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lunes, 27 de julio de 2015

R. J. Palacio: La historia de Julian

Idioma original: inglés
Título original: The Julian Chapter
Año de publicación: 2014
Traducción: Imma Falcó (traducción al catalán, en que lo he leído: pero está traducido también al español)
Valoración: yo de mayor quiero ser J.K. Rowling

Qué resignada es la vida de los reseñadores de la web: condenados a oscilar entre el ¡otro libro de este tío! y el ¿y a este quién lo conoce? Por tanto, abocados a escarbar entre pilas y pilas virtuales en busca de algo con que sorprender al respetable aunque sea a base de, a veces, tragarse algún que otro sapo. Y mi condición de residente en Catalunya y en las cercanías de Sant Jordi no es que lo mitigue demasiado: una jornada entregada a los grandes grupos editoriales, a las traducciones oportunistas, y al aluvión de escritores mediáticos pertrechados con un arsenal de bolis para firmar sus productos  digo libros.

Entonces no ha de ser raro que me vea así, reseñando, como para epatar, un libro que anda por casa porque le han pedido a mi hijo que haga un trabajo sobre él. Pero que, curioso, no está en las secciones de literatura infantil o juvenil de la biblioteca. Poderoso anzuelo para mi insana curiosidad. Y segunda parte de una de esas sagas, parece, omnipresentes, de esas series con las que, me temo, muchos escritores aspiran al efecto Rowling, ese por el cual una escritora que acumulaba rechazos acaba acumulando millones en su cuenta bancaria. Si hasta la autora opta por el jueguecito de las dos iniciales antes del apellido.

La historia de Julian se lee en tres cuartos de hora y se desvanece en algo así como en otra media hora adicional. No he leido la primera parte, aviso, pero el tono moralizante y ejemplarizante imagino que debe ser similar. Se trata de darle la vuelta al calcetín de los comportamientos inmaduros de los pre-adolescentes hasta que, zas, se encuentra el pretexto o el complemento ideal para convertirlos en sustancia de una especie de sopa aleccionante de algo sobre lo que, se supone, los adultos no necesitamos lecciones. Para mi estúpida preconcepción (la de que los libros de este género suelen ser libros de adultos sin sexo, drogas ni alcohol), bien prontito se lee la sonora palabra mierda, pero se trata de empaquetarlo todo para conseguir un cóctel asequible, que evite lo cursi, pero que al final sea vendible. Julian es un niño de casa bien que acude a una cara (40.000 $ de matrícula anual) escuela neoyorquina. Un día es convocado para que, junto a otros compañeros, haga los honores de grupo de acogida y bienvenida a August, niño aquejado de una terrible malformación en la cara. A Julian esto le causa un problema, una especie de rechazo que acaba con el angelito metiéndose con August (el débil) en una especie de acoso que termina con su expulsión del colegio.

La tímida sorpresa que resolverá el libro y dejará, más o menos, las cosas en su sitio, no voy a desvelarla. Solo diré dos palabras: efecto Godwin. 
Dicho lo cual, como decimos en mi tierra, ya estamos todos. Niño malo, niño bueno pero marginado, padres que no se enteran, miembros docentes que se equivocan pero corrigen, abuelita europea, vacaciones en París, y bla bla bla. Facilito, comprensible, todo atadito. No le exijáis más a un libro así. Seguro que si a vuestros hijos se lo piden para el colegio y le echáis un vistazo opinaréis algo parecido. La autora ya está mirándose la mansión en los Hamptons que se va a comprar con la tercera parte. Con mi dinero que no cuente.

2 comentarios:

  1. Hace muy pocos meses leí la primera parte, La lección de August, y se me quitaron las ganas de leer la segunda, para ser sinceros.

    Según la reseña hay varios puntos comunes entre ambas partes, parece que las dos son una lectura muy fácil, agradable incluso, pero sin substancia. De hecho, la primera parte se desvanece tan fácilmente que ya no recuerdo ni quién era Julian.

    Como lectura juvenil puede estar bien, porque tiene, o lo pretende, efectos moralizantes y es bastante sensiblera pero poco más. Una versión 3.0 de una historia mil veces contada.

    Con mi dinero tampoco va comprarse nada la autora.

    Saludos,

    Jesús

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  2. Advierto ya a todos de que leí esta novela por los motivos expuestos, pero sobre todo porque ciertas librerías no la consideran literatura infantil o juvenil (nada en contra, pero ni soy niño ni soy joven ya), y a mí con esas cosas se me provoca.

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