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sábado, 20 de mayo de 2023

Zeina Abirached: El juego de las golondrinas

 Idioma original: francés

Título original: Mourir, partir, revenir. Le jeu des hirondelles

Año de publicación: 2007

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: entre recomendable y está bien

Guerras, por desgracia, ha habido muchas, hay todavía y sospecho que seguirá habiendo en un futuro. Se dice (bueno, más que eso: hay realizados sesudos estudios sobre el tema) que son especialmente crueles las guerras civiles por aquello de que no hay peor cuña que la de la misma madera, y es algo que ocurre más aún cuando el frente bélico pilla de lleno en las zonas urbanas, cuyos habitantes han de arreglárselas como pueden para vivir bajo el fuego enemigo.. o incluso amigo, a veces.

Eso fue justamente lo que pasó en uno de las más demenciales conflictos de los últimos 50 años: la guerra civil que tuvo lugar en el Líbano entre 1975 y 1990, que dividió el país en infinidad de facciones políticas y religiosas, amén de diversas injerencias extranjeras. La capital, Beirut, quedó dividida entre el este y el oeste por la famosa "Línea Verde" y sus habitantes debieron desenvolver su cotidianeidad entre bombardeos y fuego de francotiradores. Pues bien, es este escenario, en 1984, en el que se desarrolla esta novela gráfica. Durante uno de esos bombardeos recíprocos, unos hermanitos -podemos suponer que la niña es una trasunta de la propia autora- quedan separados de sus padres, que habían ido a visitar a su abuela, unas calles más allá, pocas pero demasiadas para poder volver sin problemas... pero los niños no están solos, puesto que la entrada de su casa, que es el lugar más seguro del edificio, se ha convertido en el punto de reunión de los vecinos durante tan peligrosos episodios. Así, vamos conociendo a cada uno de ellos y sus historias particulares, que van conformando un mosaico de lo que era en aquel momento y había sido Beirut: Anhala, la señora que siempre había servido en casa de la familiade Farah y Ramzi y ahora está con ellos; Chukri, el "conseguidor" hijo de la portera; el señor Ernest Challita, antiguo profesor de francés que ha perdido a su hermano gemelo en la guerra; el señor Khaled, dueño de una discoteca de la que sólo pudo salvar el whisky y su esposa Linda... Todos harán compañía y entretendrán a los niños -de quienes no sabemos el nombre- contando historias durante esa noche de bombardeo, hasta que regresen sus padres, Samir y Nur.

Una noche harto complicada, debido a las circunstancias, cuyo desarrollo está narrado de forma entrañable por Zeina Abirached y dibujado con ese característico estilo suyo en blanco y negro, aparentemente sencillo, pero de un decorativismo geométrico casi art-déco, más complejo de lo que parece. Una novela gráfica, pues, interesante, elegante y entretenida, que deja un regusto agridulce, como no podía ser de otra manera, pero, al tiempo, una sensación de que, por horribles que sean las circunstancias que nos toque vivir, se puede confiar en que , junto con lo malo, también salga a ala luz lo mejor de las personas que nos rodean. No tanto los grandes alardes de heroísmo o abnegación como los pequeños gestos cotidianos que hacen más fácil la convivencia y facilitan la solidaridad, la ayuda mutua en tiempos turbulentos. En fin, confiemos en que así sea, por lo menos...

También de Zeina Abirached y reseñado en Un Libro Al Día: El piano oriental

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Zeina Abirached: El piano oriental

Idioma original: francés

Título original: Le piano oriental

Año de publicación: 2015

Traducción: María Otero Porta

Valoración: entre recomendable y está bien

Lo primero de todo: ¿qué es eso del "piano oriental"? Pues un piano que incorpora un mecanismo interno para convertir el intervalo de un semitono que hay entre tecla y techa de un piano normal en tan sólo un cuarto de tono, apropiado, por tanto, para interpretar la música árabe, como no puede hacerse con un piano "occidental" (no os puedo dar más explicaciones, porque yo en solfeo estoy pez). Tal piano, por lo visto, fue inventado en los años 50 por Abdalah Chahine, bisabuelo de la autora de este cómic, la franco-libanesa Zaina Abirached, aunque en la historia ella se lo atribuye a un pianista ficticio llamado Abdalah Kamanja, cuando éste es requerido en Viena por los fabricantes de pianos de la casa Hofman, interesados en su innovación. Y para allá que va el buen hombre, acompañado de su amigo Víctor, vendedor de lencería y bon-vivant...

Intercalada con esta curiosa historia, la autora nos va contando también su propia educación en Beirut, sobre todo en lo que respecta a la lengua francesa, y cómo en 2004 se trasladó a vivir a París, viviendo desde entonces en una dualidad cultural no siempre cómoda, pero que Abirached muestra como decididamente enriquecedora. De hecho, el propio "piano oriental", además de un artilugio que existió de verdad, es una clara metáfora de esa dualidad, del mestizaje cultural y personal entre Oriente y Occidente, lo árabe y lo europeo, que, aceptándolo sin prejuicios ni fanatismos, sólo puede traer cosas positivas para todos, por más que les disguste a los rancios que en los últimos tiempos pretenden dictar su voluntad tanto en Oriente como en Occidente... Cierto es que la autora obvia los aspectos más ásperos o incluso desagradables, de la experiencia de cualquier expatriado, más allá de la inevitable morriña, la historia tiene un aire claramente naif, incluso un poco "cuqui", que tal vez eche para atrás, en un principio a algunos lectores (a otros puede encantarles). Creo que es algo premeditado por parte la autora del cómic -¿se le puede llamar "fábula gráfica"?- para reforzar la positividad del mensaje que nos quiere transmitir, pero también para contraponer el Beirut amable y pacífico que nos retrata con el que, unos pocos años después, estalló en una larga guerra civil (y que ella misma no ha rehuido, pues lo ha reflejado en otras obras, como El juego de las golondrinas).


También contribuye, y no poco, a ese aire naif, incluso onírico, el grafismo sencillo en apariencia, tal vez un poco infantil, de las ilustraciones de Zeina Abirached, encantadoras y, si se me permite el oxímoron, luminosas y hasta "multicolores", a pesar de estar trazadas en el más estricto blanco y negro. Lo que, por cierto, recuerda al de otra estupenda novela gráfica de una autora, en este caso franco-iraní: Persépolis. pero el estilo de Abirached es mucho más cuidado, tanto en la composición de cada viñeta como en el de la página entera, así como en la transición de unas escenas a otros; tiene una vocación más decorativista, además...De hecho, se percibe cierta influencia, sin duda, del art-déco junto con la estética pop sesentera.

Para acabar: ésta es una novela gráfica -o fábula, o cómic, o lo que se quiera- encantadora, entrañable y, en gran medida, optimista, pese a que no oculta aspectos espinosos de la existencia humana como el desarraigo, la guerra o, directamente, la muerte. pero lo que queda, al final de su lectura, es la sensación de que todas las cosas pueden tener un lado positivo (ya sabéis: Always look at the bright side of life) y que merece la pena buscarlo... Encontrarlo, o al menos intentar hacerlo, es la forma de ser feliz.