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domingo, 20 de junio de 2021

Guy de Maupassant: Un parricida

Idioma original: francés

Título original: Un parricide

Traducción: Esther Benítez

Año de publicación: 1882-1884

Valoración: Está bien


Maupassant es de esos autores, especialmente famosos por sus relatos breves, que casi todo el mundo conoce por aquellos más representativos, aunque cuente con otros textos reseñables (nunca mejor dicho), tanto breves como en formatos más extensos (ver enlaces abajo). En mi caso, me quedé con la honda impresión que en su día me produjo El Horla y a raíz de aquello me decidí a explorar algunos otros cuentos de los que, para variar, no recuerdo nada. Hasta que casi sin querer tropecé con este pequeño volumen, que lleva el título de uno de ellos aunque incluye otros siete relatos que se mueven en una línea similar.

Por situarnos un poco, a este caballero lo colocaríamos en el campo del realismo, tanto por la época como por formación, no en vano fue discípulo del mismísimo Flaubert. Sin embargo, no sé si por su peculiar personalidad (por lo visto no demasiado equilibrada) o por otras influencias, el clima de los relatos que yo conozco, y en particular los de este volumen, tiene un cierto ramalazo romántico: el elemento trágico siempre presente, la oscuridad, cierto halo de misterio, la muerte. Aunque ciertamente las historias que cuenta, al menos en esta ocasión, están lejos de aquellos fenómenos sobrenaturales que entusiasmaban a los románticos. Aquí se habla de aconteceres plenamente humanos, a veces equívocos, otras veces producto de las pasiones o del azar, pero nada que no sea de este mundo.

Hablamos de relatos en los que los celos provocan terribles desgracias, largos años de dolor o de promesas imposibles alteran para siempre el curso de una vida, la venganza toma cuerpo en personas de quien nunca se podría sospechar. Siempre nos encontramos ante sentimientos profundamente humanos que, exacerbados, llevados al extremo, se transforman en comportamientos monstruosos que conducen al crimen o algún tipo de fatalidad. La puesta en escena ayuda también a subrayar esa distorsión: en general se parte de un entorno aséptico, pequeñas historias familiares, cotidianas, en las que nada hace presagiar la tragedia, y ahí se va fraguando el mal, con detalles que van poniendo en guardia al lector, sugiriendo que algo no marcha como debiera.

En alguna ocasión el esquema se altera para mostrar cómo la irracionalidad puede tomar direcciones contrapuestas. En Denis el delirio homicida parte de algo tan vulgar como la codicia, pero se le contrapone (o mejor, se le superpone) cierta complacencia de la víctima que deriva en una extraña forma de sumisión, algo que resulta chocante al leer el relato aunque mucho menos si nos detenemos a pensar en algunas realidades, por ejemplo en el ámbito de la pareja (y perdón si soy demasiado elíptico, pero prefiero eso a la fácil tentación de destripar textos tan breves).

El último de los relatos, Châli, es el más diferente. No sé si es demasiado atrevimiento decirlo, pero vuelvo a ver, aquí con mayor nitidez, la influencia romántica, porque el cuento tiene todo el aspecto de Las mil y una noches, con escenario oriental incluido. Maupassant alarga el texto algo más allá de lo habitual para poner el foco en los excesos de hospitalidad del príncipe hacia el viajero, y hacer después un viraje bastante radical aproximándose a algo que hoy calificaríamos como bastante próximo a la pedofilia, hasta embocar el desenlace final. Digo esto porque la estructura tiene más que ver con una novela corta, diríamos comprimida, y es el texto de mayor desarrollo, además de tener un colorido mucho más rico (y hasta con una curiosísima secuencia que parece calcada de El libro de la selva, que si no me equivoco es posterior). No sé si es por esta vistosidad, pero igual diría que este Châli es tal vez mi favorito, si bien es el menos representativo de todos los cuentos. 

Y todo esto ¿conduce a valorarlo con un Está bien? Pues realmente parece una calificación muy cicatera, y no sabría explicarla del todo. Quizá falta una chispa de genialidad, puede que  esta colección de crímenes necesitase de algo menos de racionalidad y algo más de misterio, el punto de lo inexplicable –no necesariamente fantástico- que nos inquietaba en El Horla. Parece que para Maupassant los actos que brotan de la mente humana sean suficientes para provocar el terror, y seguro que tiene razón. Pero para un texto literario, podría ser que no. O, al menos, es opinable.

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