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lunes, 22 de febrero de 2016

Umberto Eco: El péndulo de Foucault

-Idioma original: italiano
Título original: Il pendolo di Foucault
Año de publicación: 1989
Traducción:  Ricardo Pochtar (revisada por Helena Lozano)
Valoración: recomendable


Sentimiento de culpa. Tal fue el que me asaltó el pasado día 20, cuando me enteré de fallecimiento de Umberto Eco. No porque tuviera algo que ver con el mismo, claro está, sino por una razón minúscula y quizás absurda: en la reseña que firmé sobre su última novela, Número Cero, no sólo no la dejé demasiado bien... además mencionaba mi sospecha de que su edición podía deberse sobre todo a que su autor, dada su avanzada edad, no quería que se quedara en un cajón... Vale, tal vez sentirse culpable por una cosa así sea excesivo y, de hecho, mi opinión sobre esta última novela de Eco no ha cambiado, pero, en todo caso, a modo de expiación y resarcimiento, si cabe, permítanme reseñar otra novela suya que me gustó bastante más y que creo que ha sido, en general, injustamente valorada; al menos yo puedo contar con los dedos de una mano las opiniones positivas que he oído sobre la misma. Y me sobran dedos, me temo...

Como es obvio, estoy hablando de El péndulo de Foucault, la siguiente novela que publicó Eco después de la mega-ultra-superexitosa El nombre de la rosa y que se esperaba con comprensible expectación. Que se convirtió en decepción para muchos lectores, parece ser... No es que la novela responda a los típicos argumento y esquema de los best-sellers, ciertamente -menos, incluso, que la anterior de Eco-: en el agitado Milán de los primeros 70, se conocen un estudiante de Filosofía y Letras, Casaubon (el nombre no es casual) y dos responsables de una bifronte editorial, Belbo y Diotallevi. Casaubon está escribiendo su tesis sobre los templarios y justamente, uno de los aspirantes a publicar en la editorial, el turbio coronel Ardenti, les habla de un supuesto plan esotérico desarrollado a lo largo de los siglos y en el que los templarios jugarían un papel central. Años después, los tres amigos se basan en esa idea para, a modo de juego -cada vez más serio-, trazar ellos una conjura similar que, de forma increíble, habría permanecido oculta, estructurando la historia secreta, teosófica y hermética de Europa durante el último milenio.

La novela funciona muy bien por lo que respecta a la invención de la trama por parte de los tres protagonistas y la dinámica entre éstos. Bastante bien la aportación de los diferentes secundarios, equívocos y peculiares, que van apareciendo alrededor de esta urdimbre. Y no tan bien en lo referente a la resolución de la novela y de la trayectoria individual de los personajes, creo yo. Además, Eco desplegó aquí buena parte de su inmenso arsenal cultural, sección hermetismo esotérico -o esoterismo hermético, no sé-; no es de extrañar que muchos lectores se sintieran abrumados (un ejemplo: el nombre de Casaubon se debe a un filólogo ginebrino del XVI que cuestionó la datación tradicional del  Corpus Hermeticum, obra de supuesta sabiduría secular, atribuida nada menos que a Hermes Trimegisto y... es todo un buen rollo, lo sé); sobre todo porque la narración, libracos y nombres arcanos aparte, no acaba de resultar redonda. Estructurada, además, a partir de las sefirot o esferas de la Cábala, lo que tampoco es moco de pavo... Aunque, en mi opinión, merece la pena leerla.

Aparte de eso, la novela no deja de ser una parodia de todo ese género histórico-esotérico, que ya existía desde hacía muchos años, aunque, precisamente a comienzos del nuevo milenio, conocería -y sufriríamos nosotros- un exitoso revival. Cabe preguntarse si tuvo alguna responsabilidad en ello esta novela de Umberto Eco (en un momento determinado, se menciona la idea de que Jesucristo se casara con María Magdalena y su descendencia diera origen a la estirpe real de Francia, la sang réal:

" _ Vale -dijo Diotallevi-, nadie te tomaría en serio.
 _Te equivocas, vendería varios cientos de miles de ejemplares, repliqué sombrío-. Esa historia existe, ya está escrita, con diferencias de detalle (...)"  ).

De igual manera, podemos preguntarnos si Eco tuvo alguna culpa en la aparición de multitud de epígonos de género histórico-detectivesco que surgieron a partir de El nombre de la rosa  (o si algún escritor la tiene, cuando ocurre algo parecido)... En todo caso, también hay que recordar que esta su primera novela fue la causa de que miles o cientos de miles de personas se acercaran a la lectura y disfrutaran -disfrutáramos- de ella; sólo por eso, ya deberíamos estarle agradecidos a su autor.


Otras obras de Umberto Eco reseñadas en Un Libro al Día: El nombre de la rosaApostillas a El nombre de la rosaEl cementerio de PragaNúmero CeroLa misteriosa llama de la reina Loana

17 comentarios:

  1. Me compre este libro hace 3 meses y lo sigue teniendo pendiente en la mesita de noche, espero meterle caña estos meses. Muchas gracias por abrirmelo de ante mano. Besos

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  2. Pues siento decir que yo soy uno de esos dedos que te sobra, porque a mi no me gustó demasiado El Péndulo. Me parece que no tiene para nada el ritmo narrativo de 'El nombre de la rosa' (lo siento, comparación inevitable), y que aquí las digresiones históricas -reales o reinterpretadas- interrumpen en exceso el hilo, de manera que uno termina abrumado y perdiendo el interés por el relato. Algo parecido a lo que le ocurre a 'La isla del día de antes'.

    Pero bueno, es una opinión sobre algo que leí hace un montón de tiempo, y quizá ahora lo apreciaría más, no sé.

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  3. Hola, María y Carlos:
    En efecto, esta novela no resiste la comparación con "El nombre de la rosa"... en lo que a cuestiones narrativas se refiere. Ahora bien, el bagage intelectual y cultural que se muestra en la primera no es menor, para nada que el de la segunda (o viceversa). yo admito que no es una novela que pasará a los anales de la literatura, pero desde luego es muy interesante , incluso como obra de referencia para otras lecturas.
    De todas formas, María, te recomiendo que te lo tomes con calma ;)
    ¡Un saludo a ambos!

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  5. Hola, Juan.

    Cuando escribiste la reseña sobre Número Cero coincidí contigo en que era una novela menor de Don Umberto. Y allí creo haber escrito que, para mí, El péndulo de Foucault es su segunda mejor novela, después de El nombre de la rosa.

    Me pareció interesantísimo el planteo, desde lo literario, lo científico y lo esotérico, y sin duda me cuento entre ese puñado de lectores que recomendaría esta obra enfáticamente.

    Para quienes como María tienen en espera alguna novela de Eco, vaya aquí mi humilde aporte, el ranking de sus siete novelas:

    1. El nombre de la rosa, qué puedo agregar yo a todo lo dicho?
    2. El péndulo de Foucault, atrapante
    3. Baudolino, divertidísimo!
    4. El cementerio de Praga, desparejo
    5. La isla del día después, casi incomprensible
    6. Número cero, obra menor de UE
    7. La misteriosa llama de la reina Loana, un bodrio

    Y dicen que póstumamente se publicaría su octava novela, lo que derrumbaría tu tesis sobre la aparición de Número cero...

    Un abrazo, y gracias como siempre por compartir buenas lecturas!

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  6. Hola, Puma:
    Yo no he leído todas las novelas de Umberto Eco, pero teniendo en cuenta lo acertado que suelen ser tus criterios lectores, doy por buena tu lista. Sobre las dos primeras novelas coincido plenamente, por supuesto.
    Si sale una nueva novela será porque sus herederos hayan arramblado con lo que quedara aún en los cajones, como les ha ocurrido a tantos escritores (generalmente con resultados poco interesantes)...en fin, yo casi dejaría las cosas como están, para mantener un buen recuerdo del Eco novelista, pero supongo que "la pela es la pela", como decimos por aquí...
    ¡Un abrazo y gracias por el comentario, como siempre!

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  7. "El Péndulo" se deshace según avanza. Promesa incumplida, casi engaño al lector de "El nombre de la Rosa". Un broma de Eco, que sólo él entendió. Aún así, Eco fue un una de las voces más claras, y luminosas de este Occidente que se nos hunde otra vez.

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  8. Hola, anónimo:
    Pues te diré, sobre tu comentario : sí pero no. Se deshace la trama que atañe a los personajes, fuera de la otra trama que ellos van urdiendo (y que se mantiene perfectamwente en pie todo el tiempo), pero es que esa primera trama nunca cuaja del todo, creo yo, ni al principio ni al final. En cuanto a que fuera un engaño a los lectores de El nombre de la rosa... hombre, quizás a los que pensaban que ésta la novela de un escritor de best-seller y no la de un profesor de semiótica.
    En todo caso, de acuerdo con tu apreciación sobre la desaparición de Eco. Que Occidente se hunda ya no lo tengo tan claro. Quizá simplemente nos estemos disolviendo en una cultura global, lo que no tiene por qué ser para peor.
    Un saludo y gracias por el comentario.

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  9. Uf, a mí me resultó insufrible, y como en esa época (2001) nunca dejaba un libro, me leí las ochocientas y pico páginas, y fue un alivio terminarlo.
    No recordaba que hubiera un personaje que se llamara Casaubon, y no conocía a ese ginebrino del siglo XVI. Sin embargo, en la novela Middlemarch, de George Eliot, hay un personaje llamado así que está elaborando la que él cree una obra monumental, una Llave a todas las mitologías. Me pregunto si George Eliot se basó en ese filósofo y si Eco también pensaba en el Casaubon de Eliot. Saludos

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  10. Hola, anónimo:
    Sobre si Eco pensaba en el personaje de "Middlemarch", te puedo asegurar que sí, porque lo menciona en su novela incluso antes que al filólogo del XVI. sobre si Eliot pensaba en éste, no lo sé porque he de confesar que no he leído su novela (una de tantas lagunas que tengo como lector), aunque por lo que comentas, sospecho que sí tenía algo que ver.
    En cuanto a lo insufrible de "el péndulo..." te diré que muchas personas pensaron lo mismo que tú, sobre todo porque esperaban encontrarse "El nombre de la rosa 2", pero creo que la mayoría ni siquiera acabó ésta otra.... por cierto, que te entiendo perfectamente: yo también tenía, hace tiempo, ese prurito de acabar todo lo que empezaba a leer, pero ,por fortuna para mí, me curé y no he vuelto a reincidir...
    Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

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  11. UMBERTO ECO, ADIO!



    Allá por los ´80, cuando ya era fanática lectora de diarios, recorté a pulso de La Nación – exactamente del suplemento literario que ya no existe- unas apostillas escritas por Umberto Eco . Pasó el recorte de agenda en agenda hasta perderse, pero recuerdo que- entre otros conceptos- el semiólogo nacido en la misma Lombardía de la que soy ciudadana explicaba el motivo de la elección del nombre que diera a la novela que a todos nos había enloquecido :”El Nombre de la rosa” hasta llegar a visitar la Abadía de San Michele donde la película fue rodada.
    Entonces, Eco escribía que en los monasterios de la Edad Media los monjes buscaban cultivar la rosa negra como una muestra de la sabiduría más pura, exquisita y absoluta. Baste con recordar la disputa del conocimiento que la trama filosófica, religiosa y policial entraña para entender la elección. Pasaron los años y mucha obra del lombardo y confieso que nada llegó a impactarme de la misma manera hasta que "Baudolino" llegó dificultosamente a mis manos merced a la recomendación de Claudio. Será muy difícil superar tal belleza, creatividad, juego entre la historia del hijo adoptivo de Barbarroja y los seres maravillosos que sólo un privilegio de la literatura como Eco pudo haber concebido.
    Y, como parte del misterio y la casualidad que lo caracterizan, leí Budolino recorriendo la Toscana, la Lombardía, la Liguria, el Piemonte hasta bordear los Alpes. Atravesando la ciudad en la que nació Eco – la Alessandria que el padre biológico de Baudolino funda- y las ciudadelas medievales amigas y enemigas del Emperador Federico, que se le sometían y lo enfrentaban de la manera en que sólo los italianos de entonces y de ahora lo podemos hacer.
    Costó mucho elegir la pieza que sucediera a "Baudolino" en la mesa de luz, hasta que con alguna opción intermedia- nos regalamos “Número Cero”. Resistida injustamente por gran parte de la crítica, esta obra extraña reúne una trama periodística y de investigación que deriva nada menos que en el facismo y el destino de Benito Mussolini.
    Bueno, semanas atrás San Valentín me obsequió con “Dos años, ocho meses y veintiocho noches” y no pude más que evocar a Eco en la capacidad de crear seres fantásticos, con historias dulces, personajes entrañables. Tantas veces comenté que sólo Rushdie participaba, a mi criterio, de esas habilidades superiores de Eco.
    En medio de tanta apelación al placer de los mundos fantásticos, llega la triste noticia de la desaparición física del lombardo, a quien llegué a creer inmortal como algunos de los compañeros de búsqueda de Baudolino o las yinnias de Rushdie.
    Milán por la que caminaba ya no será la misma. Las mesas de las librerías tampoco. Y nuestra biblioteca espera ansiosa la inminente aparición de Pape Satán Aleppe. Crónicas de una sociedad Líquida….Regresamos con el recuerdo al invierno de la Lombardía para despedir a Umberto en el Palazzo Sforzesco.

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  12. El péndulo hay que leerlo con calma, mucha referencias, pero la historia está siempre cuasabon, Belmont y dotavelli.

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  13. La comparación es odiosa, seguro. Pero pasa al leer esta novela algo parecido a lo que ocurre con el Silkmarillion, de Tolkien. Que es una especie de cosmogonía bíblica y no una novela narrativa como quisiera leer quien quedó complacido con El Señor de los Anillos. Aquí se da una similar analogía con El Nombre de la Rosa. El Péndulo, aunque quiere tener cierta estructura de novela, en general, es más una suerte de ensayo barroco sin límites de extensión sobre los delirios del ocultismo. A quien le gusta el tema, el barroquismo, la descripción en general y no tiene prisa le va a encantar. A quien busque meras tramas le aburrirá soberanamente. Yo me cuento entre los primeros y me resulta una obra genial.

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  14. ¡Buenas ficciones, ficcionautas!

    "No sólo hay que mirar la Luna y el dedo que la señala, sino también, a la otra mano que intenta robar la cartera"

    ¿Qué se diría de alguien que ejecuta la fuerza bruta, el engaño y la corrupción para gobernar un jardín de infantes?

    ¿Qué códigos comunicativos se preservan en ese tipo de molde?

    De una aberrante separación sobreviene la inercia de una lógica unión de lo inocente y lo perverso, lo femenino y masculino, configurándose así una quimera que posee un particular lenguaje de carencia y desmesura, péndulo carcelario entre represión y liberación que juega en la noche y el día. Una afectación en el núcleo familiar que condiciona las relaciones y organización del cuerpo y mente social.  

    "En la oscuridad, cualquier luz es suficiente, sin embargo una polilla podría dirigirse hacia una equivocada"

    Los adultos se acostumbran, pero qué escucharían de sus niños.

    ¿Dónde empieza y en dónde termina el jardín de infantes en realidad?

    Otros preguntarán, cuándo...

    La estupidez, no sólo puede ser correcta, distinguida, refinada, reconocida, premiada y asimilada, andar bien vestida y ser ilustrada, también puede viajar en carreta o a la velocidad de la luz, o estár en más de un sitio al mismo tiempo.
    La estupidez cuántica no escapa a la relatividad en dónde se convierte en infinita, porque allí fue engendrada. Y fue el cómico y cósmico, Albert Einstein, el que descubrió que su engaño se desvanece cuando su masa es cero.

    El producto y resultado de una fábrica, es lo que es, no puede ser algo más del propósito para lo que fue programado. Y en ella trabaja mucha gente que la confunde con La Vida, siendo simple teatro.  Lucro en el defecto y la resiliencia en la virtud, se hermanan y establecen "la normalidad" en la cadena de montaje de la empresa.
     El resultado del adiestramiento con premios y castigos es convertir al premio en no ser castigado. Consecuentemente, ninguna persona es ajena a los efectos de la descomunicación. Aunque se adapte y compense el defecto y se terciarice la responsabilidad, la realidad terminará tocando a su puerta dejando en evidencia el principio de armonía. Las señales son inequívocas, las virtudes y defectos nunca mienten, y el dolor y sufrimiento siempre tienen razón.

    ¿Quién escribe el guión?

    Unos miran hacia la pantalla de cine y dicen, ¡es sólo ficción! y cuando le dan la espalda hablan seriamente de realidad.

    Éste dilema se soluciona dándose cuenta quién queda de un lado y quién del otro, y el qué, que se lleva a cuestas y el que debe dejar.

    Pero...

    ¿Quién es el intermediario, ese extraño relator que cuenta lo que sucedió y sucederá, y lo que nunca ocurrirá oculto en su silencio?

    Es una encrucijada interesante, pero si nos adentramos al inframundo griego del defecto, nos remitirá al cercano mito de Jesús en su crucifixión, el ritual del sacrificio de la verdad, la libertad, el amor y la justicia, de la vida, que justifica al verdugo, al que se le transfiere ilusoriamente una responsabilidad que regresa mas temprano que tarde a cobrar la cuenta, y el que se posiciona como agente evolutivo o azote divino autorizado. Y por el otro lado nos encontramos con su resurrección en virtud, Cristo, una refrescante consciencia renacida lógicamente en el mismo cuerpo, que observa y comprende el fenómeno de la cruz y ficción.
    La frustración del iniciado ante la creída e inalcanzable perfección es la que se rinde ante el mas fuerte, la seductora muerte, y con ello adorar al intermediario, el que tiene el poder de matar y de su amenaza.
    Nadie luchó, lucha ni luchará por su vida mientras no muera la apariencia, como bien dice el manual.
    Sin embargo, ésta historia comienza una ficción antes, con la de un paraíso perdido y secuestrado llamado Dios, luego Estado, y ahora "I.A.", con la promesa de regreso hacia la tierra prometida, que es un muro de los lamentos.

    "Cuando la esperanza es lo último que queda, ya no hay miedo a esperar o de esperar la amenaza, y se la devuelve al baúl de los recuerdos para cuando se la necesite en primer lugar"

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  15. Un mito conserva una condición existencial que puede ser una cárcel en la relatividad del defecto o bien un ejercicio para la virtud. Por eso la vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero mucho más vivirlos y compartirlos.

    La mecánica es la misma durante el tránsito o éxodo desde la sensación de ausencia hasta la presencia de consciencia.
    Los sueños de ausencia, claman por los de presencia, necesitando a los que lleven a su destino. Y en el puente aparece el intermediario que bien cobra o paga según se requiera. Es el genio de la lámpara que vende infinitos e insoportables futuros llamados deuda, dónde muere la alegría, que embargan presentes para enterrar pasados, y así alimentar el bucle de un autónomo circuito. Innumerables rayos simulan movimiento en su periferia, que hacen decir es cierto, es realidad, olvidando el centro desde donde parten. 

    Los puentes del defecto nunca unen nada porque su objetivo es aislar en la medida y convertirla en la única realidad, expulsando lo que sobra hacia el misterio.

    Un puente se construye de una sola manera, ¡bien!

    El principio creativo no se hace esperar, el núcleo familiar requiere un mínimo de dos para dar a luz un hijo.

    "La luz y los ojos tienen sentido siendo uno, la vista, y su fruto en lo observado, por lo tanto, los ojos de vida ven vida, y los de muerte lo suyo. Mientras cuerpo y mente es en la carne, y su fruto en lo amado, un reflejo de nuestro espíritu"

    El (1;1); (1;0); (0;1) y (0;0), recrean el presente en el equilibrio de los polos, pasado en el retorno a la esencia, futuro en el avance trascendente y silencio del todo en la nada. No hay contradicción. Sin embargo se simula una cuando existe conflicto entre los polos. Cuánto más pequeño el mundo resultante, más intenso y efectivo el infierno, estado temporal en dónde igualmente se aplican los mismos principios vitales y su magna pero condicionada abundancia.

    En la dualidad del defecto, se encuentra la mafia de los autoelegidos en el lado bueno cedido, mientras del otro los auto expulsados, los esclavos. 
    El Angel, Rey y Soberano, es el que custodia el reino con su espada de fuego, de hierro y antivirus. 
    Mapa amo; territorio esclavo. La ficción es a su teatro, la interferencia a su intervención, la simulación en su simulacro. Su sistema de control es un conjunto de círculos de poder concéntricos que aparentan estár desvinculados unos de otros. Los oficiales juegan a favor de los intereses de la empresa, mientras los opositores en contra, de lo que se interpone a esos intereses. Los que brillan suelen ser captados para arrear a los incautos hacia el templo. Sectas individualistas y colectivistas bailan al mismo son.

    El arquetipo "amo y esclavo" son extremos de una misma vara o cuerda disonante. En el medio, ficciones fantásticas, legales y técnicas conforman la imaginaria frontera y manto de impunidad, un can Cerbero que muchos llaman verdad, acuñados con libros sagrados, Constituciones y softwares. Todo es perfecto hasta que no. Básica y consecuentemente, lo que se desea, sueña, piensa, dice y hace puede ser usado en contra del cliente.
    El amo parasita el sistema aprovechándose del proceso y apropiándose de los resultados de la virtud y el defecto en el gobierno de la carencia, utilizando el símbolo de la verdad como instrumento. Pero es un esclavo mas al estar obligado a sostener la consciencia ideal y relativa dónde brillan en la mediocridad, en su intento de llenar el vacío con lo superfluo. Por eso suplen su carencia con la fuerza bruta, el engaño y corrupción, que muchos creen y llaman inteligencia. El matrimonio confunde el desarrollo de su consciencia con la sofisticaciòn de su simbólico artificio físico y virtual, al que delegan toda su responsabilidad.

    A las tonterías, por ser tontas, no se les presta atención, sólo cuando empiezan a dar cosquillas o comezón, y luego al hacer daño es cuando se les llama problema, y sin falta, aparece un veloz carro de bomberos que siempre llega tarde, cuando ya se ha cosechado y cumplida la misión.

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  16. Ningún iniciado, cliente, paciente, consumidor o creyente elige al presidente, Papa o rey, tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general, y menos al dueño de la tierra, del dinero o de la  empresa en donde trabaja, pero es más entretenido creer que si, jugando en un carrusel movilizado por una montaña rusa de sensaciones. Un circo.
    El contrato es entre el uno y los ceros detrás de él. Unos saben, deciden y mandan, y otros ignoran, obedecen y se adaptan, y a cada parte le corresponde lo suyo, su administración y refugio.

    "Roma, el mal mayor y menor beben de una misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno"

    El amor es ciego y siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, sin embargo en la separación se quedará con lo amado. Por eso el cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo.

    Más allá de la locura, sea una democrática, militar, teocrática, monárquica, tecnocrática o un pentágono de ellas, la humanidad avanza y siempre prevalece lo verdadero. La gente seguirá protegiendo lo amado, construido y festejado, cada vez más, sin sus cadenas.

    A pesar de todo ésto, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque el engaño, la mentira y la apariencia, tienen sentimientos, aunque también sus días contados.
    La muerte de la apariencia es inevitable, y sucede en su transparencia dejando a todos desnudos, convirtiéndose la complejidad en materia prima creativa, para enriquecer y dar alegría en la simplicidad de ser humanos.
    Nadie puede esconderse ni esconder nada, y nada escapa a la mecánica con la que se programa el truco.
    Sin embargo desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.

    Es lógico e inevitable inclinarse hacia la belleza, las estructuras perfectas armonizan por sí solas cuando sintonizan con otra en la que resuenan, especialmente en hechos más que palabras. Mientras la estructura ordenada de un sistema artificial que la simula, nunca es garantía de nada, si el que le da vida no la supera.

    "La mano guía al martillo y no el martillo a la mano. Pero si se quiere clavar un clavo con un revólver, hay que tener mucho cuidado, porque el arma no distingue entre amigo o enemigo, por eso, a las armas las carga el diablo"

    Si alguien descuidado se adentra en el cuento ajeno, no irá a dónde quiera, sino a dónde está predefinido ir. Y aunque esté confiado en lo que crée, sabe y obedece, es el programador el que los deja sin efecto para instalar una nueva regla. Una vez programado el Alfa y el Omega, las variantes son anecdóticas y suman las estadísticas. El programador creerá ser amo del tiempo, y el esclavo, estar en alguna parte de la secuencia. La conformidad emergerá de máximos falsos con mínimos verdaderos, de constantes mecanizadas en un mar de mecánicas variables que juegan a la incertidumbre.

    "Engañador y engañado; buscador y encontrado; soñador y soñado; amo y esclavo; pendulan mientras alguien lo vive"

    En tal caso, el cuento sólo será contado cuando lo haga suyo y le haya dado un fin, porque la verdad es de todos y no tiene dueño. Y aunque el cuento sea tan sólo un sueño, cuando despierte, podrá sentir que realmente ha amado, visto y escuchado, vivido.
    Una vez en el reencuentro con esa inocencia, antes adulterada, podrá realmente darse cuenta y elegir.

    La carne, al final de cuentas, concilia las posibilidades más extremas y aberrantes con la fragmentación en el olvido y la reproducción en el recuerdo. 

    "Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas"

    La apariencia al Arte, el engaño a los sentidos, la autoridad a la íntima consciencia, mientras la idiotez a su correspondiente museo. Entonces cumpliremos con el gran deseo del idiota emperador, el de quedar inmortalizado, siendo un eco, soberano en su incapacidad de amar y de ser amado.

    ...y así nos despedimos de la estupidez, esclavitud y la tiranía, aunque muchos dirán hasta luego.


    Fin
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