miércoles, 16 de septiembre de 2026
Olaf Stapledon: La última y la primera humanidad
lunes, 21 de noviembre de 2022
Iván Reguera: El hombre que podía hacer milagros
Valoración: Entretenido (y especialmente recomendable para amantes del cine de finales de los 60 y primeros 70)
Si hace unos días traíamos a este espacio "El Padrino", la novela que dio origen a dos de las mejores películas de la Historia del Cine, la reseña de hoy está dedicada a "El hombre que podía hacer milagros", texto que recrea el antes, el durante y el después de la primera entrega de la saga de Coppola.
A efectos de etiquetas o clasificaciones, al inicial y previsible ensayo ha de agregarse el matiz, confesado por el propio autor, de que el libro se basa en hechos y personajes reales, si bien algunos sucesos, personajes y diálogos son inventados. Por tanto, ensayo novelado podría ser una aproximación más correcta. En cualquier caso, le pongamos al texto la etiqueta que le pongamos, lo importante es que "El hombre que podía hacer milagros" es un libro entretenido e interesante.
Es interesante porque, en realidad, es un texto mucho más amplio que una simple "historia de El Padrino". Así, creo que la principal lectura del libro es la relacionada con la historia del cine de la época y las luchas de poder que tuvieron lugar a finales de los 60 y primeros 70, momento en el que nuevos directores (Coppola, Friedkin, Bogdanovich, G. Lucas, Polanski,...) buscan formas de hacer cine que rompan con los rígidos esquemas de las grandes productoras que dominan el mundillo. La eterna lucha de lo viejo y lo nuevo, la batalla por el control, la dicotomía arte / taquilla o artista / industria, etc y cómo estas afectan a la preparación y rodaje de la película aparecen muy bien reflejadas en el libro y constituyen, en mi opinión, su aspecto más destacable.
Además, y en términos generales, es un texto entretenido. El interés narrativo se mantiene a lo largo del libro gracias a unos personajes (Coppola, Brando, Evans, Puzo...) con unas biografías que por sí solas podrían ocupar muchas más páginas y a unas situaciones que casi lo acercan a la novela de intriga / misterio.
Pese a ese innegable carácter interesante y entretenido del texto, hay un par de cosas que no me acaban de convencer. Una es el exceso de personajes secundarios que quizá no sean tan fundamentales para la intrahistoria de la película y que hacen que uno se pierda por momentos; la otra es un excesivo peso de la trama gangsteril. Hablamos de El Padrino y de la Mafia, la cual extendía sus tentáculos por todas partes, pero creo que esta parte está sobrerrepresentada en el texto.
No obstante los dos últimos apuntes, confieso que lo he pasado de maravilla leyendo "El hombre que podía hacer milagros". ¡Coño, que he leído sus 320 páginas en apenas 4 días! Además, no todo va a ser "alta literatura", ¿no?
jueves, 30 de junio de 2022
Hans Magnus Enzensberger: Josefine y yo
Título original: Josefine und ich
Año de publicación: 2006
Valoración: Recomendable
Si solo te interesan los relatos repletos de emoción, las locas aventuras y las experiencias extraordinarias es probable que esta novela se te caiga de las manos, pues lo que vas a encontrar es la vida misma reflejada de forma convincente y a unos personajes comunes y corrientes, con las vulgaridades y extravagancias que todos tenemos. Claro que haber captado ciertos rasgos en la gente, crear una personalidad o varias basándose en ellos y reflejarla de forma convincente revela auténtico talento, y después de cerrar el libro dan ganas de conocer al autor. Debe ser un tipo peculiar, muy agudo, buen conversador y con una gran mochila a sus espaldas. Y lo demuestra abarcando todos los géneros, con ese sorprendente conocimiento de la cultura española que le valió el premio Príncipe de Asturias y, sin ir más lejos, con esta novela y con otras reseñadas en Un libro al día.
Presentaré a los personajes. Josefine fue cantante de cierta fama en otro tiempo, ahora es una anciana que vive recluida en su gran mansión en decadencia acompañada de su fiel servidora, con sus manías, sus delirios de grandeza, pero también su legítimo orgullo, su aguda inteligencia, su ironía sin par y una curiosa habilidad para sembrar sus conversaciones de trampas dialécticas, de modo que Joachim, el Yo del título, para ella un bisoño de apenas treinta años, temerariamente asume el papel que le corresponde en ese entrañable juego del ratón y la gata. Tras un primer encuentro completamente casual, ella le atrapa con su mundología y termina visitándola semanalmente, cada vez más intrigado, cada vez más atraído por las veladas de su anfitriona, siempre empeñado en salir vencedor de unas polémicas arteramente amañadas por ella, que sin ahorrarse demagogias se divierte jugando a llevarle la contraria y cuando se le muestran sus contradicciones se niega a seguir debatiendo. Pero no es oro todo lo que reluce.
Joachim registra en su diario los encuentros y así esos recuerdos tan pormenorizados resultan verosímiles. Se ha dicho que esta novela es una forma de exteriorizar las ideas menos populares del autor en su momento sin confesar que son de su cosecha. Los asuntos que tratan son variados, en un panorama histórico-social como el de los meses que siguieron a la caída del muro de Berlín, no puede faltar la política, las cuestiones sociales ni los planteamientos éticos, pero también la religión, la moda, las costumbres modernas y hasta el futbol. A medida que conoce a Josefine, el narrador se va interesando cada vez más por su auténtica personalidad y se esfuerza por arrancarle esa máscara de diva que se coloca cada vez que la visita. Gracias a su empeño –tras el que vemos la indiscutible habilidad de Enzensberger– los tres personajes, pues Fryda adquiere cada vez mayor protagonismo, se van humanizando, se vuelven más comprensibles para el lector, más complejos, más llenos de matices. Pero como la vida nunca se detiene siempre hay un momento en que hemos de prescindir hasta de las rutinas más arraigadas. Así que, quince años después de los hechos y haciendo arqueología doméstica, el narrador encuentra esos cuadernos olvidados hace mucho y se enfrenta con un pasado en el que ya no se reconoce. Y es que, como ocurre en la vida real, sin casi darse cuenta se ha convertido en otra persona y el reencuentro con la anterior le ayuda a conocerse mejor y a recuperar algo valioso que había perdido o estaba a punto de hacerlo.
Otras obras del autor: Aquí
lunes, 22 de marzo de 2021
Jesús Fernández Santos: Libro de las memorias de las cosas
Año de publicación: 1970
Valoración: Bastante recomendable
Paso la última de las 499 páginas (incluyendo ciento y pico con una de las exhaustivas y terribles introducciones de Cátedra, de la que luego hablaré) con la sensación de haber leído un muy buen libro, al que habrá que ponerle algunos matices. Diría más, un gran libro, un trabajo admirable lo mires por donde lo mires, serio, concienzudo, técnicamente quizá perfecto. Empezando por el hermosísimo título tomado del Libro de Esther, con ese plural algo disonante que transmite una especie de ligera inquietud. Siguiendo por el tema, algo bastante insólito en la literatura castellana, las vicisitudes de una comunidad protestante asentada en un pequeño pueblo de León.
Centrémonos ahí, de momento. Los evangélicos –protestantes, así, grosso modo- forman en España un colectivo minúsculo promovido sobre todo por algunos ingleses llegados por distintos motivos. La mayoría se ubican en las grandes ciudades pero en zonas rurales hay pequeños grupúsculos que funcionan de forma independiente, a veces una sola familia o algún individuo aislado que mantiene sus creencias contra viento y marea. Los que describe Fernández Santos se encuentran desde finales del siglo XIX en algún lugar de León, un pequeño pueblo en el que se puede uno imaginar que la cosa no pinta fácil. La omnipresente Iglesia católica (´los romanos’) impregna la vida social de arriba abajo, y los vecinos observan a los Hermanos con recelo y hasta cierto miedo (Delibes escribió El hereje muchos años más tarde, con un enfoque bastante distinto). De manera que la sensación más patente y, con el tiempo, más angustiosa, es la del aislamiento de ese puñado de fieles, que es como una isla dentro del pueblo, en una doble dirección: porque nadie les quiere cerca, y porque ellos tampoco quieren contacto con ‘los del mundo’. Gente cuya vida transcurre entre la oración, las reuniones y severas costumbres donde domina el conservadurismo más estricto.
Aunque no de forma lineal, el ámbito temporal del relato abarca desde la creación de esa comunidad hasta la misma fecha de publicación del libro, es decir, casi un siglo, durante el cual el grupo tiene ciertos momentos de alivio (la entrevista con Cánovas para levantar la capilla, la República), aunque lo normal será vivir bajo todo tipo de cortapisas legales y sociales, especialmente durante el franquismo. Una ligera apertura llega con la Ley de Asociaciones, creo que de 1964, aunque la tendencia a la atomización, las desavenencias entre diversas ramas (sobre todo, con los Testigos) y el rechazo a verse ‘laicizados’ impiden prácticamente cualquier progreso real. La comunidad continúa aislada, enroscada sobre sí misma, también afectada por la creciente indiferencia que el entorno muestra hacia cualquier tipo de religión. La sociedad cambia, camina hacia la secularización, y los Hermanos parecen cada vez más encerrados en su círculo.
Esa sensación de asfixia, muy bien transmitida a través de los personajes, la atmósfera oscura, el agotamiento de una fe que parece consumirse en sí misma, genera grietas dolorosas entre los miembros de la comunidad, que apenas asoman al exterior se ven tentados por ese mundo cada vez más libre de las ataduras de normas estrictas y perímetros insuperables. Por ahí, entre dudas existenciales y la tragedia de abandonar lo aprendido y vivido, se va fraguando el hundimiento de aquellas ilusiones iniciales y el camino inexorable hacia su extinción.
El libro podría caber sin problema en el hoy denostado concepto de novela histórica, pero creo que va un paso más allá. Es más bien una recreación, basada con mucho rigor en personajes y localizaciones reales (lo explica con detalle la introducción), pero por la profundidad que alcanza en el análisis yo diría que es más bien un ensayo novelado, un auténtico tratado sobre la evolución y circunstancias de estos grupos evangélicos en la España de finales del siglo XIX hasta los años 70 del XX. Solo el último tramo del relato adquiere un tono decididamente narrativo y la ficción termina prevaleciendo.
Decía al principio que me parece un muy buen libro. Desde el punto de vista literario, se ve un relato muy trabajado, con un subtexto cuajado de metáforas (siempre el páramo, la tapia, los muros, el aislamiento desde dentro y desde fuera, el invierno que debilita la fe), pluralidad de puntos de vista (monólogos de distintos personajes, el relato de un reportero, cartas y documentos) y una sucesión de secuencias, con saltos temporales y de localización muy medidos, de aspecto claramente cinematográfico. En definitiva, una estructura a la que se pueden poner muy pocas pegas como no sea una prosa a veces algo abrupta que contrasta con una indudable capacidad descriptiva.
Y los matices. Pues con todo esto, reconozco que el libro se me ha hecho bastante largo. Puede que sea el ritmo algo moroso, quizá algo anticuado, donde pesa demasiado la voluntad de tocar todos los temas y entrar en todos los detalles. Tal vez uno se ha acostumbrado a un tipo de relato más dinámico, que haga sentir el avance de la narración, y el Libro de las memorias…, salvo en su parte final, no termina de coger el paso, y eso a pesar de la naturalidad con que la acción se mueve de una secuencia a otra, con cambios de perspectiva, de voz y de época. Todo parece insuficiente para transmitir vigor a la lectura, de manera que, aunque esa atmósfera pesada y aplastante puede acompañar muy adecuadamente al cuerpo de la narración (la soledad, la endogamia, el sometimiento a normas posiblemente castrantes), el libro se puede indigestar a un lector poco habituado a (o poco amigo de) páginas que pasan muy lentamente.
ATENCIÓN: Si se decide usted por esta edición de Cátedra debe tener muy en cuenta algunas cosas. La introducción, como apunté al principio, reúne todas las características propias de estas ediciones: más de cien páginas con todo tipo de datos sobre el objeto del relato, historia de estas colectividades protestantes, paralelismo con los personajes reales, análisis pormenorizado de cada detalle del libro. Es interesante leerlo para ponerse en situación. Pero, como también es marca de la casa, el relato cuenta con numerosas notas a pie de página. En general me parecen prescindibles, pero sobre todo, deje usted de leerlas cuando falten unas cien páginas para el final. HAY VARIOS ESPOILERS INTOLERABLES (y además repetidos) que echan por tierra lo más llamativo del desenlace. No entiendo qué editor puede pasar por semejante disparate.
También de Jesús Fernández Santos en ULAD: Extramuros
domingo, 8 de noviembre de 2020
Zoom: La guerra de los pobres, de Éric Vuillard
Título original: La guerre des pauvres
Año de publicación: 2019
Traducción: Javier Albiñana Serain
viernes, 4 de septiembre de 2020
Svetislav Basara: El ángel del atentado
“Jamás el arte ha tenido mejor mecenas y custodio. La Kunstkammer de Rodolfo era una fortaleza inexpugnable a la cual solo tenían acceso unos pocos elegidos. Y en muy contadas ocasiones además. ¡Solo para las grandes celebraciones! Al establecer un cordón sanitario en torno a su biblioteca y su colección artística, Rodolfo II mantenía el arte alejado de la plebe. Y por eso al arte y a la plebe les ha ido tan bien. El arte no es para todos, Berchtold, y la cultura es una espalda de mil filos.”





