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sábado, 27 de diciembre de 2025

Alison Bechdel: Consumida

Idioma original: inglés

Título original: Spent

Año de publicación: 2025

Traducción: Rocío de la Maya Retamar

Valoración: muy recomendable

Última novela gráfica, hasta la fecha (me cuesta un poco no llamarla cómic, por razones que ya explicaré), de la célebre autora Alison Bechdel, de carácter, si no autobiográfico, como el resto de su obra o al menos la que yo conozco, sí que autoficcional... En verdad, esto de una "novela gráfica autoficcional" debería echarme para atrás, pero, en este caso, no sólo no lo ha hecho sino que ha resultado ser una de mis lecturas más divertidas del año. Además de esta feliz e incluso sorprendente circunstancia, otros motivos me decidieron a leer este Consumida:

  • El buen recuerdo que tenía de la obra más célebre de Bechdel (aparte de la tira cómica Unas lesbianas de cuidado, en la que apareció el ahora conocido como "test de Bechdel"... y entonces sólo un chiste), la muy recomendable Fun Home... aunque no sea, sin embargo, la alegría de la huerta como novela gráfica, sino todo lo contrario.  No obstante, he de reconocer que se me hizo bola el anterior libro de esta autora, El misterio de la fuerza sobrehumana y no llegué acabarlo (menos aún a reseñarlo).
  • El hecho de que en el concepto autoficcional de este libro pese más, creo, la parte de "ficción" que la de "auto". Es cierto que la protagonista principal es una dibujante llamada Alison Bechdel, de aspecto similar al de la autora y que vive, en gran medida, de las rentas generadas por el libro sobre su relación con su padre -sólo que aquí el padre no es funerario, sino taxidermista y la historia se ha acabado convirtiendo en una serie de televisión de gran éxito-; por lo demás, el resto de personajes y sus circunstancias vitales resultan ser, al parecer una mezcla entre la elementos reales y otros debidos claramente a la ficción -como algunas amigas rescatadas de la tira cómica que he mencionado antes-: la Alison del libro vive en una granja de la muy progresista Vermont, en la que mantiene un santuario de cabras enanas, junto a su mujer, Holly, gran amante de la vida rural y que se convierte en toda una influencer para ese nicho de público internetero. Ambas llevan una vida de lo más hogareña, pero no autosuficiente, puesto que compran un montón de cosas por Amazon o, en el otro extremo, en una cooperativa local de productos orgánicos escandalosamente caros.

Por lo demás, les amigues de la pareja son una pandilla de boomers izquierdistas que residen en una cooperativa mixta de vivienda compartida -una especie de comuna para sesentones, para entendernos-, preocupades por el activismo político, el poliamor, las identidades de género, el multiculturalismo, veganismo... en fin, ya sabéis, el surtido completo. Pero, sobre todo, por mantener su coherencia ideológica a ciertas edades y en ciertas coyunturas, puesto que la trama de la historia se sitúa en la época postpandémica, durante la última parte del mandato de Biden, cuando el trumpismo amenazaba con arrasar de nuevo EE.UU. Porque si el universo woke se ve aquí satirizado, aunque sea de forma amistosa, lo mismo ocurre con su contrapartida MAGA, representada por la figura de la conservadora hermana de Alison, Sheila, antiabortista y creadora de "arte con semillas" (como suena). El contraste entre ambas visiones políticas no hace sino alimentar la paranoia de Alison, presentada como un personaje un tanto "woodyallenesco" (el de antes de su cancelación por motivos un tanto resbaladizos, quiero decir); a su bloqueo creativo (= procrastinación galopante) se le une el bombardeo continuo de noticias sobre el desastre al que está abocado el mundo y su país en particular. De todos modos, las ideologías y sus derivaciones no son los únicos ámbitos que reciben la ironía de Bechdel; lo mismo ocurre con el de la producción de series televisivas o la tiranía de las redes sociales.


Esta ironía, o quizás sería mejor hablar de una retranca amable, se convierte en el tono general que recorre todo el libro, ya desde el propio enunciado de los títulos de su capítulos, sacados de El capital de Marx -debido a que la Alison de ficción trata de escribir un libro para combatir el "capitalismo tardío", ayudándose del tratado de Marx... del que sólo llega a leer el índice-, mientras que las protagonistas están metidas en la misma vorágine de superficialidad y consumismo que el resto de sus conciudadanos y que el mundo occidental, en general. No obstante, uno no puede dejar de sentir simpatía por los personajes -sobre todo por Alison-, pese a sus indecisiones, contradicciones, divagaciones y dudas... O precisamente debido a todo esto. Bechdel no se ceba con sus personajes, entre otras cosas porque el que está basado en ella misma es el primero en quedar en evidencia, por lo que, por ridículos que pueda presentar los comportamientos ajenos, no se considera por encima de nadie... Así, el mensaje final que nos queda es el de que las cosas pueden pintar mal y el mundo ser endiabladamente complicado para quien tenga la voluntad de cambiarlo a mejor, pero siempre les -nos- quedará la amistad, la cooperación, el respeto y los lazos comunales para resistir la tormenta hasta que llegue un tiempo más propicio. Y el humor, por supuesto, que es la base sobre la que se asienta todo el libro y que consigue que se lea no ya con complacencia, sino con auténtica diversión. De ahí lo que comentaba al principio; cierto es que esta obra debería considerarse una novela gráfica, en tanto que es autoconclusiva, pero, por su tono humorístico, no puedo por menos que verla como un "cómic", en el sentido más amplio del término.


Otros títulos de Alison Bechdel reseñados en Un Libro Al Día: Fun Home¿Eres mi madre?

martes, 5 de noviembre de 2024

Unica Zürn: Primavera sombría

Idioma original: Alemán
Título original: Dunkler Frühling
Traducción: Alba Lacaba Herrero / Raquel Vicedo
Año de publicación: 1967
Valoración: Entre recomendable y está bien

Primavera sombría, escrita por la dibujante, poeta y narradora alemana adscrita al surrealismo Unica Zürn, es una novela de fuerte carácter autobiográfico. Nos zambulle en la vida de una niña privada de afecto y amor que despierta apetitos sadomasoquistas y que, en su desesperación, frustración y soledad, termina suicidándose. Plasma el erotismo y la sexualidad incipientes de la protagonista como un aprendizaje traumático, crudo y desgarrador. 

Se lee con una fluidez extraordinaria, beneficiada sin duda por la fascinación morbosa que irradia. Pero no os penséis que su único valor es el impacto de su temática, porque también presenta cualidades notables; pienso en el atinado retrato psicológico que hace de su protagonista, en la intensidad de ciertas escenas (por ejemplo la de la visita al extranjero) y en su deliciosamente cruel y empapado de humor negro desenlace.

La única pega que le pondría a Primavera sombría es que parece escrita al vuelo. Con esto no quiero decir que esté mal redactada, porque por lo general el estilo cumple e incluso en determinados pasajes está particularmente inspirado. Sin embargo, la obra da la impresión de borrador, lo cual confiere al conjunto una innegable expresividad pero actúa en detrimento del argumento y los personajes (ambos apartados carecen de enfoque, nitidez y cocción).

En efecto, aunque el argumento de Primavera sombría funciona, no sigue una dirección clara, ni desarrolla muchos de los elementos que baraja. Algo parecido sucede con los personajes de la novela, que, a excepción de la protagonista, están esbozados con trazos un tanto endebles; tampoco me convencen las dinámicas e interacciones del elenco, pues no siempre se insinúan adecuadamente. El hermano es, quizá, uno de los secundarios más desaprovechados, pues nunca llegamos a entender su actitud cruel, violenta e hipervigilante.  

En resumidas cuentas, Primavera sombría es, pese a sus defectos, una novela interesante. Es la clase de literatura introspectiva, turbia, oblicua e incómoda que maravillaba a los surrealistas y que, en cambio, hubiera provocado un rechazo visceral en los nazis, quienes sin duda la habrían tildado de arte degenerado.

Por cierto, el prólogo que Lurdes Martínez firma para la edición de Pepitas de calabaza de Primavera sombría me ha encantado. No sólo es muy completo, pues abarca la biografía de Zürn, su obra, sus problemas mentales y su relación con Hans Bellmer, entre otras cosas relevantes, sino que lo hace desde un ángulo de refrescante objetividad.

jueves, 18 de enero de 2024

Aurora Venturini: Las primas

Idioma: español

Año de publicación: 2007

Valoración: bastante recomendable

Hay libros a los que las circunstancias, tanto de su venida al mundo como de quienes la han hecho posible, contribuyen a aumentar, si no su calidad, sí la leyenda que les acompaña, por así decirlo. Es lo que ocurre, por ejemplo con La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, cuyo desdichado final todo el mundo conoce, o, menos célebre, pero dentro de la literatura en español, con El traductor, de Salvador Benesdra. Otro caso cuyas circunstancias resultan asimismo llamativas, aunque, por suerte, mucho más felices, es el de la autora también argentina Aurora Venturini, que se presentó y ganó con esta novela a un concurso literario en 2007, cuando la buena señora contaba ya con ochenta y cinco años de edad. Claro que no se trataba de una abuelita que se hubiese pasado la vida horneando galletas hasta que le había dado por escribir; amiga y colaboradora de Eva Perón en su juventud, vivó luego veinticinco años de "autoexilio" en París y frecuentado a la flor y nata de la intelectualidad existencialista, además de estudiar psicología, traducido a un buen puñado de los clásicos franceses, dar clases de filosofía a su vuelta en Argentina y publicado ensayos literarios, poemarios y novelas. Las primas era la sexta de éstas, de hecho. 

Cierto es que las peculiaridades biográficas de la autora, en este caso de una novela, no debería influirnos a la hora de apreciar (o no) la misma, pero, dado que han sucedido, resulta inevitable mencionarlas, aunque sólo sea para arrumbar prejuicios. Porque Las primas hace gala de una frescura y aun desparpajo que, por lo general, se suele asociar más bien y parece que de forma errónea, con el descaro de la juventud, aunque, por otro lado, está ambientada en los años 40 ó 50 del siglo pasado, por lo que hace referencia a las costumbres y mentalidad propias de aquella época en que la autora era joven, a su vez,  y no -o no tanto- del siglo XXI.

La novela, no demasiado extensa, está narrada por la protagonista, Yuna, linda muchacha y talentosa para la pintura, pero que es "medio minusválida" intelectual -son sus palabras, que conste-, algo que ella considera como una maldición familiar, puesto que tanto su hermana Betina, aquejada a su vez no sólo de una discapacidad mental, sino también física y bastante severa, como sus primas Carina y Petra, con alguna que otra peculiaridad física, la han heredado. Para remate, tampoco es que su tía Nené o sus tíos mellizos parezcan muy bien rematados... Yuna nos va contando las aventuras -o desventuras, más bien- de su familia con ese tono entre ingenuo, crudo y asombrado que suele atribuirse en las novelas a los niños y las personas con algún tipo de discapacidad cognitiva. Aquí hay que señalar que doña Aurora juega con cartas marcadas, porque es imposible no empatizar con una narradora con tales características (no cuesta mucho encontrar ejemplos en la literatura, siendo algunos de ellos, además, probablemente deudora de Las primas, como es el caso de Lectura fácil. También, aunque aquí la narradora sea una niña sin discapacidad, es evidente su influencia en otro de las novelas  españolas recientes más destacadas, Panza de burro). Más aún cuando ello contribuye a que todos o casi todos los episodios que nos cuenta estén teñidos de un evidente y a veces desbordante humor, incluso cuando asistimos a momentos tan luctuosos como -y perdón por el posible SPOILER- asesinatos, abusos sexuales o, simplemente, fallecimientos inesperados.  Sintiéndose culpable, eso sí, pero a menudo uno se parte de risa leyendo esta novela..

Sigamos: Yuna se alía con la mucho más espabilada Petra -igual hasta demasiado- para ir sorteando las zozobras de la vida y paliar su desconocimiento acerca de algunos aspectos fundamentales de la misma. Pero ésta es también una novela de crecimiento (tranquilos, que no voy a soltar la dichosa palabra alemana que empieza por "b"... aunque me cuesta) en la que asistimos a la evolución de la protagonista desde una infancia ignorante y, por qué no decirlo, bastante obtusa, a una juventud homologable o incluso mucho más competente a la de cualquier persona inteligente e independiente e su edad. La autora nos conduce con gran habilidad por este recorrido que, a la postre, resulta lo más importante de la novela, más incluso que las peripecias, por tremebundas aunque también cruelmente divertidas que sean, de una familia con una evidente disfuncionalidad (bueno, esto es lo que piensa la narradora, pero porque vive en la República Argentina y no en el Reino de España), marcada por un sino tragicómico.

El único pero que se le puede poner a la novela y que ha hecho que no me decida a otorgarle una valoración aún más alta es que el final me ha resultado demasiado precipitado. No digo que esté mal planteado o sea inverosímil, ya que está en la línea de verosimilitud de toda la historia, sea mucha o poca, según cada lector... pero da la impresión de que la narración concluye de esta forma más porque doña Aurora tenía necesidad de acabar la novela  -para presentarla al citado concurso o, simplemente, porque había llegado a una edad en la que no se puede confiar en dilatar mucho los proyectos- y no se lio más la cabeza, cuando, en mi opinión, el final quizás  habría necesitado un poco más de espacio, más aire que le dejase respirar  a gusto. Da lo mismo, en todo caso, Las primas resulta una novela altamente recomendable, por lo bien -y lo mal que lo pasa uno con ella y, por añadidura , que se lee en un suspiro, por divertida y ágil, lo que siempre es de agradecer. 

viernes, 6 de octubre de 2023

César Sebastián: Ronson

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: imprescindible

Como soy un lector de "libros con dibujitos" (como dice cierto compañero de blog cuyo nombre no mencionaré por discrección) más esporádico e irregular de lo que debería y, sobre todo, me gustaría, no puedo asegurarlo con total rotundidad, pero sí tengo la intuición y aun, me atrevería a decir, la certeza, de que este Ronson de César Sebastián puede ser el mejor cómic o novela gráfica publicada en España en este año, todavía sin terminar, empero. Que ya sé que esto no es una competición ni debería serlo, pero la ventaja de utilizar estos términos digamos "deportivos" es que permite expresar fácilmente lo que se pretende, a pesar de su inconveniencia cuando de lo que estamos hablando es de literatura y arte. Pero qué narices, es que menudo pedazo de libro se ha marcado aquí César Sebastián - y que al parecer es su primero, a pesar de que lleva años metido en el mundo de la historieta-; una maravilla que no hace sino dejar a las claras, una vez más, el grandísimo nivel de muchos autores españoles y más concretamente, como es este caso, valencianos;  una cantera que no parece agotarse.


Precisamente esta novela gráfica se desarrolla en tierras valencianas, pero del interior, en un pueblo de la llamada "Valencia castellana", que hoy en día podemos considerar como parte de la ya célebre (y algo manida) "España vaciada". El narrador, ya de edad avanzada, hoy en día, recurda su niñez en ese pueblo, en los años sesenta del pasado siglo, cuando la localidad, sin ser nunca más que un pequeño núcleo rural, aún no había perdido gran parte de su población y, por tanto su vitalidad, ya que no prosperidad, y se conservaban todavía muchos de los usos y costumbres de antaño, tanto en el trabajo, sobre todo agrícola, como en la vida social y familiar. la narración por tanto, toma el carácter de unas memorias, aunque se trate, hasta cierto punto, de una impostura, pues, por la edad del autor, no puede tratarse de su vida, sino la de su padre o incluso abuelo. también cabe suporner que algunas de las historias y anécdotas que se nos cuentan corresponden a las vivencias de otras personas o son un puro  ejercicio de ficción, amasada con las ciercunstancias de la época. Da igual, si non é vero, é ben trovato, y lo importante es que  Sebastián logra pergeñar una narración coherente, evocadora y, lo que es más importante, emocionante.

El libro está dividido en diferentes capítulos que tratan de diferentes aspe tos de la vida en aquel lugar y en aquel tiempo que ya parece lejano: Sopla el solano, El olor de la mies, Cuando el diablo se aburre, Cautivos del celuloide, La mujer que fuma, Los chavos negros y Camino a los quiñones... Como cabe suponer por los títulos, en ellos se tratan temas como la labor en el campo, las diferencias sociales, la fascinación de los chicos por el cine, su despertar erótico y sentimental (esto no falta en ninguna historia protagonizada por chavales), los juegos infantiles -capítulo en el que se nos desvela el significado del curioso título del libro y que alude a uno de los recuerdos más queridos para el narrador-, o, en el último caso, que trata sobre la muerte y el olvido, sirve para un cariñoso y emocionado recuerdo a algunos vecinos y vecinas del pueblo, ya mayores entonces, que sirvieron de ejemplo y anclaje en el recuerdo al por entonces todavía niño.

Este recuerdo de algunos de sus mayores e incluso añoranza de una época en la que ancianos y jóvenes convivían estrechamente, así como la remembranza de algunos momentos en familia, de alegría colectiva, el contacto con la naturaleza, etc. representan el aspecto más entreñable de la historia. pero no por ello hay que encuadrar esta novela gráfica en la corriente nostálgica "neorrancia" que tanto predicasnmento está teniendo últimamente entre ciertos/as escritores y periodistas (incluso aunque por edad no hayan podido vivir las épocas que añoran), que, por lo general, tienden a cargar todos/as hacia el mismo lado... En el caso de Ronson, es cierto que encontramos un recuerdo hacia una época y un lugar ya desaparecidos o casi, pero se trata de una añoranza personal, íntima -aunque, repito, no se trate de la propia del autor, sino, en todo caso, de sus mayores, por lo que más bien habrá que considerar el libro como un homenaje a éstos- y para nada edulcorada. De hecho, en el libro también tienen cabida y mucha, los aspectos negativos o perniciosos de aquella sociedad rural de hace más de cincuenta años: la pobreza de buena parte de los habitantes del pueblo, la miseria sexual, la prepotencia de los esbirros del Régimen franquista, la perenne crueldad con los animales, la violencia permitida dentro del seno familiar... son todos temas que se reflejan en esta extraordinaria novela gráfica y que le dotan de una profundidad y también una dureza mayor de lo que cabría esperar en un primer momento.

Por último, pero no en último lugar, hay que destacar un trabajo gráfico elegante y delicado, en el que el autor ha sabido conjugar el preciosismo del dibujo con la síntesis -ayuda mucho el coloreado en blancoy negro, más el ocre de las fotos antiguas-, dotando de una enorme fuerza y dignidad a un paisaje y un paisanaje rural que tan a menudoha sido retratado con condescendencia, cuando no con rechifla. César Sebastián consigue elevar su obra por encima de la simplificación, del tópico o del trazo grueso, para convertirla en el equivalente gráfico de tantas novelas de Miguel Delibes; sin ir más lejos, El camino podría estar perfectamente representado con los mismos trazos que los habitantes, niños y mayores, las casas y los campos del pueblo de Ronson. En suma, una magnífica novela gráfica, no me cansaré de repetirlo... no sé si la mejor del año, pero sin duda una de las más destacadas de lo que llevamos de década y aun de siglo. Con una edición, además, que le hace justicia con su exquisitez, de una editorial, Autsaider Cómics, que ha vuelto a dar en el clavo. Ojalá César Sebastián también vuelva a hacerlo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Ryū Murakami: Sopa de miso

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Idioma original: japonés

Título original: イン ザ・ミソスープ (In za Misosūpu)

Año de publicación: 1997

Traducción: (del inglés) Javier Martínez de Pisón 

Valoración: recomendable (aunque no para todos los paladares)

¡ATENCIÓN! ATENZIONE! WARNING! Éste no es un libro de recetas de cocina. Repito: NO ES UN LIBRO DE COCINA. Aviso, no sea que alguien se ponga a leerlo para aprender a hacer una deliciosa sopa de algas, un ramen, temperatura... o, yo qué sé, albóndigas de pulpo o cualquier otro plato tradicional de la gastronomía nipona y le dé un parraque del susto...

Resumen resumido: Kenji es un joven de veinte años que se mudó a Tokio para preparar su ingreso en la universidad, pero ha acabado ganándose la vida como guía para extranjeros que quieren conocer la variada oferta sexual de la vida nocturna del barrio de Kabuki-cho, en el famoso distrito de Shinjuku. Unas noches antes de Nochevieja se reúne con un cliente de un norteamericano llamado Frank que resulta ser un tipo bastante peculiar y  le da cada vez más mala espina a Kenji, sobre todo porque unos días antes ha aparecido el cadáver despedazado de una adolescente que "lo vendía" -según cierta expresión  utilizada en ese ambiente y que explica, me parece, las supuestas aventurillas sexuales de cierto escritor español de extrema derecha que ya ha pasado a mejor vida, si cabe-; el joven guía, al darse cuenta de las rarezas y mentiras del tal Frank, sospecha que puede tener algo que ver con el crimen y, de esta forma, la novela, al menos en su primera mitad, se convierte en un thriller psicológico, para luego... (bueno, no quiero estropearle su lectura a nadie, así que considerad esta reseña, a partir de a, como un spoiler) digamos que hay algún que otro momento bastante gore splatter (no sé explicaros la diferencia, habrá que preguntarle a Oriol)... Aviso también aquí para los lectores/as de espíritu y estómago sensibles.

De todos modos, tampoco penséis que este libro es un festival sangriento churrigueresco... es más, la comparación con El silencio de los corderos que se hace en la cubierta de la edición española me parece un tanto exagerada. De hecho, la mayor parte del libro se podría adscribir, como ya digo, tanto a la novela psicológica como a la filosófica o sociológica, dadas sus interesantes reflexiones sobre la cultura y la sociedad japonesa, lo que parece ser, a la postre, el principal interés de su autor. Amén, claro está, de sumergirnos, siquiera a través de una narración literaria, en el submundo de la industria sexual de Tokio, con sus clubes de omiai -donde los hombres pueden ligar tanto con profesionales como con aficionadas a ejercer un rato el puterío-, los soaplands (nada que ver con la sopa, tampoco esto, peep-shows, etc. Vaya, que entretenido es un rato, el libro.

Otro aspecto del mismo a tener en cuenta, por supuesto, es el apasionante pero falso debate sobre quién es mejor escritor, si este Murakami o el usurpador otro (bueno, apasionante sólo para Marc Peig y para mí, en realidad... y puede que sólo para mí); falso porque no hay duda alguna de que el Murakami bueno es Ryū, claro. Aunque, en este sentido, Sopa de miso no deja de encerrar cierta ironía, no sé si premeditada: tanto Kenji como su casi púber novia Jun, jóvenes sensibles y desencantados, e incluso un poco moñas, bien podrían ser los protagonistas de alguno de los pestiños libros que perpetra el otro Murakami, sólo que enfrentados, en este caso, sórdida e incluso espantosa realidad de la noche tokiota. Pero, ya se sabe que la cabra siempre tira al monte, que se dice...;)

Otros títulos del Murakami bueno reseñados en este augusto blog: Los chicos de las taquillas, Azul casi transparentePiercing

viernes, 25 de agosto de 2023

Concha Alós: Rey de gatos

Idioma: español

Año de publicación: 1972

Valoración: recomendable

Libro de cuentos de la felizmente reivindicado Concha Alós, que data de hace más de cincuenta años (ignoro la repercusión que tuvo en su momento, pero esta reedición, a cargo de La Navaja Suiza, sí que ha tenido bastante ; positiva, se entiende). Reúne nueve relatos protagonizados e incluso narrados en primera persona por mujeres -excepto el que da título al volumen, que trata sobre un personaje masculino, y otro, Mariposas, donde la protagonista es una mujer, pero está contado en tercera persona-; de hecho, bien se podría considerar, o casi, que todos los demás cuentos están protagonizados por la misma mujer y los distintos relatos son momentos diferentes o variantes de la misma historia, relatados siempre por una hija de buena familia, de la burguesía barcelonesa o mallorquina, que se ha casado con un individuo de distinta clase social, contra el criterio de sus padres, y con el tiempo se encuentra desdeñada y engañada por su marido o pareja. Es más, dos de estos cuentos, Cosmo y La coraza, tienen literalmente los mismos personajes y uno puede considerarse como una segunda parte o, más bien, un relato inscrito dentro del otro... sólo que La coraza cuenta con un ingrediente fantástico -quizá tan sólo en la imaginación de la protagonista,  pero da igual- del que carece el otro.

Aunque otros relatos, en cambio, se alejan en mayor o menor medida de estas premisas: en el ya mencionado Mariposas, la joven Pompeia Lorena convalece por un embarazo complicado, tras haber perdido a otro hijo, pero su marido parece bastante dócil, mientras que en Paraíso la protagonista sí que ha tenido amores con un forastero, si bien su familia es más bien del tipo artístico-bohemio; aunque, como en el resto de los casos, la chica tampoco parece capaz de alejarse de su influjo. Por otro lado, en el que para mí es el mejor cuento de todos, El leproso, una adolescente se siente acechada por unos perseguidores que padecen esa enfermedad,  en un relato que discurre entre el terror y la angustia de la chica ante su despertar sexual.

El sexo y el deseo femenino, de hecho están muy presentes en casi todos los cuentos, de una forma sorprendente ente explícita en un libro publicado en aquella funesta época, más aún siendo escrito por una mujer. Alguno que otro incluso se puede considerar como una metáfora -o apología, más aún- de la "liberación femenina", en auge por aquellos años en todo el mundo occidental (igual en España un poco bastante menos, por mor de las condiciones políticas). En todo caso, se trataría de una liberación femenina tomando como referencia al hombre, al "macho castigador" que es infiel o desprecia a su mujer, de forma que ésta se rebela. El empoderamiento, que se dice ahora, parece, pues, más consecuencia de un desengaño que de una toma de conciencia feminista... pero como no me considero la persona más apta para disertar al respecto, lo dejo aquí.

El cuento que se sale de la corriente general, Rey de gatos, trata sobre la misantropia y la diferencia, y, como el resto, aunque de forma más evidente, guarda en su interior un componente cruel que justifica el subtítulo de esta recopilación: Narraciones antropófagas. Porque, además del punto de vista femenino ya mencionado y del elemento fantástico que aparece a menudo, la otra característica de los relatos es ese punto de crueldad o de inmisericordia que sufren -o ejercen- los personajes, incluso cuando parece evidente que la autora sentía simpatía o hasta se identificaba con ellas y ellos. Quizá porque sabía que la vida puede ser muy cruel y tampoco quería engañar a sus lectores, no sé...

También de Concha Alós y reseñado en Un Libro Al Día:  Las hoguerasLos enanos

jueves, 30 de marzo de 2023

Graham Swift: El Domingo de las Madres

Idioma original: inglés

Título original: Mothering Sunday. A Romance

Año de publicación: 2016

Traducción: Jesús Zulaika

Valoración: está bastante bien

El 30 de marzo de 1924, hace 99 años, cayó en domingo, y en Inglaterra fue un exultante día primaveral, en el que se celebraba, además, el llamado "Domingo de las Madres" (aunque parece que ya para entonces era una tradición en cierto desuso), jornada que las familias pudientes daban libre al servicio -servicio que, por mor de los estragos de la I Guerra Mundial, estaba integrado principalmente por mujeres- para que pudieran visitar a sus familias. En el caso de que las tuvieran, claro, porque, si no, ese día quedaba para su libre disfrute; es lo que le ocurre a la protagonista de esta novela corta, Jane Fairchild, criada de los Niven en Beechwood, su casa de Berkshire, que es huérfana y aprovecha ese domingo libre para reunirse con su amante, el joven Paul Sheringham, único hijo sobreviviente de otra familia acomodada, amiga de los Niven y que se ha quedado solo en casa porque sus padres, junto con los Niven, han quedado para comer con los Hobday, padres de su prometida, para hablar de la inminente boda.

Recapìtulando: mientras los padres de él y los señores de ella están reunidos en un restaurante, Paul y Jane retozan en el dormitorio del muchacho, antes de que vaya -se me olvidaba este importante dato- a reunirse con su prometida, Emma, en un hotel cercano. Que es lo que hace el joven Paul cuando acaba su... momento de asueto con Jane, dejando a ésta desnuda y sola en la casa familiar. 

Estos mimbres podrían ser perfectos para armar una comedia ligera, incluso un vodevil, pero Graham Swift opta en cambio por una narración intimista, profunda e incluso dramática. Una narración que se centra en esa giornata particolare, pero no únicamente, puesto que en gran medida se puede considerar como un flashback -que en ocasiones se diría más un flashforward- en el que una Jane nonagenaria y consagrada como escritora de renombre recuerda aquel significativo día de su juventud, así como otros momentos de su vida. Más aún, en la novela también hay lugar para reflexiones o, al menos, para el planteamiento de ciertas preguntas sobre la relación entre ficción y realidad y de ambas con ell lenguaje que trata de representarlos; incluso para algunas disquisiciones sobre literatura... Así como el reflejo de las diferencias de clase en aquella sociedad y los distintos roles de sus miembros, tan nítidamente establecidos  en esa época ya pretérita -esperemos-, pero que nos causa no poca fascinación, a juzgar por el éxito de las novelas, películas y series donde se representan esos ámbitos separados, pero simbólicos, de los señores, ya sean de la nobleza o la burguesía, y sus criados. Por no hablar, claro, de lo que le estaba permitido a los hombres y no a las mujeres... Una organización del mundo que ya en aquel 1924 había entrado en crisis, a consecuencia,  en buena medida, de la Gran Guerra, otro elemento que está presente, aun como trasfondo, en toda la historia. Entre tanto,  además, también encontramos páginas de una gran sensualidad, como, por ejemplo, las del paseo que se da Jane por la desierta casa de los Sheringham o la plasmación de los cambios de la luz y el esplendor de la naturaleza aquel día de primavera.

Pues, aunque parezca harto difícil, todo eso consigue meter el señor Swift en un libro que, por si fuera poco, da toda la impresión de tratarse de un relato largo estirado para alcanzar las dimensiones de una nouvelle. Una novelita, pues, que dista de ser redonda, en mi opinión (cuando bien podría haberlo sido, quiero decir), pero que guarda suficiente encanto e interés, amén de calidad literaria, para que su lectura, sin duda, merezca la pena.

También de Graham Swift en Un Libro Al Día: Últimos tragos

viernes, 30 de septiembre de 2022

Gabrielle Wittkop. El necrófilo

Idioma: francés

Título: Le nécrophile

Año de publicación: 1972

Traducción: Lydia Vázquez Jiménez

Valoración: repugnante (a ser posible, pronúnciese a la manera gallega: "repunante")

Hay en el mundo literario francés toda una tradición, ejercida con mayor o menor fortuna y por voluntariosos enfants terribles (o no tan enfants), de épater les bourgeoises (en los últimos años, más bien, épater les progressistes). Algo menos evidente, pero quizás más interesante sea toda una corriente, o quizás tan sólo un hilo, a través del tiempo, de escritoras francesas que han escandalizado a la sociedad bienpensante con sus narraciones o incluso autoficciones en la que el tema sexual no sólo resulta explícito, sino que se lleva a extremos que pocos de su colegas varones han tocado. A bote pronto, se me ocurren los nombres de Anaïs Nin, Marguerite Duras, Catherine Millet, Marie Darrieusecq, Anne Serre, Virginie Despentes... (tal vez debería empezar por Colette, pero a estas alturas resulta de lo más pudorosa) y seguro que hay muchas más.  A pesar de que alguna de éstas ha escrito libros de agárrate que vienen curvas, ninguna ha llegado, creo, a traspasar la frontera de  uno de los comportamientos más execrados por la sociedad, bien pensante o no, como Gabrielle Wittkop en esta novela, que, sin más artificio, cuenta la historia de un necrófilo; es decir, alguien que se pone verraco se excita sexualmente con los cadáveres.  

En este caso, se trata de un anticuario parisino llamado Lucien, que se dedica a profanar tumbas recientes en diversos cementerios de la ciudad para llevarse los cuerpos a su apartamento -suena harto complicado, lo sé- y allí hacer guarrerías disponer de ellos a su antojo y satisfacción... Un asco, sí, y más aún cuanto que madame Wittkop no nos ahorra detalles sobre las maniobras que ejecuta el susodicho Lucien ni sobre la evolución natural de los cuerpos en descomposición, que como todo el mundo sabe, no permanecen precisamente inalterados a temperatura ambiente... (y no sigo, porque me están dando arcadas al acordarme). Todo ello envuelto en el delirio en el que vive este hombre, aparentemente un tipo tranquilo y educado, pero en su interior como las maracas de Machín. A través de su diario, que es la forma en que está conformada la novela, nos enteramos de sus cuitas para conseguir "amantes", aquéllas y aquéllos que le han dejado un recuerdo más imperecedero, de dónde le viene tan morbosa querencia por la carne muerta... en fin, toda una serie de pormenores de los que casi mejor hubiera sido no saber nada, por más que se trate de una ficción. Ojo, que tampoco digo que éste sea un mal libro, ni mucho menos; de hecho, cuenta con páginas bellísimamente escritas, con ese estilo suntuoso y alambicado, pero fascinante y que no pierde el nervio narrativo, que tan bien les sale a los literatos/as franceses (a algunos/as, por lo menos). Atendiendo a este aspecto (y como pasa, por ejemplo, con ¡Ponte, mesita!, de Serre), la novelita sería, sin duda, recomendable... si obviáramos todo lo demás. Porque, así como otras reseñas que califican a su libro reseñado como "repugnante" parecen utilizar este calificativo en el sentido de "muy malo", "inadecuado" o incluso "inmoral", yo lo he usado aquí de acuerdo con su más estricto significado: "repugnante" quiere decir que da mucho repelús, carallo...

¿Qué le pudo inducir a una señora en apariencia tan reflexiva, culta y distinguida como era Gabrielle Wittkop (recomiendo a todo el mundo que vea la entrevista que concedió en un programa de Bernard Pivot y que se puede enlazar desde la página web de la editorial Cabaret Voltaire) a escribir una novela tan escabrosa como ésta, descartada, creo yo, la motivación de épater, etc.? Puede que, como declara ella en esa entrevista, la idea de que las mujeres no han de ponerse límites, tampoco en literatura. O su ansia y voluntad de libertad en todos los ámbitos, como se puede deducir a tenor de la muy interesante biografía de esta escritora (por lo demás, discípula declarada del marqués de Sade, según ella)... pero yo tengo la sospecha que quizá esta idea de ir más allá de cualquier límite permisible o al menos permitido (se entiende que en la ficción) venga del acicate que supuso, en su momento, el éxito de la Lolita de Nabokov y que pudo hacerle pensar: "Si tú te has atrevido a contar una historia desde el punto de vista de un pederasta, yo voy a ir más allá, viejo ruso de los co..." Dicho de otro modo. un "sujétame el cubata" en toda regla. O quizás simplemente lo hizo porque pudo y porque quiso, como otro marqués, el del Viso, qué sé yo. En todo caso, advierto a quien se plantee leer esta corta (afortunadamente) novela: por utilizar el argot taurino, aténse los machos y que Dios reparta suerte... La van a necesitar.

Nota final: por un momento pensé en programar esta reseña el día 31 de octubre o el 1 de noviembre, pero, visto lo visto, hubiese resultado de pésimo gusto hasta para mí...

viernes, 4 de diciembre de 2020

Juan Carlos Castelló Meliá: Sobre la transexualidad

Idioma: español

Año de publicación: 2020

Valoración: sin duda, interesante

No es que me guste a mí meterme en ciertos jardines (bueno, igual un poco sí, pero no es el caso), como puede pensar alguien al leer el título de este libro y recordar el debate existente en España sobre la Ley de Transexualidad, aún no aprobada o la disputa dentro del feminismo entre las activistas Trans (o pro-Trans) y las llamadas TERFs (o quizás sólo una parte de las Trans y una parte de las llamadas TERFs, que yo en esto ya me pierdo), con episodios tan coloridos como ciertas declaraciones de la escritora J. K. Rowling y la respuesta de algunos de sus colegas, así como la crítica o el apoyo de sus lectores, etc.

No, no es este "tema de rabiosa actualidad" el que me ha llevado a leer este libro. Si alguien amplía la imagen de su cubierta, podrá ver con más claridad el subtítulo del mismo, que es lo que a mí me ha interesado, sobre todo: A propósito de Morris; Morris es la señora de la foto, la escritora británica Jan Morris, fallecida justamente hace pocos días, el 20 de noviembre (ahorrémonos los chistes sobre la fecha, please), a la venerable edad de 94 años, que no está nada mal... Por pura casualidad, este libro llegó a mis manos unos días más tarde y pensé que reseñarlo podía ser una buena manera de homenajear a esta respetada y célebre, al menos en el ámbito anglófono, escritora, que además de ser autora de eruditos y deliciosos libros de Historia, biografías y, sobre todo, viajes, amén de alguna que otra novela, fue, entre otras cosas, oficial de inteligencia del Ejército Británico durante la II Guerra Mundial, filóloga y periodista que cubrió en directo acontecimientos como la primera ascensión al Everest, el juicio a Adolf Eichmann o el conflicto árabe-israelí por el canal de Suez. Además de nacionalista galesa, esposo y padre de cinco hijos... Porque el motivo de que protagonice un libro sobre la transexualidad es que hasta sus 35 años, Jan Morris vivió como James Morris, aunque sintiéndose mujer desde su primera infancia, y a esa edad comenzó su transición física al sexo femenino -se entiende que ya era de género femenino- , que culminó años después con una operación quirúrgica en Casablanca.

Esta es la razón por la que el autor de este librito, el filósofo y profesor valenciano Juan Carlos Castelló, ha tomado a Morris como ejemplo para hablar del tema de la transexualidad. Porque, según explica, más allá de las teorías, posiciones ideológicas e incluso estudios científicos -aunque sin despreciar éstos en ningún momento-, la pretensión del libro es "acercarnos a la persona para procurar entender su situación o circunstancia y, desde ella y sólo después de ese encuentro, valorar las versiones teóricas y tomar una decisión lo más humanizadora y racional posible". Para ello, como digo, se explica el devenir vital de  Jan Morris, en gran medida basándose en el libro de memorias que escribió ella misma tratando el asunto, El enigma. Aunque también se nos cuenta la historia, tal vez incluso más famosa, de Lili Elbe, la transexual danesa de los años 30 y que inspiró el libro y luego película La chica danesa, y cuyo caso Morris siempre tuvo muy presente. Al mismo tiempo, Castelló también aporta una serie de citas y referencias de pensadores como Judith Butler, Simone de Beauvoir, Ortega y Gasset , e incluso de novelistas como C. S. Lewis o el historiador Alexander Kinklake; ahora bien, siempre evitando la excesiva fárraga teórica, puesto que, si bien este libro ha sido publicado por una editorial dedicada a la filosofía y el pensamiento, lo es en una colección destinada a estudiantes. 

Si la primera parte del libro se centra en la historia de Jan Morris, la segunda es más una disertación y reflexión sobre los aspectos más teóricos, pero también políticos de este tema. Además de explicar con claridad las diferencias entre la transexualidad y las orientaciones y prácticas sexuales como la homosexualidad o el travestismo, insiste en la distinción fundamental -hecha a lo largo de todo el libro, en realidad- entre "sexo" -es decir lo referente a las categorías biológicas- y "género" -referente a categorías sociales y culturales y que determinan la identidad de cada persona-, así como las que hay entre las dicotomías macho/hembra  y masculino/femenino; además, explica en que consiste la llamada "perspectiva de género" -que no "ideología"-, que el enlaza, en el caso de las personas transexuales, de una forma estrecha con el feminismo y las reivindicaciones del colectivo homo y bisexual (toca sólo de forma indirecta lo que se refiere a la teoría o teorías Queer), en contraposición con los presupuestos de los que llama neoconservadores: aquéllos que consideran que lo único "natural" y "correcto" son los dos géneros que corresponden a los dos sexos biológicos y las relaciones sexuales y afectivas entre ellos, en exclusiva.

Aunque el tema da para mucho, no me extenderé más en esta que, por definición, ha de ser una reseña contenida; sólo quiero aconsejar, sin dudas y a quien le interese, la lectura de este libro, así como cualquiera de los de la gran Jan Morris. Tengamos siempre presente el lema que podemos ver en su camiseta (volved a ampliar la imagen si hace falta): So many books... so little time! Así que ¡todo el mundo a leer! (que al menos aquí, empieza un puente).

Escrito por Jan Morris y reseñado en Un Libro Al Día: Manhattan 45

miércoles, 14 de octubre de 2020

Camille Paglia: Sexual Personae

Idioma original: Inglés
Título original: Sexual Personae
Traducción: Pilar Vázquez Álvarez
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable para interesados

Sexual Personae es una obra monumental. No sólo por su envergadura (que también), sino por su ambición y alcance. En este ensayo, Camille Paglia aborda el principal conflicto de Occidente: la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Para ello recurre a varias disciplinas: mitología grecolatina, historicismo, análisis literario, crítica de arte, religión...

Que nadie se sienta intimidado por lo que acabo de decir. Sexual Personae es una mezcla de erudición y asequibilidad, de modo que puede ser disfrutado tanto por académicos como por lectores comunes.

Algo que valoro de Paglia es que entiende que la sexualidad (una de sus principales inquietudes) no es lógica y racional. Por ello, la aborda desde los prismas neblinosos del arte y la psicología; la sublima, incluso, aunque en el proceso caiga en proclamas que la sociedad infantilizada en la que vivimos considerará polémicas.

Debo decir que Sexual Personae me ha gustado bastante más que Vamps & Tramps. Más allá del feminismo, una miscelánea que aglutina varios trabajos breves de Paglia. El discurso de la autora sigue abusando del psicoanálisis freudiano o apoyándose en exceso en arquetipos monolíticos, por ejemplo, pero al menos ves su tren de pensamiento, el cauce que sigue hasta llegar a emplear estos recursos analíticos, de modo que se antojan más convincentes.

La edición al español de Sexual Personae que yo he leído, publicada en 2020 por Deusto, tiene más de ochocientas páginas de letra chiquitita y está prolijamente ilustrada. La única pega importante que le pongo es que no sitúa las notas al pie. 


También de Camille Paglia en ULAD: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo

sábado, 20 de junio de 2020

Francisco Umbral: Tratado de perversiones

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1977
Valoración: Entre recomendable y Está bien

Estamos en 1976, con el inquilino ya instalado en el Valle de los Caídos, y aquella censura meapilas desalojada de su patética tarea más por la realidad social que por la legislación. Irrumpe el cine del destape y se habla de sexo, el ambiente en ese terreno es alegre, un poco adolescente, con ganas de no perder el vagón de cola del tren de la modernidad. Francisco Umbral ya es un columnista conocido, un tipo culto al que gusta dar la nota disonante, aparecer mucho en escena y provocar alguna polémica –o sea, uno de esos escritores mediáticos que tan poco me agradan. Y en ese entorno de relajación de las normas, claro está, Umbral tenía que decir algo sobre sexo.

Empieza don Paco haciendo alusión a Baudelaire y su peculiar punto de vista sobre el atractivo del cuerpo femenino, y en un par de páginas ya percibimos algo raro: Umbral habla de la mujer como si se tratase de caballos o coches de carreras, como si en ningún momento se le ocurriese que una mujer pudiese estar leyendo su libro. No es la primera vez que encontramos algo así, pero la sensación que transmite ese interés zoológico es tan intensa que, al menos en la primera parte del texto, suena a algo parecido a un micromachismo, a amigotes intelectuales reunidos en su querido Café Gijón.

Sin embargo, por muy poderosa que sea esa impresión, tampoco debe engañarnos. En mi opinión hay más intención de epatar que actitud sexista, al menos para los parámetros de la época, y el mismo Umbral defiende con vigor, sobre todo al final del libro, la necesidad de una visión femenina del mundo. Pero en fin, tampoco me interesa adentrarme en un debate que ya ha tenido –y tendrá aún más, seguro- un amplio espacio en este blog. Como en aquella frase que el propio autor madrileño puso de moda, yo he venido a hablar de ‘mi’ libro.

Como decía, Umbral se sumerge en el tema del sexo, apuntando desde perspectivas de lo más variadas: distingue entre la idealización de la mujer, que asocia con el pasado, y la ‘metaforización’ que, según él, se impone con las formas de erotismo propias del momento; se refiere a la atrofia de la ternura masculina como consecuencia del papel social atribuido al hombre; celebra el impulso que Virginia Woolf supone para lo que llama ‘nueva femineidad’, que hay que entender como la conquista de espacios de libertad; diserta sobre la figura sacralizada de la madre y la iniciación sexual con profesionales, divaga sobre la soledad del cuerpo desnudo, o aplaude una vida sexual plural como base del mestizaje social, ideológico y cultural (no sé si también racial). 

Vamos, un buen ramillete de asuntos, siempre girando en torno al erotismo como categoría objetiva, porque aquí solo se habla de sexo, de cuerpos y de actitudes. Umbral parece firmemente decidido a rehuir cualquier alusión a los sentimientos, no sé si por convicción personal o por no abandonar los vientos de modernidad en los que inscribe su ensayo. ¿Ensayo? No, propiamente. Lo que hay es una especie de brainstorming, una secuencia de ideas que revolotean sobre ese nuevo paradigma que todavía está por definir. Se diría que Umbral quiere ser el primero hacerlo, en poner nombres y fijar teorías, pero es también consciente de que no lo está haciendo del todo. Reconoce que divaga, que se contradice y que lo que expone es más bien un ejercicio dialéctico consigo mismo, y entonces no importa que el Tratado que anuncia el título no sea tal, sino que en ese proceso se vayan apuntando posibilidades, puntos de discusión, motivos para la reflexión y para nuevas digresiones. Ante esta ausencia de plan y este gusto por la dispersión, no debe extrañar lo que encontramos en el último tercio del libro: tomando pie en la distinción (que no he terminado de tener del todo clara) entre erotismo positivo y negativo, don Francisco se lanza a una extensa disertación sobre la obra de Henry Miller y Pablo Neruda. Se ve que el autor disfruta, que está plenamente en su terreno, y hace a su vez disfrutar al lector con un buen número de páginas de crítica literaria, de verdad muy interesantes… aunque hayamos perdido de vista casi del todo el asunto (teóricamente) troncal del libro.

A Umbral no le falta desde luego erudición (por ahí desfilan, entre otros muchos, Proust, Adorno, Lorca, Heidegger, Dante, Heráclito, Aleixandre) y tiene una prosa ágil y desinhibida. Sumemos a ello esa aleatoriedad en la composición, más la sinceridad de quien reconoce que está dejando fluir el pensamiento y no escribiendo un texto canónico, y el resultado transmite frescura y espontaneidad. El equilibrio me parece difícil en un tema como el que centra el libro, y opino que lo consigue plenamente: Umbral resulta riguroso pero escapa a la tentación de una solemnidad forzada para no parecer frívolo, es ligero pero no banal, razona sin dogmatismo y sin ocultar sus lagunas. 

Con todo, el libro tiene una debilidad evidente. Toda obra es producto de su tiempo, pero ésta en concreto es una respuesta inmediata a una ola pasajera, y eso no hay forma de ocultarlo casi medio siglo después. Pero aun así hay reflexiones muy aprovechables, ideas bien expuestas que no caducan y que no está mal desempolvar.

P.D. Ojo a la cubierta, que igual tenemos problemas.

También de Francisco Umbral en ULAD: Mortal y rosa

domingo, 10 de noviembre de 2019

María Hesse: El placer


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Lo que no se nombra no existe. El primer estudio científico en profundidad, sistemático, describiendo minuciosamente la forma y el tamaño de la vulva, el órgano sexual femenino, no apareció hasta el año 2005 y fue obra de la uróloga australiana Helen E. O’Conell. Lo hizo extrañada por no encontrar en los manuales de cirugía aplicada detalladas descripciones de, por ejemplo, las abundantes terminaciones nerviosas de la pared vaginal, puesto que sí había disponibles toneladas de literatura científica acerca del órgano sexual de la otra mitad de la especie, es decir, los hombres. Helen O’Conell describió pormenorizadamente el clítoris -¡año 2005!-, con algunos parecidos con el pene, como aumentar de tamaño conforme se excita, aunque con otras tantas diferencias, como la mayor cantidad de terminaciones nerviosas, unas ocho mil, que su par masculino.

Y es que lo que no nombramos, lo que ignoramos, silenciamos o despreciamos no tiene relevancia, ni visibilidad, interés o importancia. Aun más; lo que no se nombra se transforma en secreto y lo secreto acaba siendo el origen de las vergüenzas, de miedos y mitos. Por eso, todavía ahora toparse con un libro centrado en la descripción de la vulva y en la reivindicación del placer sexual femenino tiene algo de inesperado, de sorprendente, de revelador. Aún a día de hoy se calcula que anualmente son mutiladas sexualmente unos tres millones de niñas y la religión católica, con centenares de millones de fieles en todo el planeta, mantiene que María, la madre de Jesús, ha sido la única mujer capaz de quedarse embarazada sin sexo ni técnicas de fecundación in vitro, según determinaron unos señores en el Concilio de Éfeso,  431 años después de aquel extraordinario suceso. Por cierto, en 1842 otro excelso varón, el papa Pío XII concluyó que María había sido preservada del pecado original incluso desde el instante de su concepción. Pero, quizás, una constatación aún más triste: ¿dónde se informan sobre sexualidad hoy en día mayormente los niños, con la familia y la escuela o en internet? Por eso, darse de bruces con un libro como El placer ha sido tan  divertido e interesante como para considerarlo muy estimulante. Uyyy, perdón, muy recomendable.

Por que lo que hace la dibujante María Hesse (Huelva, Andalucía, 1982) además de una didáctica descripción de partes, zonas, detalles y particularidades –todo tiene nombre en la vulva: pelos, labios, ingles, clítoris, vagina, punto G…- es una apasionada y maravillosa defensa de la capacidad y la necesidad de las mujeres de gozar, de no renunciar al placer sexual. Y, especialmente, de acabar con la idea de que el placer femenino consiste en apenas facilitar el orgasmo de su pareja, o en que la única vía para alcanzarlo es la penetración. Y, desde luego, el orgasmo no es una contrarreloj: Todas somos diferentes y obtenemos el placer de formas distintas. Por eso es imprescindible explorarse para, llegado el caso, guiar a tu pareja, hablándole sin tapujos de lo que te gusta y lo que no te gusta, de tus fantasías. ¿Cuántas mujeres nunca han explorado su vulva, jamás se han atrevido a mirarse ahí abajo? ¿Cuántas mujeres desconocen un orgasmo, el placer sexual?  ¿Por qué las herramientas, los juguetes para lograr el placer sexual femenino se denominan consoladores? ¿Consuelo de qué?

Las ilustraciones de María Hesse (apellido adoptado y deudor de aquellas lecturas de juventud apenas estrenada) son bellas y explícitas, con personajes de trazos delicados, enormes ojos y expresión decidida, envueltos en motivos vegetales que expresan emociones y con abundante presencia de tonos amarillos, ocres, naranjas. A su vez, los textos son concisos, sintéticos y con una clara función divulgativa. Y el mensaje reivindica decididamente la complicidad y la curiosidad de manera alegre, sensual y rotunda, como la cita de Mae West que abre El Placer: El buen sexo es como el buen bridge. Si no tienes una buena pareja, mejor que tengas una buena mano.

martes, 22 de octubre de 2019

Aristófanes: Lisístrata

Idioma original: griego antiguo
Título original: Λυσιστράτη
Año de publicación (representación): 411 a.C.
Traducción: Luis M. Macía Aparicio
Valoración: recomendable y divertido

En el año 411 a. C. atenienses y espartanos, junto a sus aliados respectivos, llevaban ya dos décadas zurrándose la badana en la Guerra del Peloponeso, con un resultado, en ese momento, más bien desfavorable a Atenas. Pero en esta ciudad una mujer llamada Lisístrata -en griego, "la que disuelve el ejército"- decide justamente eso, parar la guerra y disolver los ejércitos; para ello convoca a otras mujeres de Atenas y de toda Grecia, para proponerles una forma. llevar a cabo una huelga "de piernas cruzadas"... es decir, nada de sexo hasta que sus maridos sean razonables y lleguen a un acuerdo de paz. Entretanto, además, las atenienses toman la Acrópolis -y, lo que es más importante, el tesoro de Atenea, que sirve para sufragar la guerra-, que es donde se desarrolla la obra.

No quiero desvelar si la treta da resultado o no, pero sí diré que en aquella época, según se da a entender, los griegos iban más salidos que el pico de una tabla de surf (sería cosa de la alimentación orgánica y el aire puro de por entonces) y ni siquiera el recurso a la sana camaradería masculina, que ha hecho célebre a aquellos aguerridos helenos, resultaba suficiente para resistir el embate del deseo hacia sus mujeres. Unas mujeres que, según las retrata Aristófanes, eran a su vez tan libidinosas y débiles de voluntad para soportar las tentaciones de la carne como sus hombres o incluso más (sorprende un poco esta imagen que se da del género femenino, anterior a que la cultura judeocristiana impusiera un modelo más recatado, e incluso pacato); el caso es que a Lisístrata le cuesta lo suyo mantener a sus compañeras dentro de este celibato estratégico, situación, por cierto, que emplea el autor de la obra para conseguir momentos de gran comicidad. Porque, claro, aunque tenga de transfondo la guerra y, en concreto, lances de ésta que no habían sido favorables a las tropas atenienses, ésta no deja de ser una comedia que rebosa humor; un humor, eso sí, más bien procaz y no demasiado fino; muy "mediterráneo", si se quiere decirlo así, pero que hace 2500 años y aun hoy, seguro que hizo partirse de risa al respetable. Todavía más entonces, ya que ellos sí que entendían a la perfección multitud de alusiones y matices que nosotros hemos de conocer leyendo las notas a pie de página. No obstante, ya digo que sigue siendo divertida.

Otra cosa es dilucidar sobre el supuesto "protofeminismo" de esta obra. La verdad, no creo que fuera ésa la intención de Aristófanes, habida cuenta las poco halagüeñas que les dedica a las féminas: "¿Y qué podrían hacer de sensato o glorioso las mujeres, que nos quedamos sentadas llenas de colorete, con nuestros vestidos de color azafrán, las largas cimbéricas que nos llegan hasta los pies y los zapatitos elegantes?"; "¡Ay, cómo es de calentón el género femenino! Con justicia suministramos temas para tragedias, porque siempre le estamos dando vueltas a los mismo." Pero, en fin, tengamos en cuenta  que hablamos de la Grecia del siglo V a. C., una época y un lugar más machistas que un disco de Bertín Osborne versioneando canciones de el Fary (parece ser, además, que en la Atenas democrática la situación de las mujeres era aún peor que en otros lugares de la antigua Grecia). Ahora bien, por otro lado, no sólo se presenta a Lisístrata como una mujer más inteligente que los hombres, sino que las mujeres en conjunto aparecen como un sujeto político activo, algo que, por más que se tratase de una comedia, no podía dejar de chocar en aquella sociedad donde no tenían ningún derecho. La obra, además, es un claro antecedente de otra del mismo autor con un carácter aún más político, que es La Asamblea de las Mujeres. Aunque el traductor de esta edición de Lisístrata y prologuista de la misma (y profesor de la UAM) la sitúa más bien dentro de las comedias "utópicas", ya que plantea una situación inimaginable para aquella época -no ya el éxito de una "huelga de sexo", sino que se tuviera en cuenta de alguna forma la opinión de la mitad femenina de la sociedad-, y precisamente en ese carácter utópico reside -o residía entonces- buena parte de la comicidad de la obra. Lo que no significa, claro está, que hoy debamos pensar lo mismo que hace 2500 años... aunque hay a quien le gustaría, por desgracia.



martes, 1 de octubre de 2019

Lucía Baskaran: Cuerpos malditos

Idioma: español
Año de publicación: 2019
Valoración: se deja leer (con algún momento que está bien)

Alicia es una joven de un pueblo de la costa vasca que poco antes de la boda pierde a su prometido, Martín, atropellado por un automóvil. El comprensible shock que le causa esta desgracia y la consiguiente depresión las afronta de las siguientes maneras:

  1. Bebiendo y entrando en una vía autodestructiva, en general.
  2. Buscando un refugio afectivo en Ane, su amiga de la infancia y amante adolescente.
  3. Buscando un refugio afectivo y sexual en Otto, el hermano de Martín.
  4. Buscando un refugio social en sus amigas -y algún amigo- que constituyen para ella su verdadera familia.
  5. Rememorando los episodios y circunstancias de su vida que le causaron algún trauma, desasosiego o incomodidad de tipo afectivo, sexual y social.
Con estos elementos se puede escribir una novela intensa, desgarradora, perturbadora... pero también otra que no pase de ser una actualización modernilla y subidita de tono de la novela "romántica" de toda la vida (de cierta clase de novela romántica, al menos). Este libro va oscilando entre ambos planteamientos narrativos (no creo que adrede por parte de su autora), algo que acentúa el hecho de que su estilo varíe también entre los capítulos o párrafos de una mayor intensidad , no diré que poética, pero sí más ambiciosa en la creación de imágenes literarias, y otros en los que, en cambio, el tono es más pedestre o doméstico, meramente descriptivo o incluso un poco naif, por más que se hable mucho de follar, de masturbarse, mamadas y todas esas cosas tan entretenidas.

En cualquier caso, más allá del desparpajo sexual, digno de aplauso, la novela en lo que abunda es en situaciones, complicadas tramas o problemas de todo tipo: desde la ya mencionada viudedad de la protagonista al abandono por parte de su madre, las autolesiones, el bullying, la sexualidad infantil -variante homo-, las infidelidades dentro de la pareja, el autismo, etc... Además la autora aprovecha para ejemplificar conceptos poco conocidos fuera del feminismo (o incluso dentro de éste, tal vez): body-shaming, body-monitoring, self-objectification... Para remachar, aclara tales conceptos en una serie de notas con largas explicaciones psicológicas más o menos académicas, lo cual resulta muy educativo, pero desvirtúa un tanto la novela, como narración (aconsejo, pues, no leer esas notas hasta haber terminado la novela en sí).

Entiendo que el objeto de este libro es trazar una parábola que recorre la protagonista desde su primera posición, condicionada por su relación con algún hombre -novia o viuda de-, hasta su "liberación" por medio de la autoconsciencia y la ayuda de sus amigas (no me atrevo a llamar a esto "sororidad", puesto que a las rivales se le pone de vuelta y media). Percibo, sin embargo, varios problemas en la consecución de tal propósito: en primer lugar, no resulta convincente que esta autoconsciencia de la protagonista se vaya produciendo según descubre lo muy capullos que resultan ser su novio muerto y el hermano de su novio muerto. En segundo término, la historia queda un tanto diluida en una especie de Melrose Place giputxi (conste que no creo que la autora hubiese nacido cuando daban esa serie): mi amiga se enrolla con mi otra amiga porque su novia la ha dejado, yo me enrollo con mi cuñado, que a su vez se enrolla con... bueno, así todo. Y, por último, el catálogo de agravios y problemas que he mencionado antes resulta tan exhaustivo que acaba por desdibujar el posible impacto que se pretendía causar en el lector.

Algo parecido ocurre con lo que se supone es la "idea fuerza" de la novela (según he leído en alguna entrevista a la escritora): la violencia o variadas violencias que la sociedad heteropatriarcal ejerce sobre el cuerpo de las mujeres; no sólo desde la mirada masculina, sino también desde la que se obliga o se convence a las propias mujeres para tener sobre sí mismas. Es un concepto que va apareciendo de vez en cuando a lo largo de todo el libro, pero creo que también queda bastante disuelta en el conjunto de la narración, aparte de que en ocasiones parece un poco metida con calzador...

Dicho todo lo cual y por resumir, en mi opinión esta novela, aun y teniendo momentos interesantes e incluso algún que otro capítulo entero -la mayoría son bastante cortos- de un nivel literario notable, en conjunto resulta algo inconexa, destensada, deslavazada... En ocasiones muestra la energía de una explosión de vida y dolor, de un disparo contra el mundo... pero con bala de fogueo, me temo.


Otros libros de esta escritora reseñados en Un Libro Al Día: Partir

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Ferran Torrent: Gracias por la propina

Idioma original: valenciano
Título original: Gràcies per la propina
Año de publicación: 1994
Valoración: bastante recomendable

Sin duda uno de los escritores valencianos actuales más conocidos (sobre todo, aunque no sólo, entre los que escriben en la lengua vernácula) es Ferran Torrent, "el Tigre de Sedaví", un autor basatante prolífico y que sobre todo ha cultivado cierto tipo de novela negra. pero hace 25 años publicó también este libro, que podemos adscribir a un género de "ficción nostálgica"; incluso tal vez lo que ahora llamaos "autoficcción", ya que parece que el protagonista coincide cn algunos puntos biográficos con el autor: por ejemplo, es de su misma generación y vive en un pueblo muy cercano a Valencia, en los años 60;  en el caso del Ferran de la novela, junto a su hermano, su abuelo y sus tíos, pues es o son huérfanos de padre y madre. Forman así una familia compuesta sólo por hombres -hay que añadir a algunos pintorescos amigos- lo que, en principio, parecería sinónimo de desastre, pero que, aunque éste se bordee en alguna ocasión, resulta ser un arreglo que funciona bastante bien; cierto que, pese a su apariencia desastrada y hasta anárquica, la familia Torres del libro remeda la estructura de cualquier otra más "tradicional", con el abuelo como numen benévolo y protector, el tío Tomás como "padre", que sale al mundo a ganar el sustento de todos -a gastárselo, en este caso- y el tío Ramonet como figura "materna" que mantiene, hasta cierto punto, el orden en el hogar.

Siendo sobre todo la historia de dos chavales, el narrador y su hermano Pepín, durante su adolescencia y primera juventud, ésta no deja de ser una novela de formación e incluso, en gran medida, de "educación sentimental"... y quien dice sentimental quiere decir sexual, claro, aunque, de acuerdo con los tiempos en que se desarrolla, esta "educación" no podía ser otra cosa que insuficiente y bastante cutre: de los achuchones furtivos a las mujeres aprovechando los vaivenes del transporte público, al socorrido recurso a las profesionales del tema, sector con el que los hermanos adquieren mucha familiaridad, gracias a los tratos de su tío Tomás con diversas barras americanas de la ciudad, y porque uno de sus mejores amigos es el Fino, un gitano macarra -por proxeneta, me refiero- que es todo un ejemplo de seriedad y rigor en los negocios, por otra parte... Con tales elementos, puede parecer, y sin duda es así en un principio, que esta novela que es, en gran medida, un campo de nab eminentemente masculina, impera un espíritu misógino o al menos displicente con las féminas, pero no es así: no sólo nuestro protagonista-narrador descubrirá, tanto en su propia persona como a través de ejemplos cercanos, lo que es el amor y la consideración hacia las mujeres, sino que muestra, o se muestra en la novela, una sensibilidad respetuosa con la desgraciada historia de la mujer del Carraca -otro de los grandes amigos, y socio, del tío Tomás-, y también con aquel.

Lo mejor de la novela, aparte de la competencia con que está escrita y que hace un retrato algo diferente del habitual, por oxigenada, de una época que en España no dejaba de ser opresiva y triste, es que muestra una bonhomía y una tolerancia encomiables: sus protagonistas son seguidores de la doctrina del "vive y deja vivir" -lo que no significa que no se den cuenta del oprobio de los tiempos y se resistan a él en la medida de lo posible-, y tienen un sentido de la familia y de la amistad  cimentado en el cariño y la empatía, mucho más que en las obligaciones sociales o el interés. Una familia desastrosa en aspectos financieros o educativos, pero que, sin duda, en otros más importantes resultaría ejemplar en aquellos tiempos tan oscuros para la libertad y la dignidad de los ciudadanos españoles... y que, sin embargo, algunos malnacidos no sólo echan de menos sino que están empeñados que vuelvan.


Otros títulos de Ferran Torrent reseñados en Un Libro Al Día: Sombras en la nocheNo me vacilen al comisario

miércoles, 24 de julio de 2019

Imogen Hermes Gowar: La sirena y la señora Hancock


Idioma original: inglés
Título original: The Mermaid and Mrs. Hancock
Año de publicación: 2018
Traducción: Carlos Giménez Arribas
Valoración: bastante más que recomendable

¿En qué consiste la felicidad? ¿En cumplir nuestros deseos y aspiraciones? ¿En obtener el éxito económico, el reconocimiento social? ¿En vivir como nos dé la gana? ¿En querer y ser queridos? Todas estas preguntas y más están implícitas  en esta estupenda (e incluso impresionante) novela de la inglesa Imogen Hermes Gowar (ne sé si Hermes será nombre propio o apellido), una novela ambientada en el Londres de finales del siglo XVIII y escrita con un preciosismo y una maestría que, desde un principio, dejan poco lugar para la duda: cuente lo que nos cuente esta historia, queda claro que su lectura no va a ser una pérdida de tiempo.

Más aún cuando se empieza a conocer la trama y los personajes, alejándose de algunos tópicos de la novela histórica, sus protagonistas principales son dos miembros exitosos pero marginales, por diferentes razones, de la sociedad: el anodino armador de Deptford Jonah Hancock y la hermosa cortesana Angelica Neal, vuelta "a la circulación" tras una relación en exclusiva con un viejo duque. Ambos entran en contacto a través de la razón más peregrina que cabe imaginar: la aparición de una auténtica sirena, que el capitán Tysoe Jones le trae a Hancock de uno de sus viajes. La sirena cataliza toda la narración, de forma que a su alrededor se mueven no sólo Hancock y Angelica, sino alcahuetas de postín, prostitutas de variada fortuna, caballeros adinerados, criados de diferente condición, artesanos, policías, gente de alcurnia... en fin, una representación escogida pero variada de la sociedad o parte de esa sociedad inglesa de la época georgiana.

Éste, el retrato social de una época y país en la que la diferencia de clases estaba especialmente marcada es uno de los atractivos del libro. pero sin duda, podemos decir que, en esencia, se trata de una historia de amor, o del comienzo de una, muy peculiar y enrevesada, sui géneris, nada al uso de estos tiempos (quizás tampoco de aquéllos), una historia sobre lo que cabe esperar o no del amor verdadero, si es que algo así existe... Mas sobre todo -y aquí creo que el libro ganan muchos enteros- es una historia de mujeres y sobre las mujeres, pese al coprotagonismo del señor Hancock y la presencia de otros hombres en roles secundarios: desde la vieja "abadesa", la señora Chappell, a sus pupilas, como la mulata Polly Campbell; muchachas inocentes con responsabilidades de adulto como es Sukie Lippard, la sobrina de Hancock o damas de compañía de igual responsabilidad, pero para nada inocentes, como la señora Frost. Existosas cortesanas y criadas simplonas o jóvenes burguesas de aire ramplón. Un plantel de variados papeles femeninos que la autora maneja con una soltura y sensibilidad encomiable, porque esta novela, además de estar muy bien escrita, denota -incluso en sus momentos más crueles, que los hay-, una empatía y delicadeza hacia sus personajes que ya quisieran poder mostrar escritores más talluditos.

Porque esa es otra: resulta que Imogen etc... tiene algo así como treinta añitos... luego escribió la novela con veintitantos. Y ya sé que la edad del autor/a de un libro no debería ser algo que entrar a valorar, pero si lo ha hecho en los casos del desaparecido y ya añorado Camilleri o la aún en forma Joyce Carol Oates, también es justo señalarla en los casos de esta escritora o de Mónica Ojeda, creo yo. Y qué envidia que dan las dos, por cierto...

Retornando al principio de la reseña: ¿Qué es, al fin y al cabo, nuestra sirena? ¿Una metáfora de la felicidad, entonces? ¿Del amor, del matrimonio, del anhelo? ¿O lo es más bien del desamor, de la infelicidad? Habrá que leer la novela para saberlo, quizás... lo único que puede asegurar es que ésta es una auténtica delicia. Creedme.