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lunes, 13 de marzo de 2023

Albert Camus: Cartas a mi maestro

Idioma original: Francés
Título original: Cher monsieur Germain... Lettres et extraits
Traducción: Pablo Hermida Lazcano
Año de publicación: 2022
Valoración: Entrañable (aunque recomendable, lo que se dice recomendable, solamente para interesados)

Cartas a mi maestro compila la correspondencia que se conserva entre Albert Camus y el que fuera su profesor, Louis Germain. Evidentemente, un volumen así tiene un interés acotado y un valor más relacionado con lo documental que con lo puramente literario. Pese a todo, puede llegar a seducir a los profanos.

¿Cómo no emocionarse ante el vínculo de afecto y admiración que presentan estas páginas? ¿Cómo no enternecerse ante la intimidad que existió entre un maestro y su «colegial», entre un pedagogo y su alumno «ejemplar», entre un padre sustituto y su «hijo espiritual», entre un anciano y su «querido pequeño»?

En una misiva del 13 de febrero de 1950, Camus dijo lo siguiente: «Ni tengo ni tendré jamás cosas mejores que hacer que leer las cartas de aquel a quien le debo ser lo que soy, y a quien amo y respeto como al padre que no he conocido». El 19 de noviembre de 1957, después de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, escribió a Germain porque «Sin usted, sin esa mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, no habría sucedido nada de todo esto». El propio Germain se sentía así con respecto a Camus: «Mi emoción ha sido tanto mayor porque mis propios hijos jamás me han manifestado tanto cariño». Repito: ¿cómo no emocionarse ante el apego que se profesaban ambos?

También me han parecido entrañables los puntuales destellos de humor que asomaban en su trato. Por ejemplo, cuando Camus bromeó en estos términos: «Después desearía descansar y vivir un poco en libertad a la espera de la bomba de hidrógeno». O cuando Germain afirmó que «Actualmente sigo un régimen bastante estricto: mi corazón da preocupaciones... al doctor», o que «Me consta que esto no les agrada a aquellos que querrían hacer de los profesores unos viajantes de comercio de la religión y, para ser más precisos, de la religión católica».

Hallo un par de pegas a la correspondencia entre Camus y Germain: acusa cierta repetición y, si el voyeur que se asoma a ella no tiene particular interés biográfico o histórico, tampoco podrá sacarle mucho partido, ya que plasma más nimiedades cotidianas que temas a los que los interlocutores podrían haberse prestado, como filosofía, literatura o religión. Pero bueno, insisto en que lo anterior no empaña que un profano pueda conmoverse frente al vínculo que ilustra.

Cartas a mi maestro se cierra con un fragmento de El primer hombre, la novela autobiográfica inacabada de Camus. En dicho fragmento se homenajea a Germain, quien aparece transmutado en un personaje literario llamado «el señor Bernard».  

En fin: este libro es el testimonio de una relación preciosa. Una relación que, como sucede incluso en las interacciones humanas más satisfactorias, pudo tener alguna desaveniencia anecdótica, algún periodo de desidia o mutismo unidireccional, pero en general fue una «amistad inquebrantable».


También de Albert Camus en ULAD: Aquí

lunes, 13 de febrero de 2023

Lana Bastašić: Dientes de leche

Idioma original: serbocroata
Título original: Mliječni zubi
Traducción: Pau Sanchis Ferrer (en catalán para Edicions del Periscopi y en castellano para Sexto Piso)
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Me sorprendió la anterior novela de Lana Bastašić, «Atrapa la liebre», por su estructura críptica estrechamente paralela a «Alicia en el país de las maravillas» así como por su ambición, pues era una novela que cubría un amplio espectro no únicamente a nivel metaliterario sino también a nivel histórico con la guerra de Yugoslavia como telón de fondo. El inicio de la carrera de la autora serbo bosniana era altamente prometedor, y debido a que la ambición fue algo que lastró parcialmente la novela tenía mucha curiosidad en saber cómo se desenvolvía la autora en el género del relato corto, un género que requiere de una gran precisión y concisión para centrar la idea principal sobre la que pivota el cuento y explorar única y solamente lo pretendido.

«Dientes de leche» consta de doce relatos cortos de entre diez y quince páginas cada uno, en los que la autora nos adentra en una atmósfera oprimida, cerrada y triste. En los diferentes cuentos, a excepción de alguno de ellos situados en otras décadas cercanas, uno puede trasver en los diferentes personajes la marca que dejó la guerra de Yugoslavia en sus habitantes, ya sea en los propios adultos como participantes directos del conflicto, pero también y especialmente en la vida de los niños que crecieron en ese ambiente. De esta manera, los relatos recogidos en este recopilatorio muestran la dura infancia de los niños que vivieron la guerra en su edad más tierna, una infancia fría, distante y con pocos medios económicos y afectivos. Ellos son los principales protagonistas y los grandes damnificados de un conflicto que se produjo durante su más inocente etapa vital. Por ello y a raíz de esa situación, son niños desprotegidos, casi olvidados por unos padres que centran su atención en otras cosas que a menudo parecen nimias e insignificantes, pero que quizá sean lo suficientemente importantes para ellos pues les permiten olvidar o distraerse de una guerra que les pasa por encima y que probablemente no comprenden. Y los hijos, apartados del núcleo familiar, son los grandes olvidados pues a menudo su presencia se percibe como una molestia y crecen solos en unos hogares en los que el amor y el cariño no existe, tan solo se preocupan de la supervivencia y la posibilidad de conseguir que pase otro día sin que los castigos o las amenazas sobrevuelen ese ambiente cargado, hostil y encerrado como lo son sus propias vidas. Así, en un escenario en el que los niños quieren a sus padres a la vez que los temen, perciben que entre ellos no hay amor sino frialdad y se sienten en gran parte responsables de ser los causantes de esta tirantez y tensión familiar aún y siendo los grandes perjudicados.

Como en todo recopilatorio de relatos, el conjunto muestra una cierta irregularidad aunque en este caso no a nivel argumental, pues todos giran en torno a los temas anteriormente expuestos, sino en cuanto al logro en su consecución, al impacto que causa su lectura. Por ello, destacaría principalmente «El hombre en la luna» (en el que el inminente aterrizaje del hombre en la luna ejerce de factor de distracción de una familia fría, distante, violenta y opresiva hacia los hijos), «La última cena» (en el que la autora retrata el desapego familiar afirmando que «padre no nos mira demasiado. Mirar es cosa de madre. Es ella quién sabe mejor lo que necesitamos»), «Ácido» (que retrata con extrema dureza la frialdad ante la violencia, rozando la psicopatía al narrar una situación en la que la protagonista idea un juego que consiste en sacar unos peces del agua con el objetivo de que «el pescado que aguantara más sobre la mesa ganaría. Pero había otra cosa: el poder que sientes mientras tu mano se hunde en el agua viscosa y los dedos que se cierran sobre el desgraciado chiquitín»), «El hada de los dientes» (en el que la autora nos transmite los miedos e inseguridades de los más pequeños, narrando como una niña deja un diente bajo la almohada para que el hada le deje dinero, pero en lugar de transmitir calma nos transmite angustia al afirmar que «al hada le gusta cogerme las manos. El hada es grande y la sombra de proyecta en la pared (…) le gusta cogerme las manos. Tengo frío. Quiero taparme pero entonces sabría que no duermo. No quiero que se cabree (…) Yo no tengo un hada buena. Quiero que venga la abuela, pero la abuela está muerta. Quiero que venga mi madre, pero mi madre duerme. Mi madre siempre duerme. Quiero que el hada se meta en la lavadora. Que se ahogue»).

De esta manera, con este conjunto de relatos la autora parece querer explorar nuevas vías estilísticas y argumentales que la acercarían a Țîbuleac (especialmente en «El jardín de vidrio») o incluso a la gran Kristof (especialmente en el relato «Ácido» por narrar con gran violencia la una absoluta frialdad y falta de compasión de una niña). A pesar de que en algunos cuentos le falta cierta redondez y conseguir encontrar un buen argumento, algunos de ellos sí tienen una gran potencia e impacto. Por ello, es innegable afirmar que es algo valiente y bueno que Bastašić quiera adentrarse en nuevos territorios más duros, más crudos y acercarse así a una visión de la infancia menos idílica de lo que estamos acostumbrados. 

Dice Lana Bastašić que «algunos dolores son buenos. Son aquí para recordarnos que existe el dolor». De la misma manera, la lectura de estos cuentos sirve para recordarnos que la tristeza, la congoja y la soledad existen y que, a veces, los niños, los seres más inocentes, frágiles y desprotegidos que hay, son quienes más lo padecen. Aunque sea en el más absoluto de los silencios.

También de Lana Bastašić en ULAD: Atrapa la liebre

miércoles, 29 de junio de 2022

Gustavo Bueno: Panfleto contra la democracia realmente existente

Idioma original: Español
Año de publicación: 1997-2008
Valoración: Interesante

Panfleto contra la democracia realmente existente es un volumen recopilatorio. Lo ha editado excelsamente Pentalfa. Reúne nueve textos del filósofo español Gustavo Bueno, escritos entre 1997 y 2008. En todos ellos se aborda, desde una perspectiva crítica, el concepto e implementación de lo que se entiende por democracia. 

A mi juicio, las virtudes de estos textos serían las siguientes: 

  • Su prosa. Pese a emplear algún tecnicismo y su tendencia verborreica, es bastante clara. 
  • Sus argumentos. Son inteligentes y están genialmente estructurados, por lo que no resulta complicado entender su desarrollo.
  • Su estimulante sentido del humor. 
  • El debate que genera. Y es que rechaza postulados de, por ejemplo, la escuela trevijanista, que tan de moda está hoy día.

En resumen: Panfleto contra la democracia realmente existente es una de las obras fundamentales de Bueno. Aunque su lectura y comprensión entrañan cierta dificultad, la recomiendo encarecidamente. Incluso sus aportaciones menos agraciadas merecen ser tomadas en consideración; especialmente por aquéllos que nos consideramos demócratas. 

Ah, el autor reflexionó sobre la democracia en más ocasiones. Su libro El fundamentalismo democrático, publicado en 2010, sería una muestra de ello.


También de Gustavo Bueno en ULAD: El mito de la Izquierda / El mito de la Derecha

jueves, 23 de junio de 2022

Octavia E. Butler: Hija de sangre y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: Bloodchild and Other Stories
Traducción: Arrate Hidalgo en castellano, para Consonni
Año de publicación: 1971-2003
Valoración: recomendable


Cuando hablamos de un campo literario como el de la ciencia ficción, nos vienen a la cabeza nombres legendarios como Philip K. Dick, Isaac Asimov, Ted Chiang, Ursula K. Le Guin y muchos otros, aunque principalmente autores masculinos. Pero tras leer no pocas novelas de la autora, queda claro que Octavia E. Butler merece estar entre los grandes a pesar de ser desconocida por gran parte de un público poco acostumbrado a ver una voz femenina y negra en un campo tan poblado y dominado por autores blancos como el de la ciencia ficción.

Esta obra recopilatoria consta de siete relatos cortos (algunos escritos en el inicio de la carrera literaria de la autora y otros añadidos posteriormente) así como de un par de ensayos sobre el acto (y la necesidad) de escribir; ya la propia autora abre con un prefacio donde ella misma confiesa que «odio escribir relatos. Intentar escribirlos me ha enseñado más sobre la frustración y la desesperación de lo que jamás querría saber» y añade afirmando que «yo soy, en esencia, novelista. Las ideas que más me interesan tienden a ser grandes (…) Y aun así, algunos de mis relatos son relatos de verdad». Quizá es por ello por lo que, de manera acertada aunque poco común, la autora añade al final de cada uno de los relatos un epílogo para poder hablar sobre ellos, para contar su motivación y su intención al escribir cada uno de estos cuentos.

Estilísticamente, ya en el primero de los relatos, «Hija de sangre» (que también da nombre al libro) desborda en impacto con un relato ganador de varios premios de ciencia ficción como Nebula, Locus y Hugo, situándonos en un mundo donde las tlic, unos seres provenientes del exterior (de tres metros de altura, con muchas extremidades y cola con aguijón), controlan los terranos, poseyéndoles o reclutándolos como símbolo de estatus, pues «T’Gatoi nos repartía entre los desesperados y nos vendía a ricos y poderosos a cambio de apoyo político (…) T’Gatoi supervisaba la unión de las familias». En este relato, Butler narra con crudeza y de manera bastante descarnada una situación en los que los humanos son utilizados por parte de una colonia invasora como cuerpos recipientes para su procreación y continuidad como especie mientras nos sitúa, en otro plano igualmente interesante, en una relación de amor (sic) posesivo y sumiso.

De manera parecida al anterior relato, en «La tarde y la mañana y la noche», la autora juega también con la violencia y los detalles escabrosos para tejer un relato en torno a una enfermedad que se transmite genéticamente que causa una gran falta de autocontrol en aquellos que la padecen pero que, a su vez, esa falta de control bien gestionada puede ejercer como elemento disruptivo para desplegar un potencial que de otra manera quedaría adormecido. Esta violencia se pone nuevamente de manifiesto en «Sonidos de habla», donde la narración nos ubica de lleno en una escena violenta en medio de un autobús. El relato nos sitúa en un mundo donde una extraña enfermedad provoca la pérdida de habla y, en casos extremos, la muerte, pues para quienes la padecían, «el lenguaje se perdía por completo o quedaba grave mente deteriorado. Nunca se recuperaba. A menudo, también producía parálisis, discapacidad intelectual o muerte». Así, a través de la voz de la protagonista que ha perdido la capacidad de leer y escribir, Butler nos habla de la incapacidad de la humanidad en comunicarse, en la facilidad de caer en la envidia y dejarse llevar por la ira. Y como toda una sucesión de situaciones parecidas se encarnan en un mal de daño irreversible.

Más allá de los relatos cortos, igualmente interesantes son los dos ensayos incluidos en el libro, el primero de los cuales («Obsesión positiva») trata sobre cómo la literatura la ha acompañado durante toda su vida y cuando, a sus diez años, se decidió a dar el paso a la escritura, pues «había decidido escribir algunas de las historias que me habían estado contando aquellos años. Cuando no tenia historias que leer, aprendí a inventármelas. Ahora estaba aprendiendo a dejarlas por escrito». Un paso adelante no vacío de dudas pues la autora confiesa que a sus trece años de vida dijo a su tía que quería ser escritora, quien le respondió afirmando que «los negros no pueden ser escritores». Tras esta inesperada respuesta la duda la asaltó puesto que «en los trece años de vida no había leído una sola palabra impresa que, por lo que yo supiera, hubiera sido escrita por una persona negra», aunque afortunadamente no cesó en su empeño. También es igualmente interesante (y ligado al hecho de escribir) el segundo de sus ensayos («Furor escribendi») donde la autora da consejos sobre qué hay que hacer para llegar a escribir un escrito que sea publicable y que se podría resumir constando que hay que «leer. Lee el tipo de libros que te gustaría escribir y aprende con ello», ir a talleres de escritura porque «escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad»; de igual manera, la autora es directa al afirmar que hay que practicar sin pausa, pues es la única opción («Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no») y con ello pone de manifiesto la necesidad de la autoexigencia («revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad» (…) «si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás») así como la perseverancia, pues «del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender».

Ya volviendo a los dos últimos relatos (añadidos posteriormente a los escritos al principio de su carrera), vemos como en «Amnistía» la autora utiliza un escenario parecido a «Hija de sangre», pues lo protagoniza un conjunto de seres en forma aparentemente de plantas que invaden un territorio y utilizan a los humanos como trabajadores, no sin antes haberlos torturado hasta conseguir establecer una vía de comunicación entre ambas especies. De manera similar a como vimos en «Hija de sangre», las comunidades envuelven a las personas y las someten hasta que pierden toda esperanza, todo anhelo de cambio y, del mismo modo que en su anterior relato, sus personajes terranos se encuentran envueltos en algún momento por esas criaturas, mezclando miedo y afecto de una manera que nos inquieta y nos altera afirmando que «cuando una Comunidad te envuelve es como si te contuvieran en una especie de… camisa de fuerza cómoda» (…) «por alguna razón, después de la primera vez ya no da miedo. Es tranquilo y agradable». La autora consigue transmitir angustia al imaginar cómo los personajes pueden aceptar y asumir su nueva condición y encontrarla a su vez placentera acostumbrándose a los abusos y a los castigos, porque tal y como afirma Noah, «a algunos dejó de importanos, dejamos de luchar». 

Finalmente, en «el libro de Martha», la autora nos plantea una conversación entre Dios y la protagonista, a quien Dios ha traído para darle el poder de idear y aplicar un cambio en la humanidad para así poder salvarla, «algún modo de hacer que la humanidad no fuera una especie tan autodestructiva». El relato gira en torno a la dificultad de encontrar una única causa (y por tanto solución) a nuestros grandes males. Asimismo nos plantea la responsabilidad de asumir tal tarea sin saber si somos capaces de salir airoso porque, de lo contrario, se la podrían encomendar a alguien con fines perversos. El relato nos sitúa ante una terrible coyuntura pues ¿seríamos capaces de asumir la responsabilidad de encontrar y aplicar un cambio a nivel global sin saber a ciencia cierta si podría acarrear consecuencias perjudiciales que podrían empeorar incluso más la situación a largo plazo?

Por todo ello, y visto a nivel global, el libro que nos ocupa merece una lectura, pues de los siete relatos y dos ensayos que comprende la mayoría son recomendables, destacando por encima de todos «Hija de sangre», «La tarde y la mañana y la noche», «Sonidos de habla» y los dos ensayos. Butler sabe cómo mantener la tensión a lo largo de los relatos, cubriendo su obra con una prosa rodeada de violencia, en algunos casos física, pero también psicológica. La autora sabe cómo insuflar sus relatos de agonía y miedo y cierto punto de sometimiento y aceptación de la humanidad ante unas adversidades que nos vienen de fuera de nosotros mismos, pero a las que no sabemos cómo hacerles frente. 

Recuerda la propia autora en uno de los ensayos incluidos en libro una anécdota en la que, en una de las charlas que daba, una joven negra le dijo que «siempre he querido escribir ciencia ficción, pero no creía que hubiera ninguna mujer negra haciéndolo». Por eso, es muy destacable la figura de Octavia E. Butler, ya no únicamente por la calidad más que evidente de su prosa, sino por abrir un camino difícil, arduo y para mucha gente inexistente hacia la ciencia ficción con mirada femenina, con mirada negra. Cómo con los relatos de su obra en los que imagina escenarios en apariencia ficcionales pero posibles, ella imaginó un mundo inexistente, un mundo donde las mujeres negras podían escribir ciencia ficción, y lo hizo posible. Y de manera muy destacada.

También de Octavia E. Butler en ULAD: ParentescoLa parábola del sembrador, La parábola de los talentos

sábado, 13 de noviembre de 2021

Bruce Chatwin: ¿Qué hago yo aquí?

Idioma original: inglés

Título original: What am I doing here?

Año de publicación: 1989

Traducción: Alberto Cardín

Valoración: bastante recomendable

Entre las variadas ocupaciones a las que el ya casi legendario Bruce Chatwin se dedicó con no poco éxito a lo largo de su vida estuvo la de reportero (quizá llamarle "periodista" sería inexacto), tras una etapa como director de arte en el Sunday Times. Antes de su muerte en 1989, Chatwin hizo una recopilación de varios de sus trabajos, publicados en diferentes medios escritos, que tituló con el significativo, aunque para mi gusto poco satisfactorio, título de ¿Qué hago yo aquí? (póstumamente, se han publicado otras recopilaciones con otros textos). Los artículos reunidos en este volumen están divididos en once apartados que, con permiso, paso a detallar, para que se vea lo extenso de los intereses y vivencias de este escritor:

  1. Escrito para familia y amigos: Brevísimos textos, algunos que datan de sus últimos días, pero no tienen demasiado interés, excepto para, precisamente, su familia y amigos.
  2. Extraños encuentros: Aquí encontramos desde una mixtificación del golpe de estado fallido -o fingido- al que asistió Chatwin en Benin, en 1978 (aunque, según de desvela en su biografía, lo que vivió el escritor en realidad no fue en absoluto así y, probablemente, tampoco como lo contaba él de viva voz, pero digamos que Chatwin fue, en cierta medida, un adelantado a la autoficción que tanto ha cundido en las letras unos años más tarde), así como otras aventuras africanas, hasta una visita a una secta pseudo-mansónica (de Manson, quiero decir- en Boston o un encuentro con el geomántico chino experto en feng-shui que asesoró en la construcción del célebre -al menos p, por entonces- edificio del BCSH de Hong-Kong, obra de Norman Foster.
  3. Amigos: Semblanzas de personajes tan dispares como el millonario de origen boliviano y coleccionista de arte George Ortiz, el músico sudafricano Kevin Volans, el pintor inglés Howard Hodgkin, más una breve anécdota con la editora de revistas de moda Diana Vreeland.
  4. Encuentros: Entrevistas, al peculiar "estilo Chatwin", con notorios y variopintos personajes del siglo XX: la poeta Nadezhda Mandelstan; la modista de haute couture Madelaine Vionnet, María Reche, una alemana que se apsó la vida estudiando los petroglifos de Nazca, en Perú; el vanguardista arquitecto soviético Konstantin Melnikov; el escritor, aventurero y político francés André Malraux y, finalmente, una ¿crónica? del complicado rodaje en Ghana de la adaptación de su novela El virrey de Ouidah, a cargo del dúo cómico compuesto por Werner Herzog y Klaus Kinski.
  5. Rusia: La historia del coleccionista de arte de vanguardia ruso George Costakis y un reportaje sobre un crucero por el Volga con un grupo de turistas alemanes (alguno, ex-combatiente de la II Guerra Mundial).
  6. China: Reportajes sobre los llamados "caballos celestes" del emperador Wu-Ti, el botánico austro-americano Joseph F. Rock y sobre las invasiones nómadas aasiáticas y el nomadismo en general (tema que le era especialmente caro a Chatwin).
  7. Gentes: La historia de Shamdev, un niño-lobo de la India contemporánea, al estilo de Mowgli; la de Salah Bougrine, un inmigrante argelino que asesinó a un conductor de autobús en Marsella (y que le sirve a Chatwin para una reflexión sobre la inmigración norteafricana y la reacción en su contra, ya en 1974), y la de Donald Evans, un artista americano fallecido en 1977, cuya obra consistía en sellos de correos inventados.
  8. Viajes: El relato de un viaje por Nepal con su esposa Elizabeth, en busca, supuestamente, de las huellas del Yeti y un "lamento por Afganistán",a raíz de la invasión soviética de ese país, que Chatwin había visitado ya en 1962, siguiendo los pasos del escritor de libros de viajes -y modelo para él- Robert Byron. Chatwin rememora el Afganistán anterior a la guerra, que él entronca con el de la Antigüedad, y lamenta que vaya a desaparecer para siempre... menos mal que no tuvo que ver lo que ha venido después.
  9. Dos individuos más: Una nueva semblanza-entrevista del escritor alemán Ernst Jünger y un reportaje sobre la campaña electoral india de 1978, que hizo siguiendo a Indira Gandhi junto a la famosa fotógrafa Eve Arnold.
  10. Coda: Dos textos más relacionados con Chile (el segundo, concretamente sobre la isla de Chiloé y sus leyendas, que sospecho Mariana Enriquez conoce).
  11. Relatos del mundo del arte: Un puñado de textos breves, entre lo anecdótico y lo críptico, sobre su época trabajando en la casa de subastas Sotheby's.
Como puede verse, otra cosa quizá no -que también-, pero está claro que Chatwin era un escritor de espíritu e intereses variaditos. Que luego sus mejores novelas (porque la citada El virrey de Ouidah no acaba de resultar óptima y sus "novelas de viaje" son... pues eso, novelas de viaje) traten sobre personajes que apenas salen de su entorno habitual y además resultan un tanto monomaníacos es uno de los misterios de este escritor, por lo demás, o en apariencia, no demasiado misterioso, pues ya en vida no debía de callar ni bajo el agua y dejó cumplida cuenta de sus muchos y variados viajes y proyectos. Que el título de uno de esos libros póstumos sea Anatomía de la inquietud no es casual ni postureo, ya os lo digo yo...

Sin duda, un personaje y autor irrepetible y, en cierto modo, epítome del siglo XX al que, aunque cada pocos años suele haber reediciones de sus obras, nunca está de más reivindicar; os aseguro que, desde luego, resulta siempre de lo más recomendable. 

Más libros de y sobre Bruce Chatwin reseñados: aquí

martes, 13 de abril de 2021

VV.AA.: Cuadernos hispanoamericanos (Cuento)

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: Bastante recomendable

Que el "cuento latinoamericano" goza de una salud excelente es algo que creo que poca gente pondrá en duda. Una muestra significativa de ello son las múltiples reseñas que hemos publicado en este blog en los últimos años y que dejan un buen reguero de nombres: Mariana Enríquez, Vera Giaconi, Magela Baudoin, Mónica Ojeda, Samantha Schweblin, Rodrigo Blanco, Edmundo Paz Soldán, etc., algunos de los cuales aparecen en este número dedicado al género breve de la revista "Cuadernos Hispanoamericanos" con el que podemos corroborar la afirmación inicial.

18 autores (12 hombres y 6 mujeres, lo cual  - aunque aquí habría que valorar los entresijos de la selección - me parece injusto dada la calidad de alguna autora que no aparece por aquí), 18 países (solo falta, si no me equivoco, una representación de República Dominicana y El Salvador) y 18 relatos con un nivel medio bastante alto.

Curiosamente, este elevado nivel medio no viene siempre de la mano de los autores más consagrados o reconocidos a este lado del Océano. Por poner un par de ejemplos, el relato de Halfon (escritor que me encanta) parece hecho con el piloto automático puesto y el relato metaliterario de Fernanda Trías deja al lector algo frío porque puede funcionar bien como juego pero se echa en falta algo más. Por su parte, otros autores TOP, como Mariana Enríquez, Liliana Colanzi o Mónica Ojeda, aportan relatos que serán fácilmente identificables para sus lectores habituales y servirán como interesante carta de presentación para los no iniciados.

Por el lado de los autores más desconocidos (o menos leídos) para mi vienen alguna de las sorpresas más agradables. Destacan especialmente 4/5 relatos:

  • "La cinta roja" de la hondureña María Eugenia Ramos, un relato brutal cargado de simbología.
  • "El río, una pasta espesa que no hace olas" de Jon Bilbao, relato carveriano de parejas y amistades, mentiras o medias verdades y tensión "subterránea" algo alejado en lo estilístico de lo que yo he podio leer de su obra.
  • "Marginalia" del costarricense Carlos Fonseca, un relato en el que se juega con la literatura como forma de huida o de entrada a otras vidas posibles.
  • "El barbero de Hialeah" del cubano Carlos Manuel Álvarez y su impactante final.
  • "Serenatas" del venezolano Juan Carlos Méndez Guedez, quizá el relato más arriesgado en lo estilístico, con sus diferentes voces y tiempos y su aire de "culebrón"

En definitiva, 18 más que interesantes relatos que beben de múltiples influencias, tanto del propio Sur como del Norte, que poseen una serie de elementos comunes (la emigración, la violencia, el desarraigo, la propia literatura) y que demuestran que la cantera de "cuentistas" latinoamericanos está muy pero que muy viva. ¡Y que dure!.

lunes, 22 de febrero de 2021

Aleksandr Afanásiev: El pájaro de fuego y otros cuentos rusos

Idioma original: ruso

Año de publicación: 1852-1863

Traducción: Joaquín Fernández-Valdés

Valoración: más que recomendable (y las ilustraciones, imprescindibles)

Aleksandr Nikolaievich Afanásiev no fue un escritor, propiamente diccho , o al menos lo que solemos entender como tal, sino un recopilador de cuentos populares rusos del siglo XIX, aunque nadie piense en un tipo en plan hermanos Grimm trpando a la torre en el bosque para encontrarse arriba cn Mónica Belucci; Afanásiev era más bien un ratón de bilioteca -o de archivo, en realidad-, lo que le permitió, en una ingente labor comenzada en 1852, compilar más de seiscientos relatos, publicados en ocho fascículos como Cuentos populares rusos (amén de 33 Leyendas populares rusas, protagonizadas por santos y hasta por el mismísimo Jesucristo, pero cuyo tono burlón no agradó demasiado al poder zarista, al parecer). la importancia de su obra recopilatoria, sin embargo, se fue poniendo de relieve cada vez más, influyendo en otros escritores e incluso compositores rusos (Stravinski, Rimski-Kórsakov) y, sobre todo, sirvió de base indispensable para el famoso estudio Morfología del cuento  del antropólogo Vladimir Propp

En esta cuidada edición de Libros del Zorro Rojo se ha hecho una selección de siete de estos cuentos (los más representativos, imagino), en los que encontramos todo un colorido mundo de prodigios  de metamorfosis de personas en animales y animales en personas; de muertos que resucitan y héroes y heroínas que reciben ayudas extraordinarias... En contramos a la célebre bruja eslava Babá Yaga (Francesc ya la conoce) en varios de estos relatos, aunque sobre todo en Vasilia la Bella, una suerte de crossover entre Cenicienta  y La matanza de Texas. También al particular Rey Hielo ruso, Koschéi el Inmortal, a un "bello durmiebnte" masculino, en La pluma de Fínist, a una reina guerrera en María Morevna, a zares, zarévichs y zarevnas, huérfanos y campesinos, a pájaros de fuego, caballos parlantes y lobos de buen corazón...

Pero, sobre todo, encontramos unas ilustraciones que son una absoluta MARAVILLA. Realizadas por el magnífico ilustrador y escenógrafo Iván Bilibin para la edición de estos cuentos en 1899 y años posteriores, con un estilo exquisito y detallista, delicado pero dinámico a un tiempo, embebido de la tradición del folklore ruso, pero tambiñén de la estética del art-nouveau, y que justifican por sí solos la publicación de éste o de cualquier otro libro que los incluya, así como aseguran el deleite de quien los contemple. Repito, por si no ha quedado claro: una verdadera MA-RA-VI-LLA. Hala, a disfrutar:

                                 




jueves, 27 de junio de 2019

Joyce Carol Oates: Desmembrado

Idioma original: inglés
Título original: DIS MEM BER and Other Stories of Mistery and Suspense
Año de publicación: 2017 (como libro); entre 2015 y 2017 (en diferentes publicaciones)
Traducción: Patricia Antón
Valoración: entre recomendable y está bien

¡Hay que ver cómo es tía Joyce Carol! ¿Se pensaba alguien que, a la hora de publicar un libro de cuentos (uno más) lo iba a titular algo así como Las fábulas de tía Joyce Carol o Repostería narrativa con vuestra amiga y vecina Joyce Carol? Nada de eso: Desmembrado, que no es una metáfora, sino una historia con desmembramientos de verdad -incluso el título en inglés está "desmembrado"-, así, en plan gore... Pues menuda es ella, como ya sabrá cualquiera que haya leído sus libros.

Y eso que nadie lo diría, con la pinta de dulce ancianita que gasta... (hace poco ha cumplido 81 años): si la llamo, con familiaridad quizá excesiva, "tía Joyce Carol" es precisamente porque parece una de esas tías abuelas con aspecto algo extravagante a la que te llevan a ver de visita y te mete en el bolsillo pegajosos caramelos de menta. Una tía abuela a la que le gusta observar aves y cosas de ésas -en este libro hay un par de cuentos que lo confirman-, pero que luego tiene un punto más macabramente hardcore que un músico de black-metal escandinavo (bueno, menos Varg Vikernes, claro, que ése llevaba su macabrez a la práctica...). Si alguien tiene dudas al respecto, que le eche un vistazo a los relatos que componen este libro; casi todos ellos tienen en común tres cosas:

  1. Tienen como núcleo central algún comportamiento o situación violenta. A veces esta violencia es más explícita -de hecho, muy explícita- y en otras más difusa, o tarda en manifestarse, pero ahí está.
  2. Casi todos los cuentos -seis de siete- están protagonizados y narrados por mujeres. Esto no quiere decir (no nos apresuremos a sacar conclusiones) que las mujeres sean siempre las víctimas, o lo sean de un modo explícito: también pueden ser victimarias, como se dice tanto últimamente, o cómplices.
  3. En casi todos ellos -cinco y un tercio de siete, por decirlo así- hay un componente obsesivo, hasta el punto de que es la obsesión, más que la violencia, lo que parece el verdadero tema del libro. Aquí sí que está claro que quienes sufren esta obsesión son siempre mujeres. No sé si doña Joyce Carol pretende decirnos alguna cosa...
El cuento que se sale de la norma es el último del libro: ¡Bienvenidos al vuelo entre amigos!, una divertida parodia de las instrucciones que le da una compañía aérea a sus pasajeros. Humor negro-negrísimo, por supuesto... También se sale en gran medida Situaciones, que es un cuento algo enigmático dividido en tres partes y que me ha recordado algo al estilo y formas de Angela Carter. Los otros cinco sí que cumplen con claridad los tres puntos que he mencionado antes: todos ellos los protagonizan mujeres en aparente situación de debilidad, que sufren algún tipo de obsesión -no sólo con respecto a los hombres -Alida, la narradora de La chica ahogada tiene el seso absorbido por la historia de una chica que fue asesinada en su Universidad antes de llegar ella-, y en todos se da, en la realidad o en la imaginación -o en ambas, pues no siempre queda claro- alguna situación de extrema violencia. Alguno de los finales que da bastante abierto, de hecho, aunque el cuento quizá más logrado en lo puramente literario, Desengaño, también es el más previsible, según una célebre regla dramática que los lectores no dejarán de reconocer. El pasadizo, por su parte, adolece de todo lo contrario: sorprende (y perdón por el posible spoiler) con un exceso de giros finales, tras un desarrollo del relato que parecía ir por otro camino. Por último, Desmembrado y La garza azulada son dos cuentos bastante logrados, pero que dejan algún aspecto que otro deshilachado, aunque quizás esa fuera, justamente, la intención de su autora.

Espero que nadie piense, sobre todo tras leer el comienzo de la reseña, que mi valoración del libro está lastrada por prejuicios contra la literatura escrita por mujeres mayores. Muy al contrario: me parece un conjunto de relatos excelente, por encima de la media de lo que se suele leer y con un estilo y una agilidad narrativa envidiable, más aún si tenemos en cuenta que, según cabe suponer, su autora los escribió con setenta y tantos años. ¡Ya me gustaría a mí escribir así con esa edad... Vamos, y ahora también! En cuanto a lo de "tía Joyce Carol", es evidente que se trata de un apelativo cariñoso: Oates, junto con otras "tías abuelas" de la literatura como Margaret Atwood o Alice Munro es una de las grandes. Sin duda ninguna.

¡A ver si os enteráis, suecos!

sábado, 11 de mayo de 2019

Mark Twain: Un bosquejo de familia

Idioma original: inglés
Título original: no especificado (1)
Año de publicación: 2018
Traducción: Borja Aguiló Obrador
Valoración: Muy recomendable

Sucede a menudo que obras aparentemente sencillas o con pocas pretensiones son las que consiguen tocarnos, y eso es lo que me ha sucedido con este librito, de apenas ciento cuarenta páginas. Además, el formato de Un bosquejo de familia no responde a ninguna etiqueta que conozca —no es una novela ni una biografía ni una biografía novelada ni una obra de autoficción—, y tal vez sea ese el motivo por el cual su lectura resulte tan refrescante y liberadora. Por eso y porque está escrita por Mark Twain, claro. 

Resumen resumido: relato de las vivencias de la familia Twain y sus allegados, centrado en la infancia de las tres hijas, Susy, Clara y Jean. 

El origen de este libro no está muy claro aunque se cree que Mark Twain redactó, recopiló y dio forma a estos textos a raíz de la muerte de su hija mayor, Susy, que falleció de meningitis a los veinticinco años; un golpe del que el escritor nunca se rehízo. El relato está planteado como un cuaderno de viaje en el que se alternan las anécdotas con las pequeñas anotaciones, aclaraciones, transcripciones de conversaciones o comentarios, etc… Pero la sólida voz narrativa del autor logra aglutinar todos esos textos de distinta naturaleza de manera que el sentido y la fluidez de la lectura no se resienta. 

Este conjunto de textos posee mucho encanto por su veracidad y naturalidad —el trabajo de traducción para trasladar los giros propios de los dialectos del sur es impagable—, por no hablar del tono irónico y humorístico tan propio de Twain. Como ejemplo un fragmento en el que describe a una de las nodrizas de Clara, su hija mediana: 
«(…). Burlándose de la máxima adamantina que dictaba que una nodriza debía solo participar de cosas delicadas, ella devoraba cualquier cosa y todo lo que pudiera acaparar con sus manos, engullendo diabólicas combinaciones de cerdo fresco, pastel de limón, col hervida, helado, manzanas verdes, intestinos, rábanos crudos, regando todo eso con torrentes de café, té, brandy, whisky, aguarrás, queroseno —cualquier cosa que fuera líquida—. Fumaba pipas, puros, cigarrillos; gritaba de alegría como un Pawnee y blasfemaba como un demonio; y era así como subía las escaleras bien atiborrada como he descrito para deleitar al bebé con un banquete que debería haberlo matado a treinta yardas de distancia, pero que en cambio solo lo alegraba, engordaba, contentaba y embriagaba. (…)» 
Pero más allá de la voz o del tono o de lo original de la propuesta, lo más destacable a mi parecer es la mirada con la que el autor decide qué es digno de ser contado con el objetivo de dejar constancia de la personalidad de cada una de sus tres hijas. Y esa mirada no es únicamente la de un padre fascinado (quién no ha sufrido las disertaciones de progenitores fascinados o no ha ejercido propiamente tal papel). Mark Twain no pierde en ningún momento la conciencia narrativa e hila una serie de anécdotas que realmente contribuyen a que el lector pueda construirse mentalmente los «personajes» de Susy, Clara y Jean. 

Un bosquejo de familia aporta una percepción muy nítida sobre la posición de Twain y su esposa en relación a cuestiones como, por ejemplo, la educación de sus hijas. Y es que las niñas estaban sujetas a una disciplina considerable en cuanto a la asimilación de conocimientos pero, por otra parte tenían campo libre para tratar con todo el mundo y experimentar a sus anchas: 
«(…). Y nuestra labor se veía reforzada por una multitud de involuntarios y accidentales formadores como, por ejemplo, sirvientes, amigos, visitantes, libros, perros, gatos, caballos, vacas, accidentes, viajes, alegrías, penas, mentiras, calumnias, oposiciones, persuasiones, seducciones del bien y del mal, traiciones y fidelidades. (…) los numerosos inconscientes educadores hacen el trabajo de verdad, y sobre ellos los responsables superintendentes no tienen mucha supervisión ni autoridad» 
Otro aspecto que Un bosquejo de familia desvela sobre el matrimonio Twain es su —muy saludable y altamente sorprendente— falta de prejuicios sociales o raciales en la América sureña posterior a la Guerra de Secesión. Los relatos de Twain sobre sus sirvientes y allegados más cercanos (una mezcolanza de etnias, religiones y filosofías vitales) rebosan respeto y cariño y son un canto a la diversidad. Mucho que aprender de estas historias. 

Así que muy recomendable porque logra emocionar sin hacer uso de los lugares comunes o la lágrima fácil, construyendo un relato imborrable sobre la infancia, la paternidad y, sobretodo, la convivencia y el respeto. La mirada y la voz de Mark Twain devuelven al más escéptico su confianza en el ser humano. 

Como única contrapartida, diría que el prólogo que se introduce con el objetivo de establecer el marco histórico, social y cultural del momento me ha resultado demasiado amplio (poco concreto) y extenso en relación a la obra.

Otra contrapartida es que ahora quiero leer todo lo que Mark Twain haya escrito.

(1) Para mi sorpresa, en la edición en castellano no aparece el titulo original ni el nombre del editor, sin embargo, sí existe algo parecido a una edición original con las siguientes diferencias: en ella aparece la esposa de Twain (Livy) y su hija mayor (Susy) como coautoras, hay un editor (Benjamin Griffin) y la obra recoge tanto «A family sketch» como «A record of small foolishnesses».

También de Mark Twain en ULADLas aventuras de Tom Sawyer

domingo, 11 de noviembre de 2018

Premiados con el NOVEL de ULAD, tercer puesto: Margaret Atwood: Un día es un día


Idioma original: inglés
Año de publicación: entre 1977 y 1991 (según el relato); 2013, como libro
Traducción: Eduardo Murillo, Víctor Pozanco y Alejandro Palomas (según el relato)
Valoración: bastante recomendable

Tras haber leído ya varias novelas de la superlativa Margaret Atwood, me he decidido por un libro de relatos para celebrar su tercer puesto (quizás merecería una mejor posición) en la votación del celebérrimo y prestigioso premio NOVEL otorgado por este sacrosanto blog. Libro algo peculiar, pues se trata de una compilación de relatos de la escritora canadiense que ya han visto la luz con anterioridad, y seleccionados por la propia autora, que les ha añadido un amable prólogo, pero que sólo han sido publicados como tal, que yo sepa, en castellano y por la editorial Lumen (*). Relatos que además cuentan con una característica común: están todos protagonizados -más o menos- por mujeres y han sido agrupados en tres partes de cuatro cuentos cada una: una dedicada a la infancia -y adolescencia, añado-, otra a la madurez y la tercera a la vejez. Es decir, que se supone que esta recopilación narra las vicisitudes de la condición femenina y su devenir a lo largo de las distintas edades de la vida humana, ejemplificándolas en una variada selección de mujeres, pero todas canadienses de los últimos 70 años (pues los cuentos fueron publicados entre 1977 y 1991, pero algunos están ambientados en los años 40 y 50 del siglo XX). Las historias, lejos de las distopías que han hecho célebre a esta autora, pueden calificarse de realistas; por decirlo de alguna forma, Atwood se adentra aquí en el territorio de su compatriota Alice Munro.

No voy a detallar los doce relatos del libro, pero hay que decir que, en mi opinión, el conjunto de todos ellos resulta cuando menos notable. Los que más me han gustado son los que abren y cierran  el volumen: Momentos significativos de la vida de mi madre y Un hallazgo extraordinario, que en realidad se podrían considerar como dos partes de un solo relato, pues ambos disertan sobre la personalidad, costumbres y anécdotas varias de la vida de los padres de la autora, así como de su propia infancia. También destacan, entre los relatos de "madurez", El huevo de Barba Azul -curiosa reescritura contemporánea del cuento que ya trabajara Angela Carter en La cámara sangrienta- y, de entre los de la "vejez", Consejos para sobrevivir en la naturaleza, que también se podría considerar de alguna manera (aunque más bien indirecta), una versión actual y crepuscular de otro cuento, el del lobo y los tres cerditos... El que menos me ha convencido ha sido El jardín de sal, creo que excesivamente largo y divagante.

He escrito "vejez" entre comillas porque no todos los cuentos de este apartado  se refieren a lo que consideramos hoy en día como tal -en verdad, sólo el último-, teniendo la protagonista-narradora de El peso, por ejemplo, tan sólo cuarenta y tantos años, y por ahí andan los de Isis en la oscuridad. Más bien habría que hablar de "envejecimiento (y más mental que físico), que es el proceso que caracteriza y une a todos los relatos , de igual modo que los de "Madurez" deberían llamarse de "maduración". En cuanto a los del primer grupo, ciertamente se refieren a la infancia y adolescencia de los personajes, pero, justamente y como resulta previsible en este tipo de relatos, a esos momentos de cambio y descubrimiento de alguno de los secretos  (no siempre agradables) de la vida adulta.

Tal es, en realidad, el leiv motiv que mueve todos los relatos del libro: el cambio, la maduración, el aprendizaje (o resignación)... más incluso que el carácter "femenino"  de los mismos. De hecho, en varios de ellos hay hombres que tienen un protagonismo indiscutible, si bien en la mayoría parecen seres ajenos, egoístas y/o incomprensibles; Esto resulta sobre todo evidente en los relatos de Madurez, son sus protagonistas siempre preocupadas, aunque sea desde el hastío, por lo que sucederá respecto a sus novios, maridos o amantes -o maridos convertidos en amantes-, tipos más bien impresentables, en general.de todos modos, ya avisa la autora en el prólogo que "la temática de estos relatos es sobre todo doméstica"...

Por lo que respecta al aspecto estilístico, la competencia de Atwood como narradora está fuera de toda duda: cualquiera de estos relatos es capaz de absorbernos y deleitarnos, incluso aquellos más angustiosos o incómodos para sus protagonistas. Con el plus añadido de un sentido del humor suave y guasón, aunque melancólico, que baña muchas de las páginas del libro y convierte su lectura en un placer. Que es de lo que se trata, al fin y al cabo.

(*) Un inciso: ni idea de si el título de la recopilación fue ocurrencia de doña Margaret o de alguien de la empresa editora. Sólo decir, que, a no ser que se me escape algo, no tiene nada que ver con ninguno de los relatos del libro.

Más títulos de Margaret Atwood reseñados en Un Libro Al Día: Nada se acabaDoña OráculoEl asesino ciegoEl cuento de la criadaPor último, el corazónOryx y CrakeÉrase una vezLa semilla de la brujaLa semilla de la brujaAlias GraceUn día es un díaLos testamentos, Posturas políticas

sábado, 10 de marzo de 2018

Shirley Jackson: Cuentos escogidos

Idioma original de los textos: Inglés  
Traductora de los textos: Paula Kuffer
Publicación de la recopilación: 2015
Valoración: Recomendable

Cuentos escogidos. Mi primera toma de contacto con Shirley Jackson. Once textos en total: ocho cuentos y tres conferencias. Tras leer este libro, me atrevo a decir que la autora, además de oficio, tiene talento. Si no me creéis, mirad sus cuentos. Jackson parte de premisas muy simples, y en apenas unas páginas, logra conducirlas hacia terrenos de lo más sorprendentes; crea historias originales y sobrecogedoras basándose en la cotidianidad. Sus personajes, pese al poco desarrollo que tienen debido a la brevedad que impone el formato cuento, están caracterizados y resultan creíbles. El estilo de esta escritora merece mención aparte: una prosa clara, sencilla (que no simple), certera y muy poderosa. Nada de alardes, nada de efectismos; recursos mínimos que consiguen grandes resultados.  

Los mejores cuentos de esta selección, a mi juicio, son “El amante demoníaco” y “La lotería”. En el primero, una mujer aguarda a que su amante la venga a buscar para casarse con ella. Y creedme cuando os digo que la cosa se convierte en un plano secuencia digno del mismísimo Hitchcock. El otro cuento, "La lotería", es probablemente el más conocido. Gracias a esta historia, Jackson ilumina con la temblorosa luz de una antorcha los recovecos ocultos de la civilización. Por más que su autora se niegue a darle una interpretación, está claro que la indignación que causó la publicación de “La lotería” remite precisamente a esa identificación social de la que hablaba. Esta historia nos traslada a un apacible pueblecito que parece ser americano en el que se celebra un ritual anual de lo más espeluznante. 

Por su parte, “La bruja”, “Después de usted, mi querido Alphonse” y “Charles” giran en torno a la figura del niño. Niños inquietantes, que desconciertan a sus padres. Quizás lo más remarcable de estos cuentos es que Jackson escribe a unos niños que parecen niños; hay que ver lo que les cuesta a tantos otros novelistas. Están francamente bien. 

“Siete tipos de ambigüedad” es cruel, injusto, pero ya está (“Después de usted, mi querido Alphonse”, por ejemplo, era cruel de un modo más insidioso y ambiguo), y “La muela”... “La muela” empieza bien, pero pierde el norte y se desmadra. Ojo: estas historias no están nada mal, pero, al contrario de lo que me sucedió con las demás, sus ramificaciones no me han dejado pensando. 

En cuanto a las conferencias que aparecen en esta selección, recalcaré que una de las tres está dedicada a la respuesta (mayoritariamente negativa) que suscitó “La lotería” cuando fue publicada; es la peor de todas. Habría dado más juego, pero en ella la autora se limita a exponer lo que ocurrió y ofrecer un par de reflexiones al respecto, sin profundizar demasiado. Por otro lado tenemos “Experiencia y ficción” y “Notas para un joven escritor”. En ambas conferencias Jackson da consejos en lo relativo al oficio de escribir sin pretender sentar cátedra ni apelar a lo universal, pero de forma altamente convincente; una auténtica maravilla. 

En síntesis, Cuentos escogidos funciona como antología recopilatoria. Es cierto que hay alguna historia algo floja, o que palidece en comparación con las demás, y que una de las conferencias tiene un potencial desperdiciado enorme, pero a Jackson hay que leerla, y este es un estupendo comienzo. Bueno, como cualquier otro, al parecer; ¡esta autora promete!


También de Shirley Jackson en ULAD: Aquí

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Elena Ferrante: La Frantumaglia

Idioma original: italiano
Título original: La frantumaglia
Traducción: Celia Filipetto Isicato
Año de publicación: 2017
Valoración: interesante

Hace más de veinte años que Elena Ferrante escribe con notable éxito y sin embargo es bien poco lo que sabemos de ella. Los medios de comunicación la han acosado hasta la saciedad y al final no les ha quedado otra que entrevistarla por escrito y a través de sus editores que siempre han contribuido celosamente a salvaguardar su privacidad. 

Las preguntas formuladas en dichas entrevistas en diferido se dividen en dos grupos: las que inquieren directamente y sin complejos acerca de su vida personal (y que ella despacha de un plumazo) y las que indagan en su mirada y en su obra con un calado y una concreción tan abrumadora que no puedo evitar sospechar si no pretenderán aturdirla para que se le acabe escapando algún dato personal del estilo «por eso la protagonista de mi novela es rubia como yo». Pero Elena Ferrante se enfrenta a todas esas preguntas con tanta implicación que algunas de sus respuestas adquieren la envergadura y la profundidad de auténticos tratados y es entonces cuando sus editores dicen: vaya, vaya (che sorpresa, en italiano) ¡si con esto hay material para un libro!. Era el año 2003 en Italia y Ferrante ya contaba con sus dos primeras obras publicadas, consagradas y con sendas adaptaciones cinematográficas. A partir de ahí publicó varias obras más (entre ellas la tetralogía Dos amigas que acabó por catapultar a la autora al éxito internacional); las peticiones de entrevistas se incrementaron y Elena Ferrante siguió respondiendo con sus elaboradísimas reflexiones hasta que en 2015, che sorpresa, ya era posible una reedición de La Frantumaglia versión extendida y, esta vez, también para el público hispanohablante. En palabras de su editora, Sandra Ozzola Ferri:

(…) el proyecto de La Frantumaglia consistió siempre en dar a todos sus lectores, desde El amor molesto hasta hoy, con la tetralogía Dos amigas, una escritura que sin demasiados velos, a través de fragmentos varios, apuntes, puntualizaciones, incluso contradicciones, sostuviera las obras de ficción como solo puede hacerlo un libro que acompaña a otros libros.
¿Estoy sugiriendo que la oportunidad hizo al libro? Sí, pero no por eso se le puede negar su interés, que lo tiene. Desde mi punto de vista hay dos maneras de disfrutar la lectura de esta obra:
  • El lector habitual de la obra de Ferrante, probablemente leerá este libro como si cayera en una especie de maravillosa ensoñación en el que la autora desgrana todos y cada uno de los elementos que caracterizan su obra, con esa voz segura y convincente (que no soberbia).
  • El lector accidental o primerizo experimentará su entrada en el mundo literario de una autora muy sólida y con una mirada y una voz realmente poderosas. En este caso, la reiteración de algunas cuestiones concretas que tienen que ver con alguna de sus obras puede llegar a ser algo aburrido pero si nos acogemos a los grandes temas: el abandono, la mujer antigua y la mujer moderna, el cuerpo de la mujer, la violencia... y llegamos a entender los mecanismos mediante los cuales la autora ha llegado a las conclusiones que ha llegado, resulta una lectura muy interesante. Pero tal vez sea por el hecho de que no soy muy conocedora de la obra de Ferrante que el pasaje que más me ha gustado de todo el libro es el que lleva precisamente el título de La Frantumaglia. Ese capítulo es el único con una carga autobiográfica considerable pero hace gala de una capacidad de introspección como no había visto antes y resulta un texto intensísimo a la par que bello.
Pero seamos más o menos incondicionales de esta autora, la lectura de sus entrevistas y de sus reflexiones ya nos pueden facilitar una idea muy clara de la magnitud del monstruo literario que tenemos delante: su pensamiento humanista, su compromiso absoluto con lo que escribe, el temperamento aguerrido y severo con el que aborda los conflictos que quiere transmitir; su gran capacidad introspectiva (e inconformista) y la habilidad para darle traslado a sus personajes, su mirada femenina moderna y, a la vez, bien conocedora de lo que conlleva su legado. 

En resumen, y más allá del oportunismo que mencionaba, este primer acercamiento a Elena Ferrante me ha dejado profundamente impresionada y para evitar un mayor desparrame de elogios concluiré con un sencillo y contundente Elena Ferrante pilota bastante. De ahí mi valoración de interesante con la puntualización de imprescincible para aquellos que ya son lectores devotos.

En relación al título, en el libro se hacen tantas alusiones y con tantas metáforas que acaba resultando confuso. En realidad, el libro de La Frantumaglia es un compendio o recopilatorio de material alrededor de la obra de la autora y frantumi significa algo así como fragmentos o trocitos, por lo que doy por zanjado el enigma. 

Y ya para terminar, bonus track navideño en forma de banal cotilleo: hará cosa de un año un periódico italiano invirtió una cantidad nada desdeñable de sus recursos para desenmascarar a la escurridiza Elena Ferrante y, al parecer, lo consiguió. Libres sois de activar o no este link. (Y qué buena noticia sería que se emplearan la mitad de esfuerzos para desenmascarar y encarcelar a tanto corrupto que anda suelto).

Otras obras de Elena Ferrante reseñadas en ULAD: La amiga estupenda, Las deudas del cuerpo, Un mal nombre