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martes, 27 de enero de 2026

2x1: El sonido de los Beatles, de Geoff Emerick, y The Beatles: Revolución en la mente, de Ian McDonald

Título original: Here, There and Everywhere: My Life Recording the Music of the Beatles

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2007

Traducción: Ricky Gil

Valoración: recomendable para interesados; muy recomendable para fans

Como en 2025 tuve una especie de Beatlemanía retardada (dejando abandonados completamente a Dylan, Cohen y Cave), y mi tendencia a leer libros sobre música/músicos deriva de una sólida convicción de querer explorar todo lo que se pueda acerca de lo que admiras, el resultado fue, entre todo lo que leí con fruición, encontrar estos dos libros, que son el día y la noche para quien quiera adentrarse en el ámbito musical desde una mirada mínimamente objetiva, pero también humana.

Arranquemos primero por la buena noticia, la del libro de Geoff Emerick. No me detendré a explicar su figura porque la mayoría ya debe conocer su papel como ingeniero de sonido y en qué punto de la historia de los Beatles comenzó a trabajar para ellos. Lo valioso de este libro, además del recorrido que hace de su propia vida, donde aprenderemos el gusto por la calidad del sonido, las tempranas demostraciones de cómo saber manipularlo mediante distintos experimentos con la electrónica existente y el funcionamiento de la jerarquía de una discográfica en los años sesentas (genial ese ascenso de asistente de ingeniero, donde veías todo lo que sucedía en el estudio, a ingeniero de masterización, encerrado en una covacha y perdiéndote de todo, para luego volver como ingeniero titular a la sala de grabación), es cómo Emerick nos muestra el día a día de los Beatles, la personalidad de ellos en el estudio, la forman en la que trabajaban, las salidas de tono, ya sean bromas o estallidos de enojos un tanto caprichosos, el estrés (muy gracioso, por otro lado, cómo le tomaban el pelo sus ayudantes, pero de una manera cariñosa) de George Martin a la hora de lidiar con cuatros muchachitos que hacían de todo menos lo que alguien les ordenara. Y además de trabajar con ellos de forma plena a partir de Revolver, también nos enseña los primeros días de Los Beatles (ya que él empieza a trabajar en EMI casi al mismo tiempo que fichan al cuarteto) cuando la discográfica decidía los temas de los artistas en base a covers. 

Lo que añade como fragmento valioso a este relato biográfico es que también te importa lo que sucede con el equipo de los ingenieros de grabación, el asombro de las ideas de Martin y Emerick para poder satisfacer al grupo; si bien no se destaca mucho a la hora de analizar la banda, para tener tamaño arsenal de ideas innovadoras continuamente es porque también ellos eran unos genios en lo suyo y se vieron obligados a dar lo mejor. Lo que a otro le hubiera llevado semanas encontrar la solución, ellos lo hacían en pocas tomas, y eso también es algo difícilmente comprensible (sobre todo para los que no sabemos ni un poco de aspectos técnicos, como en mi caso).

Sobre Los Beatles se ha escrito mucho, la mayoría de forma reiterativa y sin aportar información relevante. Acá no se puede decir que haya mucho de nuevo para el fanático más radical, pero la estructura de la biografía, casi como una novela, con sus correspondientes descripciones y diálogos, inicio, desarrollo y clímax en cada grabación de disco, la salida de Emerick después de hartarse de Los Beatles en el Álbum Blanco, el regreso del mismo en el Abbey Road, todo ello configura el patrón de una novela de (auto)descubrimiento acerca de lo que la música, en manos correctas, puede llegar a causar a la gente, y de cómo todos los involucrados vieron cambiadas su vida de forma permanente. Si uno lo piensa es vertiginoso: apenas son, desde que Emerick comienza a trabajar, ocho años de su vida, y sin embargo nada más hermoso y vital que toda esa experiencia. Sí, también relata cómo ayudó a McCartney con Band on the Run en sus peripecias nigerianas (se nota la resignación cómica de haber batallado con el enjambre de mosquitos y el tráfico de Lagos) y el contacto con otros artistas como Elvis Costello, que protagoniza un prólogo donde deja patente su amor por la música y su enorme cariño por Los Beatles, pero, para él (y para algunos de los lectores), el punto de quiebre se dio con esa aparición mágica, explicada desde todos los enfoques posibles e igual de inasible que hace sesenta años atrás.


Título original: Revolution in the head. The Beatles records and the sixties

Idioma original: inglés

Año de publicación: 1994

Traducción: Ricky Gil

Valoración: exasperante

No estoy en contra de desmitificar. Si bien me encantan los Beatles, nunca podría decir que líricamente están al nivel de un Leonard Cohen o de un Indio Solari, por ejemplo, a pesar de que tienen varias canciones con versos que funcionan como bombas psicológicas/sociológicas. Nada que reprochar, hay una línea muy fina entre ser un buen letrista y un gran letrista o directamente un poeta con una imaginería propia e irreductible.

Algo así parece pensar Ian MacDonald. Como este es un libro sobre música, el punto no se centra en las letras (que, por otro lado, en varios puntos del libro sí se trata) sino en los aspectos musicales. El problema es que MacDonald parece dar por sentado que sus lectores conocen todos los acordes y progresiones de todas las canciones que han escuchado, cuando muchos (y no hace falta ser melómano para hacerlo) apenas podríamos identificar que un bajo suena distinto en una canción que en otra por algún efecto utilizado, y muchas veces nos quedamos con un solo acorde que funciona como catarsis, en vez de registrar la construcción entera de la canción y los diversos cambios a través de ella. 

Mi valoración, entonces, está dada por dos cuestiones: primero, no tengo ningún conocimiento formal de la música. Leer el libro de MacDonald implica conocer cada grabación de los Beatles, desde sus inicios como acompañamiento de Tony Sheridan, los días en Hamburgo, etcétera, hasta las tomas registradas en las Anthology, todo registrado bajo un riguroso orden cronológico, que incluye la composición del grupo y quién toca cada instrumento, las canciones inéditas, las tomas descartadas, los jams que se solían marcar para encontrar la inspiración y comentarios entre breves y extensos según lo merezca la canción. 

Sacando que el texto se llena de referencias para cada canción y que dificultan la lectura, hasta ahí todo bien. Pero cada comentario está regado de notaciones musicales y de segundos que señalan el cambio de acorde y de cómo la batería ejecuta otro patrón y de cómo el bajo recorre todo el brazo. No dudo que al fanático le resultará imprescindible saber en qué segundo exacto hay un error de sincronización, pero al lector más o menos interesado en los Beatles termina por aburrirlo tanto dato sin otro propósito que la de ir relatando cada canción. Una cosa es detallar las bondades, los asombros en cada secreto revelado, y otra es decir: acá suena esto, acá lo otro, pasemos a lo siguiente. Reconozco que mi valoración está manchada por haber leído antes el de Emerick, donde cada canción, incluso las menores, tenía un componente atractivo, ya que todas conllevaban problemas para ejecutarlas tal cual querían sus creadores. Pero si esos detalles los hubiera leído de este libro terminaría creyendo que Across the universe es una "letargia insípida".

Y esa es la segunda cuestión de mi valoración: los comentarios a cada canción. En algunas se extiende varias páginas, como I am the walrus o Revolution 9 (!), otras las despacha en siete u ocho líneas (casi todas las de Harrison, por alguna razón, en contraste con las alabanzas, a veces desmedidas, a Lennon), Pero en casi todas se nota la impronta del autor por hacerte notar que él sabe mucho más que vos y que no hay nada que puedas hacer para discutirle las opiniones. Por supuesto que esas opiniones tienen que ser dadas, y es bueno y refrescante que en un libro sobre los Beatles sean provocadoras y con argumentos que intentan ser sólidos. Uno debe tener el suficiente criterio para reconocerlo y no pelearse con el libro. Pero de ahí a tirar frases lapidarias como la citada sobre Across the universe o considerar que Helter Skelter es nada más que "palabrería de borracho" hay un trecho y bastante largo; no se puede pasar de una opinión fundada en la teoría musical, donde lo único que puedo criticar es la tendencia a la pedantería y la profusión de datos sin ton ni son, a un comentario mucho más propio de un twittero.

En fin, que los dos libros son polos opuestos. Uno escribe desde la pasión de la música y del conocimiento de haber estado ahí todos los días, y muchas veces haciendo horas extras, pero también con un matiz de objetividad (para Emerick hay un par de álbumes y varias canciones que no están a la altura del grupo), y el otro, si bien no dudo que también tiene una gran pasión, intelectualiza todo y se esfuerza por otorgar una racionalización que excede a las canciones, cuyo efecto es nada más y nada menos que cambiarle la vida a las personas.




viernes, 7 de noviembre de 2025

Patrick Horvath: Bajo los árboles, donde nadie te ve

Idioma original: inglés

Título original: Beneath the Trees Where Nobody Sees

Año de publicación: 2023

Traducción: Santiago García

Valoración: recomendable, pero no para todos los gustos

La pequeña ciudad de Woodcreek es una pintoresca y tranquilísima localidad donde todo el mundo se conoce, se ayuda  y son amables unos con otros, un remanso de paz y calidad de vida  al viejo estilo, que es especialmente apreciado por Samantha Strong, la dueña de la ferretería, una ciudadana también especialmente querida y ejemplar. Claro que Samantha necesita, de vez en cuando, darse una vuelta por la ciudad para poder explayar su verdadera naturaleza, lejos de sus vecinos. Porque Samantha resulta ser una asesina en serie que, eso sí, se cuida de matar siempre lejos de Woodbrook y, por supuesto, a ningún conocido. Sin embargo, alguien más en el pueblo comienza a cometer horrendos crímenes sin preocuparse de estas precauciones y nuestra asesina deberá asumir el papel de detective para encontrar quién es, antes de que las investigaciones oficiales la puedan localizar a ella.

Con este argumento se puede construir un estupendo thriller -lo que, de hecho, es esta novela gráfica- o también una comedia negrísima; Bajo lo árboles... consigue combinar ambos géneros gracias a la elección gráfica que hace su autor. Porque los personajes de la historia, los habitantes de ese idílico pueblo que es Woodcreek no son tienen el aspecto de personas, sino de animales antropomorfos, como en cualquier historieta para niños al uso. Ni siquiera se ha buscado darles un aire de ferocidad -en el caso de los asesinos, me refiero- sino, al contrario, el look de todo el libro es dulce, tirando a ñoño; la propia Samantha es una osita con cierto parecido a los conocidos (quizás ya no tanto) Osos Amorosos y, junto a ella, encontramos, conejos, ratones, cerditos... en fin, la fauna habitual de cualquier cuento infantil. Lo mismo ocurre con la gama cromática empleada, a base de colores suaves, muchas veces lo que llamamos "pastel", tan sólo rotos, en los momentos más truculentos -que lo son mucho, aviso-, por el rojo de la sangre. Porque ahí está la gracia de libro, en esa combinación de lo cursi o ñoño con la violencia más extrema, con la recreación sanguinolenta de la psicopatía extrema. algo a lo que estamos acostumbrados y aceptamos en la ficción sobre psicokillers, ya sean literarias o cinematográficas, pero que impacta más, por contraste, en un cómic que parece destinado al público infantil (por cierto, quien se lleve este libro a casa, por favor, que no lo deje al alcance de los niños. Repito: NO ES UN LIBRO PARA NIÑOS). Como he leído en alguna crítica, este cómic sería como introducir la trama de El silencio de los corderos en el mundo de Winnie the Pooh. Un El viento en los sauces con Patrick Bateman haciendo de las suyas. En realidad, parece que hay toda una tendencia "cuquitruculenta" o cute gore (el término tampoco es mío; lo he leído en otra crítica) en el cómic y la animación actuales... Me estoy acordando de la tremebunda película Unicorn Wars), consistente en esta mezcla de ilustraciones de aire cándido o infantil con argumentos perturbadores. Tal vez se deba, en origen, a la influencia del arte Lowbrow, no lo sé, pero prometo inquirir en el asunto...


También se le puede dar a esta novela gráfica, aunque no sé si era la intención de su autor, un significado sociopolítico: Samantha vive feliz en un entorno ideal e idealizado, como la supuesta sociedad de tiempos pasados que añoran ciertos sectores "nostálgicos" (por decirlo así) tanto en EE.UU. como aquí... Una sociedad donde cada cual tenía su lugar y no se salía de su sitio, donde los vicios y los defectos se escondían debajo de la alfombra; de hecho, nuestra gentil osita se desplazaba a la babilónica ciudad para cometer sus propios crímenes, hasta que algo, en este caso una competencia imprevista, hace saltar ese orden y pone de manifiesto la falsedad del sistema. Lo mismo que el orden pasado ideal que algunos (o muchos) reivindican hoy en día no existió nunca, parece decirnos Horvath, pues tan sólo era necesario fijarse en sus aspectos discordantes para que se le vieran las costuras.

Lo que no significa que seguir un cierto orden no resulte importante...

domingo, 25 de mayo de 2025

Ann Marks: Revelar a Vivian Maier

Idioma: inglés

Título original: Vivian Maier Developed

Año de publicación: 2021

Traducción: Ignacio Villaró Gumpert

Valoración: bastante recomendable, sobre todo para interesados/as

Una vez más y sobre todo para quienes no hayan oído hablar nunca de la persona biografiada en este libro, el subtítulo resulta engañosamente revelador (nunca mejor dicho); en efecto, Revelar a Vivian Maier nos cuenta La historia de la niñera fotógrafa, cuya ingente obra, desconocida hasta entonces, fue descubierta por azar en 2007 -a raíz de la subasta de guardamuebles donde ella acumulaba copias y negativos de sus fotos- y divulgada en exposiciones, libros y, en gran medida, gracias a un documental de 2013 nominado a los premios Oscar (no ha sido el único que se ha hecho sobre ella, empero). La historia, para qué engañarnos, posee muchos puntos de interés tanto artístico como "humano"; ¿cómo, una obra fotográfica de gran valía que no se conoció hasta, prácticamente, la muerte de su autora (fallecida en 2009, de hecho)?¿Que dicha autora era una niñera, una especia de Mary Poppins contemporánea, que dedicaba sus horas libres a fotografías, sobre todo, a las gentes que encontraba por la calle en las ciudades donde residía -Nueva York y Chicago, sobre todo- durante más de cuatro décadas, dejándonos un valioso testimonio de aquel tiempo?¿Que sus fotografías irradian una empatía y una humanidad que, sin duda, denotan que fueron tomadas por una artista de una sensibilidad y unos valores extraordinarios? 

Vivian Maier se nos descubre en esta exhaustiva biografía de Ann Marks (el adjetivo "exhaustiva" va a salir mucho en esta reseña, aviso) como una artista no ya talentosa e intuitiva, sino incluso carismática e inmersa en la contemporaneidad, amén de resultar una figura más que interesante: contradictoria, enigmática, inquieta y, sobre todo, muy vital. Una mujer a caballo siempre entre dos culturas, entre dos ciudades, entre dos oficios o entre dos actitudes: EE.UU. y Francia, Nueva York y Chicago, fotógrafa y niñera, la misantropía -muy matizable, esto- y una profunda empatía hacia sus modelos -también matizable, esto otro-; incluso, ¿por qué no?, entre una viva y talentosa inteligencia y la enfermedad mental. El enigma Maier, en cualquier caso, se puede resumir -o se podía, antes de esta biografía- con un signo de interrogación o una x que represente la incógnita que su biógrafa trata de despejar y creo que lo consigue en gran medida. Quizás incluso en exceso... Me explico: la biografía es, como ya he dicho, muy exhaustiva.  O, mejor dicho, doblemente exhaustiva;  por una parte, Ann Marks ha investigado, en muchas ocasiones documentado y analizado toda la trayectoria vital de la fotógrafa y, lo que es más, de sus parientes, conocidos o incluso empleadores. Pero es que, además, se trata de la biografía de alguien que no fue un personaje público hasta después de su muerte, con lo que los datos le resultaron de lo más complicados de obtener a la autora del libro. Pero lo consiguió, vaya que sí y  de hecho, sin duda se sintió tan legítimamente orgullosa de ello que decidió dejar constancia de sus indagaciones en los apéndices del libro e incluso en uno de ellos da consejos para realizar una investigación genealógica (en EE.UU.; ella misma reconoce que en Francia, para su sorpresa, las cosas le resultaron bastante más fáciles). Hacedme caso, posibles lectores/as de esta biografía: aunque tengan su interés, no pasa nada si os saltáis estos apéndices. Lo mismo puede decirse, aunque quizás se puedan presentar más como un último capítulo del libro en sí, con los otros dos. uno sobre las batallas legales acerca de la obra de Maier y otro sobre la interpretación que debemos y, sobre todo, podemos dar a su legado artístico.

No me extenderé aquí sobre las peripecia vitales y condicionantes de la figura de Vivian Maier,  que son sorprendentemente variadas y significativas (quiero decir, para alguien a quien se ha etiquetado como "la niñera fotógrafa"); baste decir que esta biografía se lee, por momentos, como un culebrón familiar, una obra de microhistoria o un interesante estudio del papel laboral y creativo de la mujer artista en la segunda mitad del siglo XX. Sin olvidar, por supuesto, el fundamental papel que tuvo en la vida de la fotógrafa la enfermedad mental, tanto la de sus allegados como la suya propia... Porque si algo hay que reconocerle a esta biografía, además de su exhaustividad (ya advertí que iba a emplear mucho este término) es que no se trata de una hagiografía; a Marks no le duelen prendas en exponer los "defectos" y contradicciones de su biografiada: empezando, ya digo, por sus problemas de salud mental, que se manifestaban sobre todo por medio de un trastorno de acumulación, que le llevaba a alquilar guardamuebles donde almacenaba toneladas de sus "tesoros", sobre todo periódicos y material fotográfico (lo que, al ser subastado alguno por impagos, permitió el descubrimiento al mundo de sus fotos).; una fotógrafa vocacional y obsesiva que, sin embargo, era de lo más avara en compartir sus obtas con nadie; una niñera profesional que durante décadas cuidó de niños ajenos, pero que, pese a sus convicciones progresistas y feministas, no dudaba en recurrir al castigo físico sobre sus pupilos/as; una fotógrafa que demostraba una gran humanidad y empatía sobre sus retratados, muchas veces personas que vivían en la calle, pero que, según testimonios recogidos en el libro, no respetaba ni el espacio físico ni la intimidad de éstos, siendo de lo más intrusiva a la hora de conseguir la foto que quería. Una mujer que, por lo visto, sentía gran aversión hacia el contacto con los hombres, quizás por algún trauma de su niñez o juventud, lo cual no le impidió relacionarse y tener amigos varones del mundillo artístico. En fin, que tenía una personalidad de lo más compleja y que no resulta fácil de aprehender, lo cual casa, por otra parte, con su sensibilidad artística, como queda de manifiesto en esta biografía. He de confesar, empero, que en ocasiones, leyéndola, he sentido un cierto reparo en enterarme en las circunstancias personales menos halagüeñas de esta mujer (y no digamos ya de sus familiares más cercanos, que ahí sí que hay mucha tela que cortar), ya que, como he mencionado, no fue un personaje público hasta después de su fallecimiento y en vida se mostró en numerosas ocasiones de lo más reservada acerca de sí misma y su pasado. pero, en fin, supongo que es lo que tiene ser el objeto de una biografía tan (ahí voy de nuevo) exhaustiva como ésta.

Un último apunte y prometo que ya acabo, para explicar el calificativo de "engañoso" que he utilizado al comienzo de esta reseña: tras leer la biografía, no estoy en absoluto de acuerdo con ese sobrenombre de "la niñera fotógrafa"; si algo queda claro y diáfano en este libro es que antes que cualquier otra cosa, la vocación de Vivian Maier era la fotografía, vocación artística e incluso podríamos decir que vital, no un mero hobby... Que no consiguiese dedicarse a ello profesionalmente fue algo circunstancial, pues ella lo intentó y, sobre todo, articuló en buena medida su vida alrededor de la fotografía, aunque tuviese que ganarse la vida ejerciendo de niñera. De ahí que creo que debemos considerarla más "la fotógrafa niñera" que "la niñera fotógrafa", del mismo modo que (ya que estamos en blog sobre libros)  no consideramos a Kafka "el oficinista escritor", a Bukowski "el cartero escritor" o a Lucia Berlin "la mujer de la limpieza escri.... vale, éste no es el mejor ejemplo (aunque también es muy significativo cómo nos cuesta más reconocer la categoría artística a las mujeres y más aún si han ejercido oficios de poco prestigio). Da igual, en todo caso: lo importante es conocer y disfrutar la extraordinaria obra de esta artista, una de las fotógrafas callejeras más interesantes del siglo XX -pródigo en esta variedad de fotografía- y apreciar la visión que nos ofrece del mundo que conoció, de la época que le toco vivir...

Para quien tenga curiosidad sobre la figura de Vivian Maier y conocer sus fotografías , puede encontrar muchas de ellas en este blog:    <http://vivianmaier.blogspot.com>

lunes, 28 de octubre de 2024

Robert W. Chambers: El Rey de Amarillo

Idioma original: inglés

Título original: The King in Yellow; The Mistery of Choice; The Maker of Moons

Año de publicación: los relatos originales, entre 1895 (The King in Yellow) y 1897. 2014, en el caso de esta recopilación.

Traducción: Marta Lila Murillo

Valoración: Está bastante bien. Recomendable para interesados

Es posible e incluso probable que más de uno y una de nuestros lectores haya leído u oído alguna vez términos como "El Rey de amarillo", "Hastur", "Carcosa" o "el lago de Hali"... Sin duda, le sonará a los admiradores/as de la obra de Lovecraft pero también a quienes hayan disfrutado (es un decir) de cierta serie policíaca que se desarrollaba, en su primera y mejor temporada, en los pantanos de Luisiana... Porque lo cierto es que todos estos nombres y la mitología que los acompaña han tenido más predicamento debido a las obras que han influenciado que a la propia obra original de Robert W. Chambers (y eso, sin olvidar que la creación de la ciudad de Carcosa o del lago de Hali se debe, anteriormente, a la pluma de Ambrose Bierce); de hecho, el Rey de amarillo se ha convertido en una referencia habitual en la literatura de horror y su estela sigue viva hasta ahora mismo (muy recientemente, por ejemplo, se ha publicado en España una recopilación, La maldición del Rey de amarillo, de apariciones de esta figura a lo largo del tiempo).

En el caso del volumen que nos ocupa hoy, publicado por la editorial Valdemar, se trata de una Antología de los relatos originales de El rey de amarillo, junto con el añadido de los que aparecieron en otras recopilaciones: The Mistery of Choice y The Maker of Moons, en donde no se menciona a tan ominoso personaje... Aunque digo personaje y eso no es del todo exacto, puesto que se trata de un libro en el que está publicada una obra de teatro de ese título y que conlleva la maldición de volver loco a aquel quien la lee (¿A alguien le suena algo parecido? ¿Nada, lovecraftianos del mundo?). Aunque, a pesar de este componente, digamos sobrenatural -y otros-, en realidad, los relatos que aparecen en este libro pueden adscribirse tanto al género fantástico, más o menos terrorífico, como al thriller o al noir... O incluso a una suerte de retrofuturismo involuntario; es lo que ocurre, sin ir más lejos, con el primero de ellos, El reparador de reputaciones, ambientado en un Nueva York 30 años posterior al momento de su publicación...

El peligroso libro y la mención a agunos de sus personajes, etc. hace su aparición en varios de los relatos que, por lo demás, no tienen relación entre sí , aunque tosdos, incluso aquellos en los que no aparece El rey de amarillo, detentan un innegable aire común, una pertenencia al mismo universo narrativo, por más que no se explicite. Así, un tono igualmente ominoso /macabro tienenlas narraciones siguientes: La máscara -ésta me ha recordado, en cierta manera, a Poe, aunque quizá sea tan sólo una impresión mía-, En el pasaje del dragón y El signo amarillo, mientras que La demoiselle d'Ys entraría, más bien, en los géneros romántico y fantástico -viaje en el tiempo incluído-, mientras que El creador de lunas nos presenta más bien lo que parece un thriller policíaco, aunque prcursor claro de la ficción pulp. Algo parecido ocurre con el último de los cuentos, La llave del dolor, aunque aquí el género que le sirve de base es el de aventuras. Una velada placentera, por su parte, podría considerarse como una peculiar historia de fantasmas, también ambientada en una Nueva York futura (es decir, para nosotros, pasada). Por último, hay un par de cuentos de tono y ambientación diferente, aún sin perder el tono macabro y sobrenatural, pues se desarrollan en un pueblecito de Bretaña (región apreciada por Chambers, que vivió varios años en Francia) en donde reside el pintor inglés Dick Darnel, que hace las vecez de "detective" en distintos asuntos; en el primero, que se nos narra en El emperador púrpura, sasistimos a una curiosa rivalidad entre coleecionistas de mariposas. El segundo de ellos,  El sacerdote negro presenta un corte corte más fantástico. Ambos cuentos son, a mi parecer, de lo mejor deleste volumen, sin desmerecer a algún otro, como Una velada placentera.

En todo caso, nos hallamos ante un escritor y unos cuentos que son una ineludible referencia dentro del género de horror, sobre todo por su influencia posterior. Tal vez no acaben de pillarles el tranquillo los lectores más generalistas (por decirlo de alguna manera), pero, sin duda, interesarán e incluso deleitarán a los amantes del género, aunque sólo sea por conocer de dónde viene la ominosa figura del Rey de amarillo.

jueves, 10 de octubre de 2024

VV.AA. : Paseando con fantasmas

Idioma original: inglés y francés

Año de publicación: entre 1773 y 1836. Como antología de relatos, 2012

Traducción: Marian Womack

Valoración: recomendable para interesados 

Ya que se acerca Halloween, vamos pues con otros de los personajes  (debería llamarlo "entes", más bien) emblemáticos del mundo sobrenatural y, según los casos, terroríficos. Especialmente populares para disfrazarse, además, por lo sencillo que resulta: basta con hacerle un par de agujeros a una sábana vieja, y p'alante... (quien no me crea, que vea la película A ghost story... interesante, por otra parte). Estoy hablando, cómo no, de los fantasmas. Pero de de unos fantasmas cualquiera, de novela pulp o película de Disney, sino de los que imaginaron toda una serie de escritores de la época seminal del género de terror, Los amantes de lo macabro y los arbotantes, lo tenebroso y el arco apuntado... los góticos. No los que van de negro con piercings, sino los que escribían cosas de (más o menos) miedito hace cosa de doscientos y pico de años.

Porque antes que nada, aviso: lo importante de esta recopilación de relatos escritos en el siglo XVIII y primera mitad del XIX no es el título, Paseando con fantasmas -aunque fantasmas, haylos-, sino el epígrafe posterior: Antología del cuento gótico. Lo comento porque éste es el nexo de unión de todos ellos, su pertenencia a una tendencia literaria que se dio entre los dos siglos mencionados (aunque con ramificaciones e influencia posterior que perdura hasta hoy), más que el hecho de que se trate de historias de espectros, porque el caso es que no en todos los cuentos aquí reunidos aparecen estas apariciones sobrenaturales -sí en muchos-, sino que en otros el ingrediente terrorífico, por así decirlo, se confía, sin más a lo macabro, pero no necesariamente a algo venido del más allá. Permitidme que,  a este respecto, reproduzca aquí las palabras del prologuista del libro, David Roas, que así no tengo que trabajar resultan mucho más pertinentes que las mías:

"Un rápido listado de los principales rasgos que caracterizan a la novela gótica revela la importante dimensión de lo terrorífico y lo macabro en este tipo de historias: apariciones fantasmales y otros fenómenos fantásticos, crímenes y acciones sanguinarias de todo tipo (desde el sadismo desaforado hasta la necrofilia, pasando por la violación), misterios terroríficos (que no siempre tienen que desembocar en lo sobrenatural); maldiciones, gemidos, murmullos, gritos, chirridos y demás sonidos inquietantes; lo que podríamos llamar lo 'terrorífico arquitectónico' (espacios cerrados y amenazantes, habitualmente en ruinas, como castillos)..."

A lo que yo añado, si se me permite (algo habrá que decir), una sobredosis folletinesca de pasiones desbordadas -amorosas y de todo tipo- , secretos de familia, encuentros y desencuentros, contadas con un estilo enfático, alambicado y, en ocasiones, excesivo. Lo habitual en la época, vaya... 

 A la mayor parte de los autores/as que aparecen en esta recopilación de relatos, no obstante, no los conocen ya ni en su casa a la hora de la ouija. Algunos sí, empero, aquí encontramos, por ejemplo, un cuento obra de Lord Byron, nada menos -El enterramiento (1816), sobre un viaje que hace el protagonista con un tal August Darvell por tierras otomanas... cómo no-; otro de su amiga y hoy en día aún más célebre Mary Shelley, El sueño, de 1832 (no, no va de un científico que sueña que crea a un monstruo con cachos de cadáveres, sino de una dificultosa historia de amor durante el reinado de Enrique IV, entre una condesa católica y el hijo de un enemigo protestante); también del autor de lqa que se considera obra cumbre del gótico, Melmoth el errabundo, Charles Maturin, aquí con El castillo de Leixlip (1825), ambientada en la Irlanda del siglo XVIII y que posee un punto metaficcional, al contarnos una historia dentro de otra historia dentro de otra historia más... o William M. Thackeray, quien dicho sea de paso, escribió el cuento que a mí me ha gustado más de este compilación, el muy divertido La apuesta del diablo (1836), lleno de un humor muy británico sobre las vicisitudes del alma de Sir Roger Rollo.

No están tampoco nada mal otro viaje infernal, La expedición al Infierno (1936), de James Hogg, que nos relata el sueño del cochero de Edimburgo George Dobson, en el que lleva a unos clientes al Inframundo o el anónimo de 1819 Danza macabra, un cuento al estilo de los hermanos Grimm en el que un gaitero mágico interpreta una "danza de la Muerte". Aunque el numero de relatos recogidos en el libro asciende a dieciocho, mencionaré aquí ya sólo otra que me ha parecido harto curiosa: Andreas Vesalius, el anatomista, de Petrus Borel (1833) en el que el célebre científico del siglo XVI ha de afrontar las iras del siempre castizo pueblo de Madrid, receloso de sus pecaminosas prácticas científicas.

En fin, que si lo que buscáis es una buena ración de fantasmas, ruinas de la grandeza de otro tiempo, romanticismo exacerbado, momentos macabros, personajes sobrepasados, pasiones y sentimientos llevados al límite... podéis meteros un rato en Twitter... perdón, X o leer este libro. Yo os aconsejo esto último; saldréis ganando en cultura, entretenimiento y no le haréis ganar dinero al cenutrio de su dueño.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Martín de Ugalde: Hablando con Chillida

Idioma original: castellano

Año de publicación: 1975

Valoración: recomendable para interesados


Supongo que casi todo el mundo sabe quién es Eduardo Chillida, escultor vasco cuya obra, con frecuencia de grandes dimensiones, está esparcida por medio mundo, buen parte de ella en espacios públicos. Por su parte, con muy pocas excepciones, Martín de Ugalde les resultará un nombre completamente desconocido. Es un escritor que pasó buena parte de su vida en el exilio, retornando a Euskadi tras el fin del franquismo, cuando adquirió cierta notoriedad como autor de libros de temática vasca, entre ellos alguno de entrevistas con personajes del país, entre los que se inscribe este texto con el testimonio directo del artista.

La vida de Chillida también transcurrió parcialmente en el extranjero, aunque por motivos profesionales y no políticos. Su figura, ampliamente reconocida sobre todo a partir de los años 70 del siglo pasado, fue sin embargo importante desde mucho antes, cuando formó parte de Gaur, un grupo de artistas vascos (Oteiza, Zumeta, Mendiburu…) que impulsaron una profunda renovación de las artes plásticas, trascendiendo el ámbito local y nacional. En la larga charla el escultor cuenta algunos episodios familiares y anécdotas acerca de sus obras, pero sobre todo habla del proceso creativo, la forma de sentir y trabajar los distintos materiales, la búsqueda del espacio vacío que rodea y se inserta en el objeto, o la intención de crear cosas que se integren en el entorno y pasen a ser de dominio público. Naturalmente, muchas cosas para llenar unas 170 páginas, aunque se echan de menos algunos asuntos.

Para empezar, aunque el libro se reedita varias veces, la entrevista deduzco (porque Ugalde no lo dice) que tuvo lugar en 1975. Para entonces, por poner un ejemplo, el famoso Peine del Viento de Donostia-San Sebastián todavía no estaba en pie, ni imaginado siquiera el polémico vaciado de la montaña de Tindaya, y faltaba aún mucho para el conocido rifirrafe con Oteiza. Es decir, que la etapa digamos de mayor visibilidad pública del artista, y por tanto quizá la más atractiva para el profano, queda fuera del texto, que se centra así en un periodo y una temática más íntimos, con informaciones interesantes aunque algo más árido.

Por otra parte, aunque supongo que Martín de Ugalde se habrá trabajado previamente la entrevista, no puede ocultar que sus conocimientos de arte son bastante limitados. De manera que la mayor parte del tiempo se limita a dar continuidad a las reflexiones de Chillida, cuando no a insistir, de forma un poco obsesiva, en asuntos identitarios que en mi opinión solo tienen un peso relativo en la obra del escultor. Cuando toca hablar propiamente de arte, Ugalde se pierde bastante o sale del paso recurriendo a razonamientos intencionadamente abstractos que ni el entrevistado llega a entender. Al no conducir correctamente la conversación, nos perdemos algunos datos interesantes sobre esa etapa inicial en la que Chillida avanza en su proceso de maduración.

No obstante estas carencias, encontramos desde luego ideas de gran interés, como la insistencia en separar la creatividad de la técnica, desaprender lo que se domina para poder explorar nuevos caminos, la relación del artista con los materiales que utiliza, o el entronque con su entorno cultural. Porque, aunque haya quien siga pensando lo contrario, para ser un creador reconocido en todo el mundo durante décadas no basta con inventarse un hierro retorcido o una mole de piedra colgada de un cable: hay muchas horas de reflexión y trabajo, mucha creatividad intentando buscar el camino entre bocetos, materiales y descartes. Pensémoslo un poco cuando veamos obras que a lo mejor no entendemos o no nos dicen nada. Leyendo a un tipo inteligente y sensato como Chillida podemos verlo más claro.


sábado, 14 de septiembre de 2024

J.R.R. Tolkien: La historia de Kullervo

Idioma original: inglés
Título original: The Story of Kullervo
Traducción: Martin Simonson
Año de publicación: 2010 (escrito en 1914-15)
Valoración: Recomendable para interesados (pero muy interesados)


Aunque el título de la entrada indique otra cosa, este libro que tenemos entre manos no es exactamente La historia de Kullervo ni su autor es J.R.R. Tolkien. O, mejor dicho, no es solo ese relato, obra desde luego del afamado autor inglés, sino más bien un estudio, un ensayo de Verlyn Flieger en torno a ese texto, que lo incluye íntegramente para después analizarlo con mucho detalle desde distintos puntos de vista. Algo así como algunas ediciones de Cátedra, donde el análisis es tan amplio y exhaustivo que casi arrincona el propio texto original.

Por lo visto Tolkien escribió La historia de Kullervo entre 1912 y 1916, es decir con alrededor de veinte años. Por esa época Tolkien había conocido la colección de antiguos cuentos finlandeses conocida como Kalevala, compilada por un tal Elias Lönnrot (por cierto, ¿no hay un personaje de Borges con ese mismo apellido?), texto que le impresionó hasta el punto de intentar aprender el idioma para leerlo en el original. No parece que tuviera mucho éxito en esa empresa, pero lo que sí hizo el joven Tolkien fue reinterpretar la epopeya convirtiéndola en un cuento, que es justamente el que luce en el título.

Desde el punto de vista lector, el relato no tiene un interés especial. En una de esas tragedias familiares, el padre de Kullervo es asesinado por Untamo, el malvado tío del joven, que posteriormente lo esclaviza y le hace objeto de diversos ultrajes, de los que el protagonista sale victorioso merced a sus poderes sobrenaturales. Tras diversas vicisitudes, que incluyen un incesto involuntario, conversaciones con una espada mágica y un plan para vengar al padre, el cuento queda inacabado.

Como Tolkien es todavía un escritor un poco verde, la recreación del mito de Kullervo es más bien un ejercicio de estilo, como para irse fogueando en los ambientes míticos que más tarde iría creando. Lo más interesante es quizá la tipificación del personaje que, lejos del héroe esperable en una epopeya, es un individuo torvo, físicamente poco agraciado, violento e incapaz de un sentimiento elevado. Por lo que conocemos más adelante, esta caracterización es una de las aportaciones más significativas del autor a las leyendas originales.

El resto del libro, como digo, es un trabajo entiendo que bastante concienzudo en torno a este relato y su significado dentro de la obra del autor. Se incluye una segunda versión del mismo texto, así como dos conferencias de Tolkien sobre el Kalevala (también muy similares entre sí), y numerosas y muy detalladas anotaciones sobre los distintos personajes, su relación con el original, las variaciones introducidas o los parentescos con el quenya, lengua que inventaría tiempo después. Igualmente, buen número de referencias a posteriores obras del autor británico, en especial El Silmarillion (ver enlace abajo), que al parecer están directamente influenciadas por la lectura de las leyendas finesas y el trabajo previo sobre Kullervo. También sabemos que Tolkien echaba de menos una mitología propiamente inglesa, y así se decidió a crearla él mismo a partir de diversas fuentes geográficamente cercanas, hasta concebir el espectacular ciclo de la Tierra Media que todos más o menos conocemos.

De forma que al relato en sí seguramente no le encontraremos demasiado atractivo, ni tan siquiera como mero entretenimiento, y el trabajo de Flieger, no obstante su alto grado de detalle y su posible valor como estudio de la obra de tan famoso autor, difícilmente creo que llegue a satisfacer al lector estándar. Así que si no es usted un apasionado, o mejor, un completista de Tolkien, igual es mejor que opte por otra lectura.  

 
Las principales obras de J.R.R. Tolkien reseñadas en ULADEl Silmarillion, El señor de los anillos, El hobbit

viernes, 2 de agosto de 2024

John Franklin Bardin: El percherón mortal

Idioma original: inglés

Título original: The Deadly Percheron

Año de publicación: 1946

Traducción: César Aira

Valoración: está bastante bien y recomendable para aficionados al género

Ignoro si esta novela ha sido adaptada alguna vez al cine (lo dudo), pero tengo claro quién hubiera sido el director adecuado para hacerlo y no es otro que el inefable David Lynch.  La razón creo que estará clara para quien haya leído la novela, pero me temo será difícil de explicar a quien no la haya hecho, ya que si historia posee, además, la característica de resultar harto complicada de explicar. Aparte, claro, de que no debe hacerse, puesto que, en palabras de Cabrera Infante (que fue un gran admirador de este libro), "revelar la trama de esta novela es un verdadero crimen". Sirva como explicación de lo que he comentado sobre Lynch que aquí los lectores/as encontrarán, además de crímenes y misterio, amnesia, expeditivos leprechauns, ominosos caballos, extraños feriantes, femmes fatales, espejos deformantes, sinrazón y locura.

Resumen muy resumido (por contar algo): George Matthews es un psiquiatra de Nueva York que recibe en su consulta a James Blunt, joven heredero de una fortuna que teme estar volviéndose loco, pues pretende que unos peculiares hombrecillos le contratan para realizar ciertos encargos, a cual más absurdo. A partir de ahí, Matthews  se ve inmerso en una trama a cada momento más desconcertante y hasta alucinatoria, plagada de sorpresas y giros que convierten la lectura de esta historia en una experiencia intrigante y, por momentos, adictiva.

Y lo es, sobre todo, más que por una sabia dosificación del misterio en la trama, porque hasta el final uno no entiende nada de lo que está pasando, de forma que, incluso hasta justo antes de ese final, todas las posibilidades están abiertas. Bien es cierto, no obstante, que quizás la historia haya perdido punch desde ese 1946 en el que fue publicada o desde los años 70, cuando fue redescubierta, al parecer, por los aficionados al género y se cimentó el prestigio de El percherón mortal como una de las muestras más enigmáticas de la novela negra. Hoy en día, sin embargo (debido, en parte y precisamente, al cine de David Lynch y otras propuestas algo bizarras... como la narrativa del traductor al español, nuestro admirado César Aira) es más difícil que nos sorprenda. Lo que no quita, para que leer esta novela sea algo del todo recomendable, más aún e incluso diría que de forma obligada, para los amantes del noir.

jueves, 21 de diciembre de 2023

Carlos Barciela, ed.: Autarquía y mercado negro

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2003

Valoración: Interesante con reparos


A nivel de ciudadanos de a pie, o sea, yo mismo, no es mucho lo que sabemos en realidad del franquismo. Sí, su origen golpista, la represión y la ausencia de libertades, su carácter retrógrado, la moralina casposa, el nacionalcatolicismo. Pero por ejemplo en el terreno de la economía en sentido amplio quizá no tenemos muchos datos a la vista, a lo sumo que se inició con una etapa autárquica e inspirada en los regímenes afines, la estabilización y el desarrollismo de los años 60, la emigración masiva a las ciudades y al extranjero. Así que no está mal aproximarse a la gestión económica del franquismo a partir de las decisiones de sus sucesivos Gobiernos, para observar de una forma lo más desapasionada posible cómo se gestionaron estas áreas.

Así lo hace este libro, en el que Carlos Barciela, catedrático de Historia económica, reúne una serie de trabajos de varios autores sobre distintos aspectos de la política económica de Franco en una etapa muy concreta, desde el final de la Guerra civil hasta el Plan de Estabilización de 1959, que supuso una apertura más o menos decidida u obligada hacia una economía de mercado homologable y la entrada de los llamados tecnócratas en puestos relevantes. Se trata de textos de carácter más bien académico en torno a diversos aspectos directamente relacionados con la economía: la demografía, el capital humano y la política educativa, la gestión agraria, la industrialización, la política fiscal y monetaria, entre otros.

Hay que decir que no estamos ante literatura divulgativa, no son exposiciones destinadas al gran público sino más bien al mundo de los historiadores e investigadores. Teniendo estos en cuenta, hay que decir que la lectura se hace a ratos bastante ardua, y en algunos casos plantea dificultades importantes, aunque depende en gran medida del enfoque de cada artículo y de la capacidad (o voluntad) de cada uno de los autores. Tablas y gráficos, a veces de difícil interpretación para el profano, ilustran las tesis presentadas, reforzando el aspecto técnico de buena parte de las exposiciones. Así que queda advertido el lector de que es un texto para muy interesados en la época y el asunto.

Desde el modesto punto de vista del lector meramente aficionado, podemos no obstante sacar algunas conclusiones generales. La principal es quizá que esa etapa que se analiza supuso un retraso de veinte años en el desarrollo económico de España, un lastre con el que, pese al arreón de los 60, ha habido que cargar hasta las últimas décadas del siglo, cuando comenzamos a converger en tantos aspectos con nuestros vecinos. Finalizada la guerra, incluso antes, la gestión económica (como las demás áreas de gobierno) se ve dominada absolutamente por el componente ideológico: de la mano de falangistas y militares (que ocupan buena parte de los ministerios sin más cualificación que su afección al régimen), y a veces henchidos por el seguidismo de alemanes e italianos, se opta por un modelo autárquico, cerrado al exterior, profundamente intervencionista y con amplia discrecionalidad, siempre en manos de cargos políticos. Esto genera efectos como el desabastecimiento de productos, la fijación de precios artificiales, un tipo de cambio ficticio y sobrevaluado y, consecuencia de todo ello, el nacimiento de un potente mercado negro (el famoso estraperlo), que multiplicará la miseria y las dificultades lógicas derivadas de la reciente guerra.

Todo esto, dicho mal y rápido, porque hay muchos otros aspectos, casi siempre negativos, derivados de esas directrices que vienen directamente de las más altas instancias del Gobierno franquista: la contrarreforma agraria que empobreció las cosechas y perjudicó a los productores más modestos, la desatención a la educación primaria que dejaría décadas de retraso en el sistema, la apuesta irracional por una industrialización sin base tecnológica ni logística, el pago de las deudas de guerra (esa ayuda italiana y sobre todo alemana nunca fue gratis)… Todo un repertorio de decisiones tomadas casi siempre por individuos cuyo mérito no iba mucho más allá de la genuflexión ante los gobernantes, y que generalmente no tenían más fundamento que el fanatismo ideológico. Hubo que esperar a finales de los 50 para que, en una situación ya crítica, con el aterrizaje de la financiación norteamericana, el Plan de Estabilización y la llegada de los primeros tecnócratas, las cosas tomaran un rumbo algo más lógico y empezasen a aproximarse a lo que en el mundo occidental ya era un mercado normalizado.

Ya digo que el libro no es fácil, que explora, a veces mucho y a veces algo menos, en aspectos técnicos que quizá no lleguemos a asimilar del todo. Pero aun así la lectura nos dejará un poso de información que entiendo suficiente y valiosa para entender que el franquismo no solo fue malo en su vertiente política y social, que no solo atentó contra la cultura y las libertades o se empeñó en construir (con éxito afortunadamente solo relativo) una sociedad mojigata, aburrida y atrasada, sino que además gestionó, y gestionó casi siempre mal.

P.S.: Casualmente, hace unos días me enteré de que Carlos Barciela ha publicado otro libro titulado irónicamente Con Franco vivíamos mejor, en el que explica muchos de los aspectos tratados en este, por lo que se comentaba con un tono más didáctico y asequible. Podría ser otra opción para interesados en el tema, que da de sí más de lo que parece.


martes, 28 de noviembre de 2023

Reseña + Entrevista: El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste, de Takeshi García-Ashirogi

Idioma original: Japonés (guiño)
Título original: Sherifu Gudmandu VS Pinheado, o algo así (guiño, guiño)
Traducción: Colectivo Juan de Madre (guiño, guiño, guiño)
Año de publicación: 2023
Valoración: A mí es que este tipo de cosas me gustan

Estoy eufórico. Porque encontrar un libro que parezca escrito especialmente para uno no sucede con frecuencia; y menos habitual todavía es que ese libro dé lo que se esperaba de él al tiempo que supera con creces dichas expectativas. Hoy vengo a hablaros de El sheriff  Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste (en adelante El sheriff  Goodman...). 

La editorial Pathosformel inscribe acertadamente este ciclo cuentístico de Takeshi García-Ashirogi en el "weird" y el "western". No me extraña: en él se mezclan ambos géneros con pasmosa eficacia. Y es que en estas páginas encontramos pueblos de frontera con sus tabernas, burdeles y minas, además de duros cowboys ataviados con sombrero y armados con pistolas. Pero también hay elementos mágicos (una zahorí, un hechicero apache o un espiritista), viajes en el tiempo, referencias a la cultura popular y épicos "cross-overs".

Personalmente, me hubiera conformado con que El sheriff Goodman... fuera simplemente un entretenido y bizarro pastiche salpimentado con sexo, escatología, gore y humor absurdo. Sin embargo, Takeshi-senpai nos ofrece más, mucho más, que eso.

En primer lugar, su prosa es superior a la de esos escritores "pulp" que emula, ya que imprime un ritmo frenético a la acción sin por ello descuidar las descripciones o abusar de los diálogos. Por otro lado, sus premisas son más originales y sus argumentos más solventes de lo que hubiera sido estrictamente necesario, así que gracias por tanto, Takeshi-senpai, y perdón por tan poco.

Aunque no penséis que el autor intenta distanciarse de esa literatura a la que homenajea. Al contrario: la alude constantemente, de forma más o menos explícita, y se recrea en sus humildes pretensiones, su desparpajo narrativo o sus simpáticas ocurrencias. 

Por ejemplo, ya desde el título, en la obra de Takeshi-senpai se rinde homenaje a esa tradición de los autores de bolsilibros que enfrentaban a un valeroso cowboy contra cualquier monstruo gótico (vampiros, momias, hombres lobo...). Tradición que nos ha regalado joyas como la serie de Monstruos en el oeste del prolífico Curtis Garland, o los más recientes Cara de muerto: Frankenstein está de vuelta, en el salvaje oeste!, de Luis Guallar y El infierno y Texas, de  Xavier B. Fernández.

Pero dejad que os cuente un poco de qué trata El sheriff Goodman... (al menos lo intentaré, aunque advierto que, si no leéis el libro, jamás lograréis haceros una idea certera de su contenido). A lo largo de siete relatos, en cierto modo autoconclusivos, Philip Goodman debe enfrentar distintas amenazas: el increíble Hulk, el paso de unas sufragistas por Goldville, un Death Note primigenio, la modernización del viejo oeste (encarnada en Hollywood), Pinhead y su séquito de cenobitas o un Karl Marx y un Friedrich Nietzsche reanimados. Asimismo, su leal ayudante, Mary Austen, detiene a una secta religiosa que venera a (y folla con) los dinosaurios.

Las formas que Goodman y Austen tienen de combatir semejantes amenazas son bastante ingeniosas. A veces los agracia alguna conveniencia argumental, pero en general sus victorias se sienten merecidas, y la supervivencia de los personajes implicados satisfactoria, al contrario de lo que sucede en esas fantasías de poder donde un tipo apuesto y musculoso rescata a la damisela de turno a base de hostias.

Ah, nuestro sheriff se aleja bastante de la sencillez del protagonista arquetípico de la literatura popular. Para empezar porque es una especie de hombre trans, o al menos el equivalente de uno para la época en la que se ambientan sus relatos. A eso hay que añadir que ostenta una caracterización compleja que evoluciona a lo largo de los relatos.

Como podréis imaginar, hay muchas virtudes que resaltar en El sheriff Goodman... Ya hemos hablado de su disparatada mezcla de géneros, de las descabelladas ideas que alberga y de su agradecido formato (que entrega por un lado historias autoconclusivas la mar de entretenidas y, por el otro, va desarrollando paulatinamente un mundo y unos personajes). Pero a título personal querría reivindicar también su descacharrante sentido del humor, sus abundantes dosis de sangre, determinadas escenas de muertes pintorescas y sexo extravagante o su diseño de tres cenobitas completamente nuevos.

En cuanto a los relatos, diría que todos mantienen un nivel de calidad sorprendentemente homogéneo. Aun así, creo que mis preferidos son, por funcionar al mismo tiempo como gamberradas lúdicas y viajes metafóricos, el de los dinosaurios y el de los filósofos resucitados. También me gustó bastante el de Hollywood, por su fondo psicológico.


PD: Si todavía dudáis sobre si El sheriff Goodman... puede ser de vuestro agrado, dadle un tiento a "El rostro circuncidado", relato que se puede descargar gratuitamente y que anticipa todo lo que encontraréis en este ciclo cuentístico.


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A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Takeshi-senpai ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Le he leído ya en múltiples registros, y debo decir que es usted un escritor muy versátil. Sin embargo, siempre acaba recalando en el terror o la ciencia ficción pulperos, el "splatter", el humor absurdo o el bizarro. ¿Qué es lo que le atrae de estos géneros? 

T.G.A.: Lo popular. Lo popular que hay en ellos. Sabe, yo me crié entre las butacas de un cine de L.A, en el que mi madre era la encargada de la limpieza. Por eso, pese a mi sangre oriental y mexicana, el cine popular de los EEUU fue el cuento de mi infancia. En realidad, y puede que suene esto extraño, para mí la cultura popular es la verdadera cultura de vanguardia.

ULAD: ¿Tenía decidido desde un inicio que El sheriff Goodman contra Pinhead y otras espeluznantes aventuras en el lejano oeste fuera un ciclo cuentístico compuesto por relatos con cierta continuidad, u originalmente imaginaba un conjunto que, aunque ordenado cronológicamente, fuera de corte episódico?

T.G.A.: En principio ni una cosa ni otra, sino que se trataba de un solo cuento en plan "splatter-western", justo el que da título al libro. Pero el personaje me conquistó de tal manera que no pude dejar de regresar a él, contando sus andanzas en el pueblo de Goldville a lo largo de su vida. 

ULAD: ¿Retomará las aventuras del sheriff Goodman algún día? Yo me leería cualquier secuela, "spin-off", adaptación gráfica o versión audiovisual que tuviera a bien regalarnos.

T.G.A.: Jajaja. Pues la verdad es que me sigue atrayendo la idea de continuar las andanzas de Goodman y su gente. Justo puede que haya un "spin-off" por ahí, para cierto proyecto que se está fraguando en la misma editorial que ha publicado la antología. Así que, tal vez, algún día regrese Goodman con el equipo completo. De momento, estoy enfrascado en la escritura de un "slasher" que se desarrolla en un viaje de jubilados; de hecho, últimamente el género "slasher" me tiene entregado.

ULAD: ¿Considera al sheriff Goodman un personaje trans? Nunca aclara si simplemente se hace pasar por hombre o si verdaderamente siente que su sexo no coincide con su género.

T.G.A.: Eso me ha comentado alguna lectora, que Goodman es trans, o rey drag o algo así. La verdad es que este es uno de esos casos en el que el personaje cobra su propia voluntad, y el escritor es un simple amanuense al servicio de aquél. Cierto que yo noté algo particular en el personaje, como su nombre auténtico o los sofocos en la cincuentena, pero si te soy sincero no llegué a concretar de dónde venían o a dónde iban esas particularidades.

ULAD: Además de enfrentar al bueno de Goodman contra Hulk, las sufragistas, un cuaderno Death Note, una secta que rinde culto a los dinosaurios, Hollywood, los cenobitas y dos filósofos de la sospecha resucitados, se menciona en un par de relatos que también combatió a una banda de atracadores que utilizaban muñecos vudú de banqueros para robar, o a ninjas llegados del Japón. ¿Cómo selecciona a tan variopintos villanos y antagonistas para él? ¿Puede revelarnos, de haberlos, otros que le quedaran en el tintero?

T.G.A.: Jajaja. Es verdad que dicho así de corrido queda una colección bien graciosa de contrincantes. La selección me llega de forma muy natural, normalmente porque estoy releyendo cómics o libros cuyos villanos me apasionan, o porque acabo de ver alguna película o serie que me inspiran el "cross-over". Quedan muchos en el tintero, de ahí que puedan llegar nuevas espeluznantes aventuras en el lejano oeste. Para un relato promocional aparecía la familia de La matanza de Texas; por ahí tengo apuntes del villano de la serie española Estoy Vivo, que vi por recomendación de mis anteriores editores españoles; un buen amigo de la infancia me dijo que sí o sí debía darle a la compañía del halcón del manga Berserk.

ULAD: ¿No le dan miedo las represalias legales que pueda ocasionar el empleao de personajes y objetos con derechos de autor (algunos superhéroes de los cómics de Marvel, el Death Note o los cenobitas y su Configuración del lamento)? Y, más arriesgado que desafiar la posesividad y avaricia de las grandes corporaciones me parece moldear a su antojo ciertos elementos de diversas franquicias. ¿Acaso no teme que los fans le linchen por ello?

T.G.A.: ¡Espero que no! Jajajaja. A los fans les diría que todo lo que ocurre en el libro no es "MCU" ni nada parecido; todo mentirijilla, y hecha desde el máximo respeto y admiración por los personajes tratados. A las corporaciones, en cambio, les recordaría que mi familia materna padeció un bombardeo atómico, y que, como estirpe,  de una experiencia así sales con muy poco que perder y muchísimo que ganar.

viernes, 20 de octubre de 2023

Gary J. Shipley: Los inamovibles y otros relatos de atrocidad, deformidad, horror y depresión

Idioma original: Inglés
Traducción: Federico Fernández Giordano
Año de publicación original de los relatos: 2015, 2017, 2018, 2019
Valoración: Recomendable para raritos

La editorial Holobionte incluye, en un volumen recopilatorio, la novela corta Los inamovibles (2017), dos piezas experimentales y dos relatos. Ninguno de estos textos de Gary J. Shipley se habían traducido al español hasta ahora.

Los inamovibles trata de una familia que encuentra, de la noche a la mañana, a la «madre-esposa» petrificada. ¿Está muerta? ¿Por qué sirve de fuente de nutrición de los suyos? Esta ficción, extraña como pocas, combina lo insólito con el terror existencial y el body-horror. 

A nivel conceptual me ha encantado. Aunque podríamos encasillarla dentro del terror absurdo y el bizarro más extravagantes, tiene trasfondo. Habla, entre otras cosas, del luto, la dependencia emocional, la soledad, el tedio de la existencia, la adicción (a sustancias, a internet…) o la fama. Lástima que no se decante por ninguno de estos temas en concreto y, por tanto, no profundice en ellos.

En cuanto a lo formal, le veo algunas pegas a la novela. Por ejemplo, que rompa sólo en un par de ocasiones su estructura sin motivo aparente; puesto que el texto entero está compuesto por párrafos aislados, no entiendo por qué se hace una excepción en un par de páginas.

Su prosa tampoco está libre de reproches, pues se antoja forzada, incluso pretenciosa. Y es que no se justifica en ningún momento la voz del narrador en primera persona; a eso hay que añadir que el tono filosófico del conjunto anega a la acción en ciertos pasajes. 

A su vez, los personajes que habitan estas páginas son bastante planos, aunque entiendo que lo importante no eran ellos, sino lo que les sucede y las ideas que ello suscita.

En todo caso, insisto en que Los inamovibles es interesante, al menos conceptualmente hablando. También como ficción subversiva, rara y gore tiene su encanto.

Más conseguidas a nivel global me parecen el resto de piezas incluidas en esta antología, pues su fondo y forma harmonizan mejor que los de su predecesora, y su vocación filosófica no opaca tanto la historia relatada.

"Apuntes para una poética futura de la impossibilia: atrocidad, deformidad, horror y depresión" (2017) es una delirante lista de consejos de índole creativa que resuena más de lo que debiera. Por otro lado, "Aftermath" (2015), "Escucha, querida hermana, escucha" (2018) y "Todas las cosas horribles: una entrevista" (2019) son ¿cuentos? que dan un mal rollo increíble. El primero es una suerte de ¿distopía post-apocalíptica? requete-turbia; el segundo, tan críptico como fascinante; el tercero, un diálogo espeluznante que nos mantiene enganchados de principio a fin.

Resumiendo: Gary J. Shipley no escribe una obra que gustará a todo el mundo. Sin embargo, ésta tiene su atractivo para raritos como un servidor, y el volumen de la editorial Holobionte que hoy traigo a colación es, sin duda, idóneo para iniciarse con tan inclasificable autor. 

jueves, 27 de julio de 2023

Arthur Schopenhauer: El arte de tener razón

Idioma original: Alemán
Título original: Eristische Dialektik: Die Kunst, Recht zu behalten
Traducción: Luis Fernando Moreno Claros
Año de publicación: 1864
Valoración: Recomendable para interesados

El arte de tener razón (también conocida como Dialéctica eurística) es una obra de Arthur Schopenhauer publicada póstumamente. Se aleja de la metafísica que caracterizó la aportación de juventud del autor y se centra en una filosofía más práctica. No tiene, a mi juicio, el nivel de refinamiento de otros trabajos del pensador, ni en forma ni en fondo. Aun así, no sólo es intrínsecamente interesante, sino que sigue siendo relevante a día de hoy. 

¿De qué trata? Básicamente (y dejando de lado apartados menos enjundiosos), ofrece 38 estratagemas con las que imponerse en un debate. No son particularmente éticas, pero, según Schopenhauer, el hombre recurrirá, dada su «maldad», a toda clase de «astucias, ardides y bajezas» en una discusión, por lo que uno debe enfrentar al enemigo en igualdad de condiciones.

En efecto: para Schopenhauer, «si fuésemos honestos por naturaleza, intentaríamos simplemente que la verdad saliera a la luz en todo debate, sin preocuparnos en absoluto de si ésta se adapta a la opinión que previamente mantuvimos, o a la del otro; eso sería indiferente o, en cualquier caso, algo muy secundario.» Sin embargo, no suele ser así; tendemos a embarrar los intercambios de ideas, hasta tal punto que no los empleamos para acercarnos a la verdad, sino para salir victoriosos. 

En este sentido, remarca el filósofo que «la verdad objetiva de una tesis y su validez en la aprobación de los contrincantes y los oyentes son dos cosas distintas. (Hacia lo último se dirige la dialéctica).» Después añade que «Quien queda como vencedor de una discusión tiene que agradécerselo por lo general no tanto a la certeza de su juicio al formular su tesis como a la astucia y habilidad con que la defendió.» 

Y por esto considero que El arte de tener razón es no sólo reivindicable, sino que de rabiosa actualidad. En una cultura del debate pueril, los zascas, las cámaras de eco y los memes simplificados, incluso los portadores de la verdad (o, mejor dicho, de tesis más próximas a la verdad que su rival) se ven obligados a pelear como salvajes. 

Ojalá viviéramos en un mundo perfecto, en el que los individuos cercaran las verdad. Ojalá fuera posible hacer caso a la sensatez de Mark Twain cuando sostenía que «Nunca discutas con un idiota. Te rebajará a su nivel y te ganará por su experiencia». Ojalá pudiéramos respetar al propio Schopenhauer, que advierte que, al debatir, «ambos contrincantes deben estar igualados en cuanto a cultura e inteligencia. Si uno de ellos carece de la primera, no entenderá todo (...). Si carece de la segunda, el rencor que sentirá por ello le instigará a actuar deslealmente con astucia o groseria.» 

Lamentablemente, en el infierno fanático, tribal y polarizado que nos ha tocado en suerte no nos podemos permitir semejantes lujos; uno no puede ser excesivamente selectivo, íntegro o riguroso al debatir contra dogmáticos, tribalistas y prejuiciosos que siempre van a la defensiva y cuya autocrítica brilla por su ausencia.

Porque debéis tener claro que estamos encerrados en un enorme manicomio, rodeados de gente con la que debatir es igual a desafiar a una paloma en un juego de ajedrez. «La paloma no hará sino tirar todas las piezas y defecar en el tablero para luego volar, cantando con orgullo su victoria y dejando atrás todo el desorden y la suciedad que otros tendrán que limpiar.» Eso afirmaba Ece Temelkuran sobre debatir con Donald Trump. Mas, no por ello debemos agachar la cabeza y fingir que esa clase de gente no existe y sus palabras carecen de impacto. Lo siento, Temelkuran, pero no basta con rebatir y criticar desde la distancia a ese tipo de personas; hay que debatir. 

E insisto: no es la «dialéctica» la que determina «la verdad objetiva de una tesis», así que no hace falta sobredimensionar la importancia de «la aprobación de los contrincantes y los oyentes». Los debates son lo que son, y exigirles una probidad o precisión a los que, como formato, no se prestan, es ingenuo.

En fin: no abordaré cada una de las estratagemas prescritas por Schopenhauer individualmente, porque algunas se solapan o pueden inferirse de otras (por ejemplo, la 4 y la 9, o la 8 y la 38). Sólo señalaré que, en general, me parecen sumamente eficaces. Asimismo, remarcaré que las hay ilustradas con ejemplos, e incluso se nos da herramientas para evitar o contrarrestar un buen puñado de ellas. 

Llegados a este punto, dejad que alabe la edición de El arte de tener razón publicada por Acantilado. La introducción, a cargo de Luis Fernando Moreno Claros (responsable también de la traducción y las notas), es un tanto dispersa, pero muy exhaustiva y esclarecedora. Moreno Claros hace una labor encomiable al contextualizar la obra: establece referentes, la sitúa cronológicamente, sugiere cuáles pudieron ser sus gérmenes… 


Libros sobre Arthur Schopenhauer en ULAD: Arthur SchopenhauerEn presencia de Schopenhauer

lunes, 13 de marzo de 2023

Albert Camus: Cartas a mi maestro

Idioma original: Francés
Título original: Cher monsieur Germain... Lettres et extraits
Traducción: Pablo Hermida Lazcano
Año de publicación: 2022
Valoración: Entrañable (aunque recomendable, lo que se dice recomendable, solamente para interesados)

Cartas a mi maestro compila la correspondencia que se conserva entre Albert Camus y el que fuera su profesor, Louis Germain. Evidentemente, un volumen así tiene un interés acotado y un valor más relacionado con lo documental que con lo puramente literario. Pese a todo, puede llegar a seducir a los profanos.

¿Cómo no emocionarse ante el vínculo de afecto y admiración que presentan estas páginas? ¿Cómo no enternecerse ante la intimidad que existió entre un maestro y su «colegial», entre un pedagogo y su alumno «ejemplar», entre un padre sustituto y su «hijo espiritual», entre un anciano y su «querido pequeño»?

En una misiva del 13 de febrero de 1950, Camus dijo lo siguiente: «Ni tengo ni tendré jamás cosas mejores que hacer que leer las cartas de aquel a quien le debo ser lo que soy, y a quien amo y respeto como al padre que no he conocido». El 19 de noviembre de 1957, después de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, escribió a Germain porque «Sin usted, sin esa mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, no habría sucedido nada de todo esto». El propio Germain se sentía así con respecto a Camus: «Mi emoción ha sido tanto mayor porque mis propios hijos jamás me han manifestado tanto cariño». Repito: ¿cómo no emocionarse ante el apego que se profesaban ambos?

También me han parecido entrañables los puntuales destellos de humor que asomaban en su trato. Por ejemplo, cuando Camus bromeó en estos términos: «Después desearía descansar y vivir un poco en libertad a la espera de la bomba de hidrógeno». O cuando Germain afirmó que «Actualmente sigo un régimen bastante estricto: mi corazón da preocupaciones... al doctor», o que «Me consta que esto no les agrada a aquellos que querrían hacer de los profesores unos viajantes de comercio de la religión y, para ser más precisos, de la religión católica».

Hallo un par de pegas a la correspondencia entre Camus y Germain: acusa cierta repetición y, si el voyeur que se asoma a ella no tiene particular interés biográfico o histórico, tampoco podrá sacarle mucho partido, ya que plasma más nimiedades cotidianas que temas a los que los interlocutores podrían haberse prestado, como filosofía, literatura o religión. Pero bueno, insisto en que lo anterior no empaña que un profano pueda conmoverse frente al vínculo que ilustra.

Cartas a mi maestro se cierra con un fragmento de El primer hombre, la novela autobiográfica inacabada de Camus. En dicho fragmento se homenajea a Germain, quien aparece transmutado en un personaje literario llamado «el señor Bernard».  

En fin: este libro es el testimonio de una relación preciosa. Una relación que, como sucede incluso en las interacciones humanas más satisfactorias, pudo tener alguna desaveniencia anecdótica, algún periodo de desidia o mutismo unidireccional, pero en general fue una «amistad inquebrantable».


También de Albert Camus en ULAD: Aquí

miércoles, 1 de febrero de 2023

Elvira Roca Barea: Imperiofobia y leyenda negra

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable para interesados (aunque discutible y harto irregular)
 
No creo que deba presentaros Imperiofobia y leyenda negra, ¿verdad? Seguramente, a la mayoría os suena este controvertido ensayo de la también polémica Elvira Roca Barea; incluso es probable que algunos lo hayáis leído. 

Yo me he hecho de rogar porque, aunque la obra de Roca se publicó originalmente en 2016, he esperado a que salga la versión ampliada y revisada para darle una oportunidad.

Ah: si le di una oportunidad a Imperiofobia y leyenda negra, pese a que intelectualmente hablando no simpatizo en demasía con Roca, es porque siempre estoy dispuesto a escuchar los argumentos de los, llamémoslos así, adversarios ideológicos.

Otra aclaración: aunque no coincido con muchos de los preceptos del hispanismo, creo que se carticaturiza en exceso a sus exponentes. Y ya sabemos que es imposible debatir con alguien si le convertimos en un mero hombre de paja, ni refutar ninguna corriente de pensamiento cuando se la reduce al absurdo. De manera que bienvenidos sean los hispanistas como Roca; moderados, sensatos y articulados.

De hecho, no es necesario que uno se defina como hispanista (ni siquiera como patriota) para admitir que el Imperio español fue, hasta cierto punto, avanzado para la época (o, como mínimo, mejor que sus coetáneos) en ciertos asuntos. Para muestra, un botón: sin ser yo sospechoso de hispanista, veo que se lleva intentando estigmatizar nuestro legado (ugh, qué palabreja) a base de mentiras malintencionadas, tergiversaciones históricas y tópicos desinformados. La inquisición española, por ejemplo, era relativamente garantista, y mataba y torturaba menos que otras inquisiciones; aun así, persiste la idea de que fue la peor con diferencia.

Bueno, pues: Imperiofobia y leyenda negra desmiente el mito cultural de la inquisición española, amén de muchos otros que, en conjunto, podríamos englobar dentro de la llamada leyenda negra española; asimismo, arremete contra la hispanofobia que la mentada leyenda negra española lleva inculcando en el imaginario popular hace siglos. Ambos son apartados en los que, a mi juicio, sobresale Roca. 

Sin embargo, el ensayo flaquea al pretender ser puramente descriptivo. Y es que yo he tenido la impresión de que a veces interpreta los datos a conveniencia. Ya en sus primeras páginas se afirman auténticas barbaridades, que no sé qué lectura sesgada de la realidad y los hechos avalará. ¿No me creéis? Pues sabed que sólo en la «Introducción», esa en que la autora afirma que «procurará en lo que sigue no incurrir en resbaladizas disquisiciones morales sino dejar constancia de los hechos», se ataca veladamente, amparándose en el pragmatismo o falacias naturalistas varias, a ideas como la igualdad o la organización social horizontal, y en cambio se rompe una lanza a favor de ideas tan cuestionables como la libertad individual (Roca habla de «libre albedrío»), política y económica.

En cualquier caso, Imperiofobia y leyenda negra es una obra recomendable. En tiempos menos polarizados que los actuales no hubiera tenido tantos detractores, pero tampoco partidarios tan fervorosos. Una sociedad más abierta al cruce de pareceres la aprovecharía para plantear debates estimulantes. ¿Hasta qué punto el análisis de la Historia requiere de apoyos subjetivos? ¿Contextualizar y matizar algo implica legitimarlo o blanquearlo? ¿Puede el colonialismo ser (o haber sido) positivo? ¿Hay que combatir la propaganda de régimenes extranjeros? ¿Rechazar la leyenda negra conlleva abrazar la rosa?