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viernes, 25 de junio de 2021

António Lobo Antunes: Memoria de elefante

Idioma original:
portugués
Título original: Memória de elefante
Traductor: Mario Merlino
Año de publicación: 1979
Valoración: recomendable e interesante para fans

Cuando se conoce relativamente bien la obra y el estilo de un escritor, sobre todo si es uno de los grandes como es el caso de Lobo Antunes, es una experiencia interesante volver la mirada a sus primeras obras, aquellas en las que se está formando el estilo, los temas y las técnicas que más adelante se convertirán en sus señas de identidad. No se trata generalmente de las novelas más perfectas (salvo excepciones de genios primerizos, que las hay), sino de tentativas más o menos conseguidas, primeros borradores de lo que luego será su trayectoria creativa. Algo así es Memoria de elefante, la primera novela de Lobo Antunes, que siendo en sí misma una novela notable (muy notable si fuese de cualquier otro escritor), resulta sobre todo interesante por lo que promete y lo que deja prever. 

Esta es, por ejemplo, quizás junto con Sobre los ríos que van, la novela más transparentemente autobiografica de Lobo Antunes. El protagonista, un médico psiquiatra que está viviendo con dolor la separación de su mujer y sus hijas, y que carga consigo el recuerdo de la guerra colonial en Angola, se pasea a lo largo de un día por las calles y barrios de Lisboa, de su casa al hospital, del hospital a la consulta del dentista, del dentista al psicólogo, y de nuevo a una casa sola y sin amueblar, donde se hunde en su propia soledad. No hace falta ser un lince para identificar al propio Lobo Antunes, muy levemente disfrazado, en este médico depresivo, arisco y malhablado (menos cuando piensa en el amor que todavía siente por su mujer, o por sus hijas). De hecho, el médico protagonista de Memoria de elefante también está pensando en escribir una novela, la primera, pero lo frena el miedo al fracaso o al ridículo.

Esta historia, en la que casi no hay historia, está narrada con una técnica algo diferente a la que luego se convertirá quizás en su rasgo más distintivo: la polifonía que mezcla la voz de un narrador muchas veces identificado con uno o varios personajes, con los pensamientos (con frecuencia obsesivos) de esos mismos personajes, y con los diálogos, que vienen a interrumpir la narración de forma abrupta y constante. En Memoria de elefante, la voz del narrador es aún bastante "tradicional": un narrador en tercera persona que no se identifica con el protagonista y que, si nos explica sus pensamientos, lo hace introduciéndolos con los habituales "pensó", "pensaba", "reflexionó", etc. Del mismo modo, la confusión y los juegos con las líneas temporales e históricas, que Lobo Antunes desarrolla en toda su obra y de forma aún más acentuada y eficaz en As naus, aparecen aquí atenuadas aún, porque cuando al protagonista lo asaltan los recuerdos (de la guerra, de la relación con su mujer) estos aparecen identificados como tales recuerdos. 
 
En otros aspectos, con todo, esta sí que es una novela inequívocamente escrita por Lobo Antunes. No solo por los temas mencionados (la soledad, el trauma de la guerra, la imposibilidad del amor), o por el escenario de fondo de una Lisboa nada turística (en parte porque la novela es de 1979, antes del boom del turismo de masas, y en parte porque a Lobo Antunes parecen atraerle otras partes más crudas o sórdidas de la ciudad). También por el estilo, cargado de referencias literarias, de imágenes y metáforas (como el propio protagonista reconoce, pensando sobre sí mismo), o por el tratamiento de los personajes, casi siempre degradante, esperpéntico, animalizante, con un énfasis en lo fisiológico, en las taras físicas, psicológicas o sexuales. Un mundo literario que quizás se podría comparar con el de Cela, con esa mezcla de virtuosismo formal y feísmo desesperanzado.

No es Memoria de elefante una mala novela; no es tampoco, sin duda, la mejor de su autor. Para llegar a su cima (que para mi gusto se sitúa en las obras producidas en torno a los años 90), Lobo Antunes necesitaba todavía separarse un par de grados de su propia autobiografía (sin nunca abandonarla completamente), proyectarse en un conjunto cada vez más amplio de personajes, darles una voz propia, y romper con las técnicas y modos narrativos tradicionales, creando su inconfundible estilo en el que narrador, personajes, pensamientos, memorias y diálogos componen una trama textual de creciente complejidad. 

Eso sí, como también decía al principio: si cualquier otro autor hubiese escrito Memoria de elefante, probablemente esta sería una de sus mejores novelas. Eso da idea de la magnitud de la obra posterior de Lobo Antunes.

 
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