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domingo, 24 de febrero de 2013

Izaskun Gracia: Artikoa/Ártica


Idioma original: euskera y español (edición bilingüe) 
Título original: Artikoa/ Ártica
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

Tras apostar por autores como Raúl Zurita, Valerie Mejer, Andrés Fisher o Reynaldo Jiménez, la editorial Amargord ha acertado una vez más con la edición bilingüe Artikoa/ Ártica de Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977). Por un lado, por presentar, tal y como indica Pello Otxoteko en el prólogo a la obra, este grito silente que nace de la ruptura profunda y llega a la fragilidad de la belleza, consiguiendo en el camino, poco a poco, sacudir el equilibrio del lector. Y, por otro, por decantarse por un proyecto tan interesante como el de la edición bilingüe. En una nota al final del libro, la escritora explica que algunos poemas de este libro aparecieron en euskera; otros, en castellano. Poco a poco, todos acabaron entremezclándose. En este sentido, es llamativo el equilibrio que se da entre español y euskera, ya que, independientemente de la lengua en que se conciba y lea el texto, la voz poética es una, pura, y esto es muy difícil de lograr en el caso de escritura bilingüe.

Artikoa / Ártica encierra una poesía de la carencia, de la búsqueda y del desasosiego generado ante la perspectiva de que nada parece cambiar. Una poesía que se trastormenta y vuelve a nacer o se cose al cielo para dar rienda suelta a las ansias de volar. Para ello, la poeta hace uso de un lenguaje depurado y de una estructura muy meditada que ya se advirtiera en poemarios anteriores como fuegos fatuos (accésit en el certamen poético Centro Juvenil Latina, 2003), eleak eta beleak (XVII Premio de Poesía Ernestina de Champourcín, 2007) o saco de humos (XIX Premio de Poesía Villa de Aranda, 2010). La obra no incluye una estructura inicio-núcleo-desenlace. Sin embargo, la disposición de los poemas, de cada una de las palabras, los espacios o los silencios es precisa. Nada sobra. Nada falta. Nos hallamos ante una poesía exacta, tensa, donde la autora templa el verso y da a luz una obra perfecta. Cerrada.

El mundo conocido comprime y cerca, pero Izaskun Gracia se acerca a la grieta y observa, analiza. Calla. Bosqueja paisajes en los que sobrevuela héroes agotados, ventanas cegadas, cuerpos de los niños muertos que yacen bajo una higuera, se pierde, el vuelo se detiene en un templo, dios la llora y el cuerpo cae en astillas. Tras poner en duda todo lo aprendido,  entiende el relámpago, embiste la tormenta a través de los ríos que parten de ella y, acuática y silente, abandona sus apóstoles, arde los templos y, a falta de dios, busca en sus muertos la respuesta a sus nombres. Reconstruye. Acto seguido, deshace telares y ocupa entonces el cuerpo en otro compás que trastormenta y dirige sus pasos sin agua. Porque, al fin y al cabo,  no vale la pena agotarse […] que el momento ha llegado y por nada luchar vale ya/ la pena.

No todo es su decir. También está aquello que calla, la sugerencia, el juego de la ambivalencia que introduce valiéndose de la ausencia de puntuación y de una exactitud y concisión admirables en el manejo de la palabra. Versos de una voz poética luminosa que ha visto mucho y que a veces se duele (min ematen dit munduak/ eta ulertzen ez dudan bizitzak/ y tus intentos por volvernos habitables en una tierra que nos/ regurgita impasible mientrasla piel se cubre de/ cicatrices a medida que pasa el tiempo) y, sin embargo, se empeña, terca, en encontrar el norte en mitad de una avenida gélida, ártica, que cubre la piel de cicatrices y que la voz recorre una y otra vez con el fin de no olvidar quién es, con el fin de encontrar más postigos con los que cegar todas las ventanas para, sabiéndose exiliada, dejar la estancia sin resquicio de su vuelta y evitar así la tentación de volverse atrás: han de cambiar los pasos, advierte la poeta, porque adelante ya no es un/ sentido/ el norte desaparece de los mapas que aterida dibujó la/ consciencia/ y en el proceso queda la duda que no desaparece/ sempiterna e innata como el sabor de la piel hasta la muerte/ o hasta volver a la tierra siendo ya polvo años después de/ haber muerto.

Así como existe un movimiento punk, una generación ni-ni o un grupo de poetas gafapasta obsesionados con lo postmo, debería existir una generación izaskungracia que declamara sus versos por la calle, que declamara por ejemplo eta erbesteak beste lur batean esnatu ninduen hegalditik/ non gorputza ez zen egin jausteko baizik eta ezpalak/ eta orduek ez zuten itxaron gu prest egon arte, o que se tatuara enredé en catálogos de imposturas y hallé la adecuada/ alumbré otro cuerpo y salí/ y el mundo se abrió calle e incertidumbre de mañana a la altura del tobillo o en las corvas, que escribiera en las paredes

sakrifizioan irekita larrugorritu nintzen               me desnudé abierta en sacrificio
husturik                                                                 vaciada
eta poliki-poliki ez daukadanak bihurtu               y poco a poco lo que carezco
ninduen harresi]                                                   me volvió muralla]


Y entonces, el mundo sería más habitable.

También de Izaskun Gracia en ULAD: Crónicas del encierro

3 comentarios:

  1. Tiene buena pinta, "izas". Y como su calidad sea directamente proporcional a esta vehemente reseña, espero lo mejor.
    ¡Felicidades por haber editado!

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  2. Descubrir vuestro blog ha sido una agradabilísima sorpresa. La reseña, desde luego invita a leerlo, y yo no he podido evitar hacerlo tras tropezar con él en mi librería habitual. Mi enhorabuena a la poeta.

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