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miércoles, 12 de julio de 2023

Jim Dodge: El Cadillac de Big Bopper

 

Idioma original: inglés

Título original: Not fade away

Año de publicación: 1987

Traducción: Ana Herrera Ferrer

Valoración: bastante recomendable

Supongo que la vocación pop de este libro ya queda ejemplificada por la curiosa traducción (por decir algo) del título, que no es que sea discordante sobre su contenido- al fin y al cabo esta es una novela que habla de un Cadillac que había que entregar a Big Bopper - sino que ya se declara que su traducción quede inequívocamente relacionada con ese universo tan estereotipado: los años sesenta, cierto perfil de buscavidas, la generación floreciente del rock'n'roll, esos cars'n'girls que Prefab Sprout mencionaban a cuenta de estrellas como Bruce Springsteen, los excesos con las substancias, las huidas en un coche, la gasolina por galones, etc.

Por ese camino ya hemos encontrado a toda una generación de autores que han reportado esa especie de eclosión ligeramente contracultural, y la figura del fugitivo recorriendo kilómetros, perdón, millas, aunque quizás la palabra huida no sea exacta. Podría ser también un encuentro con uno mismo, una especie de epifanía la resultante de entregarse al asfalto en búsqueda de aventura. Para este caso concreto, George Gastin es eso, un buscavidas que se gana la vida participando en fraudes al seguro, estrellando vehículos para cobrar indemnizaciones. Recibe un encargo y este es especial. Un Cadillac que iba a ser regalado a Big Bopper, tercera víctima del icónico accidente aéreo en que pereció Buddy Holly. Un encargo muy bien pagado que Gastin podría ejecutar con sencillez y profesionalidad, pero en el que todo cambia. Gastin lee la carta en que la propietaria del vehículo va a regalárselo al músico fallecido y su decisión es tajante: no destrozará el vehículo sino que acudirá al encuentro de Big Bopper, allí donde esté enterrado entregará el regalo. Toma el dinero que le han adelantado para su trabajo, se hace con un tocadiscos y un montón de discos que va reproduciendo (!!!) por el camino, se aprovisiona de un montón de anfetaminas para hacer el camino más llevadero, inicia un largo recorrido en el que mantendrá una serie de encuentros, reales o virtuales, por acción de los estupefacientes,  podemos entender que sus recuerdos de estos episodios pueden ser fieles o consecuencia de la acción de las sustancias que va dosificando, y algunos encuentros parecen más bien parábolas que encuentros reales, que condicionan y matizan su determinación de llegar a su destino. Pernocta en moteles, dosifica el dinero y las pastillas. 

Llegado este punto, ya vemos que la premisa de la novela es ligeramente reminiscente de algunos clásicos de la época, y aunque esto no es periodismo gonzo sino narrativa, también narrada, parece, desde el exceso y, a tenor del momento de su publicación, más homenaje que, especulo, producto de la experiencia en sí. Así que sin ser una alternativa sí podemos asociar este El Cadillac de Big Bopper con la obra de Hunter S. Thompson, incluso con cierto espíritu de Thomas Pynchon en el surgimiento de personajes que parecen justificar la trama. Pero Dodge es menos excesivo, más matizado.

Eso sí, a quien busque en la literatura un sentido estético pronunciado o incluso un cierre perfecto de trama, habrá que decirle que este no es su perfil de novela. 


También de Jim Dodge en ULAD: Stone junction, Fup

1 comentario:

  1. Seria genial leerlo y conocerlo. siempre en la búsqueda de material de lectura
    lo anoto. Gracias por compartirlo, saludosbuhos!

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