Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: Muy recomendable
Empezar diciendo algo: los editores
aseguran que sobra y se tira papel. Tener en cuenta que hay un
mostrenco al otro lado, el lector. Afinar. Los editores aseguran que
sobra y se tira papel, pero que no están preocupados, la buena
literatura abunda. Valorar la superposición de un «oiga». La buena
literatura abunda, oiga. Sí, sí, mucho mejor.
Un editor de libros es una especie de
persona. Su lenguaje es la sinopsis y su adjetivo el calificativo.
Dentro de sus complicados mecanismos, Pasajero K, el libro de Adolfo
García Ortega, forma parte de un rotor en la sección de Novela
intelectual. Que qué pereza, dirá usted. Bueno, tampoco. Pasajero K
es una novela intelectual pero no hay rastro de ningún pérfido
existencialista, cuestión más que trascendente, se mire por donde
se mire. Porque la vida puede ser una mierda, efectivamente, pero es
una porquería que se pega a la ropa o a otra cosa, no suele pararse
a reflexionar.
Por eso me gusta que Adolfo se mueva.
Se mueve tanto que nos tiene todo el día de viaje, pero en tren,
Europa es su territorio, y mientras avanza va ganando en emoción,
hasta que estalla, entonces la novela se convierte en una suerte de
liberación: el origen, la razón, el dolor, la violencia, la miseria
humana, todo está relacionado, aunque sea duro reconocerlo, aunque
sea más fácil mirar hacia otro lado. Adolfo García Ortega ha
construido una frenética novela de trenes y acontecimientos —los
grandes expresos de antaño frente a los trenes de alta velocidad que
ajustan el movimiento a los tiempos de ganancia—, agarrándola del
mismo modo con que otros aprietan el mango de un puñal en sentido
descendente, pero sin empujar, todo muy digno, Europa sigue siendo un
lugar desolado en el que los horrores de la guerra balcánica de
finales del siglo XX permanecen a flor de piel.
Uno puede asomarse al mundo muy
enfadado y rebelarse contundentemente contra el Sistema a golpe de
clic, o puede dedicarle tiempo al asunto y escribir un libro, como
Adolfo, que además de traductor crítico articulista es un escritor
con talento y buen gusto y seguramente las retinas desgastadas y las
muñecas rotas. El resultado es excepcional, aunque a mí no me guste
el título, lo siento. Tampoco me ilusionan los nombres de los
personajes, voy a decirlo: Fernando K. Balmori, un viejo director de
cine; Sidonie, la joven periodista. Pero la novela es cojonuda. En
serio, está para comerse a besos al autor. Puede incluso que usted
le encuentre un sentido emocional al título, conecte con el nombre
de los personajes, no sea un raro ni tenga algún pariente reseñista,
o peor, filólogo procesal, para quien todo es demasiado obvio o
difícil de entrever, y entonces, el abanico es grande, Pasajero K
sea uno de sus libros del año. Avisado queda.
Terminar con una cita: En resumen, leer
es buscar. Rubricar: Leer a los mismos siempre, sobre todo si vienen
de fuera, es muy pesado. Lea también a otros. Gente de dentro, sí.
Adolfo García Ortega da en el clavo con Pasajero K, pero resulta que
tiene más libros: Café Hugo, Lobo, El comprador de aniversarios,
Autómata. Luego, si se autoexige más nombres, haga como yo,
averigüe, los buenos abundan: Joaquín Berges, Pedro Ugarte, Luisa
Etxenike, Alejandro Gándara, Patricio Pron, Eduardo Halfón, Xavi
Ayén, Sergi Pàmies, Clara Usón... ¡Podría estar todo el día!
Podría, pero no lo voy a hacer, oiga,
espabile también usted.
Firmado: Álex Azkona
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