lunes, 17 de agosto de 2026
Doris Lessing: El cuaderno dorado
jueves, 16 de abril de 2026
Ismaíl Kadaré: Frías flores de marzo
Título original: Lulet e ftohta të marsit
Traducción: Ramón Sánchez Lizarralde
Año de publicación: 2000
Valoración: Muy recomendable
Cuando por los motivos que sean desaparece un régimen autocrático que ha durado cuarenta años se producen a nivel social reacciones dispares no fáciles de prever. No estamos hablando de España, sino de Albania, ese pequeño país donde arraigan costumbres ancestrales que se mezclan con múltiples influencias culturales y religiosas. Si el régimen se caracterizaba por el aislacionismo, el culto a la personalidad y el hermetismo más radical, la puerta que se abre deja correr vientos que incorporan, en desorden y entremezclados, ideas y valores de un pasado que parece remoto y un futuro que no es fácil de entender.
El relato sitúa ese momento, o más bien algún tiempo posterior, en una pequeña población rural del norte montañoso, donde Mark, un pintor de poco éxito, mantiene una relación con su modelo femenina. Aunque el nuevo tiempo no parece impedir que cada cual continúe con sus rutinas, es inevitable que surjan brechas, a veces sucesos, otras solamente rumores, que disparen la perplejidad en gentes acostumbradas a un sistema donde todo funciona aparentemente sin sobresaltos. El pintor sería ese ciudadano medio, centrado en su trabajo y sus amores, que tiene dificultades para entender a dónde lleva el nuevo rumbo.
Puede que el asalto a un Banco, al parecer inimaginable en el régimen comunista, o la costumbre femenina de depilarse ciertas partes del cuerpo, sean signos de la modernidad que llega de Europa junto a unos misteriosos funcionarios de la OSCE. Pero al mismo tiempo parecen resucitar, y de forma muy tangible, antiguos códigos como el Kanun, el pago de las ofensas con la sangre, brutales sentencias cuyos orígenes hay que ir a buscar a la Edad Media, tal vez más lejos aún. Aires occidentales irrumpen por tanto al mismo tiempo que los arcanos arraigados en las más viejas tradiciones del país, quizá por ello se rumorea que los nuevos dirigentes realizan visitas secretas a un misterioso archivo del Estado oculto en las montañas.
Pero lo más atrayente de todo esto no es que esté narrado con elegancia y precisión, que también, sino que mantiene en todo momento la figura del pintor como espectador, en general descreído pero también estupefacto ante las novedades, sin llegar a ser capaz de coger postura. Es por tanto un relato con un corazón intimista, que personaliza en un hombre corriente la desubicación y la duda. Esa vida provinciana que seguramente quiere mantener inalterable, centrada en sus pinturas y su amante, no puede sin embargo quedar ajena a los acontecimientos y a la pérdida de certezas.
La narración gana todavía brillo con la inserción, a modo de contrapunto, de algunas fascinantes historias que entroncan con viejas leyendas locales (la mujer obligada a casarse con una serpiente) o griegas (el robo de la inmortalidad), relatos espléndidamente desarrollados y que mueven a la reflexión sobre ese país que, sin saberlo siquiera, ha pasado de la estabilidad plomiza y asfixiante de un régimen opaco y hermético a la convulsión de verse ante un horizonte desconocido en el que se desatan fuerzas que escapan a todo control: las que irrumpen desde la modernidad de los vecinos europeos y las que brotan de las mismas montañas, de lo más profundo de un pasado no tan olvidado.
Un relato en el que se combinan con maestría los efectos de todos estos vientos con la perspectiva del individuo acostumbrado a su mundo estrecho, el bienestar inconsciente de quien está acostumbrado a cuidar solamente su propia vida, sus rutinas y sus pequeños placeres. No es fácil montar un relato equilibrado e inteligente con estos ingredientes, y doy fe de que Kadaré lo consigue con nota muy alta.
lunes, 15 de diciembre de 2025
Yasunari Kawabata: Shinyu
Título original: Shinyu (親友)
Año de publicación: 1954
Valoración: Está bien
Este libro aún no está traducido al español, y dudo que alguien lo haga. Es una de esas rarezas dentro de la obra de un autor consagrado. Así que, más que una recomendación, esto es la presentación de una curiosidad.
En una entrada anterior, que pueden ver aquí, les conté cómo la academia suele dividir la literatura japonesa en dos grandes grupos según el estilo y las ambiciones del autor. Por un lado, la literatura “pura” (junbungaku), con pretensiones estilísticas que van más allá del argumento y centrada en la introspección, la psicología de los personajes y los dilemas existenciales (sí, literatura para mamadores). Por otro, la taishūbungaku, la literatura “para las masas”, cuyo objetivo principal es entretener (y vender).
Conclusión. Shinyu es una rareza simpática: un Kawabata “para todas las edades” que, sin deshonrar su firma, tampoco añade mucho a su territorio literario mayor. Interesa como cápsula de época (el mundo shōjo de los cincuenta, serializado y con ilustración de acompañamiento) y como recordatorio de que incluso los autores más “puros” escribían por encargo, probaban tonos, jugaban con formatos. ¿Es una lectura recomendada si lo tradujeran? Sí, por curiosidad; ¿lo perseguiría como objeto imprescindible? No. Está bien: se deja leer, se olvida sin dolor y, de paso, ayuda a entender mejor por contraste la potencia de la otra cara de Kawabata.
Otras obras de Yasunari Kawabata en ULAD: Una grulla en la taza de té, La bailarina de Izu, Lo bello y lo triste, La casa de las bellas durmientes
domingo, 23 de noviembre de 2025
J.M. Coetzee: El polaco
Valoración: Está bastante bien
domingo, 16 de noviembre de 2025
John Steinbeck: La luna se ha puesto
domingo, 9 de noviembre de 2025
László Krasznahorkai: Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río
domingo, 5 de octubre de 2025
Colaboración: Patrick White: Las esferas del mandala
Título original: The solid mandala
Traducción: Elena Marengo
Año de publicación: 1966
Valoración: entre recomendable y bastante recomendable
Suelo tener una mirada benigna sobre los ganadores del Nobel; por lo general, haber hecho caso de las recomendaciones me trajo muchas horas de felicidad y la sensación de asombro al descubrir autores de altísimo nivel que no hubiera descubierto por mi cuenta, ya sea por desconocimiento propio o por el olvido de la figura. Y es lo que me ocurrió con Patrick White cuando compré Las esferas del mandala en una edición hermosísima de la editorial El hilo de Ariadna y prologada por Coetzee (otro al que le tengo cariño).
La novela, muy deudora de las corrientes psicológicas del momento, se centra en la relación entre dos hermanos, Waldo y Arthur Brown. El primero es eso que los argentinos llamamos “un fantasma”, es decir, alguien que se cree cualitativamente superior al resto en base a méritos dudosos o inexistentes, pero que han construido toda una mitología personal a raíz de eso y cuyas actitudes se ven condicionadas por esa ilusión. No es un protagonista (digo protagonista porque, de las cuatro partes que componen el libro, es la más extensa) agradable, no hay nada que lo redima, es un resentido con el mundo y sobre todo con el otro protagonista, su propio hermano y mellizo, marcado con un leve retraso madurativo (en eso Patrick White lo desarrolla con maestría, porque a pesar de sus acciones y de cierta incomodidad ante su carencia de filtro para con la sociedad, dice y hace cosas humanas que excluyen a la masa australiana hipócrita, una masa con la que el propio autor, por lo visto, luchó toda su vida), ya que se ve obligado a cuidar de él en cada momento, con el desprecio que lo deja aterido.
Por el otro lado, Arthur Brown también es un gran personaje; primero se desarrolla ante nuestros ojos desde el punto de vista de Waldo, sospechando siempre que lo que dice no corresponde exactamente a la realidad, y luego, bajo su propio punto de vista, comprendemos que todo lo ocurrido por su mano contiene su lógica personal, incomprensible para los demás, pero perfectamente explicable para el lector, destapándose como el verdadero héroe espiritual de la novela. Esto es posible por la maestría del lenguaje de White, que imbrica la trama de sutilezas que van atándose como por medio de intuiciones, como si las pistas no fueran lo suficientemente claras, pero que, de alguna forma, al lector la revelación lo acomete de diversas maneras y sin esfuerzos aparentes.
No es una novela fácil de leer, en el sentido de que no hay acción prácticamente, no hay grandes sucesos (solo existen aquellos que uno puede sospechar que son un punto de quiebre para uno de los dos hermanos, ya sea por la potencia de la escena o por alguna frase nimia que termina explotando en el momento más inesperado) y no hay grandes avances en la personalidad de cada uno de los personajes. En ese sentido todos se encuentran definidos, cada uno encarna e internaliza el rol que cumple en esa sociedad y que cree que debe cumplirlo a expensas del bienestar personal y ajeno. Pero es una novela donde las capas se van completando a medida que se avanza; lo que se muestra en la primera parte (dos mujeres en un colectivo que analizan la relación de los hermanos) cobra sentido en la última escena o se resignifica con las nuevas piezas que se van introduciendo, como un Rashōmon psicológico.
PD: No sé en el resto de los países, pero como vivo en Argentina, recomiendo mucho la colección “Biblioteca personal de J.M Coetzee” de la editorial El hilo de Ariadna. Son doce libros que dieron impulso, en palabras de Coetzee, a su escritura. Entre ellos se encuentran: el libro ya reseñado, El ayudante, Madame Bovary, La letra escarlata, etc, todos ellos a un precio inverosímil ($16.000 y algo, sacando a un par) para lo cuidada de la edición y la inaccesibilidad de comprar libros en este contexto del país. Aprovechen lo más rápido posible.
domingo, 20 de octubre de 2024
Zoom: Hermana de Jon Fosse
Título original: Søster
Año de publicación: 2000
Traducción: Cristina Gomez-Baggethun
Valoración: Recomendable
Dice la faja de Hermana que la obra obtuvo el Premio de Literatura Juvenil de Alemania 2007. No os dejéis engañar: Hermana es un texto perfectamente disfrutable, también, para un público "adulto".
Sea como fuere, estamos ante una nouvelle o relato "largo" de unas 45 páginas (que se lee de una sentada, vaya) que plantea una historia de iniciación en la que miedos adultos y ansias de libertad infantiles se sitúan frente a frente.
Un comienzo melancólico / poético da paso una narración atolondrada y plagada de reiteraciones, producto del uso por parte del autor del estilo libre indirecto.
Creo que ese es uno de los principales aciertos de Fosse. Porque cuando el protagonista es un niño de 4 años tienes dos opciones:
- utilizar el flujo de conciencia, la primera persona, y que la voz suene impostada y poco creíble (me viene a la mente El príncipe destronado de Delibes o Helena o el mar del verano de Ayesta (sí, me podéis lapidar), o
- utilizar el estilo libre indirecto y penetrar así en los pensamientos del protagonista sin cerrarte puertas a descripciones u observaciones de corte más poético que en la voz de un niño de 4 años quedan extraños. No digo que no pueda haber poesía en la mirada de un niño de 4 años, pero el riesgo de descarrilamiento es muy alto.
martes, 15 de octubre de 2024
Contrarreseña: La vegetariana de Han Kang
Título original: Chaesikjuuija (채식주의자)
Traducción: Sunme Yoon
Año de publicación: 2007
Valoración: decepcionante (por el Nobel y el ‘muy recomendable’ de la reseña original)
Obviamente, Kang no tiene la culpa de que le dieran el Nobel y, probablemente, por la expresión que muestra en las entrevistas, tampoco le emociona mucho. Acaso lo sienta como un lastre que tiene que llevar de ahora en adelante (no lo digo por el jugoso premio en efectivo). De no ser así, el mayor de sus problemas será esta reseña negativa.
La fiebre del K-pop y los culebrones coreanos pueden distorsionar nuestra percepción sobre un país sumamente conservador y que, hasta hace pocas décadas, estaba un tanto al margen de las tendencias del mundo occidental. Incluso ahora, el vegetarianismo (veganismo, etc.), como estilo de vida de uso común, es algo propio de la India, Europa y, aunque usted no lo crea, de México. Sin embargo, y salvando las casi dos décadas que nos separan de la publicación de este libro, el vegetarianismo visto como el colmo del retraimiento social parece un poco exagerado. Entiendo que aquí se usa solo como un ejemplo de todo aquello que la sociedad nos empuja por el esófago (literal y metafóricamente), pero, siendo así, no entiendo la insistencia en algunos pasajes sobre el oprobio que cae sobre una familia cuando una de sus integrantes decide dejar de comer carne.
Creo que este libro es bueno. Estoy de acuerdo con la mayoría de los puntos positivos de la reseña original. Pero, como dice la valoración, la decepción proviene de las grandes expectativas que me había hecho. Por lo que les exhorto a leer dicha reseña y el cintillo del libro para que se den una idea de la trama y de los elogios recibidos. Me limitaré aquí a aquellos aspectos que considero negativos.
Los personajes los siento un tanto unidimensionales. Un ejemplo: el marido. Macho, violento, pusilánime, etc. Parece villano de telenovela coreana. Su única razón para elegir esposa fue porque quería precisamente eso, una esposa: sumisa, invisible, obediente, etc. Lo cual me hace cuestionarme las motivaciones de la protagonista. Parece totalmente irrelevante para su propia vida. Vive encerrada en sí misma. Bien podría ser autista, aunque de eso no va el libro. La violencia, el machismo, la presión social, etc., la tienen paralizada, hasta que el hecho de dejar de comer carne, en lugar de liberarla, parece hundirla aún más en ese pozo interno. Una persona derrotada. Espero que no sea por eso que a muchos les llegó al corazón.
Otro punto: el vegetarianismo como alegoría. Elegir la pasividad y la indolencia como alternativa a la violencia me parece que se queda un poco a medias. Me gustaría dar un ejemplo para contrastar. En "Pastoral americana", de Roth, la hija del protagonista se convierte al jainismo de una manera tan radical y aparentemente irracional que acaba por destruir su propia humanidad. Una historia sobrecogedora. A "La vegetariana" (sin ánimo de hacer un juego de palabras) le falta carnita.
Por último, no puedo dejar de recalcar que me parece una buena historia, pero no supera la vara tan alta que le pusieron.
Otras obras de Han Kang reseñadas en ULAD: Actos humanos, La clase de griego, Blanco, Imposible decir adiós
Reseña original: La vegetariana
jueves, 18 de abril de 2024
Jon Fosse: El otro nombre (Septología I)
Título original: Det andre namnet
Traducción: Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable
Estas cosas a veces pasan, pocas veces pero algunas sí. Ahora ya sé que Jon Fosse es un autor bastante prolífico, que lleva como cuarenta años publicando novela, teatro y poesía, y candidato in pectore al Nobel desde hace tiempo. Pero yo, ignorante de todo esto, le descubro por pura casualidad, podríamos decir por intuición, en la estantería de cierta librería de la que he hablado varias veces. Un libro que parecía tener algo interesante, el primero de una septología (¡), algo que ojeando sobre la marcha tenía pinta de prosa moderna, fresca… El caso es que el libro pasa a la cola de los pendientes, y queda ahí en la balda colocadito cerca de otros autores nórdicos, como Enquist, Ulven o Kivirähk. Y de repente, resulta que le dan el Nobel. Por una parte, me siento un poquito orgulloso de mi olfato literario, y por otra algo avergonzado de haberle tenido cogiendo polvo tanto tiempo.
La citada septología es una de sus obras más recientes, iniciada en 2019, y la que tenemos aquí, la primera de sus entregas que, por lo poco que sé, parece muy influenciada por algunas experiencias personales en relación con el alcohol y la religión.
El monólogo interior es un recurso narrativo del que yo creo que se ha abusado un tanto. Quizá seduce a algunos autores porque, aunque es ya bastante antiguo, conserva una apariencia moderna, más aún si se fuerzan un tanto las reglas de la sintaxis o se escamotean signos de puntuación, por ejemplo. Además, parece algo fácil de utilizar, suficiente con largar parrafadas mezclando muchas cosas, dejar fluir el pensamiento y generar una sensación de confusión e intensidad. El resultado no siempre es bueno, pero cuando se consigue, la lectura se hace sugerente y la información va calando de forma penetrante.
Jon Fosse lo hace muy bien. Su monólogo se funde a ratos con un relato en primera persona, y en él encontramos reflexiones, recuerdos, deseos, tal vez sueños, escenas reales, sin que sea posible, y es uno de sus grandes logros, determinar a cuál de estos grupos pertenece lo que se cuenta. Se presentan simultáneamente en un mismo relato, de apariencia coherente, distintas posibilidades de una misma vida, las opciones que se abandonaron y las que el destino convirtió en imposibles, todo protagonizado por un único personaje que se desdobla, se observa a sí mismo o a su otro yo posible, e interactúa en aquellos otros escenarios, pasados o imaginados, quizá intentando enmendarlos, o solo para rememorarlos. Si quieren, la monserga de la autoficción, sí, pero que cuando se le hace funcionar de verdad es una opción tan válida como otra cualquiera.
El pintor que colocaba los cuadros vueltos contra la pared hasta no haber encontrado en ellos la luz que buscaba, el alcohólico al borde del colapso, el hombre que perdió a su pareja y que no recuerda si tuvo un hijo o solo lo deseó, uno y varios personajes que desde sus pequeñas casas aisladas parecen ser atraídos hacia la ciudad, donde quizá se encuentre el nudo donde se reúnen todas las trayectorias.
Esa inmersión entre tinieblas y nieve que cae incesante tiene algo de insana, provoca cierta desazón y transmite el profundo cansancio que pesa sobre el protagonista. Pero al lector, a mí al menos, le deja la gratificante sensación de darse cuenta de que está fuera de ese mundo sombrío y aplastante, y puede disfrutar de maravillosas escenas como la de la pareja que pasa el rato en un solitario parque infantil sin más aliciente que el sentirse juntos, o las sucesivas caídas del pintor, quizá un guiño bíblico, a la espera del aguardiente. La doble presencia del lector, dentro y fuera del relato, por momentos sumergido en la narración, viendo, sintiendo, quizá sufriendo, y un segundo después a salvo en el sillón de su casa.
Mucho talento para llevar a buen puerto toda esta complejidad, mejor dicho, primero crearla a partir de algo de apariencia tan sencilla, y después desarrollarla y culminarla creando la atmósfera adecuada, solo a base de inteligencia, buena mano y una prosa limpia, sin trucos ni artificios. Vamos, calidad como para dejarle a uno a muy poco de ir a por el segundo volumen, y empezar a corregir errores.
domingo, 2 de agosto de 2020
Doris Lessing: Ben en el mundo
«—Escucha, Ben —le dijo jadeando—, escucha, amigo. Vamos a perder el avión. En cuanto subamos al avión te encontrarás bien. Te darán una manta.
Ben se incorporó y dejó caer la bolsa. Richard no podía saberlo, pero había sido la palabra “manta” la que le hizo reaccionar. La anciana la empleaba para decirle: “Toma esta manta, Ben, abrígate bien. La calefacción está un poco floja esta noche”.
Richard se dio cuenta de que las cosas habían cambiado: Ben no parecía tan furioso (…).»
- La dilación en el arranque que comentaba anteriormente.
- Las subtramas de los diferentes personajes cuyo cierre conocemos con antelación para dejar claro el fin de su intervención en la trama de Ben.
- El final abrupto, como un dardo, tan propio de los relatos.





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