Idioma original: alemán
Título original: Malina
Traducción: Isaberl Hernández
Año de publicación: 1971
Valoración: está bien
Título original: Malina
Traducción: Isaberl Hernández
Año de publicación: 1971
Valoración: está bien
Esto no va a ser fácil. Porque la reseña de hoy trata sobre una obra altamente compleja, críptica y de estructura inconcreta. Porque la reputación de Ingeborg Bachmann la precede y está considerada como una de las autoras más relevantes de mediados del siglo XX e incluso fue nominada al Premio Nobel. Pero esos logros no significan que la lectura de su obra sea fácil ni satisfactoria ni tampoco placentera. Y en esas estamos, intentando cuadrar una reseña.
Empieza el relato con una breve introducción que encajaría perfectamente en una obra de teatro, pues con un par de páginas la autora detalla la lista de los pocos personajes que intervendrán en este relato, así como sus más destacadas características. Así, tenemos a Ivan, nacido en Hungría pero que vive en Viena (lugar en el que transcurre la acción) y tiene un trabajo regular. También menciona a Béla y András, sus hijos de siete y cinco años, así como a Malina, que ha cumplido los cuarenta y es un autor empleado en el museo del ejército austriaco. Por último, se presenta a ella misma, de la que conocemos más bien poco pues su descripción es algo ambigua, mencionando principalmente que ha tenido varias profesiones (no mencionadas) así como diferentes hogares (de los que tampoco da ninguna información). A partir de aquí, empieza la novela con un inicio algo sorprendente, pues el relato empieza in media res y de manera introspectiva, a través de una narración en primera persona del singular con una protagonista sin nombre y que se dirige al lector de manera casi epistolar, como una suerte de confesión en un relato que podría acercarse más a un diario que a una novela. Y es que la protagonista de este texto (que podríamos ubicar hacia los años setenta del siglo pasado) nos cuenta su vida desde su absoluto punto de vista. Así, descubrimos que Malina y ella viven juntos, en una relación difícil pues, tal y como confiesa, «durante años mi relación con Malina consistió en desafortunados encuentros, malentendidos grandísimos y algunas estúpidas fantasías (…) de todas formas, desde el principio estuve siempre por debajo de él, y muy pronto tuve que haber sabido que se convertiría en mi perdición, que el puesto de Malina ya estaba ocupado por Malina antes de que él se instalara en mi vida». Así, somos conscientes de esta desigual relación de la que ella intenta evadirse a través de su relación con Ivan, un amante con el que intenta encontrarse cuando puede y, cuando no, al menos llamarle para poder charlar con él y conseguir así una posible vía de escape de una vida que se antoja opresiva a pesar de que con Ivan tampoco es muy diferente, pues tiene con él una relación altamente absorbente que la empuja a sacrificar plenamente su vida y a dejarla a expensas de él, y es que, tal y como afirma: «aunque seguro que Ivan ha sido criado para mí, nunca podré reivindicarlo exclusivamente para mí. Porque ha venido para que las consonantes vuelvan a ser sólidas y tangibles, para que las vocales vuelvan a abrirse y resuelven plenamente, para que las palabras vuelvan a brotar de mis labios, para restablecer las primeras relaciones destruidas y solucionar los problemas, y no me alejaré ni un punto de él, de que nuestras iniciales idénticas y envidiosas, con las que firmamos nuestras breves notas, coincidan, se sobrescriban». Así, en ese cegamiento del que la protagonista es consciente y que reconoce al afirmar que «en su presencia enmudezco (…) estoy agradecida de poder prepararle su bebida y la comida, de limpiarle los zapatos a escondidas de vez en cuando», ella intenta encontrar una salida, una esperanza.
Tras haber leído unas pocas páginas y a pesar de la alta calidad de la prosa de la autora, uno ya toma consciencia del primer escollo de la narrativa de Bachmann: el exceso de referencias a otros libros sin ninguna relación con esta obra y sus correspondientes notas al pie, lo que lastra la lectura y aporta más bien poco. Estas referencias a menuda son en relación a frases de libros que ha leído la autora, a edificios con los que la protagonista se encuentra en sus paseos, etc.… que quizá puedan interesar a eruditos o críticos literarios, pero para el lector convencional suponen más una molestia que una ayuda, pues añade una carga innecesaria a la lectura sin aportar información necesaria al argumento (a modo de ejemplo, la autora escribe «vendrá la muerte» y esta frase tiene una anotación a pie de página indicando que hace referencia a un poemario de Cesare Pevese). El segundo escollo con el que nos encontramos es la complejidad del texto; a pesar de que uno está más que avezado al monólogo interno y a sus posibles y derivados excursos, en este caso el texto se alimenta y se excede en el desorden y el desvarío, pues no se sabe muy bien qué relación hay entre la protagonista e Ivan así como con Malina. También el abuso del monólogo interior, de las reflexiones y los desvíos y los desajustes mentales de la protagonista no ayudan a su comprensión, ni a conocer cuál es el propósito de la novela ni qué pretende contar la autora con ella. Afortunadamente, una vez nos acostumbramos al estilo y a la narración, el propio ritmo agitado de la narración nos permite avanzar en la lectura de manera ágil y rápida y vamos entendiendo no tanto lo que sucede en la vida externa de la protagonista, como sí lo que transcurre en su interior, en un descenso al pozo de la locura que le causan conmoción y zozobra. Es en este momento, hacia el final del libro, donde uno no puede olvidar a Tove Divletsen y su obra «Las caras», pues nos adentramos en la psique de una mujer enferma que sufre el deterioro de su juicio y sus facultades mentales (algo que probablemente tiene su causa en el estado de la autora al escribirlo pues, como Divletsen, también estuvo internada en la etapa final de su vida en una clínica a causa de un ataque de nervios y fue también sometida a repetidos tratamientos médicos desarrollando una adicción a los medicamentos y psicofármacos).
Por todo ello, a pesar del propósito de la autora en construir un relato donde de manera tangencial denuncia temas de calado como la sociedad patriarcal y los efectos del holocausto o también la opresión y la cordura, la lectura del libro no ha conseguido atraerme pues su exceso de cripticidad, el argumento no lineal y la falta de un hilo narrativo claro y sus excesivas notas de página que aportan poco al relato, me han dejado con sensaciones encontradas y tan solo únicamente en el tramo final he podido disfrutar de él. En todo caso, contra gustos los colores así que quizás otros lectores habrán podido disfrutar más de esta novela inquietante, atrevida e innovadora en el que la narración sobre la enajenación, la opresión y la incapacidad de la protagonista para entender el mundo que la rodea son sus puntos más destacados.

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