Páginas

jueves, 30 de noviembre de 2017

Camille Bordas: Cómo comportarse en la multitud

Idioma original: inglés
Título original: How to Behave in a Crowd
Año de publicación: 2017
Valoración: está bien

Antes de que huyáis despavoridos pensando que se trata de un libro de autoayuda os diré que no, aunque el título lo parezca. Probablemente el título no ayude a acercarse a esta obra, más adecuado a la sección de sociología que a una novela. De todos modos, si nos ponemos a pensar, algo hay de ello. Veamos.

El libro trata de una familia formada por los padres y seis hermanos (tres chicos y tras chicas) en edades adolescentes (o pre adolescentes, según se mire). Siendo una familia de tantos miembros, podríamos decir que cada uno va por donde la place, con una clara tendencia a cierto aislamiento en su propio mundo; a excepción de Dory, el pequeño de la familia y narrador de la historia. Hablemos, por tanto, de Dory. Dory el incomprendido, el diferente, el cariñoso. ¿Sus hermanos? Individualistas, egocéntricos, aislados y antisociales en algún caso. Y Dory luchando para que le hagan algo de caso, con su particular visión escéptica del mundo al que ve desde la distancia que genera su incomprensión hacia él. Parece que Dory no encaja en su familia, o puede que sea su familia la que no encaja en él. Un síntoma evidente de ello son sus múltiples intentos de escaparse de casa, aunque siempre aparece algún motivo que le acaba quitando la idea de la cabeza.

Y en eso, muere alguien (lo dejaremos aquí para no contar más, si bien ocurre cuando solo llevamos una quinta parte del libro). La manera en cómo afecta al resto de miembros del libro es el propósito del libro, a juzgar por lo indicado en la contraportada del mismo. Y aquí se encuentra su primer punto débil; sin conocer muy bien su comportamiento como familia antes de esa muerte, es difícil ver cómo les afecta ese acontecimiento. Lo que debería servir para establecer una evolución en los personajes no es tal, puesto que no hay prácticamente punto de partida previo al suceso, un marco comparativo. De esta manera, perdemos el sentido de la trama y lo que nos explica la historia podría ocurrir igualmente sin que se hubiera producido el suceso, no hay impacto real para el lector. Además, otro punto débil que le encuentro (aunque ya es más personal) es la dificultad de conectar de entrada con el sarcasmo y sentido del humor de Dory, llegando al punto de haber estado tentado en abandonar la lectura al principio del libro por falta de conexión con el personaje. Cabe decir que el libro mejora a medida que avanzamos y nos acostumbramos al estilo de la autora, a la vez que se van estableciendo vínculos entre los personajes. De esta manera, una vez la novela se centra en la visión que tiene Dory de la familia y de su entorno, el libro cumple con su cometido ya que sus dudas existenciales, sin preguntas inocentes en apariencia, pero con alta profundidad funcionan perfectamente como vía de análisis de la sociedad en conjunto, y de las personas en individual. Así entramos en lo que es su punto fuerte: los múltiples diálogos entre Dory y los miembros de su entorno donde fluye la sátira ágil y cargada de intención sobre la dificultad de entender el mundo, principalmente por parte de los adolescentes, aunque también por las personas mayores. La profunda importancia que da Dory a todo cuanto le rodea, choca con la extrema superficialidad (aparente) del resto de los miembros de su familia. A medida que pasa el tiempo, su madurez va rellenando los huecos existentes en su incompleta comprensión del mundo. La curiosidad de Dory va lanzando preguntas cuyas respuestas son más profundas que la intencionalidad con la que son realizadas. Y éste es el mayor logro del libro y su principal punto fuerte: las reflexiones del protagonista y sus diálogos, que consiguen mantener suficientemente el interés en una trama que avanza a trompicones y que parece que su principal utilidad sea la de establecer un marco dentro del cuál incorporar las conversaciones y reflexiones de su protagonista. Por suerte, el libro mejora a medida que avanza y permite que uno llegue a su final con sensaciones positivas.

Con esta novela, a través de una mirada escéptica, la autora utiliza el sarcasmo para retratar una sociedad individualista. La familia que describe es la de un conjunto de seres aparentemente solitarios, únicamente vinculados por la persistencia de Dory en mantener los vínculos entre ellos y quien, a pesar de ser el más pequeño de ellos, curiosamente también el más preocupado en mantener la estabilidad y unión de una familia que parece desmembrarse con las preocupaciones del día como excusa para tal efecto. De esta manera, el libro describe, bajo un manto de humor aparente, una sociedad quebrada, preocupada en exceso por las vidas de cada uno, de forma individual, como seres aislados, y sin atisbos de intentar recomponer los fragmentos de una vida que el día a día va separando hasta lograr que aquellas piezas que formaban parte de un todo se hayan modelado hasta el punto de dar lugar a formas de imposible encaje.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: La flor púrpura

Resultado de imagen de la flor purpura novela amazonIdioma original: inglés
Título original: Purpure Hibiscus
Año de publicación: 2003
Valoración:Recomendable


Algo se está fraguando en el mundo cultural, algo que empezó hace tiempo y que apenas se nota todavía. Aunque avanza con lentitud se trata de un fenómeno imparable que consiste en un cambio de foco, en una renovación del liderazgo, de pronto, la periferia ha decidido hacerse oír. En esta novela no una sino varias periferias –geográfica, racial y de género– hablan a través de la protagonista, y deberían haber mantenido callada a Chimamanda Ngozi, por nigeriana, negra y mujer, si hubiese nacido en otra época.
A veces es inevitable suponer que el personaje es un alter ego del autor. Aunque el relato ni siquiera sea autobiográfico, sobre todo si utiliza la primera persona, basta con que coincidan sus rasgos personales, el lugar y la época para que los identifiquemos automáticamente. Ngozi ha construido una protagonista potente, cuyas contradicciones y evolución se van mostrando según pasa el tiempo, y con ella las de toda su familia.
Kambili ha llegado a la adolescencia en una pequeña comunidad católica, muy tradicional, donde su padre ocupa un lugar preponderante como empresario, director de periódico, activista político, aldabón de conciencias y filántropo vocacional. Una figura que se convertirá en el eje de toda la novela, a quien su propia hermana reprocha que haga la competencia a Dios. Las compañeras de Kambili la envidian, los vecinos agradecen la generosidad del padre. El tren de vida de la familia, la casa en que viven destaca en medio de un ambiente tan precario.
En ese marco de aparente perfección familiar, asistimos a una realidad tan escalofriante como bien descrita. Quizá demasiado porque, en la primera parte, todo ocurre de forma tan inexorable, las personalidades y costumbres están construidas tan de una sola pieza, llega a crearse un clima tan opresivo, uniforme y maniqueo que resulta difícil de creer. Debería abrirse una brecha en algún sitio y, aunque no inmediatamente, la brecha se abre gracias a la aparición de nuevos personajes y de un traslado de escenario. El nuevo sirve de contrapunto al anterior y nos da la oportunidad de conocer algo de las costumbres, mentalidad, tradiciones y problemática del país.
Hay que reconocer la habilidad de la autora creando expectativas que nos mantendrán en tensión hasta el final: la persecución que padece el periódico, los conflictos laborales de tía Ifeoma, la necesaria pero improbable reacción de la madre, el futuro de Kambili y su hermano, la enigmática personalidad del sacerdote, expectativas que pierden toda importancia al llegar a su punto de inflexión. Todo se acelera a partir de ese momento y tres años más tarde nos reencontraremos con unos individuos casi irreconocibles.
Es decir, el argumento se desarrolla de forma irreprochable, pero al conjunto le falta perspectiva, motivaciones, constatación de ideas, análisis de las circunstancias políticas, sociales y económicas, existe un maniqueísmo y un propósito moralizador más que evidentes, los personajes están bien esbozados pero parecen elegidos según un esquema previo (hermano/hermana, prima/primo) y son tan ricos en potencia que deberíamos conocerlos más a fondo. El motivo, como tantas otras veces, es la elección de un punto de vista adolescente, y por tanto inexperto, muy cómodo para los novelistas pero incapaz de análisis profundos y con un limitado radio de acción.


martes, 28 de noviembre de 2017

Alejandro Morellón: El estado natural de las cosas

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

A veces creo que hace falta una defensa de la imaginación: de la imaginación desbocada, capaz de inventar que un hombre amanece colgado del techo, o que un pueblo entero idolatra al huracán que lo destroza, o que una risa es capaz de ser revolucionaria. Cuando hablo con amigos, y sobre todo con colegas académicos, a veces noto un cierto desdén (un poco snob) de cualquier género que no se sitúe en un mundo realista, mimético, próximo: "Yo no leo ciencia ficción / fantasía / terror", dicen, y aunque a veces puede ser cuestión de gusto (como a mí no me gusta la novela histórica, y en cambio me encanta la policiaca), también puede ser una cuestión de prestigio, de la famosa y antigua (y anticuada) división entre alta y baja literatura.

Por eso me encanta encontrar este tipo de imaginación libre, juguetona, rupturista y divertida pero también cruel en este libro de Alejandro Morellón, y me encanta también que el libro haya sido tan bien recibido por la crítica, en particular con la concesión del Premio Hispanoamericano de cuento García Márquez. (Quizás no sea casualidad, sin embargo, que el premio sea hispanoamericano y no español: lo fantástico siempre ha tenido mejor acogida al otro lado del Atlántico, por lo menos en las últimas décadas).

Algunos ejemplos de la maravillosa inventiva de Morellón ya los he adelantado al principio: en "Elogio del huracán", todo un pueblo espera impaciente la vuelta de Amalia, el huracán al que dejan ofrendas (una oveja, un coche, un hijo enfermo) para que se los lleve a un sitio mejor; en "Reprimir el gesto exterminador", los vecinos de un edificio oyen indignados una risa que impide que oigan muchos otros ruidos, los de la revolución que se abate sobre la ciudad; en "Intervención n.º 3 sobre mano izquierda de sujeto anónimo", el relato más duro del libro, una fila de personas desesperadas hace fila para vender su mano a un artista a cambio de una importante suma de dinero...

La imaginación y la creatividad son fundamentales en El estado natural de las cosas, pero eso no es lo único: una vez inventada la historia, hay que saber contarla. Esa capacidad de narrar, y de ir más allá de la simple ocurrencia, se nota sobre todo en el relato central del libro, también titulado "El estado natural de las cosas": a partir de la anécdota inicial (un hombre despierta pegado al techo, de donde no puede bajar, y debe rehacer su vida en esa nueva situación), Morellón consigue desarrollar el relato más allá de sus límites, introducir giros inesperados, profundizar y sugerir sin explicar ni caer en lo obvio, y acabar por construir un relato que no por fantasioso deja de ser conmovedor.

Pero El estado natural de las cosas también es un libro cuidado en otros aspectos, más allá de la invención y la técnica: tanto la estructura (3 + 1 + 3) como los títulos y los epígrafes, como el misterioso nombre de "Ehio", que aparece en todos los relatos para designar cosas absolutamente dispares, contribuyen a que el libro se lea como una unidad y no como una simple acumulación. Curiosamente, los tres últimos relatos son sin embargo los que menos me han cautivado: "La sombra de una imagen que se ahoga" parte de la idea de una sombra que muta, enferma, se transforma en algo aún más oscuro; "Fucksímil" insinúa un acercamiento a la ciencia ficción y a la creación de humanos artificiales, mientras que "Cuidado con el huevo" es una historia de tono más humorístico ("erótico-festivo", podríamos decir) sobre un hombre con un testículo desproporcionado que no para de crecer.

Quizás haya, como decía al principio, personas que por gusto, por snobismo o por costumbre descarten leer El estado natural de las cosas, por ser relato (sí, hay quien se niega a leer libros de relatos, "género menor") y por ser relato fantástico. Allá ellos, porque se perderán un gran libro, una lectura de la que se disfruta con placer, aunque a veces sea un placer oscuro e incómodo. Y sobre todo un libro que, aunque sea de forma obilcua o metafórica, dice muchas cosas sobre este mundo nuestro, el que existe, el que retratan las obras realistas, miméticas, serias.

lunes, 27 de noviembre de 2017

VV.AA.: I Premio Ripley. Relatos de ciencia ficción y terror


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: Recomendable   

 Uno, que es un adicto a eso de escribir terror, y también lo suficientemente masoquista como para presentarse a concursos literarios, está con la antena puesta. Gracias a ello me topé con el I Premio Ripley, un certamen de relato corto de ciencia ficción y terror. La participación en el mismo me quedaba vetada, puesto que en él solamente podían participar mujeres. Por suerte, la lectura no entiende de géneros y he podido disfrutar del libro que se editó sobre el certamen una vez publicado. 

 En una cuidada edición (con prólogo de Elia Barceló) encontramos compilados un total de doce relatos: los dos ganadores del certamen y diez finalistas. Dichos relatos son breves (su extensión no sobrepasa las veinte páginas) y de lectura ágil. Están bien redactados, sobre todo el ganador del primer premio, Granja-357. También en este sentido quiero hacer una mención honorífica a Perlora. A pesar de que las temáticas se superponen en casos concretos, diría que hay predominio de la ciencia ficción. Apenas tres cuentos los enmarcaría yo como exclusivamente del género de terror. 

 La mayoría de escritoras no hacen gala de una prodigiosa inventiva en estos cuentos, pero lo cierto es que lejos están de querer innovar. Quizás los más creativos serían Granja-357, Perlora y Androidismo en el tiempo. Las otras propuestas, menos originales, no carecen de corrección y un mínimo desarrollo, y por ello también logran retener nuestro interés. Recuerdo con cariño el toque pulp de El juicio de los Maar-na o de El ojo herido: historias muy vistas, algo maquilladas, de las que nunca te cansas. 

 Supongo que el hecho de que el nivel general de estos cuentos sea tan alto (recordemos que esto es un concurso) tiene que ver con los altos índices de participación del certamen: 179 relatos fueron enviados a Triskel Ediciones. Había donde elegir, vamos. Tampoco se puede negar que las autoras presentes en el libro tienen capacidades y ambición; les auguro una brillante carrera si a su exigencia y entusiasmo inicial le añaden experiencia y tozudez. 

 Bien, llegados a este punto, debería hablar de cada relato de forma individual. No obstante, la misma Elia Barceló que temía “tener que prologar una antología que no me acabase de gustar, en la que (...) los relatos no estuvieran a la altura” (miedo razonable para un prologuista) es la encargada de ponerme las cosas a mí, como reseñista, muy difíciles: y es que no hay nada más duro para un reseñista que tener que escribir sobre una obra con un prólogo demasiado eficiente. Este es el miedo del reseñista. Y si saco a coalición esto es porque no pienso que pueda, ni deba, añadir demasiado a lo que ya se nos presenta de estos relatos en el  muy certero prólogo. 

 Para acabar, diré que se puede leer algún cuento, o fragmentos de los mismos, en clave feminista, aunque esta no es la tónica general. En este caso, lo celebro. Caer en ese discurso ideológico habría sido algo perezoso, pues el contexto se prestaba a ello. Pero, teniendo en cuenta que el objetivo del premio era el de reivindicar la presencia femenina dentro de la literatura de ciencia ficción y terror, creo que tocar solamente tangencialmente ese tipo de discurso (ligado estrechamente con el objetivo del premio, no lo niego) ha sido un completo acierto. Las autoras han sabido aprovechar la oportunidad para entrar con naturalidad en un vestuario muy cargado por el olor a varón, abrir las ventanas para que se ventile un poco y salir después a jugar su propio partido. Su voz resuena, cada vez con más fuerza, en los círculos del género. Y las gradas están empezando a llenarse, porque han demostrado que saben lo que hacen. Están aquí para quedarse. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

Quincy Troupe: Miles y yo


Idioma original: inglés
Título original: Miles and me
Año de publicación: 2001
Traducción: Gian Castelli
Valoración: muy recomendable

Para los que no son muy mitómanos Miles y yo parece un libro hecho a la medida de corroborar sus convicciones. Nada más ejemplar que un músico taciturno y arisco hasta con sus personas más cercanas, casi peor cuanto más cariño y cercanía estas le manifiestan, el arquetipo del lunático excéntrico que ha construido un muro a partes iguales de timidez, prepotencia, vulnerabilidad y cierto aire de chulería.
Como complemento a la autobiografía autorizada que escribió para el músico, Quincy Troupe, poeta y periodista, relata aquí todo el proceso de acercamiento al trompetista por el cual consiguió ser su biógrafo, y en ningún momento (y no por el hecho de la necrofilia tan acostumbrada) contradice esa sensación. Miles Davis era un tipo huraño, errático, humano en el sentido de estar sometido a caprichos y contradicciones, pero sobre todo, capital cuando hablamos de libros de este tipo, era una persona obsesionada por su trabajo como músico y por no seguir otros dictados que los emanados de esta obsesión.
Un músico entregado en cuerpo y alma a su obra y que no perdonaba a nadie que tuviera una actitud distinta a esa, cuestión que le empujaba a comportamientos extraños guiados por arrebatos de intuición e impulsos completamente inexplicables, cambios de actitud que afectaban a su entorno cercano y a sus relaciones con otros músicos, en especial aquellos que colaboraban con él o eran sus competidores. Una personalidad compleja, claro, caprichosa y volátil como se supone que ha de ser la de los genios, pero, al final, en el fino retrato que Quincy Troupe dibuja, el típico chalado al que se le perdona todo mientras su obra alcance con frecuencia esos lugares a los que los artistas mortales sueñan con llegar alguna vez en su carrera. Cuestión que aporta un ligero toque novelesco, pues la tensión en la relación entre Troupe y Davis vertebra y guía y muestra tanto el lado humano o el ego de ambos, con salidas de tono que empiezan desde el lado de Davis (curiosa su manera de responder de primeras a los admiradores, que convierte al Fernán Gómez del "a la mierda" en poco menos que el abuelo entrañable de las películas navideñas de Hollywood), pero que, progresivamente, surgen también del lado de Troupe, que a medida que conoce al mito y lo ve en el día a día empieza a tantearlo y a poner a prueba sus límites. Por lo cual, mitomanía y curiosidad musical al margen, acaba tomando en algún momento un muy atractivo aire de buddy-movie, y justo al acabar esta reseña, acabo recordando el famoso libro de la entrevista a DFW en que se basó The end of the tour. No deja de ser curioso.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Anónimo: El Manuscrito Voynich

Idioma original: ?????
Título original: No consta
Año de publicación: No se sabe
Traducción: No hay
Valoración: Qué queréis que os diga...

Por una vez, he de reconocer que no he leído el libro que ocupa la reseña de hoy (bueno, a decir verdad, tampoco sería la primera v... ejem); pero vamos, ni yo, ni nadie que se sepa en los últimos cinco siglos, por lo menos... La razón es que se trata del archifamoso Manuscrito Voynich, llamado así debido a su descubridor, el bibliófilo y anticuario de origen polaco Wilfrid M. Voynich y que debe su celebridad a estar escrito en un idioma desconocido y, aún más, en un alfabeto arcano, inextricable para todo el mundo, hasta el momento -vendría a ser algo así como una transcripción élfica de la lengua de Mordor, que no hemos de pronunciar aquí-: además, pasa por ser el único manuscrito medieval que aún no ha sido desentrañado. Casi nada, pues...


Se sabe, eso sí, gracias a la datación por métodos científicos, que fue escrito en la primera mitad del siglo XV, y por algunas pistas que nos proporcionan sus muchas ilustraciones, que su origen probablemente esté en el Norte de Italia, quizás en la ciudad de Milán. Por otro lado, las ilustraciones también nos dan una pista sobre la materia de la que puede tratar el libro, pues abundan las que reflejan plantas de diverso tipo -aunque parece que tampoco se ha llegado a determinar cuáles son todas ellas-, así como multitud de figuras desnudas, sobre todo femeninas, junto con una simbología de carácter aún más hermético. Esto ha dado pie a algunas de las interpretaciones más plausible sobre la naturaleza del manuscrito -aunque hay muchas otras, claro, que atribuyen su autoría desde a los inevitables cátaros o templarios hasta al no menos ubicuo Leonardo Da Vinci. Incluso  (no, no era del todo broma) que puede tratarse de un texto de una supuesta civilización élfica (!)-: la más reciente es de un investigador en temas históricos, Nicholas Gibbs, que sostiene que se trata de un "tratado médico sobre la salud de las mujeres", destinado, tal vez, a una dama de la alta sociedad de la época, y que el misterioso código en el que está escrito no es sino una forma abreviada del latín medieval. Puede ser cierto o no, pero el caso es que periódicamente han ido saliendo criptógrafos, historiadores y hasta matemáticos de diversos países que aseguran haber desentrañado el libro, siquiera parcialmente; sin embargo, parece que de momento tararí que te vi... todavía no hay una interpretación clara y aceptada por todo el mundo del mismo.


A estas alturas de la reseña, supongo que más de uno de sus hipóteticos lectores (si es que queda alguno) estará preguntándose a qué diantres viene reseñar un libro ilegible y del que además sólo existe un ejemplar, sito en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale (sitio bien curioso debe de ser, también). Hasta ahora era así, pero resulta que esa biblioteca encargó a la acreditada  editorial burgalesa Siloé, especializada en tales menesteres, que reprodujera el manuscrito en edición facsímil, cuidando hasta el último deterioro del mismo. El libro fue presentado en Burgos el pasado 10 del mes en curso (aquí) y aunque los ejemplares de la edición han sido sólo 898 y  cada uno cuesta una pastizara (además de que creo que la mayoría ya estarán adjudicados), el caso es que podemos decir que es un libro más a disposición del público -público no-lector, en este caso-, como cualquier otro de los reseñados en Un Libro Al Día. Aunque no podamos leerlo. En cualquier caso, si alguien le quiere echar un vistazo al original, puede hacerlo aquí

Una última reflexión (y prometo que ya acabo): antes o después, es probable que se acabe descubriendo el secreto del manuscrito Voynich. Cuando el mundo esté gobernado por un megasuperordenador, quizás, que elimine a todos los humanos de la faz de la Tierra y se dedique a entretenerse con jueguecitos intelectuales como desencriptar el lenguaje en el que alguien escribió este texto, hace casi seiscientos años. O tal vez lo haga pasado mañana una niña-prodigio autista o un viejo profesor oxfordiano... Ni idea; sólo sé que, en mi opinión, será una lástima cuando se averigüe lo que esconde, al igual que si se capturara al monstruo del lago Ness o al Yeti. Porque está bien que avance el conocimiento sobre lo que nos rodea, sí, pero tampoco está de más que nos dejen un espacio, aunque sea pequeño, para el misterio. Esto es, para la leyenda; esto es, la literatura.






viernes, 24 de noviembre de 2017

Richard Byrd: Solo

Título original: Alone
Idioma original: Inglés
Año de publicación: 1938
Traducción: Lidia Pelayo Alonso
Valoración: Recomendable

Podría parecer que la era de las grandes expediciones (léase también hazañas o tragedias) polares terminó con la llegada de Amundsen al Polo Sur y el trágico final de la expedición de Scott. En cierto modo, así fue. Desde entonces, la mayor parte de los esfuerzos de las grandes potencias y de los exploradores de la época se concentraron en los únicos puntos de la tierra aún no “conquistados”: los ochomiles.

Pese a lo anterior, la gran atracción que el continente antártico seguía ejerciendo sobre múltiples aventureros dio lugar a expediciones ya míticas, como la del Endurance (de Ernest Shackleton) o está de Richard Byrd.

Byrd, que en el momento de la expedición de la que hoy hablamos ya contaba con 45 años, poseía una amplia experiencia en las zonas polares. Entre otros logros, había sobrevolado ya en 1926 el Polo Norte (aunque esto n o parece estar del todo claro), en 1929 el Polo Sur, descubrió la Tierra de Marie Byrd y exploró la Tierra de Eduardo VII, etc.

Con todo este bagaje a sus espaldas, en 1934 se embarcó en un viaje de carácter científico / personal que le llevaría a adentrarse unos 200 kilómetros en el interior del continente y a pasar cuatro meses y medio en soledad en pleno invierno antártico. Tal y como el mismo explica, el motivo del viaje tenía una doble vertiente: la científica, con el fin de obtener datos meteorológicos de zonas de las que aún no se poseían registros, y la personal, con el objeto de vivir una experiencia límite saboreando, al mismo tiempo, la paz, la tranquilidad y la soledad. Vaya, algo parecido a lo que hizo Thoreau con su Walden (salvando las distancias).

Pero las cosas se truncaron. Desde el inicio, una serie de dificultades provocó retrasos y una pérdida de energías que parecían presagiar lo peor. En un primer momento, cierta ineptitud con el material obliga a Byrd a emplear parte del tiempo en labores de vigilancia, reparaciones domésticas y labores de intendencia que le ayudan a crear unas rutinas de trabajo y a sobrellevar relativamente bien los primeros días.

Fue un espejismo. Con la llegada de la noche polar, el frío extremo y la multiplicación de los problemas, entre los que cabe destacar el permanente riesgo de intoxicación por los gases de estufas y equipos eléctricos, la enfermedad y la incapacidad para realizar los actos más básicos, se produce su desmoronamiento, que le llevará  hasta el punto de coquetear seriamente con la muerte.

Pese a lo que pueda parecer, el libro no es un “libro de aventuras polares”. De hecho, buena parte del mismo es un ejercicio de introspección, casi un viaje interior, en el que Byrd llega, sin quererlo, a desmitificar la figura del explorador polar. Asistimos a la experiencia personal de Byrd, a su evolución en los durísimos cuatro meses y medio que permaneció en soledad  en la Base Avanzada, a sus rutinas de trabajo, a sus meros esfuerzos por sobrevivir, a las reflexiones de todo tipo con las que acompaña las observaciones meteorológicas.

Obviamente, la narración posee un componente aventurero casi épico, especialmente en la parte en la que el desmoronamiento físico y mental de Byrd llega a su punto álgido, que da mayor agilidad al relato.

Es, en todo caso, un libro sumamente agradable (de leer) que aquellos que hayáis leído “El peor viaje el mundo” o “Atrapados en el hielo” encontraréis sumamente disfrutable. Y los que no lo hayais leído... pues también. ¡Que no todo van a ser libros sesudos, hombre!

jueves, 23 de noviembre de 2017

Assia Djebar: Sin habitación propia



Idioma original: Francés
Título original: Nulle  part dans la maison de mon père
Año de publicación: 2007
Traducción: Susana Andrés Font
Valoración: Muy recomendable


En la escritura de Assia Djebar cristalizan algunas de las paradojas, choques y conflictos más característicos de nuestra época. Mujer, musulmana, argelina, Fatima-Zohra Imalayen (Cherchell, Argelia, 1936 – París, 2015) fue terca y coherente en el manejo público de sus ideas e intimista y delicada en la forja de sus relatos. En su literatura, en la que su propia trayectoria vital es la principal materia prima, estas tensiones no es que estén latentes, si no que aparecen explícitas y pormenorizadas, siendo habitual que sean el motor mismo de la narración.

Una complejidad que aparece incluso instalada en el propio seudónimo literario escogido: Assia (Consolación) Djebar (Intransigencia). Que se visibiliza en muchas facetas de su trayectoria. En la elección del idioma impuesto por el dominio francés para pensar y crear, manteniendo la lengua árabe materna para los lances más íntimos de cualquier persona; amar, sufrir, rezar... O en su implicación en la lucha contra la ocupación colonial de Argelia, que le costó la expulsión de la Universidad de París en 1958, y su nueva expulsión de la Universidad de Argel en 1965 por negarse a renunciar al francés frente a la arabización impuesta por el triunfante nacionalismo. O en el ingreso en la Academia Francesa en 2005 -la quinta mujer en conseguirlo, después que Marguerite Yourcenar ocupase uno de sus sillones por vez primera en 1980- y, a la vez, el contundente ejercicio que no aflojó de denuncia y rechazo de la superioridad cultural, ideológica y moral que se arrogan aún demasiados vecinos nuestros del otro lado de los Pirineos.

Sin habitación propia es el relato de ese periodo mágico que va desde los más remotos recuerdos de infancia hasta los turbulentos días de la adolescencia, en que deben tomarse las primeras decisiones trascendentes. Con un padre, profesor de la escuela francesa, tan abierto e innovador como para llevar a su hija a la escuela y enorgullecerse de sus progresos como cerril para montar en cólera cuando la ve subirse a una bicicleta y mostrar las rodillas. Con una madre retraída y discreta que sólo con el tiempo optará por desvelarse y mostrar, afirmar públicamente su propia persona. Con un país, la Argelia sometida, donde la segregación en función del origen, del género y la condición social eran brutales y espeluznantes pero donde también se filtraban por las rendijas de la convivencia rayos de conocimiento, emancipación y arte y se generaban sueños individuales y colectivos. La referencia a las mujeres labrándose su propio porvenir que hizo Virginia Woolf es explícita, tanto como la sensorial descripción que la autora hace de ese ámbito femenino postergado y discreto, en las casas, en los baños públicos, en las bodas y reuniones donde ellas creaban su tejido de complicidades, confidencias y apoyos mutuos.

"Solo reconozco una regla, aprendida y dilucidada, poco a poco, en soledad y lejos de las capillas literarias: no practicar más que una escritura de necesidad.", explicó Assia Djebar. Este empeño en retratarse, en explicarse y encarnarse en la literatura para así servir a sus congéneres, compatriotas, compañeros o lectores como constatación de que emociones, pasiones, limitaciones, anhelos, incertidumbres y sacrificios son intrínsecamente individuales y a la vez necesariamente colectivos, late tenazmente en sus novelas. Sin habitación propia es una poderosa exhibición de memoria y de escritura precisa y personal, que no ensimismada. Que seduce por la cálida minuciosidad con la que se describen escenas, detalles, personajes y ambientes y en el que se recrea ese imperceptible soplo de libertad que luego será un valor esencial en la personalidad del adulto. Puesto que, en efecto, la infancia termina demasiado pronto en los países soleados. 

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Charlotte Wood: En estado salvaje

Idioma original: inglés
Título original: The Natural Way of Things
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Vamos siendo testigos, cada vez de manera más frecuente, de la aparición de obras que rompen el molde de lo socialmente cómodo, de aquello a lo que estamos acostumbrados y tendemos a aceptar sin pensar demasiado en ello. La reflexión, el cuestionarse la realidad que nos rodea, el plantearnos no únicamente la idoneidad de nuestro mundo, sino los extremos a los que puede llegar si seguimos ciertas tendencias o corrientes sociales es parte de las funciones de la cultura, más allá del entretenimiento que produce su propio consumo. Uno se entretiene cuando lee, pero es cuando termina el libro cuando se da cuenta de lo que va más allá de la pura diversión; hay otro nivel, que va dejando capas de una reflexión que se cuece interiormente.

Esta entrada de la reseña, algo más extensa de lo habitual, es para introducir un punto de reflexión previo a la lectura y hacer de contrapunto a la inmediatez y contundencia con la que la autora nos pone en situación justo al empezar el libro. Ya en un inicio, dirigido directamente a nuestras emociones primarias y sin andarse por las ramas, la autora nos sitúa ya de entrada en una habitación prácticamente vacía, de colores neutros, ausencia de objetos, casi aséptica, desnuda. En ella, dos mujeres sufren desorientación, no saben cómo han llegado hasta allí, qué quieren de ellas y qué hacen en ese lugar. Van vestidas de forma igual, sienten el mismo pavor, el mismo miedo. Están reclusas y apartadas de la sociedad.

Este inicio directo y contundente marca el camino de lo que nos traerá la historia. La autora transmite perfectamente la angustia de sus protagonistas, consiguiendo que el lector sufra con ellas en cada página mientras avanza en la lectura, queriendo conocer qué ha ocurrido, pero también qué está sucediendo. El tempo, la escenificación, todo encaja, está perfectamente calculado para lograr su efecto. Y lo consigue, especialmente en la primera mitad del libro. Así, nos encontramos con diez mujeres apresadas sin saber por qué lo están, como han llegado allí y qué quieren de ellas; la vida que les deparan sus secuestradores es un infierno de crueldad, deshumanización, sometimiento; maltratadas física y psicológicamente, desnutridas, rapadas al cero, drogadas, impedidas en la comunicación entre ellas, humilladas... El libro transmite una gran angustia, miedo, terror y desaliento... Charlotte Wood sabe narrar, sabe crear un aura de pánico, sabe cómo generar tensión, preocupación e inquietud.

A partir de la segunda mitad del libro, la narración decrece en ritmo, más orientada a una visión sociológica, de adaptación y superación, en diferentes aspectos y diferentes formas. Los retratos de las diferentes protagonistas abren un abanico de, no únicamente diferentes maneras de ser, sino también de grados de culpabilidad y grados de resistencia ante la adversidad. La lucha o el abandono, la disputa o el sometimiento, la venganza o la sumisión, el compañerismo o la individualidad. Así, encontramos las diferentes dualidades de la capacidad humana entre el amplio mosaico de personajes, donde hay una presencia siempre evidente de desesperación y soledad.

El propósito de la autora con este libro es el de reflejar una sociedad heteropatriacral claramente discriminatoria y ofensiva, que subyuga la voluntad de las mujeres a los deseos del hombre. La autora se sirve de este escenario para reflejar un mundo donde las mujeres son culpadas por la sociedad; consideradas culpables por haber protestado por los abusos en los que se han visto sometidas y así, al culparlas a ellas, encubrir y disculpar los hechos perpetrados por los hombres, volcando la culpa sobre las mujeres por denunciarlo. Así, el libro utiliza este marco mental para ubicar diez mujeres, todas ellas envueltas en algún episodio relacionado con escándalos sexuales o con la sexualización de su imagen, para ubicarlas y recluirlas un sitio donde ellas son despojadas de toda posible sexualidad, convertidas en seres casi inhumanos y tratadas como animales; rapadas al cero, vestidas iguales y en mínimas condiciones higiénicas rodeadas de suciedad. Sin elementos para mantener una adecuada higiene personal y con una gran ausencia de intimidad, son convertidas prácticamente en animales a manos de sus carceleros, quienes pretenden que ellas pierdan toda autoestima. Sin ánimo de explicar lo que ocurre sino lo que pretende, es evidente que el libro realiza una dura crítica a la sociedad y a la perversión humana que denigra a las mujeres simplemente por ejercer una libertad a la que deberían poder aspirar sin tener que ser sometidas a juicio por ello.

Como nota curiosa y alarmante, cabe indicar que este libro está basado en una institución que realmente existió en Australia en las décadas sesenta y setenta como aparente reformatorio de las consideradas malas conductas, pero que en realidad funcionaba como centro de castigo. La denuncia de la culpabilización de las mujeres por los abusos cometidos sobre ellas es el principal mensaje que la autora quiere transmitir en esta distopía. Y, ciertamente, esta narración pone de manifiesto algo que vemos demasiado a menudo: la culpabilización de las víctimas y la exención de los culpables. Lo vemos en titulares blanqueados en periódicos , donde las muertes de las mujeres a manos de sus parejas son suavizadas contando que «una mujer ha muerto en una disputa doméstica», como si fuera por un efecto causal o fortuito; las típicas justificaciones en respuesta a abusos alegando la forma de vestir o supuestos malentendidos al interpretar ciertas señales; esas típicas excusas que para algunos sirven para mirar hacia otro lado cuando realmente deberían condenar el delito y acusar al culpable. Lamentablemente estas escenas las vemos y ocurren en nuestros días, demasiadas veces; porque una sola vez ya es demasiado. Y sucede en nuestros países, en nuestra sociedad. Y si ocurre es porque, además de quien lo comete, hay quien lo permite. Y ambas cosas son imperdonables.

martes, 21 de noviembre de 2017

Mircea Cărtărescu: Solenoide

Título original: Solenoid
Idioma original: Rumano
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2015
Valoración: (Casi) imprescindible

Dice la crítica seria y especializada que esta es la obra cumbre de Cartarescu. A ver. Igual es algo aventurado, sobre todo si tenemos en cuenta que Cartarescu tiene unos 60 años y aún le quedan unos cuantos libros por delante, ¿no? Lo que sí que puedo decir es que se trata de su obra más ambiciosa hasta el momento (o, al menos, de lo que yo he leído), un compendio de todo su universo literario en versión extendida. 

Es un libro que no me atrevería a recomendar a nadie como punto de partida para adentrarse en la obra del rumano. Sus casi 800 páginas y su peculiar mundo hacen aconsejable acercarse a "Solenoide" tras alguna que otra experiencia en el mundo cartaresquiano. 

Pero vayamos al grano. Creo que estamos ante uno de los libros del año. Sin más. Por su originalidad, por su atrevimiento y por llevar casi al límite aquella frase de Pío Baroja, extraída de sus "Páginas de autocrítica", en la que decía que la novela es un saco donde cabe todo. 

A grandes rasgos, podríamos decir que "Solenoide" es una novela sobre el extrañamiento de uno mismo y del mundo que le rodea, una novela dual, realista y onírica a partes iguales. Y es que su protagonista es, así mismo, un ser dual; de día es un gris profesor de Lengua Rumana es un no menos gris colegio del extrarradio de la ya de por sí gris Bucarest, ciudad museo de la melancolía y de la ruina, y de noche es "simplemente" un hombre asediado por miedos, sueños y alucinaciones.

El libro son los cuadernos que va escribiendo su protagonista a lo largo del tiempo, en los que hace un repaso a toda su vida, determinada siempre por decisiones (propias o de terceros) conscientes e inconscientes, desde la infancia a la madurez, pasando por una adolescencia marcada por su estancia en un terrible sanatorio para tuberculosos, por su compulsiva afición a la lectura y por un doloroso rechazo a su primera obra literaria. Tal y como dice el propio escritor-lector-personaje de los cuadernos, estos son informes sobre sus propias anomalías escritos con el único objetivo de intentar comprender.

Como comentaba anteriormente, los cuadernos tienen dos vertientes. Una de ellas es diurna y correspondería a su monótona vida como profesor en un colegio de primaria, lleno de piojos y liendres; bichos reales y presentes en las primeras páginas del libro, metafóricos y terribles más adelante. El retrato de la Rumanía de los años 60-70 y 80 es devastador. Es el retrato de una soledad sin esperanza, de una vida con miedo, de una realidad que se ha convertido en la más abrumadora de las prisiones, en la que "todos somos ácaros ciegos pululando en nuestra mota de polvo en un infinito desconocido". Esta parte más realista me parece, sencillamente, brutal. Las páginas que reflejan la soledad, el dolor, el absurdo y el vacío son de lo mejor de la obra de Cartarescu.

La otra vertiente, llamémosla nocturna, es fruto de los miedos, sueños y alucinaciones de su protagonista. Pese a estar íntimamente relacionada con la parte realista, ya que procede del dolor "del día", podría leerse como una novela diferente. Sería, en este caso, una novela onírica, con una potente carga alegórica y metafórica, en la que los sueños del protagonista no constituyen otra cosa que planes de huída de la realidad. Esta parte es más compleja para el lector. Los extraños y terribles sueños están narrados con gran detalle, sobre todo en su aspecto más "técnico", y, en mi opinión, entorpecen un tanto la agilidad de la lectura.

En cualquier caso, se trata de un grandísimo libro, que trae a la mente, además de obras anteriores de Cartarescu (Lulú, Nostalgia...), a Kafka, con millones de insectos y parásitos como metáfora del mundo, a Borges o al Sábato de "Sobre héroes y tumbas". Palabras mayores, oigan.

P.S.: No quisiera acabar la reseña sin destacar el trabajo de Marian Ochoa de Eribe, traductora habitual de Cartarescu. El texto, sobre todo en su parte más onírica, está plagado de tecnicismos y de detalles e imagino que el esfuerzo debe haber sido ímprobo.

Otras obras de Cartarescu en ULAD AQUÍ

lunes, 20 de noviembre de 2017

Zygmunt Bauman: Tiempos líquidos. Vivir en un tiempo de incertidumbre


Idioma original: Inglés 
Título original: Liquid times. Living in an age of uncertainty
Traductor: Raül Garrigasait (al catalán)
Año de publicación: 2007
Valoración: Recomendable (o algo más) 

 Zygmunt Bauman es un prestigioso sociólogo conocido por acuñar el término de la “modernidad líquida”, cuyas ideas, versátiles y con pretensiones generalistas, han influenciado a muchas otras disciplinas. Él mismo ha hecho incursiones en varios campos, con más o menos éxito (por ejemplo, cuando su discurso aborda el amor o el arte, me parece algo pobre y desinformado). Tiempos líquidos es un libro en que Bauman está en su terreno, la sociología, aunque también se desvíe hacia la economía, la política... Los ejemplos que da para justificar sus aseveraciones se me antojan menos forzados y autojustificatorios que los que presenta, por ejemplo, hablando de arte contemporáneo. 

 Básicamente, en Tiempos Líquidos, este pensador reflexiona sobre una modernidad (líquida) en la que, al contrario que antaño (cuando era sólida), es imposible que nada cale; instituciones, modas, identidades, relaciones, todo es efímero. Eso engendra a un individuo perdido, sin marcos de referencia a largo plazo, condenado a seguirle el juego a un presente que cambia de reglas constantemente. 

 Quizás un defecto que veo al libro es que el autor es bastante comedido. Se limita a exponer una situación (situación que muchos otros ya habían predicado antes que él, todo sea dicho) a la que no propone soluciones, ya que, según Bauman, eso sería precipitado y hasta contraproducente. También me disgusta que en ocasiones se le ve poco dispuesto a emitir juicios de valores sobre los temas que trata, lo cual puede parecer un acierto, un tanteo hacia la objetividad ensayística, si es que eso existe realmente, pero cuando debe enfrentarse a cuestiones de la envergadura de la paulatina pérdida de poder del Estado a favor de los caprichos del mercado global, el desgaste de las iniciativas colectivas o los refugiados, esa tibieza se me antoja algo frustrante.  

 Tiempos líquidos, en resumen, indaga en las consecuencias del paradigma actual y las repercusiones que estas puedan tener en las personas de a pie. Y pese a los aspectos negativos que he mencionado, me parece que Bauman cumple con su intención de informar. De hecho, tiene una facilidad pasmosa para ejemplificar lo que dice con metáforas de lo más ilustrativas. Encima, el libro es breve y no muy difícil de leer, algo que los flojos de mollera como yo agradecemos sobremanera en un ensayo.


También de Bauman en ULAD: La ambivalencia de la modernidad y otras conversacionesModernidad líquida

domingo, 19 de noviembre de 2017

Alan Moore & Dave Gibbons: Watchmen

Idioma original: inglés 
Título original: Watchmen
Año de publicación: 1986-87  (capítulos seriados); 2007 (libro)
Traducción: Raúl Sastre (capítulos) - Ana Calvillo (textos finales)
Valoración: muy, pero que muy recomendable

Vamos hoy con un clasicazo donde los haya del cómic de superhéroes; mejor dicho, el cómic de superhéroes definitivo, el que sirvió de epitafio y requiescat in pace para todo el género; el que lo llevó hasta fuera de sus límites y cerró la puerta; el Ulises de los tebe... Bueno, vale, igual estoy exagerando un poco. Y tampoco ha sido el último cómic del género de capa y mamporro, ni mucho menos, pues en décadas posteriores ha conocido un auge importante, aunque quizás más gracias al cine que al papel impreso. Pero lo cierto es que Watchmen representó en su momento no ya un "hasta aquí hemos llegado", sino sobre todo la posibilidad de que el género diese un salto hacia delante en profundidad y complejidad narrativa. Moore y Gibbons marcaron un hito, vaya.

La historia, ya desde el comienzo, descoloca bastante: en 1985, en un distópico y ucrónico Nueva York (es interesante saber que Alan Moore comenzó el guión en el emblemático 1984... al tiempo que, en Berlín,  Margaret Atwood escribía su propia y muy distinta distopía), alguien parece estar acabando con los antiguos justicieros enmascarados, fuera de la circulación por ley desde 1977. El único que aún actúa por su cuenta, el enigmático y categórico Rorschach, decide investigarlo, al tiempo que avisa a sus antiguos colegas, ya retirados o trabajando para el Gobierno. Mientras tanto, la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética está experimentando una escalada de tensión que parece abocar a la guerra termonuclear; el único elemento disuasorio para que evitar el desastre es, precisamente, la presencia, en el bando americano, del Dr. Manhattan, el único verdadero superhéroe, en realidad, pues es el único con poderes suprahumanos y que, de hecho, le convierten en una suerte de dios, pues puede modificar la materia a su antojo (los demás  justicieros no pasan de ser tipos disfrazados). 

A partir de aquí asistimos a un despliegue metanarrativo más propio -al menos hasta entonces- de la novela postmoderna que del cómic de consumo rápìdo por más que las editoriales del género hayan acabado por desarrollar sus propios "multiversos", etc...): durante toda la primera mitad del libro -es decir, seis capítulos de doce- conocemos a los personajes, su idiosincrasia, circunstancias y obsesiones, su "vida civil" -si es que la tienen-, sus secretos, ya sean referidos a su intimidad o a los "servicios" prestados como héroes, quienes fueron sus antecesores -los, irónicamente, conocidos como Minutemen-, que ha sido de los supervivientes de esa primera generación, etc... Por resumir: una auténtica deconstrucción del arquetipo "superheroico". Aderezado, además, con un buen aliño de la llamada metaficción: al final de cada capítulo encontramos extractos de libros, informes policiales, reportajes periodísticos, entrevistas... incluso un "cómic dentro del cómic": un tebeo de piratas de lo más escabroso (y que muy bien pudo inspirar la saga de Piratas del Caribe). Por no olvidar las maravillas narrativas que son los capítulos V y VI: en cuanto a composición gráfica el primero, pues es absolutamente simétrico (!) y en cuanto al guión el otro, un alarde existencialista a base de saltos temporales y fundamentado en la teoría de la relatividad del tiempo y el espacio, la física cuántica y vete a saber qué otras cosas más sólo compresibles por Sheldon Cooper y su panda de amiguetes... que yo soy de letras (aunque lo mismo da: es toda una gozada leerlo). En la segunda mitad del libro, aunque se mantienen muchos elementos, la historia deriva más hacia la de unos superhéroes, bien que bastante sui géneris, que deben cumplir una misión para salvar al mundo y todo eso...

En todo caso, el gran tema del que trata Watchmen es, cómo no, la dicotomía entre el bien y el mal y, más aún, una reflexión sobre la mejor actitud para enfrentarnos a este último (¿a alguien le suena este dilema?). Cada uno de los componentes del grupo parece adoptar un posicionamiento distinto al respecto: desde la intransigencia maniquea de Rorschach al "despotismo ilustrado" de Ozymandias, al tiempo que el Comediante y el  Dr. Manhattan no ven diferencia alguna entre hacer el bien o el mal, aunque uno de ellos opta por dar rienda suelta a sus bajos instintos, mientras que el otro lo que siente es un cada vez mayor distanciamiento hacia una Humanidad de la que quizás ya no forme parte... Por último, Búho Nocturno y Espectro de Seda representan al común de los mortales, a la mayoría de las personas que nos debatimos entre las buenas intenciones, la impotencia y la más general desidia.

No me enrollo más: aún podría extenderme sobre la impronta derechista (por no decir ultra) de estos supuestos héroes enmascarados, sobre los recursos semióticos presentes en el cómic (no deja de ser una obra de los 80) o la visión crepuscular del género, característica de todo fin de época... Pero lo mejor es que quien esté interesado, y espero que sean muchos, deje de leer esta reseña y se ponga a buscar el libro o os cómics originales. No se van a arrepentir.

Nota para los muy fans (o que quizá no lo sean tanto): Amén de que HBO está preparando una serie sobre esta obra, DC Comic va a publicar en muy breve una especie de  secuela de esta Watchmen, titulada Doomsday Clock, con la aparición de algunos personajes como el simpático Rorscharch, relacionándolos con el resto de superhéroes del "multiverso DC". Sin guión de Alan Moore, por supuesto. ¿Era necesario? No. ¿les importa un carajo que no lo sea? Tampoco. ¿Harán luego otra peli, serie de televisión o lo que sea? Probablemente. ¿La pela es la pela? Aquí y en Tombuctú... (¿Era necesaria una continuación de Blade Runner? Pues lo mismo)

Éste ya se lo está empollando,  por si acaso



Otras obras de Alan Moore reseñadas en Un Libro Al Día: V de Vendetta

sábado, 18 de noviembre de 2017

Eduardo Halfon: Duelo

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

A estas alturas, y con sus libros hermanados por títulos escuetos, extensión algo rácana, y elegante portada en motivo gris azulado, no sabría decir si Halfon cierra con Duelo una tetralogía iniciada con El boxeador polaco (que no he leído y que no me extrañaría que Asteroide reedite algún día, como para cerrar el círculo) o si son Monasterio, Signor Hoffmann y esta novela una trilogía donde el autor guatemalteco rememora diversos eventos de su vida y los presenta en una forma que tiene un indudable aspecto compacto. A obra por año, y con el indudable emblema de la editorial (gustarán más o menos, pero creo que Asteroide siempre presenta libros que al menos son dignos de ser tomados en serio -o sea, serían incapaces de publicar a Milena Busquets), Duelo parte de un recuerdo de juventud (el incidente idealizado en la familia de un niño ahogado en un lago en Guatemala) a partir de cual, y contra la voluntad de su familia, se indaga hasta descubrir que las cosas no fueron así, que fueron en realidad de otra manera.
Halfon es capaz de administrar ese misterio y envolverlo en algo más de 100 páginas de efectiva prosa, prosa cálida y precisa donde cada frase tiene sentido y donde, sin primar resolución más que de forma muy sutil, impera la búsqueda de la identidad a través de la comprensión de los orígenes y a través de la asunción de ciertos aspectos de la herencia familiar con los que los lectores de sus anteriores novelas ya estamos, erm, familiarizados. Todo sumamente eficaz en su propósito narrativo y con esa apelación a las circunstancias de la presencia de los Halfon en Guatemala, en medio de la diáspora producida por el nazismo y en medio de esa re-colonización de la América Latina, la que se produce en pos de salvar el pellejo, tema que, ya sabemos, suele aflorar de tanto en tanto y es una baza más que segura a la hora de empatizar con un texto (siempre que el lector no sea un patán insensible).
Aunque he de recuperar algún concepto del inicio de esta reseña. Sí, los tres textos de Halfon son valiosos y eficaces y posiblemente la intención del autor sea la de diferenciar esas tres historias dándoles el amparo de diferentes títulos y diferentes entornos. Pero la cuestión es, somos un blog dedicado a la literatura y esa dedicación entraña también defender al lector que toma una decisión de empleo de recursos (tiempo, pero también dinero) a la hora de abordar sus lecturas. Los tres libros de Halfon, obviamente interconectados por su común talante autobiográfico, sus lógicas licencias creativas y sus sutiles apelaciones al pasado europeo, suman algo más de 300 páginas, en tres libros que se han publicado por separado. Una inversión estimable, teniendo en cuenta que hay alternativas en ediciones de bolsillo, por ejemplo. Creo que lo expliqué a cuenta de alguna otra editorial: sabemos que las ediciones son caras, sí, que los buenos escritores muchas veces no pueden subsistir solo de las ventas, pero creo que deberíamos intentar que el placer de la lectura en su vertiente de comprar libros para leerlos y conservarlos, no se convierta en otro lujo al alcance de pocos.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Nuestros Autores Olvidados #12: Laura, de Vera Caspary

Resultado de imagen de vera caspary laura amazonIdioma original: inglés
Título original: Laura
Año de publicación: 1943
Valoración: Está bien









De Vera Caspary no sabía absolutamente nada. Llegué a ella consultando un libro que aún no he leído completo, pero, me consta, contiene datos relevantes y cuya mera existencia ya es una buena noticia. Se trata de El séptimo círculo del infierno –subtitulado Escritores malditos, escritoras olvidadas –en el que Santiago Posteguillo, en la misma línea que este blog (mejor dicho, nosotros en la misma línea que su ensayo), reprocha a los poderes de diverso pelaje de cualquier lugar y época la persecución de determinados escritores a los que acaba relegando al infierno de la guerra, la cárcel, la censura, quizá el exilio, añadiría yo, y, por supuesto la violencia de género, para preguntarse después “cómo es posible que incluso en esos infiernos se escriba tanto y tan bien”. No olvida añadir que la discriminación de las escritoras es doble ya que a su activismo, rebeldía o lo que sea se añade su condición de mujeres.
Posteguillo sitúa a esta autora de novela negra en la cúspide del séptimo círculo, se lamenta de la persecución que destruyó su carrera, recuerda que autores como Borges y Bioy Casares reivindicaron seis títulos de su obra nada menos y que dos de sus novelas fueron llevadas al cine. Y en este punto me pregunto (retóricamente, claro) cuál será la causa de que se recuerde perfectamente el nombre de novelistas varones trasladados también a la pantalla por entonces, como Raymond Chandler, James M. Cain o Dashiell Hammett, y esta escritora haya quedado completamente eclipsada por el prestigio de Otto Preminger (Laura), pero también de Mankiewick, Stanley Donen, Fritz Lang y Cukor.
Entre 1922 y 1979 Caspary publicó hasta veintitrés títulos. En esta novela de 1943 adopta con toda naturalidad las convenciones del género que marcaban sus compañeros de generación, aunque manifestando sus sentimientos feministas. Elegantes, cínicos, mundanos, sarcásticos y escépticos los personajes van mostrando sus debilidades, sus alianzas y hasta sus cartas ocultas. En ese mundo de frivolidad y codicia, todos tratan de triunfar social y económicamente, pero hay una diferencia, mientras ellos compiten entre sí por adaptarse al modelo de virilidad exigido, ellas solo tratan de salir a flote. Saben que serán engullidas por él a no ser que, con un poco de suerte y talento, se conviertan en trofeo de triunfadores. Aunque en un principio parece que no, que la protagonista es una ganadora absoluta, que ha sabido abrirse paso en el mundo de la publicidad por sus propios medios, posee una economía saneada y se mueve con soltura en la sociedad neoyorquina a pesar de su procedencia rural. Pero ella intuye que necesita un protector, alguien que dé la cara por ella, y trata de enamorarse a toda costa.: “La mujer educada, no menos que la pobre trabajadora de una fábrica, está atada por los grilletes del romance.” Como vemos, una clara actitud feminista, que se repetirá más adelante camuflada entre los clichés del hiper-masculino género negro.
Este personaje, al que Caspary mata ya desde el comienzo –cuyo retrato preside su elegante vivienda, que seleccionaba sus lecturas, tenía un pigmalión por amigo y una criada incondicional, vestía bien, asistía a estrenos y frecuentaba los buenos restaurantes– iba a casarse precisamente el día que falleció. Alguien que llamó a su puerta le disparó un tiro a bocajarro.
¿Por qué una mujer que se ha hecho a sí misma se enamora una y otra vez de un patán con buena facha? Esto se pregunta Waldo Lydecker, escritor, viejo amigo y enamorado sin esperanza, pero él no es mucho mejor, utilizando armas intelectuales también manipula e intenta seducir a Laura. En los primeros capítulos conocemos su versión que, por cierto, presagia una trama trillada y predecible. Pero a partir de ahí, se produce una vuelta de tuerca, tanto argumental como narrativa, ya que cada una de sus partes está a cargo de un narrador distinto. Estos cambios de óptica, junto a los diálogos, conducen a un duelo de personalidades que va desvelando pistas, a menudo falsas, donde tiene lugar un fino análisis psicológico que el lector tiene que ir desentrañando. Caspary no lo pone fácil pero los candidatos tampoco son tantos y todos hemos leído lo nuestro: si no queremos adivinar el desenlace, mejor no darle muchas vueltas. Desde luego, la autora no tiene la culpa de que, a estas alturas, un relato así nos parezca archiconocido. Pero hay algo que, en mi opinión, es difícil de creer, no viene a cuento y desmerece dentro del conjunto: la introducción del detective en el triángulo amoroso, que a partir de entonces –según como se mire– se convierte en cuadrilátero.