Páginas

lunes, 14 de septiembre de 2026

Gonzalo Núñez: Los retratos desparejados

Idioma original: Español
Año de publicación: 2025
Valoración: Recomendable

Así, cuando alguien ve un cuadro o lee un libro es el tiempo el verdadero tema, pero este es tan astuto que hace creer al lector o al espectador que solo es una historia de amor o de guerra o el retrato de un hombre que ya pasó por este mundo.

Pues sí, queridos, creo que esta frase extraída de la página 72 de la novela podría ser una buena aproximación a esta porque, aunque Los retratos desparejados parece una texto sobre relaciones de pareja en pleno siglo XXI, lo que Gonzalo Núñez nos ofrece en su segunda novela es una historia / tratado sobre el amor y el desamor (eso es innegable), sobre el peso del pasado y de la culpa, sobre lo que fue y no se vio o sobre lo que se vio y no fue, sobre palabras no dichas, sobre palabras supuestas, sobre el tiempo, el puto paso del tiempo.

Todo lo anterior con el arte como telón de fondo. Son los retratos desparejados (dípticos de parejas o matrimonios pintados por autores flamencos allá por el siglo XV y que por diversas causas y azares fueron separados) que dan título al libro la imagen perfecta de la separación y de la ruptura, así como el punto en el que confluirán pasado y presente del narrador y protagonista.

Esta presencia del arte permite al autor introducir digresiones sobre el mundillo. El problema está en que, si bien resultan interesantes y darían para un ensayo de lo más entretenido, personalmente me sacan un poco de la trama principal, esa centrada en la psicología del amor, en cómo vemos o creemos que nos vemos (y ven). Y mira que me jode porque la indagación sobre el amor y el desamor y sus alrededores tiene ritmo, es profunda, casi obsesiva y retrata a la perfección estos tiempos líquidos que nos ha tocado vivir y la parte más "ensayística" le da un puntito intelectual que a gafapastas y curiosos (ejem, aquí hay uno) disfrutamos.

En cualquier caso, Los retratos desparejados no deja de ser una buena novela en la que hay un fuerte componente generacional (recomendada especialmente para nacidos en los 70 - 80) y en la que las influencias van de Javier Marías a Milan Kundera, pasando por un Houellebecq relajadito. La influencia de Marías se aprecia ya desde la primera frase, muy al estilo de Mañana en la batalla piensa en mi o Corazón tan blanco, pero también en el manejo del lenguaje y los saltos temporales; la de Kundera en las reflexiones sobre el propio "hecho amoroso", un poco en la onda de La insoportable levedad del ser  (a veces me parece ver por las páginas de Gonzalo Núñez a Teresa y Tomas); la de Houellebecq relajadito en ese retrato de nuestro tiempo, aunque sea menos oscuro y pesimista que el del francés. ¡Palabras mayores, eh!

En fin, como decían en Con faldas y a lo loco... Nadie es perfecto. Esta novela tampoco. Eso sí, es de lo más recomendable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja a continuación tu comentario. Los comentarios serán moderados y solo serán visibles si los aprueba un miembro del equipo.