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lunes, 30 de enero de 2023

Clarice Lispector: Cerca del corazón salvaje

Idioma original: portugués
Título original: Perto do Coração Selvagem
Traducción: Josep Domènech Ponsatí (trad. al catalán para Club Editor) y Basilio Losada (trad. al castellano para Siruela)
Año de publicación: 1943
Valoración: recomendable


Creo poder afirmar, sin equivocarme demasiado, que es habitual descubrir un autor a través de su último libro publicado. Es el poder del mercado editorial, que nos lo muestran por doquier para captar nuestra atención. Solo cuando un autor ha calado fuertemente en nuestras vidas es cuando nos adentramos a buscar sus obras iniciales, sus primeras experiencias literarias. En este caso, Club Editor nos ha facilitado el camino publicando, justo ahora, el primer libro de Clarice Lispector después de haber publicado su magnífico «Un soplo de vida» y «La hora de la estrella» (precisamente sus dos últimas novelas). Así pues, parece que quieran cerrar un círculo, espero que para rellenarlo del resto de sus obras.

El libro empieza con la protagonista, Joana, narrando una situación familiar: está ella en su hogar, siendo aún pequeña, con su padre, y se aburre soberanamente. Y en el aburrimiento se activa la imaginación, y así empieza una narración con su voz interna en la que deambulan sus inquietudes e ilusiones. De esta manera, vemos que ya en esta primera novela de la autora, escrita cuando tenía únicamente veintitrés años, Lispector expone lo que iremos viendo a lo largo de su carrera literaria y es algo destacable pues evidencia que su pulsión por escribir parte de un sitio concreto y, tras más de treinta años escribiendo, los temas que tratan son los mismos; algo que invita a pensar que por más que reflexionemos sobre la condición humana, nunca llegaremos a conocer sus misterios.

Ya en el segundo capítulo hay un salto temporal y se nos muestra a Joana en edad madura, con sus mismas inquietudes, pero más pobladas de miedos pues «incluso ni el placer me puede dar tanto placer como el mal, pensaba ella con sorpresa. Sentía en su interior un animal perfecto, lleno de inconsecuencias, egoísmo y vitalidad». Y en ese pensamiento negativo, la influencia de su tía, alguien a quien «la bondad le hacían tener ganas de vomitar». Así, la protagonista, vive en la incerteza y el desasosiego, en un desencaje continuo en el mundo que constatará a lo largo de su vida, afirmando que «pierdo la consciencia, pero da igual: encuentro la mayor serenidad en la alucinación» y la necesidad de encontrar algo que la hiciera vibrar, que la hiciera sentir viva, confesando que «incluso sufrir era agradable, porque mientras se soportaba el sufrimiento más vil, uno también existía».

De esta manera, vemos en este texto que Lispector muestra los pilares básicos sobre los que construirá su obra posterior y se perciben en él sus inquietudes en torno a la autoconsciencia, al conocimiento de uno mismo, el deseo y la muerte y la eternidad. También se evidencia su obsesión respecto al encaje de uno en un mundo que de manera permanente permanece ajeno, extraño, hostil. Así, Lispector hace gala de su dominio del monólogo interno, de sus continuos cuestionamientos sobre realidad, vida, ilusión y sueños. 

Estructuralmente, el libro es un continuo salto temporal de manera que los episodios, especialmente en su primera mitad se suceden de manera discontinua y aleatoria, dificultando en alguna ocasión el seguimiento de una trama que a veces no está perfectamente definida. Así, vamos conociendo la infancia de la protagonista Joana, ya huérfana, viviendo con su tía y su tío en una relación fría y distante mientras que a la vez vemos su vida ya adulta en una relación con Otávio, no siempre fácil ni placentera y con la presencia puntual pero reiterativa de un profesor del que nunca llegó a olvidarse y que aparece de vez en cuando en sus recuerdos, en los momentos en los que su relación con Otávio mengua. Un Otávio estricto y riguroso, metódico, a quien le obsesiona el orden, muy distinto de ella en cuanto a caracteres, pues «aquello que lo fascinaba y asustaba de Joana era precisamente la libertad con la que vivía».

Cabe decir que es admirable la capacidad de Lispector se elaborar una primera novela con un texto de tamaña profundidad y complejidad, y que esta sea el origen y la semilla de su obra posterior. Es como si el camino estuviera trazado desde un inicio, pues se percibe el estilo de la autora ya en esta primera obra, un estilo que, aunque con matices en lo referente a la profundidad o algunos temas tratados, seguirá con ella durante toda su vida literaria. Bien es cierto, que se nota la falta de experiencia y madurez literaria al evidenciarse en un cierto desorden argumental aún y teniendo en cuenta que Lispector acostumbra a esbozar sus ideas de manera algo desorganizada que al final encajen en el texto, pero la redondez en conseguir que este hecho suceda de manera orgánica solo se consigue con la experiencia. Por ello, se nota aquí cierta falta de cohesión en un argumento que se sostiene principalmente en las dudas e inquietudes de Joana pero a las que le falta algo de empaque para, a partir de ellas, trazar un argumento que las acoja y las absorba como parte de la propia trama. Así, el texto tiene sus mejores momentos cuando la autora transmite sus inquietudes existenciales por encima de los episodios en los que intenta centrar el relato en una trama que a veces se les va de las manos.

En cualquier caso, Lispector muestra sus grandes dotes cuando habla de su necesidad de salir de los límites de la literatura y de su propio cuerpo, afirmando que «cuando me descubro en el fondo del espejo, me asusto. Apenas puedo creer que tenga limites, que sea recortada y definida. Me siento esparcida por el aire, pensando dentro de las criaturas, viviendo en las cosas más allá de mí misma» porque «el sueño es más completo que la realidad. La realidad, en su inconsciencia, no me deja respirar. Al final, ¿qué es lo que importa: vivir o saber que vivimos?». Y en las dudas existenciales siempre aparece ese punto de nostalgia, pues a pesar de que «no debo olvidarme, pensé, de que he sido feliz, de que soy feliz. Más de lo que es posible. Pero me he olvidado de ello, siempre me he olvidado de ello».

Por todo ello, es muy fácil reconocer en este libro a la Lispector de sus obras mayores y viene a confirmar que el talento existe en uno mismo y que, uno puede modelarlo y perfeccionarlo, pero cuando el talento se lleva dentro, es imposible de frenarlo. Ya lo dice la autora en el propio libro al hablar sobre la relación entre el genio y la inteligencia porque «el genio no es tanto una cuestión de poder intelectual, sino de la forma en la que se presenta este poder». Lispector es un claro ejemplo de ello, sabiendo transmitir a la perfección sus inquietudes. 

Dice Lispector, hablando de su protagonista, que «durante unos segundos largos y profundos supo aquel espacio de vida era una mezcla de lo que ya había vivido y de lo que aún tenía que vivir, todo fundido y eterno». Al leer esta obra pasa algo parecido, podemos ver en él toda su obra, la ya escrita y la que le quedaba por escribir.

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