Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans
Título original: Changing My Mind
Año de publicación: 2025
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: entre recomendable y está bien
Sus muchos admiradores/as o quienes al menos estén al tanto de las novedades literarias seguramente ya lo sepan: nuestro estimado, a la par que entrañable, Julian Barnes ha publicado en el mes de febrero su último libro. Y cuando escribo "último" no quiero decir "el último hasta ahora" o "el último hasta que publique otro", sino el último de verdad, el último que va a escribir ya, según sus propias declaraciones. Bien, hay que tener en cuenta que este escritor, que ejemplifica como pocos, en mi opinión, la clásica figura del caballero literato, ya tiene ochenta años y está aquejado de una lenta pero inexorable enfermedad, con lo cual es comprensible que piense que ya ha dado lo suficiente el callo en su oficio (y a fe mía que lo ha hecho) y merece descansar sus últimos años, que ojalá sean muchos aún. Pues bien, he de deciros que este libro que ocupa la reseña de hoy no es ese último libro de Barnes -que se titula, adecuada pero tristemente, Despedidas- sino, esta vez sí, "el último que había escrito hasta ahora". Y que no se trata de una novela sino de un breve ensayo de esos que publica Anagrama y que, por lo general, resultan ser una delicia, o, al menos un refrescante aperitivo. Lo mismo ocurre, como no podía ser de otra forma, con éste de Barnes.
Que, además, en realidad no es un solo ensayo, pues se divide en cinco capítulos en gran medida independientes entre sí. Es cierto que se encuentran unidos por una idea principal, que es la de reflejar los cambios de opinión que el autor ha experimentado a lo largo de su ya extensa vida sobre ciertos temas y así encontramos pequeñas disertaciones sobre: Los recuerdos, Las palabras, La política, Los libros y La edad y el tiempo. pero resulta que el leit-motiv citado tan sólo se refleja a medias y, en algunos capítulos, prácticamente en nada, centrándose más en las reflexiones generales de Barnes sobre el tema -interesantes, en todo caso- que en cómo han ido cambiando sus ideas o percepciones sobre el mismo. Es lo que ocurre en sus mini-ensayos sobre las palabras y la edad y el tiempo; sí que explica cómo veía él estos temas de joven y cómo los ve ahora, pero sobre todo se centra en conceptos más generales -la polisemia , cómo cambia el significado de determinadas palabras o la distinta percepción del tiempo para niños y adultos- que en su sentir personal. En el caso de los recuerdos, sobre todo se explaya en cómo éstos pueden resultar engañosos e incluso a veces tomamos prestados recuerdos ajenos y lo ilustra con una serie de anécdotas y, por lo que respecta a la política, su opinión es que él no ha cambiado de opinión y se ha mantenido firme en sus convicciones centristas, pero que el espectro político se ha movido tanto a la derecha que ahora él parece estar en esa posición (aunque al final explica una serie de convicciones firmes que dice tener sobre diversos temas, en los que no ha cambiado su opinión, y yo diría que, de ser así, siempre ha sido, al menos, progresista, cuando no socialista, pero bueno, él sabrá...).
Más interesante para nosotros/as, creo (pues, después de todo, este blog se llama como se llama y se dedica a lo que se dedica) es el capítulo dedicado a los libros, en el que Barnes explica como, con el tiempo, han variado, más que sus gustos, sus apreciaciones sobre diversos escritores: algunos que admiraba en su juventud han perdido su interés porque ya no está dispuesto a aguantar su excesivo didactismo -en cómo vivir la vida, para ser concretos-, como es el caso de George Bernard Shaw y, hasta cierto punto, D. H. Lawrence. Algún otro, que apreciaba de joven e igualmente hoy en día pero no tenía por prestigioso. como Simenon, ha acabado por adquirir para él ese aura de los grandes, y no sólo como autor de entretenidas novelas policíacas. Por último, dedica varias páginas a explayarse sobre otro autor británico que siempre había detestado, E. M. Forster (ya sabéis, el de Pasaje a la India y Una habitación con vistas) pero que ha acabado por parecerle, en su madurez lectora, un gran escritor, lleno de sutileza, ingenio y hasta audacia.
Supongo que todos/as tenemos una lista parecida y no sólo de escritores o libros, sino de opiniones que hemos ido cambiando con el transcurso de los años. Sin embargo, creo que poca gente podría explicarlo con la gracia, la sencillez y la elegancia con que lo hace Julian Barnes. Que sí, ya sé que son características de su obra, ya se trate de ensayos o ficción -o incluso la generalmente malhadada autoficción-, pero en las distancias cortas como las de los miniensayos que componen este libro, estas virtudes se hacen aún más evidentes , lo que es bastante de agradecer. De hecho, aunque en realidad el tono general es más el de un señor mayor que se dedica a expresar sus opiniones sobre éste o el otro tema, más que el de un ensayista que haya reflexionado arduamente sobre los mismo y haya estructurado sus conclusiones por medio de una dialéctica expresada a través de las conocidas tesis-antitesis-síntesis, tampoco es que se dedique a divagar o contar batallitas 8bueno, igual un poco) y, sobre todo, consigue que la lectura del librito no sólo sea placentera, sino que se haga en un plis-plas. de ahí, he de aclarar, que haya etiquetado esta reseña como Zoom, que solemos dedicar a las reseñas de relatos o textos más sucintos; si bien este ensayo de Julian Barnes tiene la misma extensión de los otros libros de esta colección de Nuevos Cuadernos de Anagrama, ya digo que se hace tan ameno y ligero que parece aún más breve. Lo cual, supongo, es una virtud deseable para todo escrito.
Más libros de Julian Barnes reseñados en Un Libro Al Día: El sentido de un final, La mesa limón, Nada que temer, El ruido del tiempo, Una historia del mundo en diez capítulos y medio, El hombre de la bata roja, El perfeccionista en la cocina, Inglaterra, Inglaterra, Arthur & George, La única historia, El loro de Flaubert
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y está bien
Para quien no la conozca, Desirée de Fez es una crítica de cine especializada en los géneros fantástico y de terror, colaboradora de programas televisivos, miembro (¿al final se podía decir "miembra" o no?) del equipo del Festival de Sitges y conductora del recomendable podcast Marea Nocturna, además de, como queda hoy patente, escritora de libros sobre, como es fácil de adivinar, el cine fantástico y de terror. De eso mismo, de hecho, va este Reina del grito... o quizás no del todo. O no sólo, mejor dicho. Porque la clave de este ensayo la podemos encontrar en el subtítulo: Un viaje por los miedos femeninos. Un viaje, eso sí de la mano de, cómo no, el cine fantástico y, sobre todo, de terror.
Porque, precisamente, lo que nos explica la autora, que se confiesa no ya asustadiza o timorata, sino directamente aterrada por las diferentes circunstancias que se encuentra y se ha ido encontrando por la vida, es cómo las películas de este género (aclaremos ya que no necesariamente se trata de películas que dan "mucho susto", sino, en general, películas que utilizan los diferentes elementos característicos y el lenguaje propio del género de terror para contarnos sus historias) le han ayudado de una u otra manera a identificar y enfrentarse con sus miedos e incluso, aunque parezca paradójico, a superarlos. Por citar solamente los ejemplos más obvios, la película Carrie le sirvió para asumir el paso de la infancia a la adolescencia (simbolizada en la primera regla, como es más que evidente); La posesión, la superación de una relación de pareja tóxica; Rosemary's Baby (me niego a repetir el título que se le dio en España a este film), los miedos inherentes al embarazo y El exorcista, el miedo a la posibilidad de fallar en su labor como madre... No son las únicas películas, que aparecen, claro, sino que muchas más son mencionadas y, en más de una ocasión, comentadas con cierta atención, a los largo de los diecinueve capítulos del libro. Desde clásicos setenteros como La profecía o Halloween a títulos más recientes de lo que algunos llaman "terror elevado", como Babadook o Hereditary, pasando por The Conjuring, ¿Quién puede matar a un niño?, Amenaza en la sombra... en fin, que el libro puede ser una buena fuente para sacar una lista de títulos para quien quiera adentrarse en el género. pero no es, que quede claro, un ensayo cinematográfico sobre el mismo; que no busque nadie aquí un análisis de los subgéneros -aunque de alguno que otro sí se habla-, los directores/as -ídem-, interpretaciones -lo mismo-, recursos escénicos, técnicos y narrativos, y demás pormenores que se suelen detallar en los ensayos sobre cine. Anécdotas, que también es algo que aparece con frecuencia en esta clase de libros, sí que hay, a montones, de hecho. pero no son anécdotas referentes a rodajes, promociones de pelis, etc. -de festivales sí que hay alguna que otra-, sino que en su gran mayoría se refieren a la vida privada y laboral de la autora, a sus recuerdos de infancia y juventud, y a sus dificultades para desenvolverse con soltura en los entornos en los que ha ido transcurriendo su vida. Dificultades por cierto, que, en su aspecto profesional, se refieren principalmente al hecho de haber sido, hasta hace poco, una de las pocas mujeres y joven, por añadidura, que desempeñaba su labor en un entorno muy masculinizado...
Así que sí: este libro se trata, más que de un ensayo sobre un tipo particular de cine, de una suerte de memorias de la autora, concretadas a través de esos dos vectores, sus miedos particulares (o generales, pues muchos de ellos seguramente sean compartidos por buena parte de sus congéneres) y las pelis de terror. Es decir, una piedra más en el muro de literatura autorreferencial o "literatura del yo" que se ha ido erigiendo (y cerrando) alrededor de los indefensos lectores/as a lo largo de este siglo XXI. Como, personalmente, odio casi toda turra ególatra que nos viene emparedando ya digo, en lo que va de siglo, lo lógico, habrá quien piense, hubiera sido abandonar este Reina del grito en cuanto me olí la tostada o, en último caso, haberlo puesto a caer de un burro en esta reseña, lo que tampoco estoy haciendo (dejadme acabar); hay, sin embargo, ciertas particularidades del libro que han propiciado que mi parecer vaya por otros derroteros, más favorables. A saber:
Año de publicación: 2023
Valoración: Muy necesaria
Aunque en otros países es más común (si bien no lo suficiente todavía) lo que se conoce como working class literature/literatura obrera, en España como siempre, y en contradicción fragante con el nombre del Partido que nos gobierna, seguimos a la cola. Esta novela autobiográfica sobre el alcoholismo, más que recomendable, es muy NECESARIA, tal y como puse en la valoración; entre otras razones porque como bien dice en la página 115 su autor madrileño perteneciente a una generación que a alguien se le ocurrió un buen día llamar de manera muy, muy ingenua nocilla:
…No hay historias escritas por alcohólicos de clase obrera españoles…
Tristemente, esto es cierto. Lo que sí hay y abundan a mares, son o novelas autobiográficas sobre esta adicción, pero de clases sociales medias y altas/muy altas, intelectuales, académicas… o novelas no autobiográficas pero que vienen a ser más de lo mismo. Es decir, resulta impactante que en pleno siglo XXI, se siga creyendo que las obreras y obreros no leen, o no escriben, o no tienen nada interesante para decir. Y más grave todavía es que las Editoriales a las que no me cabe la menor duda de que les van llegando escritos de este tipo, simplemente no las publiquen, debido a ese clasismo endogámico, sectario y oscurantista que siempre, siempre aprovecho para denunciar, porque aquí es plaga. Cada vez con más descaro, si no tienes un doctorado o has ganado cinco premios, no te publican. Pero VINAGRE también es muy necesaria por otros motivos: sin caer en ningún momento en la típica autoayuda o más típica aún superación, consigue que reflexiones y que empatices con el dolor en torno al alcohol y sus consecuencias, tanto a corto como a largo plazo. El ritmo de lectura es tan fluido que pasa a ser fílmico, y la identificación con el personaje/autor, instantánea. Logra también que te sientas como él, aunque no seas hombre como él, ni jevi (así lo escribe) como él, ni obrero del metal como él. Cuando cierras el libro en la última página, te invade ese vacío repentino de final de lectura tan poco frecuente y te dices: qué pena. Pues el autor termina siendo tu amigo.
Es como si hubiera abierto un cultivo para más escritura del estilo por un lado. Y por el otro y de manera inevitable, nos llene de culpa a las que si bien no somos de clase obrera como tal, por el esfuerzo infinito de (m)padres que murieron antes de tiempo para que pudiéramos acceder a la Universidad, llevamos ese escudo interior; pertenezcamos o no a la categoría siguiente: precariado. Algunas con orgullo llevamos ese escudo aunque carguemos a cuestas ese sufrimiento ancestral, como es mi caso. Pero otros no tanto, o no nada, mejor dicho. Porque sigue llenando de vergüenza el trabajo a destajo, sudoroso, manual, de fábrica. Y que Jorge Matías se atreva con una honestidad inmensa, en muchas ocasiones tragicómica, a desplumar el mito del obrero analfabeto y muchos otros transversales y SAGRADOS como que el alcohol es una droga blanda, constituye un giro totalmente radical de actuación en el género. El autor dedica prácticamente todo el libro, con saltos temporales mediante, a diseccionar hasta qué punto esta droga nos fractura y extraña de las personas que nos rodean, y de nosotras mismas. A ratos, es casi una novela de terror, porque lo hace llegando al fondo fondísimo, ese fondo que todo el mundo quiere evitar, en sintonía con la sustancia de la que habla, la que provoca más daños en España y continúa estando bien vista.
Recuerdo haber leído hace tiempo La hija de la mujer de la limpieza de James Stephens, un regalo espontáneo de la maquetadora o quizás editora de Ediciones del Viento porque no quisieron publicarme, (y se ve que le di lástima). Ya va siendo hora de leer a la misma mujer de la limpieza. Sin hombre que hable por ella. Incluso sin hija.
Idioma original: italiano
Título original: Poetiche a posteriori
Traducción: Carlos Gumpert .
Año de publicación: 2006
Valoración: imprescindible para completistas, muy recomendable en general
Parece ser que llego tarde a la obra de Tabucchi, y no sé si tendré tiempo de enmendarlo o corregirlo, pues leyendo este Autobiografías ajenas reconozco sentirme tentado - si dispusiera de tiempo - por ponerme al día o incluso reseñar alguna de sus novelas (obviamente un blog como este ya ha reseñado Sostiene Pereira) pero voy a centrarme en lo que he encontrado aquí.
Que es un escritor de alto nivel, con algún regusto a esa Europa multilingüe y ligeramente decadente que, especulo, comparte con algún otro como Vila-Matas o Sebald. En tono despectivo se les suele denominar escritores para escritores pero yo no me aventuraría con un concepto tan equívoco. Lo que tenemos en esta colección de textos es como un complemento que seguro que sus lectores habituales no han ignorado. Al leerlo sin haber leído sus novelas me suena como si hubiera compuesto un texto con los prólogos o epílogos o incluso con algunas notas a pie o descartes de ellas.
Lo curioso es que, debido a su extensión siempre ajustada y a la pericia del escritor, acaba funcionando como una obra separada sin dejar de cumplir la función de excitar la curiosidad, como suelen desprender obras de este tipo. Seduciendo en el espacio corto, en tramos en que parece un diario de experiencias personales paralelas al proceso creativo, o tomando una perspectiva más amplia, donde se aventura en ejercicios que demuestran a las claras que muchos grandes escritores son enormes lectores. Las referencias aquí no se limitan solo a las frases introductorias de los capítulos o al extenso índice de autores mencionados - desde la A de Apollonaire a la Y de Yourcenar, sino que se integran a la perfección en el texto y juguetean con él, con lo cual todos esas hipérboles sobre su obra parecen tomar completo sentido. Así que, por una vez, aceptaré con sumo agrado sugerencias sobre su obra.
Mi experiencia como persona mestiza no es fija, sino que siempre oscila entre el chino y el blanco, la nostalgia y la irritación, el orgullo y la culpa. (...) Quiero pensar en mi ser mestizo no como un sustantivo, sino como un gerundio. Quiero imaginarme como un vivir en progresión.
Por lo tanto, ciencia y mestizaje en un híbrido (y no nos vamos a poner a hablar ahora de taxonomías) que sería algo así como Benjamín Labatut pasado por el filtro de Gloria Anzaldúa y su Borderlands: ciencia que otorga al texto un lado didáctico y ameno, pero también poético (esa imagen del pulpo que muere tras la eclosión de sus crías o la de las ballenas varadas); mestizaje que da una profunda carga personal al texto.
Título original: Quelques mois dans ma vie
Traducción: Jaime Zulaika
Año de publicación: 2023
Valoración: bastante recomendable
Vamos a confesar que, incluso dentro de los que escribimos este blog, hay disparidad de opiniones sobre Houellebecq. Prevalezca o no la máxima de que uno tiene que conseguir que se hable sobre él, aunque sea mal, el escritor francés aprovecha su condición de rock-star literaria para entregarnos un texto sumamente personal que se aleja de sus habituales entregas en narrativa. No hay lugar aquí para el perfil del personaje houellebecquiano... porque el protagonista es el propio escritor. Y tampoco descartemos que esta publicación responda a alguna intención no estrictamente literaria. En Unos meses de mi vida Houellebecq escribe sobre dos incidentes recientes que le han tenido como protagonista. En el primero, el filósofo Michael Onfray lo ha entrevistado y algunas declaraciones han sido sacadas de contexto. En especial, referentes a la población francesa de credo musulmán. Primera gran sorpresa, especialmente con el historial que el francés acumulaba desde la publicación, hace dos décadas, de su sublime novela Plataforma, sin miedo de mostrar sus reticencias hacia la penetración en Europa, cuyo planteamiento llega a su colofón en la excelente Sumisión, y la casualidad hace que este texto se publique con los recientes disturbios en las banlieues aún recientes. Curioso ver al escritor (mil veces apelado de enfant terrible) matizando y rectificando sus expresiones, llegando a intercalar párrafos como si de una fe de erratas se tratara. Muy curioso, más cuando en su última novela, Aniquilación, parecía entregarse a una especie de exorcismo donde el amor acababa representando un leit motiv más recurrente que las filias sexuales, omnipresentes en sus novelas.
Y alguien diría que el segundo incidente hace las veces de contrapunto con ese reblandecimiento. El feo asunto de Kirac, que en más de un sitio he llegado a leer que se trataba de una especie de polémica orquestada y pactada. Houellebecq como actor porno en una especie de experimento cinematográfico en que una lectora ávida de su obra se presta a tener un contacto sexual con el escritor, una especie de pretexto para ejecutar una extraña performance en la que el escritor se ve, de forma sorprendentemente ingenua tratándose de quien se trata, involucrado en un contrato abusivo en el que ha renunciado a cualquier derecho sobre el contenido del material, con lo que la segunda parte del libro se dedica a trazar ese episodio, usando apelativos para los que han perpetrado el engaño y llegando a publicar el contenido íntegro del contrato (transcripción de tres páginas) y, para los conocedores de la evolución del genio galo, resulta chocante y casi enternecedor que se queje amargamente, como si fuera un anciano que ha sido embaucado por un teleoperador para que cambie de compañía telefónica, y que en esa queja extendida por decenas de páginas, incluyendo detalles escabrosos, Houellebecq se muestra, y para los que conocemos en profundidad su obra esto nos resulta muy notable, como una persona vulnerable que ha sido víctima de un engaño, quizás un precio excesivo a pagar por su extenso currículum de diletante, una compensación desequilibrada para quien ha usado su ojo quirúrgico para destripar, siendo muchas veces malinterpretado, todas las contradicciones de nuestra sociedad. Por contra, una lectura que puede ser disfrutada por igual por incondicionales y detractores. Puede que por morbo estos últimos, como para regodearse en algo que interpreten como justicia poética. Eso sí; su prosa es precisa, ácida y eficaz como siempre. Solo a veces se nota que alguien ha localizado algunos de sus puntos débiles, y le ha atacado donde más duele.
También de Michel Houellebecq en ULAD: Aquí
Si Los chicos de mi juventud supuso el descubrimiento de una magnífica autora como Jo Ann Beard, este Días de fiesta es, pese a que me ha gustado algo menos, la confirmación de la calidad de una escritora que esperemos encuentre los lectores que merece.
En esta ocasión, Beard entrega nueve textos que ella califica como ensayos, etiqueta que yo ampliaría al relato autoficcional, y en los que dolor y belleza, tristezas y alegrías, lo permanente y lo efímero comparten espacio.
Tres vendrían a ser los textos más puramente ensayísticos, aunque siempre teniendo en cuenta que Beard se mueve en la frontera de los géneros: "Puede que sucediese", centrado en la memoria, y "Cerca" y "Ahora", en el que, al mismo tiempo, teoriza y divaga sobre la escritura. Los siete restantes creo que están más cerca del relato autobiográfico que del ensayo, si bien en todos ellos se incluyen reflexiones sobre la vida y la muerte.
Independientemente de lo anterior, hay una serie de elementos comunes a todos (o casi todos) los textos incluidos en este libro. Serían:
Año de publicación: 2021
Valoración: Muy recomendable
De víctima a activista es el subtítulo de este ensayo tan necesario en los
tiempos que vivimos. Ya desde la portada se muestra claramente el enfoque que
la autora ha querido dar a su trabajo: la frase califica desde el principio la
realidad de una situación, conocida de primera mano por ella, contradiciendo a
todas esas voces –interesadas o culpablemente ingenuas– que consideran la
prostitución un trabajo como cualquier otro. Además, el término activista señala la actual ocupación de
la autora, que podría resultar ambiguo si no conociésemos previamente su
seriedad y dedicación a ese compromiso autoimpuesto. En tercer lugar, el diseño,
tan particular, abundando en esa actitud combativa, pretende ser un toque de
atención, que volvamos la cabeza al pasar por la librería y asumamos de un
vistazo el gran drama en el que están inmersas las mujeres más vulnerables del
planeta. Ellas y, en consecuencia, todas las mujeres, ya que la prostitución a
gran escala es una estrategia más del dominio que ejerce un sexo sobre el otro.
Si esto les parece una exageración sigan leyendo, o mejor, lean a Tiganus, y no
les quedará ninguna duda.
Coincidimos por completo con el prólogo de Rosa Cobo Bedia.
Efectivamente, gran parte del valor de este texto radica en que quien lo ha
escrito conoce de primera mano el medio que describe, pero también, y sobre
todo, en el tono empleado, ya que no se recrea en situaciones amargas sino que
las esboza y pasa de largo adoptando una actitud constructiva. “Son palabras de quien ha logrado sobrevivir
al infierno, pero también de quien un día abrazó el feminismo porque encontró
en él las palabras y los conceptos que transformaron su experiencia individual
en un hecho político”. Nada mejor que estas palabras para calificar un texto
cuya escritura no ha debido resultar nada fácil.
Esperábamos mucho de esta obra, sabíamos que nos conduciría a
lugares donde no hemos estado nunca y aclararía las zonas oscuras, las
contradicciones de lo que leemos y escuchamos sobre un asunto tan
controvertido. Y aun así la estábamos subestimando. Porque no se trata de un mero testimonio. De hecho, tal como explica la prologuista,
pasa casi de puntillas por los hechos, enumerándolos pero sin recrearse en detalles,
extrayendo de todo ello consecuencias y modos de actuación que sorprenden por
una claridad y un rigor conceptual no demasiado frecuentes. Por eso, haciendo
nuestras una vez más las palabras de Cobo: “Agradezco
a Amelia que no se haya recreado en las
experiencias dolorosas y haya utilizado las elipsis para dar paso a una
interpretación política de su propia experiencia”.
Para que no haya confusión, hay que aclarar que la delicadeza presente en los fragmentos autobiográficos no disfraza nada, no es ambigua ni amiga de medias tintas, llama a cada cosa por su nombre y lo hace para que algo cambie, para que el abolicionismo deje de ser una reivindicación y se convierta en hecho consumado. Porque ella ya salió pero muchas siguen dentro, es más, el sistema se renueva constantemente exportando carne fresca desde países deprimidos, o no tanto. Es algo que también ocurre en España y puede afectar a cualquier clase social, pues chicas desorientadas o decepcionadas con la vida las hay en todas partes. Si la mujer es el segundo sexo o dicho de otra forma, la otra, las mujeres prostituidas son la otra de la otra, es decir, sin abolición de las circunstancias que perpetúan un sistema claramente injusto nunca desaparecerán las categorías que oprimen a la mitad de nuestra especie. La estrategia es sencilla: en la mayor parte de los casos se priva de recursos intelectuales y económicos así como de los derechos más elementales a esas niñas que están creciendo, así, sin formación ni medios de subsistencia se convierten en carne de cañón de los desaprensivos. Son vulnerables en todos los sentidos, no tienen experiencia, se lo creen todo, en muchos casos han perdido la autoestima debido, entre otros motivos, a violaciones repetidas. Así, inermes ante un mundo despiadado, se les promete el paraíso y aceptan. ¿Es esto consentimiento? Por supuesto que no, es engaño, chantaje y hurto descarado del futuro de las mujeres para lucrarse con toda desvergüenza.
"Quien es capaz de ver que no puede haber libertad de vender órganos porque eso supone alimentar la desigualdad cultural entre pobres y ricos, y no es capaz de ver que no puede haber libertad de vender el cuerpo porque eso alimenta la desigualdad estructural entre mujeres y hombres y entre las mujeres pobres y ricas, solo demuestra que tiene absolutamente integrado el machismo clasista"
Las redes de la prostitución son
amplísimas y muy bien organizadas como corresponde a un negocio multimillonario.
Esto es lo que la ensayista narra en primera persona y lo que viven miles de niñas
y adolescentes de todo el mundo. Pero el proxenetismo nos engaña –más bien nos
narcotiza– con el cuento de la libertad
individual, y nos tragamos el argumento porque es más cómodo no enfrentarse
a una realidad tan cruel.
Una vez se ha conseguido recluir a las víctimas en lo que
Tiganus denomina campos de concentración,
el argumento para mantenerlas sometidas sin necesidad de vigilancia no deja de ser
ingenioso: “sé lista”, aprovéchate de
ellos, gana todo el dinero que puedas en el menor tiempo posible y pronto
tendrás medios para vivir sin problemas económicos. Pero este argumentario es,
desde luego, una trampa ya que ellas tienen que pagar todos los gastos que
genera su actividad además de cancelar una supuesta deuda que no se agota
nunca. Así se les incluye en una cadena perversa de la que necesariamente
forman parte. Debilitadas por el alcohol y las drogas se convierten en el
último eslabón, en cómplices del proxeneta que las convierte en aliadas para
que rivalicen entre ellas en lugar de apoyarse. No obstante, el abuso se
disfraza con la ficción de la profesionalidad: hay que vestirse y arreglarse
para gustar, hablar y moverse suavemente, sonreír, en una palabra, complacer al
putero a costa de olvidarse de sí mismas. Pero este tipo de consumidor no está
determinado genéticamente, lo fabrica la pornografía apoyada por el aplauso
social. Tiganus los divide en tres tipos: putero "majo", (insoportable), putero macho (antipático) y putero misógino (peligroso). Por cierto, su número aumenta y cada
vez son más jóvenes. Y todo esto con la complicidad del Estado, sin ella España
no se habría convertido –como tristemente se repite una y otra vez en prensa y
este ensayo lo ratifica– en el prostíbulo del continente europeo.
“El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir”
Pero el asunto es mucho más complejo de lo que imaginamos
si nos fijamos únicamente en esta frase o nos dejamos llevar por los prejuicios.
La autora nos recuerda que el sometimiento de las mujeres es general, que unas
tienen un único dueño (o dueños sucesivos) y otras, las prostituidas, son
propiedad de todos. ¿Y qué pasa con las solteras? Pues que el reconocimiento
social es mucho menor, y aunque hoy día nadie se atreva a confesarlo sigue
siendo así. En definitiva, el orgullo de la puta existe porque se les educa
para que lo sientan: “somos sumisas y
soberbias a la vez”, se llegan a sentir privilegiadas en comparación con las decentes pues ellas saben aprovechar
su poder femenino, sus encantos. Una
distorsión que extraña menos si analizamos todo el proceso de reclutamiento y
lavado de cerebro al que se las somete y que desde fuera no se entiende, pero
todos estamos sometidos a distorsiones: por época, sexo, edad etc. que vistas
con perspectiva resultan igual de incongruentes. Por ejemplo, quienes sufren
violencia de género experimentan algo muy parecido. Por eso insiste en la
necesidad de un diálogo entre mujeres sin prejuicios ni condescendencias, solo
así se entendería que la subordinación afecta a todas.
“Dentro de la enajenación, a las mujeres privadas “les pone” limpiar, cuidar, cocinar, criar y servir a su familia. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder. (…) Dentro de la enajenación, a las mujeres públicas “les pone” ofrecerse, insinuarse, follar y servir sexualmente a los hombres. No es que lo disfruten per se, sino que es la única forma de ser vistas y valoradas, aunque siempre infravaloradas. Un falso poder.”
Un razonamiento que sorprenderá a algunos porque no se puede entender más que desde una perspectiva feminista, es decir, situándose en un estricto punto medio donde nadie lleve la batuta. Y aquí llega la parte luminosa de un discurso en el que nadie se libra, ni los que se lucran del negocio ni las propias mujeres prostituidas ni ningún sector de la sociedad, aunque en cada caso las responsabilidades sean muy distintas. La conciencia feminista liberó definitivamente a Amelia, su activismo le proporcionó un objetivo más allá de la vida cotidiana y le ayudó a clarificar ideas. Así conectamos con el título, porque este ensayo nos interpela directamente: no habrá triunfo feminista si no hay colaboración entre mujeres, pues “será la revuelta de las putas la que propicie el fin del patriarcado.”
También sobre esta obra: Entrevista con Amelia Tiganus