Idioma original: inglés
Título original: Lynch on Lynch
Año de publicación: 1997 (con reedición en 2005)
Traducción: Elena Arguedas González
Valoración: bastante recomendable
Siendo Lynch mi director favorito y causante de que mi vida cambiara de rumbo debido a la maravilla que es Twin Peaks, no podía evitar tener algún libro de (aunque Atrapa el pez dorado me pareció cualquier cosa menos un libro decente) o sobre Lynch, y estas entrevistas, género predilecto para saciar la curiosidad por la mente de un genio creativo, sirven como un acicate bastante positivo a la hora de adentrarse en este loco de peinado raro y películas aún más extrañas.
Lo primero, cabe aclarar, es que el libro no lo escribió Lynch, a pesar de que te lo pongan más grande que una casa en la portada. Realmente es Chris Rodley el que se encargó de entrevistarlo y de hacer el recorrido correspondiente por los inicios de su vida y la parada en cada película (se lo puede permitir porque son únicamente diez más la serie de Twin Peaks, aunque, si algo bueno tiene este libro, es que también cubre gran cantidad de cortometrajes, anuncios bizarros y pinturas, lo que da una panorámica completa de su esencia y no únicamente de la carrera cinematográfica).
Pero Lynch, como todo artista mayúsculo, tiene la personalidad arrolladora que le permite adueñarse de cada respuesta y de no contestar nunca de forma genérica, no importa que sea la pregunta más común. En sus respuestas se revela su forma de ser, la de un hombre en perpetuo estado de asombro e inocencia, casi como un niño, y uno no puede dejar de sonreír ante las tonterías que dice o lo que le parece importante, a la vez que le genera una sensación de ternura y nostalgia por darnos cuenta de que percibe más de lo que nosotros vemos, porque siempre está predispuesto a hacerlo.
Así, a lo largo de los capítulos, asistiremos a la filmación de cada película, casi nunca hablando de aspectos técnicos, sino más bien de cómo surgieron las ideas y qué dificultades encontró Lynch a la hora de aplicarlas. Todo esto aderezado con algún que otro comentario sobre la necesidad de mantener el misterio de las películas, la radicalización de la violencia en el mundo (Lynch, aunque a veces conteste de forma ingenua, y en esto me hace recordar mucho a Brian Wilson, conoce perfectamente, en cada etapa de su carrera, su entorno inmediato e internacional. Los artistas son canalizadores instantáneos de lo social), la necesidad de creer en cierto camino ético, de mantener la inocencia, entre otras cosas. Las entrevistas no son excelsas: Chris Rodley es apenas un medio para que Lynch se exprese (ni siquiera parece haber una conexión especial entre ellos, o algún indicio de que se conocen de hace mucho), pero no rebusca demasiado ni lo provoca, y las contadas ocasiones son justamente en temas que Lynch no puede ceder por mera cuestión de principios. Pero es un libro bastante ameno, y es imposible no terminar queriéndolo como a un viejo amigo al que lo ves y te decís ¿pero cómo hizo para que le saliera todo bien con esta actitud?
Un último apunte: el libro originalmente terminaba con el estreno de Lost Highway, y la reedición abarca hasta Mulholland Drive. Queda como duda si existe la actualización de Inland Empire (mi ejemplar está todo subrayado por el dueño anterior), y, en el caso de que la hubiera, cómo carajos serían las respuestas de Lynch para justificar semejante obra desconcertante.
Más de (o sobre) Lynch en: Atrapa el pez dorado, David Lynch
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