Idioma original: inglés
Traducción: Rita da Costa
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
El árbol violeta es un jacarandá que protege de un sol abrasador a un grupo de niños que juegan en el jardín de la casa de sus abuelos en Teherán. Estamos en 1983 y alrededor de estos niños, que conviven con sus abuelos y sus tías, se está desarrollando una brutal represión por parte del régimen teocrático del ayatolá Jomeini. Los fundamentalistas religiosos se han arrogado el triunfo sobre el depuesto sha de Persia y han comenzado a encarcelar o aniquilar a todos aquellos grupos que participaron en el derrumbe del antiguo régimen, pero que no comulgan con el rumbo autoritario que está tomando el país. La vida en la cárcel es durísima "la oración formaba parte del adiestramiento de los reclusos. Los habían trasladado allí con el objetivo de convertirlos en hombres temerosos de Dios. Pero, en este mundo de violencia y locura Dios no era lo que mas temía Amir".
En este contexto, nace en la prisión de Evin, Neda, alter ego de la autora, cuyos padres están encarcelados por pertenecer a grupos izquierdistas y distribuir panfletos contra el régimen. La crónica de las durísimas condiciones en que viene al mundo Neda dan inicio a un relato casi autobiográfico de la historia de la familia de la autora, relato que puede extrapolarse al de muchas familias iraníes que vieron como miles de vidas quedaron truncadas por la inmisericorde persecución llevada a cabo por la Guardia Revolucionaria.
La autora iraní no se centra, no obstante, en contarnos o describirnos los aspectos más sórdidos de la represión ejercida por el régimen. No pretende hacer un alegato político contra el régimen de los ayatolas. Opta por centrarse en describirnos la lucha de las familias por salir adelante amparándose casi exclusivamente en sus propios medios. Miles de padres y madres son encarcelados y en muchos casos asesinados y son los familiares los que se hacen cargo de los niños que quedan desamparados o huérfanos. Es un estado policial en el que la policía del régimen irrumpe en las casas " buscando documentos, cartas, panfletos, poemas, libros prohibidos. Se fueron con las manos llenas, llevándose consigo incontables trozos de vida".
Delijani utiliza un lenguaje muy poético. Describe con calidez y cercanía las escenas cotidianas de la vida familiar. Las casas y sus patios se convierten en un refugio contra la violencia soterrada que invade la vida diaria. En una de esas casas transcurre la vida de Omid, Sara y Forugh, algunos de esos niños que crecen sin sus padres, rodeados y protegidos por sus familiares, especialmente por las mujeres de la familia, que abanderan la lucha de un pueblo perseguido. La autora iraní va introduciendo saltos temporales en el relato y va alternando las entrañables vivencias en la casa del jacarandá con la dureza y crueldad de la vida en la cárcel.
Entre racionamientos, apagones y la interminable guerra con Irak se va desarrollando la vida de una generación que queda estancada por la larga sombra del régimen de Jomeini. Algunos padres consiguen volver a casa después de años de interrogatorios y torturas y otros son asesinados, especialmente en el periodo inmediatamente anterior al final de la guerra con Irak en 1988.
Dejando a un lado la violenta década de los ochenta, Delijani da un salto en el tiempo y nos traslada al final de la primera década de los 2000. Los niños han crecido, se han adaptado a sobrevivir con el régimen o han emigrado fuera de Irán. Es el momento de tomar el testigo de la generación de sus padres y deciden ser protagonistas de su destino y pasan a la acción. Se promueven unas elecciones y una sombra de esperanza recorre los corazones de la población iraní, pero se topan con un engaño: " Lo que pasó antes de las elecciones fue que sencillamente nos engañaron con un simulacro de apertura y nosotros lo creímos. Lo que querían era que saliéramos a la calle para identificarnos y saber cuantos éramos. No era más que una trampa. En cuanto salimos de nuestra casa con nuestras camisas y pañuelos verdes y nos pusimos a agitar pancartas, fue fácil aplastarnos".
Las elecciones de 2009 fueron un fraude y Mahmud Ahjmadineyad salió reelegido. La violencia del régimen de los ayatolás volvió a manifestarse con toda su crudeza y una nueva generación de iraníes fue silenciada.
Casi veinte años después, los iraníes han seguido manifestándose contra el régimen, siguen siendo encarcelados o asesinados y actualmente se ven envueltos en una guerra que no han buscado y que puede suponer una excusa para sufrir más represión. Por encima de la violencia sistemática del régimen están la dignidad y el orgullo de una población que quiere marchar hacia la democracia tras décadas de lucha. Los protagonistas no pierden la esperanza de que haya una salida a tanta ignominia. Como señala Neda a su prometido: " Algún día te llevaré a ver el jacarandá. A lo mejor ya estamos de camino".

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