Título original: Il vento soffia dove vuole
Traductor: Julia Osuna Aguilar
Año de publicación: 2023
Valoración: NA
Así como de repente nos dan ganas de echarnos una llorada con una telenovela o un K-drama, de repente me da por leer novelitas melodramáticas. Una manera fácil de identificarlas es buscar en la portada adolescentes sufrientes o, como es el caso de este libro, a alguien en posición fetal. Para comprobar que lo que iba a leer correspondía al género culebrón, leí la sinopsis. En efecto, era precisamente lo que buscaba.
Una madre que ha recibido la sentencia de un cáncer terminal escribe tres cartas, a manera de despedida/testamento ideológico, a tres personas: su hija adoptiva, su hija biológica y su marido. Nos adentramos en la lloradera.
Debido a que esta es una reseña interruptus, es claro que no leí las tres cartas; de hecho, no pasé de la primera.
Contexto. La hija adoptiva de la remitente de las cartas no es una hija adoptiva cualquiera. Es una niña de la India, adoptada por una mujer blanca europea durante su etapa hippie 😑. Al leer esto, quise comprobar si acaso esta historia era producto de la imaginación o de los deseos de la autora o si, ¡alas!, tenía algún componente autobiográfico. Chequen estas declaraciones extraídas de Wikipedia para que se den una idea del componente ideológico del libro:
Tamaro se define a sí misma como ecologista, vegetariana y «cristiana más que católica», debido a las creencias religiosas de su familia, que incluían el interés de su padre por el taoísmo y la herencia judía de su madre. Desde 1989, vive cerca de Orvieto con la escritora Roberta Mazzoni; ha calificado esta relación de «amistad espiritual», afirmando que no es lesbiana.
Bueno, ni modo, ya estaba comprometido con la lectura. Después de una serie de anécdotas sobre la adopción de la niña india y uno que otro consejo moralizante, llegué al punto de quiebre, que cierra su entrada de Wikipedia:
Tamaro ha expresado su oposición al aborto.
Y, en efecto, se habla del aborto en esa primera carta a su hija, de la única manera en que podría tratarlo una homosexual reprimida «cristiana más que católica».
Bah, ¡qué pinche hueva! Mejor me voy a ver un K-drama.

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