miércoles, 8 de julio de 2026

António Lobo Antunes: El orden natural de las cosas

Idioma original: portugués 
Título original: A ordem natural das coisas
Traductor: Mario Merlino  
Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable
 
Este año murió, antes de tener la oportunidad de ganar un Premio Nobel que habría sido muy merecido, António Lobo Antunes, el otro gran escritor portugués de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (creo que no hace falta decir cuál es el uno). Deja una obra inmensa, compuesta fundamentalmente por un corpus de novelas, prácticamente a un ritmo de una por año desde mediados de los años 80, que crean un panorama y un diagnóstico (al fin y al cabo, Lobo Antunes era médico) del Portugal anterior y posterior a la Revolución de los Claveles de 1974. 
 
A este propósito responde precisamente El orden natural de las cosas (1992), que junto con el Tratado de las pasiones del alma (1990) y La muerte de Carlos Gardel (1994) compone lo que se ha llamado la trilogía o ciclo de Lisboa. En efecto, la compleja y ramificada narrativa de esta novela nos presenta las vidas de un conjunto de personajes, desde mediados del siglo XX, en pleno Estado Novo (el régimen autocrático dirigido durante décadas por Salazar) hasta poco después de la llegada de la democracia. 
 
No será fácil para el lector conseguir entender exactamente quiénes son estos personajes; las cosas en las novelas de Lobo Antunes casi nunca son fáciles. Serán necesarias probablemente dos lecturas del texto, o un bloc de notas y un bolígrafo, para conseguir reconstruir el árbol genealógico de la obra - porque, como en otras novelas de Lobo Antunes, en el centro de la trama se encuentra una familia, los Valadas, un conjunto de "vencidos por la vida": el padre, que representa la figura patriarcal tan típica de la obra loboantunesiana, y sus hijos, Jorge (militar acusado de conspirar contra el Estado Novo y encarcelado y torturado por ello); Fernando, el "estúpido" de la familia; o Julieta, la hija loca encerrada en casa que respondería al tópico de la madwoman in the attic (a pesar de lo cual se queda embarazada del hijo de la costurera). A ellos se unen las tías Maria Teresa y Anita; la familia de Iolanda, una chiquilla diabética que se empareja con el sobrino bastardo de los Valadas, varias décadas mayor que ella, o también un misterioso escritor sin nombre que contrata a una especie de detective privado, ex-agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) y actualmente formador de hipnotistas, para que encuentre, por motivos no demasiado claros, precisamente a este sobrino.
 
Solo este breve resumen ya podrá dar idea de la complejidad de la novela; ¡pero no se vayan todavía, aún hay más! (Si has entendido esta referencia, es hora de que te compres unas gafas de cerca). Porque esta novela, como también muchas otras del autor, es una obra polifónica; de hecho, cada uno de los cinco "libros" que la componen está narrada por no una sino dos voces diferentes, que el lector deberá identificar por su cuenta y riesgo - diez narradores en total. Y no solo eso: como es también marca de la casa para Lobo Antunes, cada una de estas voces está a su vez traspasada por otras voces: las de las personas con las que los narradores interactúan o dialogan, y también las voces que provienen de la memoria, a veces traumática, a veces consoladora, y muchas veces convertida en estribillo obsesivo. La memoria, y sobre todo la memoria de la infancia, es siempre un fantasma recurrente en la vida de los personajes, como un refugio al que querrían volver y no pueden. (En este sentido, Sobre los ríos que van sería la cristalización máxima de este eterno retorno a la infancia de un Lobo Antunes ya crepuscular).
 
La novela presenta, por lo tanto, desordenada y retrospectivamente, la vida de varias generaciones de una familia (o dos, si incluimos a la familia de Iolanda), atravesada por la historia reciente de Portugal: la guerra colonial, la descolonización, la represión del régimen salazarista, la revolución o la llegada de la democracia; pero a diferencia de otros textos, en esta novela la historia es apenas un trasfondo y no un núcleo, y cabría decir que su lugar lo ocupa el espacio: la ciudad de Lisboa. Es de hecho una novela extremadamente cartográfica, en la que abundan los topónimos y los espacios simbólicos; pero con raras excepciones, no se tratará de los espacios "turísticos" de Lisboa, sino de espacios periféricos (la "Estrada do Tojal", en la Benfica tan querida por Lobo Antunes pero ya cerca de los límites de la ciudad, o la proletaria Alcántara) o degradados (como el eje Rua Madalena - Martim Moniz - Rua Benformoso - Almirante Reis, con sus tascas y sus pensiones, sus restaurantes y su prostitución). Se trata por lo tanto de una Lisboa en la que estos "vencidos por la vida" encajan y transportan sus respectivas soledades entrelazadas; y en la que diversas violencias, dirigidas en muchos casos contra los más vulnerables (migrantes, prostitutas, enfermos mentales o físicos...) son retratadas en toda su crudeza.
 
Probablemente una novela con estos elementos sería demasiado pesada y agobiante como para ser soportable, o por lo menos disfrutable, si Lobo Antunes no tuviese la inteligencia y/o la sensibilidad de incluir también elementos que la aligeran. Así, por ejemplo, la brutalidad de la violencia y la crudeza de lo fisiológico se combinan con un ocasional lirismo, sobre todo en la presentación de relaciones amorosas; por ejemplo, el primer libro contiene el largo monólogo del sobrino que, inconsolablemente enamorado de Iolanda y consciente de la diferencia de edad y de sentimientos, habla con ella en un tono que mezcla lo nostálgico con lo poético y con lo rijoso. La novela tampoco carece de humor, un humor cruel a veces pero también absurdo, exagerado, bizarro, próximo del esperpento cuando, por ejemplo, el padre de Iolanda agujerea una cañería e inunda Alcántara de excrementos; o cuando su hermana, que tiene unos descomunales piedras en los riñoes, recibe reprimendas y desprecios de los médicos que la tratan por empezar curarse, porque estaban deseando que se muriese para estudiarla como caso clínico. El inconfundible estilo del autor ("nadie escribe como yo", solía decir, y tenía razón) también contribuye para elevar el texto más allá de cualquier tentación puramente naturalista.
 
El orden natural de las cosas (título que aparece referido dos veces en el texto, y que parece referirse a la sumisión de los personajes al destino a la realidad social, sin capacidad o voluntad de oponerse a ellos) es por lo tanto una novela de extrema complejidad; exige paciencia y concentración. Pero, como pasa con casi todas las novelas de este autor y de este tipo, ofrece también enormes recompensas a quien se anime a adentrarse en ella: el lector encontrará frases y capítulos magistrales, brutales, deliciosos; un universo complejo y sugerente, y una demostración de técnica narrativa y de poder imaginativo. En este año en que Lobo Antunes nos ha dejado, leerlo es la mejor manera de homenajearlo.
 
Otras obras de Lobo Antunes en Un Libro Al Día 

4 comentarios:

Hans Castorp dijo...

Qué buena reseña. La leí hace muchos años, junto con "Esplendor de Portugal" y "Exhortación a los cocodrilos". Hace una semana estoy releyendo "Que haré cuando todo arde". Hace una semana siento eso que decis Santi, Lobo Antunes "... ofrece enormes recompensas" a quien se decida a leerlo. Para mi, un escritor excelente. Tengo un gran recuerdo de mis ratos leyendo "El orden natural de las cosas".

Madame Chauchat dijo...

Extraordinario. El "muy recomendable" se queda corto, creo. Me parece que estamos ante uno de los libros imprescindibles. Muy buena reseña, por otra parte.

beatriz dijo...

No recuerdo qué libro o libros leí de él pero si que me pareció un gran escritor. No me gusta, en cambio el que tu llamas “ el otro”: escribe como un viejo.

beatriz dijo...

El que llamas “el uno”.