Título original: Jupiter's travels
Año de publicación: 1979
Traducción: Teresa García y Ángel Sanz
Valoración: Muy recomendable
Cuatro años, cuarenta y tantos países y un porrón de kilómetros a lomos de una Triumph que ahora se conserva en el Museo Británico del Transporte (Coventry) son los ingredientes de este clásico moderno de la literatura de viajes. De hecho, la edición que yo he leído es la 9ª (y hablamos de año 2021), así que os podéis hacer una idea.
Volamos hasta el año 1973, justo en los días en que comienza la Guerra de Yom Kipur. Son años en los que la moto, gracias a películas como Easy Rider, Los ángeles del infierno o La gran evasión (Steve McQueen llevaba, por cierto, otra Triumph), se ha convertido en un símbolo de libertad (no la de las cañitas, amiguis) y en los que las ansias de evasión, la mística de los espacios abiertos o la pura curiosidad llevan a una generación a liarse la manta a la cabeza y tirar millas.
Algo de todo eso hay, aunque yo creo que el principal motivo es la simple curiosidad por conocer(se), en un viaje que nos traslada a un mundo muy diferente del actual, al menos en lo que a la velocidad se refiere. Hablamos de un mundo más "lento", y eso es fundamental. De hecho, este viaje no podría ser el mismo en 2026 y ese es uno de sus múltiples atractivos, el de hacernos viajar también en el tiempo.
Otros aspectos destacables de Los viajes de Júpiter son:
- su carácter multidisciplinar. Diría que no es algo buscado por Ted Simon, pero tantos lugares y tanto tiempo dan pie a que el libro pueda funcionar también como fotoperiodismo (magníficas las fotos que acompañan al texto), como crónica (por ejemplo, sobre los cambios y contrastes en la Libia de Gadafi, sobre la era del petróleo y la tecnología o sobre las diferencias entre los jóvenes de Fortaleza y los campesinos de Iguatú), como novela "chusca" de Graham Greene (esos problemas en Brasil...) o como versión motera de Lost in Translation en la sobreabundancia material y de estímulos en L.A.
- la innegable voluntad poético / literaria presente en muchas de las descripciones,
- el continuo replanteamiento del sentido y el significado del viaje y, SOBRE TODO,
- la mirada del autor sobre la multitud de "historias mínimas" de las que es testigo durante el viaje. Hay mil ejemplos (Arthur y Ruth Thompson, últimos granjeros blancos en Kenia, el Padre Walsh en Fortaleza, Bob y Annie, los camioneros australianos que esperan que baje el nivel del río...). No son historias "acabadas", pero poseen el encanto de las cosas apenas vistas por la ventana, de las imágenes que entran en tu vida y poco después desaparecen como fantasmas del pasado.
En lado menos positivo, cabe mencionar la vertiente filosófico-introspectiva, quizá algo reiterativa, y el desaprovechamiento de algunos tramos del viaje que pasan con demasiada fugacidad. Hablo, en particular, de todo el recorrido por Centroamérica o el tramo entre Afganistán y Turquía.
En cualquier caso, la condición de "clásico moderno" de Los viajes de Júpiter está más que justificada. Solo queda que os subáis como podáis a la moto de Ted Simon y atraveséis con él desiertos, selvas, montañas y, sobre todo, vidas ajenas.

2 comentarios:
Tratare de leerlo. Muchas gracias por su reseña
Completamente adictivo.
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