Título
original: Get in trouble
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año de
publicación: 2015
Valoración: Recomendable
(Para el Giveaway, ir al final de la reseña)
Como explicaré más abajo, llegué a Kelly Link por recomendaciones de internet mientras buscaba, específicamente, literatura de terror reciente. Grave error. Debí haberme quedado con las recomendaciones de ULAD, como deberían hacer todos ustedes. Que, por cierto, también me llevó a leer algunos libros muy buenos (Fundido a negro, Vivir abajo, Hex), pero ninguno era exactamente lo que yo estaba buscando.
A mí no me engañas reúne nueve cuentos que, estirando bastante la liga, podrían catalogarse dentro del género de terror. Aunque quizá sería más justo decir que son cuentos extraños, inclasificables: a veces con un tono cómico, fantástico, romántico, melancólico, a veces deliberadamente absurdo.
Todos los cuentos me parecen bien escritos. Se nota el talento de Kelly Link como narradora y entiendo perfectamente por qué tantos lectores la consideran una autora original. Sin embargo, acaso por su extensión, por su apuesta por la ambigüedad o por esa voluntad de no cerrar del todo sus historias, la mayoría me parecieron más ejercicios de estilo, o divertimentos muy sofisticados, que cuentos verdaderamente sólidos.
Entiendo que la ambigüedad puede ser necesaria cuando se quiere crear una atmósfera de aprensión. No todo misterio debe resolverse. Pero en muchos de estos cuentos sentí que la ambigüedad no intensificaba el horror, sino que lo sustituía. Las historias comienzan enrarecidas, avanzan con elegancia, acumulan elementos sugerentes y luego terminan más o menos en el mismo estado en que empezaron: sin un clímax claro, sin una transformación significativa y sin una consecuencia emocional realmente contundente.
Quizá el problema fue de expectativas. Yo llegué buscando un libro que me asustara, que me incomodara, que me obligara a prender la luz con cierta vergüenza. En cambio, encontré una colección inteligente, imaginativa y literariamente cuidada, pero mucho más interesada en la rareza que en el miedo.
Por cierto, la portada es horrible. No le hace justicia para nada a los cuentos.
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Aprovecho esta reseña para hablar un poco más sobre el horror como género literario.
Más allá del objetivo comercial de clasificar la ficción en distintos géneros, estas etiquetas resultan útiles cuando uno busca una experiencia específica. Si uno quiere echarse una lagrimita, ahí está el drama; si lo que busca es descubrir nuevos mundos y escapar de la realidad, la fantasía cumple muy bien su función. Pero yo me pregunto: ¿qué ha pasado con el horror?, ¿cuál es su objetivo en la actualidad?
No podemos negar que a nadie mayor de ocho años le da miedo Chucky, el muñeco diabólico, o Drácula. Cthulhu sirve más para generar mercancía de pulpos kawaii que para producir angustia cósmica, y Stephen King, más que asustarnos, parece a veces empeñado en explorar un catálogo de obsesiones sexuales bastante cuestionables.
Recuerdo esos años inocentes en los que películas como El aro o El exorcista sí lograban perturbarme. Pero, fuera del recurso barato del jump scare, me cuesta trabajo recordar alguna película reciente que realmente me haya dado miedo. Quizá Hereditary consiguió provocarme cierta aprensión. Pero incluso Obsession, que a mi gusto está sobrevalorada, me parece una creepypasta glorificada.
Y si las películas, con todos sus estímulos visuales y auditivos, apenas consiguen arrancarnos sobresaltos ocasionales, ni qué decir de la literatura, que depende casi por completo de la imaginación del lector.
Por eso me di a la tarea de buscar ficción de horror reciente, para ver si todavía le hacía honor a su género. Sin embargo, lo primero que encontré fue que el horror, por sí solo, parece ya no ser suficiente. Muchas obras necesitan mezclarse con otros elementos (humor, drama familiar, crítica social, investigación criminal, trauma psicológico) para volver más llevadera la lectura o para justificar su existencia más allá del simple intento de provocar miedo.
Tal vez el problema no está del todo en los libros. Tal vez el problema soy yo. Quizá la desensibilización producida por todo lo que veo a diario en internet ya me tiene el cerebro frito. Las escenas supuestamente perturbadoras, cuando no me parecen aburridas, terminan interesándome por otras razones: por la prosa, por la atmósfera, por el comentario social, por la construcción de personajes. Eso me pasa, por ejemplo, con los cuentos de Mariana Enriquez.
Tengo, por
lo tanto, algunas opiniones concretas sobre el género de horror:
- El horror propiamente dicho (es
decir, aquel cuyo objetivo principal es generar miedo en el lector) es, en
realidad, un subgénero de la literatura infantil. Dicho de otro modo: solo
los niños se asustan de verdad.
- El horror es un género muerto,
como las epopeyas.
- El horror es (y tal vez siempre
lo ha sido) una etiqueta que ha terminado por significar que una obra
incluye ciertos elementos reconocibles: muerte, locura, monstruos,
posesiones, casas embrujadas, cuerpos mutilados, entidades inexplicables,
etcétera. Sin embargo, esos elementos pueden utilizarse para evocar muchas
emociones distintas (incomodidad, tristeza, repulsión, fascinación,
angustia) sin que necesariamente produzcan miedo.
- Soy un ignorante y simplemente
no he leído una obra de terror realmente buena, por lo que más me valdría
cerrar la boca.
Y como no
estoy cerrado a la posibilidad de que este último punto sea el correcto, decidí
hacer este giveaway.
Quiero leer un libro que de verdad sea aterrador, perturbador, angustiante; uno que me obligue a aceptar que el problema no era el género, sino mi ignorancia. Así que esta vez la recomendación vendrá de ustedes.
Estos son
los términos y condiciones:
- Escriban en la sección de
comentarios el título y el autor del libro que recomiendan.
- Leeré todos los libros que
mencionen. Además, reseñaré en el blog aquellos que todavía no estén
presentes.
- La persona que recomiende un
libro capaz de generarme auténtico distrés emocional, miedo, incomodidad o
una crisis existencial medianamente respetable, será acreedora a un libro
o manga de su elección enviado desde Japón*.
Así que ya
saben: dejen sus recomendaciones. En breve les contaré cómo termina este
experimento y si termino aceptando públicamente que he estado hablando desde
la más absoluta ignorancia. De no lograr su objetivo, todos los que dejen
recomendaciones, sepan que me hicieron perder mi tiempo.
* Limitado a países de habla hispana donde llegue el servicio del Express Mail Service (EMS).
8 comentarios:
El demonio del movimiento, de Stefan Grabinski (editorial Valdemar). Por lo demás, no estoy de acuerdo con que la la finalidad del cine o la literatura de terror sea provocar espanto o cualquier otra reacción fisiológica. De hecho, no creo que ninguna obra de arte, digamos, "seria" tenga como finalidad provocar una reacción fisiológica de la índole que sea (a excepción de la pornografía, pero por eso mismo la pornografía no es arte en absoluto). En cuanto a la recomendación, no quiero hacerle perder el tiempo. El libro es extraordinario, pero no le va a erizar los cabellos ni le va a hacer castañetear lo dientes.
Un saludo y, como siempre, gracias por su trabajo.
Muchas gracias por tu recomendación. Me pongo manos a la obra.
Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez. El terror está, sin duda, en lo cotidiano.
Conejo maldito, de Bora Chung. En la línea de Mariana Enríquez pero más escatológico y a la koreana.
Buenas, compañero. Debo decir que antes el terror me afectaba al toque. La pura sinopsis de las películas de Freddy Krueger bastaba para que no pudiera dormir. Hoy difícilmente ocurriría.
Curiosamente, si tuviera que pensar en obras que me hayan provocado auténtico estrés o incomodidad, citaría dos ejemplos de Oé: Arrancad las semillas, fusilad los niños, y Una cuestión personal (tenía que dejar de leer de la angustia que me agarraba). En cuanto al asco, lo perturbador, escatológico, toda esa vertiente más física, sin duda Cacheo, de Denis Cooper (en algún momento saldrá reseña)...; no es terror, pero es un libro asquerosísimo y profundamente turbio.
"El necrófilo", de Gabrielle Wittkop. Ya está reseñado en el blog, pero, sin duda, merece una contrareseña.
Obras escogidas de Kim il-sung
“La chica de al lado” de Jack Ketchum. Imposible no horrorizarse leyéndolo.
Javier Ventura
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