Idioma original: nynorsk
Título original: Vaim Hotel
Traducción: Meritzell Savany en catalán para Galàxia Gutenberg y Cristina Gómez-baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
Título original: Vaim Hotel
Traducción: Meritzell Savany en catalán para Galàxia Gutenberg y Cristina Gómez-baggethun en castellano para Random House
Año de publicación: 2026
Valoración: entre recomendable y muy recomendable
De los muchos aspectos que destacaría de la literatura de Fosse, su principal característica es la gran capacidad del autor para mantener la atención en una prosa basada en su mayor parte en el monólogo interno. Y, en este segundo volumen de una suerte de trilogía cuyo nexo principal es Vaim, el pequeño pueblo donde trascurre la historia, el autor se atreve en dar un paso más en su estilo y se adentra a un terreno situado entre el misterio y el onirismo.
Con este propósito, Fosse empieza el relato a partir del solitario viaje en coche de un hombre cargado únicamente con un par de maletas quien va conduciendo sin ningún destino en mente hasta que, casi de golpe, se encuentra con la necesidad de parar para descansar. Encontrándose en paraje desconocido, descubre un hotel en el que poder reposar antes de proseguir su viaje y decide alojarse, por casualidad o por azar, en el hotel de Vaim sin saber tan siquiera hasta cuando se prolongará su estancia. Pero, una vez allí, el desconcierto toma protagonismo y sorprende al visitante, pues la recepcionista del hotel parece reconocerlo e incluso se alegra de verlo, aunque él desconoce el porqué. Bien es cierto que el protagonista fue medianamente famoso años atrás, pero esa no parece ser la causa de tal recepción provista de una cordialidad aparentemente extrema. A partir de este enigmático (a la vez que cautivador) inicio, Jon Fosse despliega su talento bifurcándolo en dos vertientes, pues establece una suerte de monólogo interno que va alternando con charlas entre el protagonista y Brita, la recepcionista del hotel, y que podría parecer un diálogo de besugos por la absurdez aparente en su contenido, pero que deja entrever en su trasfondo el alma dos seres que se encuentran solos en esta vida y que, por un motivo u otro, necesitan encontrarse.
De esta manera, el autor enlaza esta segunda novela de la trilogía con su predecesora, situando el Hotel Vain justo delante de la droguería que copaba el protagonismo en el primer volumen; así, Fosse establece una relación entre ambos textos y también, en cierto modo, entre sus personajes aunque no de manera muy clara, tal y como el protagonista constata y admite al afirmar que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía». Así, el autor despierta la curiosidad en el lector, de igual manera a lo que le sucede a su protagonista y es a partir de ahí que Fosse empieza a tejer una serie de paralelismos entre ambas novelas, en la que los personajes aparecen y desaparecen o incluso se confunden, estableciendo de esta manera una novela de espejos en los que nos protagonistas se ven a ellos mismos desde diferentes perspectivas y ángulos como sucede, por poner un ejemplo, cuando expone que el protagonista ve una barca en el muelle de nombre Eline y vislumbra alguien cerca que tiene su misma edad y que incluso le parece que lo conoce porque hay en él algo que le resulta familiar de igual manera que ciertos aldeanos parecen reconocerlo, aunque no saben muy bien el porqué.
Estableciendo el principal escenario del relato en el hotel, allí el protagonista es víctima y testigo de situaciones curiosas y enigmáticas, con objetos personales suyos que aparecen y desparecen o también en encuentros cercanos al surrealismo entre él y el misterioso personaje de Brita, siempre en medio de las confusiones y tretas que enloquecen y enfadan al protagonista pues continuamente le hacen dudar de su propio raciocinio y le someten al límite de la cordura. Estilísticamente, el estilo de Fosse se deja entrever en los diálogos que se establecen entre personajes y que, en esta ocasión, tienen una cadencia y una tendencia a la repetición de frases que me llevan recuerdos a Haruki Murakami en esos encuentros entre personajes misteriosos que más que un contraste de opiniones se asemejan más la dilatación de una conversación con uno mismo, como si al decir la frase se escuchara el eco interno que permite al que la ha pronunciado reflexionar y apuntalar lo que acaba de decir. Por ello, hay cierto aire de misterio lynchiano en esta novela que la hacen algo diferente a las anteriores, pues existe en el relato una atmósfera en el que parece que se está cociendo algo, rozando lo onírico, pero no desde un punto de vista que augura un peligro sino más parecido a una calma tensa, algo que se hace evidente cuando el protagonista, analizando la situación en la que se encuentra, infiere que «pensé después, que el Hotel Vaim, el Café Vaim y la Droguería de Vaim eran tres establecimientos bien peculiares, y si me gustaba o no que fueran tan peculiares, pues todavía no lo había decidido, y es que era prácticamente como si, tanto en un lugar como en el otro, hubiera algo irreal» a la vez que encuentra algo atrayente en ese hotel, pues el protagonista constata y admite que «empezaba a tener la sensación de que en esa habitación que había cogido en el Hotel Vain me quedaría bastante tiempo, que alguna cosa me lo decía».
Con este enigmático texto, Jon Fosse nos vuelve a cautivar con una novela que expone nuestros miedos y recelos ante una realidad que quizás no es tan clara como nos parece y en la que los personajes que aparecen y desaparecen juegan con el protagonista de igual modo que el autor hace con el lector, distrayendo y desviando la atención hacia esos puntos en los que hacernos dudar de lo que vemos, de los demás e incluso de nosotros mismos y nuestras percepciones sobre lo que nos rodea.
También de Jon Fosse en ULAD: Blancura, Ales junto a la hoguera, El otro nombre (Septología I), Vaim, Hermana, Soy el viento, Mañana y tarde

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