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sábado, 31 de marzo de 2012

J. P. Donleavy: El hombre de mazapán


Título original: The Ginger Man
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1955
Valoración (en su versión castellana): Está bien



Si tuviese que resumir la novela en pocas palabras, diría que trata de un hombre a la deriva. ¡Un hombre que se apellida Dangerfield! ¿Es Sebastián terreno peligroso? En cierto modo sí. No he encontrado ninguna interpretación del apellido, seguramente porque no he buscado bien, pero estoy segura de que tiene que haberla.

En Irlanda, donde se publicó por primera vez, estuvo censurada durante veinte años por su presunto carácter pornográfico. Hasta tres años después no se editó en Estados Unidos. En 1959, hubo que anular una representación teatral en Dublín debido a la presión de la iglesia. Y, sin embargo, desde el punto de vista actual resulta casi inocente.

Dangerfield lo ocupa todo. Sí, tiene un puñado de amigos. Sí, tiene una esposa (y hasta una hija, pero lo mismo podría ser un gato o un jarrón). También tiene algunas amantes. Se supone que estudia, pero la universidad no es más que un decorado, nunca llegamos a verla por dentro. No, no trabaja. Mientras pasa el tiempo él holgazanea, se queja constantemente, frecuenta los pubs de Dublín. Del Dublín particular de Donleavy, que aprovecha el errático callejear de Dangerfield para mostrarnos sórdidos rincones, ambientes patibularios, callejuelas y viviendas ínfimas. Tanto Dublín como Dangerfield aparecen en primer plano y con detalle. Pero un personaje que no evoluciona reduce la parte narrativa al mínimo. En realidad, no es más que un retrato – con su correspondiente fondo – de cuatro decenas y media de páginas. Y eso deja exhausto a cualquier lector.

Lo mejor de Dangerfield es que me lo creo. Me lo creo tanto que me enfado con él, como si existiera, y no con su creador. A pesar de todo, da un poco de lástima y, en alguna ocasión, hasta llega a caernos simpático.

Lo peor de Dangerfield es que va de víctima. En su mente hay un lamento continuo. Pero tiene 28 años, es alto, fuerte, guapo, puede que listo además. Hasta procede de familia acomodada. Pero incluso con esas ventajas hace falta esforzarse un poco. Él no saca partido a nada de eso. No importa, es como es, no tiene sentido pedirle más; por mí, puede holgazanear, vivir en perpetua borrachera, robar, meterse en trifulcas, despreciar a su mujer, ignorar a su hija, traicionar y aprovecharse de todo el mundo. Nada que objetar. Pero, como lectora, hay dos rasgos de él que no soporto: que se crea el más desgraciado de los hombres – ya que, a pesar de hacer lo que le da la real gana, su continuo lloriqueo no nos da tregua nunca –, y que su vida sea tan monótona.

Cuando decide trasladarse a Londres, parece que por fin se anuncia un cambio. Hace preparativos, sueña. Su objetivo lo conocíamos ya: volverse asquerosamente rico, pero ahora al menos tiene una base. En el horizonte aparece un Sebastian satisfecho tras haber cobrado su herencia. No estoy muy enterada de la vida del autor, pero tiene rasgos autobiográficos clarísimos: su procedencia estadounidense, su vuelta a la Irlanda de sus antepasados, la deserción del Trinity College, y otros que podemos intuir.

No me molestan los cínicos ni los disolutos (Henry Miller y Genet están entre mis favoritos) pero cuando los comportamientos absurdos se repiten hasta el infinito y el personaje se sigue sintiendo estúpidamente infeliz, tiendo a rebelarme, me pasó igual con La Conjura de los Necios.

Literatura canalla que José María Guelbenzu compara con Burroughs, Kerouac, Miller también, y Bukowsky. Este último no sale tan bien parado. Afirma que todo lo que Donleavy tiene de literario Bukowsky lo tiene de verborreico. Ya estaba de acuerdo antes de leer el artículo.

Su prosa es rápida, entrecortada, inconexa a veces. No narra, describe acciones. Pasa de la primera a la tercera persona según la mirada del personaje se dirija al interior o al exterior de sí mismo. Donleavy no especifica el estado de ánimo ni la claridad mental del momento, simplemente deja hablar a Sebastian. Esto, aparte su indiscutible mérito, resulta confuso para el lector de una forma muy parecida a lo que ocurre con Ulises, en cuya técnica es evidente que se inspira, aunque su dificultad lingüística es incomparablemente menor.

Su lenguaje es demasiado conciso para tratarse de una obra de esa extensión. Una novela exige ir más allá del simple enunciado de hechos. Estoy segura de que la versión inglesa, con su lenguaje soezmente exquisito, compensa con creces todo lo que podamos echar en falta. A través de la traducción se adivina el áspero tono poético pero, por muy bien trasladada que esté, no estamos leyendo a Donleavy. Además, estoy convencida de que, incluso a la versión original, le sobran unas cuantas páginas y, entre unas cosas y otras, a mí se me ha hecho larguísima.

viernes, 30 de marzo de 2012

Zoom: "Apocalipsis en Solentiname" de Julio Cortázar


Idioma original: español
Año de publicación: 1977 (en el volumen Alguien que anda por ahí)
Valoración: Imprescindible

No sabemos si Benedetti, cuando escribió aquello de que le parecía imposible "digamos indignarse contra Pinochet / durante el insomnio / y escribir cuentos diurnos / sobre la Atlántida", estaba pensando o no en Julio Cortázar específicamente; pero el caso es que esta definición le encaja como un guante. El propio Cortázar sabía que existía esta contradicción entre su compromiso político humano (de izquierdas sin duda, aunque no ortodoxamente comunista, lo que le llevó a apoyar la Revolución Cubana o la Revolución Sandinista, y a oponerse a los regímenes dictatoriales del Cono Sur, pero también a denunciar públicamente el "Caso Padilla" en 1971) y su forma de escribir, individualista, escapista e incluso calificada como críptica o elitista por sus detractores. Así lo expresó el propio Cortázar, en un alarde de autoconocimiento creativo:

"...yo opté por aceptar una situación que me parece prácticamente fatal a esta altura de la evolución geopolítica de nuestros países y comprometerme en la lucha de un futuro socialista en América Latina sin renunciar por ello lo que me es natural y conocido, un sistema de valores culturales que ha hecho de mí lo que soy como escritor, y sobre todo a un individualismo sin duda criticable en el plano de la militancia activa, pero que en el plano de la creación literaria no ha podido ser reemplazado hasta ahora por ninguna identificación colectiva, por ningún trabajo de equipo o sumisión a una línea de orientación basada en criterios políticos.” (Obras críticas 3, 1994: 121)
Y sin embargo, a veces, pocas veces, el compromiso político de Cortázar traspasa de la vida a la obra, y se manifiesta en sus relatos. Es el caso de "Segunda vez", un elíptico relato sobre el poder burocratizado de los regímenes totalitarios, y su capacidad para "desaparecer" personas misteriosamente; en "Recortes de prensa", que problematiza simultáneamente el horror de las torturas y la relación entre arte y realidad; o en este "Apocalipsis en Solentiname", un relato brutal, magnífico, casi diría que perfecto en su combinación de denuncia política y técnica narrativa.

"Apocalipsis en Solentiname" juega con los límites de la autoficción: en él, un "poeta" argentino innominado (pero del que sabemos que es el autor en que se basó la película Blow-up, o sea, Cortázar mismo) viaja a Solentiname, la comunidad cristiana-artística creada por Ernesto Cardenal (comunidad real creada por un sacerdote real), donde toma fotografías y comparte la vida cotidiana de sus habitantes. Solo en la parte final del relato lo fantástico se manifiesta, transformando lo que en apariencia es un cuento inocente y casi autobiográfico en una representación de la violencia que asola el continente americano, ya sea en "una ciudad que podría ser São Paulo o Buenos Aires", o encarnada en el poeta asesinado Roque Dalton.

El estilo es el de Cortázar de siempre, con sus sorpresas casi milagrosas, como esa "maleta sapo" que escupe cosas sobre la cama; también su capacidad para percibir lo fantástico en medio de lo cotidiano (inventar por ejemplo esa cámara de fotografías instantáneas que en vez de revelar lo que sacó, revelase a Napoleón montado en su caballo); o su sensibilidad y su humor para hacer presentes los detalles, las conversaciones, los afectos. Pero a todo esto se añade, aquí, una tremenda realidad humana que necesitaba ser dicha, de la que Cortázar necesitaba hablar. El cuento habría sido narrativamente igual de brillante, pero humanamente mucho menos conmovedor, si en su desenlace el narrador se hubiera encontrado, efectivamente, con Napoleón a caballo en una de sus fotografías.

En "Apocalipsis en Solentiname", Julio Cortázar hace algo que hizo pocas veces en su obra, y que pocos autores han conseguido satisfactoriamente: ser fieles a sí mismos en su estilo y en su forma de concebir la literatura, llevarla a la perfección, o a algo que se le parece mucho, y al mismo tiempo construir un relato que retrata y denuncia la terrible realidad de nuestro mundo. Indignarse contra Pinochet durante el insomnio, y saber transmitirlo en un cuento diurno magistralmente escrito. Aunque este cuento inicialmente parezca que hable de duendes. O de pescaditos.

También de Cortázar en ULAD: Aquí

jueves, 29 de marzo de 2012

Nizar Kabbani: El libro del amor


Idioma original: árabe
Título original: Kitab al-hubb
Año de publicación: 1970
Valoración: muy recomendable

Nizar Kabbani (Damasco, 1923-Londres, 1998) fue un diplomático y poeta sirio cuya carrera literaria gozó de tanta aceptación como rechazo. Autor de más de cincuenta libros de poemas, Kabbani fue conocido por escribir sin tapujos sobre el amor y el sexo, lo cual le causó muchos problemas entre la comunidad árabe. Sin embargo, lo que dispararía las críticas contra su persona y su obra fue la poesía comprometida que escribió a partir de 1967 (tras la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días), en la que realizaba una dura autocrítica de la sociedad árabe que no sentó nada bien a sus compatriotas.

Pero hoy no vamos a hablar de su poesía comprometida, sino de El libro del amor, una obra que escribió en 1970 en honor de la que sería su segunda esposa. Según afirmó el propio Kabbani, esta obra es un intento de renovar la poesía árabe no sólo en la forma, sino también en el fondo, alejándose de los temas y las formas de expresión tradicionales de la poesía árabe para crear un lenguaje más accesible.

Aunque en esta obra muestra sus deseos de manera más refinada que en los poemarios anteriores (al fin y al cabo, es éste un libro de madurez y el ímpetu de la juventud, según explicaba él mismo, ya había quedado atrás), éstos siguen teniendo gran importancia, así como el deseo de que la mujer a la que ama (y, por extensión, la mujer árabe en general) se libere de las ataduras impuestas por la religión y las tradiciones y viva su amor y su sexualidad con plena libertad.

Así, escribe una serie de poemas breves, siempre en primera persona, llenos de imágenes sensuales donde el autor expresa libremente y con gran detalle sus sentimientos. Es ésta una obra corta y (aparentemente) sencilla, pero excelente, donde queda patente el gran amor que profesaba a su mujer y su búsqueda por un futuro (en todos los sentidos) mejor.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mijaíl Shólojov: El Don apacible

Idioma original: ruso
Título original: Тихий Дон
Fecha de publicación: 1928-1940
Valoración: imprescindible

¡Cielos, que horror! Una crítica me mandó hacer Santi, en mi vida me he visto en tal aprieto... y vamos a dejar en paz a Lope de Vega, que no era de este siglo. Porque el siglo tiene mucho que ver con esta novela, el siglo XX por supuesto, que aunque parezca una talla de pantalón creo que tiene todos los puntos para pasar a la historia como el siglo de la Guerra.

Ya que de guerra hablamos, mas bien habla Shólojov, que de esto debía saber un rato, ya que participó en la Primera Guerra Mundial (¡Eh! Lo he conseguido escribir sin que me dé la risa) y en la Guerra Civil Rusa. Porque Mijaíl era un cosaco. Un cosaco del Don. Descendiente de una estirpe guerrera que se remonta a generaciones de soldados libres, enormemente apegados a sus tradiciones y al vodka, a partes iguales. Y con hielo, que no falta en los inviernos de la estepa.

Se ha comentado más de una vez que no hay mejor manual de historia para comprender la Guerra Civil entre los rusos blancos, restos del imperio zarista que soñaban con una restauración del trono, y el Ejercito Rojo que comandaba León Trotski, que este libro. Desde luego, yo me he enterado de muchas cosas que ignoraba, aunque siempre hay que extrapolar que quien escribe fue miembro del Partido Comunista y llegó a ser elegido diputado del Soviet Supremo de la U.R.S.S., por lo que no puede ser considerado como una fuente neutral. No obstante, el relato del premio Nobel no presenta un fuerte sesgo, sino mas bien una crudeza extrema en sus descripciones de los combates y de las relaciones entre los personajes del libro. O de los libros, ya que fue publicado originalmente en cuatro tomos a lo largo de doce años. La versión que leí yo era en dos tomos y ocupaba unas 1600 páginas, así que hay que tomárselo con calma.

A pesar de ello, el galardonado escritor cosaco se las arregla para transmitirnos la fiera belleza de las estepas del Don, el aferro tradicional de sus gentes a la tierra y al río que las baña y vitaliza y a la que están unidos por siglos de esfuerzos y por la mucha sangre derramada por su habitantes en la guerras, con o contra los rusos.

¿Sabíais que en la estepa las hojas heladas de los árboles resuenan al impulso del viento como campanillas de cristal?

martes, 27 de marzo de 2012

Almudena Grandes: El lector de Julio Verne

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable

En las últimas semanas, por motivos distintos he leído varias obras de Rosa Montero y de Almudena Grandes; y no es cosa de ponerlas a competir solo porque sean dos de las escritoras españolas de más éxito (si no las dos escritoras españolas de más éxito), pero si tuviera que compararlas, diría que Almudena Grandes es más "novelista profesional" que Rosa Montero; es decir, que domina mejor los trucos, técnicas o recursos (llamadlo como queráis) del oficio del novelista. Rosa Montero es una escritora eficaz: crea una historia y la cuenta de forma casi periodística (¿deformación profesional?). Almudena Grandes tiene otra cosa: tiene preocupación por la estructura, por el ritmo, y otra cosa que yo valoro mucho y que escasea en la narrativa española actual: tiene voluntad de estilo, o sea, intenta escribir no solo de la forma más eficaz posible, sino también con personalidad y con belleza, cuidando las palabras.

Que conste que para todas estas consideraciones me baso sobre todo en la lectura de esta, su última novela, El lector de Julio Verne, que tiene a la escritora de gira por España y parte del extranjero, y que me ha parecido una novela notable en su género. Presenta, a través de los ojos del pequeño Nino, los enfrentamientos entre los maquis y la Guardia Civil a finales de los años 40 en un pequeño pueblo de la Sierra Sur, en Jaén, y la agobiante atmósfera de control y represión que afectaba hasta los detalles más ínfimos de la vida cotidiana (hasta absurdos como prohibir que se cantase "Tengo una vaca lechera", que se recogiera esparto de los montes o que se vendieran huevos libremente). Es verdad que a veces la narración se adentra en episodios algo prescindibles, como si necesitásemos saberlo todo sobre cada personaje que aparece en la trama (lo que, por otra parte, es inverosímil teniendo en cuenta que el narrador es a su vez un personaje); pero en conjunto la novela engancha, crea tensión y construye un universo compacto, coherente y atractivo.

Es de agradecer que Almudena Grandes haya huido del maniqueísmo fácil que contamina anacrónicamente demasiadas novelas y películas sobre la Guerra Civil: todos los rojos son ángeles; todos los fascistas son demonios. Grandes evita este peligro hasta cierto punto (los lectores, yo el primero, tampoco aceptaríamos que idealizase a los franquistas), aunque lo sustituye por otro axioma que puede resultar igualmente cuestionable: a "ras de pueblo" (por decir así), todos fueron víctimas, incluso los Guardias Civiles que se vieron obligados a cumplir las órdenes que les daban y a hacer cosas despreciables; a medida que se sube en la escala, la culpa se multiplica y se ramifica.

Algo que me ha dejado un regusto agridulce ha sido el esfuerzo que se percibe para conseguir que la novela "termine bien", dentro de lo posible y hasta donde lo permite la Historia, "ganen los buenos". Tanto el desenlace final de la trama, como esa especie de "epílogo", que nos lleva hasta la Democracia, parece querer decirnos: "sufrimos mucho, pero al final ganamos los buenos". Es una forma de verlo, desde luego, que muchos lectores agradecerán; pero es mi impresión que, construyendo precisamente ese puente hasta una supuesta "Democracia feliz", tanto desde el punto de vista narrativo como desde el punto de vista político se minimiza, creo yo, la especificidad y la significación de esos años oscuros, que no fueron tan cortos ni pasaron tan rápido.

También de Almudena Grandes: Aquí

lunes, 26 de marzo de 2012

Michel Foucault: Vigilar y castigar

Idioma original: francés
Título original: Surveiller et punir
Fecha de publicación: 1975
Valoración: imprescindible

Cuando compré este libro, la verdad, no tenía ni la menor idea de quién era Foucault, y lo hice por una razón poco confesable: la morbosa descripción que ocupa sus primeras páginas. Lo que recoge Foucault es el relato que hicieron diversos testigos del tormento al que fue sometido Robert François Damiens el 2 de marzo de 1757 en París. Este era culpable de haber atentado contra Luis XV, que salió sólo con una herida leve del atentado. A Damiens, en cambio, el intento le costó varias horas de terrible tortura, con tenazas al rojo, azufre y descuartizamiento incluidos. Inmediatamente después de recoger este relato, Foucault añade algunos extractos del reglamento para la "Casa de jóvenes delincuentes" de París, 75 años posterior. Aquí se trata de someter el tiempo de los internos a una severa y meticulosa disciplina.

Pues bien, la intención del libro está perfectamente contenida en este contraste entre los dos textos con que da comienzo. El objetivo de Foucault es analizar de cerca el cambio que se produjo a fines del XVIII y comienzos del XIX en los procedimientos de castigo. De una justicia basada en el espectáculo público del tormento se pasó a la callada eficacia de las instituciones disciplinarias, que pretendían reformar al preso. Esta cuestión, que se enmarca en puridad en la historia del derecho, sirvió sin embargo a Foucault para desarrollar una de las reflexiones sobre el poder que más influencia ha ejercido en la filosofía y las ciencias sociales de las últimas décadas.

Foucault defiende que lo esencial del cambio que se produjo en la aplicación de las penas no tiene que ver con que el poder decidiera "humanizar" o moderar su efecto sobre los sujetos, sino con la búsqueda de unos modos aún más eficaces de control social. Lo que se da en el quicio entre los siglos XVIII y XIX es una transición entre dos paradigmas del poder: se pasa de un poder soberano que decide sobre la muerte de los súbditos a un poder disciplinario que decide sobre la vida de los ciudadanos. El nuevo poder biopolítico que aparece como el único modo de gobierno sobre los cuerpos libres del régimen burgués.

Una de las ideas que este libro más contribuyó a difundir fue la del panóptico. Es este el modelo para una institución de reclusión ideado por el filósofo inglés Jeremy Bentham; una institución cuyos reclusos podrían ser mantenidos bajo constante vigilancia desde un único punto. Muchas prisiones, reformatorios y asilos se construyeron bajo este modelo, en el que Foucault veía la máxima expresión de la forma propiamente moderna del poder.Enlace Hasta qué punto nos estamos alejando alejando de esto, y en qué sentido, con nuestros actuales facebook, twitter y demás, es algo que puede dar que pensar.

También de Foucault: Los anormales.

domingo, 25 de marzo de 2012

Zoom: Nota al pie, de Rodolfo Walsh

Idioma original: español
Año de publicación: 1964 [no estoy segura de si este es el año de publicación del cuento o solo el de su redacción]
Valoración: imprescindible

Este cuento del autor argentino Rodolfo Walsh tiene tanta miga que da para una tesis doctoral, así que voy a intentar ser breve y ordenada.

Uno empieza a leer Nota al pie y, efectivamente, en el último párrafo de la primera página se encuentra con un asterisco intruso que le remite a la parte inferior. INCISO: por lo general, esto de las notas al pie en literatura levanta pasiones y no deja indiferente a nadie, ya el mundo se suele dividir claramente en lectores pronotas y lectores antinotas al pie. Así, los que se adscriban a este último grupo se dirán: "Ya empezamos" al darse de bruces con el molesto asterisco.

Sin embargo, la nota las notas, porque enseguida el lector advertirá que se trata de un procedimiento recurrente— con la que uno se encuentra no tiene nada que ver con las clásicas notas al pie: esas de las que traductor o editor se suelen valer para aclarar detalles históricos, culturales o lingüísticos.

Las sucesivas notas al pie de este magistral y originalísimo relato de Rodolfo Walsh conforman un discurso paralelo que se opone —que contradice— y que termina por imponerse al discurso dominante, el del cuerpo del texto.

No quiero decir mucho más, porque mi intención es que hagáis click en el enlace con el que he inaugurado esta reseña y os dejéis atrapar por este singular relato a dos voces que transpira violencia, sometimiento, transformación, alienación… y que puede ser de especial interés para aquellos que se dediquen al oficio de la traducción literaria, donde se da inevitablemente ese "cambio de un hombre por otro hombre".

Otros libros de Rodolfo Walsh reseñados en Un Libro Al DíaLos irlandesesOperación Masacre

sábado, 24 de marzo de 2012

Almudena Grandes: Atlas de geografía humana

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1998
Valoración: Se deja leer

Hoy traemos Atlas de geografía humana, una novela de Almudena Grandes, una de esas autoras españolas que despiertan fobias y filias a partes iguales. Sus detractores la acusan de cosas tan dispares como que cocina sus obras con demasiada glucosa, que hace un uso excesivo y burdo de escenas y palabrejas explícitamente sexuales, que se pasa con los adverbios, que sus argumentos son aburridos y sus personajes poco creíbles, que es un rollo leer sus párrafos interminables describiendo cosas poco trascendentales para la trama, etc.

Sus seguidores, en cambio, la ven como a una mujer que escribe muy bien y que indaga como nadie en los vericuetos del alma humana, especialmente del alma femenina, entregada sin remedio al amor, al drama, a las dudas y a las inseguridades.

¿Y que yo qué pienso? La verdad es que creo que Almudena Grandes escribe muy bien y que tiene una gran sensibilidad (al carajo con femenina o masculina: tiene una gran sensibilidad) para bucear en la fibra sensible del ser humano y llenar páginas gracias a ella, me gustan sus artículos y muchas de sus ideas, pero encuentro su literatura poco excitante.

Y Atlas de geografía humana no es la excepción. Lo cierto es que aunque me la regalaron en una edición muy agradable y su lectura, en principio, me pareció rápida y sencilla, se me hizo, en varias ocasiones, un poco anodina y poco atractiva en conjunto. Y eso que sus personajes estaban cincelados y matizados de forma loable.

La novela narra la historia de cuatro mujeres que rondan los cuarenta. Todas trabajan para una editorial que les encarga que preparen un Atlas de geografía mundial en fascículos. Le añaden lo de “humana” tras varias discusiones para distinguirlo de otra obra parecida. Y ésa es la “disculpa” que Grandes utiliza para tejer esta novela que le llevó cuatro años y que relata el Atlas existencial de cuatro vidas femeninas dispares y parecidas a la vez: Rosa, atractiva, casada y con hijos, y en mitad de una crisis de mediana edad; Marisa, la menos agraciada de las cuatro, desgraciada en el amor y el que me pareció el personaje más interesante; la fuerte y decidida Fran, jefa del grupo y más vulnerable y femenina de lo que parece, y Ana, similar a Rosa (guapa y con éxito entre los hombres), pero también en mitad de un momento crucial de su vida. No en vano, tanto Ana como sus compañeras se encuentran en esa edad en la que es inevitable hacerse a uno mismo una durísima evaluación y calibrar si uno tiene lo que hay que tener para darse una última oportunidad de moverse en pos de sus anhelos más íntimos.

En fin. Otra de las novelas largas de Almudena Grandes. Sensible, bien escrita pero para quien firma este post, poco emocionante. Como la vida misma casi siempre.

Todas las reseñas sobre Almudena Grandes en ULAD: Aquí

viernes, 23 de marzo de 2012

Colaboración: El amante uruguayo. Una historia real de Santiago Roncagliolo

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

Tuve la suerte de acudir en verano de 2011 a un curso de novela cuyo profesor era Santiago Roncagliolo.

Durante el curso, un día, nos resumió esta novela. Su presencia joven y su voz peruana tiene para los catetos en acentos sudamericanos un suave parecido a la voz del venezolano Boris Izaguirre que atraía atención y dulzura, y sin darnos cuenta estábamos hipnotizados e inmersos en su escucha.

Una novela sobre un hombre y un monumento misterioso. Un monumento con forma de lápida en la ciudad de Salto (Uruguay). Un monumento que puede albergar los huesos del escritor Federico García Lorca.

Es una novela de encargo, de 328 páginas, repletas de investigaciones, bibliografía y fotos de Lorca y del protagonista: Enrique Amorim.

Fue él, el propio Amorim, el autor de esas pruebas gráficas de Lorca y quien le regaló la camiseta a rayas para que destacase sobre el resto.

¿A quiénes les puede gustar esta novela?, nos preguntaba Roncagliolo.

Para los españoles, ¿está enterrado Lorca en Uruguay? ¿O es una mentira de tantas de Amorim?
Amorim fue un tipo muy mentiroso: hasta cuatro veces publicó el mismo relato, “Las quitanderas”. “Las quitanderas” son unas prostitutas que también se inventó y con las que curiosamente popularizó dicha palabra.

Para los argentinos, habla de Borges.

Para los chilenos, habla de Pablo Neruda.

Para los uruguayos, habla de Horacio Quiroga y del propio Amorim.

Para el resto aparecen Picasso y Chaplin.

El nexo de unión de todos es Enrique Amorim, un hombre millonario, escritor, que se codeó con todos estos artistas porque él así lo buscó. Y que se enamoró de Federico García Lorca, o “García Loca”, como dice el libro que aparecía en la prensa de entonces, cuando hizo su gira por América del Sur.

El libro se lee muy fácil, está escrito de un modo tan objetivo que sorprende, y siempre intriga a cada página.

Roncagliolo acabó ante su alumnado: ¡que excaven! ¡Que investiguen! ¡Quiero saber si es verdad que está allí Lorca!

Firmado: Perrino

También de Santiago Roncagliolo en ULAD: Tan cerca de la vidaLa pena máximaAbril rojoY líbranos del mal

jueves, 22 de marzo de 2012

Chuck Palahniuk: El club de la lucha

Idioma original: inglés
Título original: Fight Club
Año de publicación: 1996
Valoración: Recomendable

Los lectores bilbaínos de este blog (sabemos que estáis ahí) van a tener una oportunidad única: ver a Chuck Palahniuk en vivo y en directo, el día 19 de abril dentro del festival Gutun Zuria. Y para quien no lo sepa: ¿quién es Chuck Palahniuk? Pues uno de los "provocadores profesionales" (otro más, como Bret Easton Ellis) de la literatura estadounidense. Y el autor, efectivamente, de El club de la lucha, la novela en la que se basó la exitosa película protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton.

Y en lo fundamental, la película es fiel al libro: en la trama (el proceso de "(auto)destrucción liberadora" a que se somete el narrador por influencia de su amigo Tyler Durden); en el estilo cortante, seco y algo efectista, e incluso en determinadas frases y "estribillos", tomados literalmente de la novela y puestos en boca de los personajes o de la voz en off del narrador. Y tanto la novela como la película están igualmente llenos de violencia, de crítica feroz a la sociedad y a la cultura consumista, de nihilismo provocador. De hecho, si es verdad lo que dice la Wikipedia (vamos a creérnoslo), Palahniuk escribió esta novela como reacción furibunda después de que su editor le rechazase otra anterior por ser demasiado violenta. ¿Que no quieres taza? Pues taza y media.

En cuanto al estilo narrativo de Palahniuk, no sé si calificarlo de efectivo o efectista. Desde luego, está claro que consigue lo que pretende: es ágil, rápido, directo, contundente. Frases cortas, párrafos cortos. Repeticiones, como estribillos que atraviesan los capítulos o incluso la novela entera. Saltos de un tema a otro sin relación explícita; mezcla de varios temas alternados en un capitulo. Referencias burlescas a la vida consumista contemporánea (a los muebles de IKEA, por ejemplo) o a la crueldad del sistema capitalista (el narrador trabaja para compañías de automóviles que tienen deciden si retirar o no modelos defectuosos y potencialmente mortales basándose únicamente en criterios económicos).

Que conste que si le pongo alguna pega a la novela, no es por mojigatería: no me molesta la violencia ni el canto a la anarquía que rezuma, ni el oscuro mensaje que transmite ("hasta que no toques fondo, no serás libre"). Lo que me deja algo descolocado es una cierta desconexión entre varios de los elementos que la componen (las reuniones de enfermos crónicos; el "club de la lucha"; la "operación Estragos", traducción sorprendente de project Mayhem, por cierto). En esa escalada exponencial de varios niveles de la autodestrucción personal a la aniquilación colectiva, da la impresión de que se nos han escamoteado varias etapas intermedias, y el resultado es una conclusión, una vez más, efectiva, aunque inverosímil.

En fin, una novela brutal en varios sentidos, con algunos capítulos, ideas, fragmentos brillantes y otros no tanto. Se lee en tres viajes de metro, y la experiencia merece la pena, aunque solo sea porque no se parece a casi ninguna novela de las que se leen por ahí; y desde luego, a casi nada que se escriba y publique en España.

También de Chuck Palahniuk en ULAD: SnuffPlantéate esto

miércoles, 21 de marzo de 2012

Julio Llamazares: El cielo de Madrid


Idioma original: español
Fecha de publicación: 2005
Valoración: Se deja leer

Aunque se trate de Julio Llamazares, a quien tengo en un altar desde que leí La lluvia amarilla , he de reconocer que esta novela flojea bastante. Y no le encuentro disculpa, pues alguien capaz de escribir una opera prima tan conmovedora y rotunda como ésa sabe reconocer lo que es o no válido. Más aún si el asunto fundamental de la novela en cuestión es el proceso creativo en sus diversas facetas, la autenticidad del autor, el compromiso con la propia obra y hasta la posibilidad de prescindir, a favor de ésta, de cualquier vivencia absorbente.

Sin embargo los ingredientes son prometedores. Escenario: el Madrid en el que se gestó la mítica movida, sus locales, sus barrios, todos los rincones que vemos ahora dorados por la pátina del tiempo. Los personajes: un grupo de bohemios que intenta abrirse camino en sus respectivas vocaciones mientras se divierte todo lo que puede y más; un asunto, el proceso creativo, y una promesa de lo más atractiva: apartar el velo del críptico sector del arte, describir las artimañas que mueven sus hilos, revelar sus estrategias, en una palabra, desenmascarar a un sector que, como el mismo autor señala, oculta celosamente sus movimientos. Es probable que, al sustituir la profesión de escritor por la de artista plástico, Llamazares haya irrumpido en un terreno que no maneja tan bien como su personaje da a entender. La labor de documentación hubiera sido aquí imprescindible. Contaba, además, con una gran baza, la época, los heroicos 80, que podían haber cautivado a todo el mundo a poco que se hubiesen recreado sus ambientes. En lugar de esto, se escoge la forma más cómoda de narrar, sustituyendo el desarrollo de los hechos por superficiales confidencias del protagonista, la confrontación entre personajes por la opinión particular del escritor. De forma que estos, en lugar de cobrar vida en sus palabras, continúan fosilizados en su mente. Pero si no los vemos actuar, no los conocemos y, por tanto, no podemos amarles ni nos interesa gran cosa lo que sienten. Y como lo que se nos cuenta es únicamente eso, acaba por aburrirnos.

El Madrid de entonces y sus emblemáticos templos, que nombra pero no describe. Literatura, política, pintura, amistades, ideología, comercio… Amores, mentiras y conspiraciones por los que ni siquiera llega a pasar de puntillas, más bien los sobrevuela dejándonos con la miel en los labios. Un cóctel explosivo que se adueñó de la vida madrileña y del que quedó un original sedimento en todos los campos del arte.

¿Cuánto hay de Llamazares en la persona de Carlos? Algunos elementos son más que evidentes. La búsqueda del propio camino y de un lugar en la nómina artística de entonces, la frustración, el desánimo, la lucha y, sobre todo, la imprevista llegada del éxito, con sus trampas y las dudas que genera en él. Pero el tono intimista que emplea no es más que una disculpa para ahorrarse trabajo. Si el protagonista recuerda a amigos concretos, o bien confiesa que la vida se ha vuelto una vorágine, si ha conocido a tanta gente que el nuevo ritmo se le hace insostenible, la trama exige que retrate a esos amigos o nos muestre esa intensa vida social. Sobre todo si la alternativa es un tono monocorde, repeticiones constantes de ideas y de frases enteras y un último fuego de artificio que, si bien saca de la chistera en el último momento, se había visto venir en dos o tres pinceladas que el lector atento ha registrado y cuya intención habrá adivinado hace tiempo. Pero ese interlocutor sorpresa – de cuya existencia ya deberíamos estar enterados si no se nos hubiera escamoteado gran parte de la información –, no justifica la enorme palabrería, la prosa desaliñada, ni siquiera si ambas van salpicadas de sabrosas observaciones que nos hacen pensar.


También de Julio Llamazares: La lluvia amarilla, Luna de lobos

martes, 20 de marzo de 2012

Donna R. White y C. Anita Tarr (eds.): Peter Pan dentro y fuera del tiempo

Idioma original: inglés
Título original: Peter Pan In and Out of Time
Fecha de publicación: 2006
Valoración: está bien

Antes que nada tengo que reconocer mi miedo de que Paula quiera cortarme la cabeza con la traducción tan sumamente literal que he hecho del título de este libro. Porque resulta que no, no se ha publicado en castellano, así que la versión de arriba es mía y, me temo, no demasiado buena. Probablemente hay algún tipo de juego de palabras o de connotaciones que no capto en el título en inglés, pero, bueno, hasta ahí he llegado. De hecho, no es casual que el libro no esté accesible en castellano. Para encontrar una publicación como esta, que se encargue con seriedad del análisis crítico de una obra de "literatura infantil", uno tiene que acudir sin remedio a bibliografía en inglés. Ahí nos dan mil vueltas. En concreto, este libro forma parte de una serie, editada por la estadounidense Children's Literature Association, que se ocupa de clásicos de la "literatura infantil" en el momento de su centenario (a El maravilloso mago de Oz le han dedicado otro, por ejemplo).

(Permitidme dos incisos. Y qué ibais a hacer, más que permitírmelos, ¿verdad? ¡Como si pudiérais hacer otra cosa! En fin... Primer inciso: pongo siempre entre comillas la expresión "literatura infantil" porque me parece de lo más ambigua y poco exacta. Desde luego, si algo NO es Peter Pan es literatura escrita para un público infantil o, al menos, exclusivamente infantil. Pero dejémoslo estar. Segundo inciso: sí, sí, la serie irá de centenarios y todo lo que quieran, pero el libro es de 2006 y Peter Pan se estrenó como obra teatral en 1904. Ya está dicho.)

Este libro reúne en un solo volumen un conjunto de estudios de diversos autores que diseccionan la obra maestra de J.M. Barrie desde muy diferentes puntos de vista. Así, por ejemplo, se sitúa el relato de Peter Pan en la tradición de las novelas de piratas o en el contexto de la estética decadentista del fin de siècle, se analiza su relación con la mitología céltica o el tratamiento que hace Barrie de cuestiones como la raza o el género. Todos son estudios bien argumentados y documentados, escritos con rigor académico. Eso significa que no es en absoluto legible como divertimento, pero que es una obra de consulta imprescindible si estás interesado en la interpretación crítica del relato y el personaje de Peter Pan.

Pese a la variedad de temas y enfoques, diría que todos comparten un cierto clima común, explicable por el clima general que prevalece en la crítica académica en estos momentos: ya se sabe, eso que llaman cultural studies, con todas sus variadas secuelas. El tratamiento del sexo, el género, la raza y la clase social en el relato merecen en todos estos estudios una especial atención, y los autores a menudo tratan de determinar (de un modo más o menos explícito) si Barrie trata estos temas de un modo, digamos, reaccionario o progresista (o tradicional y subversivo, como se quiera).

Lo gracioso es que dentro de la amplia bibliografía secundaria sobre Peter Pan uno puede encontrar todo lo que quiera: Barrie es presentado como un infame imperialista que justifica la inferioridad de otras razas o como un osado revolucionario intelectual que mina los cimientos ideológicos del Imperio; para unos es un misógino repugnante y para otros un autor atento a la psicología de las mujeres de su tiempo. Y todo esto con la presencia constante de las mismas citas. No digo que todo valga en la crítica literaria, ni mucho menos. Lo que sucede es que a menudo el crítico pone de su parte en la lectura mucho más de lo que está dispuesto a reconocer. Evitar eso es precisamente el reto.

lunes, 19 de marzo de 2012

William Gibson: Neuromante

Idioma original: inglés
Título original: Neuromancer
Año de publicación: 1984
Valoración: recomendable

Neuromancer de William Gibson tiene un lugar asegurado en la historia de la ciencia-ficción al menos por tres motivos: por haber sido el primer autor en ganar en el mismo año los tres grandes premios literarios del género (el Premio Nebula, el Premio Philip K. Dick y el Premio Hugo); por haber popularizado el término ciberespacio, que ahora no se nos cae de la boca; y por haber "inventado" (o llevado a su madurez) el género conocido como "ciberpunk", una distopía ultratecnológica llena de hackers, cyborgs, drogas y mafias.

El protagonista, Henry Case, es un vaquero/hacker reclutado para realizar una compleja misión: infiltrarse en una forma de inteligencia artificial llamada Neorumante. Otros personajes, que Gibson reutiliza en otros relatos o novelas, incluyen a Molly, una especie de "Lobezno" cibernético; Riviera, un matón con la capacidad de proyectar holográficamente su mente; o el misterioso Armitage, cuyo pasado se relaciona oscuramente con un episodio de la Tercera Guerra Mundial. La trama en sí se desarrolla como una historia de aventuras, buenos contra malos (o mejor dicho, malos contra peores), a saltos entre dos mundos, el real y el ciberespacio, y transcurre, al menos parcialmente, en lo que se conoce como "The sprawl" (una megalópolis situada en la costa este estadounidense, que se extiende desde Boston hasta Atlanta, protegida por cúpulas geodésicas, y en algunas de cuyas regiones siempre es de noche).


Pero que nadie se confunda: Neuromante no es una novela fácil de acción para leer en una tarde tonta. De hecho, resulta una lectura bastante ardua, por varios motivos. Uno de ellos es que Gibson inventa un futuro extremadamente complejo, tanto en lo tecnológico como en lo socio-político, pero no lo explica detalladamente al lector, sino que lo da por supuesto, y además lo puebla de una terminología específica a la que tenemos que habituarnos rápidamente si no queremos perdernos la mitad de la gracia. También la técnica narrativa de Gibson, con frecuentes saltos y elipsis de una escena a otra, o con descripciones que alternan lo minuciosamente detallado con lo sinuosamente poético, hace que a veces cueste seguir la acción.

Tengo que decir, además (y Paula me dirá que solo me acuerdo de los traductores para criticarlos), que no me han gustado demasiado algunos aspectos de la traducción de José Arconada Rodríguez y Javier Ferreira Ramos para la edición de Minotauro, poque son a veces demasiado literales con determinadas frases coloquiales del inglés. "Estás lleno de mierda", por ejemplo, es una traducción palabra por palabra de "You are full of shit", que más bien quiere decir "Estás mintiendo" o "No tienes ni idea"; "Tú eres el hombre" es un calco de "You are the man", que en el contexto en que aparece quedaría mejor como "Eres el mejor". Y así.

Pero bueno, dejando detalles aparte, está claro que Neuromancer tiene ya un lugar en la historia literaria, y no solo literaria, sino cultural, de finales del siglo XX y principios del XXI. Para valorar su importancia hay que tener en cuenta que se escribió en 1984, cuando internet todavía estaba en pañales; y que a ella se debe no solo el término (y el concepto) de ciberespacio, sino toda una estética, un género y un mundo ficticio que después ha sido productivamente reaprovechado en muchos otros libros y películas. Sin ir más lejos, en la saga Matrix.

domingo, 18 de marzo de 2012

Silvia Avallone: De acero

Idioma original: italiano
Título original: Acciaio
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Está bien

Escrita por la veinteañera Silvia Avallone (Biella, Italia, 1984), son muchas las voces que apuntan que De acero es la novela que se ha encargado de continuar con el fenómeno que comenzó La soledad de los números primos, de Paolo Giordano, también reseñada en este blog y también escrita por alguien joven que cuenta historias de jóvenes especiales y/o marginales.

Y la verdad es que dicha idea no es para nada descabellada: tanto una como otra novela ofrecen una imagen de la Italia del siglo XXI inversamente proporcional a la de los libros de Federico Moccia, autor de éxito sideral más interesado en mostrar lo bien que viven y se enamoran (aunque sea de chicos y chicas malotes y malotas) los niños y niñas bien del país mediterráneo.

Y no sé si será por la edad, pero yo prefiero que me ofrezcan cosas feas y reales... Y Avallone lo hace, porque la ciudad industrial de Piombino, en el sur de Italia y con la isla de Elba enfrente, que pinta en De acero no es precisamente Beverly Hills 90210. Pero ello no quiere decir que la autora sólo relate cosas dramáticas y denterosas, no, qué va: en esta novela también hay lugar para la belleza, pero eso sí, una belleza muy particular no recomendada para esos lectores que disfrutan sobremanera con descripciones de jeans de Fornarina, cochazos de última generación y mansiones con piscinas inmensas.

Las ramificaciones de belleza contenidas en De acero son de otra clase: está la que lucen sus protagonistas, Anna y Francesca, dos crías de catorce años que pasan de la infancia a la más tórrida madurez en apenas un verano; está la de los chicos que las rodean, jóvenes sin estudios cuyo único aliciente es ligar con jovencitas, drogarse y dejarse hipnotizar por música tosca en discotecas de mala muerte el fin de semana, después de cinco días rompiéndose los cuernos en la fábrica de acero donde trabajan, y está, en fin, la de los sueños, la amistad y el amor, porque pese a ser muy diferentes (Anna es muy buena estudiante y quiere ir a la universidad; Francesca, en cambio, sueña con ser Miss Italia pero no siente mucho interés por los hombres), las dos heroínas de De acero quieren hacer el camino hacia la Felicidad de la mano, aunque los obstáculos que constituyen padres violentos, madres depresivas y amores inesperados se lo pongan muy difícil...

De acero es un libro fácil de leer y muy apropiado para escapar un poco de la moda de libros juveniles ñoños y glamourosos que nos asola, pero aunque sus personajes sean adolescentes, sus páginas las deberían catar tanto jovenzuelos como adultos con ganas de ver un poco cómo algunos lugares de la Europa del siglo XXI parecen recién sacados de un país en vías de desarrollo.

En conclusión: sin ser una obra densa y memorable (y que, todo hay que decirlo, en ocasiones no ahonda en personajes o situaciones en los que no hubiera estado mal trabajar más), Silvia Avallone hace bien su trabajo y nos ofrece una primera novela digna. Ah, y que dentro de nada contará con su película, como La soledad de los números primos...

sábado, 17 de marzo de 2012

Antonio Prieto: Tres pisadas de hombre

Idioma original: español
Año de publicación: 1955
Valoración: está bien


Tres pisadas de hombre. Tres patadas de hombre le vendría mejor. O ponérselo como subtitulo, por que los tres hombres que circulan por el relato van por la vida a patada limpia. Otra cosa no pueden hacer, porqué la vida también los trata a patadas.

Prieto situó la novela en un puerto sudamericano de localización incierta, pero de habla española y pegado a la selva amazónica. En él se sitúa el punto de partida de los tres tipos de patadas que van sembrando los protagonistas: un asesino despiadado, natural de la zona; un ex jugador de fútbol español, perdido por allí en busca de una mujer; y un aventurero italiano, líder natural del pequeño grupo, seco y duro como el pedernal.

Estos tres van contando la trama desde su punto de vista, encargándose cada uno de una de las tres partes del libro. Y dando su punto de vista sobre los otros personajes, la distorsión que sufren según quién sea el que habla es quizás lo más interesante del libro.

Porque, a pesar de que le valió al autor el premio Planeta, los personajes no pasan de estereotipos del asesino brutal y pendenciero, del futbolista cortito de entendederas y del héroe trágico que se ve obligado a una vida de lucha para recuperar a su amor. Todo esto mezclado con una misoginia galopante en todos los personajes, aunque esta se la podemos achacar a la época de su publicación. Y hay que reconocerle el valor de que en sus páginas sale una lesbiana, convenientemente violada, por supuesto; y la crudeza de la descripción de la vida como es y no como se supone que es. En el momento debió ser una buena patada en la mojigata sociedad española del decimosexto año triunfal. O tres.

viernes, 16 de marzo de 2012

Erich Kästner: Cuando era pequeño


Idioma original: alemán
Título original: Als ich ein kleiner Junge war
Año de publicación: 1957
Valoración: recomendable

Erich Kästner (1899-1974) fue un escritor alemán conocido, sobre todo, por sus libros infantiles, aunque también cultivó la poesía satírica. A pesar de que escribió una veintena de libros, yo sólo he leído éste, que resulta ser una de las obras menos "para niños" que publicó.

En Cuando era pequeño, Kästner nos cuenta a qué se dedicaban sus padres antes de conocerse, cómo se encontraron y se casaron, y cómo lo trajeron al mundo. Hijo único, dijo no haberse sentido nunca mimado o colmado de caprichos pero sí, según cuenta en estas páginas, lleno de cariño. Además de narrar como fue su infancia y su vida en la escuela, su afición por la lectura y la escritura, también cuenta cómo era la ciudad de Dresde, en la que nació y pasó parte de su vida, antes de los bombardeos que la destruirían casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial.

En realidad, a veces da la impresión de que la narración autobiográfica no es sino una excusa para rememorar la belleza y gloria perdidas de su ciudad y el horror que supuso la guerra, lo cual no le resta ni un ápice de interés. Escrito con una prosa sencilla pero cuidada, Kästner utiliza un tono humorístico e irónico para explicar ciertos pasajes, dotando al texto de una aparente ligereza que consigue que en ocasiones nos olvidemos de que estamos leyendo cosas muy serias.

Pero la realidad es que estamos ante un texto de lo más completo: es una autobiografía, un retrato de la sociedad alemana de la primera mitad del siglo XX, un reflejo de la ciudad de Dresde tal y como nunca la conoceremos y una lección de historia. Y, además, una narración inteligente y bien escrita. Y no sólo para niños. O, mejor dicho, para niños, aunque éstos ya sean adultos.

También de Erich Kästner en ULAD: Sobre la quema de libros

jueves, 15 de marzo de 2012

Fernando Aramburu: Los ojos vacíos

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable

Es una novela muy curiosa, esta de Los ojos vacíos de Fernando Aramburu. Curiosa en sí misma, y curiosa por ser de Fernando Aramburu, porque no parece haber sido escrita por el mismo autor de Los peces de la amargura y El vigilante del fiordo, volúmenes de relato de corte realista e inspiración contemporánea.

Los ojos vacíos no tiene nada que ver con esto. Es una novela de fantasía desbordante y aparentemente inagotable, que combina rasgos de novela de dictador, novela picaresca, novela de aventuras y novela de aprendizaje, todo ello en una geografía ficticia pero no ajena a la realidad: el extraño reino de Antíbula, sumido en el caos y las revueltas tras el asesinato de su rey Carfán III. Hijo ilegítimo de un músico extranjero y de la hija del posadero, el protagonista y narrador reconstruye, desde la atalaya de la vejez (como en El Lazarillo, sin ir más lejos) los años de su infancia y aprendizaje vital, dominados sobre todo por la figura de un abuelo tiránico e implacable; hay páginas crueles, páginas desagradables, páginas duras; pero también hay muchísimo humor, un derroche de invención y una galería variada de personajes sorprendentes.

Los ojos vacíos es una novela notable; quizás algo repetitiva en su segunda mitad, pero en todo caso construida con una firmeza envidiable. Disfrazándose por momentos de novela histórica (con la referencia a fechas, hechos y documentos supuestamente reales sobre la historia de Antíbula), es más bien una alegoría de lo que muchos estados europeos (y no europeos) fueron o pudieron llegar a ser en algún momento: una parodia de sí mismos. Al situarse en un mundo paralelo cercano a veces al onirismo o al esperpento, exige del lector paciencia y una "suspensión de la incredulidad" casi total; pero promete, a cambio, momentos divertidos, sorprendentes o sugerentes como pocas novelas que yo haya leído últimamente.

Lo cual me lleva a plantearme una cuestión interesante pero resbaladiza: si esta línea de creación fantasiosa, imaginativa e irrealista ha sido abandonada definitivamente por Aramburu; y si ha sido así porque se le agotó la vena, o porque le obligó a ello su concepción del compromiso ético y político. Si abandonó la Antíbula de Los ojos vacíos por la Euskadi de Los peces de la amargura por decisión artística o ideológica. Me daría cierta pena que sea lo segundo, porque vendría a probar algo que ni yo ni Aramburu querríamos que pudiera probarse: que el compromiso a veces es perjudicial para la literatura.

Otras obras de Fernando Aramburu en ULAD: Años lentosEl vigilante del fiordo

miércoles, 14 de marzo de 2012

André Gorz: Carta a D. Historia de un amor


Idioma original: francés
Título original: Lettre à D. Histoire d'un amour
Año de publicación: 2006
Valoración: muy recomendable

Con motivo del día de San Valentín, el mes pasado varios miembros de ULAD escribieron una serie de reseñas sobre libros de amor. Yo no participé porque no recordaba haber leído ningún libro que versara sobre este tema y que no estuviera ya reseñado. Pero, hace unos días, al intentar (re)organizar mis libros, descubrí una obra que bien habría tenido un lugar merecido en aquella serie: Carta a D. Así que, aun siendo tarde para San Valentín, decidí releer este librito y escribir esta reseña.

Carta a D es, como he dicho, un librito, una obra corta (apenas 110 páginas en formato pequeño y letra grande) de prosa sencilla pero cuidada que se lee de una sentada, pero que no por eso es poco valioso. Todo lo contrario. Cuando Gorz escribió este libro (2006), su mujer, Dorine Keir, habría contraído una enfermedad incurable que sabía que la llevaría a la muerte. Aterrados ante la idea de separarse, ambos se suicidaron un año más tarde, y esta obra es el testimonio que él dejó explicando lo mucho que se querían y quizá anticipando la decisión que tomaron en 2007.

En Carta a D Gorz escribe en forma de carta dirigida a su mujer, Dorine Keir, todo lo que ella significó en su vida, y basta leer las primeras frases del libro para saber que nos encontramos ante un texto muy especial: Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta años que vivimos juntos y te amo más que nunca.

Tras este bello comienzo, el autor intenta explicar, quizá con cierto remordimiento, por qué su mujer estuvo tan poco presente en su obra, a pesar de ser la persona más importante de su vida. Pero pronto deja de cuestionarse y continua su carta otorgándole el lugar que le corresponde, y reconoce que sin ella nunca habría llegado a nada. La caída de las ideologías, las guerras, los continuos cambios (pocas veces, a mejor) en el mundo, la enfermedad, la vejez... nada habría tenido sentido, si ella no hubiera estado a su lado.

Por eso escribió esta carta. Por eso cuenta que a ambos les aterraba la idea de enviudar, porque ninguno de los dos sería capaz de continuar viviendo sin el otro. Por eso merece la pena (y mucho) leer este libro. Porque habla del amor –del Amor– sin ñoñeces ni sensiblerías ni príncipes azules ni fueron felices y comieron perdices. Porque hubo momentos buenos y malos y a pesar de –o gracias a– todos ellos estuvieron juntos durante más de medio siglo. Para quitarse el sombrero.

martes, 13 de marzo de 2012

Cees Nooteboom: El día de todas las almas


Título original: Allerzielen?
Idioma original: holandés
Año de publicación: 1998
Valoración: Recomendable

Os diré que he leído esta curiosa novela – que consideraremos como tal en el más amplio sentido del término – de una forma un poco extraña: en lugar de leer, la mayor parte del tiempo me he dedicado a divagar. Porque, cuando se transita por Berlín en compañía de Arthur Daane, el reportero gráfico a quien apenas sucede nada pero a través de cuyos ojos (y cámara) atisbamos la realidad de una época, el texto funciona a modo de aspirador, extrayendo lo que cada uno lleva dentro. Eso a quien no se le caiga de las manos cuando compruebe que no hablamos de ningún relato al uso sino de seguir los pasos (reales y mentales) del narrador/protagonista.

El día de todas las almas, – del original holandés Allerzielen (All Souls Day) – también puede traducirse como Día de los Difuntos, pero figura en el ejemplar que yo tengo como Paradijs verloren, otra obra del autor publicada más tarde. Es un personalísimo documental escrito del Berlín de finales de los 90, su fisonomía, en especial la huella que ha dejado el Muro (tanto su existencia como su destrucción), su historia, la influencia que deja en sus habitantes, además de la indagación introspectiva y el buceo intelectual del viajero y cronista Nooteboom, por medio de su personaje, en todo aquello que le interesa, detesta, llama su atención o le conmueve. Entre todo ese amasijo de elementos, destaca – para el lector español – el conocimiento de este país, filtrado, naturalmente, por la mentalidad de un observador nacido en Holanda. Escrito entre 1996 y 1998, la violencia que se desencadenó aquí en el verano del 97 le sorprendió a media redacción y no pudo resistirse a constatarlo.

Pero su interés no se limita a la España de la época, ni siquiera a nuestro teatro clásico (utiliza la expresión “convidado de piedra” ¡¡dos veces!!) En sus pensamientos, o en su diálogo con esos amigos algo irreales (a medio camino entre puros arquetipos y seres de carne y hueso), se detiene a analizar el papel –decisivo para la configuración del panorama europeo – de los acontecimientos que, en la época medieval, tuvieron lugar en la península. “Estuve curioseando un poco en esa antigua historia española. Aún no existe ninguna España. Las fronteras van desplazándose continuamente de un lado a otro, es como para volverse loco. Musulmanes y cristianos, y esos, a su vez, divididos de nuevo en todo tipo de reinos grandes y pequeños, todo el mundo masacra a todo el mundo y luego otra vez amigos, y todo el mundo se llama Alfonso, lo que tampoco facilita las cosas.” “El mundo con el que nosotros tenemos que ver es la suma de todo lo que ocurrió alguna vez, aunque a menudo no sepamos qué ocurrió (…) Aquella época quizá no le importe a nadie un pimiento, pero en ese raro rincón de España se estaba decidiendo entonces el destino de Europa.”

España le sorprende tanto que no se resiste a compartir lo que para él constituye – para bien y para mal – todo un espectáculo. En cambio, en la nueva sociedad rusa, que parece conocer bastante mejor, apenas se detiene. Se limita a lanzar sobre ella una mirada rápida y volver la cabeza enseguida, encogiéndose teatralmente de hombros.

El invernal norte y el cálido sur observados desde Alemania por un espectador holandés. Centroeuropa se convierte así en el punto medio desde donde, de alguna forma, Noteboom dobla la manta para acercarnos a su particular visión de la historia pasada y presente. “Pero, ¿por qué demonios Alemania? Un poder económico que, parecía tirar de toda Europa, una moneda que era tan fuerte que el resto del mundo podía romperse los dientes al morderla, una posición geográfica que hacía que, si ese enorme cuerpo se girase un poco mientras dormía, se produjera algo así como un ligero terremoto en los países vecinos…

Paralelamente a todo ello, encontramos una historia de amor, no sólo absurda (¿hay alguna que no lo sea?) sino increíble, acartonada, casi folletinesca. Lo que todavía choca más en un texto tan riguroso intelectualmente. Si lo que Nooteboom pretendía era añadir algo de vida en un artefacto demasiado árido, el intento resulta fallido. Elik (hasta su nombre y la justificación de su origen español no pasan de ser una elaboración mental del autor), su melodramático pasado, su personalidad (demasiado) enigmática y la desdibujada – aunque no por ello más creíble – relación con Arthur Daane podría eliminarse sin que nadie las echase de menos. Al contrario, el conjunto ganaría en credibilidad y coherencia.

Como digo, los personajes no son tales sino (como Erna, la amiga incondicional con la que suele dialogar mentalmente) una pared donde rebotan los soliloquios del protagonista. O máquinas de lanzar ideas. Por ejemplo, una de las reflexiones que su amigo filósofo, Arno Tieck, suelta, como todos, sin venir mucho a cuento: “No pararán hasta que el mundo entero coma lo mismo. (…) Comer lo mismo, oír lo mismo, ver lo mismo y luego, por supuesto, pensar también lo mismo, si es que se puede hablar todavía de pensar. Fin de la diversidad” Encontramos también una especie de coro – al modo de la tragedia griega clásica – de inmortales que situándose por encima del bien y del mal filosofan brevemente entre uno y otro capítulo: “La eternidad, Dios, la historia, todo son invenciones vuestras. Todo es al mismo tiempo real y una ilusión, y vivir con eso no es tarea fácil.”

Como decía, un libro para reflexionar más que para revivir sucesos inventados, a medio camino entre la narrativa y el ensayo, con abundantes diálogos y continuos cambios de enfoque, que hay que leer con la mente abierta y sin prejuicios si se quiere disfrutar de él.

También de Cees Nooteboom en ULAD: Luz por todas partes

lunes, 12 de marzo de 2012

Kevin Canty: Todo


Idioma original: inglés
Título original: Everything
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

RL tiene cincuenta años, es dueño de un negocio de pesca en una pequeña población estadounidense y lleva una vida tranquila. Todos los años se reúne con June, la viuda de su mejor amigo, para celebrar un cumpleaños que él ya no podrá cumplir. Es su manera de recordarlo y de hacer más llevadera su falta. Sin embargo, June ya no quiere seguir con la tradición, pues no le deja seguir adelante con su vida. Así que esta vez anuncia que será la última. Y no sólo eso, sino que además va a vender su casa y va a intentar empezar de cero. Por si esto no fuera suficiente, su hija Layla ha vuelto a casa después de su primer año en la universidad, convertida en un bicho raro al que él no sabe cómo tratar, y Betsy, un amor de juventud, le pide que la acoja mientras recibe sus sesiones de quimioterapia.

RL tendrá entonces que plantearse su vida (¿qué ha hecho hasta entonces? ¿Qué se supone que debe hacer ahora?), pero también tendrán las mujeres que lidiar con lo que a cada una se le viene encima. Pues, ¿acaso tener más años nos hace más sabios y nos ayuda a enfrentarnos a nuestros problemas? ¿O sólo nos volvemos más viejos, mientras aprendemos a fastidiarla de una forma diferente cada vez?

Lo que Canty plantea en esta novela (cuyas 272 páginas no deben llevaros a engaño, es bastante más profunda de lo que parece a simple vista) no es, como podríamos pensar, que llega un momento en la vida en el que aprendemos a hacer las cosas bien, sino que lo importante es que no dejemos de luchar nunca. Y para ello nos muestra un pueblo en el que apenas pasa nada, donde se abusa del alcohol y uno nunca dice lo que siente, ni tiene jamás la sensación de estar haciendo lo correcto.

Para ello nos presenta a una serie de personajes imperfectos pero increíblemente reales, que no siempre saben qué necesitan pero que sin duda están dispuestos a tomar las riendas de su vida y enfrentarse a lo que se les cruce en el camino. Y eso ya es mucho decir.

domingo, 11 de marzo de 2012

Régine Deforges: La bicicleta azul

Idioma original: francés
Título original: La bicyclette bleue
Fecha de publicación: 1981
Valoración: Se deja leer

Me ha sucedido de nuevo: a la hora de calificar un libro con más puntos negativos que positivos en mi humilde opinión, considero que el adjetivo "Repugnante" es excesivo y acabo colocándole el tibio "Se deja leer". Pero que conste que pienso que La bicicleta azul es una obra que no se merece demasiados parabienes, principalmente, por un rotundo motivo: su argumento es una copia descarada de Lo que el viento se llevó, celebérrima obra de Margaret Mitchell gracias a esa adaptación cinematográfica que todos conocemos (y que a mí, qué demonios, me encanta).

Y es que Régine Deforges, famosa escritora gala conocida por sus obras de tintes eróticos, se pasó de la rayita... ¿O es que a nadie le suena lo que voy a escribir a continuación? Veamos... La heroína de la historia es Léa Delmas, una bella y feliz joven de diecisiete años de muy buena familia que tiene un par de hermanas mayores y muchos mimos y caprichos, y que está rodeada de pretendientes. Léa se dedica a pasar el tiempo frívolamente en Montillac, en la hacienda que posee su padre en la campiña bordelesa, cuando su idílico universo se viene abajo al estallar repentinamente la Segunda Guerra Mundial. Entonces se verá de pronto enfrentada a todos los horrores que trae consigo ese maldito jinete apocalíptico: la miseria, la derrota, la huída, la traición, la violencia y la muerte. Pero también descubrirá el amor y la pasión. Lo primero gracias a su vecino Laurent d'Argilat, al que se declarará, pero éste la rechazará para casarse con otra dama, por lo que Léa, despechada, se casará con otro hombre sin amor (que morirá al poco) y se hará amiga de la mujer que le ha quitado a su príncipe azul mientras éste esté en la guerra; y la segunda, en brazos de François Tavernier, un personaje lleno de claroscuros que despertará en Léa sentimientos opuestos de atracción y odio. Y bueno, también andará por ahí un amigo suyo desde la infancia, enamorado de ella hasta la médula pese al desdén de la joven, que aprovechará su amistad con "los malos" para forzarla...

En fin, que quitando lo del pérfido amigo de la infancia, suena bastante a Escarlata, Rhett Butler, Melania and company, ¿verdad?

Y a todo esto, que se me olvida lo más importante, Léa se unirá, de la mano de su tío Adrien (un monje dominico rebelde), a la causa de la Resistencia francesa, donde vivirá muchas peripecias... La joven servirá de correo llevando y trayendo mensajes a lomos de su bicicleta azul, la que da título a este libro, el primero de una trilogía de la que no conozco los otros dos volúmenes...

Conclusiones: el libro se lee rápido y bien y uno no se disgusta si sabe de antemano que ha escogido un folletín bélico-romanticón de manual (con escenitas erótico-festivas aquí y allá) y que en este mundo se puede plagiar burdamente y recibir premios y admiraciones a tutiplén por ello.

(Después de releer lo que acabo de escribir sigo preguntándome por qué no me he atrevido con el "Repugnante". Qué rareces tengo, hummm...).

PD: habemus serial para la TV. Con Laetitia Casta como prota y esas cosas...

sábado, 10 de marzo de 2012

Cómo publicar un libro. Basado en hechos reales.

Resulta que sí, que la semana que viene sale a la venta mi primera novela publicada. ¡En estos tiempos! Y consultado el Consejo ULADiano a propósito de escribir un post sobre el tema de publicar un libro de ficción, decidimos que tal vez podría ser interesante para algunos de nuestros lectores explicar un poco qué hice y cómo lo hice. Así pues, allá vamos.

Bien, lo primero que hice fue escribir una novela. Cuando la terminé, se la di a algunos amigos acostumbrados a leer (incluyendo algún sospechoso habitual de ULAD) y a otros no tan acostumbrados, para que la leyeran y me escribieran con sus impresiones: errores encontrados, sugerencias, opiniones sinceras, valoraciones de capítulos específicos y de la obra en conjunto... Esas cosas. Me pareció importante escuchar las voces de esos dos sectores, el lector habitual y el esporádico, porque ambos podían aportar visiones diferentes sobre un mismo texto.

Lo segundo que hice fue debatir/discutir/liarme a golpes con cada uno de ellos para llegar a conclusiones interesantes. Fueron dos o tres meses de emails y de cambios en el texto: algunos porque el razonamiento de mi interlocutor era impecable, otros porque su idea provocaba en mí la aparición de una nueva, e incluso hubo ciertos cambios que llegaron por arte de magia, como si hubiera partes del texto que yo no sabía que me disgustaban y, al hacerlas "públicas", mi "lector interior" me pusiera las cosas en orden. Por supuesto, cuando terminé la reeescritura de la novela y puse el punto final, ya estaba de ella hasta las narices.

Lo tercero que hice fue registrar la obra de forma oficial. En general, mi planteamiento sobre esto era que quién podría estar interesado en plagiarme un libro o una idea, sabiendo que a) ya está todo escrito, y b) hay como tropecientas mil novelas por todas partes. Pero luego, navegando por internet, lees casos realmente brutales de gente que, todavía hoy, copia alegremente una novela de otro y la publica con sus santos cojones, y hasta hace entrevistas y la hostia, y te quedas mosca. Así que la registré.

Lo cuarto que hice fue escribir una carta modelo para las editoriales. La carta tenía dos folios y constaba de los siguientes apartados: fórmula habitual de presentación ("les envío este manuscrito para que valoren...", etc.), características del texto (título, número de páginas, género), breve sinopsis argumental (como la que podría ir en la contraportada, caso de su publicación), argumentos de venta (público lector al que podría ir dirigida, competencia con libros del mismo estilo, posibilidades de promoción personales o estrictamente vinculadas al texto, etc.) y una breve biografía personal, apenas centrada en lo literario (qué coño iba a decir si nunca había publicado un libro). Para cerrar, una despedida elegante y mis datos de contacto.

Lo quinto que hice fue una selección de editoriales. ESTO ES IMPORTANTE. Hay que ser un poco espabilado y saber a qué puertas debes llamar, más o menos: si el libro es una novela histórica, por ejemplo (no fue mi caso), pues lo lógico es enviarlo a todas aquellas editoriales que suelen publicar libros así. Si tienes dudas, haz lo que yo hice: de librería en librería y apuntando nombres de editoriales como un loco. Luego, a través de internet, fui estudiando un poco cada una: dirección, novedades... Solía fijarme en si publicaban a autores españoles, y también en la parte de presentación: muchas editoriales explican en su "quiénes somos" qué tipo de libros les interesa publicar, y con esto te puedes hacer una idea de si tu obra puede "caber" en su catálogo o no. Al final, tenía unas 40 en la lista. La mitad de ellas decían claramente en su web que no aceptaban manuscritos no solicitados. La otra mitad eran receptivas.

Lo sexto que hice fue agrupar las editoriales por bloques: de más interesante (para mí) a menos; y con "interesante" quiero decir tanto "las que me gustan" como "las que pueden hacerme caso", no sé si me explico. Las últimas de la lista eran aquellas que decían no querer recibir manuscritos.

Lo séptimo que hice fue imprimir, encuadernar y comprar sobres grandes. Una pasta. Cada vez que me dejaban solo con una impresora sacaba el pen drive y la liaba parda, os lo juro. Iba siempre con mochila, por si podía imprimir alguna copia. Me gasté un montón de dinero, al final. No imprimí todas las copias a la vez, sino las que necesitaba para cada "bloque" de editoriales. Si el primer bloque eran 6, pues imprimía 6, con sus cartas de presentación.

Lo octavo que hice fue ir a Correos y rezar. Hacía un envío "masivo" (para varias editoriales a la vez, nunca muchas) cuando conseguía el dinero suficiente para las copias. Un envío cada tres o cuatro semanas, más o menos.

Lo noveno que hice fue esperar. Y esperar. Y esperar...

Lo décimo que hice fue empezar a recibir cartas, emails e incluso llamadas de rechazo. Lo normal, según pensaba. Lo de la llamada fue bastante inquietante, porque la hicieron desde una editorial "de las gordas" para decirme, atención, que les había gustado la novela pero que no me la iban a publicar. Ah, muy bien, la fiesta muy bien, la gente muy maja. En fin, cosas que pasan.

Mientras seguían llegando mensajes de rechazo y casi había terminado de enviar el manuscrito a las 40 editoriales de mi lista, ya había empezado a escribir la segunda novela. ESTO TAMBIÉN ES IMPORTANTE. Si hacemos caso de todas esas leyendas de escritores o artistas en general que fueron sistemáticamente rechazados hasta que, un buen día, alguien les abrió una puerta, en sus trayectorias tienen algo en común: a pesar de todo, siguieron trabajando. Por cada "no estamos interesados en publicar tu libro" ellos escribían otra página. A grandes rasgos, eso fue lo que yo hice: asumir que la cosa está muy mal, que no me conoce nadie, que se publican muchos libros al año, que la crisis está perjudicando a las editoriales y a las librerías, que hay gente que escribe mejor que yo, que hay gente más guapa y más chula que yo, que quizá ese día en que llegó mi manuscrito el lector estaba pasando un mal momento y le pilló a malas... Quién sabe. Lo único que tenía claro era que debía seguir trabajando.

Así que terminé la segunda novela. Y, como creía de veras que el proceso que había llevado a cabo con la novela anterior tenía sentido, empecé de nuevo: amigos, debates, listado de editoriales, etc. Todo el rollo. Otra vez a gastar pasta en copias. Otra vez a aprovecharme de cualquier impresora que tuviera a tiro.

Por suerte no tuve que gastar mucho: una mañana, a los tres días de realizar el envío al primer bloque de editoriales, me llamó un editor. Os juro que se me salía el corazón por la boca.

De eso hace unos seis meses. El 19 de marzo la novela estará en las librerías.

Supongo que el secreto de todo esto es trabajar mucho y tener suerte. Como con todo en la vida. Y una de esas dos cosas depende exclusivamente de nosotros.


EDITANDO:
Como varias personas han querido conocer el título de la novela, y como de todos modos uno de mis compañeros y Santo Padre Fundador de este blog ya se ha ido de la lengua en los comentarios, creo que mantener el secreto es una tontería. Y tampoco quiero que parezca que estoy haciéndome el interesante. El libro es Una comedia canalla y lo edita la estupendísima Libros del Silencio.
Por último, he pensado que tal vez podría hacer una segunda parte de este post, dentro de unas semanas, contando cómo fue el proceso de edición del texto; es decir, todo el trabajo que vino después de la llamada del editor. Me parece interesante porque demuestra que escribir no es, en realidad, un oficio tan solitario como parece. Al menos no del todo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Pedro Calderón de la Barca: El alcalde de Zalamea

Idioma original: español
Año de publicación: 1651
Valoración: Recomendable

Antes de empezar a leer El alcalde de Zalamea me propuse una pequeña ficción mental: leerlo como si yo fuera virgen (literariamente hablando, se entiende), como si no supiera quién es Calderón, ni cuándo se escribió la obra, ni que existe Peribáñez y el Comendador de Ocaña ni el Arte Nuevo de Hacer Comedias. O sea, leer el texto sin su contexto: leer la obra como si hubiera sido escrita ayer. Evidentemente, esto es imposible, pero es interesante porque permite abstraerse un poco (solo un poco) del peso de la tradición y juzgar, simplemente como lector, si la obra te gusta o no. Si seguimos siendo sensibles a su propuesta estética, o no.

Y bueno, como lector no ha sido una mala experiencia. El alcalde de Zalamea tiene diálogos ingeniosos; monólogos espléndidos desde el punto de vista retórico; escenas de esas destinadas a conmover (el llanto de Pedro Crespo, impotente por el rapto de su hija Isabel; el llanto de Isabel, violada por el Capitán). El tema de la honra, tan importante durante todo el Siglo de Oro (y aquí el contexto asoma ya su cabecita) aparece aquí en una forma que sigue siendo capaz de implicarnos: al fin y al cabo, es humanamente comprensible que un padre quiera vengarse de quien ha violado a su hija (no sucede así en otras obras del Siglo de Oro, en que la ofensa no es ni con mucho tan evidente ni tan grave).

Y ya que nos hemos puesto anacrónicos y provocadores, no sería imposible pensar en una versión actualizada (contemporaneizada) de El alcalde de Zalamea, trasladando su acción, por ejemplo, a Bagdag o a Afganistán. Allí siguen siendo actuales los temas de los abusos de la soldadesca contra la sociedad civil que los acoge; lo mismo se puede decir de una de las tensiones básicas de la obra: la de la jurisdicción civil (representada por Pedro Crespo) y la militar (representada por Lope de Figueroa), que vemos chocar también en casos y momentos concretos de la actualidad (el caso de la muerte del periodista José Couso; Guantánamo; el recluta Manning). Para encontrar un paralelo a la aparición del Rey como garante del equilibrio social no hace falta irse tan lejos: basta con leer el editorial de El País de este domingo.

Pero todo esto, claro, no son más que juegos de la imaginación: Calderón no escribe en nuestros días, sino en el siglo XVII; El alcalde de Zalamea no nace de la nada, sino que es una continuación y una culminación de la "Comedia villanesca" que inició, cómo no, Lope. Su lenguaje es el lenguaje del primer tercio del siglo XVII, que bebe también del teatro explosivo de Lope, aunque lo mezcla antes con unas gotas de Soledades de Góngora. Y su conclusión no es nada revolucionaria: es cierto que Pedro Crespo se arroga poderes que no le corresponden, pero su acto habría sido ilegal y sancionable de no haber sido por la mano majestuosa del Rey (rex ex machina, podríamos decir) que viene al final a salvarle los muebles, y la cabeza.