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miércoles, 19 de agosto de 2020

Adeline Dieudonné: La vida verdadera


Idioma original: francés
Título original: La Vraie Vie
Año de publicación: 2018
Valoración: Muy recomendable




¿Conocen a la escritora belga Adeline Dieudonné (1982)?
No se fíen. Es hija de un deportista famoso, el piloto de carreras Pierre Dieudonne. Los aficionados –yo no lo soy– sabrán de quién hablo.
Hasta ahora, su profesión era actriz de cine.
Sus entrada en el panorama literario es reciente y algo tardía: publicó esta, su primera novela, en 2018, y el año anterior escribió un par de cuentos que aparecieron en publicaciones periódicas.
La vida verdadera fue un éxito rotundo y obtuvo cerca de una decena de premios.
Sus protagonistas son niños: dos hermanos, chico y chica.
Algunos críticos la han catalogado como thriller (aunque a mí no me lo parece).
¿Autora novel, procedente de la farándula e hija de deportista de éxito, que publica por primera vez ya avanzada la treintena, quizá excesivamente premiada, y, para colmo, con una novela que habla de la infancia y que resulta ser un thriller?
Con estos antecedentes no daríamos un duro por ella. ¿O sí? Me dirán que ante todo hay que leerla y dejarnos de prejuicios. Así es. Las circunstancias que menciono, juntas o por separado, en absoluto merman la calidad de esta novela ni de la propia Adeline Dieudonné, una escritora cuyo debut ha sido magnífico a pesar de haberse internado en un terreno tan delicado y difícil como este.
Y ¿de qué trata la novela? Como todo argumento complejo, no aborda un único asunto: podríamos hablar de lucha, valentía, supervivencia, de amor fraternal a prueba de bomba, pero también de crueldad, de ambiente opresivo, de familias disfuncionales. O más bien de una sola, la compuesta por la narradora, sus padres y su hermano pequeño Gilles, a quien conoceremos con siete años y del que nos despediremos en plena pubertad. Quien nos habla solo le lleva tres años, al principio no es más que una niña, con la mentalidad, los sueños y la desbocada imaginación que corresponden a esa edad. Una niña con la mente muy despierta, a quien vemos madurar, rápida pero convincentemente, empujada por las circunstancias, y cuyos referentes propios de los 90 –los mismos de la autora– son tan conocidos y evidentes como Stephen King, Regreso al futuro o Parque Jurásico. Sin olvidar su obsesión por la ciencia.

“Pensaba mucho en Marie Curie. La sentía a mi lado. Siempre allí, en mi cabeza, hablando conmigo. La imaginaba observándome continuamente, indulgente y maternal. Estaba convencida de que, desde el reino de los muertos, había decidido sumarse a mi causa y convertirse en una especie de madrina para mí”.
 
Lo que narra el personaje es como un puñetazo entre los ojos del lector y las imágenes –así como algunas escenas tan memorables como bien desarrolladas– son todo lo despiadadas, crudas y sin concesiones que pueden imaginar al proceder de un testigo inocente, sincero y carente de filtros. En menos de doscientas páginas contemplamos el temprano aprendizaje de una vida en constante amenaza y sobresalto, así como los efectos -no tan desastrosos como era de esperar, e incluso alguno positivo- que psicopatía y misoginia pueden producir cuando lo que aterroriza se sublima y el objetivo vital no es otro que salvar a quien se ama del desastre.
No he querido empezar hablando de violencia para no ocultar con ella la enorme riqueza de matices, pero está presente en todo momento, aunque no siempre sea igual de visible. A este respecto habría que distinguir, en primer lugar, entre violencia implícita e explícita, también entre aquella que ocurre fuera o dentro del hogar familiar y, por último, la que transcurre ante nuestros ojos y aquella que se produjo mucho antes y de la que solo podemos contemplar sus efectos. Violencia explícita -no es difícil de entender- es la que explota, pero existe además una violencia soterrada constante que se traduce en silencio agresivo, desprecio, indiferencia por las personas del entorno, malos gestos, caras largas, en otras palabras: ambiente cargado de tensión. Fuera del hogar, un ejemplo sería el engaño a la adolescente idealista e inexperta, aunque en el momento de contarlo ella no sea consciente aún, o bien, el incidente del heladero, motor que pone en marcha la auténtica trama y cuyo origen no queda muy claro; en cualquier caso, sea provocado o no, produce una herida indeleble en lo más profundo de esos niños. En cuanto a las violencias del pasado, la más fácil de contemplar -aunque se intuyan otras muchas- es la ejercida años atrás contra Yaëlle -la mujer del profesor- para vengarse de su altruismo, y que podemos percibir claramente cada vez que ella aparece en escena.
El fondo del asunto es un drama, de acuerdo, pero vivido con tal positividad que emociona tanto como divierte. ¿Y qué hace la madre mientras tanto? Sobrevivir, volverse transparente, una actitud que saca de quicio a la protagonista. Solo empezará a entender lo que le ocurre, incluso a empatizar un poco, unos años más tarde, hacia el final de la novela, cuando el mundo tal como es empieza a tomar forma y la realidad acaba por imponerse sobre los esquemas propios de la infancia. Porque madurar antes de tiempo o ser una persona racional no significa volverse adulto de un día para otro, y esto, los tempos, aun siendo un elemento difícil de manejar, más aún en el ambiente que se describe, es resuelto con toda naturalidad y solvencia.
Llegamos al desenlace, una de las cuestiones más difíciles para un novelista. La tentación, siempre difícil de eludir, es recurrir al final abierto. La autora no lo hace: se moja (y no digo más). Otro mérito que no podemos negar al texto ni al talento de Dieudonné.

9 comentarios:

  1. Hola:
    No conocía ni el libro ni a la autora, pero tiene muy buena pinta ; apuntado queda...Gracias por la recomendación ; )

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  2. Estoy con juan parece un libro interesante

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  3. Pues, Juan, espero que te guste.
    Estaba pensando... no os fiéis mucho de las sinopsis que circulan. Sospecho que lo catalogan como thriller para tener más lectores, pero esto no funciona así, llegarán al lector equivocado y este no pensará en recomendarlo, mientras su lector genuino no se encontrará con él nunca. A mí me gusta un buen thriller tanto como esta novela. Pero es difícil hacer un thriller narrado por una niña y que resulte verosímil. "La vida verdadera" no es tan enrevesado ni tan objetivo ni tiene tanta acción como los representantes del género. Al contrario, es intimista y por tanto subjetivo, aunque lo que cuente sea realidad pura y dura. Además, al principio contiene bastante fantasía infantil, eso sí,muy fácil de traducir a un lenguaje realista.
    Hola Kempes. Supongo que a quien das la razón es a mí, que he leído el libro y he escrito la reseña. No pasa nada, ¿quién no se equivoca alguna vez?
    Saludos a ambos.

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  4. Perdona montuenga por el lapsus.. A favor de Juan mil perdones. Kempes 19

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  5. Ha sido una vorágine, empezar a medio gas y darle a fondo sin ni darme cuenta. Acelerar, acelerar, acelerar, hasta llegar al final. Sí, como si estuviera metida en un thriller, pero que, absolutamente de acuerdo, no es para nada un thriller. Gran fuerza en la narración, una fuerza, violenta incluso, contra toda violencia, patriarcado, machismo. La vida verdadera contra la muerte.

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    1. Hola, Magda. Gracias por confiar en mi recomendación.
      Exactamente es lo que dices: sin necesidad de tantas palabras, muestras la impresión que produce la novela en los lectores.
      Y tú última frase lo resume todo, nada que añadir.

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  6. Pues ya lo he leído y está muy bien, pero, desde luego, no tiene nada de thriller, o muy poco... Yo diría que es un bildingsroman terrible, con un comienzo muy interesante, que recuerda a un cuento infantil, también bastante inquietante. En todo caso, una novela muy ágil, que se lee muy rápido, sin duda.
    Gracias y un saludo.

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  7. ¡Claro! Quien la califica de thriller lo hace por puro marketing. Y probablemente no se la ha leído.

    Es, efectivamente, un bildungsroman, o mejor dos, el de la narradora y el de Gilles. Con el papel decisivo que tiene la convivencia en la maduración de ambos.

    Pero es cierto que se lee con la misma impaciencia, tal como apunta la comentarista anterior.

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