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domingo, 5 de julio de 2015

Jorge Luis Borges: Poesía completa

Idioma: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable


Reconozco (y que conste que no me vanaglorio de ello, sino que lo admito como una de mis carencias) que nunca he sido un lector asiduo de poesía; de hecho, tampoco lo he sido más que de un puñado de autores (Quevedo, Machado, Gil de Biedma). Es más, creo que el poeta que más he frecuentado, de una forma u otra, resulta ser uno que no suele recordarse como tal, aunque sin embargo este libro que hoy reseño deja constancia inequívoca de su fiel dedicación a este género a lo largo de toda su vida.
Se trata de Jorge Luis Borges, tan idolatrado a menudo -aunque también desdeñado por algunos- como ilustre cultivador de la narrativa breve, del cuento o la digresión... e incluso poseedor de una mirada literario-filosófica peculiar: lo "borgiano", concepto imitado luego por muchos epígonos, con desigual -y por lo general, escasa- fortuna. Y sin embargo, Borges comenzó y acabó su carrera literaria como poeta: en una época tan temprana como 1921, publicó Fervor de Buenos Aires, y en 1985, un año antes de su muerte, salió su último libro de poemas, Los conjurados.
A lo largo de esos más de 60 años,  Borges generó una obra poética demasiado vasta como para resumirla en esta reseña.  Tan sólo decir que evolucionó desde uns bisoñez afectada, de iinspiración modernista (movimiento que el Borges poeta reivindicaría siempre como origen de sus versos, aunque en general descreyera de las escuelas literarias! que juzgaba "simulacros didácticos para simplificar lo que enseñan"), con cierta querencia por el criollismo patriótico,  el exotismo y cierta morbosidad romántica (ahí están los poemas a los cementerios de Buenos Aires: La Chacarita y La Recoleta); como él mismo admitía en un prólogo,  "de joven buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha..." Son los poemas de Fervor de Buenos AiresLuna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín  (1929).
Sus versos de la edad madura ya han cambiado de tono y de intereses (aunque nunca renunciaría su criollismo y aun "gauchismo", como demuestran las milongas de Para las seis cuerdas, del año 1965), e incluso de métricas: siempre reivindicó el verso libre, pero cultivó también el soneto -con variables resultados- y, cada vez más,  la "prosa poética". Para El hacedor (1960) los temas que le cautivan son la eternidad, cierta metafísica (Los espejos) y la épica, incluso familiar (Los Borges, El capitán Borges). A este libro corresponde una de las poesías más conocidas del autor -recordemos que fue nombrado director de la Biblioteca nacional y al poco se quedó ciego-, El poema de los dones, que comienza así:

                                        Nadie rebaje a lágrima o reproche
                                        esta declaración de la maestría
                                        de Dios, que con magnífica ironía
                                        me dio a la vez los libros y la noche.

Su libro favorito de versos era, sin embargo, El otro, el mismo, de 1967, en el que reconoce: "Ahí están asimismo mis hábitos: Buenos Aires, el culto de los mayores, la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura..." Admite además, con ironía, la observación hecha por Alberto Hidalgo de su costumbre de escribir dos veces la misma página, con variaciones mínimas, Y también pergeña una definición del arte poética: "Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto".
En Elogio de la sombra (1969) dice: "A los espejos, laberintos y espadas que ya prevé mi resignado lector, se ha agregado dos temas nuevos: la vejez y la muerte". Este libro, de hecho, inaugura la muy fecunda serie de lo que podríamos llamar "poemas de vejez" de Borges: El oro de los tigres (1972), La rosa profunda (1975), La moneda de hierro (1976), Historia de la noche (1977), La cifra (1981) y Los conjurados (1985)... multitud de poemas y de prosas poéticas en las que trató de proyectar la emoción íntima que le causaba "una observación, una despedida, un encuentro, uno de esos curiosos arabescos en que se complace el azar...", pues, según él, "un volumen de versos no es otra cosa que una sucesión de ejercicios mágicos".
No me resisto a reproducir aquí, como perfecta plasmación -creo- de lo que fue la obra y tal vez la vida de Borges, uno de sus poemas, la tanka nº 6 que aparece en El oro de los tigres:

                                                          No haber caído
                                                          como otros de mi sangre
                                                          en la batalla.
                                                          Ser en la vana noche
                                                          el que cuenta los versos.




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7 comentarios:

  1. Juan G.B he leído ficciones y el aleph

    Cual sería el próximo libro de borges que debería leer???

    Un saludo

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Hola:
    Yo tengo debilidas por "Historia universal de la infamia", pero supongo que son superiores "Otras inquisiciones" o "Historia de la eternidad". Si quieres leer poesía, te recomiendo "El otro, el mismo".
    Un saludo.

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  4. Gracias por tu reseña, Juan

    Tuve el privilegio de ver y escuchar a Borges varias veces. Cuando áutografío mi preciado ejemplar de El Aleph, en una Feria del Libro de hace casi 40 años. O cuando fue a mi ciudad, La Plata, a dar una charla sobre el Quijote.

    Leí toda su obra en prosa, no así su poesía, que leí casi nada. Por lo que agradezco esta entrada, que seguramente me inducirá a volver al gran maestro, al que daba casi tanto placer escuchar como leer.

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  5. Hola Puma:
    Ante todo, gracias por tu comentario, tan amable como siempre. ¡uf, un ejemplar de El Aleph firmado por el propio Borges! Cuídalo bien, que eso es un tesoro...
    Te diré que yo hasta ahora consideraba la obra poética de este gran autor como de menor entidad, en comparación con su prosa, pero que gracias a esta recopilación , me he dado cuenta, primero, de queBorges era, antes que otra cosa -y seguramente él mismo se consideraba como tal-, poeta. Y en segundo lugar, que entre sus numerosos versos,aunque de variada calidad y una cierta repetición de temas y recursos, es posible seleccionar una buena cantidad que creo que están a la altura de los mejores poetas en lengua castellana.
    Un abrazo.

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