martes, 2 de junio de 2026

Pearl S. Buck: Un corazón orgulloso

Idioma original: Inglés
Título original: This Proud Hert
Traducción: Carmen Francí
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable

Un corazón orgulloso lo escribió Pearl S. Buck, la primera Premio Nobel de Literatura estadounidense, y se publicó el mismo año en que la autora recibió el prestigioso galardón de la Academia Sueca. Me ha parecido un novelón, cuya exquisita factura y conmovedor fondo deleitarán incluso al lector más exigente. 

Narra la historia de Susan, una mujer alegre, bella y habilidosa, dotada particularmente para la escultura. Buck nos presenta a Susan de joven y luego nos cuenta cómo se relaciona con su familia, sus amistades y su marido, cómo trata de encajar con los demás y conocerse a sí misma, cómo tiene hijos, aprende su oficio, supera un duelo, se muda a otro país, se casa por segunda vez, halla un propósito y elabora sus propias obras.

Admito que las primeras cincuenta páginas de Un corazón orgulloso no me estaban convenciendo demasiado. Y es que, pese a que la novela está magníficamente redactada, tiene un elenco portentosamente trazado y explora temas de lo más estimulantes, al inicio me costó conectar con su protagonista. A fin de cuentas, Susan me parecía un personaje excesivamente perfecto.

Afortunadamente, Buck elude hábilmente la tentación de volverl a Susan una "Mary Sue" y, junto a sus numerosas virtudes y talentos, nos muestra también su vulnerabilidad (caracterizada por su miedo a ser percibida diferente o a no ser capaz de hacer todo lo que desea) o cómo otros personajes la cuestionan y confrontan. Así pues, a medida que la protagonista de Un corazón orgulloso va cobrando cuerpo resulta más sencillo empatizar con ella y, ya en el primer tercio de la obra, no sólo se ha ganado nuestro cariño, sino que nos ha convencido de su grandeza.

Resumiendo, Un corazón orgulloso me ha encantado. La elegancia de su prosa, su capacidad para comunicar mucha información con imágenes y gestos (Michael arrancando el tirador de la puerta al abrirla, Susan cambiando el vestido de marta que le han regalado por una vieja bata azul, etc...), sus críticas al machismo de la época, su exploración de las ventajas e inconvenientes que conlleva ser esposa y madre, y la autenticidad de sus diálogos y reflexiones en torno al arte me han seducido. 

Asimismo, su elenco me ha parecido extraordinariamente tratado, ya que la novela otorga relevancia y profundidad a todos sus personajes (incluso a los secundarios más discretos, como la abnegada y servicial Jane), a la par que traza sinergias fascinantes entre ellos (mi favorita es, sin duda, la que mantienen Susan y su hermana Mary).

Para ir terminando, si tuviera que ponerle alguna pega a Un corazón orgulloso sería que reitera en demasía ciertas ideas (que Susan se siente distinta, que Mark se considera indigno de ella, etc...), aunque reconozco que jamás llega a hacerlo machaconamente, ni insultando la capacidad de retención del lector.

De modo que leed Un corazón orgulloso y permitid que su historia os atrape y que Susan crezca en vosotros. Buck ha conseguido escribir un personaje que roza la perfección pero aun así resulta verosímil y se gana nuestra simpatía, cosa que es a todas luces admirable. 

lunes, 1 de junio de 2026

Cristina Rivera Garza: Nadie me verá llorar

Idioma original: Español

Año de publicación: 1999

Valoración: Muy recomendable

Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, es una novela intensa, fragmentaria y profundamente inquietante sobre la memoria, la locura y las formas en que una sociedad decide quién merece ser escuchado y quién debe ser encerrado. A través de la relación entre Matilda Burgos, interna del manicomio de La Castañeda, y Joaquín Buitrago, fotógrafo marcado por sus propias ruinas, Rivera Garza reconstruye un México lleno de violencia, deseo, enfermedad y exclusión. La novela no avanza como una narración convencional, sino como un expediente roto, una serie de imágenes, voces y documentos que intentan rescatar del olvido una vida marcada por la explotación y la rebeldía. Su mayor fuerza está en la manera en que convierte la historia clínica en literatura y la marginalidad en una forma de resistencia. No es una novela fácil ni complaciente, pero sí una obra poderosa, de enorme ambición estética y política, que confirma a Cristina Rivera Garza como una de las voces más importantes de la literatura mexicana contemporánea.

Ahhh, ¿qué dijeron? Esta mierda la escribió una IA. ¡Ni madres! Ahora sí, ahí les va la de hacer hijos:

Si yo fuera uno de esos conservadores rancios, quizá la época en la que me habría gustado vivir habría sido la última década del Porfiriato, antes de que estallara la Revolución mexicana. Mi posición acomodada me habría permitido vivir en los barrios ricos del Valle de México, entre edificios de arquitectura colonial intercalados con relucientes construcciones art nouveau. Si se me hubiese antojado ir de vacaciones al campo, habría podido tomar el nuevo ferrocarril a Querétaro; o, si hubiese tenido ganas de playita, viajar a Veracruz o Manzanillo. Mejor aún: a los jóvenes revolucionarios, incluso desde una mirada condescendiente, los habría considerado poco más que bohemios románticos. Y claro, habría podido despreciar a todos los indios, mugrosos, putas, obreros, etcétera, etcétera. ¡Ah, qué añoranza del paraíso porfirista!

En ese mundo se sitúa Nadie me verá llorar, donde, como bien nos cuenta la IA, Joaquín, un joven fotógrafo, vive sus tribulaciones en busca del ideal femenino, el cual se esconde entre hospitales, manicomios y vecindades.

Como bien se intuye por el escenario, esta es una novela muy mexicana (IYKYK). Me parece que tiene influencias de Fuentes, Castellanos, Pacheco, entre otros. Usa un narrador en tercera persona, pero casi pegándole a la segunda: por momentos se siente que el narrador nos interpela, que el protagonista se usa de pretexto para que podamos recorrer esa vecindades Aurescas, los barrios marginales sin pavimentar y llenos de teporochos, y las residencias vetustas ambientadas con notas de piano. Uno puede sentir los aires de cambio: los estudiantes hablando de anarquismo, las banderas rojas y negras, los periódicos independientes y el ideal de arte a ultranza, que es lo que obsesiona al protagonista. Claro, todo esto de la mano de la mujer fatal mexicana de principios de siglo XX, a medio camino entre el convento y el prostíbulo.

Además, tiene un intermedio muy interesante sobre los antepasados de Modesta (no Matilda), indígena de Papantla, Veracruz. Se nos habla de su historia y microhistoria posterior a la independencia de México. En particular, me encantó el cultivo de la vainilla. ¿Sabían que es una orquídea?

A veces su estructura puede sentirse fragmentaria o distante. Sin embargo, eso es parte de su encanto: podemos decir que es una reconstrucción incompleta de una vida y de una época, un México que se moderniza mientras sigue siendo profundamente injusto. Es una novela exigente. Quizá lo más interesante de Nadie me verá llorar es que Rivera Garza logra retratar una época sin caer en la nostalgia ni en el folclorismo, construyendo una historia íntima y llena de humanidad, con sus luces y sombras.

Otras obras de Cristina Rivera Garza en ULAD: El invencible verano de LilianaLa cresta de Ilión