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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Semana de la Poesía: Paisaje con grano de arena de Wisława Szymborska


Idioma original: polaco

Título original: Widok z ziarnkiem piasku

Año de publicación: en diversos volúmenes, entre 1957 y 1993. Como antología, 1995.

Traducción: Jerzy Sławomirski y Ana María Moix

Valoración: muy recomendable (por no decir imprescindible)

Primera antología -de cien poemas- publicada en castellano de la poeta (lo de "poetisa" ya no se lleva, me parece) polaca Wisława Szymborska, que recibiría el premio Nobel al año siguiente, en 1996. Esto, lo del premio, no tendría demasiada importancia aparte de que, hasta donde yo sé, todo el mundo coincide en que esa vez estuvo muy bien concedido... Como cabe deducir, los libros de los que se han extraído los poemas para esta selección son anteriores a la obtención del premio y en concreto se trata de Llamando al Yeti (1957), Sal (1962), ¡Qué monada! (1967), Acaso (1972), El gran número (1976), Hombres en el puente (1986) y Fin y principio (1993). Como en este blog ya han sido reseñados otros tres libros de poemas de esta autora, posteriores a esta fecha, creo que podemos considerar que, en conjunto, estamos mostrando un panorama suficientemente completo de su obra.

Imposible innovar a estas alturas sobre la maravilla que es la poesía de esta autora (si cesta reseña consigue, en todo caso, descubrírsela a quien no la conozca, me doy por más que satisfecho); en todas las críticas, reseñas y semblanzas que leáis sobre ella se destacan ciertos aspectos de su obra que no puedo sino corroborar: la atención a las pequeñas cosas -incluso humildes-: una piedra, un escarabajo muerto, una cebolla, una gota de lluvia, el prospecto de un medicamento... a los acontecimientos colaterales de aquéllos que se suele tener más en cuenta o a aspectos insólitos de la realidad -o la irrealidad- en los que no solemos pensar; el destino final de un currículum, lo que se dice en un entierro; lo que piensa un gato cuando muere su dueño, los milagros corrientes de cada día... También, que se centra en el individuo/a como eje de la experiencia con la que apreciar el mundo, pero no con una perspectiva egoísta o egocéntrica, sino profundamente humanista, como en Fin y principio o La realidad exige -sobre quien paga las consecuencias de las guerras-, o las más metafísicas Nada es regalo, Una versión de los acontecimientos, Es una gran suerte...  Por último, el rasgo más distintivo de la obra de esta gran poeta: la ironía -y el humor en su más amplia acepción-, que impregna toda su poesía, desde los poemas donde se aprecia más claramente, como en Primera fotografía de Hitler -huelga cualquier explicación-, la superpoblación del Hades en A orillas del Estigio, el gusto de los ángeles en Gags o la sorprendente Thomas Mann hasta otros en que aparece de forma más sutil (casi todas). En fin, cualquiera de los poemas recogidos en esta antología puede ser leído bajo alguna de estos prismas y todos denotan una calidad sobresaliente, aunque yo, personalmente, prefiero los escritos a partir de 1973, los que aparecen en Acaso, El gran número, Hombres en el puente y Fin y principio.

En todo caso, no es Szymborska una poeta hermética, cuyas crípticas metáforas haga falta descifrar al cabo de un aprendizaje iniciático. Al contrario y quizás ésta sea su mayor cualidad, resulta de una tremenda cercanía, de forma que si alguna de sus imágenes o referencias no nos resulta entendible, es simplemente porque no conocemos la referencia, ya sea ésta un cuadro de Brueghel o de Hiroshige Utagawa o algún escritor polaco del que por aquí no tenemos mucha idea (pero en Polonia, obviamente, sí). Su lírica, incluso en los casos en que prima la forma sobre el contenido, que también podemos encontrar alguno, se nos presenta como algo familiar, natural, reconocible como reflejo de nuestra propia experiencia y, sobre todo, de una gracia y una belleza cautivadoras. Lo mejor, sin embargo, es que os decidáis a leerla, quien no lo hay hecho antes y lo comprobéis por vosotros/as mismas.

Para finalizar la reseña, permitidme que transcriba algunos fragmentos de un poema de doña Wisława titulado El odio, que, en verdad, no es el mejor de los suyos, pero sí parece hecho ex profeso para los tiempos que vivimos (igual que lo estaba para 1993, cuando se publicó):

                                          Ved cuán activo está

                                                    y qué bien se conserva

                                                    el odio en nuestro siglo. 

                                                    Con qué ligereza salva obstáculos,

                                                    y qué fácil le resulta saltar sobre su

                                                    presa...

                                                    No es como los otros sentimientos.

                                                    Más viejo y, a la vez, más joven.

                                                    Por sí mismo genera la causa

                                                    de su despertar a la vida.

                                                    Duerme a veces, pero jamás con un

                                                    sueño eterno.

                                                    Y el insomnio no le resta fuerzas, se las

                                                    da.

                                                    (...)

                                                    ¡Qué anemia y apatía 

                                                    la de los otros sentimientos!

                                                    ¿Desde cuándo la fraternidad 

                                                    arrastra multitudes?

                                                    ¿Ha llegado alguna vez la compasión

                                                     primera a la meta?

                                                    ¿A cuántos voluntarios seduce la duda?

                                                    El odio sí seduce, ¡y cómo!, es perro

                                                    viejo.

                                                    (...)

                                                    Siempre dispuesto a nuevas tareas.

                                                    Si es necesario esperar, espera.

                                                    Dicen que es ciego. ¿Ciego?

                                                    Tiene los ojos de lince del francotirador

                                                    y mira el futuro con denuedo.

                                                    Él, sólo él.


Más libros de la gran Wisława Szymborska reseñados en este incomparable blog: Dos puntosAquíHasta aquíCorreo literario

martes, 7 de octubre de 2025

Marek Hlasko: El siguiente en el paraíso

Idioma original: Polaco
Título original: Nastepny do raju
Traducción: Fernando Otero Macías
Año de publicación: 1958
Valoración: Está muy (pero que muy) bien

El pasado verano volví a leer Nada de Carmen Laforet y da igual el tiempo que pase. Me sigue alucinando que alguien de apenas 23 años sea capaz de escribir una novela tan soberbia, tan oscura, tan turbia. 

¿A qué viene esto? Pues a que, aunque no lo parezca, El siguiente en el paraíso guarda ciertos paralelismos con Nada. Y pese a que esta no pretenda ser una reseña comparada (bastante tengo yo con tratar de montar una reseña medianamente digna) y a que también haya evidentes diferencias, creo que la de Laforet es una obra que puede servir de referencia a la hora de hablar de la obra de Hlasko. Porque:
  1. ¡Fueron escritas con apenas 23 años! Y si bien la de Laforet tiene un carácter iniciático que la de Hlasko no tiene, las dos exploran las profundidades del alma de forma más que notable.
  2. Están ambientadas apenas 5 años después de la instauración de regímenes totalitarios, aunque la crítica político y social sea algo más explícita en el caso de la novela de Hlasko.
  3. Comparten rasgos existencialistas tales como la angustia, la búsqueda de un lugar en el mundo o de un sentido a la existencia, la libertad y la responsabilidad individual frente a lo colectivo, etc.
  4. Presentan curiosas semejanzas en la dualidad "espacios cerrados u opresivos / espacios de (real o imaginada) libertad". Hablo del piso de la calle Aribau y la Universidad en el caso de Nada y de la base maderera y la ciudad en el caso de El siguiente en el paraíso.
  5. Son, en el fondo, el retrato de un mundo lúgubre, tanto en paisajes como almas.
Dicho esto, me centro en El siguiente en el paraíso, novela protagonizada por un grupo de camioneros que se encarga de un peligroso transporte de madera desde una montañosa zona del Sur de Polonia. En ese grupo se introduce un elemento extraño con la llegada a la base del comisario político y, sobre todo, de su esposa.

Es esta una novela de perdedores despreciados por el sistema. Quienes están o llegan a la base lo hacen "porque no les queda otra" y/o porque arrastran un oscuro pasado. No son otra cosa que el lumpenproletariado que pasa sus días entre partidas de cartas, borracheras y sexo ocasional, aunque siempre con una fugaz y remota esperanza en el horizonte. Son estos personajes entre patéticos y entrañables, perdidos en ninguna parte, y su evolución lo más destacado de El siguiente en el paraíso. Su desencanto - está visto que a uno le persigue la mierda toda la vida - , sus luchas, sus batallas o sus contradicciones hacen de Warszawiak, Dziebjatka o Zabawa tipos que podrían protagonizar alguna de las películas de Aki Kaurismaki. ¡Toma ya!

Por otra parte, la ubicación geográfica y temporal de la novela obligan, en cierto modo, a la presencia de una crítica social o política. Sirvan de ejemplo el ridículo instructor y sus discursos o un comisario político desengañado que actúa más por "obligación" que por otra cosa. Pero teniendo ambas un papel importante, este no llega a ser, en mi opinión, central. 

De hecho, y esto ya no sé si será cosa mía o no, pero la ambientación en una zona perdida en las montañas, esa white trash que protagoniza el texto, el peso de los diálogos y el ritmo de la prosa de Hlasko me llevan a decir que El siguiente en el paraíso tiene mucho de "novela americana", signifique eso lo que signifique. 

En resumen, novela altamente recomendable de un autor que rompe con lo que uno podría esperar de la literatura polaca de los años 50-60, que no es demasiado conocido por estos lares (Automática publicó hace años El octavo día de la semana y otra editorial con tan buen catálogo como malas prácticas publicó otra de sus novelas), pero que merece muchísimo la pena. De verdad.

jueves, 31 de julio de 2025

Jarosław Iwaszkiewicz: Madre Juana de los Ángeles

Idioma original: Polaco
Título original: Matka Joanna od Aniołósea
Traducción: Xavier Farré
Año de publicación: 1946
Valoración: Entre recomendable y está bien

1634, Francia. Uno de los procesos de brujería más conocidos, motivado tanto por intrigas de poder como por los delirios de una madre superiora, tiene lugar en Loudun. Un sacerdote llamado Grandier, acusado de ser el responsable de la posesión demoníaca de unas monjas ursulinas, termina en la hoguera.

Madre Juana de los Ángeles, del escritor polaco Jarosłas Iwaszkiewicz, se inspira en este suceso histórico. Sin embargo, al contrario que tantas otras obras literarias que hicieron lo propio (Urbain Grandier de Alejandro Dumas padre, Los demonios de Loudon de Aldous Huxley, etc...), esta novela emplea el hecho a modo de punto de partida, en vez de examinarlo analíticamente o desarrollarlo en clave de ficción.

Así pues, Grandier apenas es mencionado en Madre Juana de los Ángeles. El protagonismo recae en el padre Suryn, un devoto jesuita al que la iglesia envía a exorcisar a las monjas ursulinas del convento de Ludyn poseídas por demonios.

La situación sobrepasa a nuestro héroe, cuyos tormentos y temores religiosos se incrementan. Especialmente efectivos son los pensamientos que así lo evidencian, como éste que hallamos en las páginas 151 y 152:

La sola posibilidad de la tranquilidad que le proporcionaba la naturaleza, a pesar del viento, le pareció dolorosa y notó el brillo de las estrellas, el soplo de las nubes como si fuera un cuchillo que se le clavaba al corazón. La crueldad de la naturaleza que observaba indiferente el martirio de los corazones y mentes humanos le pareció como otra tortura diabólica más, y la mera tranquilidad como una trampa en la que acechaban las posibilidades más terribles. / «Se han dormido -pensó sobre los demonios-, se han dormido en mí, llenándome toda el alma con trozos de su carne» (...). / «Pero no se han dormido, se han transformado en el viento, en los árboles, en las nubes, para atormentarme con su indiferencia. La naturaleza eternamente feliz, salvada por principio, incapaz de sufrir la caída, y yo, destinado a los actos más grandes, a las más grandes experiencias y a la más grande comprensión, ante ella mucho más grande y potente porque puedo conocerme a mí mismo y a Dios, de repente me veo rechazado y rebajado por debajo de cualquier criatura, como un juguete de las fuerzas del mal más potentes. 

También resultan muy impactantes las escenas en que personajes o situaciones ponen en duda su fe del padre Suryn. Un ejemplo perfecto de esto sería el encuentro del atribulado protagonista con el reb Iche de Zabłudów, quien lo confunde y se mofa de él en la página 115: 

—Reverendo padre ¿viene usted a ver a un pobre rebe para preguntarle qué son los demonios? ¿Usted, padre, no lo sabe? ¿No se lo han enseñado en su teología? ¿No lo sabe, padre? ¿Tiene dudas? A lo mejor no son demonios, sino solo la falta de ángeles —volvió a reír—. El ángel que tenía madre Juana echó a volar y ahora ella se ha quedado sola consigo misma. A lo mejor es tan solo la propia naturaleza del ser humano.

La atmósfera de Madre Juana de los Ángeles está muy lograda. No sólo nos traslada exitosamente a la República de Polonia, en pleno siglo XVII, sino que imprime un pertinente tono lúgubre, ominoso y desesperanzador al conjunto. A espesar esta atmósfera y tono contribuye, por cierto, el uso de lo grotesco para describir el aspecto o comportamiento de ciertos personajes.

Los temas indagados en estas páginas se exponen con claridad, pero siempre respetando la sutileza y oblicuidad que caracteriza la buena literatura. Así, aunque se habla del mal, nunca aclara, si éste es fruto de la naturaleza humana o impuesto por los demonios al alma de sus víctimas. 

Si bien es cierto que la novela transcurre con buen pulso, no llegó a entusiasmarme en ningún momento (salvo cuando se va acercando al desenlace, donde gana enteros gracias al lirismo de ciertos pasajes y su potente clímax). No obstante, la calidad de su prosa, su atmósfera, la potencia de algunas de sus escenas, la forma en que se cierra y la complejidad de sus reflexiones dejan muy buen regusto.

Ah, Madre Juana de los Ángeles fue adaptada al cine por Jerzy Kawalerowicz en 1961, obteniendo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de ese año.

miércoles, 9 de abril de 2025

Bruno Schulz: Madurar hacia la infancia

Idioma original de los textos: Polaco
Año de publicación de este volumen: 2025
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: Muy recomendable

Madurar hacia la infancia es un volumen editado por Siruela. Compila varios textos de Bruno Schulz, así como un buen puñado de su obra gráfica. 

Entre los textos tenemos dos novelas autobiográficas (aunque en el prólogo de este volumen se las tilda de «libros de relatos», yo las consideraría novelas o, como mucho, ciclos cuentísticos): "Las tiendas de color canela" y "Sanatorio bajo la clepsidra". Ambas se cuentan entre lo mejor que tiene por ofrecernos Schulz. Las sigue "El cometa", un relato bellísimo, y material variado que incluye desde reseñas, entrevistas y posfacios hasta artículos sobre política.

Puesto que resulta difícil reseñar un libro tan ecléctico en su conjunto, diré para empezar que demuestra la versatibilidad, imaginación e inteligencia de Schulz, que evidencia por qué se considera al autor un máximo exponente de la prosa poética y que permite al lector adentrarse en un universo (no sólo literario, también gráfico; no sólo narrativo, también de corte ensayístico) único y personal.

Aunque todos los textos compilados en Madurar hacia la infancia me han parecido de una calidad indiscutible en cualquiera de sus apartados, admito que mi predilección estética me ha hecho disfrutar sobre todo aquéllos que se adscriben en la narrativa, pues permiten que el apabullante manejo del lenguaje de Schulz, así como su maravillosa imaginación, brillen con inusitada fuerza. También me han atraído sobremanera los temas barajados en ellos por el autor, que van desde las relaciones familiares (tema en el que predomina la figura entre patética y siniestra del padre, y que a su manera incluye al servicio doméstico) hasta el erotismo o el trazado de una ciudad cambiante y onírica.

No hay más que mirar cualquiera de los pasajes que componen, por ejemplo, "Las tiendas de color canela", para convencerse de ello de la calidad y lirismo de la prosa de Schulz. En el primer capítulo ya nos recibe una descripción de una plasticidad y sensibilidad inigualables que dice así: «Tras hacer la limpieza, Adela hizo aparecer la sombra sobre las habitaciones cerrando las cortinas de hilo. Entonces, los colores bajaban una octava y el cuarto se oscurecía sumido en la claridad del abismo marítimo, reflejado opacamente en los espejos verdes, y todo el color del día respiraba entre las cortinas, que ondeaban ligeramente en los sueños del mediodía.» (pg. 46)

En otro párrafo magistral engarzado en esta misma obra, localizado abriendo una página al azar, hallamos lo siguiente: «El cielo barrido por los vientos, amplio y argénteo, estaba labrado por líneas de fuerzas, tan tensadas que parecían romperse, por surcos severos, como venas petrificadas de estaño y plomo.» (pg. 131-132)

No puedo dejar de mencionar el posfacio que Schulz dedica a El proceso de Franz Kafka, donde alaba la abstracción con que la novela aborda «la intromisión de la ley en la vida del hombre»: «Kafka encontró en el idioma humano una especie de corporeidad adecuada, una clase de material sustituto para esos asuntos inalcanzables e inexpresables en el cual construye y teje hasta los detalles más menudos la estructura del asunto.» (pg. 458)

A este posfacio de Schulz le debemos otra exquisita reflexión sobre la literatura de Kafka: «Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exégesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos los lados, justificada en sí y en reposo. (...) la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.» (pg. 459)
 
Los dibujos de Schulz que cierran Madurar hacia la infancia me parecen tan prodigiosos como sus textos. Hay cierta reminiscencia de mi admirado Alfred Kubin en su factura; también ecos al erotismo prohibido presente en las niñas de Balthus, o a la sexualidad sadomasoquista de ciertos bosquejos de George Grosz.

lunes, 7 de febrero de 2022

Riszard Kapuscinski: El mundo de hoy. Autorretrato de un reportero


Idioma original: polaco

Traducción: Agata Koszelek

Año de publicación: 2004

Valoración: muy recomendable

El mundo de hoy es una edición que surge del enorme éxito que Kapuscinski obtuvo por toda su obra. Su traductora al castellano recoge extractos de sus textos (término este que, según Kapuscinski, definía a la perfección sus obras  y los agrupa en una recopilación que resulta curiosamente poliédrica: incluye, sin el detalle de sus obras completas, suficientes extractos de sus crónicas de periodista de guerra como para apreciar su precisión de testimonio presente. A la vez, incorpora no pocas de sus reflexiones a dos niveles: el personal al analizar los entresijos de su profesión, en la que percibimos su progresión en función tanto de los acontecimientos que fue cubriendo como de las circunstancias en que dicha cobertura se producía: más repercusión, mejores medios, progresivo acceso a más público, mayor tolerancia a su agudo análisis crítico. Pero paralelamente el autor polaco también usa su experiencia acumulada para pronunciarse sobre ese mundo de hoy.  

Muchos fueron los hechos que Kapuscinski tuvo ocasión de vivir, y en una época clave para la configuración de lo que es nuestro presente. Y Kapuscinski, fanático absoluto (no perderse sus ocho puntos claves para ejercer como reportero) de sus métodos, resulta ser capaz de proyectar su experiencia al siguiente nivel. Sin pretender serlo para nada, su análisis político y social resulta no solo brillante y vehemente sino incluso premonitorio de forma algo incómoda. Ya en 2003, como quien no quiere la cosa, hablaba de la enorme transformación que el mundo experimentaría como consecuencia de los enormes progresos en la electrónica, de la necesidad de la generación, superada la guerra fría, de equilibrios de bloques diferentes a los habidos (curioso que hable de Rusia y China igual que se habla hoy, con el miedo ante lo que pueda pasar en Ucrania), del enorme dominio que Estados Unidos ejercería gracias a sus literales monopolios tecnológicos (repito: 2003. Por entonces no Facebook, no smartphones.

El mundo de hoy resulta ideal tanto de introducción a Kapuscinski como de colofón y resumen de una lectura completa de ésta. Muestra su pasión por su profesión y revela a las claras que era consciente de su privilegiada posición. No hay atisbo de arrogancia ni de falsa modestia. En lo meramente literario, lo tenía muy claro. Pisaba territorio en el que pocos se habían aventurado. No tenía reparo alguno en aclarar que para el periodista la objetividad absoluta era una quimera, que sus notas eran un mero borrador desde el que recomponía sus crónicas pero que para ello a veces debía contar con testimonios casi anónimos recogidos en unos pocos minutos. Tozudo en su coherencia e influyente como pocos, leer estos textos apenas unas décadas tras su primera publicación da, igual aún más que en su momento, para sesiones de subrayado y toma de notas a mansalva. A ver si algún día se atisba un discípulo a su altura.


lunes, 15 de noviembre de 2021

Stanislaw Lem: El profesor A. Donda

Título original: Profesor A. Donda
Idioma original: Polaco
Traducción: A. Murcia y K. Moloniewicz
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable

Hace apenas un par de meses se cumplió el centenario del nacimiento de Stanislaw Lem, uno de los más conocidos autores de ciencia ficción (o, más bien, ficción especulativa) del siglo XX. Habiendo ya reseñado buena parte de sus grandes obras, optamos por este breve (e inédito en España hasta hace bien poco) "El profesor A. Donda" para rendir nuestro pequeño homenaje al autor. Y pese a que es muy probable que esta novelita / relato largo no se encuentre entre lo mejor de la obra del polaco, se trata de un texto recomendable y, hasta cierto punto, sorprendente por varias razones.

En primer lugar, porque aunque en la novelita se identifican algunos de los motivos de otras obras de Lem, "El profesor A. Donda" tiene como factor sorpresa un humor negro y absurdo, de lo más british, que no se encuentra habitualmente en este tipo de textos. Vaya, que por momentos llega a parecer un capítulo de Black Mirror pasado por la óptica de los Monty Phyton. Mención especial merece, en este punto, la descacharrante y visionaria genealogía del profesor.

Más: Porque "El  profesor A. Donda" tiene un ritmo frenético que se adapta como un guante a una narración que probablemente no se sostendría si tuviese una extensión de más de 100 páginas. Por supuesto que me hubiese gustado que algunas situaciones estuviesen más desarrolladas o que el texto ganara en extensión para hacer de algunos pasajes algo menos farragoso, pero entonces el enfoque tendría que haber sido otro y el libro sería completamente diferente. 

Otra: Porque  Lem no deja títere con cabeza. En las apenas 70 páginas del texto, el hombre reparte a diestro y siniestro: la explotación del planeta, el academicismo, la corrupción, el cientificismo en un mundo en el que el error y la casualidad tienen un peso fundamental...

Otra: Porque me encantan esas referencias, veladas o no, a "El planeta de los simios" o a "Robinson Crusoe". Cosas mías.

Más (aún): Porque se trata de un texto plenamente vigente en 2021. Si bien en algunos aspectos la realidad ha superado a la ficción, el núcleo de la acción es tan jodidamente actual que uno no puede dejar de plantearse según qué cosas (y para eso está la ficción especulativa, ¿no?).

Ahora, ¿de qué carajo va "El profesor A. Donda?. Pues, en el fondo, no deja de ser una sátira sobre los posibles efectos del abuso de la ciencia y/o el exceso de información (El desarrollo de la Cibernética es una trampa puesta por la Naturaleza a la Razón) y quizá un toque de atención para los que andamos por estos mundos de pantallitas y algoritmos (No es que haya que reajustar lo que vemos, sino cambiar el punto de vista). Eso sí, todo esto tratado de una forma mucho más gamberra de lo que acostumbra el género.

Un montón de libros de Stanislaw Lem AQUÍ

martes, 18 de mayo de 2021

Olga Tokarczuk: Sobre los huesos de los muertos

 Idioma original: polaco

Título original: Prowadź swój pług przez kości umarłych

Año de publicación: 2009

Valoración: Recomendable



Como saben, sobre Olga Tokarczuk recayó el premio Nobel de 2018 que no recibió hasta el año siguiente junto a Peter Handke, el galardonado del momento –ambos reseñados aquí–, ya que la Academia Sueca decidió hacer una pausa por entonces para resolver sus propios asuntos.

He disfrutado con esta novelita, que quizá merecería otro formato, más reducido, como el relato o la novela corta, para brillar como se merece. Primero descubrimos un personaje femenino con entidad propia que promete dar mucho juego; asimismo, el escenario en el que se mueve está lleno de posibilidades, pero hacia la segunda mitad parece que el argumento se agota, que se enrosca sobre sí mismo, que ya no da más de sí. Una impresión completamente errónea, pues poco después volvemos a sorprendernos y emocionarnos con un giro de guión que no ha sido ideado para hacer un alarde virtuoso, al contrario, sirve para completar el significado más profundo de la trama y conlleva unos cuantos interrogantes éticos. Por eso, si la autora hubiera insistido algo menos en esa vida cotidiana que ya conocíamos, ese anticlímax tan marcado no hubiera llegado a producirse.

Pero vayamos por partes. Los elementos que la componen proceden de una larga tradición, desarrollada en cualquier literatura, aunque hábilmente modificados por Tokarczuk para llevarlos a su propio terreno. En primer lugar, la protagonista constituye un hallazgo destacable. Una ingeniera, de cuyos servicios se prescindió por resultar incómoda, no sabemos por qué, y que ahora vive retirada en un territorio despoblado e inhóspito viviendo de unas clases de inglés a tiempo parcial y de alguna labor de mantenimiento. Este personaje, por lo que luego veremos, recuerda más o menos de refilón a la Miss Marple de Agatha Christie o a la Jessica Fletcher de la vieja serie Se ha escrito un crimen, que quizá alguien recuerde todavía. Con la diferencia de que esta señora tiene entidad propia, incluso muchas capas, y no es un mero instrumento para guiar las investigaciones. Si ha fijado allí su residencia, no fue por casualidad, ya que es una persona reflexiva, con una personalidad muy marcada y pensamientos dignos de atención, que se encuentra unida estrechamente a ese lugar concreto, con su fauna y su flora específicas, y sus opiniones, así como su modo de vida, en comunión con la naturaleza y dedicada obsesivamente al estudio de los astros y su repercusión en lo que ocurre acá abajo, difiere por completo del de sus vecinos, que la consideran, por decirlo suavemente, una excéntrica.

“Al mismo tiempo, deseo exhortar a la Honorable Policía a que no se cierre ante la idea de que los autores de los trágicos acontecimientos arriba mencionados puedan ser los mismos animales. (…) San Bernardo excomulgó a un enjambre de abejas que le impedía hacer un trabajo con su zumbido. Las abejas serían también las responsables de la muerte de un hombre en Worms en el año 846, por lo que el Concilio de Worms decretó la muerte de estas por asfixia. (…) En 1639, en Francia, en Dijon, un jurado condenó a un caballo por haber matado a un hombre. (…) El más famoso de los procesos se celebró en Francia, en 1521 y fue el proceso de unas ratas que causaron grandes daños en las cosechas. Fueron demandadas y citadas a juicio por los vecinos, y les fue designado un abogado de oficio que resultó ser el hábil jurista Bartholomew Chassenée. (…) Finalmente, tras un encendido alegato de su defensor, las ratas fueron declaradas inocentes. (…) Atentamente, Duszejko."

Contra lo que pueda parecer, y aunque escribe varias cartas a la policía de las cuales esta es con diferencia la más estrambótica, nuestra heroína ni es tonta ni está tan desequilibrada como dan a entender estas líneas. Es más, puedo asegurarles que sabe distinguir perfectamente entre las buenas y las malas acciones. Es verdad que, en más de una ocasión, defiende que los animales actúan movidos por propósitos concretos, pero eso, por mucho que les mueva el instinto, nadie puede negarlo. Quede claro, pues, que lo que se narra aquí es algo muy serio, nada que ver con una fábula infantil.

El territorio, desolado y cubierto de nieve durante muchos meses al año, integrado por un puñado de casas dispersas y separadas del pueblo más cercano por unos cuantos kilómetros, es el elemento típicamente novelesco que nos mantendrá en tensión al menor movimiento extraño que se produzca. También aquí, tanto literatura como cine, han encontrado un filón para desarrollar historias inquietantes. Recuerdo ahora el caserón de Otra vuelta de tuerca o el resentido pueblucho llamado Dogville. En este caso las escenas dantescas son escasas y no están descritas con detalle, pero el hecho de que vayan apareciendo cadáveres de vez en cuando, en su propia casa o a la vuelta de cualquier curva, y que la policía demuestre no tener ninguna pista no parece irrelevante en absoluto. Lo malo es que carecemos de sospechosos: los personajes que van apareciendo, siempre en relación con la señora Duszejko, son seres pacíficos, simples aficionados a la caza o a la búsqueda de setas que se ocupan de sus asuntos sin meterse con nadie. Aunque se habla insistentemente de un mafioso local con quien el comandante de la policía –también asesinado– parece haber compartido negocios.

A pesar de lo dicho, no podemos encuadrar esta novela en los géneros negro, policíaco ni nada parecido. Si tuviera que ponerle una etiqueta, la calificaría de ecologista con ciertas dosis de misterio. La propia autora milita en el partido Los Verdes desde hace más de una década. Su transcurso es tan sereno como la protagonista y sus amigos: todos ellos de costumbres pacíficas, carentes de grandes pasiones pero con afectos arraigados y algún gran ideal, causante, quizá, de cierto comportamiento fanático.


Otros libros de la autora: Un lugar llamado Antaño, Los errantes

viernes, 17 de julio de 2020

Ignacy Karpowicz: Sońka

Idioma original: polaco
Título original: Sońka
Traducción: Xavier Farré (ed. en catalán) y Francisco Javier Villaverde (ed. en castellano)
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Es evidente que, en tiempos de pandemia, una editorial pequeña puede tener grandes dificultades para conseguir situar a los ojos del lector, para tentarlo, para atraerlo, un libro de reciente aparición. La potencia de las grandes editoriales, con sus recursos y su altavoz mediático se impone, y un libro publicado un mes antes de la irrupción de la pandemia es difícil que sobresalga. Pero para eso estamos, para encontrar joyas que puede que hayan pasado injustamente desapercibidas entre el público y abrir una rendija por donde entre la curiosidad lectora.

El inicio del libro que nos ocupa es singularmente atrayente y empieza cuando Sońka, una anciana campesina de un pueblo pequeño ubicado entre Polonia y Bielorrusia, ve cómo un coche para en medio de la carretera próxima a su casa. La persona que baja del coche resulta ser Igor Grycowsky, un joven y famoso dramaturgo, quien le cuenta que se le ha estropeado el coche y no puede llamar a nadie. Sońka le ofrece hospitalidad en su pequeña casa y, mientras le da cobijo, le cuenta su vida, una vida marcada por la guerra y la tragedia, por el amor y el odio, por la incertidumbre y el desespero. Una historia que atrapa a Igor y que encuentra en ella un material inigualable para representar su vida en una obra teatral.

A partir de esta inesperada visita o fortuito encuentro, Sońka narra a Igor la relación que tuvo años atrás con un soldado alemán, en plena Segunda Guerra Mundial. Una relación apasionada, desatada, atrevida, contra los elementos que rigen la coherencia y la racionalidad, un amor por el que afirma que «nos amábamos tanto que el tiempo corría únicamente cuando estábamos juntos. Como si nosotros mismos fuéramos el tiempo. Fuera de nosotros, el tiempo no existía, nada de nada». Un enamoramiento del que recuerda que «rogaba fervorosamente (…) porque los alemanes ganaran y se quedaran allí para siempre». Una relación a escondidas, del padre, de los hermanos, de los vecinos, una relación imposible atada a una mentira que la persigue, que «se te adhiere como una telaraña, que te quita la libertad y —sobre todo— te condena a la soledad».

Estilísticamente, sorprende ya de entrada el estilo de Karpowicz, un estilo que mezcla el tono rural de Sońka, algo antiguo, rústico, de antaño, con un atrevimiento inusual que torna hacia la parte cómica, distendida y valiente de Igor. La mirada del narrador se sitúa inicialmente en el plano de quien, no únicamente contempla la escena entre divertimento y confusión, sino también en la admiración que surge del contraste entre estilos de vida y de pensamiento. Así el narrador permite sorprenderse con la propia historia narrada y contagia al lector en ese interés por saber lo que realmente ocurre entre ambos personajes, que ubica mentalmente y describe tomando consciencia de que forman parte de una obra teatral, situándolos en un escenario y adornando la historia con añadidos teatrales, tal y como describe gráficamente cuando Igor entra en casa de Sońka: «el sol se apagó, en el auditorio se fueron apagando las voces, ahora empezará el estreno, el foco central hace emerger de la oscuridad una figura encorvada». Porque este es uno de los méritos del autor y uno de sus principales atractivos: mezclar el relato de la vida de Sońka con la adaptación de su historia al terreno teatral, una recreación que sucede a la vez que la historia es contada, mezclando lo sucedido con los pensamientos de Igor al ensayar la obra. Con este atrayente planteamiento inicial, el autor consigue mezclar modernidad con antigüedad, distender tanta tragedia aportando distancia saliendo de la escena, al darnos a entender que eso ya pasó, que ocurrió años atrás, pero cautivándonos nuevamente al entrar de nuevo en la historia representada.

Partiendo de esta premisa, el autor teje una narración meta literaria, donde recrea esa historia que uno no sabe a ciencia cierta si ocurrió o es parte del proceso creativo del autor/protagonista narrador que le va añadiendo recursos dramáticos y efectistas, pero que eso es lo de menos, pues para narrar los sentimientos no hace falta que lo que ocurra sea verídico, sino únicamente que sea creíble. Las sensaciones que emanan del texto son reales, existan en este relato o en otro, viven dentro de nosotros y el autor juega con la incertidumbre de la veracidad de la historia sin dudar en ningún momento sobre la autenticidad de los sentimientos que narra. Y el autor no rehúye esa dicotomía, ese dilema narrativo, pues transmite al lector sus inquietudes de manera clara, interpelándolo, casi desafiándole siendo consciente de que todo es un teatro, como la propia vida.

Escrito con gran belleza y sensibilidad, la historia que narra Karpowicz es una historia de dolor y tragedia, de guerra y muerte, pero también de esperanza e ilusión, tal vez rota a veces o quebrantada por una realidad que insiste, obcecadamente, en incidir en la vida dejando una marca anímica imborrable, pero sí transformable, adaptable a una nueva realidad que grita a voces reclamando un espacio para crecer allí donde solo parecía haber tierra árida e infértil. Sońka acoge en su personaje el pesar de aquellos pueblos atravesados completamente por una guerra que deja atrás muertos y pesar, y que deja delante un vasto pasaje de desesperanza. Un estado de ánimo que queda patente cuando afirma que «sabía que la guerra terminaría pronto, porque ya no había gente. Había muerto. Y si no hay gente, tampoco hay guerra».

En esta obra que gana en intensidad a medida que uno avanza en la lectura y que, en ocasiones, recuerda a las tragedias de Mouawad por ese teatro lleno de fatalidades, desgarrador y pasional, un teatro que aquí se entreteje en medio del propio libro, en un acto de metaficción que pone al lector en el anfiteatro desde el que observar la vida, que incluso recuerda a Kristof, por las rurales vidas narradas, tristes y con una esperanza tenue, frágil y sumamente temporal, o también a Țîbuleac, por narrar la tragedia desde la belleza estilística. Porque ahí está la clave, en la pasión que desprende el relato, en su dureza no exenta de belleza narrativa.

Karpowicz ha escrito un texto en el que se entremezcla la narración con el teatro, la representación con la realidad, la vida con la muerte, la esperanza con la tragedia y la revisión de un pasado que no tiene fuerza suficiente para mirar al futuro; una obra que conmueve, afecta y deja un poso que solidifica en el estado anímico del lector que empatiza de manera irremediable con la obra. Dice el autor, en una escena donde Sońka llora desconsoladamente, que «en las personas hay mucha más agua que sangre». Karpowicz hace que seamos conscientes de ambas cosas, inundando con lágrimas una tragedia labrada a base de dolor y muerte.

jueves, 14 de mayo de 2020

Kornel Filipowicz: Un romance de provincias

Título original: Romans prowincjonalny
Idioma original: Polaco
Año de publicación: 1960
Traducción: Teresa Benítez
Valoración: Recomendable

“Un romance de provincias” es un libro que, pese a ser originalmente publicado en 1960, tiene tal aire a clásico que trae a la mente novelas del romanticismo del siglo XIX. Sus apenas 100 páginas se dividen en tres capítulos que vendrían a corresponder a los tradicionales planteamiento, nudo y desenlace.

Sin destripar gran cosa, el libro podría resumirse en …  Una población de provincias, a orillas de Vístula, en la que vive Elzbieta, joven (o no tanto según los cánones de la época y el lugar) de 24 años a quien su madre, enferma y viuda, pretende casar con un hombre mucho mayor: el ingeniero Soniewicz. Pero (alargad la e todo lo posible) procedente de Varsovia llega a provincias el poeta Milobrzeski. Deslumbramiento, atracción por lo desconocido, polos opuestos, campo y ciudad, mujer joven e inocente, hombre que piensa más con "salva sea la parte" que con el cerebro… Enamoramiento, encuentros sexuales, equívocos, malentendidos, habladurías y un desgraciado “accidente”.

Este argumento, a simple vista, puede parecer un dramón como esos con los que algunas cadenas de televisión nos amenizan las sobremesas de los fines de semana. Afortunadamente para los lectores, Filipowicz consigue esquivar hábilmente el previsible drama lacrimógeno y da una vuelta de tuerca a la historia. 

Porque “Un romance de provincias” es, sobre todo, una denuncia de la situación de la mujer en el mundo rural de la Polonia de posguerra. Elzbieta y el resto de protagonistas femeninas de la historia (con una pequeña excepción) aparecen atadas de forma férrea a las convenciones sociales, al miedo a salirse del guión y ser por ello estigmatizadas y Filipowicz logra registrar de forma más que convincente la tristeza y la resignación que gobierna la vida de esas mujeres. Es, además, un completo cuadro de la vida en la pequeña ciudad, con sus estrecheces económicas y “morales”. Los diferentes personajes que van apareciendo (el cura, el médico, etc) contribuyen a crear ese mundo en miniatura y a hacer que paulatinamente la sensación de asfixia vaya aumentando.

Es, por tanto, el interesante descubrimiento de un autor hasta ahora inédito en España. A ver si, con un poco de suerte, se abre la veda y nos llega algo más de Filipowicz. 

viernes, 27 de marzo de 2020

Olga Tokarczuk: Un lugar llamado Antaño

Idioma original: polaco
Título original: Prawiek i inne czasy
Traducción: Bogumiła Wyrzykowska y Ester Rabasco Macías (ed. en castellano), Anna Rubió y Jerzy Sławomirski (ed. en catalán)
Año de publicación: 1996
Valoración: recomenable

Después de la lectura de «Los errantes», tocaba realizar una exploración más a fondo de la obra de Olga Tokarczuk, tras su proclamación como ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2018. Su estilo reflexivo, fragmentado, en determinadas ocasiones incluso poético, invitaban a profundizar en la obra de la autora polaca. Y decidí emprender mi propio viaje a Antaño, un viaje a una tierra inconcreta, pero especialmente un viaje a lo largo del tiempo.

A diferencia de «Los errantes», donde la historia englobaba todo el mundo y sus protagonistas eran personas errantes que viajan por todo el planeta, aquí nos encontramos con lo opuesto. Los protagonistas están todos ubicados en Antaño, región imaginaria que podríamos situar en medio de Polonia, y quien viaja no son sus personajes, sino el tiempo, que llega, deja su marca, su huella, y sigue su camino, barriendo vidas en ocasiones, sueños en otras, y dejando a su paso dos guerras mundiales, una ocupación rusa y múltiples atrocidades e infinitas desilusiones. De hecho, su título original («Prawiek i inne czasy») podría traducirse como «Antaño y otros tiempos», título más acorde al contenido del libro y a la idea que sobrevuela la narración.

Cabe indicar, de entrada, que uno no debe sentirse abrumado por la descripción geográfica del territorio que abre el libro ni los arcángeles que lo custodian. Su incidencia en la novela es mínima. Aun así, la autora, nos marca los límites geográficos de Antaño, para ubicarnos en el escenario donde se desarrollará toda la historia, para dejarnos claro que no nos moveremos de ahí y deja un ligero poso mental de límites geográficos, de encierro, de reclusión, de sitio. Y nos sitúa también temporalmente en el inicio de la historia de manera clara: año 1914, justo en el inicio de la primera guerra mundial.

Con esta premisa, la autora parte de uno de los personajes principales, Genowefa, que ve como su marido va a la guerra antes de que pudiera decirle que esperaban un hijo. Partiendo de este acontecimiento, y con capítulos cortos y altamente fragmentados (algo que parece ser un sello estilístico en la autora), Tokarczuk ya da una primera pincelada de qué nos quiere presentar: la vida de diferentes personas del pueblo, que de manera entrelazada tejen un mosaico desde el que nos hablan de la guerra, de la espera, del infortunio, de la vida y de la muerte. Así, los diferentes personajes aparecen y desaparecen, mientras la vida sigue para unos y se detiene para otros, sumergidos en una idea global de penurias y dificultades.

El estilo de Tokarczuk nos transmite escenas cotidianas, pequeñas historias que se entrelazan en un entorno muy delimitado, donde los personajes son retratados con personalidad muy propia sin que ninguno de ellos cope el protagonismo de manera absoluta, sino que es el entorno y las relaciones entre ellos los que ocupan el núcleo central de la novela, aunque sin dejar de lado las propias historias de cada uno; leer este libro es como echar una ojeada a las vidas y a lo que ocurre en las distintas casas, con la añadidura que, a las historias de sus habitantes, se les unen las de algunos animales (como una serpiente) que también participan de manera activa en la historia y nos la cuentan desde su punto de vista; salvando las distancias, me ha recordado en este aspecto a «Canto yo y la montaña baila» de Irene Solà por la fragmentación y el relato distribuido que caracterizan ambas novelas, aunque el tono y el estilo es muy diferente.

Los episodios (muy breves en algunos casos) o fragmentos empiezan por un «Tiempo de...» porque en el fondo, ese es el propósito de la autora, narrar sobre el tiempo, sobre cómo trascurre incidiendo en la vida de unas personas con vidas sencillas, en un lugar cualquiera. En una narración que roza en ocasiones lo místico, lo religioso y lo onírico como elementos orgánicamente integrados en los propios personajes, en el propio territorio y cultura popular, y que han hecho de Tokarczuk una autora clave en el realismo mágico; el estilo de la autora es muy terrenal, muy arraigado a un paisaje y es, a partir de él, donde la narración coge forma y se expande a través de unos personajes que nacen y mueren, viven y sueñan, anhelan y sufren. Porque esta novela trata de ilusiones y desesperos, dificultades y logros, pérdidas y éxitos.

Antaño se convierte en esta novela en una tierra de paso, de tropas alemanas primero, rusas después, pero también una tierra de paso de sus habitantes, de vidas cortas y alteradas, de fugaces deseos que la realidad explosiona y difumina; Antaño es realmente una tierra de paso, pero de paso del tiempo, que deja su marca en los elementos que, de manera transitoria, coinciden en un tiempo y una tierra, transitando en el devenir de una era de guerras y penurias. Un paso casi efímero, que tal y como indica Tokarczuk en uno de los pasajes del libro «el rasgo más característico de todo aquello que vio Izydor era la temporalidad».

Por todo ello, a pesar de ser un libro algo irregular, al que cuesta entrar al principio por la narración fragmentada y por algunas historias que en principio no tienen suficiente interés más allá del potente estilo narrativo de Tokarczuk, el libro mejora a partir de su mitad, volviéndose más duro y contundente. Es en su segunda mitad donde la narración avanza de manera firme e implacable con sus personajes, pero sin perder ni un ápice de su proximidad emocional. Porque, a pesar de esa contundencia y de las desgracias narradas, Tokarczuk consigue que conectemos con los personajes, que suframos con ellos, con Misia, con Izydor, y nos encariñamos de ellos mientras somos testigos que el tiempo avanza de manera inexorable haciendo mella en sus vidas y en sus deseos, y también en la de todos nosotros.

También de Olga Tokarczuk en ULAD: Los errantes

lunes, 9 de diciembre de 2019

Sławomir Mrożek: La vida para principiantes


Idioma original: polaco
Título original: Das Leben für Anfänger (edición en alemán)
Año de publicación: 2004 (como libro)
Traducción: Joanna Albin, Jerzy Sławomirski, Anna Rubió, Bożena Zaboklicka, Francesc Miravitlles (cuentos) y Roberto Bravo de la Varga (epílogo de Jan Sidney)
Valoración: Está bien

Sławomir Mrożek, dramaturgo polaco, aunque vivió muchos años de exilio en Francia y México, escribió estos pequeños cuentos, algunos poco más largos que un chiste, a lo largo de varios años (de ahí tal cantidad de traductores, supongo), que luego fueron recopilados y publicados por una editorial de Zúrich en 2004 (de ahí el título original en alemán y no en polaco, supongo también). De hecho, el título completo contiene el epígrafe: Un diccionario intemporal, pues cada uno de estos cuentecillos
, aparte de su título correspondiente título, viene acompañado en el índice por un concepto más general o una circunstancia de la vida humana (lo que ya ignoro ni supongo es si esta idea estaba ya presente en los textos originales polacos o sólo a partir de la edición suiza); así, La entrevista se refiere al Arte, El kamikaze al Idealismo o El cigarrillo -el último y más amargo de todos los cuentos- a la Verdad.

He escrito antes "dramaturgo" porque es el término que se suele emplear para los autores teatrales y al parecer Mrożek fue, entre otras cosas, uno de los más destacados en lengua polaca (yo, ni idea...), pero hay que puntualizar que en este libro de drama, poco. O por lo menos no lo que solemos entender como tal: son cuentos llenos de humor, con una evidente vocación satírica (aunque es probable que toda sátira esconda una mirada dramática sobre el mundo). Eso no significa, no obstante, que la risa quede asegurada de forma automática; pese a que algunos, muchos, de ellos sean de lo más divertido -mis favoritos son El Nobel, El expreso nocturno o Alguien-, los más de estos cuentos mueven más que nada a la sonrisa irónica cómplice y unos -pocos- no tienen demasiada gracia... El problema quizás resida justamente en esa voluntad humorística -aunque Mrożek no se consideraba a sí mismo humorista- que hay en los cuentos desde un primer momento: cuando funciona, funciona muy bien (en el epílogo se habla de su parentesco con la obra de Ionesco o Beckett, pero yo veo más parecido con el humor absurdo de Gila, de quien probablemente este autor no tuvo la menos noticia). Pero cuando no lo hace, este humor se convierte en un lastre, y la sonrisa, en una obligación para el lector.

Los temas de los cuentos (me cuesta llamarlos relatos) se refieren también, fundamentalmente, a la absurdez de las convenciones sociales y las ideas preconcebidas. En los mejores casos, Mrożek le da la vuelta a estas convenciones presentando un punto de vista diferente desde el que enfocar la realidad; en otros, lo que hace es llevarlas a su extremo para convertirlas en -o desvelarlas como- un sinsentido. El objeto de su sátira suele ser las servidumbres del mundo moderno: la burocracia inacabable y voraz o la hipócrita apariencia de probidad... -muy divertido, en este sentido, es  Carta para Suecia-; varios de los cuentos se basan, además, en el humor negro -Rutina, El hincha, El funeral-... otros, bastantes, se pueden considerar, dada las circunstancias de la biografía de este autor, como críticas al sistema comunista y sus intríngulis, En algún caso, estas sátiras son logradas y originales, como en Hamlet, en otras, en cambio, resultan demasiado burdas. Lo mismo puede decirse de los cuentos que aluden a las reivindicaciones de la clase trabajadora -El mozo de equipajes- o a la insatisfacción revolucionaria de la juventud (en este caso, occidental, es de suponer), como en La revolución o La antigüedad. El tono de estos cuentos, me temo, pasa de ser irónico y satírico a, directamente, lo que podríamos llamar "cuñao" o incluso "pollaviejuno", por emplear alguno de los término en boga en España.... Vaya, que al bueno de Sławomir se le ve un poco el cartón.


Otras obras de Sławomir Mrożek reseñadas en Un Libro Al Día: El elefanteLa moscaLos emigrados

jueves, 21 de noviembre de 2019

Olga Tokarczuk: Los errantes

Idioma original: polaco
Título original: Bieguni
Traducción: Agata Orzeszek (ed. en castellano) / Xavier Farré (ed. en catalán)
Año de publicación: 2007
Valoración: bastante recomendable (con matices)

Antes de empezar esta novela, uno debe despojarse de ciertos corsés mentales en los que, en ocasiones, nos auto embutimos al entrar en un nuevo libro. Es habitual comenzar un texto queriendo encontrar un hilo argumental, una estructura definida, unos personajes recurrentes que faciliten la continuidad narrativa, pero en este caso no es así y hay que celebrarlo, pues existen pocas ocasiones en las que un libro exija que abramos la mente e iniciemos la obra sin ideas preconcebidas, partiendo de cero, desde la inocencia de quién desea, simplemente, gozar de la calidad de un texto. Y Olga Tokarczuk lo consigue en gran medida en este libro, a pesar de no ser una obra para un público amplio.

«Los errantes» es un libro de género difícilmente clasificable, a caballo entre ensayo, libro de viajes, conjunto de relatos y novela, y al que hay que aventurarse con la mente abierta, pues cuando el argumento del libro es prácticamente inexistente y consiste en una fina línea que no une, pero sí pone un marco referencial a pequeñas historias, es importante estar receptivo y centrarse en disfrutar del potente estilo narrativo. Así que, dejad de lado prejuicios y expectativas, no esperéis una historia única sino un conjunto de ellas en apariencia inconexas, pero plasmadas con una innegable coherencia conceptual; olvidaos del argumento y, de esta manera, desnudos ante un texto que se presenta profusamente desestructurado, aventuraos a disfrutar sin ataduras ni complejos de la lectura de este libro buscando principalmente el deleite en cada uno de sus relatos o reflexiones.

Con las altas expectativas propias de quien comienza la lectura sabiendo que la autora de esta obra ha sido galardonada con el último Premio Nobel de literatura, uno espera potencia narrativa y pocas páginas bastan para percatarse de la intensidad que imprime la autora. De narración fragmentada, ya el primer relato sirve perfectamente para calibrar el estilo de Tokarczuk, quién sitúa la protagonista en una extraña tierra de nadie, una espectadora distante de una realidad que uno vislumbra fría, solitaria y algo sombría. Y este estilo se mantiene a lo largo de la novela, y en ocasiones se agudiza. La prosa de la autora es brillante, intensa por reflexiva, emocional por poética, pero en ocasiones parca y seca, casi aséptica. El lector permanece expectante, en estado de alerta aguardando a que algo estalle, y la autora sabe cómo mantener esa tensión narrativa a la vez que mantiene una prosa de precisa meticulosidad y rica en matices. En esta apertura a la obra nos percatamos del estilo y de un tenso ambiente narrativo que encuentra su reflejo en el lector, inquieto ante la dificultad de ver en él algún tipo de continuidad argumental; no la busquéis, no la hay ni se espera que la haya. Y, es más, el lector no debe intentar encontrarla ni obsesionarse con ella.

Argumentalmente, la novela que ha escrito Tokarczuk es un mapa anatómico y anímico de la vida, de su inconsistencia y vacuidad, de su inexorable temporalidad y prácticamente absoluta inexistente incidencia. No hay vidas que repercutan en algo mayúsculo, sino pequeñas gotas de realidad que se filtran por las capas finas del avance de unas vidas que juntas conforman un presente que no se sabe hacia donde será conducido. Así, como en un viaje onírico de historias fragmentadas y episodios en apariencia inconexos, abriendo el abanico en los sucesivos relatos, la autora nos habla de trenes, museos y aeropuertos; de albergues y lugares ocupados por personas en tránsito continuo, un tránsito físico y emocional, deambulando a veces sin rumbo fijo, y la autora nos transmite esa angustia casi nihilista, de ciudadanos despojados de orígenes y raíces, como en un transitar vital sin principio ni fin por el cuerpo del mundo.

De amplio espectro argumental, esta novela se sustenta en la temporalidad de las vidas de cada uno, retratados como almas errantes, como en una estación de paso de aquellos trenes que aparecen puntualmente en la novela, donde la vida no tiene origen ni destino, donde parece no haber pasado ni presente y, si lo hay, no parece tener cabida en su propia vida. Porque la novela nos habla de mapas e islas, de trenes y bares, de aeropuertos y sitios encerrados como unas vidas sin expectativas, casi inamovibles, delimitadas y limitadas por un pesar que lastra sus próximos movimientos, como si de tendones se tratara, siempre en tensión, siempre intentando devolvernos a la condición original. Tokarczuk observa las vidas, a través de la distancia de la soledad de un hotel, a través de innumerables ventanas que de noche muestran fragmentos de vida desnuda tras inexistentes cortinas. Y en esos análisis exhaustivos también del cuerpo humano, de las costumbres, de la lengua o el tiempo y los espacios, nos sitúa en un escenario móvil y cambiante que muestra de manera inexorable los diferentes rasgos y apariencias de la vida. De esta manera, durante las aproximadamente cuatrocientas páginas de relato, asistimos a un desfile de variopintos personajes, disecadores, fotógrafos, científicos, escritores, emperadores, zares, religiosos, que narran historias relacionadas con el cuerpo, con las personas, con los viajes. Toda la narración está envuelta de un sentido global en el aspecto temporal pero también en el geográfico y, en su carácter efímero y cambiante, nos hace partícipes de una visión grande del mundo y pequeña del ser humano, por su insignificancia, por su caducidad, por ser importantes sólo en el ahora y el aquí.

Como en toda novela de relatos, o fragmentos, o ideas, o como podamos etiquetar esta obra, el texto que nos ocupa es irregular, pues asistimos a disgregaciones anatómicas de relativo interés, pero también a profundos análisis y reflexiones sobre el tiempo y el lugar. Y faltaría a la verdad si no dijera que, en ocasiones, se hace algo cuesta arriba, pues la ausencia de hilo argumental tienta a alternar con otras lecturas y, superado ya el ecuador del libro, uno empieza a temer que tal vez su extensión sea excesiva. Y me explico: cierto es que la narración es detallada y rica, pero la fragmentación y la poca conexión entre historias (más allá de la idea supra narrativa que engloba todo el libro de manera conceptual y la repetición en diferentes capítulos de algunos personajes centrales) uno encuentra que es algo desmesurada. Es por ello que no es un libro apto para todos los lectores y de ahí el matiz en la recomendación, pues su estructura, su minuciosidad descriptiva en ocasiones casi obsesiva y sus excesos puntuales pueden alejar a cierto público poco acostumbrado a la novela experimental.

En resumen, una novela interesante en planteamiento y reflexiones, con fragmentos de muy alta calidad, donde Tokarczuk expone la visión del mundo y sus habitantes, donde nos transmite la concepción del mismo como un cuerpo, con las personas recorriendo sus caminos trazando infinitud de vías arteriales en un viaje en tránsito continuo e interminable. Y en este aspecto se comprende la complejidad de la traducción del título original en polaco, pues su interpretación no es única; así se entiende que se haya traducido como «Flights» (Vuelos) en inglés, «Cos» (Cuerpo) en catalán o «Los errantes» en castellano, todas ellas traducciones acertadas, pues todos somos personas errantes que viajamos por el cuerpo del planeta, seres de una infinitesimal importancia e incidencia en la vida de un mundo que a veces nos parece lejano y extraño, pero que recorremos de manera inexorable e incesante buscando, tal vez, aquello que dé sentido a nuestras vidas. Recorremos el cuerpo del mundo buscando aquellas vías respiratorias que insuflen ese aliento que a veces necesitamos para transitar por nuevos caminos y trazarlos, y en ese viaje vital, nos encontramos perdidos, desorientados, solitarios en nuestra búsqueda, pero no solos. En esta aventura plagada de almas errantes nos encontramos todos, aunque a veces no seamos conscientes de ello.

También de Olga Tokarczuk en ULAD: Un lugar llamado Antaño

miércoles, 29 de agosto de 2018

Wisława Szymborska: Correo literario

Idioma original: polaco
Título original: Poczta lieracka, czyli jak zostać (lub nie zostać) pisarzem
Año de publicación: entre 1969 y 1981 en el semanario Vida literaria
Traducción: Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz
Valoración: más que recomendable (sobre todo para poetas primerizos y cuentistas dubitativos)

¡Hay que ver cómo se las gastaba doña Wisława, a pesar de este aspecto de amable señora que se ve en la cubierta del libro (en las fotos suyas de más joven ya se le ve ese aspecto amable y bondadoso, hay que señalar): disparaba con una puntería digna de admiración! Tiraba, eso sí, a veces con bala lobera, pero las más con cartucho de sal gorda, de esos que escuecen horrores en el trasero (eso dicen) pero no causan heridas de consideración. Porque este libro, he de aclarar, está compuesto por un un fuego graneado contra la ilusión, a lo largo de 236 respuestas, una ducha helada ininterrumpida sobre decenas de aspirantes a escritores -casi todos, poetas en ciernes- que enviaron sus escritos a la publicación  de Cracovia-Katowice Vida literaria con la esperanza de ver reconocido su talento y fueron contestados por Szymborska y su compañero Wladzimierz Maciąg -aunque en este libro se recogen sólo las respuestas de la premio Nobel-, de forma intachablemente educada, pero también con una absoluta inclemencia por su parte.

Para disfrute, por suerte, de sus lectores posteriores, que podemos refocilarnos con la ironía, la falsa ingenuidad y las indirectas -o las muy directas- que Szymborska desplegaba ante los incautos que se atrevían a enviar sus poemitas o cuentos a esta publicación literaria y que ella juzgaba insuficientes, inadecuados o impresentables. Claro, que también había gente que le echaba un morro digno de mejor causa y enviaba poemas muy conocidos o capítulos de novelas famosas, alterando, como mucho, los nombres de los personajes, a ver si colaba (de todo tiene que haber en la viña del Señor...). El libro también incluye, por cierto, algunos comentarios sobre obras de autores/as más conocidos (es de suponer) para el lector/a actual no polaco.

La ironía, ya digo -rara vez cae en el sarcasmo más crudo, aunque también-, es la nota dominante de todas estas respuestas del Correo literario, pero no sólo. Porque el  título del libro se completa con un Cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor; en efecto entre crítica y desengaño, entre arponazo y jarro de agua fría, es más que posible espigar un montón de buenos consejos sobre literatura para aquellos aspirantes a escritores lo suficientemente espabilados (o lo suficientemente humildes) para recoger y aprovechar tales consejos. Consejos muy inteligentes sobre cómo encontrar el tono adecuado, utilizar el lenguaje apropiado a ese tono, buscar los temas que el escritor en ciernes pueda dominar, huyendo de los excesos grandilocuentes, pero también de la ramplonería y aún la mediocridad. Aprender a tener una mirada sobre lo cotidiano que les descubra lo extraordinario que se encuentra a su alrededor, todo aquello que sea susceptible de  convertirse en literatura (de la buena, se entiende?. Vamos, más o menos lo que se puede aprender también leyendo la poesía de la propia Szymborska, sólo que contado con no poca gracia  y mucha, mucha humanidad. Aliñada con zumo de limón, de acuerdo, que le da un punto ácido, pero aún más refrescante...

Por último, he decir que me encantaría poder dedicar un comentario a cada una de las respuestas que da Szymborska, pero es imposible. Así pues, me limitaré a dejar una breve muestra de las mismas, para que vayáis abriendo boca:

"Marek de Varsovia: Tenemos un principio. Todos los poemas sobre la primavera quedan descalificados automáticamente. Es un tema que ha dejado de existir en la poesía. En la vida sigue existiendo, claro. Pero son dos cosas distintas".

"P. G. Kr., Varsovia: Es fundamental cambiar de bolígrafo. El que usted usa comete muchas faltas. Seguro que es extranjero."

" Welur, Chelm: "Dígame si mi prosa revela talento." Sí, revela. Pero por suerte para usted todavía sin consecuencias penales".



Otros títulos de doña Wisława reseñados en Un Libro Al Día: Dos puntosAquíHasta aquí