sábado, 31 de enero de 2026

Rita Bullwinkel: Golpe de luz

Idioma original: inglés

Título original: Headshot

Año de publicación: 2024

Traducción: Ce Santiago

Valoración: bastante recomendable 

Ocho chicas se enfrentan unas a otras en el Trofeo de las Hijas de América que celebra la Asociación de Boxeadoras Juveniles y que tiene lugar en un cochambroso gimnasio de Reno, Nevada. Ocho jóvenes boxeadoras, lo que significa cuatro combates para decidir las semifinalistas, dos semifinales y por supuesto, la gran final -bueno, grande de no celebrarse con apenas asistentes en un, como digo, cochambroso gimnasio que responde al pomposo nombre de "El palacio del boxeo de Bob"-; siete combates en total, que son los que articulan esta novela. Es decir, la acción se circunscribe, prácticamente, a esos sietes combates, pero en la novela, claro está, se nos cuenta mucho más que las evoluciones físicas de las boxeadoras, los golpes y los puntos que van ganando -que también-: se centra sobre todo, en la personalidad y las vivencias de las ocho chicas, llegadas desde distintos rincones de EE.UU. En su personalidad o, mejor dicho, en diferentes aspectos que sumados, pueden darnos al menos un atisbo de ésta: sus anhelos, sus actitudes ante la pelea y ante la vida, su percepción de lo que las rodea, su pasado y su futuro...

Podría decirse, pues, que la novela nos ofrece una suerte de muestrario o catálogo de jóvenes protagonistas (todas lo son en esta novela), de caracteres diversos, de formas de ser femeninas... pero quizá no sea ésa la intención de su autora o, al menos, la intención principal. En el fondo, y pese a sus diferentes orígenes, aspecto, talante y habilidades pugilísticas, todas las boxeadoras quieren lo mismo: autoafirmarse y ser respetadas o, cuando menos, aceptadas, por los demás. Es decir, a lo que aspiran todas las mujeres, de cualquier edad, pero también todos los hombres -y, más aún, si cabe, las personas no binarias-, ya sean el tipo más rico del mundo o unas adolescentes que practican un deporte minoritario para las chicas en Tampa, San Diego o Dallas.

La novela, escrita con un pulso y una tensión admirables -o si lo preferís, con un eficaz punch, que te noquea después de mantenerte a raya con una serie de jabs y castigarte el hígado con un gancho corto- no llega a hacerse repetitiva, pese a su estructura recurrente porque Rita Bullwinkel pone mucho cuidado en que cada combate difiera de alguna manera del anterior, abordando en su narración aspectos diferentes o siendo más o menos detallado con la descripción técnica. Aún así, hay que decir que los primeros se leen con un interés casi febril que decae un poco en los siguientes, una vez asumida la originalidad de la narración. Y también que algún que otro combate, de ocho asaltos, se hace un pelín largo, aunque eso también contribuye a comprender la sensación de agobio e impotencia de la boxeadora que va perdiendo, supongo. En todo caso, aviso:  si se comienza esta novela -que, de todos modos, se lee en poco tiempo porque consta de menos de doscientas páginas- resulta casi imposible no acabarla, creo yo; no puede uno dejarla hasta saber quién ha ganado el torneo. El premio para la vencedora puede no ser más que una copa dorada de plástico, pero también la empatía de todo aquél y aquella que lea esta obra.

viernes, 30 de enero de 2026

V. S. Naipaul: El escritor y el mundo

Idioma original: inglés
Título original: The Writer and The World
Año de publicación: 2016
Traducción: Flora Casas
Valoración: imprescindible

Pues alguna vez habrán acertado los del Nobel, ¿no? Recuerdo que quedé algo decepcionado cuando leí, supongo que con alguna expectativa errónea, Guerrilleros, y que, cosas de los devaneos lectores, no presté atención a su obra hasta que leí una mención a uno de los artículos contenidos en esta recopilación de ensayos. Una mención bastante curiosa y tangencial, por cierto. Pero no me hagáis explicar a fondo mis filias. Que luego nos copiarán, más aún. 

Y he descubierto una faceta de Naipaul que apenas intuía. Aquí se recogen textos de casi tres décadas que quedan agrupados por ámbitos geográficos y, hasta cierto punto, siguen la evolución del escritor trinitense conforme analiza las sociedades que le son cercanas en el ámbito geográfico, y se va extendiendo a otros más alejados. Todo ello le hace encajar en un perfil algo análogo a Kapuscinski, aunque donde el genio polaco era un especialista en meterse a fondo y hasta límites de riesgo extremo en zonas de conflicto, Naipaul toma menos riesgos - no es un reportero sino un escritor. Ese sería el límite de la comparación. Pero lo que escriben, ambos, es certero y afilado. 

Naipaul habla de pequeñas islas caribeñas que han sido descolonizadas con torpeza. Escribe sobre sus orígenes hindús y menudo zapatazo le arrea a lo que viene siendo reiteradamente apelada la mayor democracia del planeta. Analiza sin ambigüedades el sistema de castas y desde luego no es que se exprese con excesiva diplomacia. Si usáramos cierto sesgo, podríamos afirmar que enfatiza la cuestión de que el hecho migratorio tiene sentido para mejorar el status de quien emigra, pero lo pierde a medida que quien emigra intenta mimetizar su destino como si fuera su origen. Una cuestión que da para mucho debate en el mundo de hoy en día. Analiza países como Argentina (delicioso ensayo que vale por sí solo todo el libro, en el que serpentea desde Borges a Eva Perón, pasando por las debacles causadas por la inflación), Costa de Marfil o Zaire - enfoque colosal sobre las excentricidades de los mandatarios africanos y sus cambios de ideario a medida que el poder excesivo intoxica sus mentes, Estados Unidos, pequeñas islas caribeñas donde ejemplifica la pantagruélica hambre de poder del imperialismo. Todos sus análisis, que se extienden por décadas y en los que se percibe que su status avanza y sus viajes cuentan con mejores condiciones, cuentan con un factor crítico que seguro que le causaría problemas en algún momento. No es que se exprese con optimismo sobre las perspectivas de muchos de los países que visita, más bien en algunos casos vaticina que sus soluciones son precarias y abocan a nuevas crisis. Su prosa muestra un sentido común y un nivel literario al alcance de pocos, y uno acaba con la impresión de que nadie más adecuado que un escritor de orígenes exóticos y residente en una pequeña isla del Caribe puede ser tan perspicaz analizando el mundo, en tantos sitios, por tanto tiempo.

Más reseñas de Naipaul en ULAD aquí


 

jueves, 29 de enero de 2026

Pol Guasch: Reliquia

Idioma original: catalán
Título original: Relíquia
Traducción: Unai Velasco, para Anagrama
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Como se dice en algunes ocasiones cuando se habla de grandes escritores, de Pol Guasch me leería hasta su lista de la compra. Su inmenso talento que exhibe en cada uno de sus poemas, artículos o libros, hace que para mí sea un autor de referencia y uno de los grandes talentos de la literatura catalana.

En esta ocasión, Guasch deja de lado la ficción para esgrimir un relato muy personal, muy íntimo, en el que narra un suceso que le ha marcado profundamente: el suicidio de su padre a los cuarenta y cuatro años cuando él tenía solo quince. Un suicidio que nadie previó, que nadie presagió y que les dejó un terrible vacío, más por lo que no rellenó en vida que por lo que se vislumbraba en el futuro. Una ausencia que abre el libro, de manera honesta y triste, cuando ya en su primera frase, el autor confiesa: «Habría agradecido una nota. Doblada en cuatro, con erratas y palabras borradas, en una hoja reciclada de otro día, en un pedazo cualquiera de papel, en una servilleta vieja, sobre una carta abierta, da igual, una nota antes de hacerlo», aunque reconoce, con cierta resignación, «que a veces no hay frases finales para cerrar nada, para terminar, que a veces no hay palabras acertadas para huir». Así, Pol Guasch escribe este libro diez años después del suicidio de su padre, diez años que dan para mucha reflexión y búsqueda de recuerdos, diez años para constatar «que amar consiste en acumular estratos que sedimentan uno tras otro y que cada amor nuevo descansa sobre las ruinas de uno antiguo. Diez años para reconocer que tú fuiste el primer estrato de todos. Diez años para asumir que tendremos que esforzarnos terriblemente para olvidar lo que hemos amado de alguien».

Con este estilo directo pero sentido, conmovedor y emotivo, Pol Guasch se nos abre en canal (o más bien en un torrente emocional) en el que narra la muerte de su padre desde el dolor del vacío que deja. Un suicidio que llena un futuro de lagunas, un paisaje por colorear, un sinfín de preguntas sin respuesta y de conversaciones no iniciadas. Y, en la búsqueda de motivos, un intento de acercamiento, de emular sus gestos o aficiones, porque «copiarte era una forma de acercarme a ti. También de admirarte. Un intento de entenderte, seguramente: pensaba que, si hacía lo mismo, podría llegar a sentir lo que sentías, que solo hacía falta esperar, repetir y esperar». Un intento infructuoso que le lleva a buscar nuevas vías, nuevas formas, para alcanzarlo, para comprenderlo, de manera que Guasch opta por buscar más allá de él y de ellos y, por ello, se encamina a mezclar reflexiones, notas biográficas de autores conocidos que travesaron circunstancias similares con retazos de su propio pasado. Unas memorias que le sirven para recordar no tanto a su padre sino a sí mismo; un tiempo pretérito que recuerda para traerlo nuevamente al presente, intentando encontrar en sí mismo respuestas y rellenar pasajes del pasado, para no olvidar, para retomar y para completar quien es hora con quién fue. De esta manera, el autor se escuda y se arropa en textos y biografías de autores que también se suicidaron para encontrar en ellos aquellas palabras que le faltan para explicar lo sucedido, para comprender a su padre y qué le llevó al suicidio y entender a la vez sus propios sentimientos y emociones, un amparo en su tristeza y dolor causado por la incapacidad en entender y de entenderse tras un suicidio que les deja sin, tan siquiera, una carta de despedida, quien sabe si porque aquello «significaba que el último pensamiento no había sido para nosotros», o quizás porque «ya debías de saber que un largo silencio, al final, también es un lugar donde descansar, una zona donde los demás escogen las palabras con las que querrían recordarte». Quizás este era el motivo, quizás.

De esta manera, Pol Guasch se adentra en la historia familiar de manera terriblemente íntima y personal para intentar comprender el suicidio de su padre, y lo hace con una aproximación que le surge de manera orgánica: a través de otros escritores que han pasado por lo mismo. Y esa es la magia de la historia: cómo la literatura, los libros, los autores que nos envuelven pueden ser de ayuda en ese difícil proceso de entender a los que ya no están, a nuestras personas más cercanas, a nosotros mismos. Ahí radica el submensaje de esta obra: cómo la literatura nos ayuda a lidiar con nuestras vidas, nuestros obstáculos, nuestros pensamientos y, a la postre, con nosotros mismos. Un texto a caballo entre la memoria y referencias de biografías de autores con el que Pol Guasch despliega su talento pero especialmente su sensibilidad para tejer un relato que conmueve, que nos hace reflexionar sobre la vida y su ausencia, porque la muerte no es nada en sí misma sino la carencia de momentos por vivir, de conversaciones pendientes, de intuiciones no corroboradas, de miradas que no encuentran réplica más allá de la que podamos darnos a nosotros mismos a sabiendas de que siempre nos quedaremos cortos en palabras y en afectos.

miércoles, 28 de enero de 2026

Sigrid Nunez: El amigo

                                                                                                  

Idioma original: Inglés

Traducción: Mercedes Cebrián

Año de publicación: 2019

Valoración: Está bien


La protagonista de esta novela es una escritora y profesora universitaria neoyorquina que pierde de forma inesperada a un gran amigo, también escritor, y se ve obligada a hacerse cargo de su perro, un enorme y elegante gran danés, al que bautizará con el nombre de Apollo.

A partir de estos mimbres Sigrid Nunez elabora un relato en el que se mezclan distintos géneros, entre otros,  el diario personal, el dietario y la novela. Quizás esta mezcla de géneros es la que pueda resultar un tanto confusa  para el lector. No hay un hilo narrativo definido. A menudo nos encontramos con párrafos largos, seguidos de otros muy cortos, en los que va saltando de una idea a otra sin que sepamos cual es la orientación ni la dirección por las que va a transitar el texto. Tenemos que entrar en esa dinámica narrativa y no esperar un desarrollo cronológico ni argumental lineal.

En algunos momentos nos narra su historia de amistad con su amigo fallecido. A continuación, la trama se ve salpicada con anécdotas de su profesión, tanto desde el punto de vista académico como profesional. Entre medias, incluye citas de novelistas famosos como Kundera, Virginia Woolf, Robert Graves o Flannery O´Connor, relacionadas con la literatura o con la tenencia de animales de compañía y, finalmente, añade muchas reflexiones personales sobre las mascotas en general, y sobre los perros en particular.

Podríamos decir que todas estas líneas argumentales confluyen finalmente en la relación que tiene nuestra protagonista con su perro. Abrumada por la responsabilidad de criar a Apollo, en un bloque de apartamentos en los que no se permiten mascotas, nuestra protagonista se ve envuelta en un lento proceso de aprendizaje. Observa el comportamiento del perro, un animal noble y desconcertado por la pérdida de su anterior dueño, y se va encariñando progresivamente con él. A partir de ese momento, nos transmite las sensaciones que le produce la compañía de su mascota y, a través de su comportamiento, las que piensa que tiene el perro hacia ella y hacia el resto del mundo. 

Al final, nuestra protagonista, una persona solitaria, nos confiesa que no tiene una mascota, sino un amigo.

Así pues, nos encontramos con una novela emotiva, en la que el tema central es la amistad, narrada con un estilo elegante pero sencillo y que, por supuesto, va a encantar a todos aquellos que tengan una mascota, porque se van a ver reflejados, de una manera u otra, en nuestros protagonistas.


martes, 27 de enero de 2026

2x1: El sonido de los Beatles, de Geoff Emerick, y The Beatles: Revolución en la mente, de Ian McDonald

Título original: Here, There and Everywhere: My Life Recording the Music of the Beatles

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2007

Traducción: Ricky Gil

Valoración: recomendable para interesados; muy recomendable para fans

Como en 2025 tuve una especie de Beatlemanía retardada (dejando abandonados completamente a Dylan, Cohen y Cave), y mi tendencia a leer libros sobre música/músicos deriva de una sólida convicción de querer explorar todo lo que se pueda acerca de lo que admiras, el resultado fue, entre todo lo que leí con fruición, encontrar estos dos libros, que son el día y la noche para quien quiera adentrarse en el ámbito musical desde una mirada mínimamente objetiva, pero también humana.

Arranquemos primero por la buena noticia, la del libro de Geoff Emerick. No me detendré a explicar su figura porque la mayoría ya debe conocer su papel como ingeniero de sonido y en qué punto de la historia de los Beatles comenzó a trabajar para ellos. Lo valioso de este libro, además del recorrido que hace de su propia vida, donde aprenderemos el gusto por la calidad del sonido, las tempranas demostraciones de cómo saber manipularlo mediante distintos experimentos con la electrónica existente y el funcionamiento de la jerarquía de una discográfica en los años sesentas (genial ese ascenso de asistente de ingeniero, donde veías todo lo que sucedía en el estudio, a ingeniero de masterización, encerrado en una covacha y perdiéndote de todo, para luego volver como ingeniero titular a la sala de grabación), es cómo Emerick nos muestra el día a día de los Beatles, la personalidad de ellos en el estudio, la forman en la que trabajaban, las salidas de tono, ya sean bromas o estallidos de enojos un tanto caprichosos, el estrés (muy gracioso, por otro lado, cómo le tomaban el pelo sus ayudantes, pero de una manera cariñosa) de George Martin a la hora de lidiar con cuatros muchachitos que hacían de todo menos lo que alguien les ordenara. Y además de trabajar con ellos de forma plena a partir de Revolver, también nos enseña los primeros días de Los Beatles (ya que él empieza a trabajar en EMI casi al mismo tiempo que fichan al cuarteto) cuando la discográfica decidía los temas de los artistas en base a covers. 

Lo que añade como fragmento valioso a este relato biográfico es que también te importa lo que sucede con el equipo de los ingenieros de grabación, el asombro de las ideas de Martin y Emerick para poder satisfacer al grupo; si bien no se destaca mucho a la hora de analizar la banda, para tener tamaño arsenal de ideas innovadoras continuamente es porque también ellos eran unos genios en lo suyo y se vieron obligados a dar lo mejor. Lo que a otro le hubiera llevado semanas encontrar la solución, ellos lo hacían en pocas tomas, y eso también es algo difícilmente comprensible (sobre todo para los que no sabemos ni un poco de aspectos técnicos, como en mi caso).

Sobre Los Beatles se ha escrito mucho, la mayoría de forma reiterativa y sin aportar información relevante. Acá no se puede decir que haya mucho de nuevo para el fanático más radical, pero la estructura de la biografía, casi como una novela, con sus correspondientes descripciones y diálogos, inicio, desarrollo y clímax en cada grabación de disco, la salida de Emerick después de hartarse de Los Beatles en el Álbum Blanco, el regreso del mismo en el Abbey Road, todo ello configura el patrón de una novela de (auto)descubrimiento acerca de lo que la música, en manos correctas, puede llegar a causar a la gente, y de cómo todos los involucrados vieron cambiadas su vida de forma permanente. Si uno lo piensa es vertiginoso: apenas son, desde que Emerick comienza a trabajar, ocho años de su vida, y sin embargo nada más hermoso y vital que toda esa experiencia. Sí, también relata cómo ayudó a McCartney con Band on the Run en sus peripecias nigerianas (se nota la resignación cómica de haber batallado con el enjambre de mosquitos y el tráfico de Lagos) y el contacto con otros artistas como Elvis Costello, que protagoniza un prólogo donde deja patente su amor por la música y su enorme cariño por Los Beatles, pero, para él (y para algunos de los lectores), el punto de quiebre se dio con esa aparición mágica, explicada desde todos los enfoques posibles e igual de inasible que hace sesenta años atrás.


Título original: Revolution in the head. The Beatles records and the sixties

Idioma original: inglés

Año de publicación: 1994

Traducción: Ricky Gil

Valoración: exasperante

No estoy en contra de desmitificar. Si bien me encantan los Beatles, nunca podría decir que líricamente están al nivel de un Leonard Cohen o de un Indio Solari, por ejemplo, a pesar de que tienen varias canciones con versos que funcionan como bombas psicológicas/sociológicas. Nada que reprochar, hay una línea muy fina entre ser un buen letrista y un gran letrista o directamente un poeta con una imaginería propia e irreductible.

Algo así parece pensar Ian MacDonald. Como este es un libro sobre música, el punto no se centra en las letras (que, por otro lado, en varios puntos del libro sí se trata) sino en los aspectos musicales. El problema es que MacDonald parece dar por sentado que sus lectores conocen todos los acordes y progresiones de todas las canciones que han escuchado, cuando muchos (y no hace falta ser melómano para hacerlo) apenas podríamos identificar que un bajo suena distinto en una canción que en otra por algún efecto utilizado, y muchas veces nos quedamos con un solo acorde que funciona como catarsis, en vez de registrar la construcción entera de la canción y los diversos cambios a través de ella. 

Mi valoración, entonces, está dada por dos cuestiones: primero, no tengo ningún conocimiento formal de la música. Leer el libro de MacDonald implica conocer cada grabación de los Beatles, desde sus inicios como acompañamiento de Tony Sheridan, los días en Hamburgo, etcétera, hasta las tomas registradas en las Anthology, todo registrado bajo un riguroso orden cronológico, que incluye la composición del grupo y quién toca cada instrumento, las canciones inéditas, las tomas descartadas, los jams que se solían marcar para encontrar la inspiración y comentarios entre breves y extensos según lo merezca la canción. 

Sacando que el texto se llena de referencias para cada canción y que dificultan la lectura, hasta ahí todo bien. Pero cada comentario está regado de notaciones musicales y de segundos que señalan el cambio de acorde y de cómo la batería ejecuta otro patrón y de cómo el bajo recorre todo el brazo. No dudo que al fanático le resultará imprescindible saber en qué segundo exacto hay un error de sincronización, pero al lector más o menos interesado en los Beatles termina por aburrirlo tanto dato sin otro propósito que la de ir relatando cada canción. Una cosa es detallar las bondades, los asombros en cada secreto revelado, y otra es decir: acá suena esto, acá lo otro, pasemos a lo siguiente. Reconozco que mi valoración está manchada por haber leído antes el de Emerick, donde cada canción, incluso las menores, tenía un componente atractivo, ya que todas conllevaban problemas para ejecutarlas tal cual querían sus creadores. Pero si esos detalles los hubiera leído de este libro terminaría creyendo que Across the universe es una "letargia insípida".

Y esa es la segunda cuestión de mi valoración: los comentarios a cada canción. En algunas se extiende varias páginas, como I am the walrus o Revolution 9 (!), otras las despacha en siete u ocho líneas (casi todas las de Harrison, por alguna razón, en contraste con las alabanzas, a veces desmedidas, a Lennon), Pero en casi todas se nota la impronta del autor por hacerte notar que él sabe mucho más que vos y que no hay nada que puedas hacer para discutirle las opiniones. Por supuesto que esas opiniones tienen que ser dadas, y es bueno y refrescante que en un libro sobre los Beatles sean provocadoras y con argumentos que intentan ser sólidos. Uno debe tener el suficiente criterio para reconocerlo y no pelearse con el libro. Pero de ahí a tirar frases lapidarias como la citada sobre Across the universe o considerar que Helter Skelter es nada más que "palabrería de borracho" hay un trecho y bastante largo; no se puede pasar de una opinión fundada en la teoría musical, donde lo único que puedo criticar es la tendencia a la pedantería y la profusión de datos sin ton ni son, a un comentario mucho más propio de un twittero.

En fin, que los dos libros son polos opuestos. Uno escribe desde la pasión de la música y del conocimiento de haber estado ahí todos los días, y muchas veces haciendo horas extras, pero también con un matiz de objetividad (para Emerick hay un par de álbumes y varias canciones que no están a la altura del grupo), y el otro, si bien no dudo que también tiene una gran pasión, intelectualiza todo y se esfuerza por otorgar una racionalización que excede a las canciones, cuyo efecto es nada más y nada menos que cambiarle la vida a las personas.




lunes, 26 de enero de 2026

Javier Jiménez: Desvío a Trieste

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Más bien decepcionante


No se puede negar el atractivo de las tierras fronterizas, lugares que a lo largo del tiempo han ido atesorando la influencia de vecinos cambiantes, inmigrantes y conquistadores, marineros y comerciantes con sus diferentes culturas, modos de ver la vida, de saludar o de vender, de moverse o edificar. Todas esas huellas quedan marcadas, superpuestas y a veces invisibles, sobre la personalidad del lugar, que termina hablando alguna lengua híbrida o varias al mismo tiempo, cuyas calles siguen trazados diversos según cuándo se diseñaron, y en todas partes se distinguen detalles a veces chocantes cuyo origen pocos identifican ya. Aunque nunca he estado en Trieste, esa pequeña ciudad en el extremo del Adriático, a un paso de Eslovenia, hoy italiana y antes muchas otras cosas, parece ser que es un estupendo ejemplo de ese cosmopolitismo.

Todo esto sería muy interesante si Javier Jiménez (quizá más conocido como Javier Fórcola, director de la editorial homónima) hubiera querido contarnos cosas sobre una ciudad que parece conocer bien. Pero creo que tenía otras intenciones, que descubrimos ya en el mismo prólogo, unas cuantas páginas cuajadas de citas, fechas y nombres de escritores, músicos, nobles o gobernantes que, o bien tuvieron alguna relación con la ciudad, o bien se supone que ilustran su historia. Fácil de decir, pero difícil de entender para quien no lo haya leído, porque en una sola página podemos encontrar diez o quince citas, tal vez veinte nombres, que hacen de la lectura un ejercicio de verdad irritante. Con muy escasas excepciones todo el libro será así.

Algo hace pensar en una gran base de datos, muy bien parametrizada, con cientos o miles de citas y fragmentos, nombres de autores y obras literarias, musicales o cinematográficas que algún algoritmo se encarga de enlazar con destreza. Da igual si esa herramienta informática solo existe en la cabeza del autor, le reconocemos desde luego el mérito, pero el resultado no nos interesa, porque los puntos de conexión con el objeto del libro (recordemos, Trieste) son tan débiles que aquel queda sepultado, o más bien arrinconado, ignorado, de manera que perfectamente podríamos estar leyendo algo acerca de cualquier ciudad del mundo. 

Es una especie de libro-Frankenstein, construido con postizos de mil sitios, con lo que otros dijeron antes. Como si construyésemos una reseña juntando frases de otros reseñistas, de comentaristas de redes o periódicos. Con una lupa hay que buscar una opinión personal sobre la ciudad, sus calles, su luz, sus gentes, hoteles o comercios, que era lo que habíamos venido a buscar, de manera que no le encontramos el alma, ni a la ciudad ni al texto. La aportación subjetiva del autor queda en muy poca cosa, como no sea exhibir sus conocimientos de música clásica o impresionar con referencias a las joyas que lucen en su fonoteca y biblioteca, con innumerables versiones de la Divina Comedia, o grabaciones de Verdi o Mahler, todas las cuales conoce a la perfección.

Ay, las expectativas. Quizá deberíamos ser un poco más benevolentes si vemos el libro no como lo que esperábamos, un texto con experiencias, imágenes o impresiones del viajero experimentado, sino como lo que realmente es, un ejercicio personal de erudición que toma como punto de partida una ciudad cualquiera. Que no le quitaremos mérito en esa dirección, pero a lo mejor lo que le interesa al autor está bastante alejado de lo que deseaba el lector, que era ni más ni menos que Trieste, ese lugar sobre el que seguramente había tanto que contar, pero sobre el que terminamos sin saber casi nada.


domingo, 25 de enero de 2026

Joyce Carol Oates: Fox

Idioma original: Inglés
Título original: Fox
Año de publicación: 2025
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Valoración: Recomendable (con matices)

Soy un gran admirador de la obra de Joyce Carol Oates. No ha habido un solo libro suyo que no me haya parecido, cuanto menos, solvente. Fox, novela de la autora con la friolera de setecientas páginas, también es solvente (incluso es, en momentos puntuales, brillante). Sin embargo, aunque he apreciado sus cualidades literarias y admito que es sumamente entretenida, me ha parecido excesivamente larga y, en ocasiones, algo reiterativa.

Pero vayamos por partes: Fox es una novela de suspense con un gran énfasis en la narrativa coral y la psicología de los personajes. Trata sobre un atractivo, encantador y carismático profesor de lengua que, recién llegado a la prestigiosa Academia Langhorne, logra cautivar a la mayoría de alumnos, padres y docentes. Lo que las personas de la comunidad de Wieland ignoran es que, además de ser un experto manipulador capaz de condicionar una opinión favorable en los demás, siente atracción por las prepubescentes y no titubea a la hora de abusar de su poder para satisfacer sus fantasías.

Desde el inicio de la novela sabemos que el coche de Fox está medio hundido en un torrente y que el cadáver de un varón todavía sin identificar ha sido esparcido por el bosque por los animales salvajes. A medida que el argumento avanza, ya sea saltando de un personaje a otro, ya sea plantándose en el pasado o regresando al presente, debemos descubir si ese cuerpo pertenece realmente al profesor y si su muerte se debe a un accidente, un suicidio o un homicidio. La tensión y el suspense se espesan, los habitantes de Wieland se van relacionando los unos con los otros, la ausencia del desaparecido profesor afecta a sus allegados y los papeles de víctima y victimario se desdibujan.

Oates dota de una gran personalidad a todo el elenco de Fox, aunque es el protagonista indiscutible de la novela quien se roba el protagonismo. Y es que la caracterización del profesor pedófilo es magnética: nos asomamos tras su fachada afable, educada y pulcra y vemos sus contradicciones y defectos (que con tanta habilidad oculta a los demás), así como su retorcido imaginario erótico.

Resulta pertinente analizar dicho imaginario erótico. Y es que si bien Oates lo nutre de referentes algo previsibles (el matrimonio de Poe con su prima de trece años, las novelas Lolita y La casa de las bellas durmientes, la mención al personaje de Alicia en el país de las maravillas, las pinturas de Balthus...), consigue relacionarlo estrechamente con el pensamiento y modus operandi (enamorar a sus víctimas y, una vez en su despacho, drogarlas y abusar de ellas) de Fox. 

Y es que al profesor pedófilo, por ejemplo, le asquea la vulgaridad pornográfica e inverosímil de Lolita (¡aparentemente, las relaciones sexuales entre un hombre de cuarenta años y una niña de once son anatómicamente imposibles!). En cambio, le obesiona la (según él hermosa) relación de Poe con su prima y le fascina el erotismo de las pinturas de Balthus o de La casa de las bellas durmientes.

De «Las chicas soñadoras de los cuadros de Balthus» le gusta que sean «pálidas, con los párpados adormilados, incapaces de alejar a un amante ardiente y depredador». (pg. 531) Y a Kawabata le reconoce que «sabía lo que Nabókov era demasiado estúpido para entender: las quieres en coma, mudas, con los ojos cerrados y la boca en silencio, los cerebros como colmenas calientes apagadas. Bestias salvajes que hay que domesticar». (pg. 376) 

En resumen: Fox es una buena novela, como no podía ser de otro modo viniendo de una autora con la solvencia de Oates. Quizá su desenlace no sea el más sorprendente posible, y puede que sea demasiado larga y en ocasiones peque de reiterativa. No obstante, mantiene en gran medida el interés del lector. Sin duda, conviene leerla con tal de permearse de la belleza puntual de la prosa, experimentar todas las perspectivas involucradas, resolver el misterio planteado y, sobre todo, alcanzar el cameo metaliterario final de la propia escritora.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

sábado, 24 de enero de 2026

H. Leyvik: En las kátorgas del zar

Idioma original: Yiddish 
Título original: Af tsarisher katorge
Año de publicación: 1958
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
Valoración: Muy (pero que muy) recomendable

Ya sea desde la ficción, la autoficción o lo autobiográfico, la literatura "soviética" (de autores nacidos, ya sea antes, durante o después de, en territorios que integraron la URSS) nos ha dejado algunos de los mejores ejemplos de literatura concentracionaria. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza las Memorias de la casa muerta del amigo Dosto, los Relatos de Kolima de Shalamov, Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o, aunque sea de forma más tangencial, el terrible Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam.

En esa triste tradición se inserta este En las kátorgas del zar de H. Leyvik (seudónimo de Leyvik Halpern), en el que el autor narra su estancia en prisiones zaristas (1906-1912) y su destierro en Siberia (1912-1913) cuando apenas contaba con 20 años de edad. Eso sí, hay que tener en cuenta que se trata de un texto escrito en 1958, distancia temporal que resulta fundamental a la hora de analizar la estructura y el contenido del mismo.

Así, hemos de dejar claro que no estamos ante un diario o una pormenorizada relación de sucesos ocurridos en el período citado. De hecho, En las kátorgas del zar posee una estructura cercana a lo novelesco, a una novela con la que, tal y como dice en medio del delirio en prisión, mantendré despiertos mis pensamientos y mi memoria, llevaré la cuenta de mi vida y mis actos. 

La primera parte, titulada también En las kátorgas del zar, parte de la oscuridad y el frío de una mazmorra para, a través de varias analepsis, presentarnos el pasado del narrador (su condición de judío, su implicación política, la relación con sus padres, los días del juicio) y continuar, posteriormente, con su estancia en la Butyrka moscovita, con la presentación de los seres que le acompañan en la celda. Aquí entronca directamente con la gran novelística rusa del XIX, con Tolstoi y Dostoyevski, ofreciendo, a través de diálogos y personajes inolvidables, un maravilloso texto sobre la relación entre hombre y poder, la culpa, la violencia, el arrepentimiento, los dilemas morales, etc en un contexto en el que la enfermedad, el delirio o la angustia campan a sus anchas, pese a pequeños atisbos de humanidad y esperanza.

La segunda parte, titulada Por los caminos de Siberia, nos traslada a la semimítica ciudad de Irkustk (el lago Baikal, Miguel Strogoff...), punto de partida para el "reparto" de los presos por la orillas de río Lena. Y esto podría ser casi una novela de "viajes" por esos cuatro meses atravesando las estepas en el abrasador calor del mes de julio si no fuera por esa mirada profundamente humana de Leyvik hacia su propio interior y hacia sus compañeros de travesía, ya sean presos, oficiales, soldados o habitantes de la estepa. El dolor de pies, el hambre, el aislamiento, el camino entre la angustia y un deprimido mutismo aparecen, así, unidos a los lujos y miserias de la condición humana.

Ya digo que por estructura, estilo, construcción de personajes e, incluso, por ritmo, En las kátorgas del zar semeja más (aunque no lo sea realmente) una novela autobiográfica que una crónica o unas memorias. Sea como fuere, se trata de un texto profundamente ruso y profundamente judío que debería figurar, por méritos propios, en cualquier lista de "lo mejor de 2025" que se precie. Yo no lo he visto en ninguna, salvo en la nuestra. ¡Ahí lo dejo!

viernes, 23 de enero de 2026

Wu Ming: Ovni 78

Idioma original: italiano

Título original: Ufo 78

Año de publicación: 2022

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: muy recomendable 

Italia, años 70; es decir, años de terrorismo (rojo y negro), drogas, comunas más o menos jipis, rock espacial/psicodélico, noticias sensacionalistas, supuestos avistamientos de ovnis... Elementos todos que pertenecen al zeitgeist de la época pero que resultan difíciles de encuadrar en la misma narración, quizás... Pues bien, los Wu Ming lo han conseguido -quiénes, si no-  en esta su última novela hasta la fecha (de hace ya tres años, pero publicada en 2025 en España.  

La acción se desarrolla en Roma, en Turín y en la comarca toscana de la Lunigiana, en el año 1978 (¡sorpresa!), en el que hubo más avistamientos de ovnis que nunca en Italia, aunque sea más recordado por otro suceso: el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, algo que encontramos como transfondo de la acción de la novela. De hecho, está arranca, tras un prefacio en el que se nos cuenta otra desaparición misteriosa, unos años antes, cuando cuando se va a celebrar en Roma un congreso de ufología, justo el día en que secuestran al político democristiano. Allí acuden los aguerridos turineses del Grupo de Investigadores Ufólogos y Clipólogos Asociados de Turín -GIUCAT-, acompañados de una de las protagonistas del esta historia, la antropóloga Milena Cravero, que está estudiando a los aficionados a esta actividad. También otro de los protagonistas, el escritor de libros sobre los ovnis Martín Zanka, cuyo hijo Vincenzo, ex-heroinómano, vive en una comuna llamada Tanur, en un pueblo de la Lunigiana donde se encuentra también el misterioso monte Quarzerone, un lugar lleno de leyendas y avistamientos extraños y donde, unos años antes, se han producido unas desapariciones que obsesionan al subinspector Gheppio, de la Guardia Forestal, el último de los personaje principales. Lo que no quiere decir que el resto no tenga importancia, porque en esta historia todos tienen su momento y se les da la misma importancia, desde el ufófilo y germanófilo Jimmy Fruzzeti o su abuela, la "bruja" Jole, al ex-fascista Pardo o el veterano de guerra Capoferri... ¡Si hasta aparece, si bien sólo de pasada, el gran Franco Battiato! Y ya me diréis si un libro que recuerde y reivindique a Franco puede ser malo... (bueno, vale, me abstendré de hacer el chiste).

Por otra parte, es esta una novela que va mutando: lo que comienza como un relato sobre alienígenas, posibles abducciones e investigaciones al respecto, adquiere un tono de crónica política y sociológica para acabar como una suerte de noir rural (o de giallo, en este caso), pero sin perder tampoco los elementos anteriores. Es también la instantánea de un momento de cambio, un punto de inflexión en ese año en el que la izquierda italiana comenzó (o comenzó a ser palmario) su declive, representado en el desencanto del comunista Zanka (no olvidemos que el tema común de las novelas de este colectivo es, justamente, cómo se fueron torciendo los impulsos revolucionarios en los diferentes momentos históricos en los que habían o parecía que iban a triunfar).

Estamos también ante una metáfora (o quizá ni siquiera lo sea, de tan obvia) de cómo en la Italia de la Guerra Fría y, particularmente, de los "años de plomo", se distraía la atención de la población con unos hechos, mientras lo que estaba sucediendo era otra cosa. No sólo con los ovnis y la "fantaciencia" (como se dice en Italia), sino incluso con la actividad armada de ciertos grupos... En todo caso, es posible también, como se menciona en el libro, que esa gran ola de avistamientos de ovnis que tuvo lugar ese año tuviera mucho que ver con el cansancio de la ciudadanía ante una realidad social y política que les había dejado exhausta a la sociedad italiana, necesitada de una ilusión escapista o, más aún, de que vinieran unos seres extraordinarios que se los llevaran de allí a otro mundo donde no hubiera heroína, bombas, corrupción y latrocinio por doquier. Otra cosa es cuánto hubiera aguantado un italiano en un planeta donde, por ejemplo, hiciesen la carbonara con nata en vez de con huevo o le pusieran salsa boloñesa a los espaguetis... Ya os digo yo que se vuelve corriendo y rezongando contra esos barbari.

Más novelas de Wu Ming reseñadas en Un Libro Al Día: Manituana, El Ejército de los Sonámbulos, Proletkult. Y de Luther Blisset: Q

jueves, 22 de enero de 2026

Julia Bell; Atención radical


Idioma original: inglés
Título original: Radical attention
Año de publicación: 2020
Traducción: Albert Fuentes
Valoración: bastante recomendable

A la estela de cierto comentario reciente, y sin llegar a recordar nítidamente (el hándicap que tiene uno, que no alcanza los 140 libros al año de lecturas, y se resigna a unos 40 o 50, eso sí, gratis) dónde surgió la referencia a este ensayo, Atención radical, publicado en 2020, otra fecha - quizás algún marciano aún se pregunte por qué - que pasa a ser un hito de esta humanidad globalizada y uniformada y adormecida y adocenada, aunque hipotéticamente democratizada.
Oh sí: justo criticaba en ese cierto comentario reciente (le llamamos CCR a partir de aquí, vale) lo sencillo que se nos está haciendo acudir a los ensayos que corroboran y fortalecen nuestras ideas y actitudes hacia el mundo, los cerramos de vez en cuando e incluso podemos acunarlos en el regazo proclamando para nuestros adentros dice exactamente lo que yo pienso y, siento que muchos me lapidarán por eso, somos capaces de cometer el crímen sacrílego, como ha hecho el despojo humano que tomó la copia del libro en algún momento antes de hacerlo yo, de subrayar, como para dejar estúpida constancia de su paso por ahí (equiparemos subrayar un libro que no es tuyo a algún crimen como destrozar una habitación de hotel, ya) y de su agudeza visual y de las frases o párrafos que le impactaron. Por favor, parad. Los libros que no son vuestros, los libros que esperáis que alguien diferente a vosotros lea, no los subrayéis, no pongáis anotaciones que muestren al mundo vuestra lucidez. Prestadlos, recomendadlos, apuntad discretamente que tal o cuál parte es brillante o remarcable, pero, por favor, respetad a cualquier futuro lector en su libre elección de qué gusta o entusiasma de cada libro. 
P.D. Y si lo hacéis porque habéis tomado el libro para algún tipo de trabajo académico o como referencia; subrayad suavemente, y, cuando ya no necesitéis el libro, usad una goma de borrar con paciencia, mimo y cariño.
Oh sí: la vena hater se ha apoderado de mí. De eso hablaba en ese CCR, de esa construcción del mundo de los dos bandos, de esa obsesión binaria por definir un bloque y alinearse en él, qué digo alinearse, atrincherarse. Julia Bell ya nos planta un spoiler en ese título: ATENCIÓN RADICAL, que hasta en la portada está remarcado en mayúscula, fondo amarillo en medio de esas líneas de código que a algunos resultan ya familiares. Y a partir de ahí, apenas ochenta páginas - lo justo para llamar a esto libro y no panfleto a la indignaos - que cuentan, lógicamente, con una detallada bibliografía y con una nota de agradecimiento que aclara que el libro toma una postura crítica hacia las premisas que lo han hecho posible.
Oh sí: amamos las contradicciones y la coherencia está sobrevalorada. Otro punto más no tratado en el CCR. 
El texto de Julia Bell es una sucesión de anécdotas, hechos aislados que remarca y observaciones con algún leve tinte filosófico que configuran un conjunto que viene a demostrar eso: que si las Redes Sociales, la apoteosis invasiva, aunque sea con la contraprestación de facilitar ciertos aspectos de nuestra vida, va, aceptemos que muchos, todo lo que entra a través de nuestros ojos a través de los smartphones, valoraremos supongo algún día el modo avasallador en que han penetrado en nuestra existencia, no está acaparándonos, no está siendo ya excesivo y condicionando la psique de varias generaciones. Lo que sucede es que ese texto ejemplifica un poco lo que viene a denunciar: toma referencias a mansalva y, en el fondo, articula un discurso algo atropellado y disperso de todo lo que ese avance - avance, el subrayado es mío - representa en cuanto a lo que podríamos denominar daños colaterales. Que apenas media docena de empresas del mundo monopolizan las aficiones, filias, fobias, gustos, preferencias de compra de miles de millones de usuarios y que lo hacen a través de mecanismos sofisticados (¿maquiavélicos?) que hacen urdir muchas teorías y denunciar, qué novedad, la sensación de debilidad del usuario/cliente/víctima, que a la deriva en un océano de agresivos vendedores/ofertantes/encantadores de serpientes, no tiene otra opción que caer una tras otra en tentaciones, sean estas realistas, sean estas asequibles. Interesante, la premisa, lógica la denuncia de Bell, atractivo, ese desfile de ejemplos. No sé si da para apretar los puños de indignación. No sé si uno ha de sentirse ofendido por que se sugiera que cuesta desmarcarse de la masa borreguil. No sé, tampoco, si allá por 2030 otro corto ensayo de una escritora multifunción denunciará otra situación, otras cosas.

miércoles, 21 de enero de 2026

Siri Hustvedt: Una súplica para Eros

Idioma original: inglés
Título original: A Plea for Eros
Traducción: Aurora Echeverría, para Circe
Año de publicación: 2006
Valoración: está bien


Hacía tiempo que no reseñaba a Siri Hustvedt, de la que me atrevería a afirmar que es mi escritora favorita. Y hacía tiempo también que este libro reposaba en mi estantería esperando el momento a ser leído, pues es un libro que compré hará unos quince años y seguía quedando como pendiente. ¿Motivos? Un par principalmente: el primero es que el libro recopila ensayos escritos entre 1995 y 2006 y los aspectos tratados no acababan de encajar con mis gustos y, el segundo, que el libro contiene algunos de los ensayos ya publicados en «En lontananza» (como «Las lentes de Gatsby», «Una súplica para Eros» y el que da nombre a este libro). Así que, en esta reseña, en la que obviaré los ensayos repetidos, puede considerarse una extensión a ese libro.

A nivel introductorio diré que, como es habitual en recopilatorios de ensayos de la autora, los temas tratados son diversos y, en gran parte, inconexos así que el interés (subjetivo siempre) que me despiertan unos u otros es dispar por lo que, en este caso, y mirándolo como un todo, el resultado de la lectura me deja algo indiferente, pues varios de ellos no consiguen captar demasiado mi atención. En cualquier caso, sí hay algunos destacables y que merecen su lectura como el de «Franklin Pangborn: Una Apología» en la que la autora traza una retrato sobre este actor de la primera mitad del siglo XX que destaca por ser una figura que «domina un instante o una escena plenamente, pero nunca una película entera», un autor que «siempre ha interpretado el mismo papel», el de «gerente de algún establecimiento —tienda, hotel, bloque de pisos— cuyas directrices son socavadas por el caos que lo rodea». Así, «Pangborn interpreta el papel de un tipo que intenta manejar una situación en un clima de caos» y Hustvedt toma su figura para evocar las virtudes de una época en la que, en las películas de Hollywood, «el diálogo todavía desempeñaba un papel importante en la producción cinematográfica(…) Hoy en día es poco frecuente que una película nos ofrezca mucho diálogo en cualquier clase, y cuando lo hace es inevitablemente un lenguaje sin mucha complicación, un lenguaje temeroso de las referencias por si el público no las entiende». 

También es interesante el ensayo sobre el corsé, prenda que se utilizaba para moldear la figura femenina («el corsé toma la diferencia entre hombre y mujer, y la lleva al límite») y que la autora tiene altamente presente al recordar un episodio de su vida en el que, haciendo de extra de una película, tenía que llevarlo, con cierta incomodidad al principio, pero con confort después pues afirma que «llevando el mío día tras día sucumbí a sus encantos. Ir con corsé es como encontrarte con un abrazo permanente, un estrujón alrededor de la cintura que no se acaba nunca. Es una sensación agradable y vagamente erótica, un achuchón que dura». Así, con el pretexto del corsé, la autora abunda en la importancia del vestuario no únicamente para ser temporalmente una persona diferente en el caso de los disfraces sino para reafirmar una personalidad, porque «al final, vestir es un acto de la imaginación, una invención del yo, una ficción». 

En otro ensayo la autora también habrá el género, el que tenemos y el que sentimos, y Hustvedt (que ya ha tocado este tema en algunos otros libros) confiesa que cuando está despierta es una mujer, pero en sus sueños a veces es un hombre llegando a la conclusión que en ella hay un hombre y una mujer y afirma que, de hecho, cuando escribe puede adoptar el cuerpo de un hombre o de una mujer. 

En otros textos también habla de la relación con los padres, sobre vivir con desconocidos (algo que le marcó al ir a vivir a Nueva York) así como sobre el 11-S, suceso del que afirma sabiamente que «ver y no creer no siempre van de la mano. Los sucesos traumáticos a menudo vienen acompañados de una forma de disociación. Todo lo que sucede ante nosotros parece irreal». Con ello, nos habla del antes y el después del atentado y de cómo influyó a sus ciudadanos y constata que «solo es posible comprender los ataques contra el Word Trade Center a través de las personas individuales, porque si perdemos de vista lo particular (…) corremos el riesgo de perder de vista nuestra humanidad común».

En resumidas cuentas, la lectura de este libro me ha aportado, más allá del contenido, conocer cómo ha evolucionado la escritura, el estilo y la manera de abordar los ensayos de Siri Hustvedt a lo largo de su carrera. Y el resultado es que el contraste es evidente, pues a pesar de que en estos ensayos la autora demuestra su calidad y que su manera de pensar y abordar los temas es más que destacado, el enfoque y contenido que de sus textos no me han acabo de interesar salvo algunos casos. De todos modos, celebro a su vez constatar cómo ha crecido Hustvedt como autora, ya en lo tocante a los temas tratados como, especialmente, a la exposición de sus pensamientos.

martes, 20 de enero de 2026

Colaboración: Las buenas noches, de Isaac Rosa

Idioma original: español

Año de publicación: 2025

Valoración: Muy recomendable 


Isaac Rosa tiene un radar. Siempre da en el clavo del zeitgeist español. En 2008, cuando empezaba a notarse la emigración y el miedo al otro se colaba en la vida cotidiana, publicó El país del miedo. En Feliz final habló de las relaciones líquidas, del amor vaporoso y de las rupturas cada vez más frecuentes. Y tras la pandemia, cuando por primera vez todo el mundo entendió que el fin del mundo podía llegar en cualquier momento, apareció Lugar seguro. Así que, ahora, no sorprende que escriba sobre el insomnio: nadie duerme bien.

La novela comienza con unas primeras páginas que piden ser leídas en voz alta, recitadas casi como una salmodia.

'No podemos dormir. Cada noche retrasamos la hora de acostarnos, cada noche nos vamos antes a la cama, cada noche lo hacemos a la misma hora y no: no podemos dormir. Tardamos en coger el sueño, lo logramos enseguida para despertarnos poco después, nos sorprende la alarma nada más cerrar los ojos. Nos sentimos llenos de energía y por eso no podemos dormir, nos sentimos agotadas y por eso no podemos dormir'.

A partir de ahí, Rosa urde una trama minúscula —dos insomnes sin nombre que se encuentran por casualidad y descubren que, juntos, sí pueden dormir— para hablar de las causas del insomnio. Y es donde siempre acierta: el problema no es individual, es colectivo. Por muchos remedios caseros, muchas pastillas o mucha higiene del sueño… el problema está ahí fuera. No es que algo funcione mal en nosotros; es que el sistema (trabajo, familia, hipoteca, estrés…) nos aplasta y nos impide dormir.

Pero Las buenas noches no es un panfleto: es una novela y muy bien escrita. 

Aunque lo habitual en una reseña sea hablar del contenido, aquí conviene insistir en que la literatura es, ante todo, forma y estilo. Diría que lo mejor de Rosa. Su estilo recuerda por momentos al último Javier Marías: frases largas, a veces de una página entera, en la que una idea se repite con variaciones, hasta llegar a un punto muy diferente. Un ejemplo (no pongo la frase íntegra):

'Yo en realidad no duermo nunca bien, dijiste, no duermo en los hoteles pero tampoco en casa, me acuesto muy tarde, espero a que me venza el sueño para no quedarme dando vueltas en la cama, y si lo consigo me despierto pocas horas después y ya no duermo más; he probado de todo, rutinas fijas, alejarme de pantallas dos horas antes, cenar poco, cenar lechuga, no cenar, hacer relajaciones, respiraciones profundas, deporte, nada de deporte horas antes, mierdas homeopáticas, y hasta ahora he evitado medicarme',

Rosa alterna la narración más convencional -la historia de esos dos desconocidos que duermen juntos- con un diario del sueño (o del no dormir), recomendado por el médico de cabecera al protagonista. Como es habitual en su obra, es en esos desvíos donde aprovecha para pensar: qué significa dormir, qué significa no hacerlo y por qué demonios no dormimos bien (o por qué duermen bien quienes sí duermen bien).

Algunos pasajes son directamente brillantes. La parte de la factura online, por ejemplo, es buenísima: me he reído a carcajadas. Rosa consigue que se te escape una sonrisa… y acto seguido te la corta. Porque lo que aparece debajo de la broma es el reconocimiento incómodo: estamos jodidos.

Quizá por eso Las buenas noches no ha tenido la repercusión que merece. Tal vez porque se aleja de la lectura sencilla de muchas novelas de moda (no citaré cuáles), o porque señala la causa profunda de nuestro malestar: el capitalismo, el trabajo, el maldito siglo XXI. 

Firmado: Raul Gay

También de Isaac Rosa reseñado en ULAD: La mano invisible


lunes, 19 de enero de 2026

Albert Cohen: Bella del señor

Idioma original: francés
Título originalBelle du Seigneur
Año de publicación: 1968
TraducciónJavier Albiñana Serraín
Valoración: imprescindible

Celebremos el inicio del 2026 con un bombazo.

¿Cómo afrontar los monumentos? ¿Cómo afrontar una lectura que crece y crece con cada mes que transcurre? ¿Cómo dar cuenta de todo lo que contiene una novela que es la expresión misma de cierta forma de ver el mundo, del romanticismo más exacerbado, cínico, lleno de humor negro y a la vez conmovedor sobre dos personas que, en papel, son irredimibles y sin nada que nos pueda llegar a empatizar?

Vuelvo a la carga con Albert Cohen. Ya lo había avisado en la reseña de Solal: primero leí este libro, el tercero de una supuesta tetralogía. Digo supuesta porque, a pesar de que comparten personajes y temáticas, visto lo visto dudo que haya una historia que continúe lineal. A falta de leer los otros dos, Comeclavos Los Esforzados, me da la sensación de funcionar como Minimosca, tomando elementos e historias anteriores y reformulándolos a su antojo a pesar de lo ya establecido.

La novela es inmensa, colosal, inabarcable. Suma cum laude en el tratado del amor más cursi y del hastío ante la vida, de lo que sucede cuando nada te define salvo el aburrimiento por la humanidad, también es una denuncia ante la inoperancia de las instituciones políticas, sobre todo de aquellas que luchan, con "denuedo", por la paz mundial. Y colosal es no solo por los temas, que a fin de cuentas son universales, sino también por sus recursos literarios. Podemos encontrar monólogos sin puntos ni comas y extensivos por treinta o cuarenta páginas, un manejo del tiempo elástico, con diálogos circulares que repiten la noción sin llegar a un punto definido, solo para hacer patente la humillación de un personaje, una prosa entre cínica, entrometida y onírica para representar las inseguridades y arrogancias de los personajes, sobre todo de esa construcción suprema de la ironía que es Solal de los Solales, personaje maravilloso donde los haya. Si en Solal se nos revela como un imberbe que ya produce un efecto inverosímil en las mujeres. acá es un consumado galán que no tiene problemas en jugar con ellas de forma retorcida, con discursos que son mini pontificios de psicología inversa de la seducción. Apabullante ese capítulo donde conquista a Ariane, que está prometida con uno de sus empleados, relatándole las experiencias con las mujeres, burlándose de todas ellas e imitándolas en sus reacciones de acuerdo a lo que él dice, manifestándose harto por ese comportamiento y asegurando, con falsa timidez, que sabe que ella no es igual (a pesar de que Cohen, varias veces, ya nos ha mostrado que Ariane es de todo menos una persona valiosa en su corazón).

Si uno supera el inicio desconcertante, es decir, los primeros cuatro capítulos (que incluye una escena donde nunca se termina de saber lo que ocurre y un monólogo de Ariane sin ningún tipo de consideración hacia los puntos y coma que casi me hace abandonar el libro), y llega a la escena donde se nos presenta la vida diaria de Adrien Deume, prometido de Ariane y funcionario de la Sociedad de las Naciones, en su faceta de patético, lamebotas y ambicioso sin una pizca de vida interior, la novela despega y se presenta como un crisol de hipocresías del ambiente burocrático/político y a la vez del burgués, más preocupado por el qué dirán y las influencias de los poderosos que por sus cualidades morales. Cohen despliega toda su genialidad para mostrarnos, mediante frases filosas y escenas hilarantes, la frivolidad de un atrezzo cuyo supuesto objetivo primordial es trabajar por la paz mundial y cultivarse en el camino hacia el progreso. Podemos ver a Adrien (ridiculizado constantemente como Didi) insultando en secreto a Solal, su jefe, y a la vez rogando por un poco de atención que le permita presumir ante sus iguales del favoritismo que le otorga la alta jerarquía. Podemos verlo en una vomitiva escena donde intenta convencer a su esposa de que se deje ver más junto a él, y todos, salvo él, sabemos que Ariane no tiene ni el más mínimo respeto por su esposo y mucho menos lo ve como alguien digno de amor.

Pero esto es recién el inicio. Cuando empecé la lectura, en su momento pensaba que la historia trataría de Adrien y Ariane y de sus problemas para encajar con la burguesía y de cómo resolver su relación. Y eso es apenas el primer tercio del libro. Luego de una escena larguísima en donde esperamos, junto a Adrien, la llegada de Solal para cenar, sin que este se presente nunca, y viendo cómo Adrien inventa justificaciones a cada hora y luego hasta perdonándolo por no haber asistido, la novela toma otro cariz. Hay un evento, una fiesta que brinda Solal en su mansión, y Adrien y Ariane asisten. En un momento, Ariane se queda a solas con el galán irredento. Y es cuando se da ese discurso maravilloso que cité hace un par de párrafos. Y es entonces que el lector está perdido, entregado al juego de Cohen, reconociéndose en los problemas de Solal para encontrar una mujer que lo quiera y a la vez asqueado por la manipulación evidente y por que Ariane, que se jacta de no querer a nadie, termine cayendo en esa treta. A partir de ahí el foco es para ellos dos, qué es lo que pasa cuando el mayor objetivo se cumple, cuando los sueños más delirantes de tu niñez se ven cumplidos, cuando la persona que aparece todos los días a tu lado es la representación de ese ideal, para lo bueno y para lo malo.

No he mencionado otro grupo de personajes importantísimos: Los Esforzados, con Saltiel, el tío de Solal, como líder de cabecilla. Presentados en Solal, no haré desarrollo de ellos, ya que en esta novela aparecen más como un contrapunto cómico que como una parte esencial de la trama. Pero fungen como un ente colectivo, donde cada uno lleva su rol con una dignidad exasperante y a la vez de una conveniencia que te hace soltar un par de risas. Cómo olvidar la escena donde se esconden y tratan de ver qué hace Solal con Ariane, si se atreve a seducir a la esposa de uno de sus funcionarios y cómo afectará en ello a la reputación del susodicho y a la reputación judía en general. 

Porque ese es otro elemento importante en la obra de Cohen. Si bien existe una crítica feroz hacia ciertas personalidades del ámbito judío y de los estereotipos que a veces encarnan con placer, la novela transcurre en tiempos de entreguerras, y a lo largo de la trama, la mención de Hitler y el avance de todo lo que representa se hacen eco solapadamente a través de los protagonistas y de distintas maneras. Para Adrien es un suceso que le permitirá desempeñar un mejor trabajo y que, paradójicamente, es lo que permite el incipiente adulterio de su esposa, para Ariane una simple distracción que lo aleja de su verdadero amor (para entonces simbolizado en la figura de Solal), y para este último, una preocupación permanente que le hace atestiguar la desidia de la humanidad frente a una fuerza imparable que amenaza con llevarlo puesto. Y su reacción es la de esconderse, la de pensar que no le tocará a él, que le tocará a cualquier otro y que eso bastará para que la furia no lo toque. Eso desemboca, junto con la revelación de su aventura con la esposa de un funcionario, en una huida permanente de su trabajo como Subsecretario de la Sociedad de las Naciones y de su propia persona, escondiéndose con Ariane en varios hoteles y planificando su rutina todos los días con tal de no enfrentar lo que debe enfrentar.

Cohen da acá el golpe maestro. En las últimas dos partes, cuando el foco se centra en la relación de Solal y Ariane, y uno cree, ingenuamente, que son perfectos el uno para el otro (para Ariane por el deseo cumplido de una frivolidad eterna mediante un príncipe azul que le cumple todos los caprichos, para Solal por la belleza sin parangón y la potencia sexual que es Ariane) y que, retorcida y con todos los adjetivos que se puedan encontrar, encontrarán la redención, se muestra que el proyecto de mantener de mantener un amor cursi, adolescente, de renovar la sensación del primer enamoramiento todos los días y de enfrentar con terror cualquier rato de aburrimiento, de desgana, de odio hacia el otro, incluso del mínimo pensamiento de pasar un segundo a solas, es agotador, tanto para el personaje como para el lector. A Solal le ha ocurrido lo mismo que con las demás mujeres, a Ariane, la capa de su príncipe azul se le empieza a desteñir en una mezcla de gris y negro. En cada página leemos expresiones supremas del amor, de la ansiedad, de los celos, de la ira, del amor de nuevo. Vemos, de a poco, ideas cada vez más ridículas por parte de los dos, todo con el fin de mantener una sensación que hace mucho ha muerto. Se compran una casa, se proponen apodos todo el tiempo, hacen el amor cada vez que sus cuerpos se lo permiten pero de una forma mecánica, se amenazan con dejarse, inundan la casa con los llantos, todo esto mientras el mundo se incendia y la marea de la perdición llega hacia ellos. Cada uno consume al otro. La verdadera tragedia, parece decirnos Cohen, es aquel amor que cumple todo lo que pensabas que deseabas pero que nunca termina por satisfacerte, pues cada deseo y acto muere en su concepción.

Es imposible dar cuenta del efecto de una novela como esta. Revela zonas oscuras que uno no quiere pensar que las tiene, o que en algún momento ha pensado que las tiene, y a la vez, en pocos momentos, proporciona un momento de júbilo, un segundo de alegría tan puro como el de un niño, ya sea por la brillantez de un discurso como por las expresiones poéticas sobre el amor, un amor que no es el adecuado, es cierto, pero quién no se ha visto envuelto en uno de esos y ha pensado que se desintegraba en ese influjo. He olvidado muchas cosas (todas las escenas oníricas de Solal, los monólogos de la sirvienta de Adrien y otras cosas), pero meses después el recuerdo de una obra gigantesca, capaz de cambiar tus puntos de vista, de detectar aquello que quizás es intuitivo para todos y que nadie puede poner en palabras, crece y echa raíces en mi mente. Y aunque una de las etiquetas sea muy recomendable alto (porque ciertos monólogos, ciertos trucos, como representar la corrupción de una pareja, horadan el entusiasmo lector y provocan las ganas de tirarlo a la calle), el libro es inolvidable, una tempestad de la naturaleza que te deja temblando y anonadado ante la capacidad de la ficción para descubrirte y renovarte.

Más del inconmensurable Albert Cohen: Solal


domingo, 18 de enero de 2026

Carmen Martín Gaite: Lo raro es vivir

                                                    
Idioma original: Español
Año de publicación: 1996
Valoración: Está bien

Águeda, una mujer de mediana edad, acude a la residencia donde está ingresado su abuelo porque el médico que le atiende tiene una propuesta que hacerle que puede contribuir a mantener o incluso mejorar el bienestar del paciente.
La madre de Águeda, que era la única persona que visitaba al anciano con regularidad, ha fallecido recientemente y el médico piensa que esa circunstancia puede perjudicar su salud.
El inicio es prometedor. Tiene un aire de misterio y se presiente que la nueva relación que pueda surgir en las visitas nieta-abuelo puede dar lugar a un relato de tintes psicológicos en el que seguramente salgan a relucir conflictos familiares.
Hasta este momento, tenemos un planteamiento en el que intervienen una mujer, su abuelo y un médico en una residencia. Pues olvídense de ese planteamiento inicial, ya que queda en vía muerta  y entramos en un nudo en el que la protagonista nos va  desvelando en primera persona interioridades de su vida. Aunque nos habla de su pasado como letrista de canciones de rock y de su presente como archivista, los ejes centrales son su relación de pareja, de la que parece dudar, y, sobre todo, su fallida relación con su madre. Precisamente esa presencia materna es la base sobre la que se desarrolla gran parte de la trama, pero no nos queda demasiado claro cuál es el origen de esas desavenencias con su madre y qué papel juegan en el desequilibrio emocional sobre el que pivota la vida de Águeda. 
Se van intercalando anécdotas de la vida de la protagonista que no proporcionan una línea argumental definida, véase la anodina conversación con el camarero de su bar favorito en el capítulo Cuatro gotas de existencialismo o la caótica visita al padre en Visita al poblado indio,  y que dejan claro que al libro le sobran muchas páginas. 
Es cierto que la prosa de la autora salmantina es muy cuidada,  poética y llena de metáforas que nos proporcionan una lectura placentera. Asimismo, las descripciones psicológicas de los pensamientos de la protagonista pueden llegar a elevar el tono del texto, pero en muchos momentos  da la impresión  de que no hubiera una dirección definida y nos estuvieran entreteniendo hasta el desenlace. 
Una pena, porque el desenlace, junto al prometedor inicio, son lo mejor de la novela. 

También de Carmen Martín Gaite en ULAD: Irse de casa, Entre visillos, Nubosidad variable, El cuarto de atrás.






sábado, 17 de enero de 2026

Marcos Giralt Torrente: Los ilusionistas

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2025

Valoración: Está bien


Hay reseñas que son más fáciles de escribir que otras, y esta va a ser de las difíciles. En primer lugar, y esto es lo menos importante, porque ni siquiera es sencillo buscarle encaje en un género concreto. Giralt habla de su familia pero no por ello se trata de una biografía, ni de varias biografías concatenadas, tampoco es una autobiografía aunque el mismo autor aparezca con alguna frecuencia en la narración. No hay una cronología ordenada ni siquiera definida, son más bien semblanzas individuales pero interconectadas que, más que el relato de una vida, o de varias vidas, son una exploración en las personalidades y las trayectorias. 

A través de su correspondencia conocemos un poco por encima el peculiar matrimonio de los abuelos, separados por muchos kilómetros cuando él se empecina en abrirse paso como escritor mientras la abuela espera en el pueblo y defiende como puede la vida familiar. Sabemos de la siguiente generación, los cuatro hermanos, casi todos con aspiraciones literarias o conexiones con el mundo del arte, aunque cada uno tomando un camino diferente, a veces adentrándose en la delincuencia, otras acometiendo empresas dudosas, viviendo la bohemia o parapetándose en la lectura. Cada uno con su propia mochila de recuerdos y expectativas, frustraciones y rencores, asumido todo ello con diferentes formas e intensidades. Vivencias comunes e individuales, respuestas definidas por el entorno o por la propia identidad, según.

Lo que parece interesar a Giralt es explorar ese mundo contradictorio y a menudo espinoso que es la familia, y lo hace desde esa doble perspectiva individual y colectiva, sondeando las personalidades, observando cómo interactúan o interfieren, detectando rasgos, elucubrando motivos. En ese proceso, cuando ya no hay más datos que analizar, se aventura el autor en la especulación intentando recrear las condiciones para esclarecer el porqué de los comportamientos. 

Ya en las primeras páginas se refiere a lo que creo que llama ‘relatos de muertos’, las clásicas narraciones familiares sobre parientes antiguos y episodios que se pierden en las brumas, muchas veces rescatados con postizos que según los casos serán cómicos, heroicos o trágicos. Y quizá, buscándolo o no, lo que consigue Giralt con su inmersión en la historia familiar es justamente eso, recuperar los ‘relatos de muertos’, pero esta vez con un objetivo menos vistoso y lúdico que saborear viejos episodios para sentirse integrante de una saga o simplemente entretener a alguna audiencia. A veces parece que asistamos a algún tipo de terapia, una de esas regresiones en busca de puntos oscuros, un ejercicio para buscar las cicatrices de la familia, o más bien sus moratones, ya sea para sanar lo dañado o tan solo para establecer los equilibrios correctos.

Desde el punto de vista lector hay un poco de todo, apartados algo repetitivos o de un interés escaso junto con otros más dinámicos, siempre, claro está, dependiendo de lo atrayente que pueda resultar el objeto de la narración. Abundan, como fácilmente se deduce de lo que comentaba antes, páginas llenas de reflexiones o especulaciones que a veces pesan en exceso, aunque hay que reconocer que transmiten un análisis generalmente fino de reacciones, comportamientos y sensibilidades. Y aunque el autor demuestra buena mano y cierta elegancia en la construcción, tampoco puedo dejar de señalar alguna tendencia a la pedantería que asoma por el lado de un léxico en ocasiones un poco cargante.

Pero quizá lo que resulta quizá algo incómodo es la sensación de estar asomados a la intimidad misma de personas reales que no tendrían motivo para suponer que sufrirían semejante exhibición. Cuyo objeto, quede claro, casi nunca son episodios de sus vidas privadas sino algo mucho más profundo, nada menos que cómo pudieron llegar a pensar y sentir en relación a sí mismos y a sus familiares más próximos.


viernes, 16 de enero de 2026

Meša Selimović: La isla

Idioma original: Serbio
Título original: Ostrvo
Traducción: Miguel Roán
Año de publicación (parcialmente y por entregas): 1973 - 1974
Valoración: Recomendable

La isla es una de esas novelas que, pese a su brevedad (unas doscientas páginas), contienen mucho material: un estilo precioso, un argumento conmovedor, personajes complejos y reflexiones casi universales (sobre la vejez, el amor, la familia, la pobreza, la muerte...). 

Gira en torno a dos jubilados que se van a vivir a una isla del Adriático. Sus días allí, rodeados de naturaleza y lejos de la ciudad, no tienen nada de bucólicos; al contrario: están marcados por amarguras cotidianas, hartazgo matrimonial, decepciones vitales y miseria material.

Emotiva, intimista y poética, La isla retrata con una crudeza no exenta de ternura el patetismo, las tribulaciones, las zozobras y los anhelos de sus protagonistas. A nivel estructural, recuerda por momentos a un ciclo cuentístico (ya que originalmente fue publicada por entregas y podríamos catalogar sus capítulos de episodios autoconclusivos).

En resumen: La isla es una novela competente y artística. Más asequible que La fortaleza, otra obra de Meša Selimović (por ser menos extensa, densa y ambiciosa), pero igual de lograda, introspectiva y bella.


También de Meša Selimović en ULAD: Aquí

jueves, 15 de enero de 2026

Michelle De Kretser: Teoría y práctica

Idioma orginal: Inglés 
Título original: Theory and practice
Año de publicación: 2024
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Bastante recomendable

Teoría, praxis y, también, poiesis. Porque, al igual que no resulta fácil vivir sin entrar en contradicción con las propias ideas, no es sencillo crear con esa tensión entre lo ideal y lo real.

Hecha esta tirando a pedante acotación inicial, hay que decir que Teoría y práctica es un texto que se abre con una "novela interruptus" que da paso a la verdadera novela, la protagonizada por Cindy, mujer joven y descendiente de ceilaneses, a partir de su traslado a Melbourne en 1986 con el fin de preparar su tesina La construcción de género en Virginia Woolf. 

Ese es el punto de partida, el hilo al que se irán incorporando personajes y con el que estos tejerán relaciones que pondrán a Cindy frente a sus propias contradicciones, ya sea en lo filosófico / académico, en lo artístico, en lo ideológico o en lo sentimental. Diferentes aspectos de la vida de la protagonista se verán atravesados por fuerzas antagónicas y harán que el texto pueda ser leído desde diferentes ópticas: novela de tesis, novela colonial, memoria personal o novela de formación. 

Creo que la primera y la última son las mejores forma de enfocar Teoría y práctica, ya que su protagonista llega a Melbourne con un importante bagaje intelectual (posestructuralismo, feminismo, literatura, etc) que la realidad hará, en cierta forma tambalearse. Ahí radica el principal poder de la novela, en poner en tela de juicio certezas propias y ajenas, en poner en duda las categorizaciones abstractas que se verán agitadas por el caos de la vida real y las relaciones de poder, ya sea en lo académico, en lo artístico o en lo sentimental, y que pondrán a Cindy y al lector frente a un espejo que nos devuelve una imagen no idealizada.

Al lector, sí, sea hombre o mujer ya que, aunque Teoría y práctica está escrito desde una óptica femenina y feminista, cualquiera puede y debe sentirse interpelado por el texto.