con bastante acierto. 

¿Cómo lo hace? Pues mezclando en los textos que componen este ¿ensayo? ciencia y autobiografía de forma muy original. Para ello, se sirve de animales de los fondos (o no tan fondos) marinos, de sus comportamientos, reacciones, formas de relación con el entorno o simples noticias o reportajes que aparecen sobre ellos y los utiliza como nexo de unión, a través de asociaciones y metáforas más o menos claras, con su historia personal.

Sirvan tres ejemplos:
  • El esturión chino, especie de fósil prehistórico al que el progreso sitúa en entornos cada vez más complicados, es la premisa para hablar de pasos abiertos que ahora son muros o de la abuela de Imbler y la memoria.
  • El gusano de arrecife, un bicho que puede llegar a medir tres 3 metros y que solo sale para cazar, es el punto de partida para hablar de diferentes formas de depredación, de mecanismos de ataque y defensa, del poder de lo grupal o de la violencia sexual.
  • La sepia o la medusa, animales en permanente "regeneración" o "reencarnación" son el origen de textos sobre el propio cuerpo, sobre la capacidad adaptativa del ser humano o sobre los disfraces que uno adopta ante lo diferente y/o ante sus semejantes.
Estos tres ejemplos que he escogido no son casuales. Imbler es mujer, queer y medio china. ¿Etiquetas? Bueno, decidlo como queráis, pero son clave para entender un texto que habla sobre la propia identidad y su permanente evolución.
Mi experiencia como persona mestiza no es fija, sino que siempre oscila entre el chino y el blanco, la nostalgia y la irritación, el orgullo y la culpa. (...) Quiero pensar en mi ser mestizo no como un sustantivo, sino como un gerundio. Quiero imaginarme como un vivir en progresión.

Por lo tanto, ciencia y mestizaje en un híbrido (y no nos vamos a poner a hablar ahora de taxonomías) que sería algo así como Benjamín Labatut pasado por el filtro de Gloria Anzaldúa y su Borderlands: ciencia que otorga al texto un lado didáctico y ameno, pero también poético (esa imagen del pulpo que muere tras la eclosión de sus crías o la de las ballenas varadas); mestizaje que da una profunda carga personal al texto.

Lo dicho: un texto más que interesante, tanto por enfoque como por el tratamiento de lo "puramente" literario, al que tendría que haberse dado más "bola" en los medios. Aún estamos a tiempo

viernes, 15 de septiembre de 2023

Sylvia Molloy: Vivir entre lenguas

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable


Me adentro en la lectura de este libro de esta autora argentina con ciertas dudas, pues la lectura de «Varia imaginación» me dejó algo frío debido a su estructura inconexa y en ocasiones excesivamente breve. Pero me alegro de haberle dado una segunda oportunidad a la autora, pues en esta ocasión sí he disfrutado del libro, un libro muy breve que (aquí sí) se centra únicamente en un tema, el plurilingüismo, pero desde una visión íntima de quién lo ejerce y, por tanto, una lectura personal y no académica o ensayista.

Así, en este conjunto de reflexiones, la autora nos habla de la lengua, de las lenguas, de su diversidad. Siendo ella trilingüe nos relata que «la adquisición de los tres idiomas no ocurrió simultáneamente sino de manera escalonada y cada idioma paso a ocupar distintivos espacios y a teñirse de actividades diversas, pero encontradas» y es por ello que asevera que «cada idioma tiene su territorio, su hora, su jerarquía» y, precisamente por ello, afirma con cierto pesar que «a pesar de que tiene dos lenguas, el bilingüe habla como si siempre le faltara algo, en permanente estado de necesidad» y es algo que constata en sus trabajos de traducción y lo ejemplifica citando a George Steiner quien, al hablar de la traducción,  afirma que «el viaje de Ida y vuelta puede dejar al traductor en la intemperie (…) no se encuentra del todo cómodo, ni en el idioma propio ni en el idioma o los idiomas que domina». 

De esta manera, en esta obra de marcado tono autobiográfico, la autora nos narra experiencias en las que la interferencia lingüística se hace presente y su dificultad para mantener su independencia, pues cohabitan de manera inevitable e inseparable dentro de cada uno y expone así mismo casos en los que la diversidad lingüística altera nuestra manera de relacionarnos y lo ejemplifica al exponer un hecho interesante a raíz de un estudio realizado en el que se vio que cuando una persona se dirige a otra en una lengua extranjera le era más fácil hacerlo si la persona a la que se dirige presenta «rasgos étnicos» de la lengua que está hablando; así que un chino hablará mejor en inglés con un estadounidense que con otro chino. Y con ello, llega da una conclusión: «para sentirse cómodo, incluso locuaz, en otro idioma se necesita la inmersión total en lo extranjero y el olvido». 

Como probablemente a muchos de los reseñistas nos ocurre, la autora confiesa su dificultad en empezar un escrito, pues afirma que «cuando me dispongo a escribir algo nuevo siempre me cuesta empezar, como si no encontrara el lugar donde asentarme. Recurro, la mayoría de las veces, a un truco (…) me imagino en el otro idioma, el que no voy a usar para el texto que estoy por comenzar, y así me largo a escribir, provisionariamente (…) al rato me detengo y traduzco lo que he escrito al idioma en el que pienso escribir el resto del texto, texto que me resulta ya menos difícil ahora que el otro idioma le abrió camino». 

Por todo lo expuesto, es un libro interesante pues nos hace reflexionar sobre nuestra identidad y la relación con la lengua que utilizamos y, en algún punto, me lleva a «La analfabeta» de Kristof, donde la autora abandonó su lengua materna en el momento en el que empezó a escribir, dejando sus orígenes en el trasfondo de un texto que mostraba una cara en un idioma antes extranjero. De manera similar, Molloy busca entre lenguas su identidad, porque esta la construimos también en base a una cultura formada en gran parte por la lengua con la que hablamos. Y, cuando todas interfieren en un grado similar, podemos llegar a cuestionarnos, no ya únicamente cuál de ellas es la predominantes sino también aquello que nos conforma; eso es algo que hace la autora y nos traslada al preguntarse: «después de todo, ¿en qué lengua soy?» 

También de Sylvia Molloy en ULAD: Desarticulaciones, Varia imaginación

sábado, 29 de julio de 2023

Jordi Graupera: La perplexitat

Idioma original: catalán
Título original: La perplexitat
Traducción: sin traducción al castellano hasta la fecha
Año de publicación: 2023
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Le tenía muchas ganas a este ensayo de Jordi Graupera, alguien a quien considero una de las mentes más lúcidas del panorama periodístico y filosófico catalán y a quien sigo en tertulias y artículos en periódicos desde hace años por su habilidad en hilvanar un discurso argumentado y razonado con claridad expositiva. 

En este ensayo, el autor teje un arco temporal que centra especialmente entre las elecciones estadounidenses de 2008 que le dieron la presidencia de los Estados unidos de América y las elecciones de 2016 en las que tomó el relevo Donald Trump, una etapa en la que el autor vivió en Nueva York y en la que vivió de primera mano la transformación de un país.
 
El autor empieza el libro con toda una declaración de intenciones que envuelve en el ambiente de esperanza y júbilo propio de quién se encontraba en Times Square en el momento en el que Obama se proclamaba el primer presidente negro de los Estados Unidos de América. Un momento especial, del que se envuelve y se embriaga de un modo intenso propio de quién es consciente de estar viviendo una situación histórica y que narra afirmando que «cuando volví a casa, en Harlem, todo el barrio era una fiesta (…) mi pie no me permitía ir arriba y abajo por el barrio, meter la nariz en todos los sitios, bailar hasta el amanecer. Esto era lo que quería, quería ser esa borrachera» porque «era imposible no pensar que la historia, el mundo, avanzaba hacia un lugar mejor. Que “el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia” como había dicho un millar de veces el recién elegido presidente Obama». 

De esta manera empieza el relato, situando como inicio y fin la era Obama, pero en el que el autor intercala su día a día en la ciudad de los rascacielos con episodios de su pasado que parten de su propia infancia. El libro tiene un marcado tono confesional y revisionista que el autor no elude al explicar que «a veces vivimos en una vida que es medio cierta (…) hay un instante en el que el subconsciente se te abre y te deja ver con claridad aquello que te escondes a ti mismo» y traslada su relato su época de adolescencia, marcada por una inteligencia que pretendía disimular de cara al exterior de igual manera que su madre ocultaba su precariedad económica que sufría interiormente; una madre que sufrió un cáncer siendo él aún joven y se confiesa al hablarnos del duelo, de su duelo, y de cómo puede llegar a ser adictivo el dolor pues te empuja a buscar y tratar de encontrar siempre refugio y calidez en la cercanía de los demás. 

El autor nos narra también su perpetuo sentimiento de síndrome del impostor al percibir su talento como muy inferior al que ven los demás; un síndrome del que intenta una y otra vez escapar a través de trabajo y dedicación porque «la única fe que me sostenía era tratar de leer todo lo que mi actitud hacia presuponer que ya había leído». Así, su recorrido intelectual, tal y como insinúa en repetidas ocasiones, es una carrera sin fin para llegar a saber aquello que los demás creen que sabe, pretendiendo alcanzar las expectativas que otros ponían sobre él (aunque en base a lo que él mismo transmitía). Un síndrome del impostor con el que topa una y otra vez, también en Nueva York como profesor, pues «tenía la sensación de que me habían contratado por un malentendido» confesando que «como siempre pensaba que las expectativas que yo había proyectado en la entrevista eran imposibles de cumplir».

De este modo, el ensayo autobiográfico alterna dos subrelatos no siempre vinculados: su propia evolución personal y sus vivencias, con el análisis político e histórico de su país de acogida. Y, referente a esta última parte, dedica extensos episodios a la política estadounidense hablando de Obama y su biografía y autobiografía, de la que afirma que «su biografía cruza el rasgo íntimo de la mezcla racial y cultural —un negro educado por blancos, que fue a un buen instituto de Hawái porque era un niño inteligente— y el hecho público de su negritud ostensible» y habla de «una hipocresía de fondo, tanto por parte de él, que se hacía pasar por más negro de lo que era, como por el país, que celebraba la emergencia de un líder nacional negro cuando en realidad sólo lo aceptaban porque no lo era completamente: porque era un negro comportándose como un blanco». Y, en ese análisis sobre racismo, el autor lo enlaza de manera muy acertada con el nazismo afirmando que «el hitlerismo ve en la genealogía, en el árbol genealógico, en la transmisión de los genes, una comunidad cultural. Es la democratización del pensamiento monárquico: si los árboles genealógicos de los reyes expresan la continuidad política, los árboles genealógicos del pueblo expresan la continuidad cultural, pero no por transmisión, sino por biología». Con ello, y volviendo a su análisis político, Graupera afirma que «Obama vive dividido de una manera antropológica, prepolítica, sin una identidad que se corresponda a sus resonancias diversas» debido a que «política y socialmente es negro. Pero interiormente no tienen ninguna constancia de la historia de los negros en Estados Unidos y siempre está en falso». De esta manera, nos habla de Obama y del racismo especialmente en estados unidos, nos habla de las contradicciones de una sociedad y también de una comunidad negra que a veces se percibe insertada en un territorio ajeno y nos recuerda la figura de James Baldwin y su obra y legado. 

De la misma manera en que el autor extiende su análisis a la historia de los últimos siglos de Estados Unidos hablando de racismo y de la comunidad negra y confrontando en dos frentes a Garvey y Malcolm X por un lado (de actitud más confrontadora) con Du Bois y Luther King por otro, con actitudes en apariencia más razonables, hace la mismo hacia la política catalana y española y afirma que para la derecha española, «la razón es nacional. La prioridad es la nación y la democracia es solo un vehículo histórico que puede ser adecuado ahora e inadecuado mañana» y afirma también que «la izquierda española, como los jacobinos de la revolución francesa, está hecha de nacionalistas radicales. Pretenden que la ciudadanía universal se puede concretar en la nacionalidad española». Una visión política que le lleva al título del libro, pues confiesa que «mi obsesión es la perplejidad, que es el momento exacto en que el malentendido llega a un punto de no retorno (…) políticamente, la perplejidad encuentra su pulso en el momento justo en el que piensas que el otro no puede estar defendiendo nada de lo que defiende si no es desde la mala fe o de un profundo retardo cognitivo».

En este interesante ensayo, Graupera combina reflexiones políticas e ideológicas con aspectos de su propia vida, más interesante cuando esta tiene un vínculo con Nueva York que cuando la tiene con sus lazos familiares pues, en este último caso, sus lazos son más emocionales mientras que en su etapa estadounidense son más racionales, más ligados a la búsqueda de uno mismo en el mundo, y donde intenta frenéticamente encajar su vida real con su ideal, con su vida aspirada. Y eso se ve perfectamente cuando reconoce que intenta conseguir que le guste el burbon o el jazz, intentado con su esfuerzo alcanzar su ideal, constatando en el intento que «los primeros pasos para alcanzar tus aspiraciones piden esfuerzo (…) los primeros pasos son habitualmente tediosos, y básicamente performativos: imitas el comportamiento de las personas que ya los han alcanzado esperando que de la repetición surja algo que haga el clic».

Dice Graupera que «cuando logras lo que creías que querías, la experiencia no es a menudo como te la imaginabas, porque en la transformación siempre hay por fuerza un cambio de perspectiva». Y eso es lo que intentamos conseguir con lecturas como esta, no intentar llegar al conocimiento irrefutable de nada (a fin de cuentas, la realidad no es única en muchos casos) sino forzarnos a abrir nuevas miradas, a expandir nuestro horizonte intelectual cambiando, por convicción o por contraste, nuestra perspectiva de las cosas.

lunes, 24 de julio de 2023

Michel Houellebecq: Unos meses de mi vida

Idioma original: francés 

Título original: Quelques mois dans ma vie

Traducción: Jaime Zulaika

Año de publicación: 2023

Valoración: bastante recomendable

Vamos a confesar que, incluso dentro de los que escribimos este blog, hay disparidad de opiniones sobre Houellebecq. Prevalezca o no la máxima de que uno tiene que conseguir que se hable sobre él, aunque sea mal, el escritor francés aprovecha su condición de rock-star literaria para entregarnos un texto sumamente personal que se aleja de sus habituales entregas en narrativa. No hay lugar aquí para el perfil del personaje houellebecquiano... porque el protagonista es el propio escritor. Y tampoco descartemos que esta publicación responda a alguna intención no estrictamente literaria. En Unos meses de mi vida Houellebecq escribe sobre dos incidentes recientes que le han tenido como protagonista. En el primero, el filósofo Michael Onfray lo ha entrevistado y algunas declaraciones han sido sacadas de contexto. En especial, referentes a la población francesa de credo musulmán. Primera gran sorpresa, especialmente con el historial que el francés acumulaba desde la publicación, hace dos décadas, de su sublime novela Plataforma, sin miedo de mostrar sus reticencias hacia la penetración en Europa, cuyo planteamiento llega a su colofón en la excelente Sumisión, y la casualidad hace que este texto se publique con los recientes disturbios en las banlieues aún recientes. Curioso ver al escritor (mil veces apelado de enfant terrible) matizando y rectificando sus expresiones, llegando a intercalar párrafos como si de una fe de erratas se tratara. Muy curioso, más cuando en su última novela, Aniquilación, parecía entregarse a una especie de exorcismo donde el amor acababa representando un leit motiv más recurrente que las filias sexuales, omnipresentes en sus novelas.

Y alguien diría que el segundo incidente hace las veces de contrapunto con ese reblandecimiento. El feo asunto de Kirac, que en más de un sitio he llegado a leer que se trataba de una especie de polémica orquestada y pactada. Houellebecq como actor porno en una especie de experimento cinematográfico en que una lectora ávida de su obra se presta a tener un contacto sexual con el escritor, una especie de pretexto para ejecutar una extraña performance en la que el escritor se ve, de forma sorprendentemente ingenua tratándose de quien se trata, involucrado en un contrato abusivo en el que ha renunciado a cualquier derecho sobre el contenido del material, con lo que la segunda parte del libro se dedica a trazar ese episodio, usando apelativos para los que han perpetrado el engaño y llegando a publicar el contenido íntegro del contrato (transcripción de tres páginas) y, para los conocedores de la evolución del genio galo, resulta chocante y casi enternecedor que se queje amargamente, como si fuera un anciano que ha sido embaucado por un  teleoperador para que cambie de compañía telefónica, y que en esa queja extendida por decenas de páginas, incluyendo detalles escabrosos, Houellebecq se muestra, y para los que conocemos en profundidad su obra esto nos resulta muy notable, como una persona vulnerable que ha sido víctima de un engaño, quizás un precio excesivo a pagar por su extenso currículum de diletante, una compensación desequilibrada para quien ha usado su ojo quirúrgico para destripar, siendo muchas veces malinterpretado, todas las contradicciones de nuestra sociedad. Por contra, una lectura que puede ser disfrutada por igual por incondicionales y detractores. Puede que por morbo estos últimos, como para regodearse en algo que interpreten como justicia poética. Eso sí; su prosa es precisa, ácida y eficaz como siempre. Solo a veces se nota que alguien ha localizado algunos de sus puntos débiles, y le ha atacado donde más duele.


También de Michel Houellebecq en ULAD: Aquí

sábado, 3 de junio de 2023

Jo Ann Beard: Días de fiesta

Idioma original: Inglés
Título original: Festival Days
Traducción: Inga Pellisa
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Si Los chicos de mi juventud supuso el descubrimiento de una magnífica autora como Jo Ann Beard, este Días de fiesta es, pese a que me ha gustado algo menos, la confirmación de la calidad de una escritora que esperemos encuentre los lectores que merece.

En esta ocasión, Beard entrega nueve textos que ella califica como ensayos, etiqueta que yo ampliaría al relato autoficcional, y en los que dolor y belleza, tristezas y alegrías, lo permanente y lo efímero comparten espacio.  

Tres vendrían a ser los textos más puramente ensayísticos, aunque siempre teniendo en cuenta que Beard se mueve en la frontera de los géneros: "Puede que sucediese", centrado en la memoria, y "Cerca" y "Ahora", en el que, al mismo tiempo, teoriza y divaga sobre la escritura. Los siete restantes creo que están más cerca del relato autobiográfico que del ensayo, si bien en todos ellos se incluyen reflexiones sobre la vida y la muerte. 

Independientemente de lo anterior, hay una serie de elementos comunes a todos (o casi todos) los textos incluidos en este libro. Serían:

  • La importancia de los subtextos
  • La sensibilidad, delicadeza y compasión, completamente alejadas de cualquier tipo de condescendencia, con la que Beard se acerca a las persona(je)s.
  • La introducción de elementos extraños en vidas corrientes, ya sea en forma de desconocidos que entran en casa, enfermedades, muerte, etc que llevan a los personajes a diversas formas de afrontar el fin
  • El tiempo dilatado, un presente que se ramifica en muchas direcciones
  • Los detalles: la luz que entra de refilón por una ventana, la forma de las nubes, el color de un sari...
  • La omnipresencia de los animales
Vuelvo al primer elemento, lo subtextos. La escritura de Beard es, eminentemente, "divagadora". Sería algo así como una escritura-río. El texto nace en un manantial de las montañas y comienza su descenso, pero a el se van incorporando afluentes, queda represado, se desvía para regar campos, desemboca en otro río mayor pero por debajo continúan fluyendo sus aguas, etc. No sé si se entiende.

Me explico mejor. Beard se sirve de un momento inicial con el que arranca el texto, pero establece asociaciones más o menos vagas que nos llevan a diferentes líneas temporales, retorna a la "línea principal", divaga, pasa de espectadora a protagonista, etc. Todo mientras busco una rama a la que agarrarme.

Por último, quisiera citar brevemente los textos que más me han impactado. El primero es "Cheri", maravilloso texto en que relata la enfermedad de su protagonista y en el que intercala belleza y dolor, recuerdo y memoria; el segundo es "La tumba de la lucha libre", texto más pictórico y aparentemente más atrevido en lo estilístico; el tercero es "Lo que buscas te busca a ti", texto "acordeón" sobre pequeños hechos sin importancia, soledades y encuentros que pueden cambiarlo todo.

También de Jo Ann Beard en ULAD: Los chicos de mi juventud 

domingo, 13 de noviembre de 2022

Marta D. Riezu: Agua y jabón

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2022
Valoración: está bien


Reconozco que albergaba ciertas dudas acerca de la lectura de este libro, pues su evidente, desordenada y reconocida fragmentación me apartaban de su camino, pero aun así su temática me interesaba. En tiempos donde las prisas pueden a los gestos delicados y donde el tiempo nos hace cruzar deprisa nuestra propia vida, apetecía una mirada tranquila y sosegada que permitiera disponer del tiempo necesario para reencontrar la belleza de lo cotidiano. Y esta lectura, aunque solo en parte, lo ha conseguido.

La autora abre con un prólogo donde indica qué significa para ella la elegancia y lo ejemplifica indicando que «la asocio a la persona que aporta y apacigua, a la alegría discreta, al gesto generoso. Ensancha y afina nuestro mundo». Este inicio del libro, además de trazar la línea que la autora pretenderá seguir a lo largo del libro, es sumamente interesante a la vez que prometedor. Así mismo, el título de «Agua y jabón», a pesar de que comercialmente no parece muy atrayente, es en honor a Beaton, alguien que «desde niño pensó que el mayor crimen es ser un aburrimiento para los otros», alguien que «logró la mejor existencia posible: aquella en la que se logra una correlación entre los sueños y las capacidades».

A partir de este prólogo, la autora estructura el libro en tres grandes áreas («Temperamentos», «Objetos» y «Lugares»), aunque la propia composición del libro y su desorden lo lleva a menudo a interrelacionarlas e incluso mezclarlas. Así, y de manera muy frecuente, la autora rememora su pasado para llevarnos de viaje a los rincones de su memoria que recuerda con más placer o más cariño, empezando por una niñez poblada de frecuentes visitas a la biblioteca en las que conoció a Rodari, Munari y Mari, así como también a Snoopy y los Peanuts. Esas páginas iniciales son cálidas y te arropan mientras te llevan a su vez a tu propio pasado. Y ese vehículo de propósito reminiscente utilizado por la autora hace que consiga, de manera hábil, mezclar recuerdos con reflexiones acerca de la vida en su extensa definición y alcance porque es indudable que el libro rebosa nostalgia al recordar también esos lugares que nos marcaron en el pasado y los seguiremos teniendo presentes en el futuro como cuando afirma que «veranear siempre en el mismo lugar es un eco extraño (…) la aventura viajera tiene muy buena fama, pero un paisaje inmutable acompaña a un niño toda la vida».

Lamentablemente, a medida que avanza el libro, la autora deja cada vez más paso a los episodios vitales que a las reflexiones y nutre el relato en exceso de anécdotas que evocan a su propio pasado. Un pasado que, si bien puede ser contemporáneo al nuestro, no tiene por qué coincidir en paisajes ni costumbres. Así, al lector que haya vivido una vida diferente, en un sitio diferente o en un entorno diferente se le puede antojar muy distante e impenetrable. De igual modo, la autora, evidenciando su amplia cultura (música, libros, exposiciones…) y experiencia vital (viajes, gastronomía…), avasalla al lector en un exceso de name dropping que recarga el texto en exceso de manera totalmente innecesaria, pues el bagaje en un autor que escribe un ensayo con sus propias reflexiones esta cualidad ya se le presupone y es algo que, por lo que ella misma expone, va en contra de lo que parece predicar cuando defiende que «el minimalismo no habla de rodearse de pocas cosas, sino de apartar todo lo que distrae y se interpone en el camino de lo necesario». Así, la autora nutre el relato de lugares, de objetos (habría que ver si los objetos no son también lugares, sitios en los que uno reposa la mirada y cobija en ellos sus recuerdos) convirtiendo a menudo el texto en un diorama ecléctico de paisajes conocidos que le sirve para sustentar una visión de la vida definida por firmes pilares alzados en la juventud   por las manos siempre vigorosas de la familia y las amistades a los que a menudo incorpora en el libro como elementos a los que anclarse para no desviarse de su camino.

El relato contiene múltiples y amplias reflexiones que compensan en parte sus defectos porque uno no puede sino darle la razón cuando indica que «solo es posible aprender a comprar mejor con un interés genuino por las personas y la historia que hay detrás de cada objeto. No hay atajos ni trucos. Cuando uno empieza a ganar un sueldo puede sentirse tentado a comprar cada vez más caro, en una imaginada escalera de estatus. Pero la buena compra no funciona por peldaños, sino por puertas que uno va abriendo hasta que encuentra aquellas en las que se siente como en casa». Una búsqueda vital que no cesa en su empeño de conseguir conectar con uno mismo, pero también con el entorno cuando afirma, de manera muy acertada que, «la cultura y el amor vienen son garantías. Nadie asegura que si amamos nos amarán, ni que leyendo libros nos volveremos más sabios. Pero no intentarlo es de locos». Por ello es innegable que el libro mejora mucho cuando se centra más en la reflexión que en el recuerdo, más en una propuesta filosofía de vida que en el pasado de la autora y se evidencia cuando mira hacia adelante en lugar de hacia atrás, aún sabiendo que solo revisando el pasado podemos construir un mejor futuro. A pesar de ello, es algo triste constatar que la autora parece encontrar únicamente la elegancia en los gestos y costumbres pasadas lo que, sin obviar que aunque es cierto que la sociedad actual se mueve tan rápido que incluso podría pasar de largo ante cualquier muestra de instantánea belleza, idealizar el pasado nos ancla a una sociedad que nunca volverá y que en ciertos aspectos ya es bueno que así sea.

Por todo ello, aunque es indudable que la autora tiene un gran bagaje cultural y vivencial que la lleva a desplegar sus conocimientos sobre arte, música, viajes etc., en ocasiones tanta exposición abruma y cansa pues aparece repetitiva. Por ello, el libro es mucho más interesante cuando la autora realiza reflexiones sobre la elegancia y la cortesía que cuando lanza una ristra de recuerdos o elabora una reflexión poblada de name dropping y recuerdos de su propio pasado. Quizá sea un libro adecuado para tenerlo en la mesilla de noche y leer unos pocos fragmentos (cortos, cómo todos los del libro) cada día antes de acostarse para recordar que el mundo aún puede ser un lugar interesante en el que encontrar cierto sosiego a poco que intentemos encontrarlo. Algo que, sin duda, debería ser uno de nuestros más firmes propósitos.

martes, 8 de marzo de 2022

Reseña a cuatro manos. Día de la Mujer. La revuelta de las putas, de Amelia Tiganus

Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: Muy recomendable



De víctima a activista es el subtítulo de este ensayo tan necesario en los tiempos que vivimos. Ya desde la portada se muestra claramente el enfoque que la autora ha querido dar a su trabajo: la frase califica desde el principio la realidad de una situación, conocida de primera mano por ella, contradiciendo a todas esas voces –interesadas o culpablemente ingenuas– que consideran la prostitución un trabajo como cualquier otro. Además, el término activista señala la actual ocupación de la autora, que podría resultar ambiguo si no conociésemos previamente su seriedad y dedicación a ese compromiso autoimpuesto. En tercer lugar, el diseño, tan particular, abundando en esa actitud combativa, pretende ser un toque de atención, que volvamos la cabeza al pasar por la librería y asumamos de un vistazo el gran drama en el que están inmersas las mujeres más vulnerables del planeta. Ellas y, en consecuencia, todas las mujeres, ya que la prostitución a gran escala es una estrategia más del dominio que ejerce un sexo sobre el otro. Si esto les parece una exageración sigan leyendo, o mejor, lean a Tiganus, y no les quedará ninguna duda.

Coincidimos por completo con el prólogo de Rosa Cobo Bedia. Efectivamente, gran parte del valor de este texto radica en que quien lo ha escrito conoce de primera mano el medio que describe, pero también, y sobre todo, en el tono empleado, ya que no se recrea en situaciones amargas sino que las esboza y pasa de largo adoptando una actitud constructiva. “Son palabras de quien ha logrado sobrevivir al infierno, pero también de quien un día abrazó el feminismo porque encontró en él las palabras y los conceptos que transformaron su experiencia individual en un hecho político”. Nada mejor que estas palabras para calificar un texto cuya escritura no ha debido resultar nada fácil.

Esperábamos mucho de esta obra, sabíamos que nos conduciría a lugares donde no hemos estado nunca y aclararía las zonas oscuras, las contradicciones de lo que leemos y escuchamos sobre un asunto tan controvertido. Y aun así la estábamos subestimando. Porque no se trata de un mero testimonio. De hecho, tal como explica la prologuista, pasa casi de puntillas por los hechos, enumerándolos pero sin recrearse en detalles, extrayendo de todo ello consecuencias y modos de actuación que sorprenden por una claridad y un rigor conceptual no demasiado frecuentes. Por eso, haciendo nuestras una vez más las palabras de Cobo: “Agradezco a  Amelia que no se haya recreado en las experiencias dolorosas y haya utilizado las elipsis para dar paso a una interpretación política de su propia experiencia”.

Para que no haya confusión, hay que aclarar que la delicadeza presente en los fragmentos autobiográficos no disfraza nada, no es ambigua ni amiga de medias tintas, llama a cada cosa por su nombre y lo hace para que algo cambie, para que el abolicionismo deje de ser una reivindicación y se convierta en hecho consumado. Porque ella ya salió pero muchas siguen dentro, es más, el sistema se renueva constantemente exportando carne fresca desde países deprimidos, o no tanto. Es algo que también ocurre en España y puede afectar a cualquier clase social, pues chicas desorientadas o decepcionadas con la vida las hay en todas partes. Si la mujer es el segundo sexo o dicho de otra forma, la otra, las mujeres prostituidas son la otra de la otra, es decir, sin abolición de las circunstancias que perpetúan un sistema claramente injusto nunca desaparecerán las categorías que oprimen a la mitad de nuestra especie. La estrategia es sencilla: en la mayor parte de los casos se priva de recursos intelectuales y económicos así como de los derechos más elementales a esas niñas que están creciendo, así, sin formación ni medios de subsistencia se convierten en carne de cañón de los desaprensivos. Son vulnerables en todos los sentidos, no tienen experiencia, se lo creen todo, en muchos casos han perdido la autoestima debido, entre otros motivos, a violaciones repetidas. Así, inermes ante un mundo despiadado, se les promete el paraíso y aceptan. ¿Es esto consentimiento? Por supuesto que no, es engaño, chantaje y hurto descarado del futuro de las mujeres para lucrarse con toda desvergüenza. 

"Quien es capaz de ver que no puede haber libertad de vender órganos porque eso supone alimentar la desigualdad cultural entre pobres y ricos, y no es capaz de ver que no puede haber libertad de vender el cuerpo porque eso alimenta la desigualdad estructural entre mujeres y hombres y entre las mujeres pobres y ricas, solo demuestra que tiene absolutamente integrado el machismo clasista"

Las redes de la prostitución son amplísimas y muy bien organizadas como corresponde a un negocio multimillonario. Esto es lo que la ensayista narra en primera persona y lo que viven miles de niñas y adolescentes de todo el mundo. Pero el proxenetismo nos engaña –más bien nos narcotiza– con el cuento de la libertad individual, y nos tragamos el argumento porque es más cómodo no enfrentarse a una realidad tan cruel.

Una vez se ha conseguido recluir a las víctimas en lo que Tiganus denomina campos de concentración, el argumento para mantenerlas sometidas sin necesidad de vigilancia no deja de ser ingenioso: “sé lista”, aprovéchate de ellos, gana todo el dinero que puedas en el menor tiempo posible y pronto tendrás medios para vivir sin problemas económicos. Pero este argumentario es, desde luego, una trampa ya que ellas tienen que pagar todos los gastos que genera su actividad además de cancelar una supuesta deuda que no se agota nunca. Así se les incluye en una cadena perversa de la que necesariamente forman parte. Debilitadas por el alcohol y las drogas se convierten en el último eslabón, en cómplices del proxeneta que las convierte en aliadas para que rivalicen entre ellas en lugar de apoyarse. No obstante, el abuso se disfraza con la ficción de la profesionalidad: hay que vestirse y arreglarse para gustar, hablar y moverse suavemente, sonreír, en una palabra, complacer al putero a costa de olvidarse de sí mismas. Pero este tipo de consumidor no está determinado genéticamente, lo fabrica la pornografía apoyada por el aplauso social. Tiganus los divide en tres tipos: putero "majo", (insoportable), putero macho (antipático) y putero misógino (peligroso). Por cierto, su número aumenta y cada vez son más jóvenes. Y todo esto con la complicidad del Estado, sin ella España no se habría convertido –como tristemente se repite una y otra vez en prensa y este ensayo lo ratifica– en el prostíbulo del continente europeo.

“El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir”

Pero el asunto es mucho más complejo de lo que imaginamos si nos fijamos únicamente en esta frase o nos dejamos llevar por los prejuicios. La autora nos recuerda que el sometimiento de las mujeres es general, que unas tienen un único dueño (o dueños sucesivos) y otras, las prostituidas, son propiedad de todos. ¿Y qué pasa con las solteras? Pues que el reconocimiento social es mucho menor, y aunque hoy día nadie se atreva a confesarlo sigue siendo así. En definitiva, el orgullo de la puta existe porque se les educa para que lo sientan: “somos sumisas y soberbias a la vez”, se llegan a sentir privilegiadas en comparación con las decentes pues ellas saben aprovechar su poder femenino, sus encantos. Una distorsión que extraña menos si analizamos todo el proceso de reclutamiento y lavado de cerebro al que se las somete y que desde fuera no se entiende, pero todos estamos sometidos a distorsiones: por época, sexo, edad etc. que vistas con perspectiva resultan igual de incongruentes. Por ejemplo, quienes sufren violencia de género experimentan algo muy parecido. Por eso insiste en la necesidad de un diálogo entre mujeres sin prejuicios ni condescendencias, solo así se entendería que la subordinación afecta a todas.

“Dentro de la enajenación, a las mujeres privadas “les pone” limpiar, cuidar, cocinar, criar y servir a su familia. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder. (…) Dentro de la enajenación, a las mujeres públicas “les pone” ofrecerse, insinuarse, follar y servir sexualmente a los hombres. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder.”

Un razonamiento que sorprenderá a algunos porque no se puede entender más que desde una perspectiva feminista, es decir, situándose en un estricto punto medio donde nadie lleve la batuta. Y aquí llega la parte luminosa de un discurso en el que nadie se libra, ni los que se lucran del negocio ni las propias mujeres prostituidas ni ningún sector de la sociedad, aunque en cada caso las responsabilidades sean muy distintas. La conciencia feminista liberó definitivamente a Amelia, su activismo le proporcionó un objetivo más allá de la vida cotidiana y le ayudó a clarificar ideas. Así conectamos con el título, porque este ensayo nos interpela directamente: no habrá triunfo feminista si no hay colaboración entre mujeres, pues “será la revuelta de las putas la que propicie el fin del patriarcado.”


También sobre esta obra: Entrevista con Amelia Tiganus