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lunes, 6 de julio de 2026

Solvej Balle: El volumen del tiempo III

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, III
Traducción: Victoria Alonso en castellano y Maria Rosich en catalán, ambos en Anagrama.
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable


Empezaré la reseña indicando que esta es la tercera parte (como su nombre indica) de «El volumen del tiempo», obra con la que la autora Solvej Balle nos narra un relato en la que una mujer, Tara Selter, experimenta un salto temporal constante: siempre se levanta el dieciocho de noviembre del mismo año, con la particularidad de que ella sí recuerda lo que ha hecho durante el día y envejece de manera natural, al contrario que el resto del mundo que reinicia su existencia por la mañana al despertar. Por tanto, la reseña de este tercer volumen tiene trazas de los dos volúmenes anteriores con lo que, a partir de este punto, ¡alerta spoilers! 

Empieza el relato donde terminó el volumen anterior: Tara encuentra alguien a quien le ocurre lo mismo que a ella; también él se halla atrapado en el mismo dieciocho de noviembre. Este arranque es ya de por sí un fuerte gancho narrativo, pues junto al hecho de intentar saber qué le ocurrió a Tara, ahora vemos que en este extraño suceso no es algo en lo que esté sola. Por ello, la premisa de arranque es potente ya en la primera página, porque tal y como afirma Tara, «me resulta casi impensable: que entrara por la puerta alguien con la memoria intacta». Este hecho es algo que la sorprende, porque tal y como afirma, «caigo en la cuenta del tiempo que llevaba sin sentir esa identificación mutua, ese pequeño sobresalto en la conciencia, ese ligero cosquilleo en el cerebro al reconocer a alguien que también te reconoce a ti». Así, a la protagonista le sorprende la posibilidad de conversar con alguien ya conocido, retomar conversaciones ya iniciadas, que no todo sea empezar de nuevo una y otra vez (que triste sería la vida si no pudiéramos profundizar en nuestras relaciones, si solo tuviéramos pocas horas para completarlas) y le cuesta encajar esta situación porque «aunque algunas veces me había preguntado si sería posible arrastrar a otra persona conmigo al dieciocho de noviembre, jamás se me había pasado por la cabeza que pudiera toparme con alguien rondando por mi bucle»; alguien también incómodo con ese paréntesis temporal perpetuo que manifestaba en pequeños detalles de inconformidad pues «no le gustaba ir a cortarse el pelo porque le recordadaba el paseo del tiempo». 

Este encuentro fortuito propicia que el libro abarque temas nuevos en este tercer volumen, pues permite algo que no era factible en los dos volúmenes anteriores: la posibilidad de conversar y dialogar con otra persona sobre el suceso, salir de las reflexiones y pensamientos propios y expandir no únicamente el argumento sino también la propia situación, pues al hacerlo vemos otros puntos de vista, otras experiencias, porque Henry  «descubrió que su memoria no había retenido muchas de las cosas que había leído en el pasado (…). Ahora había empezado a pensar de nuevo. A almacenar información sin finalidad de utilizarla. A mirar su alrededor, ignorando de que le serviría todo aquello que veía. A recolectar trozos inservibles del mundo». Con ello, el libro lanza una interesante reflexión acerca de qué podemos hacer en un único día que pueda ser de utilidad de cara al futuro, cuales de nuestras tareas tienen una continuación más allá del momento en el que las ejecutamos. Así, el libro lanza una serie de cuestiones acerca de la continuidad, no únicamente de un día hacia el siguiente, sino dentro de uno mismo en lo que refiere al crecimiento y al desarrollo como persona; aquello que dejamos al futuro o aquello que consumimos en el presente, si trazamos nuestra vida con mirada larga o aquello que hacemos empieza y acaba en el mismo día, si nuestras tareas perecen al anochecer o tienen una continuidad en nosotros y a nuestros semejantes; qué dejamos que sea de utilidad al futuro, a los que vienen, a los que vendrán. Y esa reflexión supone un cambio de paradigma en Tara, pues tal y como admite, «no sé si será correcto quedar atrapada en el dieciocho de noviembre, lo que sé es que no puedo quedarme en la habitación que da al jardín y a la leñera. No sé si he sido llamada filas o enviada a alguna misión, si me han expulsado o solo he huido».

Por todo ello, la continuación del libro en este tercer volumen es interesante y, a pesar de que es cierto que uno podría pensar que debido a la corta duración de cada uno de los volúmenes hubieran podido publicarse en uno o dos de mayor extensión, a medida que vas leyendo los diferentes libros te das cuenta de que en cada uno de ellos el enfoque sobre la situación es diferente: mientras en el primero se trata de entender lo que ha sucedido y el segundo consiste en tratar de adaptarse, este tercero intenta hallar el lugar y función que la vida nos depara.

Tal y como reflexiona la protagonista, «si nos despertáramos un día en el que han quedado atrás los dieciocho de noviembre, ¿no tendríamos la responsabilidad de que el día que acabamos de abandonar fuera mejor de todos los dieciocho de noviembre posibles?» Ahí radica principalmente el mensaje que nos deja el tercer volumen: ¿qué hacemos en un día que pueda suponer un impacto al día siguiente? ¿Cómo afrontaríamos nuestra vida a nivel personal y social? Quizás obraríamos de manera diferente, quizás querríamos cambiar cosas, o quizás la comodidad o la situación nos causaría una parálisis que nos abatiría. Probablemente es una de aquellas cosas en las que nunca podremos saber cómo actuaríamos hasta que nos encontremos con ellas. Obviamente la posibilidad es muy remota, pero para eso está la ficción, para hacernos reflexionar sobre cosas que, aunque no puedan pasar, nos sitúen en un punto de proximidad mental suficiente para pensar en ello y no quedarnos anclados, también y de manera perpetua, en el mismo sitio donde nos encontramos.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo I, El volumen del tiempo II

domingo, 8 de junio de 2025

VV.AA.: Insolitus

Título original: Insolitus
Idioma original: Danés
Año de publicación: 2025
Traducción: ¿?
Valoración: Sorpresa agradable

¡Qué grata sorpresa ha supuesto Insolitus! De este cómic danés me han gustado tanto el guion de Henrik Rehr como el dibujo de Jan Solheim, ambos autores hasta ahora desconocidos para mí.

Empecemos hablando del guion. El cómic sigue los pasos de una mujer de la que sabemos bien poco: que es estadounidense (por un comentario que hace al inicio de la historia), que está en un país extranjero y que tiene una extraña fijación con su padre. A dicha mujer la vemos, entre otras cosas, actuar paranoica en un restaurante, buscar angustiada el billete de vuelta en su habitación de hotel, mantener relaciones sexuales con un artista turbio y describir los sueños perturbadores que la asolan. Y debemos cuestionarla, pues ella es una narradora no fiable que mezcla situaciones reales con otras fantasiosas u oníricas, y tiene la percepción alterada por alguna enfermedad mental o las drogas. La cosa promete, ¿verdad? Recapitulemos: tenemos una narradora no fiable y un argumento que desdibuja los límites de lo real y lo onírico. 

Para redondear tan apetitosa premisa hay el solvente apartado gráfico del cómic. Éste destaca por la personalidad de su dibujo (presente en la estilización de los personajes, en la distorsión de la anatomía, los objetos, los escenarios y las perspectivas, en la paleta limitada de tonos cálidos contrastados con el blanco, etc...) y por la fluidez de su narrativa visual (una sola viñeta por página). Y quien busque pruebas del buen hacer de Jan Solheim, que consulte la brillantemente ejecutada escena en la que la protagonista del cómic sufre una paliza.

Poco más que añadir. Sólo insistir en que Insolitus ha supuesto una grata sorpresa. A fin de cuentas, este thriller danés con toques psicológicos, criminales y surrealistas goza de un guion y un apartado gráfico sumamente efectivos. ¿Qué más puede pedir alguien que se adentra por primera vez en el cómic de dos autores que desconocía?


lunes, 28 de abril de 2025

Olga Ravn: Los empleados

Idioma original: danés

Título original: De ansatte

Año de publicación: 2018

Traducción: Victoria Alonso

Valoración: para mí, recomendable

Si digo que esta novela supone una deconstrucción posmoderna de la ciencia-ficción cultivada por Stanislaw Lem y Philip K. Dick, más de uno y una entre quienes nos leen se mosquearán por: 

  1. Considerarme un pedantuelo gafapástico con ganas de dar la nota.
  2. Considerarme un hereje provocador con ganas de dar la nota.
  3. Considerarme un gilipuertas, sin más. Con ganas de dar la nota, eso sí...
Y probablemente todas las opciones sean ciertas. Pero es que, además, estaría mintiendo o, cuando menos, siendo bastante inexacto porque:
  1. No hay ninguna deconstrucción, sino que nos encontramos ante una narración fragmentada en múltiples testimonios emitidos por un número igualmente indeterminado de declarantes y que, en principio, pueden dar una apariencia caótica, pero que  en verdad nos van guiando de manera firme por toda la narración, hasta su desenlace.
  2. Cierto que es una novela de Ciencia-Ficción "blanda" que deriva por momentos hacia una metafísica algo difusa, expresando los personajes -es decir, los declarantes o testigos a los que me he referido- sus dudas sobre su identidad, la fiabilidad de sus recuerdos  o la finalidad de su misión. Si esto no os recuerda a la narrativa de Lem y de Dick, indiscutibles -y fundamentales- autores de Ciencia-Ficción, ya me diréis...
  3. Por otra parte, tanto Philip K. Dick como Stanislaw Lem ya resultan suficientemente posmodernos-; de hecho, no se puede serlo más-, aunque sus nombres no se encuentren en los tratados de literatura "seria". Así que hacer una deconstrucción, construcción o doble tirabuzón de sus obras sería redundante.
Resumen resumido: la nave seis mil, procedente de la Tierra, se encuentra cerca del ¿planeta? llamado Reciente Descubrimiento, con el propósito de recoger posibles hallazgos -objetos- y trasladarlos a la nave. Tales objetos, de imprecisa naturaleza -no queda claro si se trata de seres vivos o no, o siquiera si se pueden definir de esta forma- se custodian en salas que bien se podrían considerar museísticas -algunos de estos objetos se dirían más instalaciones de arte contemporáneo que entes extraterrestres- y ejercen una difusa pero innegable influencia sobre los tripulantes de la nave que entran ellas. Tripulantes o, mejor aún, empleados, entre los que se encuentran tanto humanos como otros de apariencia humana, fabricados ya adultos y dotados de un software que incluye falsos recuerdos (¿a alguien le suena esta idea?); tanto unos como otros van prestando sus testimonios a un comité encargado por la empresa u organismo que les ha enviado allí -Homebase- de investigar y/o registrar lo que acontece en la nave. O tal vez se trate de un procedimiento estándar de Recursos Humanos - es decir, humanos y con apariencia humana-, que cosas más raras se han visto, incluso en nuestra prosaica realidad; en todo caso, son estos testimonios los que componen la novela, a modo de pequeños "capítulos" (lo entrecomillo porque tampoco es que se trate de eso, exactamente, ya digo que con una apariencia más desordenada de lo que lo están, en realidad,

Es cierto que esta premisa lo mismo valdría para una novela de Ci-Fi más especulativa u otra con un tono humorístico, de terror, ciberpunk o lo que sea... Pero lo que hace Olga Ravn es, en primer lugar, dotarla de un tono sutilmente poético, en el que cobran gran importancia las impresiones sensoriales, tanto las inmediatas, parece que estimuladas por los objetos, como aquéllas que han quedado impresas en la memoria de los empleados. En segundo término, más que en las peripecias espaciales de los tripulantes de la nave seis mil la novela se centra en las relaciones entre ellos y, sobre todo, en la asunción o alienación de su humanidad por unos y otros; los humanos parecen cada vez sentir menos su condición, mientras que sus compañeros de apariencia humana van tomando conciencia de serlo...  

El resultado es una novela un tanto inasible -sobre todo al principio-, recorrida por un aliento poético, sin que éste llegue a estomagar o a condicionar en exceso la lectura. pero sí que deja un poso en la misma, un aire entre existencialista y onírico que puede resultar del gusto de muchos lectores 7as, aunque también espantar a otros. de ahí la valoración que he puesto  en esta reseña; no se trata de que , en mi opinión, esta novela sea recomendable (obviamente, siempre es según mi opinión), sino que me parece recomendable para gente que tenga un gusto y un interés no digo similares a los míos, pero sí en sintonía con ellos y, sobre todo, en sintonía con lo que nos propone Olga Ravn. A quien así le ocurra, la novela no le decepcionará.

miércoles, 2 de abril de 2025

Solvej Balle: El volumen del tiempo II

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, II
Traducción: Maria Rosich en catalán y Victoria Alonso en castellano, para Anagrama
Año de publicación: 2020
Valoración: recomendable


Siempre es complicado reseñar un libro publicado por entregas. Porque, además, en este caso, la historia es continua, es decir, no se producen saltos temporales relevantes (más allá de lo que supone una historia centrada argumentalmente en la repetición de un mismo día a lo largo del tiempo). Así que, en primer lugar, ¡ALERTA SPOILERS! porque al ser el segundo volumen, partiré de lo que sucede en el primero.

En este segundo volumen del prometedor relato de Solvej Balle, Tara Selter sigue protagonizando la narración de manera casi absoluta. De esta manera, la estructura, el ritmo y el argumento tienen una línea claramente continuista con el anterior volumen, aunque, como la propia protagonista experimenta en su vida, hay ciertas alteraciones, no ya de manera argumental sino de enfoque. 

El relato empieza con una confesión que esconde una aceptación cuando Tara es plenamente consciente que «ahora que el dieciocho de noviembre se ha cronificado, mis días son simples, me muevo por calles conocidas, pero no formo parte de ellas». Ella, después de un año viviendo en una especie de limbo temporal, sabe que pocos cambios puede esperar en sus días, así que, ya que el tiempo avanza en su día a día, una vez transcurrido un año desde el suceso, decide incidir ella en el tiempo, adaptarlo a su vida, forzar en él el paso de las estaciones y buscar las fechas señaladas, los días especiales del calendario. Tara no piensa permitir vivir estancada en un día concreto, donde el tiempo siempre es el mismo, donde no hay fiestas ni celebraciones, donde cada día es igual; hay que romper la monotonía y adaptar el no-paso de los días en su vida, hay que recuperar y romper la consecuencia de ese accidente temporal, recobrar el pulso del tiempo y su paso, establecer vínculos con “su” tiempo y encontrar y festejar esos días especiales: aniversarios, fiestas o Navidades porque «las tradiciones no tienen por qué ser armoniosas; simplemente, tienen que existir. Tienen que existir como una especie de red de seguridad, para que tengas dónde radicar. Cuando el mundo se estropea. Cuando el tiempo se rompe.»

Cabe reconocer el mérito de Balle es este segundo volumen, pues la tarea que tenía la autora en este segundo libro no era fácil: cómo conseguir mantener el interés lector en una trama que, por concepto, se repite constantemente. Y lo resuelve de manera muy lograda: reenfocando en este volumen su manera de acercarse a la historia, volcándola en la asimilación de la situación y en cómo sacar partido de ella, nutriendo el relato de historia y experiencias y, ya que el tiempo permanece inmóvil, será la protagonista quien se desplace en busca de aprendizajes, conocimientos o simplemente formas de entretener un tiempo que parece anclado para todos menos para ella misma.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo IEl volumen del tiempo III

jueves, 2 de enero de 2025

Solvej Balle: El volumen del tiempo I

Idioma original: danés
Título original: Om Udregning af Rumfang, I
Traducción: Maria Rosich en catalán y Victoria Alonso en castellano, para Anagrama
Año de publicación: 2020
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Estamos delante de uno de esos libros que sorprenden por su argumento y por su enfoque. Ya por el 1987, la autora pensó en una historia en la que la protagonista se despertaba una y otra vez en el mismo día, pero su intención de desarrollar esta idea y que diera forma a un libro se fue al traste cuando años después Dany Rubin escribió un guion parecido para la que sería una película memorable: Groundhog Day («Atrapado en el tiempo», como se tradujo en estos lares). Así que la idea, de manera parecida al argumento, quedó congelada durante años hasta que la autora se decidiera a darle forma y publicar el libro en siete volúmenes, de los cuales solo uno de ellos ha sido traducido hasta la fecha. Y, esperando a que llegue el resto, aquí va la reseña del primero.

En páginas iniciales, la protagonista, Tara Selter, a modo de diario, describe el núcleo de la historia: «Es dieciocho de noviembre (…) Cada día, cuando me tumbo en la cama de invitados para dormir, es dieciocho de noviembre, y cada mañana, cuando me despierto, es dieciocho de noviembre». Así, la protagonista vive atrapada en el tiempo, en una situación compleja pues en el momento en que sucede por primer vez este salto temporal ella se encontraba de viaje, con lo que su vuelta a casa por la noche se traduce en que despierta en casa cuando debería estar en el hotel. Porque, a pesar de que ella vive el no-paso del tiempo, lo que hace sí se conserva, sí trasciende, y eso le causa un gran dilema sobre cómo abordar esta situación con un marido que no se espera que ella despierte a su lado y de quién percibe, al contarle lo sucedido, que «haber mantenido una conversación con ella y haber hecho cosas que no recordaba lo provocaba una sensación de vértigo e inquietud» al tener que aceptar «que nuestras expectativas sobre las constantes del mundo se basan en fundamentos inciertos». Porque ella se levanta cada día siendo el mismo día, pero aquello que hace durante el día tiene repercusión, no se elimina con la noche así que si termina la noche en un sitio el día siguiente se despierta en ese último sitio a pesar de que el día es el anterior. Por ello, su única solución es intentar dejarlo todo como estaba antes la mañana del día anterior, hacer los mínimos cambios para no alterar el orden de los que no sufren ese trastorno. Así, como ese día no estaba en casa pues estaba de viaje, inicia cada nuevo día como si no estuviera, evitando a su propio marido y vecinos quienes no entenderían que hacía allí cuando se suponía que estaba fuera y evitando también dar explicaciones que no hubieran entendido, pues la única que tenía sentido (la realidad) era muy inverosímil. 

De esta manera, la protagonista nos escribe (o escribe para ella misma) un diario que empieza en el día número 121 a partir del cuál nos va contando lo sucedido hasta la fecha a la vez que, a medida que avanza la lectura, nos va contando cómo pasa los días; unos días que transcurren en silencio, en su casa a escondidas pues debería estar en otro sitio, y pasan los días (o el día), y ella escribe para matar el tiempo, o para que el tiempo no acabe con ella, «porque el tiempo se ha estropeado. Porque he encontrado un paquete de papeles en la estantería. Porque intento recordar. Porque el papel recuerda. Quizás haya algo sanador en las frases». Pero el tiempo sí avanza para ella, el paso del tiempo sí se nota en su cuerpo, así como también algunas cosas se agotan (el café) mientras otras no se ven afectadas por ese extraño suceso de manera que «era obvio que el día volvía a su punto de partida, pero tenía variaciones»(…) había irregularidades en el tiempo, aunque era imposible encontrar un patrón que tuviera sentido».

Así que la autora nos plantea un dilema de difícil solución: ¿qué hacer ante una situación así? ¿Vivir como desparecido añorando tener una vida más allá de la soledad del hogar o intentar explicar una y otra vez lo sucedido intentando a la vez analizar si en esas pequeñas alteraciones hay alguna pista que permitan entender lo sucedido? O incluso, yendo más allá, ¿podría ser posible que algo que hagamos altere los sucesos? ¿podemos intervenir para corregir una alteración del cosmos y reengancharnos en el punto de salto? ¿Y cómo vivir mientras no encontramos la solución, si es que la hay? ¿Luchando por recuperar lo perdido (o por no perder lo que teníamos) o construirse una nueva realidad alejada de nuestra antigua vida? ¿Vivir en compañía reconstruyendo un nuevo día a cada amanecer o vivir en la soledad con la compañía única de quien nos puede entender, aunque seamos solo nosotros mismos?

Por todo ello, y teniendo muy claro que valorar en libro de siete volúmenes justo al terminar el primero es osado, una vez abierta la puerta al misterioso mundo que los plantea la autora y sabiendo que su protagonista sí es capaz de aventurarse a un futuro prometedor, ¿quiénes somos nosotros para dejarle a su libre albedrío y no seguirla en esta interesante aventura? ¿Seremos capaces de vivir con ella, una y otra vez el mismo día, disfrutando de todos los matices que nos aporta y de las variaciones que podamos encontrar en él buscando la felicidad en los pequeños detalles? Yo creo que sí, y ese es el gran mérito de la autora.

También de Solvej Balle en ULAD: El volumen del tiempo II, El volumen del tiempo III

domingo, 3 de diciembre de 2023

Knud Rasmussen: De la Groenlandia al Pacífico

Idioma original: Danés
Año de publicación: 2014
Valoración: Muy recomendable

Sería tan absurdo negar a este libro su encuadre dentro de la "literatura de viajes" como no reconocer que su alcance es infinitamente mayor que los estrictos estándares del género. Porque De la Groenlandia al Pacífico, además de la narración del recorrido realizado por la multidisciplinar 5ª Expedición Thule entre 1921 y 1924, es un texto fundamental dentro de la antropología / etnografía inuit. 

Con él, Knud Rasmussen ingresa en el selecto grupo de exploradores "que molan", aquellos que buscan más un entendimiento de las gentes y lugares que recorren que un mero hito deportivo o geográfico (que también tienen su mérito, para qué negarlo). Quizá en lo anterior tenga algo que ver su propio origen, ya que Rasmussen era hijo de danés y groenlandesa y nació en la propia Groenlandia, o quizá es solo que era un tipo inquieto, mezcla de aventurero e intelectual más en la línea de Nansen que en la de Peary. 

Sea como fuere, De Groenlandia al Pacífico es un recorrido por la cultura material e intelectual de los pueblos inuit, desde Groenlandia hasta Alaska, en busca de los lazos que unen a los diferentes grupos y poblaciones, algunos de los cuales no han tenido contacto entre ellos durante siglos. Así, el trabajo de Rasmussen abarca multitud de campos: en lo material podemos incluir la arquitectura, el arte, la arqueología, la anatomía o la indumentaria; en lo intelectual caben las creencias, mitos y leyendas, el folklore, la organización económica, social y familiar o la sexualidad.

Quizá el peso de esa segunda vertiente sea mayor, lo que hace que el texto tenga mucho de la oralidad de los mitos y leyendas y que contenga en su interior una curiosa mezcla de fe, fantasía y arte cercana al realismo mágico. Esto, unido a la mirada de Rasmussen hacia lo que le rodea (su pequeñez ante una naturaleza poderosa, su humor, su empatía y se despojamiento de esa superioridad occidental que nos caracteriza), confiere al texto un carácter literario que no es obstáculo para una accesibilidad y un rigor que son de agradecer.

Además de lo anterior, resulta interesante la comprobación de cómo se iban alterando las formas de vida de los distintos grupos en función de su grado de interacción con occidentales llegados a la región para explotar los recursos naturales. En este sentido, y pese a haber trascurrido cien años desde los hechos que se narran en el libro, su vigencia es total. Similares problemas o situaciones (según el color del cristal con que se mire) suceden hoy en día en la Amazonía o en las más remotas regiones de África o Asia.

Por último, y no menos importante, debo decir que la edición del libro es realmente magnífica. Acompañan al texto nada menos que 450 fotografías tomadas por el grupo de Rasmussen durante la expedición: retratos, restos arqueológicos, dibujos de espíritus, escenas de la vida cotidiana, etc. Un completísimo catálogo y un estupendo testimonio de los trabajos de una expedición realmente fascinante.

martes, 7 de febrero de 2023

Tove Ditlevsen: Las caras

Idioma original: danés
Título original: Ansigterne
Traducción: Maria Rosich Andreu (ed. en catalán para l'Altra Editorial) y Blanca Ortiz Ostalé (ed. en castellano para Seix Barral)
Año de publicación: 1698
Valoración: recomendable


Conocí la obra de Tove Ditlevsen a raíz de su trilogía autobiográfica («Trilogía de Copenhague»), un relato en la que narra de manera descarnada, honesta y cruda su paso por una vida profundamente marcada por una infancia donde el amor no tenía cabida, donde la relación con sus padres era fría y distante, rozando la hostilidad y la animadversión. Esta situación familiar y emocional, a pesar de que fue parcialmente superada gracias a su amor y su pasión por la literatura, la marcaron también en su vida amorosa, con una dependencia emocional a un matrimonio lleno de inseguridades y recelos que desembocó en una terrible adicción a las píldoras y otros medicamentos. Este último aspecto es, en gran parte, el que centra el argumento y explora el libro que nos ocupa.

Ya en su inicio, la autora evidencia su estilo directo y duro, manifestando una obsesión hacia unos rostros de los que la autora desconfía, pues duda de lo que esconden detrás de esas aparentemente neutrales fachadas; bien es cierto que se dice que la cara es el espejo del alma y parece que la autora, llena de demonios internos y miedos ve en ellas una especie de máscaras que ocultan las más perversas realidades, como se puede entrever al leer que «dormían con las caras ausentes y tranquilas; no las necesitaban hasta la mañana siguiente (…) De día, las caras cambiaban continuamente, como si se reflejaran en una superficie de agua inquieta». Así empieza Ditlevsen esta novela, transmitiendo cierta angustia y arrojando espacios de reflexión acerca de los rostros y la personalidad de aquellas personas que los ocupan. Unos rostros cambiantes y que reflejan el paso del tiempo, dejando huellas y marcas de las batallas internas que se han librado.

Con este punto de partida, la autora nos presente una historia que, aunque no se trate de una biografía, sí podría afirmarse que está fuertemente basada en su propia vida, pues en ella nos sitúa en el eje central a Lise, la protagonista absoluta del relato; Lise, una escritora de libros infantiles con cierto éxito tras ganar un premio de la Academia, casada con su marido Gert y con tres hijos. Les ayuda en su día a día Gitte, una asistenta doméstica con quién Lise no guarda una gran relación, pues recela de las intenciones y sentimientos que alberga hacia su marido. Y es que Lisa tiene la firme sospecha de que Gitte, a pesar de su trabajo de cuidadora, mantiene una relación con su marido Gert y quieren deshacerse de ella, quieren hacer con ella lo mismo que Gert hizo con su anterior esposa: que acabe loca y se suicide tomando pastillas. Porque, de hecho, Gert es alguien que opina que «el amor es una enfermedad que después recordabas con horror. La única excepción, según él, era el amor por los hijos, porque no implicaba deseo» y eso hace pensar a Lise que «él practicaba el deseo sin amor, y eso hacía que muchas veces prefiriera las prostitutas a las amantes». Pero Lise, en su estado enfermo y semiparanoico, no sabe a ciencia cierta si lo que cree haber visto u oído ha sucedido en realidad, si lo ha interpretado con exactitud y, aunque fuera cierto, existe una relación de clara dependencia hacia Gitte, pues su estado le impide valerse por si misma y ella la cuida y también la necesita, porque tal y como confiesa a una amiga quien le pregunta porqué no la despide si tiene estos recelos por la relación con su marido, Lise contesta de manera tajante: «me da somníferos».

Establecido el escenario familiar y anímico de Lise, el libro marca un punto y aparte después de un episodio en el que Lise abusa de las píldoras pastillas y la ingresan en un hospital para tratar su adicción y, en ese entorno frío y distante, en medio de toda esta neurosis, Lise agudiza su obsesión por la caras, por las que la rodean (siempre las mismas, siempre recelosas, siempre inquisitivas) así como por la propia, pues a veces no se reconoce o teme no hacerlo («se palpó la cara con los dedos, como para convencerse de que nadie se la había robado mientras estaba inconsciente sin poderla vigilar»). Es en este escenario donde sus alucinaciones la sitúan en un plano entre lo real y lo onírico, en el que da rienda suelta a sus desvaríos y a sus recelos acerca de quien la rodea en su día a día (pacientes, médicos y enfermeras). Es en esta parte donde el libro encuentra su eco más evidente en su autobiografía, en esos pasajes duros e impactantes sumidos en un estado mental lleno de confusión y temores que la llevan a sospechar de todo y de todos, incluso de su propio criterio y juicio. Lise es consciente de ello pero, si no podía valorar lo cierto y lo imaginado, «entonces, ¿en quién podía confiar?» porque, tal y como asevera el doctor que la trata, «la realidad solo existe en su mente (…) ¿entonces, donde existo yo? (…) En la consciencia de los demás».

De esta manera, el libro nos transmite la angustia de quien no sabe si lo que ve y oye es cierto o es producto de su imaginación. Por ello, su mundo vive poblado de fantasmas y pensamientos en torno a la posible infidelidad de su esposo y a los planes que entre él y su supuesta amante tienen para deshacerse de ella y tener vía libre para poder afianzar su relación. Y todo ello la somete a un caos interno desordenado y profundo, que la hace constatar que «no me gusta el mundo. Solo quiero escribir y leer, solo quiero ser yo misma». Así, ve que la única salida que tiene es el arte, nada más la puede salvar de su infierno interior porque, para ella, la verdadera importancia en la vida es poder escribir, porque creía firmemente que «el ser humano solo puede ser libre en el arte; el arte lo elevaba por encima de la actividad mortal que engendraba las desgracias del mundo». Una vida ajena a su matrimonio, pues no se encuentra cómoda en esta relación, e incluso la abruma en ocasiones, llegando al extremo que «en un momento de pánico pensó que estar casada con toda una persona era demasiado».

Por todo ello, «Las caras» se trata de un libro que se complementa perfectamente con su autobiografía pues ejerce de versión ficcional de una vida intensamente marcada por sus miedos y fantasmas internos; unos miedos que se transforman en caras que se transfiguran, en voces que oye en su cabeza, en temores a veces infundados que hacen que se quiera evadir de su propia vida de la que en ocasiones toma consciencia, porque «en un instante de claridad, supo que habían vencido: se había vuelto loca». Y esa locura la marcó profundamente en muchos aspectos de su vida a excepción de uno solo, algo que siempre tuvo claro y permaneció invariable: su amor a la escritura.

También de Tove Ditlevsen en ULAD: Trilogía de Copenhague

viernes, 13 de mayo de 2022

Madame Nielsen: The Monster


Idioma original: danés

Año de publicación: 2021

Traducción: Daniel Sancosmed

Valoración: intragable

Agradezco a Madame Nielsen que este libro no se haya promocionado (a pesar de la apariencia de la escritora, que parece un performer multidisciplinar de esos que inquietan un poquitín) como literatura queer, cuestión que evita su estigmatización y su etiquetado dentro de una especie de submundo que parece haber de ser juzgado de antemano.

Bueno, se lo agradezco porque así ha evitado que yo tenga que ser señalado por cargarme un libro queer. No va a ser así. Hablo sobre la novela con toda libertad, entonces, y os digo, estimados lectores, que está muy bien eso de que las pequeñas editoriales se encarguen de divulgar la obra de autores de escenas alternativas y todo eso. Pero es que aquí nos han dado gato por liebre. The Monster, así titulada en inglés, detalla las andanzas de un joven ruso en New York, donde ha acudido para formar parte del grupo teatral de Willem Dafoe, allá por 1993, con lo que la acción se sitúa en ese período extraño entre la caída del muro y la de las Torres Gemelas, un período (no hablemos del presente, por favor, que Finlandia acaba de poner nerviosa a Rusia solicitando su ingreso en la OTAN) que podría haber sido idílico, una especie de Arcadia feliz donde los bloques se desmembraban y Occidente parecía ávido por integrar a esos rusos simpáticos en la dinámica del capitalismo a ultranza. Ahí empiezan las trampas. En un juego algo acomplejado que insiste en el namedropping, Madame Nielsen teje una siniestra historia basada en los días y las noches del joven, que ha acudido a New York con poco dinero y apenas una lista de nombres a los que puede contactar para obtener algún lugar donde pasar la noche. De día acude al teatro y alterna con gente que se presenta tanto en las sesiones teatrales como a los locales nocturnos que acostumbra a frecuentar. Así que en la novela surgen los nombres como referencias, tópicos hasta la exasperación: Warhol, Sontag, Byrne, Lou Reed. Parece que en medio de esa amalgama cultural de la ciudad que nunca duerme a nuestro anónimo protagonista le ha ayudado la suerte. Pero ay la noche: a cambio de disponer de un sitio donde dormir, sus anfitriones resultan ser un par de gemelos algo degenerados que abusan de él noche tras noche.

Y en esa alternancia trufada de referencias y descripciones algo procaces de los abusos, combinado con los numeritos propios de su asistencia a algunos de esos clubes nocturnos que parecen museos de los horrores, la novela se pierde en divagaciones y escenas descritos con un lenguaje rígido y un terrible gusto por el párrafo interminable y la disertación de tonalidad epatante, como si a Madame Nielsen le molestara limitarse a describir los hechos y tuviese que incidir en un retrato psicológico del protagonista, revelando una tonalidad algo narcisista y hasta diría que acomplejada. Esto no podía pasar en Copenhaguen pero si en New York. Con lo cual,entre ciento cincuenta páginas, apenas retengo las alusiones descriptivas a la foto que hace las veces de portada, un más que previsible flash back sobre la historia de los gemelos, y unas últimas cuarenta páginas, que me perdonen mis compañeros del blog por mi retraso, que se me han hecho eternas, un auténtico tostón esperando que algo se dilucidara y más bien convencido de que, como así resultó ser, la novela era un engendro post-moderno algo pretencioso cuyo colofón es no tener colofón.


sábado, 19 de junio de 2021

Tove Ditlevsen: Trilogía de Copenhague

Idioma original: danés
Título original: Barndom. Ungdom. Gift.
Traducción: Maria Rosich Andreu (ed. en catalán) y Blanca Ortiz Ostalé (ed. en castellano)
Año de publicación: entre 1967 y 1971
Valoración: muy recomendable

Hay relatos que conmueven, pues no únicamente están narrados con un estilo preciso y cuidado que llega al lector, sino también por la propia historia contada. Y sí, se ha hablado muchas veces de la literatura del yo (y en muchas tantas ocasiones se ha infravalorado), pero ¿por qué deberíamos dar más valor a una vida ficticia que a una vida real? ¿Por qué aceptamos como lectores que nos cuenten vidas de personajes imaginados mientras que recelamos de las de los propios autores? A fin de cuentas, todo son experiencias narradas ya hayan vivido en nuestro mundo o en el imaginario de sus autores.

En este libro autobiográfico, la prolífica autora Tove Ditlevsen hace un recorrido vital desde su infancia hasta una edad avanzada que no se especifica en el relato, pero que nos sitúa en un punto final donde ya apunta lo que acabará siendo su trágico destino, a manos de una muerte autoinfligida en un suicidio por sobredosis de pastillas. Así, esta obra se estructura en tres volúmenes diferenciados correspondientes a «Infancia», «Juventud» y «Dependencia» (editados de manera independiente en su versión original).

En el primer volumen, la autora retrata una infancia marcada por una profunda falta de amor, comprensión y estima principalmente por parte de su madre, alguien que la propia autora define como «bonita, inalcanzable, solitaria y cargada de pensamientos secretos que yo nunca conocería», una mujer «distante y enigmática» con quien tiene un trato frío y áspero, confesando que «mi relación con ella es íntima, dolorosa y frágil, y siempre ando buscando alguna señal de amor. Todo lo que hago, lo hago por complacerla, para que sonría, para desvanecer su ira»; con esta frialdad, la autora profesa la tremenda soledad que vive en su hogar, pues el día a día se resume en que «mi padre se había ido a trabajar y mi hermano estaba en la escuela. Entonces mi madre estaba sola, a pesar de que yo también estaba». Y un padre, con buena intención, pero carente de afecto, que «no se dirige a mí por iniciativa propia, porque no sabe qué decir a las niñas pequeñas»; alguien de quien afirma que, en contraposición con una madre que «la pegaba a menudo y fuerte», «mi padre no me pegaba nunca. Al contrario, era bueno conmigo. Todos los libros de mi infancia eran suyos (…) A pesar de todo, yo no sentía nada especial por él (…) Yo era la niña de mi madre y Edvin el niño de mi padre, y eso era una ley natural inmutable»; un padre con trabajos mal pagados que les llevó a pasar en varias ocasiones por apuros económicos. Un padre con una visión totalmente diferente sobre el futuro que esperaba a sus hijos, pues «las niñas no pueden ser poetas» a lo que ella, de manera reivindicativa y a la postre certera, afirma que «alguna vez escribiré todas las palabras que fluyen dentro de mí. Alguna vez otras personas las leerán en un libro y se sorprenderán de que las niñas sí pueden ser poetas» (una declaración que recuerda muchísimo a lo que escribió Siri Hustvedt en «Recuerdos del futuro»). 

De esta manera la autora nos retrata su infancia, una infancia difícil que ya la propia autora asevera con rotundidad al decir que «la infancia es larga y estrecha como un ataúd, y no puedes escapar de ella tu sola (…) no puedes escapar de la infancia, la llevas pegada como la peste (…) te gires hacia donde te gires chocas con tu infancia y te haces daño, porque es angulosa y dura y no se termina hasta que te ha destrozado completamente». Una infancia en la que únicamente los libros y sus poemas presentan una vía de escape, el mundo infinito que encuentra cuando le dan permiso para acceder a la biblioteca y que expande y extiende a través de la escritura de poemas porque «a pesar de que a nadie le importen necesito escribirlos, porque amortiguan la tristeza y los anhelos de mi corazón».

En esta narración de su propia infancia se observa claramente el estilo de Ditlevsen: duro, muy duro, marcado por una infancia que recuerda con dureza, como una obligación y un infierno más que como un camino lleno de esperanzas. Aquí la única esperanza que transmite es la de que la infancia acabe, porque no sirve prácticamente para nada, únicamente para ser ignorada, maltratada, porque «siempre pienso que mi mare no me amará hasta que yo sea adulta (…) mi infancia la enoja tanto como a mí».

La autora sabe transmitir esa sensación de desamparo, de un gran abismo afectuoso del que solo se puede apartar momentáneamente cuando todos olvidan que existe. Esta es la dureza que hábilmente rezuman unas páginas llenas de impactantes y precisas frases que sin tapujos ni paliativos nos muestran una infancia triste y maltrecha. Una infancia llena de vacíos emocionales, de cierta hambruna y apetito, un apetito físico, pero también creativo, con su libro de poemas escritos a escondidas, un “lugar” donde depositar sus esperanzas y sus deseos, un espacio en el que poner sus expectativas a la altura de una calidad que ya de joven aventuraba que algún día destacaría hasta poder vivir de ella. El resto de su infancia, simplemente habitada por amistades casuales, tristeza, soledad, y tres meses de difteria que la dejarían con tanta anemia física como moral.

En «Juventud», la autora nos narra sus inicios en el mundo laboral, un mundo mal pagado y que le deja poco tiempo libre para leer o escribir, pero en el que, gracias a conocer a algunas personas que llegarían a ser clave en su vida, empieza a tener sus primeras relaciones sentimentales, muy vinculadas en su mayoría a los libros; su real y única pasión. Una juventud que, aunque deseada, le provoca insatisfacción y cierto desamparo en el siempre difícil paso a la edad adulta; un estado temporal en el que se siente pérdida y fuera del mundo, en el que «todo cambia sin parar, la único que permanece es el mundo de mi infancia». Pero, a pesar de cierto desánimo, empieza a encontrar un lugar en su mundo literario, con ciertos intentos en el teatro, pequeños encargos no retribuidos para escribir alguna canción de cumpleaños, algún poema, u otros pequeños actos para dirigirse al mundo de la creación literaria, su única pasión que confiesa afirmando que «no sé por qué tengo tantas ganas de que se editen mis poemas para que la gente con sentido poético pueda gozar con ellos. Pero lo quiero. Es hacia donde avanzo por caminos oscuros y tortuosos. Es lo que me da fuerzas para levantarme un día tras otro e ir a la oficina de la imprenta». Una juventud de la que, como la infancia, no siente que le aporte nada, y que aborrece afirmando que «mi juventud no es más que un defecto y un obstáculo que quiero sacarme de encima lo más pronto posible».

De esta manera, en esta segunda etapa vital, la narración destaca por ofrecer una visión terriblemente arrebatadora por la escritura, no únicamente como vía de escape de la autora, sino como un sueño que se eleva por encima de su reducido mundo; la poesía se convierte en centro y a la vez horizonte de su vida, estableciendo y construyen un pilar en torno a ella que deberá sustentarla y arraigarla a un mundo que se le antoja algo ajeno a sus deseos, aspiraciones e incluso manera de ser y ver la vida porque «la familia no entiende nunca a los artistas (…) los artistas solo se tienen los unos a los otros». Son esas edades tempranas cerca de los veinte años donde todo es posible, aunque parezca justo lo contrario, y donde la tenacidad, la determinación y la (casi) obsesión en la poesía se transforman en una persecución de determinación inquebrantable hacia la consecución de su más preciado deseo: dar a conocer al mundo su poesía.

Ya en su tercer volumen, «Dependencia», la autora nos relata sus diferentes matrimonios, el primero de los cuales con una edad aun muy joven y con alguien con quien «es como si antes de casarnos yo nos hubiéramos dicho todo lo que teníamos que decirnos y hubiéramos gastado todas las palabras que hubiéramos tenido que hacer durante los próximos veinticinco años». Es en este último tercio de libro entramos en su fase más “desencantada” donde sus inseguridades afloran mientras marchitan sus relaciones, llenas de dudas y reservas, de seguir los caminos marcados por las huellas de otros, dejándose llevar o arrastrar por la vida si tener en cuenta los deseos que van más allá de su ambición literaria. El tono en esta parte entra en el desencanto y el desánimo, la decadencia de una vida que, a pesar de ser aún joven, pierde el encanto de una juventud no aprovechada ni comprendida, y que se llena de matrimonios por la dependencia emocional de quien necesita a alguien a su lado, alguien a quién agarrarse para conseguir llegar donde quiere, o incluso donde teme.

Esta última parte del libro es realmente dura, donde la autora expone sin tapujos su caída a los infiernos tras una dura dependencia a las drogas, que únicamente y de manera puntual la escritura de un nuevo libro la mantienen a flote, pues la droga le obnubila y le adormece y eso es algo que no puede permitirse, porque «si mi vida se complica no podré trabajar, y cada vez soy más consciente de que lo único que me sale bien, lo único para lo que realmente tengo habilidad, es formar frases y combinaciones de palabras y escribir estrofas sencillas de cuatro versos». Así, el retrato de la vida de Tove queda completo y sometido a la dependencia que sintetiza el título de esta tercera parte: una dependencia al amor y al matrimonio, una dependencia a la escritura y una dependencia a las drogas, quizás para evadirse de una vida que no le satisface, de la que se siente ajena y poco merecedora, y en cierto punto incluso impostora. Una adicción soportada y fomentada por su propio marido que la atan a él hasta el punto de afirmar que «quiero vivir siempre así, no tengo ninguna necesidad de volver a experimentar con la realidad».

Estas páginas finales son de auténtico horror, el horror de ver cómo la vida desaparece delante de uno, aún y permaneciendo vivo. Días y noches que se mezclan, voces de hijos que apenas reconoces. Un infierno en vida que te tienta y te absorbe, y solo puedes notar su calor, intenso y eterno, y arroparte en él antes de caer en el sueño eterno en el más oscuro y solitario de los avernos.

Es de celebrar que finalmente las editoriales hayan apostado por publicar la obra de esta autora y espero que este sea el primero de muchos, pues su obra cuenta con muchos conjuntos de poemas, novelas y relatos cortos que, vista la calidad de la autora, seguro que bien valen una lectura. A pesar de que la misma nos lleve a lugares en los que nos aterra llegar, ni aunque sea momentáneamente.

También de Tove Ditlevsen en ULAD: Las caras

martes, 4 de agosto de 2020

Mads Peder Nordbo: Los crímenes del Ártico

Idioma original: danés
Título original: Pigen uden hud
Año de publicación: 2017
Traducción: Enrique Bernárdez Sanchís
Valoración: digamos que está bien


Ha habido en los últimos tiempos una cierta tendencia (no sé si incluso llegará  a considerarse como "subgénero") a situar novelas policíacas o noir en lugares de clima desapacible, cuando no directamente helador: Islandia, las islas Shetland, Laponia, Siberia-Gasteiz... En fin, en este gélido panorama, como si el frío aguijoneara de alguna manera las ansias homicidas, no podía faltar un escenario tan poco hollado, como es el de al isla de Groenlandia. Ignoro si será ésta la primera novela que lo hace, pero, en todo caso, aquí tenemos Los crímenes del Ártico, primera de una trilogía del danés Mads Peder Nordbo, para rellenar el vacío.

La novela está protagonizada por otro danés  -aun de padre noreteamericano-. el periodista Matthew Cave, que se ha trasladado a la capital groenlandesa, Nuuk, para trabajar en el periódico local, tratando de superar la consabida tragedia personal que le atormenta. Justo a tiempo, qué suerte tiene, para asistir a una serie de crímenes bastante truculentos que se suceden a partir del descubrimiento en un glaciar de una momia, quizás de época vikinga. pero también parecen viculados a otros crímenes sin resolver que tuvieron lugar en el mismo sitio cuarenta años atrás e investigados por el desaparecido policía Jakob Pedersen... Entre una cosa y otra, Matthew (y nosotros con él) conocerá mejor la cultura inuit y la Historia local, pero también a una muy peculiar groenlandesa llamada Tupaarnaq (he buscado el nombre y significa "tomillo").

No puedo contar mucho más de la novela sin destripar un poco su argumento; sí que  resulta entretenida y su estilo sin florituras fácil de leer, aunque tampoco sin causar vergüenza ajena. Por ponerle alguna pega, decir que denota alguna influencia, creo (no he leído las novelas pero sí visto las pelis) de la archiexitosa saga Millenium, de Stieg Larsson. También, que no resulta del todo verosímil que unos crímenes tan horrendos como los que aquí se narran no causen un mayor revuelo en una comunidad tan pequeña como es la ciudad de Nuuk, pero habrá que suponer que en Groenlandia la gente es especialmente dura... De todos modos, resulta ésta una opción adecuada para alejarnos de los escenarios habituales del noir, y especialmente refrescante para leer en los calurosos veranos del sur de Europa.

jueves, 25 de abril de 2019

TochoWeek III #4. Tom Kristensen: Devastación

Idioma original: danés
Título original: Hærværk
Traducción: Blanca Ortiz Ostalé
Año de publicación: 1930
Valoración: decepcionante, aunque se deja leer

No podía faltar, en esta Tochoweek, algún autor danés, pues la literatura escandinava ha dado grandes momentos de gloria a este humilde reseñista. Así que, «Devastación», con sus más de 650 páginas, me venía como anillo al dedo para recordar la importancia de su literatura y la calidad que a menudo encuentro en esos países. Bueno, eso creía.

La novela empieza con ritmo sosegado, aunque en intensidad creciente. Nos encontramos con Ole Jastrau, crítico literario y poeta venido a menos, que no se halla en su mejor momento pues sus últimas reseñas empiezan a ser criticadas y cuestionadas en el periódico donde las publica. Además, va creciendo en él un cierto hartazgo, pues el paso del tiempo va minando sus intereses no únicamente periodísticos, sino también cierto espíritu revolucionario que albergaba en su juventud. Así, ya desde el inicio, uno avista la vida cada vez más decadente y caótica que arrastra el protagonista absoluto de esta novela, y parece que la visita de un par de hombres a su casa no presagia nada bueno. Kristensen es hábil en el manejo de la atmósfera inicial, pues crea un clima in crescendo que se prevé la antesala de una combustión provocada, pues la visita será la espoleta que hará estallar la vida de Jastrau, actuando como desencadenante de un conjunto de reacciones que le llevarán a la perdición.

Con este planteamiento, el autor pone a Justrau en un momento vital crítico para él, pues sitúa la historia en las vísperas de unas elecciones que se prevén determinantes, con un trasfondo en la lucha entre capitalismo y comunismo; Kristensen nos hace partícipes de las dudas existentes en la sociedad del momento sobre ambas ideologías, nutriendo los diálogos iniciales de disputas entre ambas opciones.

En un escenario que se sitúa en una jornada de elecciones, el protagonista se ve fuertemente cuestionado por la calidad de las reseñas que publica en el periódico, así como por sus opiniones políticas. La visita recibida le genera cierto malestar, y le tientan hacia oscuros futuros vitales, pues la evasión a su angustia la encuentra en el joven visitante, quien le arrastra a locales nocturnos donde empezar su desconexión de su realidad. Este joven es el detonante de la caída del protagonista hacia un mundo inundado de bares, alcohol, en un camino que le llevará a la devastación.

De esta manera, el libro transmite las contradicciones internas de un personaje absorbido por el alcohol, y nos muestra los comportamientos erráticos, los altibajos emocionales con momentos de euforia desmedida y momentos de absoluto abatimiento y desespero, y la distancia tomada a una realidad que se le aparece solo a veces en momentos de cuerda sobriedad. Los personajes son elementos extraños y piezas añadidas que no hacen sino aumentar la incomprensión de Jastrau hacia un mundo que se le antoja cada vez más lejano, del que se distancia de él a medida que aumenta su incomprensión y su asiduidad a los bares nocturnos, en una espiral autodestructiva que se va cerrando entorno a él, un remolino que le atrae hasta el fondo de su bajeza moral y abandono de sus responsabilidades laborales y matrimoniales.

Con un estilo narrativo que emana frialdad y distancia (algo que le podría acercar a Hamsun, Strindberg o Solstad), cuesta entrar en la historia. La manera de narrar de Kristensen pone al lector en algún aprieto, pues a pesar de tratarse de una lectura ágil, es incómoda. Incómoda porque uno no entiende del todo el comportamiento de los personajes, pues la manera en la que afrontan las situaciones es algo (bastante) inverosímil. Puede, y aquí arriesgo, hubiera mejorado si la narración se hubiera hecho en primera persona, pues habríamos acompañado mejor al protagonista y su alcoholismo y caída en el vacío emocional hubieran justificado de mejor manera tales acciones. A fin de cuentas, debemos entrar en el personaje para arrastrarnos con él a su infierno interior, y no siempre es fácil “viéndolo” desde fuera.

Además de la falta de conexión con el protagonista, el libro tiene otro punto débil: el excesivo número de páginas, y más teniendo en cuenta el lento ritmo narrativo y la reiteración de situaciones. En resumen: que no avanza o avanza muy lentamente. No hay acción y tampoco un exceso de reflexiones que hagan olvidar que son más de seiscientas páginas y que algún motivo de peso deberíamos encontrar para seguir con la lectura. ¿Se puede afirmar Kristensen que escribió un libro donde se retrata la sociedad danesa de principios de siglo XX post Primera Guerra Mundial y sus preocupaciones y desánimos? Es posible, no dudo que sea así. ¿Que sus más de seiscientas páginas para hablar sobre eso, sin demostrar tampoco un exceso de profundidad en sus reflexiones, son demasiadas? Sin duda; rotundamente sí. Porque hubiera podido contar la misma historia con menos de la mitad. Porque sí hay abandono, deterioro anímico y excesos, pero también hay poco impacto, se queda bastante a medio camino y el libro contagia cansancio. Y lo peor no solo es la falta de ritmo, sino la absoluta incomprensión hacia las decisiones tomadas por el protagonista (especialmente) y sus amistades que conserva a saber por qué motivo, causándome un total distanciamiento respecto al personaje y sus circunstancias. Lo peor que le puede pasar a un lector, debo decir.

En resumen, que la historia avanza con excesiva lentitud, sin cambios de ritmo o de argumento, sin crear o tan siquiera intentar, una línea paralela que permite explorar consecuencias o daños colaterales respecto a la supuesta devastación del protagonista, y bien esta reseña hubiera podido ser una interruptus (de hecho, hubiera debido serlo visto ahora, me habría ahorrado malgastar el valioso y siempre insuficiente tiempo) pero el optimismo de este humilde reseñista, o un exceso de confianza hacia mi admirado Knausgård, quien alaba el libro, ha provocado que quien entre en un estado de devastación sea yo, por el tiempo perdido su lectura. Y encima en la Tochoweek. Ya es mala suerte.


jueves, 27 de julio de 2017

Henrik Ibsen: Juan Gabriel Borkman

Idioma original: danés
Título original: John Gabriel Borkman
Traducción: Ricardo Baeza
Año de publicación: 1.896
Valoración: Recomendable


Si no estoy equivocado, ‘Juan Gabriel Borkman’ es una de las últimas piezas teatrales de Henrik Ibsen, de quien ya hemos hablado en el blog en un par de ocasiones (ver enlaces abajo). Ibsen pasa por ser uno de los más relevantes dramaturgos de los últimos siglos, reformador del lenguaje teatral y admirado por numerosos autores, entre ellos, de forma muy destacada, por James Joyce. La obra a que me refiero no es de las más famosas del autor noruego, pero –dentro de mi muy limitado conocimiento- considero que no es para nada una obra menor.

El señor Borkman era un director de Banco –eso en la época de Ibsen debía ser muy importante, también tenía ese cargo el Thorvald de ‘Casa de muñecas’-, aunque con funciones más parecidas a lo que hoy llamaríamos un asesor financiero. Afectado por cierto grado de megalomanía, Juan Gabriel no se corta un pelo, y dilapida los ahorros de sus clientes (aunque no de todos) en lo que también hoy llamaríamos inversiones de alto riesgo. El resultado: un montón de gente que pierde hasta el último céntimo, Borkman enchironado y su familia arruinada tanto en su bolsillo como en su prestigio. Vamos, un supuesto de palpitante actualidad, con la notable diferencia de que hoy no está tan claro que el patrimonio del estafador quede afectado por el delito. Pero no nos enrollemos.

Aparte de sus actividades mercantiles, Borkman debió también decidir, años atrás, entre dos hermanas, Ela y Grunhilda. Naturalmente eligió la peor opción, la inhumana Grunhilda, que después nunca le perdonó la humillación a que les llevó el fracaso. Las dos mujeres no sólo se disputaron marido en su momento, sino que ahora pretenden atraerse al joven Erhart, pugnando la maternidad biológica de Grunhilda con la afectiva de Ela, que le tuvo a su cuidado durante años. Algo nos recuerda la dualidad que presentaba Unamuno en ‘La tía Tula’. Entretanto, Juan Gabriel lleva años viviendo completamente solo en el piso superior, rumiando su desgracia.

Todo un panorama realmente crudo en el que los personajes se disputan el derecho a defender sus sueños. Aquí reside la clave de la obra, una lucha amarga entre los tres vértices de ese triángulo, figuras cargadas de amargura y reproches que buscan un último asidero para evitar el naufragio total. Borkman –a quien se le empieza a ir la olla- sueña con el regreso a la cúspide, el éxito y el reconocimiento, un resurgir de las cenizas fundamentado en la nada. Algo similar –e igual de disparatado- es lo que anhela Grunhilda, la rehabilitación de nombre y fortuna a través de su hijo. La mujer, vieja y reconcomida por el resentimiento y los celos, tampoco atina a distinguir el deseo de la realidad. A su vez Ela, gravemente enferma, pretende llenar lo que le queda de vida con los rescoldos del viejo amor de Gabriel, que supone vivos, y con alguna forma de materialización de su maternidad siempre incompleta.

En ese mar de sueños irrealizables surge el ímpetu de Erhart. El joven es ajeno a las maquinaciones de sus mayores y muestra un alma limpia y resuelta a vivir su propia vida. Ibsen se sirve del muchacho para lo que tanto gusta al dramaturgo noruego: dinamitar las convenciones sociales de la época y poner en valor la libertad de los colectivos más alienados (jóvenes, mujeres).

Confieso que me encanta el teatro escrito, la capacidad para retratar a un personaje con sólo las palabras que pronuncia, unos pocos detalles sobre sus gestos o sus movimientos. E igualmente, el talento para poner al espectador/lector en situación, darle a conocer hechos que no ocurren en escena pero que son decisivos para entender lo que se nos cuenta. Todo ello lo hace con eficiencia Ibsen, y nos conduce así al interior de un argumento en el que nos sumergimos sin dificultad desde el principio. Nos seduce además con personajes ricos, interesantes, incluso aunque queden limitados a apariciones muy breves y casi colaterales, como la fascinante señora Wilton. Si además se ponen sobre la mesa cuestiones de calado como las que he comentado, y el autor tiene destreza para colocar unas gotas de ironía en medio de la tragedia, tenemos una muy estimable obra teatral como la que hoy tengo el gusto de comentar.

domingo, 3 de julio de 2016

Herman Bang: A un lado del camino

Idioma original: Danés
Título original: Ved Vejen
Traducción: María Pilar Lorenzo
Año de publicación: 1886
Valoración: Muy recomendable

"A un lado del camino" es, al parecer, un clásico de la literatura danesa. De hecho, es un libro de obligada lectura para los estudiantes de bachillerato. Y con razón porque estamos ante un muy buen libro, aunque es muy probable que, con 15-16 años, los chavales no sean capaces de captar todo su sentido.

Se trata de un libro, en apariencia, sencillo. Digo en apariencia porque, más allá de su breve extensión y de su trillado argumento, se trata de gran crónica de la soledad, de la monotonía de la vida y del ambiente provinciano de la época (muy conocido por el autor).

El libro cuenta la frustración de la jóven Katinka, atrapada en un matrimonio sin ilusiones, que vuelve a descubrir el amor con la llegada de Huus, nuevo administrador de una finca, a su pueblo. A diferencia de otras heroínas de la época, Katinka adopta una actitud sufriente, resignada, con fuerte complejo de culpa, y no intenta salir de esa monotonía, como si su destino fuese algo inexorable.

Alrededor de este argumento, Bang construye una reducida galería de tipos, también resignados y atrapados en sus vidas, que son tratados con fina ironía. Solo se libran de esa ironía la propia Katinka, Huus y Agnes, la hija del pastor de la comunidad. Esta Agnes es un personaje importante en la obra, ya que es el contrapunto al resto de personajes principales, por su alegría, su vitalidad y por ser realmente el único personaje que trata de escapar a su destino.

Pero más allá de los amores desgraciados, el libro nos habla de una serie de vidas que se sitúan "a un lado del camino". Vidas marcadas por la soledad, el vacío, la angustia vital, la eterna nostalgia por la pérdida del paraíso perdido de la infancia y por el inexorable paso del tiempo.

Estilísticamente, la influencia de naturalismo tan en boga en aquella época es grande. El autor es un mero observador de la vida de sus personajes. Ni los juzga ni los describe. Son ellos mismos los que con sus palabras y sus actos se van definiendo.

En la red podéis encontrar menciones al libro condiderándolo un "Madame Bovary" a la danesa, pero con la suficiente personalidad y el suficiente interés para disfrutarlo por sí mismo, sin comparaciones.

Por cierto, hay película sobre el libro, titulada "Katinka", dirigida por Max Von Sydow y con fotografía de Sven Nykvist, habitual de las películas de Ingmar Begrman. Y es que "A un lado del camino" es una novela muy "Bergmaniana".

jueves, 30 de octubre de 2014

[Libros y comida] Isak Dinesen: El festín de Babette

Idioma original: danés
Título original: Babettes Gaestebud
Año de publicación: 1952
Traducción: Francisco Torres Oliver
Valoración: se deja leer

Pero a ver: yo es que en esto de las lecturas soy la mar de anárquico. Y, si me aspan, y al margen de los tan necesarios libros de recetas, podría decir que escribir sobre comida debe ser como cantar sobre fútbol. O sea, una mezcla algo discordante de sensaciones de distinta índole, que no siempre funciona. Lo de elegir el libro fue, por cierto, una sugerencia de los jefazos de ULAD, desde su inalcanzable trono en las alturas, y yo llevaba como la mitad del libro pensando si no les había engañado la palabra en el título, y si esto era tanto un libro sobre comida como, no sé, Merienda de negros o Desayuno en Tiffanys. Pero bueno, yo estoy aquí para lo que manden. Toca Semana Gastronómica, pues aquí me tenéis. Obediente que es uno, y ya que estamos, como catalán, ya saben, aquí en Catalunya poco menos que tenemos que apartar las estrellas Michelin con los pies cuando vamos por la calle. Un agobio, de verdad.
Y otra mala preconcepción que les he de confesar: la constante mención a la condición aristocrática de Karen Blixen, la autora que usó este pseudónimo, Isak Dinesen, para publicar. Que sí, que mucho mérito que toda una señora de la nobleza se dedique a escribir, en vez de a jugar decadentes partidas de bridge, pero, republicano que es uno, a mí, que ya no tuve contemplaciones con todo un Alejandro Cao (de Benós y de no sé cuántas cosas más), me da bastante igual. Para escribir bien, aparte de leer bastante, qué más dará ser marqués que, no sé, chófer de furgoneta de reparto o neurocirujano en el paro. 
En fín, centrémonos de una vez.
El festín de Babette arranca de una manera que nos parece, casi, una fábula o un cuento de los Hermanos Grimm. Todo bien lejos de algo lujurioso. La tal Babette es llevada, en su juventud, a por un tal Monsieur Papin para que quede al cuidado de dos hermanas que viven en la austeridad más absoluta tras la muerte de una especie de pastor luterano, en una comunidad de estricta moral de profunda raigambre. La tal Babette parece tener un pasado turbio relacionado con alguna tumultuosa revuelta en su Francia natal y las hermanas que la acogen pronto se acostumbran a su buen hacer en la cocina. Un día le toca una lotería a la que lleva décadas jugando y decide premiar a la comunidad que la ha acogido con una opulenta comida que, parece, obrará maravillas en esa aburrida y conservadora gente.
Parece, sí. Me gustaría haberme enterado de qué narices tienen los manjares que les sirve (sopa de tortuga, vino y champany) que consiguen soltar a toda esa troupe de gente sencilla que, parece, acumula frustraciones que el  festín contribuye a liberar. Porque eso es, prácticamente, todo lo que pasa en este breve e insustancial novelita, de cuya edición hay que agradecer, ya que estamos, las magníficas ilustraciones de Noemí Villamuza que, ya me perdonaréis, me han parecido lo más brillante de esta poco excitante lectura.

domingo, 23 de marzo de 2014

Peter Høeg: La señorita Smila y su especial percepción de la nieve

Idioma original: danés
Título Original: Frøken Smillas fornemmelse for sne
Año de publicación: 1992
Valoración: muy recomendable

Smilla Qaaviqaaq Jaspersen es una mujer que se sale de la norma (al menos, en lo que a protagonistas de novelas se refiere): hija de una inuit groenlandesa, tras pasar parte de su infancia en el país de origen de ésta fue obligada a mudarse a Copenhague con su padre, un acaudalado médico danés. Después de escaparse e intentar regresar a Groenlandia en varias ocasiones, terminó por aceptar su destino y vivir en Dinamarca, donde salió adelante como una experta en las características físicas de la nieve y el hielo. 

Es en este punto, cuando es una mujer adulta que debido a su origen vive una relación de amor-odio con el país en el que reside, cuando ocurre un hecho que cambiará su vida: un día descubre que su vecino, el pequeño Isaías, ha caído del tejado y ha muerto. A pesar de que la policía sostiene que la muerte del niño ha sido un accidente, las circunstancias de ésta y las características de la nieve harán que Smila sospeche que en realidad se trata de un asesinato. Comenzará entonces una investigación que la llevará de vuelta a Groenlandia y a través de la cual el lector conocerá más detalles sobre su vida, sobre la vida del pequeño Isaías (hijo de una mujer alcohólica y un hombre que murió hace años en extrañas circunstancias) y, sobre todo, sobre la nieve.

A pesar de que es una novela de suspense, Høeg aprovecha para hablar de otros temas, como la historia poscolonial danesa, cómo viven los groenlandeses en Dinamarca (donde, todo hay que decirlo, no parecen ser demasiado apreciados) o la "contaminación" cultural y sociológica que los inuit sufrieron cuando los europeos llegaron a su país.

Si bien como historia de intriga La señorita Smila... es un libro de gran calidad (hay emoción, interesantes subtramas, los diferentes personajes están muy bien construidos, las pistas que deja caer el autor están debidamente dosificadas y dan la información justa...), hay varios aspectos que lo convierten en una obra realmente notable: por una parte, su protagonista, una mujer independiente, inteligente, fuerte, directa y audaz, que no se corta ante nadie y que mueve cielo y tierra para hacer lo que considera correcto. Y, por otra, sus conocimientos de la nieve y el hielo, cuyos nombres y características pueblan la novela y tienen tanta importancia en el desarrollo de la trama, que terminan por convertirse en un personaje más de la obra.

Por ese motivo, también, recomiendo leer este libro en invierno, pues sé que más de un lector interrumpirá la lectura para mirar por la ventana y pensar "¿Este tipo de nieve es tal o cual?" (sí, vale, yo lo he hecho, soy una friki). 

He descubierto de casualidad que hay una adaptación cinematográfica de este libro (Smila: Misterio en la nieve), pero no voy a ser yo quién la vea (ojo, que igual la película es buenísima, ¿eh? No lo sé), por dos razones: una, porque Julia Ormond no tiene mucha pinta de ser medio groenlandesa y dos (razón igual de subjetiva pero menos superficial que la primera): porque dudo mucho que en el film se pueda mostrar, como hace Høeg en este libro, todo lo que el invierno tiene que ofrecer.

domingo, 25 de agosto de 2013

Janne Teller: Ven

Título original: Kom
Idioma original: danés
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

Hace ya casi dos años y recién llegado de su vuelta al mundo existencial, el señor Ian Grecco publicó por aquí la reseña de Nada, la obra más famosa y aclamada de Janne Teller. Y nuestro amigo maltés dejó bien claro que el libro no le gustó nada...

Pues bien, pese a ello, yo también me leí Nada, y aunque me pareció un libro flojo, he reincidido con Teller con el libro que hoy toca: Ven. ¿El resultado? Un simple "Se deja leer", por lo que no sé si habrá Janne Teller de nuevo...

En esta ocasión, Teller cuenta, también en forma de fábula moderna y minimalista, el problema al que se enfrenta un célebre editor cuando tiene que decidir si publica o no una novela en la que se narra un terrible suceso (una violación múltiple) ocurrido realmente (contexto: guerra civil en un país africano) cuya víctima (una mujer europea) le pide que, por favor, no publique.

Y esto es el "grueso" de la cortísima novela de Teller, danesa de origen autro-germano del 64 y ex trabajadora de la ONU. Así, el editor, un hombre de éxito con una mujer pluscuamperfecta, tendrá que decidir si publica un libro que seguramente le dará muchos beneficios, pero que conlleva que deberá ignorar las súplicas de una afligida víctima que le persigue para que no lo haga y hace despertar en él una extraña atracción basada en el recuerdo de una amante pasada.

Con estos ingredientes, Teller podía haber cocinado un atractivo y sabroso plato, pero como le sucedió en Nada, la cosa queda en agua de borrajas. Y ello porque el estilo de la escritora, austero, repleto de omisiones y bastante fragmentado (que si ahora el editor piensa en todo lo bueno que le puede reportar el publicar el libro, que si ahora se da cuenta de lo atractiva que es esa mujer que tanto le molesta...), hace que la novela se convierta en uno de esos relatos largos y modernos que se pusieron de moda en algún momento del tercer milenio y que pocas veces consiguen agradarme.

Es una lástima, en fin, que esta historia de un editor y una víctima occidental del problemático clima que se respira en muchos países del continente africano, no haya sido contada con más trabajo, tesón, solidez y dedicación, especialmente, en lo concerniente a la construcción de sus personajes.

No estoy nada de acuerdo con que este libro vaya a convertirse en un "clásico", como dice alguien muy importante en su contraportada: creo que le faltan muchas horas para poder considerarse un buen libro.

También de Janne Teller en ULAD: Nada

martes, 20 de septiembre de 2011

Janne Teller: Nada

Título original: Intet
Idioma original: danés
Fecha de publicación: 2000 (en España, 2011)
Valoración: Se deja leer

Buenos días. Me llamo Ian y no hace demasiado escribía reseñas en ULAD, no sé si se acordarán. Pero un buen día lo dejé (al gual que dejé otras cosas) y me fui de viaje, un largo viaje. Pues bien, el viaje ha finalizado y hoy me adentro de nuevo en estas tierras cibernético-literarias con una reseña de un libro que me ha dejado patidifuso. Pero no me parece justo lapidarlo con un "Repugnante" porque la verdad es que se lee rápido y bien. Se trata de Nada, de la danesa con ascendencia austro-germana Janne Teller, una mujer que trabajó en la ONU como mediadora en conflictos en países en desarrollo hasta que dejó sus tareas para dedicarse a la literatura .

Pero a lo que vamos...

Nada es una novela corta que su autora escribió cuando le encargaron "algo para adolescentes", lo que en principió echó para atrás a la dama. Pero luego cambió de opinión y a raíz de una frase que se le ocurrió estilo "nada importa, en cien años todos muertos", se puso con una historia rarita-rarita pero sugerente-sugerente narrada en plan filosófico soft...

La cosa: un buen día, un chaval de catorce primaveras decide que la vida es un sinsentido lleno de tonterías y se sube a lo alto de un ciruelo dispuesto a alejarse del mundo y pasar sus horas sin hacer nada (excepto lanzar ciruelas a los que le molesten y comerse alguna que otra...). Y sus compañeros de clase, para convencerle de que en la vida sí que hay cosas importantes y para que baje de una vez el petardo de él, deciden hacer un "montón de significado" en una serrería abandonada. La idea es que cada uno de ellos entregue al montón algo que le importe mucho y que tenga un gran significado para su joven vida. Y aunque al principio la cosa no promete mucho (que si unas sandalias, que si unas trenzas cortadas...), como en el jueguecito cada uno tiene que OBLIGAR a otro a entregar algo determinado, empiezan a pedirse "cosas" impensables e intolerables humana y moralmente... Pero dejémoslo aquí, porque si cuento qué clase de "cosas" comienzan a poner las criaturitas en el montón de significado, me cargaré la savia de la obra...

Bueno, con lo que acabo de contar dejo claro que el libro está lleno de mensajes y escenas truculentas, ¿no? Sin embargo, su lectura completa me ha provocado malestar y rechazo no porque contenga crudas provocaciones ni porque supure casi todo el tiempo una desgarrada violencia difícil de soportar. No, más bien ha sido que me ha dejado la sensación de que Janne Teller, una mujer que debe de ser muy culta y que ha debido de escribir Nada con un lenguaje y una forma muy austeros para generar la atmósfera y el ritmo que deseaba, nos ha tomado el pelo.

Es que yo, personalmente, no he conseguido creerme esta fábula en la que falta coherencia dentro de la trama/metáfora que ofrece. ¿Un chaval viviendo en un ciruelo sin que nadie tome medidas drásticas? ¿Adolescentes enfadados que en vez de enfrentarse primero con tacos y exclamaciones se dedican a arrearse y derribarse y darse de leches cada dos por tres? Y sin incurrir en SPOILER, también diré que no me creo que por mucha presión que pueda ejercer el grupo en el individuo y que por muy dolorosa e intensa que sea la adolescencia, un quinceañero acepte entregar ciertas "cosas" con el único objetivo de que un pirado (que tampoco parece despertar demasiadas filias) se baje de un ciruelo. Que no, que no, Janne Teller: que no.

Está claro que la autora no quería escribir precisamente Las gemelas de Sweet Valley, pero a mí esta Nada me parece un experimento fallido. Falta coherencia, repito, y sobran varias píldoras de esa violencia tan descocada que escupe de continuo, porque quizás en Dinamarca los críos se arreen así, pero a quien firma esta reseña le parece irreal. ¿Será que la escritora está demasiado condicionada por su anterior ocupación?

Descrita por méritos propios como una novela controvertida y polémica, al poco de publicarse en Dinamarca hace más de una decena de años, Nada despertó indignación y admiración a partes iguales. Mientras que algunos colegios querían que sus alumnos la leyeran sí o sí y ciertos críticos hablaran de que Teller había tejido una obra maestra, asociaciones de padres y gentes conservadoras en general prácticamente animaban a quemar ejemplares de Nada en hogueras montadas en plazas públicas. Pero digamos que Teller ha salido bien parada y que Nada atesora más piropos que reprimendas a nivel internacional.

Muchos comparan Nada con El señor de las moscas, de William Golding, reseñada en este blog. Pero yo pienso que poco o nada tiene que ver la novela de Teller con la obra del Nobel británico, lectura obligatoria en muchos colegios de Inglaterra. Quizás la autora pretendía ser la nueva "señora de las moscas" pero su Nada me ha recordado más, qué quieren que les diga, a El club de la lucha. Versión quinceañera y nórdica, eso sí, quitando a un pobre muchacho musulmán que aparte de tener la desgracia de ser musulmán tiene un violento padre que le arrea porque cree que es un mal musulmán.

Lo dicho: violencia a tutiplén, pero eso sí, en plan filosófico y existencial.

Ciruelas, mamporros, teensión y muchas cosas para el montón. Im-presionante...

También de Janne Teller en ULADVen