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viernes, 21 de abril de 2017

Fred Vargas: La tercera virgen

Resultado de imagen de la tercera virgenIdioma original: francés
Título original: Dans les bois éternels
Año de publicación: 2006
Valoración: Recomendable


Hilvanar una trama coherente en la que no quede ni un solo cabo suelto parece el requisito fundamental en toda novela negra que aspire a tener algún peso. No hay que olvidar tampoco -y Vargas lo tiene muy presente- la originalidad, el sello personal, la necesidad de desprenderse de esos clichés que alguna vez demostraron su eficacia y ahora solo aburren. Este es el mayor mérito adjudicado generalmente a la autora y justo es reconocérselo, pero en literatura cualquier recurso, por muy bien que funcione, se vuelve inconsistente o tedioso cuando el autor se excede en su uso. Fred Vargas es conocida por su habilidad para poner en marcha un complejo entramado detectivesco con solo un par de pistas peregrinas, lo que evidencia su gran imaginación y su indiscutible personalidad literaria, pero también da lugar a que algunas tramas suyas parezcan más castillos en el aire que sólidas argumentaciones encaminadas a averiguar la autoría de un crimen. En esta novela, el hilo utilizado para que la investigación avance es un poco menos tenue que en otras, quizá no al principio, pero acaba quedando bastante afianzado a medida que progresa la acción.
Esta forma algo caprichosa de enfocar los casos se debe a la inteligencia intuitiva, errática y más bien arbitraria del célebre comisario Adamsberg, protagonista de la mayor parte de las novelas de Fred Vargas y tan peculiar como exigen los cánones. Lo que añade interés y credibilidad a sus investigaciones es que las realiza en equipo, que se equivoca más de una vez como cualquier hijo de vecino y que, a consecuencia de esto, abandona unas rutas y emprende otras nuevas. Esto añade complejidad y verosimilitud convirtiendo La tercera virgen en un artefacto interesante.
Personalmente, prefiero esas maquinarias potentes que se ponen en marcha sin intervención de mediadores como ocurre en Vestido de novia, o las que contienen algún tipo de crítica social al estilo de Out o de Antes de que hiele. El puro acertijo policíaco, sin más trascendencia, no suele interesarme mucho, pero este edificio -por mucho que lo veamos tambalearse a lo largo de gran parte de sus páginas- acaba resultando bastante sólido, las justificaciones de índole psiquiátrica y esotérica resultan convincentes a última hora y la red de relaciones que se establece entre los policías así como sus respectivas personalidades son tan atractivas como creíbles dentro del marco establecido previamente.
Lo que desencadena todo lo que va a continuación es un doble asesinato con toda la pinta de ser un ajuste de cuentas del narcotráfico, pero una cosa lleva a la otra y nos encontramos interesándonos por una serie de fallecimientos vulgares, exhumando tumbas, persiguiendo a un gato andarín, analizando el elixir de la vida eterna y, en definitiva, siguiendo el rastro de una Sombra. 
Tenemos pues una gran variedad de ingredientes perfectamente cohesionados, que se combinan en las dosis justas, con muchos elementos despistantes, todo lo cual garantiza una lectura de lo más entretenida y que, contrariamente a lo esperado, invita a la reflexión.

En colaboración: Los cuatro ríos

5 comentarios:

  1. Hola:
    Muy de acuerdo con tu reseña, me permito añadir que, en mi opinión, éata junto con "El hombre del revés" y wuizás "Huye deprisa..." son las mejores novelas de la serie Adamsberg.

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  2. Hola, Juan. Me alegro que coincidas conmigo porque se ve que eres un experto en Fred Vargas. Las que mencionas no están entre lo poco que he leído de ella así que no me esperaba gran cosa. Creo que nunca seré una incondicional suya pero esta, a pesar de los cabreos que agarraba cada vez que se le iba la olla, ha terminado conquistándome :)

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  3. Hola, a mí sí que me gusta cuando se va de olla y parodia descaradamente el género, aunque a veces se pase de rosca, como cuando, no recuerdo en qué novela, siguen con helicópteros y enorme despliegue policial a La Bola, el gato de Retancourt, aunque está claro que perjudica la credibilidad de la trama. También me gusta el toque de humor y poesía, tan surrealista, que recuerda a Boris Vian, Raymond Queneau, André Breton... Fred Vargas es hija de Philippe Audoin, un escritor del círculo de André Breton (que se ganaba la vida como funcionario) y se nota. Coincido con Juan, yo también me quedo con esas tres, y quizá el Hombre de los círculos azules, puede ser porque la leí la primera. La serie de los Evangelistas es más floja pero también divertida.

    Ana B

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  4. Hola Ana. La persecución a la Bola es en esta novela. Muy divertida, sí. Desde luego Vargas es maestra en el arte de casar thriller con surrealismo. Lo que no acabo de tener claro es si ese matrimonio es viable o perjudica por igual a las dos formas de hacer literatura.
    Desde luego, como ida de olla y divertimento no tiene precio. Y en esta novela en concreto consigue encajar bastante bien todas las piezas, que no son pocas por cierto.

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  5. Es la única novela de la autora que he leído. Le di la oportunidad porque la encontré en un contenedor de papel, que me suele dar sorpresas en forma de libro, ya que el género policiaco no me llama la atención. Me ha parecido entretenida, sin más. Tópicos, estereotipos y situaciones inverosímiles hacen que me cueste entrar en la novela. Me quedo con las reflexiones y comeduras de tarro de Adamsberg.

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