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miércoles, 4 de septiembre de 2019

Ferran Torrent: Gracias por la propina

Idioma original: valenciano
Título original: Gràcies per la propina
Año de publicación: 1994
Valoración: bastante recomendable

Sin duda uno de los escritores valencianos actuales más conocidos (sobre todo, aunque no sólo, entre los que escriben en la lengua vernácula) es Ferran Torrent, "el Tigre de Sedaví", un autor basatante prolífico y que sobre todo ha cultivado cierto tipo de novela negra. pero hace 25 años publicó también este libro, que podemos adscribir a un género de "ficción nostálgica"; incluso tal vez lo que ahora llamaos "autoficcción", ya que parece que el protagonista coincide cn algunos puntos biográficos con el autor: por ejemplo, es de su misma generación y vive en un pueblo muy cercano a Valencia, en los años 60;  en el caso del Ferran de la novela, junto a su hermano, su abuelo y sus tíos, pues es o son huérfanos de padre y madre. Forman así una familia compuesta sólo por hombres -hay que añadir a algunos pintorescos amigos- lo que, en principio, parecería sinónimo de desastre, pero que, aunque éste se bordee en alguna ocasión, resulta ser un arreglo que funciona bastante bien; cierto que, pese a su apariencia desastrada y hasta anárquica, la familia Torres del libro remeda la estructura de cualquier otra más "tradicional", con el abuelo como numen benévolo y protector, el tío Tomás como "padre", que sale al mundo a ganar el sustento de todos -a gastárselo, en este caso- y el tío Ramonet como figura "materna" que mantiene, hasta cierto punto, el orden en el hogar.

Siendo sobre todo la historia de dos chavales, el narrador y su hermano Pepín, durante su adolescencia y primera juventud, ésta no deja de ser una novela de formación e incluso, en gran medida, de "educación sentimental"... y quien dice sentimental quiere decir sexual, claro, aunque, de acuerdo con los tiempos en que se desarrolla, esta "educación" no podía ser otra cosa que insuficiente y bastante cutre: de los achuchones furtivos a las mujeres aprovechando los vaivenes del transporte público, al socorrido recurso a las profesionales del tema, sector con el que los hermanos adquieren mucha familiaridad, gracias a los tratos de su tío Tomás con diversas barras americanas de la ciudad, y porque uno de sus mejores amigos es el Fino, un gitano macarra -por proxeneta, me refiero- que es todo un ejemplo de seriedad y rigor en los negocios, por otra parte... Con tales elementos, puede parecer, y sin duda es así en un principio, que esta novela que es, en gran medida, un campo de nab eminentemente masculina, impera un espíritu misógino o al menos displicente con las féminas, pero no es así: no sólo nuestro protagonista-narrador descubrirá, tanto en su propia persona como a través de ejemplos cercanos, lo que es el amor y la consideración hacia las mujeres, sino que muestra, o se muestra en la novela, una sensibilidad respetuosa con la desgraciada historia de la mujer del Carraca -otro de los grandes amigos, y socio, del tío Tomás-, y también con aquel.

Lo mejor de la novela, aparte de la competencia con que está escrita y que hace un retrato algo diferente del habitual, por oxigenada, de una época que en España no dejaba de ser opresiva y triste, es que muestra una bonhomía y una tolerancia encomiables: sus protagonistas son seguidores de la doctrina del "vive y deja vivir" -lo que no significa que no se den cuenta del oprobio de los tiempos y se resistan a él en la medida de lo posible-, y tienen un sentido de la familia y de la amistad  cimentado en el cariño y la empatía, mucho más que en las obligaciones sociales o el interés. Una familia desastrosa en aspectos financieros o educativos, pero que, sin duda, en otros más importantes resultaría ejemplar en aquellos tiempos tan oscuros para la libertad y la dignidad de los ciudadanos españoles... y que, sin embargo, algunos malnacidos no sólo echan de menos sino que están empeñados que vuelvan.


Otros títulos de Ferran Torrent reseñados en Un Libro Al Día: Sombras en la nocheNo me vacilen al comisario

martes, 7 de agosto de 2018

María Iordanidu: Loxandra


Idioma original: Griego
Título original: λωξάντρα
Año de publicación: 1963
Traducción: Selma Ancira
Valoración: Está muy bien


Después de haber sido Bizancio y antes de ser Estambul, Constantinopla, la ciudad de las siete colinas, el cruce de caminos entre Asia y Europa y entre el Mar Negro y el Mediterráneo, era –además de capital de un imperio- un abigarrado espacio físico que contaba con una numerosa y bien asentada comunidad griega. Loxandra es el retrato sentimental pero fiel de aquellos últimos años de Constantinopla –digamos desde mediados del siglo XIX hasta el estallido de la I Guerra Mundial-. Una atmósfera y un momento encarnado en la figura de esta mujer alegre, animosa y vital, entregada al cuidado no ya de los suyos sino de cualquiera considerado como cercano, fuesen vecinos, parientes, habituales o transeúntes.

Casado con el viudo Dimitros, que aportó al matrimonio cuatro hijos,  Loxandra crió a sus hermanos pequeños, a sus hijos, a los hijastros y a algún huérfano necesitado. Sacrificada, generosa e incansable, su gran deleite era poder reunir a los suyos alrededor de una buena mesa y cocinar para ofrecerles lo mejor a su alcance, pues qué sería de la vida sin poder disponer y compartir de la oportunidad de estar con los seres queridos, para celebrarla y gozarla. Rodeada siempre de gatos, supersticiosa y expeditiva, Loxandra es el centro de este universo repleto de supersticiones y tolerancia, de estrecheces y curiosidad, de dudas y frágiles equilibrios que están a punto de saltar por los aires arrollados por el ímpetu que acelera a la Historia cuando las ideologías, las patrias y las banderas bullen y se inflaman.

Loxandra era la abuela de María Iordanidu y, aunque se trata de una novela y no de una biografía, si fue concebida con la intención de ser el relato fiel de una época y de una atmósfera definitivamente desaparecida y enterrada. Y pese a que por sus páginas van asomando los ecos de los desastres y las matanzas que preludian el fin de ese mundo, la narración transcurre más entre los muros de las viviendas que en las calles, capturando la intimidad de las rutinas domésticas y estableciendo la contabilidad cronológica en los nacimientos, defunciones, bodas y terremotos y no por los acontecimientos externos que apenas se cuelan en las estancias domésticas como el roce de un rumor.

María Iordanidu (Estambul, 1897 – Atenas, 1989) fue parte de esa nutrida corriente de griegos cosmopolitas y nómadas, desparramados por los cinco continentes. Su infancia transcurrió en Estambul, donde fue escolarizada en el colegio Americano y el inicio de la I Guerra Mundial la encontró en Georgia, para recalar después en Sebastopol donde prosiguió su formación en la escuela rusa y desde donde sólo pudo regresar a Turquía en 1919. Empezó a trabajar para una empresa de comercio estadounidense, que la transfirió a Alejandría, donde se casó con un profesor, tuvo dos hijos y se despertó su interés por el comunismo. En 1931 regresó a Atenas, se divorció y se puso a trabajar para la Embajada soviética. Con la invasión alemana de su país en la II Guerra Mundial vio su casa destruida y estuvo recluida en campos de concentración, y tras la derrota de la izquierda en la Guerra Civil en la que Grecia cayó en 1946 tuvo que buscarse la vida como profesora particular. A los 65 años de edad escribió Loxandra, su primer libro, que desde su aparición fue un éxito que no ha dejado de reeditarse y que en los años ochenta sirvió a la televisión helena para realizar una serie.

viernes, 12 de enero de 2018

Jiro Taniguchi: Un zoo en invierno

Idioma original: japonés
Título original: Fuyu no dôbutsuen
Año de publicación: 2008
Traducción: Víctor Illera Kanaya
Valoración: Recomendable

Recomendable manga metaliterario éste -o "metamanguero"... o como sea-, obra del desaparecido Taniguchi y ambientado hace cincuenta años, en una época de cambio y transformación en todo el mundo. 

Estamos en 1966, en Kioto, donde el jovencísimo Hamaguchi entra como empleado en la empresa textil Comercial Watanabe y allí recibe el encargo de acompañar a la hermosa hija del dueño, la señorita Huyako. Tal encargo acabará metiéndole en un lío -no es lo que parece-  y comprometiendo su puesto en la empresa, por lo que el joven Hamaguchi aprovecha una visita que hace a su amigo Tamura, en Tokio, para, casi sin darse cuenta, cambiar de ocupación y comenzar a trabajar como ayudante del maestro de manga Shiro Kondo, faena que además le permitirá desarrollar sus dotes como dibujante. En la oficina-taller de Kondo encontrará además casi una nueva familia, junto a los otros dos ayudantes del maestro, Moriwaki y Fujita, la responsable editorial, la señorita Hogashimo y el calavera amigo de Kondo, el pintor Kikuchi, que le llevará de fiesta a descubrir la noche del célebre distrito de Shinjuku.

A partir de aquí la historia que cuenta este cómic, que bien podría haberse desviado hacia una panorámica de las delicias de la cara más crápula de la capital nipona, mantiene firme el rumbo a través de un tono serio, emotivo y hasta melancólico. Hamaguchi, que en todo momento demuestra ser un chaval sensible y educado y con la cabeza más o menos amueblada, opta por tomar el camino del esfuerzo, la amistad y el amor (el amor de verdad, no me refiero a la exaltación lasciva del deseo físico, no semos malpensados...), en vez de la juerga y el desenfreno, como habríamos hecho la mayoría...

El libro, además de ser un buen ejemplo del consabido bildungsroman, nos ofrece una interesante mirada a la creación e industria del manga cuando ya constituía un sector editorial potente, pero sin haber vivido aún el éxito mundial y el crecimiento desaforado que ha venido después. una época en la que los dibujantes aún podían formar parte de cierta bohemia, por más que sus métodos de trabajo estuviesen ya a caballo entre la creación artística y la producción industrial en cadena. Muy interesante, además, resulta comparar esta obra con otra de temática similar, El invierno del dibujante de Paco Roca... El tono nostálgico está presente en ambos trabajos, si bien en el caso del manga de Taniguchi se debe más a la remembranza de la juventud ya lejana que a la falta de esperanza, mientras que en el cómic del valenciano, parece deberse más a la ensoñación de lo que pudo ser, pero no hubo manera.

Por último, y aunque no hace falta mencionarlo a quien ya conozca alguna de sus obras, el virtuosismo de Jiro Taniguchi como dibujante es, también aquí, posiblemente insuperable.

Otros títulos de Jiro Taniguchi reseñados en Un Libro Al Día: El gourmet solitario

martes, 11 de octubre de 2016

Javier Pérez Andújar: Los príncipes valientes

Idioma original: español
Año de publicación: 2006
Valoración: soporífero

Javier Pérez Andújar ha estado envuelto hace unas semanas en una pequeña e inofensiva polémica cuando Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, lo eligió para el pregón de las fiestas de la Mercè, hace unas semanas. Puesto que es un escritor que se ha manifestado en contra de la autodeterminación de Catalunya y había gente contraria a cederle protagonismo en un acto tan simbólico. Bueno: los catalanes tampoco llegamos a mucho más que a eso, a esa expresión tan intraducible (probemos "gruñir sin demasiada insistencia ni mala fe") que es rondinar, quejarnos sin demasiado resultado. El pregón de Pérez Andújar, que tuve ocasión de leer y que está relativamente accesible en la red, no hizo más que confirmar y corroborar lo que, en base a los dos libros suyos que, con este, he leído, es la función de su obra, o su enfoque, o la tonalidad que quiera apreciarse por encima de otras. 
Keyword: "Nostalgia".
Ya me he encontrado eso con otros escritores. Marcos Ordónez o José Carlos Llop, por ejemplo. Empiezan a parecerme intercambiables y, de hecho, temo que estén provocando que repita conceptos al hablar de ellos. Así que permitidme que me aleje de la literatura basada en la incitación nostálgica y que aconseje a todo el mundo que haga lo mismo. Porque leer 230 páginas sabiendo, desde la primera, cómo iba a ser exactamente. Cada 50 páginas he valorado el abandono y solo la sensación de que debía expresar mi enfado hizo que siguiera adelante, que evitara la reseña-interruptus. Cada 50 páginas he seguido adelante a ver si pasaba algo relevante o de impacto, y no. Pues, aunque la llame novela, esta es una narración autobiográfica, unas memorias de niñez en el extrarradio obrero, revestidas de épica y fascinación, para alejarse de obviedades como las reposiciones de la serie Verano azul, pero siempre con la apelación al pasado en la punta de la lengua, como si prefiriese una Barcelona con inseguridad y falta de libertades a la actual, que es una ciudad mucho mejor. Porque eso trasluce de las anodinas existencias del narrador y de Ruiz de Hita, compañero en el descubrimiento (sobre todo a través de cómics y series televisivas de sobremesa) del mundo de la cultura popular. A partir de ahí empieza la letanía de menciones y referencias, de anécdotas familiares diversas, las que suele tener cualquier familia. Pero parece que Pérez Andújar piensa que debe involucrarnos en las suyas. Pues conmigo que no cuente.
Algún gazapo subconsciente se coló al cerrar el texto de contraportada hablando de "determinación de querer ser escritor". Porque esto parece pasarle a Pérez Andújar más que querer escribir. Que tampoco es que lo haga demasiado bien. El tiempo verbal de la narración exaspera en su paso del pasado al futuro respecto al pasado, y en la persistencia en aportar frases grandilocuentes siempre al límite de la pedantería, o ya directamente chapoteando en ella. 
Parece que le seduzca eso, lo que antes era ser escritor; tener relevancia, ver ese subtítulo cuando te presentan en la tele, ser consultado en lo concerniente a la cultura. Pero dejadme que os diga algo. Cuando nos quejamos de que la gente no lee, es por libros aburridos como este. Que son solamente versiones mejoradas en la forma de engendros como Yo fui a EGB o la serie Cuéntame. Lecturas solo inteligibles por una porción de una generación, y si pedante es pretender acceder a la universalidad, decidme como se llama a prescindir de intentarlo.

En fin, acabo, que he de ir a mirar mis niveles de azúcar. Toca tomar alguna conclusión. Pregones, artículos en la prensa que le sea más afín o receptiva, entrevistillas de enrolladete, opiniones en conferencias, ya veremos. Pero yo no me trago un libro más del hombre este.